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miércoles, 28 de febrero de 2018

EN EL DECORATIVO; PERROS DE EXPOSICIÓN Y MASCOTAS DE VISITA


Museo dog friendly: ladra el Decorativo en una muestra para llevar a las mascotas
En la muestra de porcelanas, esculturas y fotos de bulldogs, galgos y dogos, son bienvenidos los visitantes con perros
En el aire, cada diez minutos resuenan ladridos grabados, que salen de los parlantes. Hay pegadas por todas partes pisadas color turquesa y, en dos paredes, enfrentadas, se miran unos galgos que el artista Martín Orozco dibujó con carbonilla. Pero esto no es todo: en la muestra "¡Perros sueltos en el Museo!", que por el verano expone el Museo Nacional de Arte Decorativo, los visitantes llevan de paseo a sus mascotas. Eso sí: con correas tirantes o en brazos, buscando la elegancia seguridad que exigen el lugar.
"A los perros les llama la atención, porque escuchan los sonidos y se genera una interacción muy graciosa", comenta Hugo Pontoriero, curador de la muestra que exhibe 230 piezas que representa... perros. Son de porcelana europea y fueron realizadas entre 1910 y 1920. "El hecho que sea dog friendly acerca la muestra al público, nos permite masificarla y es innovador. Aunque es la primera vez que se hace en la Argentina, ya hubo casos en museos del exterior", señala.
En cuestión de escalas, existe un contrapunto entre esculturas de vitrina, de pequeño formato, y otras de jardines. "Da una situación muy lúdica, por ejemplo, con un bronce de tamaño real que no está detrás de ningún vidrio", precisa el curador. "En general, los animales demuestran un poco de miedo y entonces se siente el eco: los de menor tamaño ven la escultura, que llega hasta triplicarlos, y le ladran. En cambio, los más grandes la huelen y rápidamente se dan cuenta de que no es real", distingue Yanina Ferrán, encargada de seguridad de las salas del subsuelo. Pero solo tres de cada diez son perros medianos o grandes.

Donada por Juan Carlos Rodríguez Pividal y Mercedes Pirovano de Álzaga, esta colección pública no se mostraba desde finales de los 80. "Es tan grande que no tenemos un espacio para tenerla de forma permanente", explica Pontoriero. Fue él quien decidió que estuviera organizada por núcleos temáticos, que en este caso son las diferentes razas, para hacerla más cercana al público. "Las personas traen a sus perros en mayor medida los fines de semana. Calculamos que ya vinieron entre 120 y 150 perros", contabiliza.
El recorrido comienza con unas miniaturas de porcelana: galgos ingleses y rusos. De esta especie descienden todas las demás. Cada vitrina lleva enmarcada una breve historia curiosa. En la dedicada a los pekineses, originarios de la capital china, se detalla: "Se les atribuye la capacidad de ahuyentar a los malos espíritus. Durante mucho tiempo tuvieron rango divino, por lo que solamente la nobleza podía disfrutar de su compañía y su exportación estaba prohibida".


Por sus características, las porcelanas tienen una historia propia. "Son manufacturas que hacían las mejores marcas de aquella época; objetos de lujo consumidos por la burguesía, y había catálogos para que los compradores seleccionaran la que querían", dice Pontoriero. A diferencia del bronce, que es muy caro, las porcelanas volvían un poco más accesible el consumo, aunque nunca fue algo de orden masivo. "Se pueden ver los recibos de la adquisición de muchas de las esculturas. Esta documentación permite dar cuenta del contexto", apunta el curador.
En claro contrapunto curatorial, la segunda sala exhibe obras de fotógrafos como Lucio Boschi, Eric Mencher, Marina Sersale y Uberto Gasche. Aquí vale la pena destacar el trabajo junto con la Fundación Zorba, presidida por Isabel Estrada, cuyo objetivo es cambiar la mentalidad argentina con respecto al cuidado de los animales. "No queríamos quedarnos solamente con los objetos de 1910, sino conectar la muestra con el presente y que tuviera un componente social", explican, en referencia a los galgódromos, aunque en diciembre pasado se aprobó una ley que prohíbe estas carreras.
La escritora argentina Sara Gallardo los inmortalizó en su novela Los galgos, los galgos: "Lo mejor era sin embargo su cabeza de corza, los ojos ribeteados de negro, las orejas sedosas que se alzaban a cada momento plegándole la frente y volvían a caer a los lados".
Para agendar
¡Perros sueltos en el Museo! abre de martes a domingos, de 12.30 a 19; gratis
La exposición
Donación Rodríguez Pividal. Colección MNAD. Galgos, Dogos, Bulldogs, Collies, San Bernardo, Pugs y diversas razas están representadas en la muestra que se puede visitar en el MNAD, Libertador 1902, con entrada gratuita.
Fin de fiesta perruna
Para el 15 de marzo, en el museo ya preparan una gran fiesta de perros, con entrada libre y gratuita. En un living alfombrado presentarán algunos galgos rescatados por la Fundación Zorba, que trabaja en la protección de animales que sufren maltratos en carreras ilegales. "Van a estar engalanados con collares para que se los vuelva a ver bellos", describe Isabel Estrada. Están invitados los vecinos y, por supuesto, está permitido ingresar con mascotas.


