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domingo, 20 de agosto de 2023

PLAYLIST , SU LIBRO Y SU HISTORIA


La historia detrás del gran bolero del compositor y de la mujer que inspiró su mayor éxito
Le llevó más de un año completarlo, fue interpretado por todos los grandes de la canción romántica y terminó en una demanda contra Vicentico
Fernando GarcíaNovarro tituló su autobiografía Algo conmigo
“¿Fui mejor escritor de boleros que amante?”, se preguntaba Chico Novarro entre las reflexiones finales de su autobiografía Algo conmigo (Planeta, 2018). El músico, precoz en orquestas de pueblo, baterista de jazz moderno, cool y de lentes negros; pionero de la cumbia y el pop antillano, songwriter estrella del Club del Clan, comediante y hasta tanguero, la respuesta es que sí. No podemos meternos bajo las sábanas del multifacético compositor de eterno pelo nevado pero sí es posible estimar el impacto que su acercamiento al bolero tuvo a partir de canciones como “Algo contigo”, editada por Microfón como simple en 1977 (con la curiosa “Milonga del raje” como cara B) a partir del éxito que Algo contigo, el LP, había tenido un año antes.
Novarro llevaba editando (y vendiendo) discos como solista desde 1961, pero su dirección artística había pegado un giro con la edición del álbum Punto y aparte que el exquisito sello Trova le grabó con la venia de Vinicius de Moraes, en 1969. En el bolero, Novarro pudo disponer en un mismo tablero sus inquietudes jazzísticas, su talento como melodista y un equilibrio único para echar mano a la narrativa del género abrevando en sus tópicos pero evitando que desbarranquen hacia el abismo del cliché.
“Algo contigo” es por lejos la mejor canción de aquel álbum de 1976, en donde Novarro se dejaba retratar en la portada como un galán maduro a mitad de camino entre el rat pack y la estrella romántica latina. Era un avance con respecto a la época del Club del Clan cuando elsvengali Leo Vanés hacía que lo fotografiasen descalzo como parte de la planificada imagen del primer fenómeno de la cultura joven argentina. Novarro recordaba que aquellas sesiones que aceptaba resignado se llevaron a cabo en el estudio que compartían Alicia D’amico y Sara Facio, hoy parte de la historia grande de la fotografía argentina.
“Algo contigo” sigue siendo la canción más escuchada de Chico Novarro (casi 2.900.000 clics en Spotify) en la era del streaming, seguida de lejos por “Arráncame la vida”, otro bolerazo que inspiró un éxito teatral, y varios de sus clásicos tropicales como “El camaleón” y “El orangután”, de los que el versátil autor no reniega pero considera casi pecados de juventud (ver aparte).
La hemos escuchado cantada por tantas voces (desde la autoridad del trío Los Panchos a estrellas latinas como el Puma Rodríguez, Rosario y referentes del rock como Vicentico y Andrés Calamaro) que casi se nos pierde el sonido de la original. Novarro la grabó con arreglos y dirección orquestal de Oscar Cardozo Ocampo y la introducción de casi treinta segundos en la que un piano Fender Rhodes preanuncia la armonía sosteniendo el vuelo etéreo de una flauta traversa es una obra aparte.
A partir de la entrada de Novarro con el imborrable “Hace falta que te diga…” la concepción instrumental elige el tono de un pop melódico (bajo y batería bien pronunciados) orquestado antes que el juego de guitarra española y percusión clásico del género. Hay una intención en Novarro y el genial Cardozo Ocampo de llevar el bolero hacia las orillas de una balada de jazz contemporánea mientras los arreglos de cuerdas enfatizan la desesperación del amante incompleto y sus celos al borde de la vigilancia (“Necesito controlar tu vida, saber quién te besa y quién te abriga”, “Ya no puedo continuar espiando día y noche tu llegada”).



