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lunes, 17 de febrero de 2020

ECONOMÍA EN EBULLICIÓN,


Contradicciones en la sala de terapia intensiva

Durante su gira europea el presidente Alberto Fernández sostuvo que "la Argentina está en terapia intensiva", en un diagnóstico que se ajusta más a la realidad que otros formulados antes y después de las elecciones, como la apocalíptica "tierra arrasada" (incluso llevada al cine por el actual ministro de Cultura) o el más reciente "crisis de 2001 por goteo" que presagiaría un final de alto riesgo. Ciertamente, la herencia socioeconómica que Alberto F. recibió el 10 de diciembre no es para nada envidiable, como tampoco había sido la que Mauricio Macri enfrentó cuatro años antes e inexplicablemente optó por desdramatizar con su apuesta al endeudamiento externo, cuyo fracaso hizo que el remedio resultara peor que la enfermedad.

Pero excepto en casos terminales, un país -al igual que un enfermo en terapia intensiva- tiene chances de recuperarse si cuenta con resto físico, el equipo médico actúa correcta y coordinadamente y el paciente colabora con el tratamiento adecuado. En esta analogía, el problema es que a dos meses del arranque del nuevo gobierno la perspectiva de salir adelante todavía está por verse, porque dentro de la misma sala comienzan a aparecer contradicciones políticas, improvisaciones y señales de mala praxis que deterioran la confianza, especialmente sobre la reestructuración de la deuda bajo legislación extranjera.
Axel Kicillof fue protagonista de otro costoso ensayo de prueba y error con el vencimiento del bono BP21 (por US$275 millones), que finalmente terminó pagando sobre el filo del plazo para no caer en un prematuro default. Esta decisión fue atinada, pero tardía y sinuosa. Dos semanas antes podría haber sido interpretada como un gesto de buena voluntad para encarar la reestructuración de la deuda bonaerense, anunciada ahora como contrapartida necesaria. Pero la estrategia seguida después de haber declarado oficialmente la imposibilidad de hacer frente a esa obligación (con sucesivas prórrogas y ofertas de pago parcial rechazadas) provocó una división entre los acreedores privados que debilita su posición negociadora. También salpica al ministro Martín Guzmán, que en su momento afirmó que esa fallida postergación voluntaria hasta el 1° de mayo era una estrategia coordinada con el gobernador bonaerense.
El Gobierno debió mostrar así una carta que tenía reservada: evitar cualquier cesación de pagos antes de mediados de marzo, cuando dará a conocer su propuesta de reestructuración de la deuda mediante un canje de bonos a más largo plazo, con tres o cuatro años de gracia y probable quita de capital no inferior a 15%.
Como la alternativa a un acuerdo es el default, que perjudicaría tanto a la Argentina como a los grandes fondos de inversión internacionales, el propio Alberto F. intervino desde París con dos aclaraciones para no descartar una negociación menos amigable. Por un lado, dijo que sería difícil seguir "la lógica del gobernador" (pagar en término los futuros vencimientos). Por otro, que no está dispuesto "a emitir dinero a lo loco y menos para pagarles a los acreedores", en una implícita alusión al vencimiento del Bono Dual (AF20) del próximo jueves, cuya oferta de canje en un plazo muy reducido obtuvo esta semana una baja adhesión (10%). Este resultado obligó al Ministerio de Economía a licitar el lunes tres series bonos ajustables en pesos que se liquidarán cuatro días después. De lo contrario, el Banco Central debía emitir $100.000 millones que ejercerían presión sobre el mercado y la brecha cambiaria.
El zigzag bonaerense aportó incertidumbre en el momento menos oportuno. Más que nada porque coincidió con la gira del Presidente por el Vaticano, Roma, Berlín, Madrid y París, donde cosechó apoyos morales a la propuesta de "crecer para poder pagar" en un abanico que abarcó desde el papa Francisco hasta Angela Merkel. También con la sanción en el Senado (con 65 votos) de la ley de sostenibilidad de la deuda, cuyos lineamientos se extenderán a las provincias. El broche surgió desde Washington con el ofrecimiento de Donald Trump a colaborar con Fernández en las gestiones ante el Fondo Monetario Internacional para negociar la extensión de plazos de la deuda con el organismo.
