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viernes, 31 de julio de 2020

EL ANÁLISIS DE MARTÍN TETAZ,


Decisiones sesgadas por los números que deja el Covid
El economista Martin Tetaz se convirtió en tendencia por un tuit ...
Martín Tetaz
¿ C uál es la probabilidad de contagiarse y morir de Covid en lo que queda del año? Si las personas fueran como el homo economicus que describen los libros de texto de microeconomía, esa debiera ser la pregunta clave, el insumo principal para tomar una decisión informada en el costo y beneficio esperado de salir a la calle, juntarse con amigos o viajar en el transporte público. Ni hablar si el que tiene que decidir el curso de acción es un funcionario en cuyas manos está la gestión de la pandemia.
Sin embargo, no es posible saber cuántas personas se van a contagiar en los próximos meses y ni siquiera ese es el dato relevante. En primer lugar, porque la tasa de mortalidad del virus es muy distinta según la edad (0,06% para los que tienen veintipocos, pero 16% para los que transitan la octava década de vida). En segundo lugar, porque la probabilidad de contagio es diferente según dónde vivamos, qué actividad hagamos y cuánto nos cuidemos nosotros y aquellos con los que compartimos espacios.
De todos modos, como explica el Nobel de Economía Daniel Kahneman, la gente rara vez procesa cognitivamente probabilidades, sino que usamos reglas heurísticas para estimarlas de manera subjetiva. Ese atajo distorsiona nuestra consideración del riesgo y el beneficio porque caemos presa del sesgo de disponibilidad que nos hace pensar que es mucho mas probable que ocurra un evento que nos resulta fácil representar mentalmente, a partir de su similitud con algún caso con el que estemos familiarizados o por su aparición en los medios.
Daniel Kahneman: biografía del psicólogo que ganó el Nobel de ...
Por ejemplo, de acuerdo con los datos de la consultora especializada en aviación To70, en 2019 hubo solo 257 fallecimientos debido a accidentes de aviación aunque se vendieron 4543 millones de pasajes. De modo que murió 1 cada 17,6 millones de pasajeros transportados, lo que arroja una probabilidad cinco veces mas baja que la de sacar el Loto. Sin embargo, mucha gente piensa que el riesgo es mas grande porque le resulta fácil imaginar un accidente gracias a las películas o a la cobertura que los medios hacen de catástrofes como la del vuelo de Malaysia Airlines que desapareció de los radares el 8 de marzo de 2014.
Por esta misma razón tendemos a negar las probabilidades, y aunque la chance de morir en un accidente aéreo es tres veces mas baja que en los noventa, no nos sentimos el triple de seguros. El profesor George Loewenstein, de Carnegie Mellon University, va incluso más lejos y sostiene que muchas de nuestras decisiones en contextos de riesgo son tomadas sin que medie ningún proceso cognitivo en absoluto, sino solo a partir de reacciones emocionales que guían nuestros actos eclipsando al homo economicus calculador.
George Loewenstein and the NEW New Economics of Information ...
Se supone que las máximas autoridades que deciden las políticas públicas deberían blindarse de estos sesgos y adoptar una perspectiva basada en la ciencia y apoyada en los datos. Sin embargo, como observa Cass Sustein, coautor de Nudge (el libro de economía del comportamiento mas influyente del mundo), la clase política también sobre reacciona a los “miedos terribles” negando las probabilidades a la hora de tomar sus decisiones, lo que los lleva a exagerar las medidas preventivas y los recursos que gastan para reducir esos riesgos sobre dimensionados.
Cass Sunstein - Wikipedia
Nudge — Instituto Mexicano de Economía del Comportamiento
Un ejemplo de manual
Por primera vez en la historia de la humanidad, el mundo entero hibernó por el temor a una pandemia que mató a menos del 0,01% de la población. El número puesto en perspectiva sugiere que la reacción fue exagerada y peligrosa si ese criterio se va a repetir cada vez que aparezca una amenaza similar. Esto no quiere decir que el coronavirus sea un tema menor, porque todos vimos cómo los brotes focalizados en algunas regiones se llevaban puestos los mejores sistemas de salud del mundo. No es habitual que, por ejemplo, en Nueva York se mueran 1000 personas por día en pleno mes de abril, que 15 días atrás estaban sanas. También ocurrió en Lombardía, en París o en Madrid, pero con medidas razonables de distancia social, tapabocas y testeos masivos, mientras otros países como Turquía o Islandia tuvieron entre una décima y una vigésima parte de los muertos, sin necesidad de encerrar a su población por largos períodos de tiempo.
El primero de los grandes sesgos en torno del Covid-19 es la obsesión con la cantidad de casos diarios, como si esa fuera una variable relevante y no se encontrase sesgada a sí misma en su medición. Jamás se habían testeado 290 millones de personas en el mundo por influenza, SARS, gripe aviar o cualquier otro virus. Probablemente si informáramos en tiempo real la cantidad de gente que se contagia de distintas enfermedades o muere cada día, la población entraría en pánico, porque en cada jornada se pierden 160.000 vidas.
La Argentina, por ejemplo, tiene el doble de casos confirmados que Bélgica, pero casi una quinta parte de decesos. ¿Las políticas públicas deberían guiarse por los casos confirmados, que además están sesgados por la cantidad de tests realizados, por los fallecidos, o por la ocupación de camas de terapia intensiva?
El homo economicus hubiera ponderado todos los riesgos, balanceando los costos y beneficios en materia de salud, pero también los económicos, físicos, psicológicos y sociales, incluyendo el crecimiento del delito y de la violencia doméstica. Rara vez la resultante de ese tipo de análisis es lo que lo economistas llamamos “una solución de esquina”. Esto quiere decir un extremo en el que se prioriza reducir al mínimo posible la cantidad de contagios, sin importar el riesgo de cada uno de esos casos y el costo que hay que pagar en todas las otras dimensiones, para poder alcanzar ese rincón.
Yuval Harari y el coronavirus: el gurú futurista alertó sobre los ...
Pero el homo no es economicus. El historiador israelí Yuval Harari sostiene que nuestra especie se diferencia del resto por su capacidad para cooperar a gran escala, a partir de planes colectivos coordinados en un relato que puede ser ideológico o religioso. Ese relato, combinado con el sesgo de acción, metió a muchos gobiernos en una trampa de la que ahora no pueden salir.
La mejor investigación que conozco para ilustrar ese sesgo fue publicada en el Journal of Economic Psychology por Michael Bar Eli. 
Michael Bar-Eli | Ben Gurion University of the Negev - Academia.edu
Este psicólogo social demostró que en los penales los arqueros se quedan parados en el medio del arco muchas menos veces de lo que el comportamiento óptimo basado en la teoría de los juegos sugiere, porque la tribuna perdona que equivoquen el palo en el esfuerzo por contener el remate desde los 12 pasos, pero condena la aparente falta de iniciativa de no tirarse para algún lado.
Impelidos por el sesgo de acción que impone el temor a “la tribuna”, desde el Presidente hasta el último intendente se apuraron a cerrar, buscando coordinar el plan del esfuerzo colectivo, construyendo en el imaginario social la imagen de una catástrofe sanitaria como contrafactual. Ciento veinte días después les cuesta salir, porque la cuarentena quedó presa del sesgo de statu quo, que favorece las opciones que mantienen el default y penalizan los cambios.

