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jueves, 30 de julio de 2020

DIEGO CABOT....UN PATRIOTA,


Una ofensiva que esconde intenciones que nadie reveló
Diego Cabot (@diegocabot) | Twitter
Diego Cabot
Alguien apretó un botón y desde ese momento pegarle a Edesur paga doble en el kirchnerismo.
Desde hace unas horas, la ofensiva contra la distribuidora eléctrica que opera en el sur de la ciudad y del Gran Buenos Aires se ha convertido en un deporte partidario. Tiro al agua, imposible errar.
Nadie sabe a ciencia cierta si lo que se quiere es expropiarla o si se trata de la justificación mediática para ir por la rescisión del contrato, algo así como preparar la alfombra roja para la llegada de la comitiva interventora. O quizás haya algo más, como amedrentar a un sector que siempre se inquieta ante el congelamiento tarifario.
Tampoco se puede descartar que la soberanía de los medidores, los transformadores y las llaves térmicas sea otra de las batallas ideológicas que inicie el Gobierno. Pero claro, los escépticos, pragmáticos, más terrenales en su mirada, lo resumen en una palabra: guita, o dinero, como para salir del lunfardo.
Nada cambió en los últimos días respecto de lo que pasa con un servicio público que desde hace casi dos décadas está minado por la excepcionalidad. La Argentina paga lo que puede con sus pesos maltrechosporlosbienesylosservicios.ni los textiles que se venden acá tienen las prestaciones de los que cotizan en las grandes avenidas del primer mundo ni los productos industrializados son iguales. La pregunta que sobreviene es qué hace suponer que el servicio de electricidad, en el que se invierte en dólares y se recauda en pesos, va a tener la calidad de otros lugares del planeta.
¿Quién podría pensar que el sistema concesionario argentino, diseñado en los 90, explotado con la devaluación, emparchado en los 2000 e incumplido por todos desde hace décadas puede entregar un servicio que deje contentos a los usuarios? Solo es necesario navegar por internet, andar por las rutas argentinas, tomarse un ómnibus en Retiro o tratar de llegar a Ezeiza a tiempo en transporte público para entender el fenómeno.
La infraestructura está colapsada y no es posible planificar a largo plazo con pesos que no se actualizan. Hay un funcionario local que sí encontró la fórmula para construir rápido, eficiente y lograr que las obras estén en tiempo y forma. Se trata de Gabriel Katopodis, el ministro de Obras Públicas. Él pudo construir los hospitales modulares para luchar contra el Covid en 40 días. ¿Un genio? Quizá. ¿Cómo hizo? Licitó mediante un organismo internacional de las Naciones Unidas (Unoms) y pagó en dólares. Billetes, para ser más exacto. Quizá la obra pública y la infraestructura empiecen a transitar ese camino. De hecho, es el que eligió para las unidades sanitarias modulares en las cárceles. En dólares se consigue construir en tiempo y forma. Un innovador.
Pero de regreso a aquellas preguntas iniciales, no se deja entrever cuál es el objetivo. La estatización de las acciones de Edesur podría ser un rebrote nacionalizador y dejaría abierta la posibilidad de un reclamo internacional como sucedió con Marsans por Aerolíneas Argentinas; Suez, por Aguas Argentinas, o YPF, por citar tres de varios laudos que condenaron al país a pagar millones de dólares.
Podría ser un mensaje aleccionador para dejar claro a otros actores del sector lo que ya se puede empezar a trazar: no habrá aumento de tarifas este año y tampoco tendrán suerte el año que viene. El calendario electoral se encargará de que nadie reclame en plena campaña legislativa.
Pero hay quienes van al hueso, o al bolsillo. Los intendentes, principales voceros del malestar con la empresa, acumulan deudas millonarias con la compañía. Diez de 12 municipios donde presta servicio recaudan algún impuesto con la boleta de electricidad, pero acumulan deuda con Edesur.
Desde hace años se colocó un medidor por barrio de emergencia. Hasta ahí llega la responsabilidad de la empresa. Desde esa toma hacia atrás, cada uno que se enganche a la electricidad no paga el servicio. Las municipalidades se deben hacer cargo de la factura que generen los miles y miles de usuarios que toman la luz de esa boca de expendio.
La deuda que se acumula desde 2011 ya llega a $3000 millones y cada vez el consumo es mayor. Una nacionalización del servicio traería un alivio a las arcas de los jefes bonaerenses. Desde ese momento, todos los habitantes de la Argentina harán su aporte solidario para que los intendentes regalen la electricidad a los suyos. Se hizo la luz, podrán exclamar.

