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viernes, 24 de agosto de 2018

LA OPINIÓN DE MARTÍN TETAZ,

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MARTÍN TETAZ

A fines de la década del 70, cuando los debates sobre el impacto de la emisión monetaria eran moneda corriente, Rudiger Dornbusch, uno de los mejores macroeconomistas de todos los tiempos, planteó la idea de que los shocks monetarios generaban, obviamente, una devaluación de la moneda, pero que el tipo de cambio sobre reaccionaba primero, para acomodarse al nuevo equilibrio después.
En castellano; si el Gobierno le daba a la maquinita, por ejemplo, para financiar el déficit fiscal, el traslado a precios se producía mas rápido en los activos financieros (el dólar, por ejemplo), que en el resto de los bienes de la economía.
Expresado en términos de la situación actual; si sube primero el dólar, pero lo hace de manera exagerada, luego habrá más inflación y se licuará una parte del efecto real de la subida del tipo de cambio. El mecanismo puede ser un poco distinto del pensado por el economista alemán, porque acá no hubo un shock de emisión, sino un derrumbe de la demanda de dinero, pero a los efectos prácticos la lógica es similar, porque si la gente no quiere los billetes que imprime el gobierno, pues sobra liquidez, que termina yendo a precios, sea de bienes o del dólar.
UN DESCUBRIMIENTO NOBEL
En el año 2013 la Academia sueca galardonó con su máxima distinción a Robert Shiller, el padre de la Economía del Comportamiento aplicada a las finanzas, quien demostró que los mercados de acciones y bonos no funcionan tan eficientemente como enseñamos en la facultad, sino que tienden a sobre reaccionar a los datos con excesivo optimismo cuando aparecen buenas noticias, pero con exagerado pesimismo cuando la novedad les hace pensar que las cosas empeorarán.
Por supuesto, siempre es mas fácil identificar ese tipo de comportamiento cuando miramos hacia atrás, en la historia de una variable financiera. Si fuera tan simple darse cuenta en el momento, que el mercado se esta pasando de rosca en el ajuste de los precios a las nuevas condiciones, todos podríamos ser millonarios.
Aunque el dólar parece ahora estabilizado, no podemos estar seguros de estar viviendo la corrección de la sobre reacción a la que hacía referencia Shiller, pero es probable que los casi 30 pesos a los que llegó la moneda norteamericana hace un mes haya sido el pico máximo del billete y que el pánico que se apoderó de los inversores haya cedido, una vez que el mercado se convención que el Banco Central finalmente había vuelto a controlar la situación.
Vimos desde entonces un retroceso de casi dos pesos, que tiene que ver con el efecto Shiller, pero todavía no terminamos de ver el ajuste del resto de los precios de la economía, aunque si Dornbusch estaba en lo cierto, es plausibe pensar que en los próximos meses veremos más inflación que aumento del dólar, o para ponerlo en otras palabras, que el tipo de cambio real de Argentina se abaratará un poco.
LA SOBRE REACCIÓN DE LAS EXPECTATIVAS
¿Piensa usted que el segundo semestre será malo? ¿Piensa que será muy malo? Esa pregunta la hizo esta semana el analista bursátil Claudio Zuchovicki a un conjunto de empresarios reunidos para escuchar su visión sobre la economía. La enorme mayoría de los presentes contestó de manera afirmativa ambas preguntas. Entonces el economista respiró y les dijo: “Es probable que sea malo, pero si ustedes ya tomaron todas sus decisiones descontando que será un desastre, entonces es posible que la realidad los sorprenda y que, si efectivamente la crisis resulta más suave de lo pensado, terminen el año más conformes.”
La crisis que estamos viviendo se produjo porque Argentina gasta mas dólares de los que genera y se cortó el financiamiento de esa diferencia. Los datos del balance cambiario de junio muestran que ese desajuste se corrigió fuertemente y que, de persistir la tendencia en los próximos meses, este valor del dólar podría alcanzar para resolver el problema. Si esto es así y de la mano del regreso de algunos capitales del exterior, el tipo de cambio se abaratará un poco en términos reales, podrían recuperarse las expectativas de los consumidores y empujar nuevamente a la economía hacia fin de año.
El problema de las crisis que generan las devaluaciones es que, aunque el dólar más competitivo ayuda a las economías regionales, a los productores de bienes exportables en general y a las industrias que compiten con las importaciones, ese es un efecto de largo plazo. En el corto, el dólar más alto hace caer la capacidad adquisitiva de los asalariados y frena el consumo por esa vía, pero también por el impacto negativo del deterioro de las expectativas. El récord de gente que compró dólares en estos dos meses de corrida, sacó del circuito económico 170.000 millones de pesos, que fueron a billetes verdes debajo del colchón, en vez de alimentar el consumo.
Si el Gobierno logra contagiar la percepción colectiva de que el dólar se pasó de rosca a $29,50 y la crisis por el freno del consumo en el segundo semestre no resulta tan profunda como todos están pensando, es posible que las expectativas empiecen a mejorar y que la economía se recupere antes de que los efectos positivos de largo plazo comiencen a sentirse, en los primeros meses del año próximo.

jueves, 12 de julio de 2018

MARTÍN TETAZ OPINA


MARTÍN TETAZ
Somos todos pronosticadores

El 26 de octubre del 2010 fue un día triste para los trabajadores del acuario Sea Life Center de Oberhausen, en Alemania, debido al fallecimiento del pulpo Paul, famoso por haber acertado el resultado de 12 de los 14 partidos jugados por la selección de ese país, empezando por la Eurocopa del 2008 y finalizando en el mundial de Sudáfrica, dos años después.
Por supuesto, nadie piensa que el cefalópodo realmente tenía poderes sobrenaturales; las apuestas están divididas sobre si acertaba por pura casualidad o si detrás de cada profecía alguien hacía trampa.
En el mundial que se está jugando por estos días, se hizo famoso otro animal; en este caso, el gato Aquiles, a quien se le adjudica haber acertado los cuatro primeros partidos sobre los que “se explayó”, aunque falló conjeturando la eliminación de la escuadra blanquiceleste en su duelo con Nigeria.
Por mas disparatados que puedan parecer, con cada acierto de un oráculo como estos, millones desafían a la razón y le prestan atención.
El futbol, por supuesto, no es el único terreno en el que nos gusta hacer pronósticos; la economía también es tierra fértil para hacer predicciones, incluso cuando muchas veces las aseveraciones que se tiran al aire no tengan sustento en elaboraciones teóricas o provengan del estudio econométrico de datos de la realidad.
Los deportes y las ciencias sociales comparten, eso sí, su naturaleza probabilística, de manera que cualquier pronóstico que se haga tiene ineluctablemente un margen de error, lo cual puede ser problemático, sobre todo a la hora de juzgar la calidad de las estimaciones.
Por ejemplo, Alemania, era uno de los principales candidatos a ganar el ultimo mundial, al punto tal que un consorcio de bancos hizo un complejo modelo matemático con mas de 10.000 simulaciones que pronosticó que los teutones se alzarían con la copa.

Sin embargo, los últimos campeones perdieron con Corea del Sur y se quedaron afuera en primera ronda. ¿Quiere decir esto que el pronóstico era de mala calidad?
Todo lo contrario; el resultado deportivo es probabilístico y, de hecho, si bien el fútbol tiene una lógica y por lo general Alemania le gana a Corea, también es posible, aunque sea poco probable, que pierda, lo que no obsta que sea el favorito y resulte razonable apostarle sobre la base de esa proyección.

“Las encuestas nunca aciertan”
Tomemos el caso de la opinión pública, como ciencia donde los encuestadores despliegan su método de pronóstico basado (cuando son honestos e idóneos) en las leyes de la probabilidad y las teorías del muestreo.
Si un candidato X tiene en realidad, por ejemplo, un 50% de intención de voto, una encuesta de 1.000 casos tiene aproximadamente un 3,2% de margen de error, para un intervalo de confianza del 95%. Esto quiere decir que, si se hiciera el muestreo 100 veces, en 95 oportunidades la predicción para ese candidato estaría entre el 46,8% y el 53,2% de los votos. Sin embargo, en los restantes cinco estudios el encuestador pronosticará un numero menor a 46,8% y un numero mayor a 53,2% errando por más de 3,2%.
El problema es que cuando vemos el resultado final no hay manera de saber si un profesional que predijo el numero exacto realmente hizo un buen trabajo, o habiendo hecho mal el muestreo, simplemente tuvo suerte. Del mismo modo que cuando erra por mucho tampoco sabemos si es un burro, o si a pesar de ser honesto e idóneo, tuvo mala suerte con el trabajo de campo.
“Los economistas nunca aciertan”
Una cosa parecida ocurre con la ciencia sombría, solo que aquí, además del margen de error de las estimaciones que a la fuerza son probabilísticas, se suman otros problemas. El economista que hace un pronóstico puede partir de un modelo equivocado; esto es: puede fallar en su comprensión de como funciona el sistema económico y prever relaciones entre las variables que a la postre no se cumplen. Pero incluso si entendiera perfectamente como funciona el mundo, puede que se equivoque si los agentes utilizan sus predicciones para cubrirse. Por ejemplo, supongamos que un profesional muy prestigioso pronostica que el riesgo país subirá y que como consecuencia de ello el país perderá acceso al financiamiento internacional y subirá el dólar. Si las autoridades se toman en serio esa estimación es probable que recorten el presupuesto y bajen su dependencia del financiamiento externo, evitando que suba el riesgo país y se vea afectado el dólar. Paradójicamente el vigía acierta la presencia del iceberg, pero el capitán hace naufragar su pronóstico de choque, virando el timón a tiempo.
Algo de esto explicábamos en su momento para el 2015 (ver link acá)
Problemas de identificación