viernes, 12 de junio de 2020

EL ANÁLISIS DE MARTÍN TETAZ,


Cuatro mitos detrás de la eterna pesadilla económica argentina

Martín Tetaz
Probablemente el mito más grande de los tantos que giran en torno de la deuda sea que la Argentina está endeudada. Según los datos de la posición de inversión internacional que publica el Indec, al cuarto trimestre de 2019 el país registró una situación neta acreedora por US$117.579 millones. Esto quiere decir que en realidad es el mundo el que nos debe, o, puesto en otras palabras, que los residentes argentinos tienen más inversiones en activos externos (desde dólares hasta inmuebles en el exterior, pasando por acciones y bonos) en relación con las deudas que el Gobierno y las empresas locales han emitido y están en poder del resto del mundo.
Lo que ocurre es que es el Estado el que tiene una posición patrimonial deudora, mientras que el sector privado es superavitario porque a lo largo de los años, por la combinación de inseguridad jurídica, inestabilidad macroeconómica y altos impuestos, una parte del ahorro doméstico se canaliza sistemáticamente a inversiones que físicamente están en el exterior, o directamente a tenencias de moneda extranjera.
Así, mientras la Argentina tiene una posición deudora externa de US$281.971 millones (entre pública y privada), posee activos externos por US$399.550 millones.
La deuda pública y la formación de activos externos (mal llamada "fuga") son dos fenómenos relacionados, solo que no en el sentido que el relato hoy oficial nos quiere hacer creer.
En efecto, el excesivo gasto del gobierno a lo largo de los últimos 80 años ha sido el responsable de que el ahorro privado de los argentinos busque inversiones en el exterior o directamente corra al dólar, porque carente de una voluntad popular de financiarlo, el Estado ha debido cubrir sus déficits con emisión monetaria, vilipendiando nuestra moneda, o tomando una deuda que, como acaba de ocurrir por novena vez en la historia, no puede pagar.
La deuda y la "fuga"
El mito que sostiene que la deuda es para financiar "la fuga" omite el detalle de que la deuda es pública y la formación de activos externos, mayormente privada. Pero además cae presa de la ilusión de que cada billete tiene un fin específico; el dinero es fungible, y del mismo modo se podría argumentar que los dólares comprados por los argentinos para atesoramiento provienen del superávit que genera el campo y que los dólares del FMI fueron los que financiaron el déficit estructural de divisas que todos los años tiene la industria, por insistir en un modelo fracasado de sustitución de importaciones. Después de todo, durante el kirchnerismo "se fugaron" US$107.000 millones y no entró dinero del Fondo.
La distinción entre la deuda pública y la privada echa luz sobre el tercer mito, que tiene que ver con la idea de que es malo endeudarse, porque se supone que, al menos en las empresas, la decisión de tomar deuda puede tener que ver con financiar inversiones que aumenten su capacidad productiva. En el caso de los Estados sucede lo mismo. No solo es razonable tomar deuda para aumentar las inversiones en infraestructura, que aumentan la productividad del país, sino que también es bueno hacerlo para suavizar los shocks económicos inesperados, como la actual pandemia.
Por no tener acceso al crédito, el paquete de ayuda que está implementando el Estado para las familias y las empresas es insuficiente y está siendo financiado 100% con emisión monetaria, lo que destruirá aún más nuestra moneda, acelerando la salida de capitales privados y empujando la cotización del dólar hacia arriba.
Pero el mito más interesante de todos es el del presunto desendeudamiento, porque la deuda es hija del déficit fiscal, y si bien el gobierno de Néstor Kirchner tuvo superávit durante su gestión, el de Cristina Fernández lo perdió en 2009 (a solo dos años de asumir su primer mandato) y cada uno de los años siguientes incrementó el agujero fiscal.
¿Cómo es posible que alguien que gasta más de lo que gana pague sus deudas? Cristina construyó una estafa a lo Carlo Ponzi: al mismo tiempo que crecía el déficit, cambiaba de acreedores, les pagaba a los del exterior con fondos del Banco Central, pero como la deuda seguía creciendo, se hacía insostenible.
A fines de 2007, el BCRA tenía letras intransferibles por $30.000 millones (básicamente, por los US$9810 millones del pago al Fondo Monetario Internacional). Cuando se fue Cristina, dejó un muerto de letras intransferibles por $627.000 millones, un pagadiós de US$64.000 millones.
Cristina no desendeudó al país, y si lo hubiera entregado como lo recibió, con superávits fiscal y externo, no habríamos tenido ni la devaluación de 2018 ni esta deuda que ahora no podemos pagar.
La respuesta a la pregunta con la que empezamos esta columna se obtiene mirando el déficit fiscal en perspectiva histórica. Los que endeudaron a la Argentina son todos los que gastaron por encima de los recursos genuinos que tenía el Estado en cada momento. Es decir, todos los gobiernos, con la excepción de Raúl Alfonsín durante el plan Austral, de Carlos Menem hasta que quiso ser reelegido y de Néstor Kirchner. Solo en esos tres episodios de la historia de los últimos 60 años hubo superávit.
Cuando el financiamiento internacional estaba cerrado para la Argentina, metían la mano en el Banco Central, destruyendo la moneda con la inflación. Cuando accedían al crédito, sembraban el siguiente default. La única diferencia es el mecanismo de financiación: los billetes, a simple vista, pueden no parecer una deuda porque no pagan un interés, pero justamente por eso se licúa su valor cuando un gobierno quiere colocarlos de prepo, sin que el público esté dispuesto a financiarlo.
Rasgarse las vestiduras cuando hay que pagar la cuenta no resuelve el problema. Para evitar el décimo default y terminar con la inflación necesitamos ser implacables ante el déficit fiscal. Por supuesto, no se le pueden pedir milagros al gobierno actual, porque en medio de una pandemia es inexorable que el rojo de las cuentas públicas explote, pero deberíamos enseñar en la escuela que, cuando un gobierno incrementa el déficit de manera sistemática, y sobre todo en años de crecimiento económico, está creando el problema de la deuda y alimentando la inflación.