La hoja de ruta con el FMI fue delineada por Guzmán en Roma con la nueva directora gerente del organismo, la búlgara Kristalina Georgieva, con quien además compartió un seminario económico sobre "nuevas formas de solidaridad" en el Vaticano. Allí el ministro no se privó de reclamar a los países centrales del Club de París una reducción de la tasa de interés de 9% para la deuda argentina de 2020 y 2021, que consideró insostenible pese a que había sido negociada por Kicillof cuando fue titular del Palacio de Hacienda.
Con el Fondo la perspectiva es diferente porque la tasa es mucho más baja (4%) pero resultan insostenibles los vencimientos de capital, que se concentran entre 2021 y 2023, suman US$44.000 millones y estatutariamente el organismo no admite quitas. Para dar una idea de magnitud, esa cifra equivale a 2,75 veces el superávit comercial récord de la Argentina en 2019 (US$ 16.000 millones). De ahí que se descuente que la negociación de mayores plazos será a cambio de un programa fiscal y monetario plurianual, basado en un esfuerzo compartido con los acreedores privados (quita de capital) para asegurar la sostenibilidad de la deuda en los próximos años. La primera misión técnica del FMI para revisar las proyecciones macroeconómicas llegará la próxima semana a Buenos Aires, donde podrá advertir en vivo y en directo la división política dentro del oficialismo. Tanto la CTA conducida por Hugo Yasky, como la CTEP de Juan Grabois junto con otras organizaciones sociales, ya preparan una consabida marcha de repudio.
Paralelamente, el acuerdo salarial firmado por el gremio de Camioneros de Hugo Moyano con las cámaras empresarias -16,5% en febrero y 10% en abril-, que completará un aumento de 49,5% anual en junio, fue a contramano de la intención oficial de privilegiar los ajustes de suma fija para desindexar la economía. También descoloca la decisión presidencial de postergar el alza de precios de los combustibles, al igual que el impuesto específico por otro mes, para no realimentar la inflación. No deja de ser llamativo, porque la federación que agrupa a los transportistas de cargas (Faddeac) difunde mensualmente minuciosos datos sobre los crecientes costos del sector y ahora contribuye a elevarlos con un probable traslado a fletes para evitar potenciales conflictos sindicales.
Más suerte en este sentido tuvo el gobernador Kicillof al contar con la comprensión de Roberto Baradel (Ctera) cuando postergó el pago del último tramo de la paritaria docente debido al imprevisto gasto de atender el bono BP21. Tal vez haya influido que la pareja del combativo dirigente sindical haya pasado a ser funcionaria bonaerense. Aun así, parece un dato menor en comparación con el retorno a la Aduana de Ricardo Echegaray (procesado por el fraude fiscal de Oil Combustibles y por el caso Ciccone) y la designación de Aníbal Fernández como interventor en Yacimientos Carboníferos de Río Turbio (YCRT), una empresa que hasta 2015 fue fuente de corrupción y cuya viabilidad debería ser urgentemente revisada. En cambio, el Gobierno suspendió por seis meses la reglamentación de la ley de economía del conocimiento, una de las pocas políticas de Estado que rigen desde 2004 (cuando el Congreso sancionó la ley de software), para un sector que genera 420.000 empleos y exportaciones superiores a US$6000 millones anuales (el doble del récord de ventas externas de carnes en 2019).
En esta semana plagada de señales contradictorias, la única certeza es que la terapia de emergencia es sinónimo de mayor presión impositiva aunque no contribuya a reactivar la economía. La AFIP acaba de demostrarlo ayer al disponer el pago a cuenta de Bienes Personales antes del 1° de abril, con una escala del 0,1% al 0,5% para quienes tienen activos fuera del país y forzarlos a repatriar el 5% que les permite quedar eximidos de la duplicación (hasta 2,25%) de la alícuota. Si bien días atrás se amplió el menú de opciones al depósito en dólares hasta fin de año (como invertir en fondos comunes o fideicomisos por el mismo plazo) todavía no fueron reglamentadas. Y la posibilidad de canalizarlos a través del mercado cambiario oficial choca con la brecha del 28/45% que separa al dólar oficial de sus cotizaciones alternativas.