A estos problemas se suma la dificultad de identificar cual fue la causa del resultado que se observa. Sigamos con nuestro economista del ejemplo anterior, pero ahora supongamos que lo que ocurre es que el país pierde una cosecha de soja, o que, por razones ajenas a sus políticas, baja fuerte el precio internacional de su principal producto de exportación. En cualquiera de esos dos casos efectivamente subirá el dólar y es probable que el país enfrente un deterioro transitorio de sus indicadores crediticios. A la luz del resultado el profesional acertó, pero en realidad no ocurrió lo que él dijo que iba a pasar. Es cierto que el resultado fue el mismo, pero no se trató de un acierto de pronostico sino de una casualidad; el analista no había visto venir ni la mala cosecha, ni la baja del precio internacional del commoditie en cuestión y lo que él había identificado como la variable que causaría la suba del dólar, nunca se hizo presente
Volviendo al futbol, cuando se lesionó Chiquito Romero, algunos pronosticaron que Armani sería el arquero titular, incluso el propio diario Clarín así lo anunció
A la postre todos saben que Armani terminó siendo el arquero, pero la predicción se cumplió de casualidad, porque el arquero elegido por el técnico fue en realidad Wilfredo Caballero, quien tuvo una mala performance contra Croacia y fue reemplazado por el portero de River para el compromiso con Nigeria.
Una cosa parecida ocurrió con el pulpo Paul de los periodistas, el kirchnerista Roberto Navarro, quien el 13 de diciembre del año pasado dijo en su programa web que el Gobierno había arreglado con el campo un dólar de $30 para el momento de liquidar la cosecha en marzo, lo cual obviamente era un disparate y no ocurrió. Hoy se ve claramente la inestabilidad política y económica que genera un salto cambiario tan pronunciado; se comprende entonces que hubiera sido suicida para el Gobierno semejante medida, lo cual tornaba disparatada la predicción del periodista conocido por haber anunciado al aire el triunfo de Daniel Scioli en las presidenciales del 2015.





Sin embargo, unos meses después, el billete norteamericano araño los $30 y algunos que solo recordaban la foto de la promo del programa de Navarro, pensaron que el periodista finalmente había logrado acertar un pronóstico. Pero en honor de la verdad, lejos estuvo de producirse la devaluación voluntaria por parte del gobierno en el mes de marzo para beneficiar al campo, como había predicho el comunicador, sino que mas bien el mercado se llevó puesto al gobierno (de manera literal en el caso del ex presidente del Banco Central, Federico Sturzenegger), un tiempo despues y por otras razones. Si vamos a reconocer el merito de alguien pronosticando ese evento, los pergaminos debería habérselos llevado en todo caso el ex Presidente del Banco Nación, Carlos Melconian, que anticipó la catástrofe con su famoso “Ojo porque se puede ir todo a la mierda”, aunque, nobleza obliga, el propio economista luego lo desmintió.

Ilusión monetaria
Por si no tuviéramos suficiente, en los medios debemos lidiar con los análisis ex post que, por hacerse sin tener en cuenta el contexto inflacionario en el que se plantean algunas predicciones, caen presa del sesgo de ilusión monetaria
Por ejemplo, en la previa de las elecciones del 2015, Alfonso Prat Gay dijo, cuando le preguntaron cual sería el valor del dólar sin cepo, que dependía de como se hicieran las cosas para salir del control de cambios: “mas cerca de 9 y medio si hacemos las cosas bien, mas cerca de 16 si, al que le toque, hace las cosas mal”

Un año después, cuando inflación mediante, el dólar llegó a $16, muchos usaron el audio de esa entrevista en “A dos voces” para sugerir que el gobierno había hecho mal las cosas. En rigor, el dólar de salida del cepo fue de $13,50 pero, inflación mediante, cualquier cosa que en diciembre de 2015 valía $13,50 un año después estaba a $18,90 por lo que un dólar de $16 un año despues de la salida del cepo, era en realidad un dólar mucho mas barato que los $16 de octubre del 2015, cuando Prat Gay hizo su proyección.

En el 2012, Cristina Fernández, se burló públicamente de un amigo de su hijo Máximo, que les había recomendado comprar dólares en el medio de la crisis del 2002, cuando salía $4 y algunos amenazaban que llegaría a $10. Un año después, cuando el paralelo llegó a los $10 muchos le enrostraron a Cristina haber protagonizado un remake de “el que apuesta al dólar pierde”, pero la Presidenta tenía razón, porque los $10 del 2013 no tenían nada que ver con los $10 del 2002. Efectivamente durante esos años el que apostó al dólar perdió

Es más, en un escenario de alta inflación, cualquier proyección nominal se cumple, a la larga o a la corta, de manera que siempre hay que actualizar por inflación los valores al momento del pronostico para ver si las predicciones se materializan o no
Pronósticos imprecisos
Otro problema es el que de aquellos que lanzan una aseveración atemporal, que eventualmente puede cumplirse, aunque nunca precisen cuando ocurrirá.
Por ejemplo, yo soy de los que piensan que el fenómeno del Bitcoin es una burbuja, pero no tengo la menor idea de cuando explotará. Sin embargo, estoy seguro de que algún día lo hará y si insitiera con el pronostico, el día que finalmente ocurra podría decir que lo vi venir y lo anticipé. Pero tal comportamiento sería deshonesto de mi parte, porque yo nunca dije cuando ocurriría tal cosa, y sin esa fecha, el pronóstico no es mas que charlatanería
Pronósticos variados y la estafa del asesor de inversiones

El ultimo de los pseudo gurúes es el que escupe pronósticos permanentemente, embocando cada tanto de carambola, por la misma razón por la que un reloj descompuesto acierta la hora dos veces al día.
Hay una vieja estafa basada en ese tipo de “visiones”. Un presunto “analista de inversiones” llega a una ciudad y reparte 1024 sobres diciendo que la semana que viene subirá el dólar, y otros 1024 diciendo que bajará la divisa. La semana siguiente se olvida de los 1024 con los que erró y se concentra en el resto; manda 512 cartas diciendo que subirá el billete y otras 512 diciendo exactamente lo contrario. Repite el procedimiento a la tercera semana con esos 512 con los que acertó y así sucesivamente hasta que al cabo de seis semanas le quedan 32 personas convencidas de que están en presencia del mismísimo Nostradamus, a quien le confían por lo tanto la administración de todos sus bienes.

lunes, 2 de julio de 2018

LA OPINIÓN DE MARTÍN TETAZ


El sesgo retrospectivo en la economía y los deportes


Por MARTIN TETAZ
martintetaz@gmail.com
Que en Argentina somos todos técnicos no es ninguna novedad. También somos todos economistas; acá un taxista sabe lo que son las Lebac y hasta hace no mucho tiempo te discutían la activación de la cláusula RUFO (rights upon future offers): un principio del Derecho financiero internacional que muchos estudiantes de Harvard no manejan con tanta precisión, pero que se puso de moda por estos lares cuando se discutía el pago a los buitres.
En 1814, en el valle de Katmandú, Nepal, una expedición de 2500 soldados financiados por Inglaterra fue masacrada por 12.000 gurkas, dando inicio a un conflicto que se zanjó dos años después con la firma del Tratado de Sagauli. Ciento sesenta años después, esa historia fue usada por el Profesor Baruch Fischhoff para investigar hasta que punto el conocimiento sobre el resultado de un evento nos hacía pensar que sabíamos de ante mano que así ocurriría.
Este Profesor de Teoría de la Decisión en la Universidad de Carnegie Mellon, hizo un experimento en el que le dio a 100 estudiantes cuatro escenarios posibles para que juzgaran cual era la probabilidad de que ese conflicto hubiere terminado de tal o cual manera. Las posibilidades incluían la victoria de los ingleses, la de los gurkas, la firma de un acuerdo que ponía fin a la violencia y, por ultimo, el mismo acuerdo pero que esta vez no lograba frenar las hostilidades.
El mercado estaba jugado a que no seríamos emergentes y se equivocó otra vez
El truco es que al 50% de los estudiantes se les informó el resultado final de antemano, aunque se les pidió que de todos modos ponderaran, con la información provista en el texto, las probabilidades de que el conflicto acabara en cada uno de los cuatro escenarios planteados. El hallazgo de Fischhoff es que, con el diario del lunes, los estudiantes asignaban el doble de probabilidad al resultado que se les había indicado como el que efectivamente había ocurrido, en relación a lo que pensaba la otra mitad de los alumnos que no tenía el conocimiento sobre el desenvolvimiento eventual de la disputa.
EL SESGO RETROSPECTIVO EN LA PRACTICA
Vamos ahora a Rusia; son las 16:10 del jueves 21 de junio, hora argentina, Gabriel Mercado disputa una pelota con el croata Ante Rebić, entrega un pase atrás al arquero y Willy Caballero se dispone a jugar con el pie, como lo viene haciendo de manera habitual desde el inicio del torneo, buscando un compañero, sin revolearla a la estratosfera, como el manual ortodoxo le exige a los porteros. Paremos ahí.
Obviamente todos sabemos como terminó la película, pero tratemos de ser justos con el guardametas del Chelsea. ¿Cuan probable cree usted que era que el sombrero que intentó Caballero, acabara en tragedia? A juzgar por los comentarios que venimos escuchando en los últimos días, no podía haber terminado de otra manera; es más: todos la vieron venir, todos incluso lo habían anticipado.
AHORA SOMOS EMERGENTES
Horas antes de la derrota albiceleste, se vivía un clima de euforia en los mercados. El miércoles 20 se había aprobado formalmente el acuerdo por 50.000 millones de dólares con el Fondo Monetario y Morgan Stanley había reclasificado a la Argentina como mercado emergente, volviendo a nuestro país al radar de los inversores internacionales después de purgar nueve años en el terreno de los fronterizos; un barrio de alto riesgo donde lo asaltaron a Rambo.
El primero en ir a la hoguera fue un periodista de Clarín, que había anticipado el lunes la “primicia” de una fuente aparentemente muy confiable que le aseguraba que seguiríamos jugando en la B de los mercados, al menos por un año más.
El miércoles la Argentina volvió a estar en el radar de los inversores internacionales
Ese día tanto la bolsa como los bonos domésticos se desplomaron, e Ignacio Miri fue el chivo expiatorio al que se le echo la culpa de la debacle. Para cualquier persona entrenada en el mundo de la economía y las finanzas, la sola idea de que un inversor pueda operar en el mercado sobre la base de las noticias que salen en los diarios, resulta ridícula, máxime si se trata de información que aparece en medios no especializados, escrita por periodistas que no se dedican a la economía.
No pretendo con esto defender a Miri ni mucho menos; el periodista deberá hacerse cargo de lo que publicó, pero juzgarlo ahora con el resultado puesto implica primero suponer que los operadores son mucho menos sofisticados de lo que son y, segundo, admitir que las probabilidad de argentina emergente eran en realidad mucho mas altas y que ese artículo de algún modo las distorsionó a la baja; una suerte de sesgo retrospectivo.
Lo cierto es que el mercado estaba jugado a que no seríamos emergentes y se equivocó una vez mas. Pero lo mas divertido vino después cuando, mientras varios periodistas reconocidos trataban de borrar las huellas de sus fracasados pronósticos maquillando hacia atrás sus predicciones, otros empezaron a decir que ellos lo habían visto venir, que sabían que argentina sería emergente. De manual.
El sesgo retrospectivo puede parecer inocente, porque después de todo a nadie le molesta que todos se consideren clarividentes, pero en la práctica afecta mucho la calidad de las decisiones que se toman, primero porque nos hace peligrosamente confiados de nuestra capacidad de entender el mundo, segundo porque le baja el precio al azar, que en la historia juega un papel fundamental y, tercero, porque distorsiona la evaluación que hacemos de aquellos que en cada momento del tiempo tienen que tomar decisiones; sea un Director Técnico, o el Ministro de Economía.