miércoles, 29 de abril de 2020

EL ANÁLISIS DE MARTÍN TETAZ,


Un equilibrio difícil: la salud y el derrumbe de la economía

Martín Tetaz: "Si va a haber sustitución de importaciones, va a ...
Martín Tetaz


El 29 de enero pasado, el New England Journal of Medicine publicó una investigación de Qun Li y 44 colegas del Chinese Center for Disease Control and Prevention y otras instituciones asiáticas, en la que calculaban, sobre la base de una muestra de 425 personas contagiadas en Wuhan, que por cada caso que contrajera la enfermedad se contagiarían 2,2 personas, en promedio. A la postre, ese indicador famoso entre los epidemiólogos se transformaría en un lugar común del análisis de los medios de comunicación, con su propio nombre y apellido: RO.
Como toda estimación hecha a partir de una muestra, el 2,2 calculado por los chinos era un promedio y tenía un margen de error; la verdadera tasa de contagio podía estar en algún lugar entre 1,3 y 3,9. En el primer caso no habría que preocuparse, pero si cada persona infectaba a otras 3,9, en 17 semanas el planeta entero estaría contagiado.
Cuando el paper vio la luz habían trascendido 2700 casos en China y solo 30 en otros países, la mayoría de los cuales se desarrollaron en el epicentro del virus. Al día de hoy se registran 2.710.000 contagios y 190.000 muertos.
Si se mira la velocidad a la que se esparcía el Covid-19, el mundo se dividió entre los que entendían el principio básico del crecimiento exponencial y los que se habían salteado esa clase en el colegio secundario. Los epidemiólogos explicaron entonces que aunque solo 5% de los infectados requerían asistencia de cuidados intensivos, la velocidad a la cual crecían los contagios desbordaría pronto la capacidad de los sistemas de salud mejor preparados del mundo. La clave pasaba por aplanar la curva, un mantra que se lograba con distanciamiento social e higiene extrema: dos requisitos difíciles de cumplir en sociedades de consumo modernas, donde la gente se hacina en medios de transporte, esquinas concurridas, cines, bancos, restaurantes, shoppings y supermercados.
El gráfico se hizo famoso y el concepto caló tan profundo que muchos países entraron en cuarentenas de distinto tipo, yendo desde la suspensión de clases y cierre de teatros y bares en zonas puntuales hasta la interrupción de toda activida dad económica, excepto la producción de bienes esenciales.
Por imposición de los gobiernos o por efecto del miedo, el mundo se apagó. Las proyecciones indican que la economía de Estados Unidos caerá un 35% en este trimestre y los números de la Argentina son incluso peores; cada jornada de cuarentena se pierde el 40% de la producción.
Lo cierto es que, por las buenas o por las malas, el distanciamiento social aplastó la curva y, lejos de ver el crecimiento exponencial que observamos en marzo, llevamos tres semanas oscilando entre 90 y 110 casos diarios, en promedio, siendo que la cantidad de testeos se ha multiplicado por tres desde el último día de marzo. Lo mismo ocurre prácticamente en todo el mundo, particularmente en Estados Unidos, Francia y Alemania, tres de los lugares que parecían más fuera de control hace veinte días y que tuvieron en la última semana menos casos nuevos que en la anterior.
Lo que sugiere este dato es que el distanciamiento social está matando al RO y que el virus perdió su potencia exponencial. Lejos de la saturación del sistema de salud argentino que hubiera ocurrido si no se tomaban las estrictas medidas dispuestas, hay solo 141 personas internadas en terapia intensiva: menos del 5% de las 3000 camas disponibles para el Covid-19. Esto demuestra que el peor de los males, hasta el momento, se evitó.
Sin embargo, el segundo entre los peores males es seguir perdiendo un 40% del PBI de cada día, con capacidad excedente en los hospitales. Gestionar es encontrar los equilibrios, y ciertamente un derrumbe del 40% de la economía no se justifica si el sistema de salud no desborda, porque esa fue la razón por la que entramos en cuarentena.