N. O S

martes, 11 de febrero de 2020

ECONOMÍA EN EBULLICIÓN,


La economía se frena hasta ver el plan Martín Guzmán y el éxito del canje

Florencia Donovan
"Si no funciona, es un quilombo". Sin eufemismos, un importante funcionario respondía así a la pregunta de qué piensa hacer el Gobierno en el caso de que el ministro de Economía, Martín Guzmán, no logre adhesiones suficientes para la emisión de los tres bonos en pesos que lanzó la semana pasada y que completará hoy. La frase llama la atención por su honestidad, pero también deja entrever el gran voluntarismo que hay en el Gobierno para que su plan A funcione.
Lo mismo pareciera aplicarse a la economía en general. El equipo económico no solo no ha dado detalles de cuál es el "plan A" ni de cómo espera llevarlo a cabo, sino que, de fracasar, no tiene un camino alternativo explorado. El problema es que no hay ministerio en el que no se repita la frase: "Hasta que no se arregle lo de la deuda, está todo parado". ¿Qué pasa si la reestructuración se extiende más allá del exigente cronograma que se impuso Guzmán? No hay quién se anime a ensayar esta hipótesis.
La emisión de bonos de hoy es de suma importancia para la estabilidad financiera y cambiaria, dado que es a través de estos nuevos títulos que el Gobierno espera hacerse de los pesos para pagar el vencimiento del bono Dual AF20, este jueves. De fracasar, tendrá que emitir unos $100.000 millones en un solo día para no caer en una nueva reprogramación de la deuda en pesos o, aún peor, en default.
Viene de sufrir un traspié en su primer intento, después de que solo el 10% de los tenedores del bono AF20 aceptaran participar, la semana pasada, del canje que había planteado originalmente.
El mercado ahora descuenta que la nueva colocación tendrá una adhesión cuanto menos razonable. Pero el amateurismo con que se planteó el primer canje del bono AF20 dejó un gusto amargo entre inversores, muchos de los cuales son los mismos fondos internacionales que también tienen en su poder bonos argentinos en moneda extranjera. ¿Cómo no previó Finanzas la posibilidad de suscribir los nuevos bonos que se emitirán hoy en especie (entregando a cambio los AF20) para así evitar tener que volcar los pesos del bono Dual al mercado, aunque más no sea por unas horas? Son detalles que para quienes llevan años en el sector financiero no pasan por alto.
La estrategia de Guzmán pasó hasta ahora por refinanciar amigablemente todos los vencimientos en pesos y buscar luego con los bonistas privados una reestructuración de los pasivos en moneda extranjera. En el Gobierno aseguran que las negociaciones con el Fondo Monetario Internacional (FMI) serían hoy las menos problemáticas. Los buenos resultados de la gira del presidente Alberto Fernández por Europa abonan la teoría.
La clave del plan A del Gobierno pasa luego por la negociación con los privados. En esa línea, se aceleró en los últimos días el proceso de selección de los bancos que participarán como asesores. Será más de uno y trascendió que Citi y Rothschild serían parte de esa short-list, que luego compartirá la comisión de éxito, estipulada en el 0,1%.
En Economía vienen evitando cualquier contacto formal -e incluso informal- con acreedores del exterior. La orden de no hablar es clara. Sin embargo, como parte del proceso de licitación, diversos bancos sí están llevando a cabo reuniones informales con grandes fondos de Wall Street. Allí habría cierta aceptación de la propuesta de congelar al menos por dos o tres años los pagos de intereses y de capital, para luego ir cobrando además cupones de intereses algo más bajos que los actuales.
"Las posiciones están más cerca de lo que se dice", aseguran quienes participan de algunas mesas informales con inversores. La sustentabilidad de la deuda de la que habla Guzmán depende de tener cuentas fiscales y externas ordenadas -algo que Fernández aprendió en los años en que acompañó a Néstor Kirchner- y, financieramente, la idea que obsesiona a su equipo es que la tasa de crecimiento de la economía sea similar al ratio de los cupones de la deuda. En tal sentido, se cree que la quita nominal de capital no será tan grande como la que descuentan hoy los precios de la deuda en el mercado, que cotizan a apenas el 40% de su valor nominal.

