martes, 1 de mayo de 2018

LECTURAS RECOMENDADAS....ROBERT POTASH


Potash: una fuente de consulta irremplazable
A propósito de Memorias. Un mirada retrospectiva (Edhasa), libro de próxima aparición donde el historiador norteamericano reconstruye su vínculo con nuestro país, una reflexión sobre el trabajo de quien por primera vez investigó de manera seria y sistemática el papel del ejército en la política argentina
Luis Alberto Romero

Robert Potash fue un gran historiador. Su libro El ejército y la política en la Argentina, cuyos tres tomos cubren la etapa entre 1928 y 1973, fue la primera reconstrucción seria y sistemática del principal actor de nuestra historia política. Publicado entre 1971 y 1994, sigue siendo la obra de referencia principal, y también uno de los mejores estudios de la historia política del período.
Su investigación incluyó entrevistas a muchos de los protagonistas. Logró que fueran muy sinceros, y en muchos casos, que le confiaran documentos personales. Con ayuda de ese material estableció con solidez los hechos, los hard facts que cualquier interpretación necesita. La suya fue simple y, en cierto modo, contundente: desde 1920 compitieron en la institución militar dos grandes corrientes ideológicas y políticas, los liberales y los nacionalistas.
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Sobre esa clave reconstruyó la agitada vida interna del Ejército y sus relaciones con la política del país. Hoy, con nuevos aportes, la explicación puede ser matizada, relativizada o controvertida. Pero esta obra, escrita con elegancia, claridad y sobriedad, sigue siendo una fuente de consulta irreemplazable y un modelo de historiografía clásica.
Su interés por el país, que fue absorbente, se inició en 1950 y se mantuvo hasta su muerte, en 2016. Entre 1955 y 1957 se desempeñó como analista de asuntos argentinos en el Departamento de Estado, y desde entonces, ya como historiador, visitó regularmente el país. A lo largo de los años entrevistó a diez presidentes, conversó con militares, políticos, hombres públicos e investigadores, y se mantuvo perfectamente al día con los avatares argentinos. Esa relación personal aparece en estas Memorias, "mostly professional", escritas en 2008 por un hombre en la plenitud de sus facultades.
Tuvo una relación muy cordial con el general Alejandro Lanusse, que le confió una parte importante de su archivo. Con ese inapreciable material comenzó a escribir una biografía, que quedó inconclusa, y cuyos capítulos fueron publicados en la revista Todo es Historia.
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Hacia 1995 le propuse escribir una versión breve de esa biografía para la serie Los hombres del poder, que por entonces editaba. Tuve ocasión de conversar largamente sobre este personaje que ambos admirábamos. En su opinión, su presidencia fue una de las grandes ocasiones perdidas por la Argentina. Las propuesta de Lanusse en 1971 sobre el camino de retorno a la democracia y sobre todo, sobre la represión de la violencia en el marco de la ley -rechazado por buena parte de sus camaradas--, habrían conducido al país por un camino más razonable y menos sangriento.
Robert Potash siguió con atención lo que ocurría en la Argentina, en lo grande y en lo chico, preocupado por el futuro de un país y de una gente a los que quería mucho. Personalmente, recibí muchas veces la palabra de aliento, y a veces de elogio, siempre cálida y mesurada. Imagino que habrá hecho lo mismo con muchos otros, a quienes veía como parte de una Argentina que -como me dijo varias veces con melancolía- pudo ser y no fue.
De historiador a testigo. Robert Potash, ante la violencia de los 70
Anticipo. En sus memorias, de próxima aparición, el investigador norteamericano fallecido en 2016 recuerdó su visita a la Argentina en el verano de 1977 y expresa su afecto por al país, luego de 25 años de estudiar y escribir sobre sus fuerzas armadas
En 1977 pedí una licencia sabática para concentrarme en la escritura de mi segundo volumen sobre el Ejército. Esto me representaría un período de ocho meses a partir de enero para concentrarme en el libro. Lo que había escrito hasta entonces estaba bien, pero me hacía ver la necesidad de viajar otra vez a la Argentina para realizar más entrevistas. Sería una esta¬día corta, y como enero y febrero son meses de verano en ese país, decidí junto con Jeannie esperar hasta marzo para volar a Buenos Aires.
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Al llegar encontramos un país muy diferente del que habíamos visto cuatro años antes: ahora, los actos de violencia de los grupos guerrilleros o los agentes del gobierno militar estaban a la orden del día. La sensación de seguridad personal que siempre habíamos asociado a la vida en Buenos Aires había sido reemplazada por un clima de aprensión y sospecha. Aunque no tuvimos problemas en recorrer la ciudad en trans¬portes públicos o taxis, consideramos aconsejable no pasar caminando frente a las comisarías. Sus entradas estaban cubiertas con bolsas de arena y custodiadas por hombres fuertemente armados, en previsión de posibles ataques. En rigor, cada vez que veíamos policías, estos llevaban cascos de acero y se movían en grupos de cuatro.