jueves, 28 de junio de 2018

LA OPINIÓN DE MARTÍN TETAZ,


MARTÍN TETAZ

El 11 de septiembre del 2003, en pleno gobierno de Nestor Kirchner, la Argentina cerró su ultimo acuerdo con el FMI. No eran tiempos tranquilos; aunque la economía ya se había empezado a recuperar, los indicadores sociales resultaban calamitosos y el financiamiento internacional estaba cerrado porque habíamos entrado en default en la corta presidencia de Rodriguez Saa. En la memoria popular, sin embargo, ese acuerdo nunca existió: la mayoría de la gente piensa que la ultima vez que arreglamos con el Fondo fue en el 2001 y que ello profundizó el derrumbe de la economía.
Tan es así, que una encuesta reciente de D’Alessio IROL muestra que el 75% de los argentinos considera inadecuado pedir ayuda al Fondo y que 57% piensa que la economía empeorará por esa decisión.
La memoria, se sabe a partir de las investigaciones de Elizabeth Loftus y Daniel Schacter, dista de ser una grabadora fiel, sino que mas bien edita los recuerdos y los acomoda para que sean compatibles con las reconstrucciones que cada tanto hacemos del pasado. El 15 de diciembre del 2005 el entonces presidente anunció el pago anticipado de la deuda con el organismo multilateral planteando la medida como un paso trascendental en la recuperación de la soberanía económica. Esa ultima versión, que había sido mas el resultado pragmático de una coyuntura internacional favorable, que una convicción ideológica, reemplazó en la memoria el recuerdo de la gestión que personalmente hizo Nestor el 6 de septiembre del 2003, para destrabar el acuerdo que se firmaría una semana después con el FMI. Es lógico entonces que exista una aversión masiva al Fondo, porque todos pensamos que la ultima vez que tocamos las puertas de su sede de Washinghton terminamos mal, cuando en realidad la ultima vez que lo hicimos nos fue tan bien que pudimos pagar por anticipado.
Sesgo de correlación Pero las fallas de la memoria no son el único defecto de nuestro sistema cognitivo; además somos bastante malos para distinguir entre correlaciones y causalidades. Lo cierto es que, si el fenómeno A y el B ocurren simultáneamente, es tan posible que sea A el que genera a B, como que suceda exactamente al revés, o incluso que se trate de una merca coincidencia. En las clases de econometría los profesores suelen usar el ejemplo de la educación y los ingresos para ilustrar este punto. Todos sabemos que hay correlación y que, en términos generales, la gente con mas formación gana mejor que los que estudian menos, pero no se puede descartar que la causalidad no vaya en el sentido opuesto y que en realidad lo que esté ocurriendo es que los que tienen una mejor posición económica familiar tengan mas posibilidades de estudiar y luego tengan ingresos mas altos por su herencia o sus relaciones y no por sus estudios.
Me gusta pensar al Fondo Monetario Internacional como una ambulancia. Es cierto que en general las personas que son transportadas en esas unidades médicas móviles están enfermas, pero nadie en su sano juicio pensaría que es la ambulancia la que causó el paro cardíaco, o indispuso al paciente, del mismo modo que a nadie se le ocurriría pensar que los paraguas hacen llover, por más que nadie puede negar que es mucho más probable que llueva los días que la gente sale de casa con paraguas.
Del mismo modo que nadie llama una ambulancia por diversión, ningún país con una macroeconomía saludable pide asistencia del FMI. Si Argentina llama otra vez la ambulancia es porque el gradualismo fracasó; simplemente el mercado, que hasta noviembre pasado creía y financiaba la transición a la estabilidad, dejó de hacerlo. En este caso está claro que es la crisis la que causó la aparición del Fondo y no viceversa.
Así y todo, es legítimo cuestionar si la firma del acuerdo y las medidas de política económica que se desprenden de ese compromiso, resuelven o agravan la crisis.
¿Que dice la ciencia?

La Academia está dividida respecto del efecto que finalmente causa el FMI, porque metodológicamente no es fácil separar los efectos e identificar las verdaderas causas de la performance de los países que firman con el organismo. Por ejemplo, sabemos que la última experiencia argentina fue positiva a partir del acuerdo del 2003, pero no es fácil determinar hasta que punto la fuerte recuperación de la economía en 2004 y 2005 se debió al FMI y hasta que punto es atribuible a la suba internacional de la soja o a la fuerte devaluación previa. Sabemos también que la experiencia griega fue dolorosa, pero no es posible establecer claramente si lo fue por culpa de este organismo o es atribuible a las medidas dispuestas por la troika. Tampoco sabemos que hubiera pasado si, alternativamente, los helenos hubieran abandonado el Euro y devaluado luego de la crisis del 2009.

El politólogo Nathan Jensen estudió 68 países y llegó a la conclusión de que los países que firman con el Fondo reciben luego, en promedio, un 25% menos de inversiones. Sin embargo, el economista Axel Dreher concluyó, luego de un riguroso estudio econométrico, que acordar con el organismo reduce significativamente las chances de tener una nueva crisis, una vez que se controla por el hecho de que en general los países que acuden al fondo son mas propensos a las crisis, que los que tienen una macro mas sana. Finalmente, una investigación de Muhammet Bas, de la Universidad de Harvard y Randall Stone, de Rochester, sobre la base de 104 países, que fueron estudiados entre 1970 y 2008, confirma que efectivamente los países con economías mas inestables son mas propensos a acudir al Fondo y que, en promedio, los que lo hacen crecen luego más que los que, con una misma macro, no lo hacen. No obstante, descubrieron que los efectos sobre el crecimiento ulterior dependían inversamente de la severidad de la crisis previa, lo que nos hace pensar que, en el caso de Argentina, con altas reservas internacionales y relativamente baja deuda, podríamos esperar efectos positivos de mayor magnitud.
Dicho esto, también es cierto que independientemente de cual haya sido el impacto en la historia, si la opinión mayoritaria de la gente es que ir al Fondo resulta pernicioso, una suerte de profecía autocumplida podría profundizar la crisis, si el temor al Fondo se traduce en una menor predisposición al consumo de las familias y una mayor retracción a hundir capital por parte de las empresas.