Las buenas intenciones del equipo económico no están en duda. Quienes han tenido la oportunidad de dialogar con Guzmán destacan su seriedad y su compromiso. Pero no ocultan su temor por su falta de experiencia práctica.
En el medio, la incertidumbre que genera la falta de definiciones sobre el plan está haciendo que muchas empresas y provincias endeudadas estén aprovechando para acelerar sus propias refinanciaciones o reestructuraciones. Es el caso de Molino Cañuelas, que estaría pronta a alcanzar un nuevo acuerdo -el anterior se cayó después de las PASO- con sus acreedores. La familia Navilli finalmente les entregará a los bancos el 80% de la empresa.
Más complicada sería la situación de Vicentín. A diferencia de aquella, que no cumplió con su deuda bancaria, pero sí mantuvo funcionando su cadena de pagos, Vicentín tiene un tendal de reclamos de proveedores; son muchos pequeños acreedores nerviosos y poco acostumbrados a procesos de reestructuración que podrían terminar llevando a la empresa a un concurso.
La situación de Vicentín es seguida de cerca por acreedores, pero también por todas las grandes cerealeras. La posibilidad de que el Gobierno decida intervenir en la empresa, como se sugirió en la última semana, revivió el fantasma de posibles intervenciones del Estado en la comercialización de granos. Por ahora, son temores que solo se nutren de la especulación. Aún resuenan entre las compañías del sector las palabras del ahora canciller Felipe Solá, que en plena campaña presidencial planteó la idea de volver a una Junta Nacional de Granos.
No solo en los ministerios los proyectos están paralizados a la espera de que tenga éxito el plan del Gobierno con la deuda. También en las empresas. En su exposición en el Council of the Americas en Nueva York a fines de enero, el ministro Guzmán dejó a varios boquiabiertos cuando admitió que no esperan "una lluvia de inversiones". Sinceridad brutal a los oídos de muchos inversores que tienen intereses en la Argentina y deben definir cómo seguir.
Entre las aerolíneas low cost, las perspectivas no parecen demasiado auspiciosas, aun a pesar del lobby que algunos gobiernos provinciales hicieron por ellas. JetSmart, que acaba de comprar la operación de Norwegian en la Argentina, viene peleando desde hace semanas con AA2000 para que le permita usar los amarres que pertenecían a la línea noruega en el Aeroparque. Ante la negativa, informalmente, el mensaje que llegó a la empresa es que hay instrucciones de La Cámpora -hoy, al frente de Aerolíneas- de no habilitarlo. La empresa tendría previsto hacer oír su reclamo ante la Secretaría de Transporte de Estados Unidos.
Los nuevos controles a las importaciones también empiezan a poner nerviosas a las multinacionales. Unas 40 compañías miembros de la Amcham, la cámara de comercio norteamericana, plantearon internamente el problema. Tienen prevista esta semana una reunión con el secretario de Industria, Ariel Schale, en busca de respuestas. Delegados de la Secretaría de Comercio Exterior norteamericana podrían visitar informalmente el país en los próximos días. Todo indica que será el primer capítulo de una larga novela. Son pequeños conflictos que podrían restar en la buena relación que Fernández supo generar con Washington.
Otras empresas están mirando de cerca el viaje esta semana del canciller Solá a Brasil. El futuro del Mercosur -y del acuerdo del bloque con la Unión Europea- está en gran medida en manos del presidente Jair Bolsonaro. En pos de hacer buenas migas con el gobierno brasileño, la Argentina estaría buscando que el US-Argentina Business Council incorpore a ese país. Así se lo habría hecho saber la embajada argentina en Washington a la Cámara de Comercio local. Es simplemente un gesto, pero que habla de la intención del gobierno de Fernández de seguir acercando posiciones con Brasil, después de un comienzo de relación a los tumbos.