Soliloquio de café
Novarro no ha inventado nada, pero le pone a la pasión enfermiza del bolero un tono de soliloquio de café. De café de Buenos Aires, sin equívocos. Por el contrario, es Vicentico, cuya versión del bolero lo relanzó como cantante popular, el que la lleva hacia su raíz latina y tropical, con la instrumentación clásica de la rumba y síncopas de la salsa. Su versión de 2003 desagradó en principio a Novarro, que le inició unademandaporconsiderarquelos arreglos eran “irrespetuosos” con el original. El melodista no consiguió éxito en la justicia, pero sí en el mercado. A partir del suceso que tuvo el cover del cantante de Los Fabulosos Cadillacs llegó el pedido de autorización para usar el bolero en una publicidad de mayonesa (donde las ideas originales de Novarro se trasladan al amor materno: raro) con el correspondiente pago para su autor. Y Chico aceptó el cheque. Para la generación digital es la canción de Vicentico: más de 140.000.000 clics en Spotify. Si bien evitó referirse al episodio en su autobiografía, se sabe que a Novarro le molestó sobre todo el scat final donde Vicentico juega con la letra.
En el libro Algo conmigo, Novarro cuenta la historia que le inspiró la primer frase de una letra que le costó casi un año completar. El ex Club del Clan tenía un amorío con Norma, una estudiante de psicología bastante más joven que él. Estaban en Punta del Este y fueron a ver un show de café concert de Antonio Gasalla y Carlos Perciavalle del que también formaba parte una “actriz muy hermosa” a la que Novarro evita nombrar. Después del show, Novarro saludó en bambalinas a esta “actriz muy hermosa” y Norma le apuntó al entrecejo: “Chico, esta mujer tiene algo con vos”. La frase de su amante le despertó la idea de “Algo contigo” y la ficción del personaje del bolero y la realidad de Novarro terminaron entremezcladas.
El bolerista tuvo efectivamente un affaire con la “actriz muy hermosa” y dejó a la estudiante de psicología que, años después, lo visitó a la salida de un teatro para preguntarle si “Algo contigo” se lo había dedicado a ella. Novarro dice en su libro que evitó responderle para alejarla de su vida. Otra versión indica que el bolero está dedicado a la cantante peruana Lisette Álvarez, intérprete de su songbook, de la que terminó enamorándose sin ser correspondido y que eligió en cambio caer en los brazo del cubano Willy Chirino. Tal la ruta del bolero, la más inoxidable entre las casi de setecientas canciones que Novarro compuso ¿Sus hazañas eróticas? Cosa suya.



Del tango al rock y de nuevo al bolero, cinco canciones esenciales para volver a escuchar
Playlist. El talento de Novarro para las letras, para contar las distintas aristas del amor, tanto cuando comienza como cuando termina, y su imparable capacidad de observación brillan en estas obras
Mauro Apicella
“Y hace falta que te diga que me muero por tener algo contigo”. Una las particularidades que tiene este bolerazo de Chico Novarro es que no anda con vueltas. Esa es la primera frase de “Algo contigo”. Va al punto, sin rodeos. Y esa no es la única gema del repertorio de Chico Novarro. 1. “Arráncame la vida”. Lo mismo que con “Algo contigo”. Todo lo que tiene para decir está en los primeros versos. “Arráncame la vida de un tirón/que el corazón/ ya te lo he dado”. El resto es un desarrollo de la idea. 2. “Cuenta conmigo”. No son tantas las “formas de amar” que se pueden encontrar en el bolero. Sin embargo, Chico encontró el “sistema” para que mostrar esas diferentes aristas. Esa es la palabra que usa en esta canción “Y si resulta que no resulta, mi sistema de quererte / Cuenta conmigo nada más que para siempre”. Un tema verdaderamente rompecorazones.

3. “Carta de un león a otro”. Para muchos es la mejor canción escrita por Chico Novarro. Comenzó a escucharse en voces como la de María Elena Walsh, que no solía cantar temas de otros autores, y más adelante en la del mayor crooner que tuvo el rock argentino, Juan Carlos Baglietto. El disparador de esta canción fue una situación sencilla y cotidiana. A los hijos de Novarro les gustaba ir al zoológico. En una visita, Chico se quedó observando al león y pensó en su aburrimiento. Luego surgió la idea de conectar, en una canción, las realidades de dos leones. El tema habló de la libertad, en tiempos en los que escaseaba.