J. P. B.

sábado, 16 de septiembre de 2017

PERROS ASISTENTES....EL MÁS GRANDE AMOR



Milka ha sido entrenada para hacer algo que muchos humanos no pueden: escuchar atentamente, con paciencia ilimitada, mientras sus amigos leen en voz alta. Está echada en el piso y Vicky, de 8 años, compenetrada en la historia que le está contando, cada tanto hace una pausa para mostrarle las ilustraciones.



Durante siglos, los perros han asistido a personas ciegas, sordas o con movilidad reducida. Luego comenzaron las terapias, al comprobarse que los animales ayudan a levantar la autoestima o llevar a cabo una rehabilitación. Pero en los últimos años, el mejor amigo del hombre también colabora en la educación como motivador de la lectura, una práctica donde junto con profesionales de este rubro, motivan a los chicos a aprender.

El disparador se dio hace casi dos décadas en los Estados Unidos. Los perros son los mejores oyentes para un niño, más aún si lee con dificultad. No juzga, no se ríe e incluso puede levantar la pata cuando no entiende algo. "Cuando un chico le lee a un perro no tiene la presión de sus compañeros, a la vez que establece un vínculo con un ser vivo que provee beneficios psicológicos: menor presión sanguínea, respiración más lenta, relajación, sumado a la generación de altas dosis de hormonas de placer como la oxitocina. Es un compañero que nunca se burla o comenta con los amigos. Los niños se convencen de que el perro está escuchando atentamente y quieren que entiendan la historia. Los hace sentir bien y les divierte. De golpe aprender no es tan tedioso y empiezan a adquirir amor por la lectura y los libros", cuenta Kathy Klotz, directora ejecutiva de Intermountain Therapy Animals, institución que ejecuta el programa READ en Estados Unidos.
La organización fue pionera en dicho país, cuando en 1999 lanzó la iniciativa de que los niños le lean a un perro en una biblioteca de Salt Lake City, en el estado de Utah.
Un año después debutaba en una escuela primaria. Actualmente tiene registrados más de 6500 "equipos terapéuticos" (personas con animales, aprobados con licencia y seguro) en los 50 estados norteamericanos y otros 17 países.
"Estos equipos no sólo van a bibliotecas y escuelas. También dan clases particulares en hospitales, residencias de cuidados especiales y hasta en reformatorios. Por supuesto ahora hay muchos, muchos programas que imitan READ, pero nuestro modelo fue el primero en trabajar con animales terapéuticos en la literatura", explica.
A nivel local
En el barrio de Las Tunas, en la localidad de Tigre, Mercedes Maison Baibiene llega en el auto con su perra Milka. Los chicos se abalanzan sobre la ventanilla. La están esperando con ansiedad. Todos los martes, su labrador color chocolate escucha las historias que tienen para contarle. Están en una de las ludotecas de Potencialidades, una ONG que colabora en la zona. El programa, Entre Libros y Hocicos, llevado a cabo por profesionales amantes de sus mascotas, debutó hace pocos meses.
"Incorporamos la educación en el juego. Son chicos de segundo y tercer grado que leen con dificultad, no porque tengan un problema de aprendizaje, sino porque la enseñanza escolar es insuficiente y no practican", cuenta Maison Baibiene, fundadora de Entre Libros y Hocicos, conformado por un grupo de profesionales de la educación y el adiestramiento canino. Una psicopedagoga acompaña siempre las sesiones.