sábado, 8 de febrero de 2020

ECONOMÍA EN EBULLICIÓN


Economías extremas: lecciones de supervivencia para los escenarios posibles

La literatura económica del "cómo hicieron" (países, empresas, organizaciones, ejecutivos), con historias inspiradoras y lecciones que puedan extrapolarse a otros contextos, está superpoblada de casos exitosos.
A lo sumo, hay descripciones de economías disfuncionales pero que sirven para dar pie a épicas de redención, que hacen que los logros posteriores resulten aún más meritorios por contraste con la situación anterior.
En uno de los libros de no ficción más vendidos de 2019, Crisis: Cómo Reaccionan los Países en Momentos Decisivos ( Upheaval, en inglés, la traducción exacta es Convulsión o Turbulencia), Jared Diamond identifica los puntos de quiebre en media docena de países que atravesaron etapas de convulsión extrema y situación desesperante, que aprendieron y resurgieron con una estrategia de "cambio selectivo": reconocieron los factores que explicaban el estancamiento y ajustaron las tuercas que había que ajustar sin tocar otras.

La mayoría de las personas preferimos las historias con final feliz. El optimismo está asociado a mejores indicadores de salud: un estudio publicado en julio del año pasado y hecho con hombres y mujeres en Estados Unidos, detectó una probabilidad entre 11% y 15% mayor entre optimistas de alcanzar una "longevidad excepcional" (más de 85 años), con respecto a los pesimistas.

Entre los autores de no ficción, el abanderado en resaltar indicadores que muestran que el mundo está mejorando es
Steven Pinker, lingüista y psicólogo experimental canadiense. A fin de diciembre pasado, a la hora de los balances del año (y de la década), Matt Ridley, divulgador inglés y autor de El Optimista Racional (2010) argumentó en un ensayo en la misma línea, bajo el título: "Acabamos de tener la mejor década en la historia de la Humanidad. En serio". Ridley enfatiza que por primera vez la pobreza extrema cayó por debajo del 10% de la población mundial (era del 60% cuando Ridley nació, en 1958), hubo caídas abruptas en mortalidad infantil, se curaron enfermedades que diezmaban a la población, etcétera.

Pero el hecho de que haya sido necesario aclarar "en serio" al final del título, demuestra algo importante: ese no es el sentimiento mayoritario hoy en día. La crisis climática, la fragmentación política, los riesgos de una guerra a gran escala y la desigualdad son los motores de un fenómeno que Gerry Garbulsky llama "pesimismo fractal".
 En la edición 2012 del libro Qué lo cambiará todo, el productor Brain Eno arriesgó una respuesta premonitoria: "la sensación de que las cosas empeorarán". "Lo que lo cambiará todo no es un pensamiento, sino un sentimiento. Qué pasaría -se preguntaba Eno- si comenzáramos a vivir como si no hubiera un "largo plazo", como si en lugar de sentirnos parados en el borde de un continente nuevo e inexplorado nos sintiéramos en un bote con gente de más, en aguas hostiles, con pasajeros peleando por mantenerse a bordo y dispuestos a matarse por el agua y la comida que queda."
En esta proyección de un futuro "tipo Mad Max", tal vez las economías más interesantes para aprender lecciones no sean las más exitosas en un sentido tradicional. El economista y divulgador inglés
Richard Davies tomó el guante y publicó Economías extremas (aún no salió en castellano) justamente con esta idea: analizando en detalle zonas de desastre, o disfuncionales, o con algún indicador extremo, podemos sacar lecciones (de resiliencia, de adaptación) para un futuro que muy probablemente sea igualmente extremo.