Si bien me sentía razonablemente seguro de que nadie trataría de atacarme, era difícil ignorar la presencia de la violencia. Nos alojábamos en el hotel Impala de la calle Libertad casi esquina Arenales, y una noche me despertó un disparo. Al mirar por la ventana vi a un hombre tendido en la esquina, que gemía y pedía ayuda; algunos minutos después llegó un patrullero; la policía arrojó al hombre en la parte de atrás y el auto partió de inmediato.
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En otra oportunidad tomé un taxi para visitar a un viejo amigo, el general Goyret, en su departamen¬to de la avenida Dorrego. En esa época no había un paso bajo nivel en la avenida Cabildo, cruzada por las vías del ferrocarril, y todos los colectivos que iban hacia Plaza Italia doblaban por Dorrego para tomar Luis María Campos. Cuando bajé del taxi en la intersección de Cabildo y Dorrego, me sorprendió la ausencia de colectivos y el inusual silencio, y mientras caminaba por Dorrego hacia la casa de mi amigo vi varios camiones de bomberos cerca del edificio de departamentos adyacente al de Goyret. Este me explicó que apenas una hora antes, en el garaje de ese edificio, había estallado una bomba puesta por terroristas con el objeto de destruir los automóviles de los militares que vivían allí.
Durante ese viaje de marzo de 1977 a la Argentina pude ver a varios hombres que habían tenido un papel importante antes y después del derro¬camiento de Frondizi en 1962, así como en los años que culminaron en la caída del doctor Illia en 1966. Entre ellos estaban los civiles Rogelio Frigerio y Alfredo Gómez Morales y los generales retirados Rattenbach, Señorans, Embrioni, Caro y Pistarini. Sin embargo, aunque lo que me interesaba eran principalmente los acontecimientos anteriores a 1966, era inevitable que he¬chos más recientes terminaran por aparecer en nuestras conversaciones. Se destacan en mi memoria dos ocasiones en que así sucedió.
Mi viejo amigo Sánchez de Bustamante, con quien me había puesto en contacto poco des-pués de mi llegada y que hizo posibles las entrevistas con varias de las per¬sonas antes mencionadas, me acompañó a visitar al general Lanusse. Este ya no vivía en Belgrano sino en un modesto departamento de la calle Salguero, no muy lejos de la avenida del Libertador. De la conversación entre ellos se desprendió con claridad que Lanusse era de poca utilidad para la actual con¬ducción militar; antes bien, esta lo veía con aprensión, si no miedo. Lanusse mencionó que Jacobo Timerman, director del diario La Opinión, había ido a verlo el día anterior y se había sentado en la misma silla que yo ocupa¬ba. Al preguntarle Lanusse cuáles eran las noticias, la réplica de Timerman había sido: "La noticia es que todavía no me detuvieron". Mi reunión con Lanusse el 17 de marzo me llevó a comprender por primera vez que Jacobo Timerman, a quien siempre había visto como un ardiente partidario de los militares en el derrocamiento de Isabel Perón un año antes, ahora era visto bajo una luz diferente por el régimen.
La segunda de las ocasiones a las que me refiero tuvo lugar el 23 de marzo en la casa del doctor Carlos Muñiz, presidente del Consejo Argen¬tino para las Relaciones Internacionales. Jeannie y yo ya habíamos estado allí como invitados a su mesa, pero ese día la reunión era por la noche y sólo para hombres, y consistió en dos partes. La primera, a partir de las siete y media de la tarde, me permitió entrevistar a Muñiz respecto de su papel en varios gobiernos de 1955 a 1962; la segunda, que debía comenzar a las nueve y media, era una cena con el jefe del Estado Mayor del Ejército, el general Roberto Viola. Este llegó más cerca de las diez y parecía muy cansado: era un hombre con grandes ojeras, que prefería tomar Coca-Cola a cualquier forma de alcohol.
La conversación tardó en empezar, y creo que fui yo quien preguntó qué tenía el gobierno contra Timerman, habida cuenta de que había sido un defensor tan fuerte del golpe militar. Viola no entró en detalles y se limitó a decir que estaba involucrado en algo sospe¬choso. Cuando finalmente nos sentamos a cenar, el doctor Muñiz ocupó su lugar en un extremo de la larga mesa, mientras Viola y yo nos sentamos uno frente a otro en el medio. Como era inevitable, la conversación giró en torno de las políticas del régimen con respecto a sus opositores. Cuan¬do pregunté por qué el gobierno no hacía intervenir a los juzgados en el castigo de los acusados de terrorismo, Viola señaló que los jueces se habían visto forzados a liberar a sospechosos debido a amenazas contra miembros de sus familias, y que sólo medidas directas servirían para derrotar a los terroristas. [...]