domingo, 10 de junio de 2018

ECONOMÍA....LA OPINIÓN DE MARTÍN TETAZ



Por MARTÍN TETAZ
@martintetaz


Los términos de intercambio de un país refieren a la relación entre el precio de las exportaciones y el de las importaciones; para ponerlo en un burdo ejemplo, cuantas toneladas de soja tenemos que vender afuera para poder traernos una computadora.
Cuando los términos de intercambio son altos el país es más rico, porque el comercio internacional es una manera indirecta de producción. No nos interesa la soja per se, porque poca gente la consume en Argentina; la fabricamos para conseguir los dólares con los que compramos computadoras. Haciendo soja, hacemos computadoras, del mismo modo que usted produce la comida que pone en la heladera, trabajando todos los días como profesional, empleado o comerciante.
La soja sirve para conseguir dólares para comprar computadoras
Si la soja sube, cosechando la misma cantidad de toneladas, estamos fabricando más computadoras.
Cuando, en cambio, los precios internacionales no acompañan, el país es más pobre.
Tan es así que, en la década del 50, el economista Raul Prebisch tomó el descubrimiento del alemán Hans Singer, que había señalado que durante la primera mitad del siglo XX los precios de los productos primarios exportados por los países subdesarrollados habían caído de manera sistemática en relación a los de las manufacturas elaboradas por los países centrales, como evidencia de la importancia de modificar la estructura productiva para cambiar el patrón de inserción en el comercio internacional.
Por supuesto, Singer puede haber sido el primero en notarlo, pero las señales del sistema de precios estaban disponibles para todos y muchos países diversificaron sus estructuras productivas en la segunda mitad del siglo pasado, orientando sus industrias a la fabricación de los productos que el mundo premiaba con mejores precios.
En Argentina, los términos de intercambio fueron excepcionalmente favorables entre 1946 y 1948. En los tres años siguientes, aunque la espuma de la bonanza bajó un poco, todavía los precios de nuestras exportaciones fueron más altos que en todo el resto del siglo XX.
Cuando los precios internacionales no acompañan, el país es más pobre
Sin embargo, esos precios no se transmitieron hacia dentro del sistema productivo, porque el gobierno hizo algo que, con honrosas excepciones, sería una constante en los siguientes 70 años: distorsionó los términos de intercambio haciendo que los productores de bienes exportables no recibieran los precios plenos, al tiempo que los fabricantes de bienes que competían con las importaciones eran subsidiados. Paradójicamente, al mismo tiempo que el país enfrentaba los mejores términos de intercambio de su historia, los productores recibían incentivos para fabricar menos bienes exportables y más bienes con destino al mercado interno. No es sorpresa entonces que sistemáticamente falten dólares en la economía argentina; es la consecuencia de las políticas implementadas durante décadas.
¿QUÉ RELACIÓN HAY ENTRE LOS GEMELOS?
Los hermanos, cuando son gemelos, comparten el mismo ADN.
Dentro de una economía solo hay dos sectores; el público y el privado. En ausencia de financiamiento externo, si uno de ellos gasta más de lo que genera, ese agujero necesariamente tiene que ser financiado por un superávit del otro sector. Para ilustrarlo pongamos un ejemplo familiar; si en un matrimonio ambos trabajan y ganan 25.000 pesos cada uno, la familia en su conjunto no puede gastar más de 50.000, de modo que si el marido es más gastador y consume por 30.000 necesariamente su pareja deberá conformarse con gastar 20.000, o sea que el déficit de él se corresponde exactamente con el superávit de ella.
Pero si aparece un financista externo, ahora cualquiera de los sectores puede ser deficitario sin necesidad de que el otro aporte el dinero. De hecho, puede darse el caso, como ocurre con la economía argentina, de que tanto el sector público, como el privado, gasten por encima de lo que generan.
Desde 1945 a la fecha, el Estado ha gastado una y otra vez por encima de sus recursos, con la sola excepción de los cuatro años comprendidos entre el 2003 y el 2007. Mientras permanecimos aislados del mundo, el exceso de gasto se financiaba a expensas del sector privado que, consecuentemente invertía menos, porque una parte de los recursos que no consumía y ahorraba, se iban por la canaleta del déficit público.
En los años en que fue posible acceder al sistema financiero internacional, esa restricción se relajó y las cuentas públicas cerraron con fondos del exterior. Los dólares que ingresaban para financiar al fisco generaban la posibilidad de consumir más bienes importados que los que podía ser posible pagar a partir de las divisas generadas por exportaciones y allí reside el parentesco entre ambos déficits, que como se ve, comparten buena parte de su ADN.
SALIR POR ARRIBA PARA EVITAR EL AJUSTE PERMANENTE
Para cerrar el déficit externo hay dos caminos posibles; o gastamos menos dólares o generamos más. No hay otra forma. Si bien buena parte del rojo corresponde a la otra cara del déficit fiscal y se resuelve por lo tanto gastando menos, también es cierto que ese recorte no puede pasar por reducir la inversión pública, puesto que de ella depende buena parte de la capacidad del sector privado para generar divisas en el futuro
Tampoco es una solución reducir el déficit público por la vía de mayores impuestos a las exportaciones, porque esa es justamente la causa de los problemas recurrentes. Necesitamos aumentar los incentivos a producir dólares, no bajarlos.
Tampoco es solución reducir el déficit por vía de más impuestos
Para no volver a tener una crisis cada 5 años, es preciso eliminar todas las distorsiones que orientan las inversiones en contra de las exportaciones y favorecen la producción de bienes cuyo único destino es el mercado interno. El déficit que tiene como contraparte una mayor inversión, no tiene nada de malo y puede ser sostenido por décadas.
O salimos por arriba, aumentando nuestra capacidad de generar divisas con mejores términos de intercambio para los productores locales, o enfrentaremos este mismo tipo de crisis una y otra vez, como un deja vu.

miércoles, 30 de mayo de 2018

LA OPINIÓN DE MARTÍN TETAZ



Por MARTÍN TETAZ (*)
@martintetaz


En la última saga de Avengers, Thanos, un gigante capaz de derribar al mismísimo Increíble Hulk, acumula poder persiguiendo una colección de gemas con poderes fantásticos, que se esconden en los distintos planetas del universo.
Cuando el villano de Marvel eventualmente consigue las seis piedras del infinito, tiene tanto poder que puede terminar con la mitad de la humanidad con un solo chasquido de sus dedos. Entonces las personas empiezan a desintegrarse a la vista de todos, hasta que en pocos instantes no quedan pistas de su existencia.
El sistema no explotó porque hay un tipo de cambio flexible
Una cosa parecida acaba de pasar esta semana con las siete plagas que, cual profecía de Nostradamus, amenazaban caer sobre el sistema financiero. No hubo corralito, no hubo cepo, ni tampoco explotó la bomba de las Lebac, cuya cuenta regresiva generó tanto pánico como codicia.
La principal razón por la cual el sistema no explotó es que esta vez, a diferencia de buena parte de la historia de los últimos 70 años, hay un tipo de cambio flexible que opera en la práctica como una válvula de escape que permite que la economía se acomode a las nuevas condiciones internacionales.
Lo cierto es que Argentina venía gastando muchos más dólares de los que generaba; la cuenta corriente del balance de pagos mostró en el 2017 un déficit de 4,8% del PBI y todo parecía indicar que ese número sería incluso mayor en 2018. No solo hubo 5.500 millones de dólares más de importaciones que de exportaciones, sino que la cuenta de servicios, sobre todo por el déficit turístico, sumaba otros 10.000 millones de rojo y, aunque el país recibió flujos de inversión de cartera por cerca de 9.000 millones, la formación de activos externos, más popularmente conocida como compra de dólares para atesoramiento, ascendió a 22.000 millones de verdes, muy cerca del récord del 2008.
No está claro si el dólar a $25 alcanza para frenar parte de las importaciones
En castellano, la venta masiva de bonos y acciones que vimos en el último mes, señalaban que el financiamiento que había permitido semejante déficit se cortaba y que el país ya no podría gastar tantos dólares más de los que generaba; es preciso entonces producir más divisas y consumir menos. La corrección puede producirse a garrotazos, con cepos, controles a las importaciones y exportaciones a punta de pistola, o con un precio que corrija los comportamientos en líneas con las nuevas condiciones.
No está claro todavía si un dólar de 25 alcanza (o sobra) para frenar parte de las importaciones, fomentar las ventas externas, desalentar la compra de dólares para atesoramiento e incentivar el ingreso de inversiones del exterior, pero queda claro que todo eso tiene más chances de ocurrir ahora, que con el billete valiendo $17,50 como en diciembre pasado.
LAS EXIGENCIAS DEL FONDO
También es evidente que los clásicos planes de ajuste que normalmente solicitaba el Fondo a países que tenían tipo de cambio fijo no son necesarios ahora. Esto no quiere decir que el FMI nos regale el dinero y que no nos pida que aceleremos el gradualismo, pero históricamente el paquete de medidas tenía que lograr que el ajuste hiciera lo que el precio del dólar no podía hacer. Gran diferencia
La Gobernadora usó esta semana una analogía, con la que acuerdo parcialmente, para graficar los problemas del gradualismo; dijo que era como viajar a Mar del Plata: “tan rápido como sea posible para llegar, pero tan lento como sea necesario para no chocar”.
Coincido en que cerrar el déficit fiscal es como viajar a La Feliz, pero hacerlo de forma gradual es como sacar un pasaje en el lechero. El rumbo es el correcto, pero el colectivo se aleja del camino principal en numerosas oportunidades, para que todos puedan subir, exasperando los ánimos de los que ya están sentados. A las cuatro horas de viaje recién estamos en Dolores y cuando llegamos a Las Armas, el ómnibus se rompe y hay que bajar a esperar un par de horas que llegue el auxilio.
Todavía no sabemos cuáles serán los ajustes fiscales que ofrecerá el gobierno, pero está claro que el colectivo no podrá seguir entrando en todos los pueblos. El Presidente dio una pista esta semana, cuando dijo que se tenían que terminar los regímenes jubilatorios de privilegio y es probable que con la sorpresa del buen resultado de la primera licitación de obras por el sistema PPP, el gobierno acelere la transición de la inversión pública en infraestructura, al mecanismo de participación pública-privada.
¿SE DESACTIVÓ DEFINITIVAMENTE LA BOMBA DE LAS LEBACS?
La otra gran pregunta es si no volverá a ocurrir lo mismo en el vencimiento del mes próximo. Es importante entender aquí, que casi la mitad de las LEBACS fueron emitidas por el Banco Central para comprar los dólares de sus reservas, con lo cual no solo esas letras están respaldadas con activos duros, sino que con cada devaluación aumenta la cobertura, porque sube el valor de las reservas y se licúan los pasivos nominados en moneda local.
Que el resto de las LEBACS terminen siendo un problema o no, depende de la evolución de la demanda de dinero y la tasa de interés. Si la economía crece y la inflación baja, aumentará la demanda genuina de liquidez por parte del público y por lo tanto ya no será necesario que el Banco Central renueve completamente cada vencimiento de letras. El crecimiento y la estabilidad achican la bola de nieve. La estanflación, por el contrario, agranda el problema.
Las expectativas de insostenibilidad cambiaria cedieron
En general, los factores fundamentales quedaron mejor después del ajuste del dólar. Las expectativas de insostenibilidad cambiaria cedieron y ya no tiene tanto sentido apostar a una nueva corrida.
Los factores psicológicos también perdieron fuerza, por la misma razón que los habitantes de la aldea ya no acuden a los llamados del pastorcito mentiroso. En julio de 1999 muchos esperaron “el gran rey del terror que (supuestamente) vendría del cielo”, pero, aunque todos los años se repiten las profecías, ya nadie ajusta su comportamiento en base a las cuartetas de Michel de Notre Dame, más conocido como Nostradamus.