Por supuesto, esto no quiere decir que se pueda salir de la cuarentena y volver a la normalidad como si nahubiera ocurrido, porque el numero total de infectados cada día es un promedio y como toda media no nos dice nada de la distribución de los casos. Si miramos lo que ocurre en cada región, hay provincias enteras que no han tenido ningún caso, como Catamarca o Formosa, y otras seis que tienen menos de 10 casos declarados, cuatro de ellas, sin ninguna novedad en la última semana, lo que indica que no tienen circulación viral.
En todos esos lugares no tiene ningún sentido paralizar las actividades; habrá que tomar todos los recaudos, sobre todo en el ingreso de personas desde otras regiones, y probablemente mantener restricciones a las grandes aglomeraciones, pero puede ser plausible volver al esquema de la semana previa a la cuarentena.
Al mismo tiempo, en la provincia de Buenos Aires, por ejemplo, se duplicaron los casos nuevos en las últimas dos semanas, y su alta tasa de interacción obliga también a la ciudad de Buenos Aires a extremar los recaudos, incluso cuando la CABA lleva cuatro semanas consecutivas estabilizada en la cantidad de casos diarios. En toda la región metropolitana la cuarentena tendrá que seguir, más allá de la consideración de alguna actividad puntual.
En el medio de estos extremos es donde resulta más difícil decidir. El científico y divulgador español Tomas Pueyo sugirió el camino que parece más sensato. Se trata de construir un panel de control en el que se ordenen las actividades y regiones desde la de menor riesgo de transmisión (como la minería en Catamarca) hasta las más peligrosas (como los cines en el Área Metropolitana de Buenos Aires), y luego se las clasifique según su impacto inmediato en el PBI, yendo desde las de alta contribución (como la construcción de grandes obras) hasta las de bajo aporte comparativo (como la burocracia administrativa pública y privada, que no pierde mucho si se hace por teletrabajo).
La reapertura de actividades y regiones obligará a testear de manera más intensiva a grandes grupos de personas elegidas al azar, como acaba de hacer el Gobierno en la estación de trenes de Constitución, de manera de tener información rápida en tiempo real que permita volver a cerrar el grifo si se detecta circulación del virus y se corren riesgos de saturar el sistema de salud.
Lo cierto es que, por las buenas o por las malas, la distancia social funcionó
En el área metropolitana, la cuarentena deberá continuar algo más

sábado, 15 de febrero de 2020

EL ANÁLISIS DE MARTÍN TETAZ,


TETAZ HIZO LOS NÚMEROS Y EXPLICÓ POR QUÉ LA BAJA DE LA INFLACIÓN "ES UNA MENTIRA": QUÉ PASÓ REALMENTE
EL ECONOMISTA MARTÍN TETAZ EXPLICÓ CUÁL ES EL VERDADERO NÚMERO DE INFLACIÓN Y QUÉ SIGNIFICA PARA EL GOBIERNO DE

El Gobierno y las consultoras privadas coinciden en que los precios minoristas entraron en una espiral descendente, aunque discrepan en el nivel de inflación con que terminó el primer mes del año.
Desde el Gobierno admiten que en los primeros días de enero se sintió el impacto de la aplicación del IVA en alimentos, que desde los meses previos estaban exentos, pero que luego los precios se desaceleraron de modo importante, cerrando el mes por debajo del 3%. Algunos optimistas incluso lo ubican más cerca del 2,5%, según informó El Cronista.
El economista Martín Tetaz explicó en sus redes sociales cómo hay que entender verdaderamente el número de inflación. El economista comenzó explicando que el número era inesperado y "que sorprendió a todos por los bajo (dio 2,3%)"


Luego, el especialista comenzó a disgregar los datos uno por uno y explicar qué significa cada uno. "El dato mas interesante es la heterogeneidad hacia dentro del IPC, con Alimentos y Bebidas, que es el rubro mas cercano a la sensación térmica que se percibe en el super, en 4,7% y otros como Salud (-2%), Vivienda ( 0,6%) y Mantenimiento del hogar (-1,3%)", dijo Tetaz.

Luego, el economista agrego que "salud se explica por el acuerdo con los laboratorios para bajar 8% medicamentos en enero (que habían subido en diciembre, empujando Salud 5,6%), Expensas y Servicio domestico habían subido fuerte en diciembre por culpa del bono, pero cayeron porque no hubo bono en enero".


A continuación, Tetaz confirmo que hay dispareidades entre las mediciones privadas y públicas. Algunas de ellas bastante pronunciadas. "Esto parece explicarse por razones metodológicas, por como midieron bonos en vivienda, mantenimiento del hogar y el efecto de remedios en Salud", explico Tetaz.


