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domingo, 31 de diciembre de 2023

ANTISEMITISMO


Un nuevo rostro para un viejo prejuicio
Julio María Sanguinetti Expresidente de Uruguay

Cuando en la cúspide del sistema educativo mundial nos encontramos con dudas sobre si un genocidio merece una clara condenación y todo depende del contexto, estamos en problemas.
Hablamos del resonante episodio ocurrido en la Cámara de Representantes de Estados Unidos en que las rectoras de las universidades de Harvard, Pensilvania y el Instituto Tecnológico de Massachusetts fueron interrogadas a raíz de las manifestaciones antisemitas ocurridas en los campus. La pregunta era si promover el genocidio judío violaba o no los códigos éticos de las respectivas universidades. Ellas se refugiaron en la libertad de expresión para no condenar esas expresiones, considerando que mientras fueran solo opiniones no agredían las normas. Yendo al fondo de la cuestión, la rectora de Harvard respondió que instar al genocidio judío dependía del “contexto”. O sea un relativismo de magnitud tal que choca con los principios raigales de nuestra civilización.
Típicos representantes de la llamada cultura woke, las rectoras desdibujan la ética liberal y se repliegan ante explosiones identitarias que no aceptan el debate. Desde una actitud de alerta ante la discriminación racial, se fue derivando hacia un radicalismo iconoclasta que en nombre de causas legítimas (género, ambiente, derechos humanos) se impone de modo autoritario. Condena a la “cancelación” a quien pretende mirar esas causas desde el enfoque amplio de la filosofía liberal, inspiradora de la democracia o simplemente el análisis racional. Los límites se toman como abusos y la imposición de normas legales como una modalidad subsistente de la mentalidad “colonial” que teorizó Frantz Fanon y que justificaría la violencia como reacción…
Nadie les preguntó a las rectoras si instar a la resurrección del Ku Klux Klan también depende del contexto. Pero la profesora Claudine Gay, mujer negra, hija dilecta de la sociedad liberal, habría merecido esa pregunta, ante la evasiva respuesta.
El hecho es que hoy las universidades norteamericanas están sacudidas por manifestaciones en favor de los palestinos, cuyos ecos también nos van llegando de la mano de movimientos de izquierda. Se desnuda una contradicción esencial entre declararse progresista y asociarse a las sociedades musulmanas, reducto reaccionario que sigue negando los derechos de la mujer.
Detrás de todo está la presencia del viejo antisemitismo, el prejuicio histórico que persigue al pueblo judío desde la antigüedad y muy particularmente desde la Edad Media. En el epicentro estuvo la Iglesia Católica, que acuñó la tesis del “deicidio”, los judíos crucificando al hijo de Dios, cuando él era tan judío como los demás. Debieron pasar siglos para que Juan Pablo II y Benedicto XVI reaccionaran contra esa absurda teoría y recuperaran la identidad esencial de la religión judeocristiana, creyente del mismo Dios y del mismo texto sagrado.
Los judíos fueron el chivo expiatorio de todos los males. Tratárese de una peste, una hambruna o cualquier desgracia, hacia ellos derivaban su mirada los agitadores demagógicos explotando resentimientos, prejuicios, malestares. Las tesis racistas, nacidas en su versión moderna del célebre ensayo del conde Gobineau sobre la “desigualdad de las razas humanas” (1853), tendrían un largo eco, que llegó hasta al nazismo como eje central de su doctrina. En el siglo XIX, el nacionalismo francés, con Édouard Drumont como pluma inspiradora, condujo a episodios tan resonantes como el juicio a Dreyfus, al que enfrentó el liberalismo liderado por Émile Zola en su célebre “J’acusse”. Como diría más tarde el novelista, “Francia me tendrá que reconocer algún día que salvé su honor”.
El Holocausto judío y el hundimiento del nazismo desacreditaron las teorías racistas, pero el tema se fue desplazando al mundo económico, donde se escondería una suerte de misteriosa conjura judía en el mundo financiero.
Cuando se creó Israel, parecía que se dejaba atrás todo ese mundo de odio, pero el comunismo resucitó el viejo antijudaísmo zarista de los horrorosos “pogromos”. Al mismo tiempo, los países árabes rechazaron la creación homóloga del Estado Palestino, y se entra en una etapa explosiva del reiterado conflicto. La repentina
Israel, por su capacidad de sobrevivencia, dejó de ser aquel pequeño David que enfrentaba los ejércitos de cinco Estados, como en 1948 y luego una y otra vez; ahora es Goliath y el antisemitismo se disfraza entonces de “antisionismo”
riqueza que el petróleo le regaló al mundo musulmán a partir de los años 70 alentó los movimientos terroristas y se fue lentamente produciendo un cambio.
Israel, por su capacidad de sobrevivencia y su éxito como democracia, dejó de ser aquel pequeño David que enfrentaba los ejércitos de cinco Estados como ocurrió en 1948 y luego una y otra vez. Ahora es el Goliath y el antisemitismo se disfraza entonces de “antisionismo”, que es su versión actual. No se niega el derecho de los judíos a vivir, pero sí a tener un Estado, y como Estados Unidos lo apoya, un trasnochado antiyanquismo se suma a la historia. Antes el antisemitismo era católico y de derecha, ahora es musulmán y de izquierda. Toda una impostura.
Los debates sobre el actual conflicto son una expresión clara de esos prejuicios. Israel fue víctima de un atentado sin precedentes, dirigido específicamente a la población civil, por medio de acciones terroristas de crueldad infinita. Durante una semana, Israel fue la víctima, y aun a regañadientes la izquierda del mundo no tuvo más remedio que condenar la agresión. Pero no bien Israel inició su imprescindible respuesta para intentar el desarme del adversario, todo cambió. De no haber mediado agresión, no habría víctimas palestinas, pero, como explica Daniele Giglioli en su lúcido ensayo Crítica de la víctima, ahora es Hamas quien tiene razón, porque “la víctima es el héroe de nuestro tiempo” y por definición tiene razón.
Se llega al colmo de la tergiversación cuando se acusa a Israel de “genocida”, degradando abusivamente el concepto. Genocidio es la voluntad de extinción de un pueblo. ¿El agredido es el victimario? Israel venía avanzando en un proceso de paz que alcanzaba a los Emiratos, Baréin, Sudán y Marruecos; cuando se aproximaba a Arabia Saudita, Irán resolvió lanzar el ataque terrorista para impedir ese avance. Esto es lo que se frustró.
Los palestinos tienen derecho a vivir en paz. Pero no más derecho que los israelíes. Y mucho menos quienes se montan encima del viejo prejuicio discriminatorio para aplaudir el terrorismo y glorificar al agresor