sábado, 19 de mayo de 2018

LA OPINIÓN DE MARTÍN TETAZ


MARTÍN TETAZ
Sí, el dólar también está en tu mente
El precio del dólar, en un contexto de libertad cambiaria, depende de la oferta y la demanda
La demanda obedece a factores fundamentales, asociados a los usos transaccionales de las divisas; pagar bienes importados, girar utilidades de multinacionales a sus casas matrices, mandar dinero a los familiares que viven en otro país, abonar intereses y capital de las deudas contraídas tanto por el sector público, como el privado, realizar inversiones en el exterior, etc.


Pero también compran dólares quienes lo quieren como reserva de valor, toda vez que suponen que mantener su riqueza en moneda local les hará perder dinero y no tienen inversiones alternativas en otros activos financieros. Esto puede deberse o bien a la desvalorización del peso producida por la inflación, o bien a la expectativa de que el dólar subirá pronto.
Por el lado de la oferta, también hay factores fundamentales asociados a la necesidad de hacer operaciones en pesos, por parte de agentes que tienen su dinero en divisas, como por ejemplo los exportadores, los que toman deuda en el exterior, los que habiendo prestado dinero reciben el pago de intereses, o la devolución de su capital, los argentinos que ahorraron en dólares, pero necesitan pesos para pagar cuentas, los extranjeros que quieren invertir en el país, etc.
Pero también venden dólares todos los que tenían parte de su riqueza en esa moneda y piensan que la moneda argentina se va a valorizar, o se ven tentados por los intereses que pueden conseguir prestando su dinero en pesos, siempre que crean que esos pagos no solo compensarán las devaluaciones esperadas en el futuro, sino que, incluso teniéndolas en cuenta y descontando todos los demás riesgos, ganaran más dinero que invirtiendo directamente fuera del país.
Las causas reales de la devaluación
Obviamente, los factores fundamentales juegan. Si el gobierno financia el déficit fiscal con deuda externa, el ingreso de dólares aumenta su oferta y, salvo que sean comprados por el banco central, deprimen su precio.


Es verdad, no obstante, que, por la misma lógica, el día que haya que devolver esas deudas, saldrán dólares y su precio subirá ineluctablemente, salvo que otra vez se meta el banco central y entregue parte de sus reservas.
Si la productividad del país crece menos que la de sus socios comerciales, o pierde mercados, obviamente el dólar será más escaso y por lo tanto su precio acusará recibo, del mismo modo que si se abre la economía y aumentan las importaciones ineluctablemente habrá un dólar de equilibrio que será más alto.
Si los inversores prefieren invertir en Brasil, Perú o Chile, saldrán dólares y concomitantemente subirá su precio.
Si ponemos impuestos a los capitales, o agregamos regulaciones que bajan su rentabilidad o aumentan su riesgo, pues lógicamente esos fondos se irán a otros países más seguros, o donde ganen más dinero.
Los factores psicológicos
Puesto que el dólar además de ser una moneda de pago internacional, es utilizado como reserva de valor, tanto su demanda, como su oferta se verán afectadas por las expectativas de devaluación vis a vis la rentabilidad esperada en pesos.
Es muy importante entender que, en la demanda de activos financieros, como el dólar, no importa el pasado. O mejor dicho; importa, pero solo en su capacidad para aportar información que pueda iluminar el futuro. Por ejemplo; cualquiera que tenga pesos corre al dólar si se espera una devaluación la semana que viene, pero paradójicamente si el gobierno devalúa fuerte hoy, ya no tiene sentido comprar dólares, por más que la devaluación te haya hecho perder el 50% de tu riqueza. Solo se justifica comprar dólares después de una devaluación si existe la sospecha de que no fue la última, de que el Banco Central se quedó corto, y que volverá a devaluar.
Es justamente en este sentido que la expresión “el dólar está en tu mente” se torna 100% cierta, porque el precio del día de mañana depende de las expectativas futuras y no de la historia.
Se supone que cualquier dato histórico que pudiera impactar en el dólar ya impactó. Por esa razón no tiene sentido leer los diarios financieros buscando información que nos permita ganar dinero, porque los diarios que salen publicados hoy se escribieron ayer y si por ejemplo se sabe desde ayer que YPF descubrió más petróleo en un área sobre la que tiene derechos, es lógico pensar que ayer mismo los inversores se volcaron a esa acción e hicieron subir su precio en la bolsa, si es que no se les adelantó el ingeniero que hizo el descubrimiento y los amigos con los que habló.


Por eso hay que desconfiar de cualquier analista financiero o supuesto economistas que diga que el dólar va a subir mañana, primero porque simplemente no hay manera de saberlo, pero segundo, porque si el tipo tiene la fórmula para ganar en el casino, no tiene lógica pensar que la comparta con todos, en vez de guardársela y hacerse millonario.
Volviendo a las expectativas, si creo que el gobierno va a tener problemas para financiar un déficit tan grande colocando deuda externa el año que viene, es probable que elija comprar dólares hoy, porque el día que los inversores de afuera, que le prestan dinero, sospechen de su capacidad de devolver la plata, dejarán de prestarle y ya no entrarán tantos dólares a la economía. Eso haría subir el dólar en 2019 y entonces ya sería tarde para comprar. El mercado siempre se adelanta.
Por esta razón, el Banco Central sube las tasas, porque aún si yo tuviera la certeza de que el dólar va a subir el 7 de mayo del 2019, me conviene dejar la plata en pesos, si los intereses que me pagan por ese tiempo superan la devaluación esperada. Ejemplo; tengo 22.000 pesos con los que podría comprarme 1000 dólares, pero si de acá hasta el 7 de mayo me dan 40% de interés y me quedo en pesos, obtendré 30.800 pesos. Entonces salvo que espere para dentro de un año un dólar de $30.80, me conviene quedarme en pesos.
En la práctica, obviamente, nunca existe esa certeza y entonces siempre hay un riesgo de equivocarse. De allí que, a nuestras estimaciones, según sea nuestra tolerancia al riesgo, les agreguemos un margen de error. Entonces Incluso suponiendo que dentro de un año el dólar esté a solo $28, puede que de todos modos elija comprarlos hoy, porque no estoy seguro de que efectivamente acabe a ese valor, sino que mi estimación tiene un margen de error de, por ejemplo, $5, y con ese margen es probable que cierre entre $23 y $32. Más vale pájaro en mano que cien volando.
Por supuesto, si se espera una devaluación en el corto plazo, es más difícil de frenar con una suba de tasas, puesto que si yo creo que el dólar que hoy cuesta $22, mañana va a valer $24,20 tendrían que darme una tasa (¡diaria!) de 10% para que me quede en pesos.
De ahí que una corrida cambiaria, por recomposición de cartera de inversores que ahora eligen dejar su dinero afuera, o por gente que sospecha que el Gobierno tendrá problemas fiscales en 2019 o 2020, resulta manejable con una suba sensible de la tasa de interés.