miércoles, 8 de abril de 2020

DIEGO CABOT....UN PATRIOTA, INVESTIGADOR Y GRAN PERIODISTA


El Gobierno entregó varios alfiles para salvar las sospechas de corrupción

Diego Cabot
Gonzalo Calvo tuvo que dejar su despacho tras las polémicas compras 
La consolidación de los números le da al escándalo de la compra de comida un tono miserable. El Estado compró 5,78 millones unidades repartidas en paquetes de arroz, lentejas, fideos y azúcar, además de 680.000 botellas de aceite. El ticket de la compra sumó $737,5 millones . Si, al menos, hubiese pagado el precio que cualquier argentino abona en el almacén de la esquina, el importe estampado en el último renglón sería de $436,8 millones, poco más de 300 millones menos.
La pregunta inexorable es cuál es el Estado que compra: el bobo o el cómplice. El ministro de Desarrollo Social, Daniel Arroyo , fue el paladín de la explicación del "bobismo estatal". A poco de conocida la noticia, quiso establecer el primer contrafuego al incendio. "Pedimos descuentos. Pero los proveedores se plantaron", dijo el funcionario. Siguieron las explicaciones. Pero no hubo caso, pocos minutos después reconoció que cualquier almacén de barrio tiene precios más baratos. El calor de las llamas empezó a calentar.
Unas horas después, el presidente Alberto Fernández empezó a abonar otra teoría. Ahí no había un bobo, sino un cómplice ¿Cómplice de quién? Se podría preguntar. En principio, de los empresarios que, según el mandatario, se cartelizan para sacar provecho, incluso en medio de la emergencia.
Ya quedó claro que no hay bobos cuando de compras de 700 millones de pesos se trata. Arroyo entregó un alfil y dejó rodar la cabeza de Gonzalo Calvo . Después, con él se fueron 14 más . Entre ellos, un hombre al que todos miraban ayer por la tarde. Se trata de Carlos Montaña, uno de los vicepresidentes de Independiente, cercano a Hugo Moyano y estrecho colaborador de Sergio Berni cuando el ahora hombre de la seguridad bonaerense era en número dos de Alicia Kirchner en Desarrollo Social.
Vale la pena detenerse en Calvo. A poco de indagar surge una palabra cara al paladar del poderoso peronismo bonaerense. "Es un cuadro", lo defendió un colega que también forma parte del gobierno nacional.
"Un cuadro", para ese mundo, es un personaje encolumnado en una causa y dispuesto a todo por el verticalismo que impone el líder. Dispuesto a inmolarse por la causa, ese parece ser el destino de Calvo. A los "cuadros" se los suele encontrar agazapados en los pliegues del frondoso organigrama del Estado. Arropados por un cargo grandilocuente, van y vienen con la llave que les entrega la tarjeta de presentación. Para un hombre del peronismo bonaerense, el cargo de secretario de Articulación de la Política Social casi que parece creado a medida.
La caída de Calvo y 14 más significó arrumbar la teoría de un Estado bobo. Si las explicaciones de Arroyo hubiesen tenido sustento y si los procedimientos se siguieron de manera transparente, no parece muy prudente descabezar la estructura del Ministerio. Pero alguna trapisonda se esconde detrás de la millonaria compra de alimentos de la canasta básica. O hay delito o bien hubo que entregar poco más de una docena de cabezas para maquillar la torpeza.
Las preguntas se suceden. Según el Presidente, los empresarios se cartelizan y son tan malos que ni siquiera se conmueven por la emergencia. Su gobierno, que sí se conmueve ante la pandemia, optó por comprar alimentos antes que ahorrar dinero.
Quizás haya algo de verdad en esa extravagante explicación. Pero Fernández no es un comentarista de la realidad. Siempre alude al poder que las urnas le entregaron para actuar. Y actuar no solo es referirse a los cartelizados que él conoce bien desde épocas de jefe de Gabinete de Néstor Kirchner, sino también denunciarlos.
Pocas cosas exigen una explicación clara y transparente como esta ida al supermercado más caro de la Argentina. Robar el dinero destinado a comprar alimentos para quienes necesitan debe ser una de las conductas más deplorables de un funcionario público.
El Presidente se rodeó de famosos para afrontar el hambre. Solo quedan fotos de aquella colorida mesa; la mayoría de aquellos partisanos permaneció en silencio ante los sobreprecios en productos de la canasta básica.
"Nos hará bien recordar que el alimento que se desecha es como si se robara de la mesa del pobre, del que tiene hambre". Lo dijo el papa Francisco el 13 de junio de 2016. Con algunos retoques, se podría aplicar a la escandalosa compra.

