"Villa Crespo está todavía al margen. Quizá sea mi tendencia a buscar lo perfecto lo que me hace descansar en las márgenes. La luz da de rebote y eso me gusta más. Nos da el reflejo del brillo de Palermo, pero no somos Palermo. No estamos cerca del Obelisco, pero su extensión subterránea nos deja a una cuadra. Casi no conocía el barrio hasta que abrimos Moscú. Ahora es el lugar que elegiría una y otra vez para tener una sala", expresa Penelas, que adoptó con cariño al barrio. Algo similar les ocurrió a Andrea Calvo y María Paz del Río, amigas desde hace casi 30 años. Juntas estudiaron en Timbre 4 y empezaron a proyectar la idea de tener una sala propia. Recorrieron Almagro, pero no daban con lo que buscaban. Y al final llegaron a los confines de Villa Crespo.
"Nos encontramos recorriendo sus calles, sorprendiéndonos del fuerte arraigo de la gente con el lugar y sus historias conmovedoras. Todos los vecinos que nos cruzamos nos manifestaron su enorme apoyo y empuje, se veían entusiasmados con la idea de tener nuevos teatros en el barrio", narran las amigas emocionadas por haber dado con el espacio que deseaban. Hasta tal punto se arraigaron al barrio que tomaron de la calle el nombre de la sala, El Jufré, "para tomar un poco de la historia del lugar y sentirnos parte de este escenario de poetas y músicos suspendido entre el presente y el pasado", dicen. Como un guiño, algunos de estos nuevos teatros fueron bautizados con el nombre de las calles del barrio: El Jufré, Espacio Aguirre; la sala Vera Vera y el espacio, escuela y centro de experimentación de Matías Feldman y Santiago Gobernori, Defensores de Bravard.
Hace unos meses, Maruja Bustamente también llegó al barrio con su Cooperativa Cultural Qi. Y no hay que olvidar a Patio de Actores, instalada hace diez años en el barrio. Otra que en este último tiempo creció muchísimo y su cartelera rebalsa de propuestas es Nün. La nueva sede de Microteatro, por primera vez en Buenos Aires, encontró en Villa Crespo el lugar ideal para afincarse. Y la lista sigue y, seguro, crecerá año tras año porque Villa Crespo se expande y los vecinos, felices.
Agustina Stegmayer fundó la revista de distribución gratuita, Amo Villa Crespo, que se consigue en los bares y teatros como modo de tener activos los canales de recomendaciones. "Me encontraba recomendando muchos lugares, negocios, bares, teatros del barrio, y como venía de trabajar en Wipe, una revista guía de Buenos Aires, me animé a armar mi propio proyecto. Es que Villa Crespo es un barrio muy especial porque en él conviven las viejas tradiciones, ligadas a su origen inmigratorio, con las nuevas generaciones que hoy eligen Villa Crespo para vivir. Se da un mix interesante. Aquellas familias que llegaron y se asentaron alrededor de la fábrica de zapatos eran principalmente comerciales y obreros, y armaron sus locales en el barrio, por eso sus hijos se quedaron aquí y armaron sus propias familias".
Los "villacrespenses" son fácilmente reconocibles: nunca abandonarán la costumbre de decirle Canning a la avenida Scalabrini Ortiz aun cuando su nombre cambió hace 32 años. El periodista deportivo Nicolás Cayetano intenta dar con las claves que hacen de este barrio un lugar moderno de la ciudad, aunque muy poco reconocido frente a sus vecinos Palermo, Colegiales o Chacarita. "Villa Crespo es el barrio donde nací, me crié, vivían mis abuelos, mis papás. Cuando con mis hermanas nos fuimos de la casa de mis viejos, cada uno volvió a elegir el barrio. Es bien barrio, pero a la vez, si te movés por las principales avenidas, tenés de todo. Existe en mi familia una tradición con el Café San Bernardo, mi abuelo que era sobreviviente de la Segunda Guerra Mundial se murió ahí adentro jugando al dominó. Él paraba ahí y jugaba con sus amigos polacos. Hoy se puso de moda y van muchos jóvenes hipsters, pero siempre fue una especie de antro en donde paraban (y paran) los vecinos. Y por supuesto está Atlanta, es el club del barrio, el club de mi vida", agrega.
Pero..., ¿qué es Villa Crespo? Es un lugar que está cerca de todo, con un poco de Palermo, pero no; un poco cool, pero no tanto como Colegiales, y vecino de Chacarita que tiñe a toda la zona de una atmósfera misteriosa. Villa Crespo les pide prestado cierto aire bohemio a Boedo y a Almagro, y es, por sobre todo, un barrio porteño de pura cepa. Quizás ahí está la respuesta a todo este fenómeno teatral: Villa Crespo es lo que Buenos Aires fue y seguirá siendo, aunque hoy luzca un poco más moderno.
Cinco propuestas para anotar

El amor es un bien: La versión fresca, contemporánea que muy acertadamente construyó Francisco Lumerman a partir de Tío Vania, de Chéjov, transita su tercera temporada y se convierte en uno de los imperdibles del off. Sábados, a las 22, y domingos, a las 18, en Moscú Teatro.
Enamorarse es hablar corto y enredado: Ganadora del torneo de dramaturgia en el Festival Temporada Alta en Timbre 4, es una propuesta sensible, emotiva, que demuestra que menos es más, y que cuando hay buenas ideas y actuaciones no hace falta más que un banco de plaza, un árbol y unos mates. Jueves, a las 21, en Nün.
Todo lo que nadie ve: Javier Rodríguez Cano escribe y dirige esta propuesta que se adentra en la relación de un joven con su madre luego de haber perdido a su padre. La obra está inspirada en el relato de la escritora Charlotte Perkins Gilman, El empapelado amarillo, que es considerado uno de los primeros manifiestos feministas en contra del maltrato hacia la mujer. Viernes, a las 21, en Vera Vera.
Presidio: La obra de Lucio Bazzallo pone a funcionar a los cuatro cuerpos de los actores que narran y comunican sin texto sino a través de sus movimientos. Sábados, a las 17, en Patio de Actores.
Proyecto pequeño: Esta propuesta tan singular de Laura Kalauz indaga sobre la crianza, los tabúes sociales, lo que no se dice, pero se necesita, y sobre todo en la difícil tarea que implica mantener unidas las tareas de cuidado y crianza con las de creaciones artísticas. Para esta propuesta se puede ir con niños y las actrices en escena también lo estarán. Domingos, a las 17, en C. C. Matienzo.
J. C.