Pero una corrida bancaria como la que se produjo en el 2001, donde los depositantes saquen sus plazos fijos y se vuelquen masivamente al dólar, sería mucho más delicada, porque para frenar una burbuja hay que tener instrumentos financieros que permitan apostar contra esa expectativa irracional y hacerla sucumbir.
Resulta fundamental entonces que el Banco Central empiece a operar en los mercados de futuros, para que pueda anticiparse a una eventual corrida bancaria. Al mismo tiempo es fundamental desarrollar el mercado de capitales, para que existan múltiples alternativas de protección de los ahorros, que operen como canales que permitan evacuar una desconfianza en el peso, sin que el agua tape al dólar.
A Jorge Lanata le gusta decir que la Economía es una rama de la Psicología y la verdad que, en materia de activos financieros, eso es absolutamente cierto. La batalla de la confianza se juega en la cabeza del público.

martes, 8 de mayo de 2018

LA OPINIÓN DE MARTÍN TETAZ


Dólar: crónica de un final anunciado
Por MARTÍN TETAZ (*)
@martintetaz

Hay algunas películas, normalmente hechas a partir de guiones bastante pobres, que en un punto se tornan previsibles. El 28 de diciembre pasado, en un día que parecía haber sido elegido a propósito, el gabinete económico anunció cambio de timón en la política monetaria. Hasta entonces el Banco Central venía implementando un programa de “metas de inflación”, que básicamente consta de un anuncio y un garrote. El anuncio busca coordinar expectativas por las buenas, para que los agentes económicos que tienen una inflación de 40% en sus cabezas, a la hora de formar los nuevos precios piensen por ejemplo en una de 25%. Si al año siguiente todos están pensando otra vez en una inflación de 25%, la autoridad monetaria anuncia una meta de 10%, para desinflar las expectativas y buscar que todos formen precios más bajos que los del año pasado. Y así sucesivamente.
Si estuviéramos hablando del Banco Central europeo, probablemente con el anuncio de la meta bastaría para disciplinar las expectativas y lograr que la economía desinfle sus precios. Pero este es un organismo responsable de que la moneda haya perdido 13 ceros en 50 años, con inflaciones escandalosas en buena parte de su existencia.
Entra en juego entonces el garrote, que, en la caja de herramientas del Central, es la tasa de interés. Si los precios de la economía no convergen a la meta fijada por la autoridad, sube la tasa de interés, primero como un modo de reafirmar su compromiso y reforzar las expectativas, como quien grita fuerte para establecer un punto en el medio de una discusión. Pero además las tasas altas generan ingreso de dólares especulativos, deprimiendo el precio del billete norteamericano y frenando por esa vía las remarcaciones.
Un tercer canal por el que esa medida frena la inflación tiene que ver con el crédito. Como las tasas altas encarecen el costo de pedir dinero prestado, el consumo financiado con tarjeta y otras formas de crédito se ralentiza, quitando incentivo a los comerciantes para seguir aumentando precios.
Lo que ocurrió a fines del año pasado es que una parte del equipo económico convenció al Presidente, de que si las tasas permanecían altas se frenaría la economía, aun cuando toda la evidencia del 2017 había mostrado que en la realidad argentina las tasas no solo no frenaban la actividad, sino que la inversión estaba volando a tasas chinas y el crédito se estaba recomponiendo a una velocidad supersónica.
Puede que las tasas altas efectivamente enfríen la economía en el 99% de los países del mundo en los que hay crédito, pero Argentina es la tierra del taca taca, del 40% de la economía informal, de la gente que, aún dentro del sistema, produce un espectáculo único en el mundo que es el de la des bancarización voluntaria: millones de personas hacen colas en los bancos para retirar el dinero cash de sus cuentas sueldo, para luego hacer otras tantas colas para pagar en un rapi pago las cuentas que en cualquier lugar del mundo se tramitan por el home banking o el cajero automático.
Para ponerlo en términos médicos, un país que busca bajar la inflación con un programa de metas es como un paciente con sobre peso que trata de adelgazar con una dieta.
Cuando el candidato llega al nutricionista, lo primero que hace el facultativo es pesarlo, preguntarle por sus hábitos, eventualmente encargarle algún análisis y finalmente trazar un plan, con una meta. Si el paciente baja de acuerdo a lo planeado, va todo viento en popa, pero si no cumple la meta, entonces normalmente hay que endurecer la dieta y aumentar el ejercicio.
Es evidente que Argentina venía desinflando, aunque también es cierto que no lo hacía al ritmo previsto por el plan. A título de ejemplo, para el año pasado la meta era 17% de inflación y los precios terminaron subiendo casi 25%. Esa diferencia, obviamente hacía que el objetivo de terminar el 2018 con solo 10% de inflación luciera inverosímil.
Pero lo que ocurrió el 28 de diciembre no fue que el medico dijo, “ok, la dieta sigue a rajatabla, pero sinceremos que no vamos a llegar al 10%”.
No, lo que ocurrió fue que el nutricionista, al mismo tiempo que recalculaba el GPS anunciando una nueva meta de 15%, le decía al paciente que ahora que la meta no era tan ambiciosa podía permitirse una medialuna extra por las mañanas y un asado con los amigos los jueves por la noche.
El resultado fue obvio, el gordo dejó de bajar de peso y empezó a aumentar.
La combinación de expectativas de inflación más altas y premio por quedarse en pesos más bajo, operó en la práctica como una doble Nelson, achicando el atractivo de quedarse en pesos y alimentando el apetito por los dólares.
Sobre llovido, el gobierno dispuso en la reglamentación de la reforma tributaria, que los extranjeros pagaran el impuesto a la renta financiera sobre las Lebacs, generando una salida de casi 5.000 millones de dólares de inversores de afuera, que obviamente buscan esquivar el impuesto.
Y para frutilla del postre, esta semana subieron las tasas en los Estados Unidos y muchos fondos comunes de inversión de todo el mundo mudaron parte de sus fondos a Norteamérica, fortaleciendo el dólar y debilitando por lo tanto al resto de las monedas.
La consecuencia del combo fue una fuerte salida de capitales que forzó al Central a vender esta semana 4.300 millones de dólares, hasta que el viernes Sturzenegger le puso fin a la aventura y subió las tasas 300 puntos básicos, volviendo al esquema vigente hasta diciembre pasado. En el medio perdimos cuatro meses, la inflación volvió a subir, el dólar fue un infierno y consecuentemente la confianza de los consumidores se derrumbó 20%. Es un milagro si esta combinación no frena el consumo y enfría la economía. Esperemos que los políticos aprendan el costo de estas aventuras y la reacción del Banco Central no haya llegado demasiado tarde.

lunes, 30 de abril de 2018

LA OPINIÓN DE MARTÍN TETAZ


MARTÍN TETAZ

En Sistema Económico y Rentístico de la Confederación, Juan Bautista Alberdi criticaba a Rivadavia por haber basado la estructura tributaria en la recaudación de impuestos directos y le endilgaba la caída del apoyo político que esa medida le había causado.
Justificando su preferencia por la imposición indirecta, dice el padre de nuestra Constitución: “Es la más fácil, porque es imperceptible al contribuyente su pago, que casi siempre hace en el precio que da por los objetos que consume. Paga la contribución en el precio con que compra un placer y naturalmente la paga sin el disgusto que acompaña a toda erogación aislada. Esta calidad de la contribución indirecta es de mucho peso en países y en tiempos en que la autoridad empieza a establecerse, y necesita economizar todos los pretextos de descontento y de desobediencia.”
LOS IMPUESTOS QUE SE VEN, DUELEN MÁS
Esta semana en medio de las protestas de la clase media por el tarifazo del gas hubo una serie de argumentos rayanos con los principios básicos de equidad. Embajador de esas ideas fue el tuit del conductor Jorge Rial, que dijo: “O sea. Dejemos de pagar celulares, cable y de tener auto. Sólo paguemos lo necesario para sobrevivir con lo justo. La diversión y el relax puede ser postergado. Es superfluo. Bienvenidos a la Edad Media.”
Pero justamente la idea del subsidio estatal a los servicios está basada en la premisa de que sin esa ayuda buena parte de la población de clase media baja y por supuesto los que están bajo la línea de pobreza, tendrían problemas para acceder a esas prestaciones tan básicas. Es obvio que, si el Estado paga una parte de la factura de servicios de una persona de clase media, o clase media alta, ese mismo dinero que esa familia se ahorra puede ser destinado a consumos no tan indispensables, como comprarse un celular nuevo, pagar el cable, llenar el tanque de nafta del auto o directamente financiar el relax y la diversión. Empero, nadie en su sano juicio justificaría que el Estado financie esos gastos, máxime cuando estamos hablando de un fisco que no tiene dinero de sobra, sino que por el contrario presenta un déficit muy preocupante. Del mismo modo, si bien hay un consenso generalizado en que el Estado ayude a que todas las personas puedan tener, agua, luz y gas, todo el mundo entiende que no se le puede pedir a la sociedad, que con sus impuestos financie la calefacción de una pileta climatizada, o el aire acondicionado puesto en 18 grados, cuando a nadie se le ocurriría prenderlo un día de primavera en el que la temperatura tenga un máximo de 25.
Sin embargo, entre todos los argumentos que se esgrimieron por las redes sociales, hubo uno que resulta al mismo tiempo lógico y justo. En efecto, es irracional que en el medio de un monumental ajuste de precios relativos y cuando el gobierno le dice a la gente que tiene que pagar lo que consume, casi la mitad de la factura sean impuestos, sobre todo cuando buena parte de la clase media no consume realmente los bienes públicos que provee el Estado, porque ha huido de la educación, la salud, la seguridad y el transporte públicos.
La pregunta interesante, sin embargo, es por qué no hay una rebelión contra la carga tributaria del resto de los bienes, dado que por ejemplo según Adefa el 54% del precio de un auto son impuestos, mientras que de acuerdo a la fundación PROTEGER la carga tributaria de cualquier prenda de vestir asciende al 50%. Ni hablar de los alimentos, donde un estudio del Iaraf muestra que de cada 100 pesos que pagamos en góndola, 43 son impuestos.
La respuesta más obvia, como intuía Alberdi, es que la gente no se queja tanto de esos impuestos, simplemente porque no los ve.
IMPUESTOS MÁS REPUBLICANOS
En otras oportunidades he fundamentado mi preferencia por los impuestos directos, como por ejemplo Ganancias, puesto que captan de mejor manera la capacidad contributiva de los ciudadanos. A la luz de lo que está sucediendo, es evidente que otra ventaja es que resultan más difíciles de esconder por parte del Estado.
El propio Alberdi, a pesar de recomendar los impuestos indirectos, sostiene que “según el art. 4 de la Constitución argentina, la contribución es para formar el Tesoro nacional; el Tesoro, como medio de ejecución, es para gobernar; el gobierno es para hacer cumplir la Constitución; la Constitución, como dice su preámbulo, es para afirmar la unión nacional, afianzar la justicia, consolidar la paz, servir a la defensa común, promover el bienestar y asegurar los beneficios de la libertad. La contribución es, según esto, el precio con que se obtiene el goce de estas cosas…”
Por supuesto, en ningún lugar de la Constitución dice que el Estado tiene que subsidiar la luz y el gas de los que pueden pagarlos, pero no hay ningún problema en que la sociedad vote representantes que propongan convertir ese privilegio, que además discrimina en contra de los habitantes del interior, en un derecho establecido.
Pero para que el pueblo no sea engañado, necesitamos que todos los impuestos sean perfectamente visibles, o bien por que se trate de tributos directos, o bien porque aparezcan discriminados, como ocurre en las facturas de servicios.
No tengo la menor idea de si el resultado de esta mayor transparencia será un mayor o un menor gasto público.
Estaría satisfecho sabiendo que el pueblo ha elegido de manera republicana, tanto los impuestos que está dispuesto a soportar, como los gastos que ese producido pretende financiar.