viernes, 1 de febrero de 2019

DIEGO CABOT....UN PATRIOTA

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Diego Cabot en la cumbre del periodismo: ganó el Premio Rey de España
Diego Cabot, ayer, con sus compañeros en la redacción de LA NACION Fuente: LA NACION - Crédito: Dante Cosenza
El redactor de La Nacion recibió uno de los máximos galardones del oficio por su investigación sobre los cuadernos, según el jurado, "periodismo puro"
El prosecretario de Redacción, Diego Cabot, junto al equipo del diario LA NACION integrado por Candela Ini y Santiago Nasra, recibió ayer el Premio Rey de España en la categoría Prensa por el artículo "Los cuadernos de las coimas", la investigación sobre las anotaciones del chofer de Roberto Baratta, mano derecha del exministro de Planificación Julio De Vido, y que develaba la trama de corrupción organizada del kirchnerismo en la obra pública durante los años que estuvieron en el gobierno.
Se le atribuye a Bill Kovach la idea de que el periodismo es "la primera versión de la historia". La investigación de Cabot volvió a demostrar que el periodismo puede también empezar a cambiar la historia, y, por eso mismo, "hacer historia" en el oficio.
Estos premios, creados en 1983 por la Agencia EFE y la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (Aecid), tienen por objetivo reconocer el trabajo de los profesionales del periodismo de lengua española y portuguesa. Según el jurado, el trabajo de Cabot, que es egresado y profesor del Máster de LA NACION, cumplió con los parámetros del galardón en tanto fue catalogado como un trabajo de "periodismo puro", una muy interesante muestra del periodismo que, en ocasiones, "se ve forzado a hablar de sí mismo, a explicar a los lectores lo que hay detrás de una exclusiva", según lo publicado por EFE.
"Más allá del artículo concreto, el jurado ha valorado la investigación completa y su reflejo en las páginas de LA NACION, ejemplo de un trabajo periodístico que saca a la luz asuntos de enorme trascendencia y obliga a las autoridades a intervenir", explicó el jurado. Indicó que el premio pone de relieve la decisión del diario, en un momento determinado, de "dejar de publicar para poner la investigación en manos de la Fiscalía", en referencia a que Cabot y su equipo, decidieron llevar los cuadernos a la Justicia para que actúe y no priorizar la primicia.
Además del prosecretario de LA NACION, otros siete periodistas iberoamericanos fueron distinguidos en esta edición: los españoles Francisco Moreno y Conchi Cejudo (por la serie de reportajes sobre la Guerra Civil española), la venezolana Maryelina Primera (por una serie de reportajes sobre las migraciones provocadas por la violencia en el Triángulo Norte de Centroamérica), el boliviano Roberto Navia (por un trabajo multimedia en el que denuncia la caza ilegal e indiscriminada de jaguares en Bolivia), el portugués Nuno André Ferreira, el brasileño Marcelo Magalhaes (por un programa sobre piratas en la Amazonía) y el nicaragüense Wilfredo Ernesto Miranda (por un artículo sobre la represión de las protestas contra el gobierno de Nicaragua). Por su parte, el mexicano Joaquín López-Dóriga recibió una mención honorífica a su larga carrera televisiva mientras que la agencia brasileña Amazonia Real obtuvo el galardón al Medio de Comunicación más Destacado de Iberoamérica. El premio está dotado con 6000 euros y una escultura de bronce del artista Joaquín Vaquero Turcios.
La tapa histórica
Los cuadernos Gloria y la letra del chofer salieron a la luz el 2 de agosto de 2018
Fuente: LA NACION