* * *

El lector que me haya acompañado hasta aquí habrá observado el papel que el destino ha tenido en mi vida y mi carrera. Si, como he señalado antes, circunstancias más allá de mi control me permitieron salir indemne durante la guerra y conocer a la adorada compañera de mi vida, la res¬puesta argentina a mis libros se debió en un comienzo al accidente de la oportunidad.
Fue una pura coincidencia que las ediciones castellanas de mis primeros volúmenes aparecieran cuando el país estaba sometido a un prolongado régimen militar. Muchos argentinos buscaron en los libros una historia confiable de anteriores experiencias de poder de las fuerzas armadas, una percepción de lo que según sabían era una institución muy hermética y razones para tener esperanzas en un pronto final de aquel régimen.
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Mi interés en "la cosa argentina" no menguó ni siquiera cuando, por falta de fuentes íntimas como las cartas personales, decidí suspender el trabajo en la biografía de Lanusse. Aún dedico parte del día a leer las edi¬ciones de Internet de la prensa de Buenos Aires y respondo a consultas de los medios argentinos. Incluso tuvimos en nuestro departamento de Applewood dos equipos de filmación de Buenos Aires que me entrevista¬ron para unos documentales que se difundirían por la televisión argentina. Pero a nuestra edad, y sobre todo desde el 11/ 9, los viajes aéreos de larga distancia son cada vez menos atractivos.
La escritura de los capítulos de estas memorias, todos ellos leídos por Jeannie, me ha permitido revivir nuestras experiencias en la Argentina y pensar con afecto en las numerosas amistades que hicimos a la largo de los años desde nuestra primera visita de 1956 hasta la última, en 2001. Por desdicha, en los años transcurridos desde entonces nuestra adorada hija Ellie perdió la batalla contra el cáncer; entretanto, el proceso del envejecimiento ha traído la enfermedad o la muerte a varios de nuestros buenos amigos en la Argentina, y esto, jun¬to con la conciencia de nuestras propias limitaciones, hace que estemos menos dispuestos a aceptar las presiones de viajar a un país lejano que, no obstante, sigue presente en nuestro corazón y nuestra mente.

Extractos del libro Memorias. Una mirada retrospectiva, de Robert A. Potash (Edhasa)