Tetaz luego confirmó la buena nueva: "está bajando la inflación, más por efecto de los precios congelados por decreto (tarifas, naftas, transporte, etc), que por el supermercado donde sigue altísima", advirtió.

lunes, 13 de mayo de 2019

EL ANÁLISIS DE MARTÍN TETAZ, Newsletter Nro. 005




La (in)sostenibilidad de los “acuerdos”
Esta fue una semana signada por lo político y puesto que en estos meses se define el destino económico de la Argentina, es bueno repasar algunas ideas que empezaron a aparecer el jueves, cuando Cristina salió el closet y empezó a decir lo que pensaba
“En épocas de grandes acuerdos entre sectores, nadie puede estar en desacuerdo, pero permítanme decirles que va a ser necesario algo más: un contrato social de todos los argentinos y argentinas, con metas verificables, cuantificables y exigibles”, para referirse mas tarde a los problemas por los que el pacto social del 73 no se había cumplido.
La elíptica referencia a la figura de Gelbard fue recogida por todos los medios, que refritaron la biografía de wikipedia, mientras que los mas viejos relataban anecdotas de escasez y mercados negros.
“Metas verificables, cuantificables y exigibles” es la combinacion de una economía de planificación centralizada, con el monopolio del poder coercitivo.
Lo cierto es que en los seis meses previos a la asunción del empresario polaco se había acumulado un 43% de inflacion, mientras que en los seis meses siguientes los precios subieron menos de 1%. La consecuencia del congelamiento fue la ruptura del sistema de precios y la economía empezó a acumular distorsiones que poco a poco se filtraban por la maraña de controles. En el segundo trimestre del 74 comenzaron a acelerarse los precios al compás del deterioro de la salud de Peron y un mes despues de su fallecimiento el artífice de los acuerdos dejaba el cargo, en medio de las negociaciones por la reapertura de paritarias, que habían sido suspendidas como parte del pacto social. La inflación del semestre final del plan Gelbard fue de 20%; para noviembre se destrabaron aumentos salariales del 15% y desde entonces se dispara una escalada de precios del 55% hasta junio del año siguiente, cuando asume Celestino Rodrigo. Con una inflacion acumulada del 100% desde el inicio de los congelamientos de tarifas y dólar, la distorsion de precios relativos era formidable y no curiosamente la economía se estaba quedando sin divisas y sin energía, por que entre otras cosas el 133% de aumento de la base monetaria que se había producido en pleno congelamiento de Gelbard, empezó a buscar salida cuando cayó el creador del acuerdo.

Por supuesto, no soy tan ingenuo como para pensar que los mercados no necesitan reglas ni arbitros que las hagan cumplir, pero si desde la semana que viene se dispone que los partidos empatados suman dos puntos, no nos quejemos de que los equipos se cuelguen del travesaño y los tecnicos reemplacen goleadores por defensores.
En una economía de mercado los precios tienen una funcion; un trabajo que hacer, del mismo modo que en un partido de futbol, cada posición tiene su tarea. Si uno de esos precios no funciona, el sistema empieza a acumular distorisiones, del mismo modo que si se resiente el 4, van a llover centros por la izquierda del atacante.
Los dos mega problemas
Por supuesto, hay distorsiones y distorsiones. En particular y respecto a los ultimos años me preocupan dos. La primera tiene que ver con el gasto público consolidado, que como vemos en el siguiente grafico pasó de representar el 29% del producto durante los 90 a casi 42% en el 2016. Ojo, no me molesta el gasto per se, porque es perfectamente razonable que una sociedad prefiera una mayor presencia del estado y las experiencias exportadora de Alemania o de Holanda, por ejemplo, sugieren que eso no es necesariamente un obstaculo para la productividad. Lo que me preocupa es que en Argentina hay ilusion monetaria e ilusión fiscal Los impuestos están escondidos y por consiguiente los ciudadanos no se comprometen en los debates fiscales. La consecuencia es un gasto alto e improductivo, sistematicamente subfinanciado.



Mi segunda preocupación es que no comprendemos la gravedad e insostenibilidad de crecer sin exportar. Los políticos hablan ligeramente del “mercado interno” desconociendo que los estudios demuestran (Zack y Dalle 2014, por ejemplo) que la elasticidad ingreso de las importaciones es cercana a 2. Esto quiere decir que, si crece la economía un 10%, las importaciones trepan un 20% y esta situación se agrava si el tipo de cambio real se atrasa, como lo muestra la experiencia reciente de nuestro país, que podemos ver en el siguiente grafico


Por lo tanto, no es posible crecer con foco en el mercado interno, a menos que se combine ese modelo con fuertes restricciones a las importaciones. Pero nótese que incluso a pesar de cepo y de las DJAI, las cantidades importadas crecieron un 82% entre el 2005 y el 2015, mientras que el PBI se expandió un 36% en ese mismo período. Hay solo tres posibilidades de financiar eso; un shock favorable de términos de intercambio, un boom de deuda, o una lluvia de inversiones externas. Los dos primeros no son sostenibles en el tiempo, como lo demuestra la evidencia reciente, mientras que, si la inversión extranjera directa se focaliza en el sector no transable, tarde o temprano será insostenible el flujo de remesa de utilidades.
La expansión del gasto, sin financiamiento termina en una aceleración de la inflación, si se financia con emisión, o en una crisis de deuda, si se la cubre con bonos. El crecimiento focalizado en el mercado interno hace colapsar al sector externo y el país se desangra en una crisis de divisas.
La suspensión del funcionamiento del sistema de precios, por mas planificada que sea, desemboca en escasez y fomenta la proliferación de mercados negros y corrupción, terminando en un shock de precios, cuando se terminan los controles.