Los chicos se van turnando para que todos lean. Milka, echada en el medio de la ronda, tiene un chaleco con bolsillos, y cuando termina el cuento viene la parte más divertida. Se dividen en dos grupos y alguno de los niños saca el primer papel del chaleco, con preguntas relacionadas con la historia para lograr la compresión lectora. ¿Cómo se llama la protagonista del cuento? El otro grupo contesta: ¡Micaela! Pero ahí se pone en juego si Milka estuvo atenta al relato. La adiestradora le muestra dos carteles y la perra indica con el hocico o la pata si la respuesta fue correcta. "A veces la hacemos equivocar a propósito, depende lo que diga la psicopedagoga, para hacerle ver al chico que Milka también comete errores y es normal", aclara Maison Baibiene.
Hay otro tipo de juegos, como pegarle las sílabas de una palabra en su chaleco con abrojo, o que el animal responda si va con B o V.
El programa, que actúa como motivador para cualquier niño, es ideal en situaciones de lectura con dificultad, como la dislexia. La perra incluso recibe señas de su amo: levanta la pata para indicar que no entendió esa parte, para lo cual el profesional le pide al niño si puede releer. De esta manera no es el adulto sino el perro quien "corrige", lo cual psicológicamente lo afecta de otra manera. Cuando la mascota levanta la oreja es porque tal vez no entendió un término y hay que explicárselo o buscarlo en el diccionario.
Con 18 años de experiencia, Klotz asegura que los resultados parecen mágicos. "Hemos comprobado que los chicos mejoran su lectura de dos y hasta cuatro niveles de grado en un año en una terapia semanal con un equipo (perro y entrenador). Al principio pensamos que sería una moda pasajera que disminuiría, pero fue al revés. Nuestro manual de entrenamiento tiene 200 páginas con valiosos aportes de muchos educadores", detalla.
Entre Libros y Hocicos tendrá la primera reunión en un colegio para hacer talleres, aunque al ser una práctica novedosa, en el rubro de la educación por ahora hay resistencia al ingreso de animales.
En España en cambio, Perros y Letras trabaja en más de 500 colegios del país. En Australia hace lo mismo Story Dogs, y así se replica en otros países. En los Estados Unidos, Leele a Fritz, Leele a Taz, Leele a Pepper o Leyendo con Rover se reproducen como células en cada biblioteca con el nombre de la mascota estrella.
En las escuelas también hay muchas organizaciones como Barks, Sit Stay Read! o Helping Paws, donde los chicos esperan que llegue el día para que, por un momento, su amigo de cuatro patas reemplace a la maestra.
"Hay que lograr la implementación de una ley que regule este tipo de intervenciones para que así se pueda dar mayor confianza a las instituciones", aporta Mariela Brizi, quien junto con Josefina Larregui y Lorena Heit fundaron Terapia Ocupacional Asistida con Animales (Toaca) en 2008, en Buenos Aires. Al no estar legislado hay más prejuicios y temores en los espacios públicos, pues no hay seguridad de que el animal no vaya a hacer algún daño.

Ellas hacen terapia asistida con perros. Ayudan a personas adultas con padecimientos mentales y distintos grados de deterioro cognitivo. "Si bien el trabajo en el país es similar a lo que se hace en el mundo, afuera hay una tendencia al ingreso de perros de terapia en hospitales que aún es difícil ver aquí", asegura. El beneficio de trabajar con animales en la salud no es nuevo y se aborda tomando al ser humano como un todo, donde lo emocional beneficia a toda la persona.
READ, que se ha expandido en lugares como Eslovenia, Kazakhstán, Rusia, Islandia, los países escandinavos o Sudáfrica, ya tiene en marcha el proyecto de llegar a América del Sur. De esta manera se homologaría al animal y su amo bajo estándares internacionales.
Cuando Milka se sube al auto, los chicos la despiden hasta que desaparece. No sólo les aportó un momento educativo. También compartieron un lugar para aprender valores y jugar por un rato sin pensar en sus necesidades o carencias. En una semana volverán por ella. Y por los libros también.