LA PÁGINA DE ALFREDO SERRA


ALFREDO SERRA

El 27 de enero de 1923, en el Daily Star de Toronto, y desde Lausana, Ernest Hemingway escribió: “El dirigente fascista italiano anunció que quería recibir a los periodistas. Todos acudimos y nos agolpamos en su despacho. Estaba sentado en su mesa escritorio leyendo un libro. Su rostro dibujaba el famoso mal gesto: manifestaba su condición de dictador. Por haber sido periodista sabía que sus declaraciones llegarían a muchos lectores. Continuaba absorto en la lectura. Mentalmente, ya estaba leyendo en dos mil periódicos servidos por dos mil periodistas, lo siguiente: ‘Al entrar en el despacho, el dictador de la camisa negra estaba tan concentrado en su lectura, que no apartó la vista del libro… etcétera, etcétera’. Me puse de puntillas detrás de él para ver qué libro estaba leyendo con tanto interés: era un diccionario francés–inglés… ¡puesto al revés! (…) Mussolini es el mayor fanfarrón de Europa. Aunque me detuviera y ordenara que me fusilaran, continuaría tildándole de fanfarrón (…) Luego, nótese su camisa negra y sus botines blancos: llevar esas prendas tan dispares es desacertado e histriónico”.
Benito Amilcare Andrea Mussolini, tirano creador del fascismo, nació el 29 de julio de 1883 en Dovia di Predappio, un pequeño pueblo –casi una aldea– de la provincia de Forlí, y el mayor de los tres hijos de un herrero socialista (Alessandro), y de la maestra de escuela y católica ultra Rosa Maltoni.
Corpulento pero bajo –apenas un metro sesenta y ocho que hacía crecer con exóticos gorros y botas de altos tacones–, y maestro del histrionismo, ante las multitudes lograba gestos exaltados y cargados de furia belicista… pero también visajes grotescos de mal actor de la Commedia del Arte. Un bufón.
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Empezó a hablar muy tarde. Tanto, que Alessandro y Rosa temieron que fuera mudo. Pero compensaba ese mutismo con una precoz violencia. Apenas a sus 11 años fue expulsado del colegio salesiano de Faenza por cortarle a un compañero la cara con una navaja.
Y no sería su único punto negro. Además de otra expulsión por iguales razones: golpes y navajazos, huyó a Suiza para eludir el servicio militar obligatorio. País que lo echó dos veces: por agitador socialista y por falsificar su permiso de permanencia.
Después de declararse ateo abrazó la izquierda más virulenta, el ala revolucionaria del partido socialista, y se lanzó a una larga y militante carrera periodística: infinidad de artículos y ensayos flamígeros contra la injusticia social que atemorizaban a sus mismos compañeros por su radicalismo.
Pero al estallar la Primera Guerra Mundial y servir en las trincheras… un golpe de timón lo impulsó a cruzar de vereda. Su socialismo libertario, su obrerismo, su romance con Marx, murió entre los vapores del gas mostaza, y nació el verdadero Mussolini. El monstruo. El asesino…
Empezó calificándose como el héroe carismático de una comunidad nacional, guerrera, socialmente jerárquica, y obediente. La tristemente célebre “comunidad organizada”, subterfugio de dictadura y pensamiento único.
Oportunista –tanto como Hitler a raíz del Tratado de Versalles– llamó a la lucha sin cuartel contra lo que antes había defendido “hasta dar la vida si fuera necesario”: la destrucción de los partidos de izquierda, de los obreros en huelga, de los veteranos que retornaban del frente…, y el 23 de marzo de 1919, en Milán, creó los siniestros Fasci Italiani di Combattimento: grupos armados y de violencia sin límite alguno, como lo fueron las criminales juventudes hitlerianas, y semilla del Partido Nacional Fascista germinado en noviembre de 1921.
Antes, en marzo, Il Duce (el Jefe) desfiló en Milán con sus flamantes columnas de camisas negras, el futuro uniforme del fascio: el atado de flechas unido por un lazo, símbolo de poder, amenaza y muerte.
Acción y reacción. La furia desatada contra la izquierda –su primer amor juvenil– le ganó el apoyo, el aplauso y la unción de las clases altas, los terratenientes y los industriales…, mientras el squadrismo –las escuadras y piquetes que atacaban a mansalva en las calles– eran para Mussolini “la garantía de orden que necesita Italia”.
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Por entonces estaba casado con Rachele Guidi, que le dio cinco hijos: Bruno, Edda, Vittorio, Anna Maria y Romano.
Pero también cobró fama de gran seductor: rodeado de mujeres que se derretían ante sus actitudes de emperador, le bastaba un gesto con la cabeza para elegir la compañera de esa noche… Pero quien lo acompañó hasta el sangriento final fue Clara Petacci –reflejo de la Eva Braun de Hitler– : Mussolini le llevaba 29 años.
Fiel hasta la locura, escribió más de mil páginas relatando cuanto hacía y decía su compañero en la vida pública y privada, sin omitir “su brutalidad en la cama ni sus manías y vicios sexuales”. Claretta, como la llamaban, fue la más exacta e impensada cronista del Duce.
Tenía 20 años cuando lo conoció. El sexo entre ambos empezó diez años después. Y la precisión de sus páginas reveló la cara y contracara del tirano en la cara. Se lee: “Era un obseso por el sexo, pero demasiado rápido para llegar al final”.
Entre el 27 y el 29 de octubre de 1922, Mussolini dio su golpe maestro: la marcha sobre Roma. Miles de camisas negras, fasci di combattimento y fanáticos armados con cuanto encontraron (hasta piedras) caminaron hasta el centro de la capital: una demostración de poder –también de desastroso futuro– contra el rey Vittorio Emanuele III, opuesto al principio a esa ola brutal, pero cediendo al fin ante ese golpe de mano que firmó el certificado de defunción del sistema parlamentario.