¿Qué pasa en el mundo?
La semana internacional no jugó a favor de la Argentina. Es cierto que el dólar, que se había debilitado hasta el miércoles, se recuperó un poco el jueves y termino ligeramente debajo de los valores que había mostrado el viernes de la semana pasada, al compás de las negociaciones comerciales entre EEUU y China, pero si bien no hubo impacto sustancial en energéticos, continuó el derrumbe de la soja y la salida de fondos emergentes, presionando el riesgo hacia arriba.
Dólar
El índice del dólar contra el resto de las monedas terminó 0,2 puntos abajo en la semana, pero con volatilidad entre el miércoles y el viernes, de la mano de los tweets agresivos de Trump. La moneda está mas cerca del piso histórico del 2008, cuando tocó los 71, que del techo de 164 de mediados de la década del 80. Desde la asunción del excéntrico millonario, el dólar hizo una suerte de V, debilitándose casi un 12% en el primer año de gestión y recuperando un 10% desde el 2018.

Petróleo
El precio del principal energético parece haberse estabilizado en la última semana en torno de los 61,50 lo cual es un buen dato para las expectativas de inflación en el mercado local, porque reduce las chances de un nuevo incremento en las naftas.


Soja
El peor dato para Argentina es que la oleaginosa no detiene su caída, restando un 3,2% en la semana. A la guerra comercial de EEUU con China se suma la publicación del ultimo informe del Departamento de Agricultura (USDA) que indica 15 millones de toneladas mas de stocks que lo esperado en USA, aunque por suerte en el caso de trigo y maíz los inventarios estuvieron en sintonía con los cálculos anteriores (solo 1 millón de toneladas mas). También influyo negativamente que el organismo revisó para arriba sus estimaciones de la cosecha argentina, calculando 56 millones de toneladas

Tasas
Esta semana se conocerá en EEUU la evolución de las ventas minoristas y el índice de producción industrial, que son dos datos que podrían influir en las decisiones de tasa, pero las decisiones de la FED de la semana pasada, en el sentido de que resulta poco probable una suba de tasas en lo que resta del 2019, mantuvo el retorno de los bonos a 10 años sin grandes cambios. Obviamente, las tasas también reflejarán el resultado de las negociaciones comerciales con China; si se fortalece el dólar es probable que veamos mayor demanda de bonos norteamericanos y consecuentemente menor tasa. Y viceversa.

Flujo de capitales
Otro de los canales por los que la mayor inestabilidad que imprime la guerra comercial USA-China le pega a los emergentes es que vuelo a calidad de los fondos, que venían desacelerando su ingreso carteras de países en desarrollo desde febrero, pero están entrando en terreno negativo en la ultima semana. Si se confirma en los próximos días la tendencia, vendrá viento en contra para los bonos argentinos, metiendo mas presión global al riesgo país.




Riesgo emergente
Consecuente con esa salida de flujos desde emergentes y hacia el mundo desarrollados, el riego país del bloque de esos países subió 10 puntos básicos, metiéndole presión al riesgo argentino. Pensemos que hay un canal directo de transmisión hacia la economía local, porque si entran menos capitales (o salen los que están), la presión sobre el peso, cuya contracara es un aumento del dólar, subirá complicando no solo las chances electorales del gobierno, sino la recuperación de la economía.

¿Qué pasa en el país?
El factor beta
Desde que se instrumentó el nuevo programa monetario en octubre del año pasado, el país debió lidiar con la desconfianza propia, que erosionaba la demanda de dinero, y el efecto contagio de la mayor volatilidad externa, que impacta en Argentina y que, para el público local, es difícil de separar de los factores idiosincráticos. La tapa del diario podrá culpar a Turquía, China o Brasil, pero la suba del dólar, para la mayor parte del público, es sinónimo de problemas locales. Por esa razón, como lo muestra el grafico siguiente, el dólar ha sobrereaccionado a lo que pasaba con las monedas emergentes. Por ejemplo, como surge de la ecuación que acompaña el grafico (Real y Peso en logaritmos), cada 1% que aumenta el dólar en Brasil, sube 2% en nuestro país y ese impacto solo, explica el 46% de la volatilidad del dólar en Argentina.
Ese 1,999 que aparece junto a la X en la ecuación del precio del dólar (Y) es, de manera muy simplificada, lo que en el mercado se denomina el “factor beta” y muestra justamente la sensibilidad del precio del dólar ante lo que ocurre con el billete verde en Brasil
Las razones de esta sobre reacción son variadas, pero fundamentalmente se debe a nuestra mayor vulnerabilidad externa y a la incapacidad del publico local para separar la paja del trigo, distinguiendo cuando la suba del dólar se produce por factores externos o internos.
El punto interesante es que, aunque es prematuro para señalar un cambio de tendencia, esta semana ese factor beta se achico considerablemente y el mercado se movió mas en sintonía con el mundo. También es probable que la menor sensibilidad se deba a que operaron factores locales, como por ejemplo la aparición de varias encuestas (Elypsis, Isonomía y Synopsis) que mostraron una mejora en la imagen de Macri, luego de las apariciones de Cristina y las declaraciones de algunos referentes de su movimiento, que, aunque no le habrían restado apoyo entre sus seguidores, estarían devolviéndole al oficialismo algunos de svotos que se habían ido a indecisos.