http://indecquetrabajaiii.blogspot.com.ar/. INDECQUETRABAJA

miércoles, 27 de marzo de 2019

ANTISEMITISMO


La lacra del antisemitismo entró nuevamente en erupción
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José Nun
Vuelven a ser víctimas de actos vandálicos en toda Europa, y en la Argentina aumentaron las agresiones; antecedentes históricos de un odio que urge erradicar 
La lacra del antisemitismo ha entrado nuevamente en erupción. Hay solo unos 15 millones de judíos en todo el mundo, de los cuales 12 millones se reparten entre Israel (algo más del 50%) y EEUU (algo menos del 50%). Entre los principales países de residencia, les siguen Canadá, Francia, el Reino Unido, la Argentina y Alemania, que suman un millón y medio. La prensa informa a diario de los actos vandálicos que ocurren en toda Europa, donde un partido antisemita ya está en el poder en Hungría, se violan cementerios judíos en Francia, Alemania asiste al mayor despliegue de odio contra los judíos de los últimos 10 años y ocho parlamentarios ingleses han renunciado al Partido Laborista porque Jeremy Corbyn, su líder, comparte tribuna con judeófobos declarados. 
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En nuestro país, la DAIA denuncia que los atentados y mensajes antisemitas se han multiplicado por cinco, gracias sobre todo a las redes sociales.
La advertencia de Frantz Fanon resuena más fuerte que nunca: "Cuando escuchen hablar mal de los judíos, presten mucha atención: están hablando de ustedes". Dennis Prager lo ilustró con la metáfora del canario. El judío se parecería al canario que los mineros llevaban en sus cascos al internarse en una mina. Si había gases tóxicos, el primero en morir era el canario y así quedaban avisados los demás. Al modo de las matrioskas rusas, se ataca a una muñeca para destruir después a las otras e instalar la intolerancia y el rechazo a las diferencias, a los extranjeros, a la libre expresión y, finalmente, a la democracia.
¿Cómo empezó todo? Desde el siglo III, los judíos fueron perseguidos en Roma por razones religiosas: eran los supuestos asesinos de Jesús y, por lo tanto, la encarnación del mal. En el siglo XI, la primera Cruzada mató a cuantos judíos encontró a su paso. Unos años después, se fraguó el libelo de la sangre (que ha llegado a nuestros días), según el cual los judíos sacrificarían niños cristianos para usar su sangre en la preparación del pan sin levadura que comen en Pascuas. En el siglo XIV, se los culpó de haber provocado la Peste Negra, envenenando las aguas, y 900 judíos fueron quemados vivos en Estrasburgo. Durante la Edad Media y el Renacimiento, el odio creció, y franciscanos y dominicos se ocuparon de difundirlo por toda Europa. Fueron expulsados durante siglos de países como España, Francia o Inglaterra (es notable que enEl mercader de Venecia Shakespeare haya construido la figura arquetípica del usurero Shylock sin haber visto jamás en su vida a un judío).
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La judeofobia adquirió un nuevo carácter desde mediados del siglo XIX, cuando autores como Gobineau y Renan la transformaron en una cuestión racial, con lo que la conversión religiosa dejó de constituir una alternativa. A fines de ese siglo, la policía secreta zarista plagió una sátira política francesa y urdió los infames Protocolos de los sabios de Sión: actas apócrifas de las reuniones que 300 sabios judíos habrían celebrado en Basilea para instalar un gobierno mundial, valiéndose de alianzas con los masones, los liberales y los socialistas.
A pesar de que el fraude quedó pronto en descubierto, el documento sigue siendo invocado hasta hoy. Uno de los mayores impulsores de su difusión fue Henry Ford, quien compró un semanario que lo tradujo al inglés y se convirtió en un feroz canal de propaganda antisemita, con la amplia circulación que le aseguraba su red de concesionarios de autos. Explicaba allí que los judíos fueron los causantes de la Primera Guerra Mundial. En Mi lucha, Hitler lo reconoce con admiración como su maestro y agrega que luchará "para poner en práctica sus teorías en Alemania". Ford retribuyó esa devoción y es dudoso que el nazismo hubiera logrado consolidarse en el poder sin su apoyo y el de otros grandes financistas y banqueros norteamericanos. En 1938, él y un alto directivo de General Motors fueron condecorados por el Tercer Reich, tres meses antes de la primera gran matanza de judíos en la Noche de los Cristales Rotos. No está de más recordar que la Segunda Guerra Mundial costó 50.000.000 de vidas, incluido el Holocausto.
