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martes, 14 de julio de 2020

AVANCES TECNOLÓGICOS,


El nuevo Ubuntu, un rescate ideal en tiempos de teletrabajo
Windows 10 Microsoft Windows Logo Windows 8 Software de ...
A causa del confinamiento y la explosión del teletrabajo, la computadora personal (en general, hoy, una notebook) volvió a cobrar protagonismo. En ciertos casos, las compañías proveyeron los equipos. En otros, hubo que comprarlos. Pero muchas personas desempolvaron la vieja notebook, vieron si arrancaba y, de ser así, descubrieron una triste verdad. El sistema operativo, un XP o un Windows 7, estaba discontinuado.
La solución de Microsoft es la de pasar a Windows 10. ¿Cómo? Comprando un equipo nuevo o una licencia de Windows 10, cuyos precios en la Argentina van de 9000 a 20.000 pesos, redondeando y según la versión. Pero a no desesperar. Mark Shuttleworth, el fundador de Canonical, la compañía detrás de Ubuntu, logró su cometido. Linux es hoy más fácil de instalar y al menos tan fácil de usar como Windows. Es verdad, como me decía por teléfono un querido amigo mío el otro día, que Windows es más fácil de configurar. Pero en el 90% de los casos es posible hacer con Linux lo mismo que con Windows; de hecho, si Windows es en muchas instancias más fácil de configurar se debe esencialmente a que es más popular.
Sistemas Operativos Libres (GRATIS): Ubuntu
En el otro rincón, con una participación en el mercado hogareño mucho menor, están Linux en general y Ubuntu en particular, gratis y libres. Eso significa que podés instalarlo en cualquiera de esas notebooks algo pasadas de moda y, si el hardware anda, darles una segunda oportunidad. O una tercera, ya verán.
Pues bien, en abril, justo en medio de la pandemia, salió la nueva versión de Ubuntu con soporte de largo plazo (o LTS, por sus siglas en inglés), la
20.04. Eso significa que no vas a tener que cambiar de versión del sistema operativo durante los próximos cinco años. ¿Y después, hay que pagar? No, tampoco.
Como saben los que me siguen, escribí reseñas de casi todas las ediciones importantes de Ubuntu desde, al menos, 2008 (el sistema nació en
2004). En el caso de la 20.04, me ahorraré el listado de nuevas características, que puede consultarse en el sitio del sistema (https://ubuntu.com).
Ubuntu: la distribución Linux más popular de 2018 - Guapacho.com
Lo que hice esta vez, en cambio, fue simular la situación en la que alguien debe volver a la vida una notebook añosa e instalarle un nuevo sistema. En este caso, Ubuntu 20.04 (aunque podría ser otro Linux). Como en algunos sitios recomendaban no actualizar desde una versión anterior a la 20.04, sino instalar desde cero, hice exactamente lo opuesto. Salvo en un par de máquinas, todas las demás pasaron por el proceso de actualización, y sin novedad.
Usuario de Ubuntu, usa solo versiones LTS » MuyLinux
El nuevo Ubuntu podría resumirse así: arranca más rápido, es un poco más lindo y (como es usual, convengamos) resultó muy confiable. Instaló rapidísimo (20 minutos) en una ultrabook con disco de estado sólido (SSD, por sus siglas en inglés), a pesar de sus varios años de trajinar. E instaló lentísimo en una máquina más nueva, pero con disco duro mecánico de baja calidad, lo que es lógico. Todo el proceso llevó una hora y media. Es una cantidad de tiempo inaceptable, pero eso no significa que la instalación o la actualización fallaron, sino que nos hemos ido acostumbrando a las velocidades de los SSD, y los discos duros económicos, como el de esa notebook, resultan intolerables.
Linux es en general muy austero en memoria, y aunque Ubuntu no es una edición light para máquinas con poca RAM, la 20.04 utilizó entre 750 y 800 MB en ralentí (sin nada corriendo, salvo el sistema y sus servicios). Eso es una mejora respecto de la edición anterior (la 19.10) y es mucho menos que un Windows 10, que anda en los 2 a 2,5 GB de uso de RAM en ralentí.
El tema memoria viene siendo objeto de discusión desde que empecé a escribir sobre tecnología, y eso fue hace muchos años. Pero el hecho es que Windows consume más RAM que Linux, y por eso resulta poco probable que en un equipo con varios años (digamos, con 4 GB de RAM) funcione bien. Con Linux en general y con Ubuntu en particular ocurre lo contrario. Aquí tengo una vieja máquina de escritorio con 2 GB que anda perfectamente bien para ver cine con un Ubuntu 16.04, otra LTS que seguirá en su puesto hasta al menos 2021. Esa PC debe tener no menos de 13 años.
Ubuntu 20.04 LTS: seguridad y rendimiento mejorados | Stackscale
En mis pruebas, la 20.04 marchó sin inconvenientes y con algo más de agilidad (eso se debe a un número de variables, pero se siente especialmente en la nueva versión de Gnome) en equipos con mucha biografía. Aunque parece difícil de creer, porque hasta un smartphone hoy tiene más RAM, el sistema también anduvo bien en una Dell Inspiron de 2008 (sí, 2008) con 2 GB de memoria. Cierto es, sin embagro, que ese equipo tuvo una intervención de mi parte, cuando le transplanté el SSD de una notebook que había fallado.
En total, si no querés o no podés invertir dinero, Ubuntu 20.04 es una excelente solución para salir del paso, y tal vez adoptar Linux.