Volatilidad cambiaria
Como factor claramente negativo, se confirmo en los últimos 20 días la tendencia creciente en materia de volatilidad. Recordemos que el dólar es en realidad uno de los precios que menos aumento en la economía desde octubre pasado; en un contexto de una inflación acumulada del 30% entre puntas, la divisa subió “solo” 13%. Pero lo que genera mas incertidumbre es la volatilidad; los saltos bruscos en la cotización, que le quitan estabilidad al peso, erosionando su demanda. Si una moneda es mas volátil, aumenta el riesgo de tenerla en la cartera, independientemente de su tendencia. Esto quiere decir que aunque se confirme un proceso de apreciación del peso, que debería hacernos preferir colocaciones en moneda local, si el tipo de cambio es mas volátil sube el margen de error de cualquier estimación sobre su evolución, reduciendo por lo tanto las tenencias de pesos.


El riesgo país jugó a favor
La semana cerro con 31 puntos básicos de riesgo menos, lo cual es auspicioso, aunque insuficiente para confirmar un cambio de tendencia. No hay factores económicos ni políticos que hayan quebrado su camino, de modo que no puede asumirse que se trate del inicio de una recuperación de confianza. Mas bien todo parece indicar que es parte de la incertidumbre que prevalecerá de acá y hasta el balotaje de noviembre, lo que no obsta que se festejen las semanas de tranquilidad, porque además, en la medida que estas se eslabonen en rachas, sin duda ayudan a quebrar las expectativas. Es plausible pensar que la mejora obedece al buen funcionamiento del mercado de cambios en una semana con tensiones, en la que los movimientos en el dólar no generaron tanta preocupación como en otras oportunidades, porque el mercado sabe que ahora el BCRA puede actuar sin límites en el caso de una corrida. Pero no hemos visto aún como actuaría la entidad monetaria si el mercado decide provocarla


La tasa de política monetaria continuó bajando, pero las pasivas subiendo
Un dato interesante de esta semana es que, hasta el jueves, la tasa de leliqs continuó bajando, aunque se interrumpió el viernes. En general, las bajas en las leliqs muestran cierta confianza en la recuperación de la demanda de pesos, toda vez que acompañan bajas del dólar. No obstante, el nivel de las tasas es cercano al record, de modo que aunque la película muestre algo de alivio, estamos viendo un paciente al que la fiebre le bajo de 42 a 41.

La contracara es que la tasa pagada a depositantes continuó subiendo, sumando 1 punto porcentual esta semana en el caso de los plazos fijos de grandes clientes, pero además el Banco Central instrumentó con mucho éxito el nuevo sistema de plazos fijos online, que le imprimió competencia al sistema y generó la posibilidad de hacer plazos fijos con tasas del 56% (BICE) o 55% (Nación), que antes estaban circunscriptas a los grandes clientes y que ahora pueden ser aprovechadas masivamente.


Los grandes depósitos, sin embargo, no se recuperan; la demanda de dinero permanece débil y este es el factor clave detrás de las chances de recuperación del peso. No estamos observando el crecimiento de depósitos que se dio hasta febrero en los plazos fijos mayoristas, si en cambio permanece firme la apuesta de los minoristas. Este es el grafico clave para observar en las próximas semanas Algunas fuentes del mercado piensan que por ejemplo, la reducción en los días de pago a los comercios que usan tarjetas, que el gobierno les impuso a los bancos y que opera desde mayo, podrían volcar a la economía cerca de 100.000 millones de pesos. Veremos si ese alivio se traslada a una mayor demanda de pesos.


Economía Real; Industria y Construcción
Esta semana se conocieron dos indicadores que confirman la tendencia que anunciábamos el lunes pasado. Tanto el estimador mensual industrial (EMI), como en indicador sintético de la actividad de la construcción (ISAC), confirman que la recuperación que había empezado a observarse en las mediciones desestacionalizadas desde diciembre pasado, se frenó en marzo, de la mano de la mayor volatilidad inflacionaria y cambiaria.


En particular también está claro cuando se miran los números en comparación con los valores del año pasado, que los sectores que mas se contrajeron han sido los productores de durables, cuya demanda es la mas sensible al tipo de cambio. Este dato desnuda la baja productividad de la industria argentina y su escasa inserción internacional, porque esos son también los sectores que mas se favorecen en términos de reducción de costos ante una devaluación y que deberían empujar por lo tanto la recuperación, exportando sus excedentes. Según fuentes extraoficiales, la industria automotriz habría vuelto a crecer en abril un 1,1% desestacionalizado. Ojalá se confirme el dato y continúe la recuperación.


Construcción
Una historia aparte es lo que ocurre con la construcción, porque aquí no solo observamos la recuperación desde diciembre, sino que tenemos elementos para pensar que podía tratarse de un sector que liderara la recuperación, por la baja de los costos de construcción en dólares que, junto con el ajuste del mercado inmobiliario que opera mas por cantidad que por precio, aumentó la brecha de rentabilidad de los proyectos en pozo, del 30% que prevalecía en 2017, al 40% en 2019.
La solicitud de permisos de edificación confirmaba esta hipótesis, puesto que venían creciendo fuerte en enero y febrero, aunque se frenaron en marzo. Los tres primeros meses del año acumulan de todos modos un crecimiento del 2,7% en relación esos meses del 2018, en pleno pico de actividad. En sintonía con ese dato, los despachos de cemento volvieron a crecer 2,7% en abril, de modo que es probable que el mes que viene, cuando conozcamos los números oficiales de la construcción de abril, se confirme la tendencia de recuperación









lunes, 22 de octubre de 2018

EL ANÁLISIS DE MARTÍN TETAZ,


Martin Tetaz
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Tenemos un panel espectacular el miércoles que viene en el Alem.
Fundamental para entender por que, por quincuagésima vez en los últimos 70 años, tenemos una crisis de balance de pagos, con fuerte devaluación