Candela Ini Fuente: LA NACION
Santiago Nasra Fuente: LA NACION - Crédito: Dante Cosenza

Diego Cabot: "El periodismo me genera una adrenalina diaria"
Diego Cabot: "El periodismo me genera una adrenalina diaria"
Pablo Sirvén SEGUIR
Diego Cabot caminaba despreocupado cerca del centro Pompidou, en París, cuando recibió la noticia más inesperada. Su paso por la capital francesa se debía a motivos profesionales y aprovechaba sus últimas horas allí para recorrer el barrio de Les Halles. Fue entonces cuando le entró un audio de whatsapp con la noticia de que su investigación de los cuadernos de la corrupción acababa de ganar el premio Rey de España, uno de los lauros mundiales más codiciados por el periodismo de calidad.
A punto de embarcar de vuelta hacia Buenos Aires, habló de sus primeras impresiones sobre qué significa para él tan alta distinción. "Me emocioné solo en una calle de París", reconoció.
La ocasión resultó también una buena excusa para recapitular momentos de su vida profesional y de la vorágine en la que entró hace exactamente un año cuando llegaron a sus manos los cuadernos de la corrupción.
-¿Cuándo te decidiste a ser periodista?
- Siempre tuve la idea, pero como pertenezco a una familia de clase media de La Pampa, era enorme el esfuerzo que tenían que hacer para mandarnos a mi hermana y a mí a estudiar a Buenos Aires, por lo cual me pidieron que eligiera una carrera más tradicional que me pudiera asegurar alguna solvencia. Mi hermana eligió psicología y yo, derecho, ambos en la UBA. Tardé bastante en recibirme y empecé a trabajar en una compañía de seguros.Pero siempre me quedó pendiente el tema del periodismo. A los 30, al nacer mi primer hijo me dije que no quería quedarme con esa espina. Mi idea era, al menos, intentarlo. Aprobé el examen del máster de LA NACION, pero luego me rechazaron. Nunca me dieron una explicación ni yo tampoco las pedí. Al año siguiente me aceptaron.
-¿Alguna vez dudaste de que el periodismo pudiese no ser lo tuyo?
- Ese primer momento que me dijeron que no me resultó frustrante. Después tuve momentos de crisis en la profesión porque no podía vivir de lo que me pagaban. Pero no cabe duda de que es mi pasión y es lo que me mantiene recontravivo. Ningún día es igual al otro. Me fascina conocer gente muy variada para tratar temas muy distintos. Contar cosas que la mayoría no sabe. El periodismo me genera una adrenalina diaria. Siento que no me equivoqué.
-¿Qué le aporta la abogacía a tu profesión de periodista?
- Me sirve para entender algunas cuestiones de las áreas en las que trabajo: relación del Estado con proveedores y el funcionamiento de los servicios públicos. También para clarificar el fondo de lo que escribo y para tener un diálogo más profundo con las fuentes. Me sirve mucho. El nivel de diálogo es distinto cuando se dan cuenta que no dominás bien un tema. La conversación ya se establece en un nivel técnico mucho más alto y detallado. 
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No me tienen que explicar qué es un juicio, una demanda y una sentencia. En el caso particular de los cuadernos me sirvió para ponerme en la cabeza de los denunciados y procesados, y poder así anticiparme a las jugadas de todos, funcionarios y empresarios.
-¿Qué es lo que más y menos te gusta del oficio?