A. T.

miércoles, 12 de febrero de 2020

AVANCES TECNOLÓGICOS


¿Cuánto falta para controlar la tecnología con la mente y qué peligros supone?
Existen experiencias y prototipos, pero todavía parece algo lejano (y riesgoso), según los expertos
Desde hace décadas desarrollamos tecnologías para conectar al cerebro con máquinas. Los objetivos detrás de este desafío son diversos y van desde descifrar los pensamientos de las personas hasta permitir la inmortalidad, si consideramos la posibilidad de insertar nuestra cabeza en el cuerpo de un robot. Por el momento, hay avances importantes como el hecho de conectar el sistema nervioso a la computadora, algo que vemos en brazos mecánicos que se mueven gracias a los nervios de los muñones de los individuos amputados. El encefalograma también da cuenta de esto, porque es un estudio que detecta las ondas cerebrales en tiempo real para graficarlas en una pantalla o en papel.

Pero lo cierto es que todavía hay mucho por hacer para lograr hitos tales como tratar enfermedades neurodegenerativas, como el Alzheimer, o permitir al usuario interactuar con dispositivos tecnológicos mediante algo similar a la telepatía. Siguiendo este último ejemplo, de llegar a este nivel, las pantallas de los aparatos que usamos a diario serían muy pequeñas o inexistentes porque no tendríamos la necesidad de presionar botones ni de hablarles, puesto que la comunicación no se daría a través de la voz, sino mediante el pensamiento.