4. “Nuestro balance”. En 1978 publicó un álbum llamado Por fin al tango. Incluía temas como “Convencernos”, que escribió con Eladia Blázquez, y “Nuestro balance”, con esa manera tan particular de Novarro para exponer sentimientos. Es la historia de un hombre que propone una charla serena en un bar, café de por medio, que termina convertido en catarsis por lo que fue y ya no será. “Estoy gritando sin querer, porque no puedo contener esta amargura que me ahoga. Perdona, no lo puedo remediar, mi corazón se abrió de par en par”

5. “Cordón”. Otro de sus tangos más famosos. Carga con esa mirada tan particular y, por momentos, inesperada: Quizá la elección haya sido inocente, pero el cordón de la vereda no deja de ser parte de la iconografía tanguera. El talento de Novarro ha sido tomar ese detalle, que parece pequeño, para extraerlo de la compleja pintura tanguera. Para darle protagonismo. Lo convierte en un personaje. Le da vida: “Contame un poco más del tiempo aquel, en que el tranvía te afeitaba; cuando la noche era un festín, de taco y de carmín en la enramada”.

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sábado, 9 de octubre de 2021

PLAYLIST


Sex Education. cómo es el despertar musical de Otis y Maeve
Clásicos como el “Hound Dog” de Big Mama Thornton a hits ochentosos como el “Save a Prayer” de Duran Duran desfilan por la tercera temporada de Sex Education
F. G. 
Otis y Maeve escuchan muy buena música mientras exploran sus sexualidadesSam Taylor/Netflix


Estrenada hace diez días, la tercera temporada de la producción británica Sex Education quedó pegada al top cinco de Netflix. Una comedia generacional que retrata como pocas los cambios en las costumbres sociales y sexuales de los chicos nacidos en los primeros diez años del siglo XX, es además una original vuelta de tuerca al subgénero high school. Con una magnífica Gillian Anderson (la Doctora Milburn) en la punta de la pirámide del elenco, Sex Education sigue las vidas de Otis (Asa Butterfield) y Maeve (Emma Mackey) también desde una banda de sonido que toma la historia pop en bloque aplicando sus tópicos a cada una de las situaciones. La juke box de la temporada 3 es un deleite de principio a fin con guiños retros, reivindicaciones y, claro, grandes canciones de amor.
“Hound Dog” (Big Mama Thornton, 1952). El futuro hit de Elvis Presley y una de las campanas de llamada para la asonada del rock and roll ya había sido grabado antes por esta cantante negra de blues (1926-1984) que va del gruñido al aullido marcando territorio para la música del futuro. Fue compuesta por el infalible dúo que hicieron Jerry Leiber y Mike Stoller (dos décadas de hits) y en esta versión se ha vuelto frecuente en bandas de sonido: desde el revival de American Graffiti y Grease en los 70 a Forrest Gump y Lilo & Sticht ya en el nuevo siglo. Tal es la urgencia de su llamado original que cuando la escuchamos musicalizando una escena de júbilo sexual de Otis el oído no repara en su antigüedad (¡70 años!). Forever young...


“Perhaps, Perhaps, Perhaps” (Doris Day, 1964). El recurso vintage en la musicalización queda más expuesto con esta adaptación que la rubia emblema del sueño americano hizo del éxito latino y global que Bobby Capó grabó en 1947. Una especie de rumba que nos hizo olvidar de su autor original (el cubano Osvaldo Farrés) para resignificarse en francés (“Qui Sait, Qui Sait”) en la voz de Luis Mariano y en inglés grabada también en 1948 por Desi Arnaz. La de Doris Day conserva algunos arreglos percusivos en la intro pero está puesta como señal de inocencia que era el sello que trasuntaba la actriz-cantante aunque para 1964 ya calificara como oldie. Volvió en clave de consumo irónico con Cake, en 1996, pero el chiste ya era viejo y a las inseguridades eróticas de la comunidad de Moordale le queda mucho mejor el susurro de la rubia, de todos modos.


“The Man in Me” (Bob Dylan, 1970).
New Morning fue el álbum con el que Dylan volvió a su mejor forma después del traspié de Self Portrait que la crítica juzgó por demás errático. Incluía el clásico “If Not for You” que también hizo George Harrison en el triple All Things Must Pass y esta canción que en la tercera temporada está puesta como fondo a una cita doble en el bowling entre Otis y Ruby (Mimi Keene) y Adam (Connor Swindles) y Eric (Ncuti Gatwa). La inclusión en la serie es una referencia cinéfila a los hermanos Coen. Había sonado en El Gran Lebowski (1998).