No hubo forma de evitarlo: los facciosos ocuparon las centrales telefónicas y los edificios del gobierno. Luigi Facta, máxima autoridad después del rey, le pidió a éste que declarara el estado de sitio… pero Vittorio Emanuele, vencido… ¡le pidió a Mussolini que formara gobierno!
Cínico, hipócrita, en noviembre, el Duce desplegó su primer discurso como presidente del Consejo de Ministros: una pieza de amenazador final…
“He rechazado la posibilidad de vencer totalmente, y podía hacerlo. Pero me impuse límites.
Me dije que la mejor sabiduría es la que no se abandona después de la victoria. Con trescientos mil jóvenes armados totalmente, decididos a todo y casi místicamente listos para ejecutar cualquier orden que yo les diera, podía haber castigado a todos los que han difamado al fascismo.
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Podía hacer de esta aula sorda y gris un campamento de soldados. Podía destruir con hierros el Parlamento y formar un gobierno de fascistas. Podía. Pero no lo he querido… al menos en este primer momento”.
La hecatombe que siguió pudo terminar antes de empezar. Durante la marcha sobre Roma, en Milán, un soldado tropezó, y por error apretó el gatillo de su fusil. La bala rozó una oreja del Duce. Por centímetros no penetró en su cerebro…
En adelante sufrió seis atentados más, todos fallidos. Luego del último, se ufanó con la soberbia de los tiranos:
–Las balas pasan, pero Mussolini permanece…
En adelante, la violencia y los crímenes no conocieron barrera alguna. El 10 de junio de 1924, squadristas secuestraron y asesinaron al diputado socialista Giacomo Matteoti. Respuesta del Duce:
–Asumo cualquier responsabilidad histórica, política y moral que derive del asesinato de Matteoti.
Y siguió, paso a paso, el manual del perfecto dictador. Echó a todos los funcionarios públicos que se negaron a jurar fidelidad al Estado fascista. Declaró ilegal toda la prensa opositora. Abolió el derecho de huelga.
Se adueñó de todas las empresas y corporaciones privadas. Fundó la Opera Nazionale Balilla para “reorganizar a la juventud desde el punto de vista moral y físico, desde los ocho a los dieciocho años”. Anuló todos los partidos políticos. Creó leyes de confinamiento policial y pena de muerte.
Cierto método de tortura fascista fue tomado en broma. A los disidentes, en las comisarías, se los obligaba a tomar aceite de ricino. Que no mataba: sólo provocaba aluvionales diarreas… Pero esa anécdota fue apenas una módica pantalla. La brutal realidad navegaba por otros ríos.
Aliada la Italia fascista a la Alemania nazi y al imperio de Japón –el Eje del Mal–, la aviación de Mussolini despedazó a indefensos etíopes y abisinios, triplicó su cantidad de soldados y armamentos (medio millón de hombres, 500 tanques, 18 mil tanquetas, 350 aviones… ¡y armas químicas y bacteriológicas!), sus bombas no respetaron las señales de la Cruz Roja pintadas en los techos de los hospitales…, y aun faltaba lo peor.
En 1938 promulgó una serie de decretos con el nombre de leyes raciales: lisa y llanamente, persecución de los judíos italianos… como criminal obsecuencia a su jefe, Adolfo Hitler.
Y fue más allá: entre 1943 y 1945 fue cómplice de la deportación de judíos que todavía vivían en Italia, a los campos de exterminio. Y en la Risiera di San Sabba, cerca de Trieste, fue establecido un campo de concentración con el consiguiente y monstruoso libreto: asesinato y paso de los cadáveres a un horno crematorio.
Canallescos esfuerzos de Mussolini para lograr, si no la devoción, el respeto de Hitler… que jamás lo consideró un aliado útil, y se burló de la presunta falta de coraje del soldado italiano. En suma, un socio de los que se usan… y se tiran.
Se acerca el último acto. Alemania está derrotada. El rey Vittorio Emanuele cita a Mussolini, lo destituye, lo reemplaza con el general Pietro Badoglio… y le garantiza inmunidad.
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Il Duce se siente a salvo. Una escolta de carabineros lo hace subir a una ambulancia de la Cruz Roja.
El tirano pregunta por qué, y adónde va.
La respuesta es vaga:
–Por su propia seguridad…
Lo llevan a la isla La Maddalena –litoral toscano–, y luego al hotel Campo Imperatore, en los Apeninos del Gran Sasso.
Italia firma un armisticio de los aliados. El país se hunde en una guerra civil. El rey, su familia y Badoglio huyen a Apulia, se instalan bajo el paraguas de las fuerzas vencedoras… y le declaran la guerra a Alemania.
Pero fuerzas de la Wehrmatch entran a saco en Italia, toman las principales ciudades y desarman a las tropas casi sin encontrar resistencia.
Pero a la tragedia le falta su peor cara final: el grotesco.
Un comando alemán de paracaidistas libera a Mussolini y lo lleva a Alemania. Hitler lo recibe y le propone –manotón de ahogado– formar una república fascista en las zonas aun no ocupadas por los alemanes.
Il Duce imagina un nuevo amanecer: anuncia por radio el renacimiento del Partido Fascista Republicano. En verdad, un gobierno títere del Tercer Reich fijado en Saló, sobre el lago de Garda: la misérrima, pero de ostentoso nombre, República de Saló. La nada misma…
El 8 de mayo de 1945 se derrumba el delirio del Reich que duraría mil años.
Mussolini, disfrazado de soldado, huye. Sube a un tren alemán con Clara Petacci y su hermano Marcello. Simulan ser un cónsul español y su mujer.
Pero a las seis de la mañana del 27 de abril, cerca de Dongo, zona de la Lombardía, un grupo de partisanos comunistas de la Brigada Garibaldi detiene el tren y desaloja a todos los pasajeros. Hay un canje: alemanes por italianos.
Sin embargo, a las siete de la tarde, cuando el Duce parece a salvo, el partisano Giussepe Negri lo reconoce. La noticia llega a Milán, y el Comité de Liberación Nacional decide fusilarlo “como a un perro rabioso”.