Varias empresas y laboratorios de neurotecnología están invirtiendo en investigación y desarrollo, aunque la más emblemática es Neuralink. Esta organización, propiedad del magnate Elon Musk, está trabajando en un proyecto para crear una interfaz cerebro-computadora mediante el uso de sensores capaces de leer nuestra mente que se implantarían "cosiendo" hilos microscópicos en nuestro cerebro.
Las metas son varias. Por un lado, fabricar un microchip diminuto que se implantaría detrás de la oreja para que se conecte al cerebro con esos hilos. Por el otro, que el individuo sea capaz de controlar una computadora con su cerebro. En este sentido, según el propio Musk el próximo año podrían empezar las pruebas en humanos. Junto con este desarrollo, también se espera que los usuarios puedan escribir solo con la mente, intercambiar pensamientos con otra persona sin hablar, e incluso cargar y descargar nuestros pensamientos en una PC.
¿Qué tan fácil es que el plan de este empresario excéntrico se materialice? "Implantar electrodos en la cabeza de una persona es impresionante e interesante desde el punto de vista científico, pero, en la práctica, la humanidad no necesita este tipo de avance", señala  Diego Gelman, profesor de Ingeniería Genética en las carreras de Biotecnología y Bioinformática de la UADE e investigador adjunto del Conicet, en el instituto de Biología y Medicina Experimental, donde también dirige el laboratorio de desarrollo del sistema nervioso. Para el experto todavía estamos lejos de que estos desarrollos estén entre nosotros, y "en la prensa se habla bastante sobre este tema porque Musk genera mucho interés para los medios y la audiencia".
De todos modos, Gelman cree que es posible que los objetivos de Neuralink se concreten algún día, aunque con otro sistema. En este sentido, el investigador señala que el planteo Musk es invasivo y arriesgado ya que los electrodos se inyectan en el cerebro, por lo que en los próximos podríamos a llegar a ver una prueba de concepto, pero no mucho más, ya que incluso será difícil encontrar a las personas que deseen que le coloquen electrodos en la cabeza para bajar sus pensamientos.
De pensamiento a documento
"Hasta ahora los avances se han dado en lo que sucede en la corteza cerebral que es la capa más superficial del cerebro, pero realmente nadie sabe todavía dónde se activa la memoria y dónde se guardan los pensamientos, ni dónde es que estos se originan, excepto que el hipocampo es algo así como el "centro de organización de las memorias". Es por esto que todavía es muy difícil que se logre el hito de que las personas podamos transmitir pensamientos a pares o a computadoras", opina Verónica Báez, que es investigadora adjunta del Conicet, Jefa de trabajos prácticos de la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires, y se dedica a investigar sobre los mecanismos moleculares asociados a la adquisición de recuerdos y a estudiar cómo se degenera el cerebro en los casos de los inicios de la diabetes. Según la investigadora, "pensar en convertir nuestros pensamientos en un documento de PC es minimizar al cerebro humano, porque una computadora es matemática pura, mientras que el cerebro es algo mucho más complejo, que incluye emociones e irracionalidades que son imposibles de predecir por un algoritmo".
Pero para saber cómo pensamos tampoco es necesaria tanta sofisticación, siempre y cuando el objetivo sea comercial.
Big data
En este sentido, dado que publicamos nuestras ideas en las redes sociales, hay empresas que sin siquiera leernos la mente ya saben qué opinamos, cuáles son nuestros gustos e intereses y qué podríamos hacer. Para eso, se analiza la información personal que volcamos en las redes de forma voluntaria o incluso sin darnos cuenta. "Si a esta situación, que ya existe, le agregamos la posibilidad de descargar los pensamientos en una computadora, deberíamos tener un debate ético sobre qué tan bueno podría ser esto para las personas -sostiene Gelman-. Hay riesgos éticos, de manejo de información personal, y también muchas personas que querrán aprovecharse de esta tecnología; la humanidad no está preparada para este hito de comunicarnos a través de telepatía o de poder descargar nuestros pensamientos en un archivo". Observa además que si estas ideas llegan a estar disponibles, no será en nuestra era.
Báez ve estos posibles avances desde la perspectiva inversa: "Si pudiéramos desentrañar cómo funcionan los pensamientos y las memorias, también podríamos hacer que las personas que han experimentado situaciones como violaciones, atentados y guerras olviden esos episodios para que puedan seguir sus vidas sin sufrir por los momentos que les ha tocado vivir".
Si bien la investigadora dice que no se imagina una sociedad telépata porque eso significaría ser invadido por miles de voces de todos los que nos rodean, también es optimista en el largo plazo, ya que hay investigadores en distintas partes del mundo que están detrás del objetivo de descubrir cómo se producen y almacenan las memorias, los olvidos y también los pensamientos. "Si pudiéramos conocer todo esto, podríamos ayudar a las personas que tienen dislexia, problemas de memoria y déficit de atención, por mencionar solo algunas condiciones", concluye.
Elon Musk es un multimillonario creativo y lleno de ideas revolucionarias. Muchas de ellas, como los coches autónomos y los cohetes reutilizables se están convirtiendo en realidad. Por este motivo, lo que hoy parece una locura bien podría ser realidad en el futuro.

D. S