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¿Y en nuestro país? En el siglo XIX, la mitad de los judíos del mundo habitaban en la Rusia zarista. Cuando en los años 80 se desataron allí los primeros pogromos, comenzó una emigración masiva hacia EE.UU. y también hacia aquí. Como pronto constituyeron la mayoría de su comunidad local, se entiende que "judío" y "ruso" se volvieran sinónimos en el habla corriente. Claro que muchos sectores de la derecha vernácula completarían aviesamente la cadena de equivalencias al producirse la Revolución Rusa de 1917: judío = ruso = comunista.
Esto adquiriría toda su importancia durante la Semana Trágica de enero de 1919, cuando a la brutal represión de los trabajadores metalúrgicos en huelga se sumó el denominado "pogromo de Buenos Aires", que atacó con especial saña a los judíos del barrio de Once. Se calcula que hubo entre 800 y 1000 muertos, de los cuales unos 200 fueron judíos.
Lamentablemente, ni uno ni otro acontecimiento -de los que se cumple el centenario- se enseñan en nuestras escuelas. Si se lo hiciera, las nuevas generaciones se enterarían, por ejemplo, de que en una sede de la Armada se organizó una agrupación nacionalista y antisemita, la Liga Patriótica, que reunió a altas autoridades de esa fuerza, del Ejército, de la policía y de la elite porteña con sectores del radicalismo y de la Iglesia (el vicario Dionisio Napal predicaba que "el socialismo es una enfermedad judía") y sabrían que fueron ellos los responsables de ese pogromo. Los mismos que después, encabezados por Manuel Carlés (funcionario tanto de Yrigoyen como de Alvear), participarían del golpe militar que llevó al poder a Uriburu.
Este puso al frente de la Biblioteca Nacional a un epígono de Ford, el escritor Gustavo Martínez Zuviría (que firmaba Hugo Wast), un antisemita fanático que consideraba la Gran Depresión de 1930 "una vasta maniobra judía para ahogar la civilización cristiana". Lo llamativo es que, siendo un nazi, se le permitiera permanecer en ese cargo hasta 1955, pese a que el gobierno de Perón fue el primero de la región en reconocer al Estado de Israel. Autor de éxito, dos de sus novelas retoman los temas de los Protocolos casi al pie de la letra.
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Sería injusto no decir que cada una de las expresiones de antisemitismo que he mencionado motivó fuertes repulsas. En su tiempo, las actividades de Henry Ford fueron repudiadas por los presidentes William Taft y Woodrow Wilson (a quien el magnate juzgaba parte de la conspiración judía). Sobre todo, me importa mencionar al papa Juan XXIII, que convocó el Concilio Vaticano II de 1962, en el que se exoneró a los judíos de cualquier responsabilidad por la muerte de Jesús. Poco antes de morir, Juan XXIII redactó una plegaria en la cual decía que culpabilizar a los judíos implicaba una segunda crucifixión de Cristo.
El principal propósito de estas líneas es otro y lo resume la metáfora del canario. Si en un momento en que la judeofobia ha vuelto a activarse rescaté del olvido una serie de episodios fue para que advirtamos las terribles consecuencias que, tarde o temprano, le ha acarreado a la humanidad el odio a los judíos. Conviene añadirle una nota final. El canario no se muere cuando se critican, digamos, las funestas e impiadosas políticas israelíes respecto de los palestinos. Sí, en cambio, cuando esas críticas son un disfraz del antisemitismo. A falta de canario, ¿cómo establecer la diferencia? Creo que sigue siendo útil la llamada regla de las 3 D. Hay gases tóxicos cuando al hacerlo se deslegitima al Estado de Israel, cuestionando su existencia; o se aplica un doble estándar con relación a cómo se juzga a otros Estados; o se demoniza al gobierno israelí.
Politólogo, exsecretario de Cultura de la Nación

