
Una historia que dispara mil historias: en 1516, Juan Díaz de Solís navegó por primera vez las aguas del Río de la Plata. El despensero de esa expedición, que venía bajando desde Brasil, murió y Solís decidió desembarcar en una isla para darle cristiana sepultura. Esa isla y ese despensero se llaman Martín García. Desde entonces, las mil historias: Guillermo Brown la defendió ante los realistas españoles. Sarmiento quiso fundar la capital de “Argirópolis”, una unión de Argentina, Uruguay y Paraguay. Los inmigrantes hacían la cuarentena antes de desembarcar en Argentina. Fue refugio de masones y de nazis. Cuatro presidentes estuvieron presos en la isla. Dos célebres médicos –Luis Agote, desarrolló la técnica de la transfusión de sangre, y Salvador Mazza, investigador del mal de Chagas– dirigieron el hospital Lazareto. Menem la recorría habitualmente para comprar el pan dulce, que aún se sigue fabricando ahí. Y tantas historias en estos 500 años desembocan hoy en un presente no muy feliz. A pesar de que forma parte del patrimonio histórico de los argentinos, los isleños dicen que está al borde del abandono.