LEÍDO POR JORGE FERNÁNDEZ DÍAZ

Otro grupo de partisanos comunistas dirigidos por Walter Audisio lleva a los amantes, en un Fiat 1100, hasta la aldea de Giulino de Mezzegra, ante las puertas de Villa Belmonte, y a las cuatro y diez de la tarde –hora local– del 28 de abril de 1945, los abaten con una ráfaga de metralla.
Los cadáveres son llevados a Milán en un camión. El 29, en la Plaza Loreto, una muchedumbre los ultraja (piedras, palos, escupidas). Policías, partisanos y bomberos los cuelgan cabeza abajo en una gasolinera: el mismo lugar donde meses atrás fueron colgados los cadáveres de quince partisanos. Enterrado en una tumbas anónima, su cuerpo fue robado por un grupo de neofascistas. Pero desde 1957 yace en la capilla de Predappio: su pueblo natal.
Colgado de los pies como un animal desangrándose, y golpeado hasta el punto de lo irreconocible, el cuerpo de quien fue Mariscal del Imperio y lució veintitrés condecoraciones en sus uniformes, dicta todavía –y acaso lo hará por siglos– una lección para todos los tiranos que hicieron del poder su coto de caza, de la tortura y el asesinato su método, y de su trono en la tierra el sitial de un dios.

¡¡ FELIZ DÍA DEL TRABAJADOR !!!!


El 1° de mayo se conmemora en todo el mundo el Día Internacional del Trabajador en homenaje a los llamados Mártires de Chicago, grupo de sindicalistas que fueron ejecutados en 1886. Ese mismo año, una organización de trabajadores, logró que el sector empresarial cediese ante la presión de las huelgas por todo el país.Entonces, el presidente de Estados Unidos, Andrew Johnson, promulgó la Ingersoll estableciendo ocho horas de trabajo diario. Como los empleadores se negaron a acatarla, los trabajadores de la ciudad industrial de Chicago iniciaron una huelga el 1º de mayo, que comenzó con una manifestación de más de 80.000 trabajadores liderados por Albert Pearsons. Sin embargo, la fábrica Mc. Cormik de Chicago no reconoció la victoria de los trabajadores y el 1º de mayo de aquel año la policía disparó contra los manifestantes que, a las puertas de la fábrica, reivindicaban el nuevo acuerdo. Durante los siguientes días murieron más trabajadores, hasta que el día 4 una bomba estalló contra las fuerzas policiales, suceso conocido como "el atentado de Haymarket".
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En la actualidad, muchos países rememoran el 1º de mayo como el origen del movimiento obrero moderno.
En la Argentina el primer acto del Día del Trabajador se realizó en 1890, en el Prado Español de Buenos Aires, y contó con la participación de numerosos movimientos obreros, integrados en su mayoría por inmigrantes alemanes, italianos, españoles y portugueses. Desde entonces se celebra cada 1º de mayo el Día del trabajador.
En Argentina el 1° de Mayo es feriado nacional según la Ley 21329 de Feriados Nacionales y Días no Laborables.

HABÍA UNA VEZ....