lunes, 3 de abril de 2017

AMIA CULTURA


Carlos Gamerro: “El mercader de Venecia”
Conferencia Destacada: #SHAKESPEARE Y EL #ANTISEMITISMO
Un análisis sobre "El mercader de Venecia"
Participando del VII Festival Shakespeare Buenos Aires
Lic. Carlos Gamerro
Martes 4 de abril, 19hs.
Auditorio AMIA - Pasteur 633, 1º subsuelo
Entrada gratuita hasta agotar la capacidad de sala
Informes: cultura@amia.org.ar
Más info: https://goo.gl/mnlNEN

 Tendría uno que ser ciego, sordo y tonto para no reconocer que la grandiosa y equívoca comedia de Shakespeare El mercader de Venecia es sin embargo una obra profundamente antisemita” afirma Harold Bloom en su Shakespeare, la invención de lo humano.¿Es efectivamente El mercader de Venecia una obra antisemita? Si es así, ¿quiere esto decir que también lo era su autor William Shakespeare? ¿Qué hacer con ella, si así fuera? ¿Deberíamos dejar de leerla y representarla? La nueva traducción de Carlos Gamerro de esta polémica comedia de Shakespeare, junto con su estudio preliminar, se ofrecen como una plataforma para la discusión y el debate de estas cuestiones.

Fecha: Martes 4 de Abril.
Horario: 19hs
Auditorio AMIA (Pasteur 633)
Entrada gratuita. Ingreso por orden de llegada. Capacidad limitada. Debe presentarse DNI