jueves, 4 de octubre de 2018

EL ANÁLISIS DE MARTÍN TETAZ,


MARTÍN TETAZ
Nuevo plan monetario; una batalla de expectativas

Bajo la conducción de Federico Sturzenegger, el Banco Central intentó bajar la inflación con un programa de metas. Siguiendo esa estrategia la autoridad monetaria definía un sendero para los precios y subía las tasas de interés siempre que la velocidad a la que corrían los precios resultaba mayor a la deseada. Esa suba de tasas hacía atractivo invertir en pesos y pinchaba el dólar. Con el billete planchado la inflación lentamente se frenaba. Este esquema funcionó bastante bien hasta que a fines del año pasado el Banco Central comenzó a enfrentar una fuerte presión política para abandonar la suba de tasas y dejar que el dólar aumentara “un poco”.
Espero que no solo el Gobierno, sino el resto de las personas que toman decisiones en Argentina entiendan ahora lo delicado que es jugar con el precio del dólar en este país y se den cuenta que, si el dólar barato era el costo a pagar por bajar la inflación, era un precio bastante menor que el de la recesión que tenemos ahora.
Lo concreto es que el Banco Central abandonó en la práctica las metas de inflación, incluso de manera explícita en aquella triste conferencia de prensa que coincidió con el día de los inocentes. Renunciado Sturzenegger, Caputo se internó en un régimen hibrido, donde empezó a prestarle mas atención a la emisión, aunque nunca transparentó un criterio claro de control de la inflación; se trató mas bien de un piloto de tormentas que tuvo la misión de frenar el derrumbe de los bonos argentinos, estabilizar el dólar y desarmar las LEBACS.
EL NUEVO ESQUEMA
La nueva gestión de Guido Sandleris
empezó reconociendo el fracaso de las metas de inflación y anunció en cambio algo que muchos veníamos pidiendo; un férreo control de los agregados monetarios. En castellano, en los próximos 9 meses no habrá mas emisión de dinero. Se congela la base monetaria y la economía deberá arreglárselas con la misma cantidad de billetes y monedas con los que hoy cuenta.
Sin mas dinero en la economía no hay modo de que los precios sigan aumentando indefinidamente. Pensemos a la inflación como un auto que venía acelerándose mes a mes, pero que ahora acaba de quedarse sin combustible. Privado de nafta, está claro que no podrá seguir acelerando, pero también resulta evidente que no se frenará de manera instantánea, sino que continuará la inercia por varios meses toda vez que las próximas paritarias no serán iguales a cero, los alquileres no se harán sin clausula de indexación, los aumentos tarifarios continuarán y prácticamente todos los formadores de precios seguirán remarcando, incluso cuando bajen el ritmo de las subas.
LAS EXPECTATIVAS DEFINEN EL FUTURO
Cuando un Banco Central deja de emitir y clava los frenos de la base monetaria pueden ocurrir dos cosas que voy a denominar el equilibrio bueno y el equilibrio malo.
Si todos entienden que hubo un cambio de régimen, que no habrá mas pesos en la economía y que no hay modo de hacer todas las operaciones que se hacían antes, con los precios mas altos, pues dejarán de aumentar. El freno de la inflación operará a su turno reactivando fuertemente la economía, como ocurrió en cada uno de los planes de estabilización exitosos del pasado; desde el inicio del Plan Austral en el 85, hasta el éxito de Prat Gay en 2003, pasando por la Convertibilidad en 1991.
Pero si los actores no le creen al Banco Central, si los gremios buscan una paritaria del 25%, los alquileres se siguen firmando con aumentos semestrales del 15%, las tarifas siguen subiendo un 30% y así sucesivamente, pues no habrá pesos suficientes para hacer todas las transacciones de la economía a los nuevos precios, por lo que subirá de manera espectacular el costo del dinero (la tasa de interés) y habrá una profunda caída del nivel de actividad
Lo que el Banco Central no logre reconstruir en materia de credibilidad y confianza, lo pagará la economía real con mas recesión; la relación es prácticamente lineal y la única manera de evitarlo si no se edifica confianza, es acordando un freno con los principales actores (gremios, inmobiliarias, empresarios, etc.)
LA VÁLVULA DE ESCAPE DEL DÓLAR
Dado que no se emitirá un solo peso mas, con cada mes de alta inflación que tengamos, la cantidad de dinero de la economía alcanzará para menos, incluyendo las posibilidades de comprar dólares. Al mismo tiempo subirán las tasas de interés haciendo que resulte mas atractivo invertir en moneda nacional.
Esa combinación puede pinchar el precio del dólar y como ahora hay una banda de intervención en $34, que aumenta un 3% por mes, para fines de diciembre si el dólar baja a menos de $37,15 tendremos al Banco Central comprando reservas, que es el único caso en el cual está autorizado a emitir pesos.
Con mas pesos, se estabilizarían las tasas y el retroceso del dólar contribuiría a recuperar las expectativas, ayudando también a frenar las remarcaciones.
En el corto plazo, puede haber movimientos del dólar en el sentido contrario, pero cuando el directorio del FMI apruebe el nuevo acuerdo ingresarán 6000 millones de dólares que Hacienda podrá vender en el mercado. A ese shock de oferta se sumarán otros 6.000 en diciembre, más el resultado de la cosecha fina y la eventual vuelta de capitales financieros del exterior. El año que viene, incluso cuando baje la inflación, habrá menos pesos en la economía cada mes, hasta junio, combinados con los dólares de la soja.
Tarde o temprano la inflación bajará, porque sin nafta el fuego eventualmente se apaga. El riesgo es que ese momento tarde mucho en llegar.