-Pedir horas prestadas a vidas que no son las tuyas. Ir a tomar un café del que no sabés qué puede llegar a salir. Esa adrenalina me encanta. Me gusta contar historias a muchísima gente. Los cuadernos incluyen historias humanas, con amores y traiciones. No podría contar historias desangeladas. Me gusta ir siempre sobre los temas que van apareciendo con un entusiasmo que se renueva. Lo que menos me gusta es la demanda de tiempo que se le resta a la familia o que trabajás en horarios que otros no lo hacen. Lo que más me abruma es no poder administrar mis tiempos. Es un peso enorme que aguanto solo porque me encanta lo que hago.
-¿Qué balance hacés del tema Cuadernos al día de hoy? ¿Qué es lo que cambió en la ruta del dinero K ?
-Se rompió el cono de silencio entre la política y los empresarios; unos para administrar, llegar o perpetuarse en el poder; los otros para hacer negocios, pero siempre valiéndose de la plata del Estado, es decir, la de todos nosotros. Y con enorme complicidad mutua. Eso se rompió y es muy válido. Se produjeron confesiones que nos permitieron conocer por primera vez ese entramado. Son hechos que ya están probados por la Justicia. Es un aporte enorme. La pregunta es qué vamos a hacer los argentinos con esa verdad. Ya entendimos lo que costó y lo que nos cuesta. Ahora tenemos que resolver qué hacer con ella. Hay muchos que no les interesa esa verdad y que denigran los hechos.
-¿Qué sentís cuando algunos medios y periodistas hablan de "fotocopias"?
-Siento un gran orgullo porque si son fotocopias logramos que grandes empresarios a partir de ellas hayan reconocido sus delitos. La palabra fotocopia, además, presupone la existencia de un original. Es una simplificación.
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-Desde que empezaste a trabajar en la trama de los cuadernos, ¿cuál fue el momento de mayor miedo?
-Cuando se publicó la investigación tuve miedo. Sabía que la campaña de descrédito iba a venir.
-¿Recibiste amenazas?
-Tuve algunos eventos, pero cuando pedí ayuda al gobierno porteño no obtuve respuestas y eso me hizo sentir que estaba solo porque las amenazas eran para mí. Meses después intentaron ofrecerme unas disculpas, pero no me interesó escucharlas. ¿Qué podía pretender yo si no pudieron cuidar a un equipo de fútbol? -se refiere al de Boca, atacado cuando iba en ómnibus hacia el Monumental a jugar el segundo partido por la Copa Libertadores , que terminó disputándose en Madrid)-; eso es inoperancia pura. El principal responsable fue desplazado -se refiere a Martín Ocampo-, pero la mayoría sigue en funciones.
-¿Por qué te especializaste en el tema de los servicios públicos, tarifas, trenes, energía?
-Cuando llegué a la sección Economía del diario LA NACION, en 2004, coincidió con que el gobierno de Néstor Kirchner , con Roberto Lavagna y Julio De Vidoincluidos, trabajaban en una mesa conjunta sobre los contratos de los servicios públicos de los años 90 que se habían vuelto incumplibles cuando el dólar pasó de 1 a 4 pesos y estaban rotos. No había nadie metido con ese tema. Me empecé a relacionar con los empresarios en su rol de contratistas y concesionarios. Allí encontré mucho para escribir. Me sentía cómodo. Y todo resultaba una gran novedad.
Con el tiempo, cuando aparecieron los subsidios y las estatizaciones, la cobertura se fue haciendo más masiva en los otros medios también.
-¿Intuiste los puntos flacos de esos empresarios antes de que aparecieran los cuadernos?