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Ella se inclina sobre el libro de azuladas tapas duras, se demora en una letra, solo una letra del alfabeto que ha aprendido cuando apenas era una niña, palpa con la yema de los dedos la superficie del papel y observa la arquitectura de ese símbolo con ojos de orfebre, el grueso trazo de acentos rústicos, los detalles invisibles a otra mirada de esa letra delineada según los dictados de los maestros del gótico. Dentro de la letra, en el interior de la amplia panza de la letra O, una niña de pelo rizado toca una lira, y esa breve escena ornamental viene a decirnos con exquisitez que el texto que estamos leyendo refiere el mundo de la música. Abstraída de los trajines de la Redacción, como si estuviese descubriendo las maravillas de un códice en la penumbra de una abadía medieval, mi compañera de trabajo en el área de diseño, María Helena, levanta la vista cuando disipo el hechizo consultándole de qué libro se trata.
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-Era de mi bisabuelo -dice, y cierra el libro con un crujir de papeles viejos y tapas resecadas-. Llevátelo, si querés -agrega. Me lo da con cierta despreocupación junto a una bolsa de tela en la que me recomienda guardarlo para protegerlo. Cuando lo tengo conmigo siento una súbita conmoción, semejante a la que me ha arrebatado cuando hace algunos años apoyé la palma de una mano en los muros de una catedral europea, o como si tuviese ahora conmigo el Santo Grial.
En la portada se lee El gráfico moderno, por José Fontana, una edición de 1930. Es una pieza extraordinaria consagrada hace casi un siglo a divulgar los secretos del arte de la impresión, un manual del oficio destinado a tipógrafos, maquinistas y encuadernadores de la época, que hunde la mirada en el fondo de la historia. Hemos pasado una vida entera leyendo, atendiendo las noticias en los diarios o aventurándonos en mundos fantásticos de cuentos y novelas, hemos incluso procurado entender los avances de la lengua según los saberes de la filología, y sin embargo tan pocas veces posamos nuestro interés en los alfabetos y en la arquitectura de sus letras, con su diversidad estética y su enorme valor expresivo, con el desdén de quien degusta un plato fabuloso sin importarle siquiera qué especias le dan a ese bocado un sabor tan singular y extraordinario.
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El libro comienza rastreando los orígenes remotos de la impresión. Dedica el autor el primer capítulo al grabado, y en especial a la xilografía, que engendró los tipos móviles y al cabo del tiempo los sistemas de impresión. Gutenberg inventa la prensa de imprenta con tipos móviles hacia 1440, al parecer inspirándose en el principio de la impresión de libros seguido por Lorenzo Jansoon, un sacristán de la catedral de Harlem que en planchas de madera grababa con buriles y punzones sobre madera los rostros de santos y escenas religiosas. 
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Su obra insignia es la Biblia de 42 líneas, considerado el primer libro impreso con tipografía móvil, y entre sus discípulos o apóstoles aparecen tipógrafos eximios cuyos nombres llegan hasta nuestros días en la denominación de los tipos de letras: Bodoni, Didot, Fournier, Garamond. La letra Bodoni es el pilar de la arquitectura gráfica del ejemplar que, si tenemos suerte, el lector tiene entre manos.
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Cierta noche conversé con el padre de María Helena para que me contase la historia del libro. Me dijo entonces que perteneció a Urbano García, su abuelo, autodidacta en las artes del diseño gráfico y dueño de una imprenta que funcionaba en la casa familiar y estaba vinculada con el diario La Liga del Sur, que impulsaba las ideas conservadoras en la zona de Juárez. Todavía recuerda el ruido ensordecedor de las máquinas instaladas en un espacio contiguo a su dormitorio y a su padre vestido con un mameluco al pie de esos ruidosos mastodontes. El libro fue heredado primero por su hijo, que conservó el oficio de la impresión, y después fue a parar a las manos de su nieto, que pese a haberse dedicado a la arquitectura nunca quiso desprenderse de él.
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Casi un siglo después, mientras el mundo mira obnubilado las pantallas de los teléfonos celulares y las computadoras, la bisnieta de Urbano García se esmera en las artes del diseño gráfico y, como el franciscano Guillermo de Baskerville, que sigue las pistas de una serie de muertes inconcebibles y los misterios de un libro envenenado en El nombre de la rosa, continúa buscando desentrañar en esas páginas frágiles los misterios de la composición tipográfica. O quizá la emocione abrazar así a sus ancestros, tan solo eso.


V. H. G.

BRILLANTE Y NECESARIA INVERSIÓN EN OBRAS VIALES


Fuerte interés de empresas para invertir US$6000 millones en obras viales
En el debut del sistema de participación público-privada (PPP), se presentaron 10 consorcios para la construcción, ampliación y mantenimiento de 2300 kilómetros de rutas y autopistas