“The Ballad of El Goodo” (Big Star, 1972).
Se escucha en el cierre de la temporada en una escena protagonizada por Maeve. Rock independiente de culto rescatado en los 90. El cancionero de Alex Chilton y Chris Bell para Big Star resuena con toda la problemática de la serie y hace de la fragilidad adolescente su paradojal fortaleza. Una de las mejores muestras del estilo electro-acústico de un grupo salido de Memphis como Elvis pero con un perfil tan bajo que tardaron más de veinte años en hacerse escuchar.


“Under Pressure” (David Bowie, 1982)
. Qué duda cabe. Si Sex Education hubiera sido un musical del off londinense de fines de los 60 hubiera tenido al ubicuo Bowie de entonces en su elenco: actor, mimo, cantante, andrógino. Le caben todos los papeles. La serie lo rescata desde su primer álbum solista cuando su estilo estaba en formación y no se decidía entre ser Scott Walker o Tom Jones. En la tercera temporada vuelve con “Under Pressure”, la colaboración que hizo con Queen para levantar el nivel de un álbum flojo como Hot Space. Musicaliza la infancia de Lily (Tanya Reynolds), heroína queer de la serie.


“Save a Prayer” (Duran Duran, 1982).
Pasado el terremoto punk, las cosas volvieron un poco al orden en la música pop y Duran Duran se encargó de componer las mejores serenatas para la generación del walkman. Galanes new romantic, llevaron el art-rock de Roxy Music a las masas mezclando el culto por las estrellas de cine con las fantasías visuales del glam. “Save a Prayer” es acaso la más perfecta de sus baladas definida por el coro y ese zumbido de guitarra sintetizada que atravesaba las pistas de baile como un misil teledirigido al corazón. La aventura entre Otis y Ruby se vuelve noviazgo con este sonido new wave de fondo.


“Pump Up The Jam” (Technotronic, 1989).
Objeto de la tecnofobia, la ausencia de Technotronic en un festival dejó el canto “¡No viene/ No viene/Technotronic!” superpuesto al estribillo de su hitazo global “The Beat is Technotronic”. Pero fue “PumpUp the Jam”, claro, el que le dio al efímero grupo belga su cuarto de hora mezclando hip hop y deep house en una pieza dance de altísima viralidad. La primer canción house en llegar al número uno en Estados Unidos sigue ahí como tester generacional. En la serie le toca al profesor Hendricks (Jim Howick) en el karaoke.


“Gonna Make You Sweat” (C&C Music Factory, 1990).
En la misma línea de Technotronic, este hit quemapistas de C&C marcó ese comienzo dance de los 90 con samples, cantos de sirena soul y lo que se llamaba en forma genérica marcha. La estructura de productores con cantantes alquilados era muy común a estas agrupaciones (que es más correcto que decir bandas o grupos) cuyos hits quedaron impregnados en la memoria coletiva como proto memes. Así es como en la serie es un señuelo para mostrar la escena en una fiesta de disfraces en la que Ruby le echa el ojo a Otis.


“Hot Topic” (Le Tigre, 1999).
Junto con Big Star, la aparición del trío de chicas LGBT es el mayor rescate indie de la serie. Surgidas del hardcore de Bikini Kill se hicieron abanderadas del feminismo y de un subgénero conocido como electroclash. “Hot Topic” es como si Las Ketchup y B 52′s hubieran unido fuerzas en una locación de ciencia ficción clase B. Una canción basada en la percusión, ultrasónica y repetitiva hasta la hipnosis. Parte de lo que lleva Maeve en sus auriculares en uno de los capítulos de esta temporada. Adictivas.


“Tender” (Blur, 1999).
El momento telenovelero de la temporada 3 se define en los brazos de este neo góspel en el que se encuentra el mejor Damon Albarn con Blur. Parte del derrotero sentimental de Otis y Ruby que resignifica la letra: “Love the greatest thing that we share” (el amor es lo mejor que tenemos para compartir). Vengan y atraviésenlo, como pide la canción con un sentimiento casi de plegaria. Una confirmación del brit pop como banda de sonido de la vida más allá de sus vaivenes conservadores y su (no tan fina) estampa retro. Blur y Oasis volvieron a cantar la vida de millones más allá de cualquier posición darwinista sobre el pop.