miércoles, 25 de abril de 2018

LA OPINIÓN DE MARTÍN TETAZ


MARTÍN TETAZ
Por una decisión política, al Banco Central no lo dejan usar las armas contra la inflación”
La inflación de marzo arrojó 2,3%, en los primeros tres meses del año ya acumula 6,7%, casi la mitad de lo previsto para todo el año. El ministro Dujovne aseguró que la meta anual del 15% “no se cambia”.Para Martín Tetaz lo que debemos observar es la inflación núcleo y que allí no hay excusas, es la respuesta a la política monetaria: “La inflación núcleo dio 2,6%. Cuando uno mira lo que está pasando en los últimos tres meses se viene acelerando. Esa inflación responde a la política monetaria del Banco Central. Y lo que vemos desde el 28 de diciembre es que este Banco Central se quedó sin balas“.

Para frenar la inflación, “vos podés controlar la cantidad de dinero o podés controlar el precio del dinero. Si controlás la cantidad del dinero vos parás de emitir. El problema es que si vos parás de emitir de golpe y la gente no cree en eso y todo el mundo remarca no va a haber precios en la economía para hacer todas las transacciones”, remarcó Tetaz. Quien cree que cuando el Banco Central sube la tasa de interés -mecanismo utilizado para frenar la inflación-,”la consecuencia es que el el dolar queda atrasado y, el dolar barato afecta a muchos sectores y esos sectores tienen poder de lobby”.

“La núcleo está mostrando un calentamiento compatible con que hace tres meses por una decisión política el Banco Central no lo dejan usar las armas contra la inflación“, subrayó Tetaz. Quien a su vez, sostuvo que “cuando vos tenés más inflación, el resultado es que vas a tener caída de la capacidad adquisitiva durante este año. Sobre todo, cuando te equivocás y en vez de usar la política monetaria querés bajar la inflación frenando salarios, que es otro gran error”.

No obstante, el economista resalató que “no hay dudas que la economía está creciendo, pero no es por las medidas que se tomaron en diciembre“.

martes, 24 de abril de 2018

ECONOMÍA; LA OPINIÓN DE MARTÍN TETAZ


MARTÍN TETAZ
Hubo un tiempo en que los supermercados vendían alimentos y bebidas. El modelo de negocios era bastante simple; se trataba de agrupar en un mismo espacio, la verdulería, la carnicería y el almacén. Luego llegaron los híper con una idea básica: intermediar de manera más eficiente entre el productor y el consumidor, comprometiéndose a ofrecer el precio más bajo, o a devolver la diferencia. Entonces se produjo un giro y la prioridad del precio mutó a la del servicio; ahora había que ofrecer financiamiento, degustaciones, promociones los fines de semana, juegos para los chicos, aire acondicionado y música funcional; la comida cedió ante la experiencia.
Una cosa era bajar cajas de arroz de un camión, para subirlas luego al changuito, otra muy distinta es producir una experiencia; las estructuras se inflaron y los aumentos de salarios sumados a los altos impuestos hicieron que lo que ofrecían los tradicionales hipermercados no valiera lo que costaba.
REMARCACIÓN Y RENTABILIDAD
El resultado paradójico es que los supermercados que remarcan entre un 50% y un 100% su mercadería, siendo uno de los responsables de que paguemos la comida más cara que en Europa, tienen un bajísimo margen de rentabilidad.
Según un informe de la Consultora Abeceb, la rentabilidad promedio del sector osciló entre el 1 y el 2,5% sobre facturación, entre el 2007 y el 2015.
Soy consciente que este es un resultado increíble para la gente. Hace un par de años, cuando comenté públicamente que el margen de una conocida cadena chilena, que opera en nuestro país era menor al 5%, la noticia fue recibida con escepticismo. Esta semana, a raíz del preventivo de crisis presentado por los franceses, nos enteramos que Carrefour lleva tres años perdiendo dinero.
La novedad, como era previsible, regó la grieta. En vez de discutir el problema estructural, algunos pretendieron que la crisis reflejaba una presunta caída en la capacidad adquisitiva de los sectores populares, que ya no tenían para comer. Sin embargo, el derrumbe en las ventas de los supermercados, que trasciende a Carrefour, es un fenómeno que empezó en el 2013.
Es cierto que la baja fue más pronunciada durante las recesiones del 2014 y 2016, pero la facturación de las cadenas tampoco se recuperó cuando creció la economía, en 2015 y 2017.
En ambas reactivaciones repuntó el consumo en centros de compras, por ejemplo, e incluso en el 2017 la mayor actividad en shoppings del Gran Buenos Aires estuvo motorizada por los patios de comida y los sectores de diversión, lejos del estereotipo de consumo de los sectores más acomodados.
Lo cierto es que, en simultaneo, asistimos a una expansión de los canales mayoristas por un lado y a una multiplicación de almacenes chinos, por el otro, en una suerte de doble Nelson que deja sin aire al super convencional. Los primeros, volviendo a las fuentes del negocio de intermediación, hacen pie gracias a los precios, mientras que los asiáticos ganan espacios por la combinación de proximidad, horarios flexibles y dudoso cumplimiento de normas fiscales.
Al mismo tiempo, la ventaja de los hiper en textiles y electrodomésticos, se desvaneció, porque la clase media que viaja compra afuera y los que no pueden escaparse de la prisión de los altos impuestos saliendo del país, optan por las diversas saladas, o compran electro por internet. Esto fue patente en 2016, cuando la facturación de electrónicos y artículos para el hogar, en los súper, se derrumbó por la crisis y aunque se expandió en 2017, no logró recuperar lo perdido el año anterior.
Pensemos que, según la Dirección de Estadísticas de la Ciudad de Buenos Aires, solo el 71% de la facturación de los super corresponde a Alimentos y Bebidas, que es el rubro con menor elasticidad ingreso, pero al mismo tiempo el que resultó más canibalizado por las tiendas de descuentos y los chinos.
El resultado es que según un estudio de CCR, los super perdieron 6 puntos de participación en el consumo masivo a manos de los mayoristas y los chinos, en los últimos diez años
CAMBIA, TODO CAMBIA
Mientras la opinión pública trataba de digerir las implicancias de la presentación de la multinacional francesa ante el Ministerio de Trabajo, una fuerte versión vibro los celulares de algunos periodistas; aparentemente Amazon estaría en tratativas para compra el negocio de los galos. Si se confirma sería una bomba, porque el gigante de las ventas online no cuenta en Argentina con un sistema logístico que le permita imponerse.
Asistimos a un mundo donde las formas tradicionales de intermediación están quedando obsoletas ante la potencia del fenómeno uberizador de la economía. Primero fueron los medios de transporte, donde la tecnología les pasó por arriba a las remiseras y amenaza con llevarse puestos los esquemas de regulación estatal que restringen la oferta creando rentas que solo benefician a los propietarios de ese privilegio. Ahora le está llegando también el turno a los bancos, que no podrán sostener por mucho tiempo las colosales estructuras inmobiliarias y de personal que, en la práctica, operan como un impuesto que separa el ahorro de la inversión.
Es plausible pensar que en poco tiempo los consumidores tratarán directamente con los productores y de hecho ya hay plataformas tecnológicas trabajando sobre esa idea, como la gente de POL (Productores on line). Más aún; el abaratamiento y perfeccionamiento de las impresoras 3D borrarán del mapa buena parte de las industrias tradicionales, permitiendo una relación directa entre diseñadores y público.

jueves, 29 de marzo de 2018

ECONOMÍA; OPINA MARTÍN TETAZ


La inflación está en tu mente (para dummies)