En menos tiempo del que pensamos habrá partes del mundo con una demografía tan desafiante como Akita en Japón (edad promedio: 53 años), zonas expuestas a desastres climáticos como Aceh (en Indonesia, víctima del megatsunami de 2004) o la deforestada provincia de Darien (Panamá). O la extremadamente desigual Santiago de Chile, o las disfuncionales Glasgow (Escocia) o Kinshasa (Congo).
"Para entender cómo los seres humanos reaccionamos y nos adaptamos al cambio en economía debemos estudiar sociedades que viven en ambientes extremos y duros, que ya pasaron por esa experiencia", argumenta Davies. Desde zonas de guerra, azotadas por desastres naturales o con gobiernos inexistentes, hasta aquellas con demografías extremas, las nueve historias que recorre el autor cuentan sagas donde hubo un golpe sísmico (de distinto tipo en cada caso) que cambió todo.
"La gente que vive en estos lugares extraños y marginales fue sistemáticamente ignorada por los economistas y organismos. La ciencia sugiere que esto es un error", apunta el autor. En su comentario para el Financial Times, Tim Hartford comparó este abordaje con el de los neurocientíficos que, para entender mejor cómo funciona el cerebro humano, estudian individuos que sufrieron una lesión severa en la cabeza. Como el caso de Phineas Gage en 1848, cuyo cráneo atravesado por una viga de hierro en un accidente (luego siguió viviendo varios años) permitió comprender mejor el funcionamiento cerebral.
Economías extremas tiene una ventaja adicional para un libro de economía: cuenta historias que probablemente no conozcamos en detalle (que pertenecen al cuadrante de "lo que no sabemos que no sabemos"), y por lo tanto contribuye mejor a cubrir lo que el creativo Nicolás Pimentel llama nuestras "nerdcesidades básicas".
Una de las extrapolaciones hacia el resto del mundo de Davies sobre las que tenemos más certeza de ocurrencia es la de Akita y su población envejecida. En 1975, los gastos de seguridad social y salud de adultos eran el 22% de los impuestos recaudados en Japón: en 2020 es del 60%. Para verlo desde el otro lado: hace 40 años en Japón se solventaban todos los gastos restantes (transporte, infraestructura, educación, cultura) con el 80% del presupuesto, mientras que en la actualidad solo está disponible el 40%.
El envejecimiento en Japón no se da solo porque la población viva más años, sino por la brusca caída de nacimientos: en 2019 nacieron solo 900.000 bebés en ese país, el registro más bajo desde... 1874. Para Davies, este tipo de ecuación está introduciendo una tensión intergeneracional: las capas más jóvenes se preguntan si es justo soportar una carga fiscal tan grande, y se comienza a erosionar la confianza en la política pública.

El libro fue publicado antes de los incendios de Australia, pero tiene casos de resiliencia para lo que el futurólogo Azeem Azhar (el director de Exponential View) considera la narrativa emergente más importante de 2020: la preocupación por la crisis climática.
Es un tema protagónico en el Foro de Davos desarrollado en estos días.
La semana pasada
, Larry Fink, el número uno de BlackRock, el fondo de inversión que administra activos en todo el mundo por siete billones de dólares, advirtió que la agenda climática va a producir cambios sísmicos en el mundo de las finanzas "mucho antes de lo que pensamos", en buena medida porque los mercados financieros se especializan justamente en adelantar esquemas de riesgo.

En 40 años de carrera, contó Fink, vivió media docena de crisis globales, pero ninguna es comparable a la asociada con el factor climático, por su característica estructural. Para tener otra medida de la dimensión de lo que se está hablando: la economista Dina Pomeranz preguntó días atrás en Twitter qué factor será más disruptivo para la economía global, si la digitalización o el cambio climático. Ganó la segunda opción por el 75% de los votos.

S. C.