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domingo, 25 de abril de 2021

PLAYLIST


The Boys: de Aerosmith y Beach Boys a Billy Joel y R.E.M, la música ideal para cualquier superhéroe
La serie de Amazon Prime Video cuenta con una banda de sonido plagada de grandes canciones de los 60, 70, 80 y 90 también
F. G 

Joe Perry y Steven Tyler: los "gemelos tóxicos" de Aerosmith son parte de la banda de sonido de la serie Theo Wargo 
Una serie de superhéroes que se comportan con impunidad parapolicial y que son explotados por una corporación llamada Vought International con la cualidad de influencers o modelos publicitarios, parece toda una crítica al propio sistema que la promueve. Y es así: el servicio de streaming de Amazon (Amazon Prime Video) es capaz de poner en escena un cómic que mira de reojo los abusos del tardocapitalismo. En esa paradoja, un pseudo detective llamado The Butcher (Karl Urban) une fuerzas con Hughie (Jack Quaid), un anodino vendedor de insumos electrónicos que es fan de Billy Joel, James Taylor y Simon & Garfunkel, para denunciar a la casta de superhéroes corruptos. Así es como en ese enfrentamiento con hombres y mujeres de calzas y capas (Homelander, Queen Maeve, Starlight, A-Train) suenan también héroes, heroínas y anithérores del pop y el rock de los Beach Boys a R.E.M.


“God Only Knows” (The Beach Boys, 1966). El ejemplo perfecto de la sinfonía para adolescentes que Charly García había traído de recuerdo para la reunión de Sui Generis es esta canción, la joya más acabada en la corona de Brian Wilson, el retraído genio de los Beach Boys. El mismo año que los Beatles escribían el futurismo pop con Revolver, lar armonías vocales de los californianos eran llevadas a una calidad sublime que convirtió al álbum Pet Sounds en un clásico instantáneo. La frase “Solo dios sabe cómo me siento sin vos”, pasó de Carl Wilson a The Butcher que se la musita a su amada Becca en la segunda temporada de la serie.


“Dream On” (Aerosmith, 1973). El primer gran clásico de Aerosmith salió publicado por el sello negro Motown (un anticipo de la colaboración del grupo de hard rock con Run DMC en los 80) como simple del disco debut, pero Steven Tyler ya lo había compuesto en 1965. El cantante que ostenta los superpoderes de Mick Jagger y Robert Plant dejó su impronta en esta balada de piano con un arreglo de guitarra barroca que encuentra explosión en el estribillo. Eminem volvería a subrayar esa interacción entre el pop blanco y negro echando mano a un sample para su “Sing for the Moment” (2002). Se la escucha en el episodio 5 de la segunda temporada. La serie tiene cameos de hip hop a través de Anderson.Paak y el rapper francés André.


“The Boys are Back in Town” (Thin Lizzy, 1975): El éxito de esta serie de superhéroes corporativos hace que el viejo hit del grupo irlandés Thin Lizzy quede inmediatamente asociado a su nombre. Pero Phil Lynott, el bajista y cantante que tiene una estatua en Dublín, no estaba pensando en esto cuando la escribió y grabó con su grupo como simple del álbum Jailbreak. Lynott es todo un héroe para los afroirlandeses al ser el primero de su comunidad en consagrarse en el pop y la canción es tocada religiosamente en Dublín cuando juega la selección de rugby. Se distingue por el sonido de las guitarras en armonía que pasaría a la New Wave of British Heavy Metal y por anticipar la sensibilidad pop que The Clash cultivó durante los días de furia del punk.


“Cherry Bomb” (The Runaways, 1976). Otro gran rescate de The Boys son, justamente, estas chicas superpoderosas que se pusieron en la frontera del metal y el punk para anticipar todo el movimiento Riot Grrrl de los 90 con glamour, tachas y un riff tan abrasivo como el de “Cherry Bomb”, el tema más explosivo de su álbum debut. Activas entre 1975 y 1979 fueron la cantera de la guitarrista Lita Ford y la más conocida Joan Jett, una especie de Batichica ramonera que explotaría en las discos en los 80 con el hit “I Love Rock and Roll”. Suena como cierre del episodio 3 de la primera temporada.