Por Martín Tetaz

Para cualquier persona que haya estudiado como funciona un programa de metas de inflación, la afirmación es obvia; todo depende de las expectativas. Para el público no especializado un comentario como este puede parecer sin sentido, o peor aún, activar la representación mental de una morsa.
¿Como funciona un programa de metas de inflación?
Una de las primeras cosas que se aprende en un curso de Economía es que el gobierno puede fijar los precios (precio máximo, por ejemplo) o las cantidades (cuotas de importación, por ejemplo), pero que nunca puede al mismo tiempo fijar precios y cantidades.
Cuando la gente escucha que un programa inflacionario es de corte monetarista, lo habitual es que piense que el gobierno controla la cantidad de dinero, o, dicho de otro modo; que emite menos.
Pero el programa de metas de inflación no funciona con esa lógica sino al revés; el banco central controla el precio, fijando la tasa de interés y la gente elige de manera libre cuánto dinero demanda a ese precio, para hacer sus eventuales transacciones y con fines de ahorro. Aquí no es la emisión la que genera la inflación, sino que el aumento del dinero en el mercado (por cualquier vía) convalida la inflación que los actores de la economía tenían en la cabeza cuando formaron los precios.
De manera que, bajo un programa de metas como el actual, la clave para bajar la inflación está en quebrar las expectativas de esos actores y lograr que todos esperen menos inflación a futuro.
En una economía donde la gente no espera inflación es más difícil hacer contratos con aumentos nominales, porque esa plata extra tiene que salir de otros consumos; cualquiera que aumenta un precio en una economía con estabilidad, sabe que venderá menos y que si, aun así, el gasto de los consumidores en ese bien aumenta, necesariamente deberá bajar el presupuesto que esas familias destinan a otros bienes.
Nadie en la Argentina del 2005 ni tampoco en la de los 90, ponía una cláusula de ajuste automático de alquileres del 25% por año, ni tampoco a los gremios se les ocurría parar, si no se les daba un 20% de aumento.
Tampoco en una economía sin inflación, los consumidores convalidarían aumentos de precios de esa magnitud en la góndola del supermercado. Si le siguen comprando al almacenero que subió 10% las galletitas, es porque saben que eso es normal, que están en una economía inflacionaria y que no se trata de una estafa del comerciante.
Cuando un aumento de precios no reduce las cantidades demandadas de un producto, es porque no está siendo interpretado por los consumidores como un encarecimiento de ese producto en relación a otros, sino como la consecuencia de una suba general de precios.
¿Subieron realmente el dólar, o las naftas? ¿o subió todo más o menos en la misma proporción?
¿Como se forman las expectativas?
Esto, por supuesto, no quiere decir que la inflación sea culpa de la gente, que sufre algún tipo de enfermedad mental, por la que convalida los aumentos.
Las expectativas no nacen de un repollo. Si la gente percibiera un mayor compromiso del gobierno, o si el Congreso prohibiera que el Banco Central financie al Tesoro, probablemente, todos esperarían menos inflación, remarcarían menos, y, por lo tanto, dada la tasa fijada por la autoridad monetaria, demandarían genuinamente menos dinero para hacer transacciones, pero más billetes para atesorar.
Es obvio que los aumentos pasados también influyen en las expectativas de aumentos futuros. Si el gobierno hiciera hoy un último tarifazo, de una vez y para siempre, eliminando por completo todos los subsidios a los servicios públicos, no sería lógico esperar que la moneda siga perdiendo valor el mes que viene, y el otro.
Lo mismo ocurre con la demanda de dólares; si la gente supiera que el billete verde no va a volver a subir, pocos pondrían sus ahorros en esa moneda.
El problema es que como ocurre en la psicología, ante la falta de evidencia de un cambio hacia futuro, la mejor expectativa sobre el comportamiento de una variable, es que repita el comportamiento pasado.
¿Cómo se quiebran las expectativas?
Para romper el círculo vicioso, necesitamos cambiar el chip en la cabeza de los actores económicos. Ayudaría mucho que el gobierno transmita un cambio de régimen, con un compromiso de eliminar el financiamiento del déficit por parte del Banco Central y que dé certidumbre de tarifas hacia delante.
La comunicación aquí también es muy importante; el Banco Central no debería comprometerse a una meta cuyo cumplimiento no esté dispuesto a garantizar, cueste lo que le cueste en materia de tasas.
En este sentido, el giro desde un control del precios (tasas) a un control de agregados (emisión), podría ser la tecnología de compromiso necesaria para que los actores de la economía esperen una inflación consistente con ese anuncio de emisión futura y formen sus precios hacia delante, pensando que esa será realmente la inflación.
Una vez que los precios se formaron, el shock inflacionario ya ocurrió en la realidad, pero el proceso de formación de los nuevos precios depende en un 100% de las expectativas de inflación futuras, que, por ahora, están en la mente de los actores.

martes, 13 de marzo de 2018

ECONOMÍA Y GÉNERO; LA OPINIÓN DE MARTÍN TETAZ


MARTÍN TETAZ
Según el análisis de la encuesta permanente de hogares (EPH) efectuado por el Econometrista de la Universidad Di Tella, Martín Rozada, las mujeres ganan en Argentina 26 por ciento menos que los hombres. Los datos pueden diferir en algunos puntos de los que han circulado esta semana por los medios, en razón de la base del cómputo, porque una cosa es comparar un año completo y otra, hacer el ejercicio en los trimestres en los que se cobra o no el aguinaldo, que obviamente es otra de las fuentes de la diferencia, porque la tasa de informalidad es mayor para ellas.
El segundo dato interesante del cálculo del Profesor Rozada, es que prácticamente todas las diferencias desaparecen cuando se controla por la cantidad de horas trabajadas. Esto quiere decir que en Argentina no hay tanta discriminación laboral directa, sino que misma tarea, en promedio, genera igual remuneración. Este es un resultado polémico; mis propios cálculos me daban para otros momentos una brecha que persistía aun teniendo en cuenta las diferencias en la jornada laboral.
Es evidente que existen barreras de acceso a cargos jerárquicos y de dirección basadas en el género. Por ejemplo, en las universidades, aunque de cada 100 personas que se gradúan, 63 son mujeres, la mayoría de los decanos y rectores son hombres. Sin embargo, es probable que en el promedio de los grandes números esos casos se diluyan y por eso no aparezca una diferencia a favor de los hombres en el salario pagado por hora de trabajo.
El punto que quiero hacer acá es que si realmente buscamos la igualdad de oportunidades debemos hacerlo con políticas públicas que ataquen todos los problemas, pero que tengan como prioritarios aquellos que mueven más la aguja de la realidad.
¿POR QUÉ TRABAJAN MENOS?
Siempre según la EPH del Indec, la tasa de participación de las mujeres en la economía es de 47,9 por ciento mientras que la de los hombres es de 69,8 por ciento. Además, el desempleo también discrimina, porque la tasa es de 9,5 por ciento para las mujeres y de 7,3 por ciento para los varones. Esto quiere decir que trabajan menos tanto porque se vuelcan en menor medida al mundo del empleo, como porque sufren mayores dificultades para conseguir un puesto, una vez que salen a buscarlo, aunque el primer problema es más grande que el segundo.
La brecha de participación que es de 22 puntos porcentuales en Argentina, es de solo el 5 por ciento en Suecia y entre ese número y el 10 por ciento de diferencias encontramos a Finlandia, Dinamarca, Austria, Portugal y Francia, por nombrar algunos de los casos de países desarrollados en los que evidentemente la participación es más igualitaria. Pero el problema es más grave aún, porque incluso cuando las mujeres en todo el mundo se vuelcan en mayor medida al mundo del trabajo, persiste una propensión a mantenerse en empleos de medio tiempo.
Lo importante aquí, por supuesto, no es que necesariamente las mujeres tengan que trabajar tanto como los hombres. Es legítimo que dentro de un hogar exista una división de las tareas por la que la persona que puede conseguir un mejor empleo le dedique más tiempo al mercado laboral, mientras que las tareas del hogar recaigan en mayor medida en otro integrante de la pareja, solo que no está claro que eso quiera decir que la mujer se tiene que quedar en la casa y el hombre salir a trabajar. De hecho, si miramos la evolución del capital humano en el tiempo, en el año 1974, cuando el Indec hizo por primera vez la Encuesta Permanente de Hogares, 7,3 por ciento de los hombres en el Gran Buenos Aires tenían estudios superiores, mientras que 4,9 por ciento de las mujeres contaban con ese privilegio. Hoy, la cifra de hombres con educación terciaria o universitaria asciende a 17,4 por ciento, pero el porcentaje de mujeres en la misma condición se eleva hasta 22,7 por ciento. Si esta tendencia persiste, como parecen indicar los números de graduación universitaria por género; desde el punto de vista económico deberíamos asistir a una reversión en las tasas de participación, en favor de las mujeres.
Si ello no está ocurriendo en mayor medida es porque las instituciones formales e informales que regulan las relaciones del trabajo, atrasan cuarenta años. En el campo de la Ley, deben ser removidos los incentivos artificiales a contratar hombres, como por ejemplo la licencia por maternidad que le asigna más tiempo para el cuidado de los niños a la madre, que al padre, puesto que si el empresario estima que ellas se ausentarán del empleo con mayor probabilidad, será renuente a contratarlas. Lo mismo ocurre con el cuidado de los niños pequeños; si el sistema de educación pública formal no los contiene desde más temprano, alguno de los integrantes del hogar debe cuidarlos, salvo que tengan la posibilidad económica de pagar una guardería privada.
Y aquí empieza a verse el problema de las instituciones informales, porque en la mayoría de los casos la sociedad asume que la que tiene que postergar su carrera o emplearse part time, es la madre, cuando desde el punto de vista económico es cada vez menos cierto que eso sea conveniente.
No tengo nada en contra de que una pareja quiera formar una familia con perspectiva tradicional, arraigada en los valores del siglo pasado, según los cuales hay roles de género predeterminados. Lo que no podemos permitir es que el Estado cristalice ese tipo de estructura social, generando incentivos que le hacen más empinada la cuesta a aquellas parejas que comulgan con ideales más liberales, en las que los derechos a desarrollarse no están condicionados de antemano por haber nacido hombre o mujer.