-Sí, y por varias razones. Primero, por los funcionarios con los que negociaban. Yo no tenía dudas. Muchos de ellos lo confesaban a mí y a otros periodistas, aunque no con el detalle que luego tuvieron ante el juez. Se justificaban, pretendían mostrarse como menos corruptos que el de al lado. Lo que no supuse es que esa corrupción fuera tan estructural, sobre todo en los rubros de obras públicas, transporte y energía. Y conviví con esa doble moral: los que a la mañana pagaban coimas, a la tarde daban cátedra de transparencia en encuentros empresarios. Eran invitados a la Casa Rosada a aplaudir, a las cenas con mandatarios extranjeros. Iban los titulares de las cámaras empresarias. Y yo me preguntaba a cuál creerle: ¿al de la mañana o al de la tarde?
-¿Qué cambió en tu vida a partir de la aparición de los cuadernos?
-Cambiaron mucho mis tiempos, más demandas de notas por parte del diario, más viajes y hasta responder a entrevistas de otros medios. Me cambió también el flujo de información: llegué a tener 780 chats abiertos y a acumular 40 mil mails sin leer. Cantidad de gente que te escribe de todos lados. Es difícil gestionar eso. Pero a veces hay pequeños datos que suman. Me volvieron a llegar al diario sobres con documentos y cartas manuscritas. Gente cansada de ver cómo el de al lado se hacía millonario por la política o los negocios, la exhibición de riqueza e impunidad.
-¿Qué te dice la gente cuando te reconoce?
-En la calle, la gente que se me acerca me saluda y valora la forma que lo hicimos. La gente cobarde solo se expresa por redes sociales.
-¿Qué te decís a vos mismo a partir de tanta exposición?
- La exposición es un legado que todavía me pesa. Una de las cosas que extraño es que antes yo podía sentarme en cualquier lado y ahora no lo puedo hacer con tanta facilidad porque las fuentes no quieren que nos vean juntos en un bar.
-¿Qué hacés para "no creértela"?
-La mejor manera es seguir haciendo periodismo como siempre; saber que tengo que salir a trabajar. No ha habido cambios.
-¿Cómo sigue la carrera después de una investigación de este calibre?
-En principio lo que siento es que mis ganas de hacer periodismo no varió. Me interesan los números y los hechos más que la opinión. Soy un periodista que sale a buscar la noticia y que me encanta incomodar al poder. También es verdad que me pregunto cómo sigo y por dónde. Cómo puedo aprovechar, ahora que la gente posa la vista en mí, para hacer escuela en el tema de la investigación periodística y formar gente. Tengo tantas propuestas que a veces me abruma sentarme a trabajar con tanta mochila.
-¿Es más potente una investigación cuando se la puede potenciar en un trabajo conjunto con la Justicia?
-Estudié una cantidad de escenarios y posibilidades. A mitad de camino me pareció que era una manera de potenciarlo. Sentí que era un caso único. Me llevó como un mes y medio tomar la decisión de llevar el tema a la Justicia y siempre con la desconfianza de perderlo.
-¿Y qué pasa cuando se van estableciendo lazos y cercanías que tampoco son tan convenientes?
-Con Bonadio no tengo ninguna relación. Lo vi dos veces y la última fue en julio. Respeto su rol, pero no tengo relación ni buena ni mala con él. Tengo flujo de información por otro lado. Pensá que hay muchas defensas. Con el que establecí más relación, pero no de amistad, es con Stornelli, pero cada uno respetando su rol y los momentos de silencio en que no puede hablar.
-¿Alguien te quiso sobornar alguna vez directa o indirectamente?
-Sí, una vez, mucho antes de lo de los cuadernos, en un asado en una terraza de la zona de Tribunales. Yo me hice el que no entendía. Tampoco quería perder la fuente.