“Barracuda” (Heart, 1977). Nancy y Ann Wilson eran de Seattle pero Heart se desarrolló en Canadá y con su segundo álbum, Little Heart, le pusieron voz de mujer a un género macho como el hard rock con canciones como la tremebunda “Barracuda”. Como una ráfaga llegaron a la tapa de Rolling Stone para diluirse en los 80. Es la primera canción pop que se escucha en la serie cuando se apunta a Des Moines, Iowa, de donde llega una candidata a superchica. También en la banda sonora de The Umbrella Academy y en películas como Shrek III, Los ángeles de Charlie y el video game Grand Theft Auto. Acaso Heart nunca fue tan escuchado durante su breve reinado.


“The Passenger” (Iggy Pop, 1977). La intro de uno de los pocos hits de Iggy Pop (que en Argentina se conoció en la segunda mitad dark de los 80 vía Siouxsie and the Banshees) se deja oír apenas en la primera temporada de la serie. Parte de Lust for Life, su segundo álbum de 1977 producido (como el más sombrío The Idiot) por David Bowie. Es el disco más vendido por Iggy Pop en Inglaterra y en Estados Unidos le tocó competir con los funerales del Rey Elvis que acapararon toda la atención de RCA, el sello que trabajaba su relanzamiento. En su carácter de sobreviviente, Iggy podría haber sido fichado por la poderosa corporación Vought (“La Iguana”) pero ya sabemos que hubiera saboteado todo intento por construirle un nicho en el mundo perfecto de los superhéroes.


“Psycho Killer” (Talking Heads, 1977). El 77 es un año significativo para el soundtrack de la serie. El grupo que llevó la new wave a un estado de sofisticación difícil de imitar (por más intentos que hayan hecho LCD Soundsystem, Franz Ferdinand o The Rapture) plantaba bandera con su álbum debut llamado Talking Heads 77. La obsesión del asesino serial que describe la letra y voz de David Byrne ya viene sublimada en esa intro donde al pulso maníaco del bajo se le suman las guitarras tocando una suerte de blues neurótico. Se volvería el primer clásico de Talking Heads por su versión en vivo incluida en la película Stop Making Sense (1984), de alta rotación en video-bares (una pieza de arqueología urbana). Se escucha en el episodio 2 de la Temporada 2.


“Only the Good Die Young” (Billy Joel, 1977). Antihéroe en la galaxia pop, que nunca terminó de deglutirlo como ícono a pesar de los hits, el McCartney de Manhattan es el auténtico héroe del soundtrack de The Boys con cinco cameos y un personaje que lleva el nombre de su álbum, Storm front (1989), en la segunda temporada. Es el primer artista pop en ser nombrado en la serie cuando Hughie sostiene las manos de Robin para decirle “Nunca hables mal de Billy Joel” antes de que se desencadene la secuencia que dispara la trama de toda la serie. Joel se abrió camino con baladas como “Honesty” y canciones up tempo como “Only the Good Die Young”, de su álbum The Stranger que en la tapa lo mostraba como todo lo contrario a eso: un hombre metropolitano de saco y corbata. Cierra la saga del 77, que no lo tuvo como protagonista new wave pero sí como un elegido de los amantes al comando de su piano eléctrico y la perfecta balada “Just the Way You Are”.


“London Calling” (The Clash, 1979). Como en “Psycho Killer”, la línea del bajo de Paul Simonon transmite un sentimiento que es el de la revancha. Y ahí es donde el soundtrack lo hace sonar creando un video clip extemporáneo que se alimenta de la energía de una de las canciones más emblemáticas del punk inglés (solo detrás de “Anarchy in the U.K”, de los Sex Pistols) y de la bronca de The Butcher. La apertura del doble álbum London Calling marcaba una ruptura con los dos discos previos de The Clash y convertía a la banda en la mejor foto del rock and roll desde los Rolling Stones. Una postal de forajidos contemporáneos con sed de justicia social.


“Everybody Hurts” (R.E.M, 1992): El tour por el soundtrack de The Boys cierra con una vibración similar a la del comienzo. El Michael Stipe más conmovido y conmovedor aparece en el último gran álbum de R.E.M (Automatic for the People) con esta balada cuya instrumentación de mini sinfonía trae un eco de aquel “God Only Knows”. “Todos lastiman alguna vez” aplica aquí a héroes y antihéroes, es una de las frases indelebles de la música pop de todos los tiempos dicha por el artista en el que Kurt Cobain aspiraba a convertirse (nada menos).

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