Definido por el Gobierno como un día "histórico", finalmente ayer se presentaron 32 ofertas para participar de las licitaciones de los seis corredores viales bajo el sistema de participación público-privada (PPP), por las que se esperan inversiones por US$6000 millones durante los primeros cinco años y de otros US$2023 millones durante los subsiguientes nueve, para la realización de obras de mantenimiento.
En el Centro Cultural Kirchner (CCK) y con la presencia de los ministros Guillermo Dietrich (Transporte) y Luis Caputo (Finanzas), se llevó adelante la apertura de los sobres con las ofertas que llegaron de la mano de 7 empresas internacionales y 19 nacionales, agrupadas en 10 consorcios.
Minutos después, cuando se dieron a conocer las 32 ofertas para construir, ampliar y mantener rutas y autopistas, el Salón de Honor del segundo piso del CCK estalló en aplausos.
Es la primera vez en la historia del país que se aplicará este esquema para la inversión en obras públicas de infraestructura.
Si bien la ley que regula el sistema PPP fue sancionada en noviembre de 2016, recién ayer se pudo llevar adelante la licitación bajo este esquema, luego de tres postergaciones pedidas por las empresas. El Gobierno, por su parte, ofreció una serie de incentivos fiscales -como desgravaciones y diferimientos de IVA y de Ganancias- para atraer las inversiones que redundaron en el volumen de ofertas que esperaba obtener.
Cada consorcio presentó dos sobres con documentación que será analizada por una Comisión Evaluadora. El que se abrió certifica la calidad y la viabilidad del oferente para participar del proceso licitatorio, mientras que el segundo corresponde a la oferta económica presentada por corredor vial.
Hasta el 10 de mayo, el Gobierno tiene tiempo de analizar cada propuesta y recién ahí se hará la apertura de sobres con las ofertas económicas para ver qué grupo se queda con cada corredor (cada consorcio puede adquirir hasta un máximo de dos proyectos). Luego, entre el 16 de mayo y el 1° de junio se realizarán la adjudicación y la firma de los contratos. Se estima que en agosto comiencen las obras.
Estos proyectos se financiarán con una parte del impuesto al gasoil (para las obras) y otra con el ingreso por peajes (para el mantenimiento y la operación del corredor).
"Es un día muy importante para nuestro país y especialmente para la obra pública. Es inédito que siete empresas internacionales -provenientes de Italia, España, Portugal, China, Estados Unidos y Colombia- estén financiando a 15 años proyectos de infraestructura en la Argentina. Hasta hace poco el país ni tenía acceso al crédito", dijo Dietrich, y señaló que al finalizar estas obras -al cabo de cuatro años-, se van a reducir un 70% los accidentes en esas rutas.
Luego habló Caputo: "Tiene que ser un día realmente histórico. Estamos llevando adelante el plan de infraestructura más ambicioso de nuestra historia sin dejar de cumplir con las metas fiscales. Con el déficit presupuestario que tenemos, involucrar al sector privado en estas obras de infraestructura era lo adecuado", dijo.
A su turno, Javier Iguacel, administrador general de Vialidad Nacional, explicó que entre las tres etapas de licitación con la modalidad PPP se crearán 45.000 puestos de trabajo y se harán inversiones por US$12.500 millones para los primeros cinco años y superiores a los US$4200 millones durante los siguientes diez.
Ayer se recibieron las ofertas para la primera etapa, que incluye 1494 kilómetros de rutas, 813 de autopistas y 252 de obras especiales (puentes, circunvalaciones, accesos a localidades y puertos), distribuidos en las provincias de Buenos Aires, La Pampa, Santa Fe, Córdoba y Mendoza.
Entre los presentes en el CCK, estaban los directivos de la Cámara de la Construcción, Gustavo Weiss, Juan Chediack y Aldo Roggio, quienes también se presentaron como oferentes, al igual que las empresas José Cartellone Construcciones Civiles y Techint.
"Un éxito extraordinario. Diez ofertas de este volumen, con tantos grupos locales e internacionales me parece un éxito fantástico", dijo Weiss, al finalizar la apertura de sobres.
Hubo ofertas para los seis corredores. El A -que prevé una inversión estimada de US$984 millones para la construcción de 124 kilómetros de autopista, 498 de ruta y 45 de obras especiales para el tramo de la ruta 226, que une Azul con Mar del Plata, y para la 3, desde Las Flores hasta Coronel Dorrego- fue el más demandado, con la presentación de ocho oferentes.
S. D. 

JÓVENES ORGULLOS ARGENTINOS


A través de distintas tecnologías de vanguardia buscan modificar sus industrias y traspasar las fronteras de lo establecido. Son cinco argentinos que apuestan a la ciencia y tecnología más disruptivas para impactar en la vida de millones las personas
Son proyectos de base científico-tecnológica que se ubican en la frontera donde lo conocido cede ante lo nuevo. De campos tan diversos como la fabricación de baterías ultradelgadas hasta técnicas de nueva generación para secuenciamiento de genoma, desde un sistema de justicia para un mundo globalizado, o el desarrollo de un tratamiento para una enfermedad de alta incidencia en nuestro país, hasta la idea de que cada ciudadano pueda vender y comprar energía eléctrica cuando así lo desee. Distintos, pero con una búsqueda común que los impulsa: correr los límites de lo posible, desafiar lo establecido y ensanchar los bordes de las industrias en las que trabajan para impactar a través de sus investigaciones y proyectos en la calidad de vida de millones de personas. Para este especial de Diseño e Innovación, la nacion revista habló con cinco argentinos que trabajan con las tecnologías del futuro. Estos son ellos y sus proyectos:
Democratizar el acceso a la energía
David Trejo Pizzo (26)
Fundador de Nydro
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Hasta el año pasado, para conectarse a Internet en su pueblo, Pico Truncado, en el norte de la provincia de Santa Cruz, David lo hacía a través de dial up. Como si fuese una revancha a esa falta de conectividad, pero por el mérito de su trabajo, su proyecto Nydro, una plataforma online para comercializar energía eléctrica, acaba de resultar ganador de la sexta edición de Impactec, un concurso del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, que premia a las startups con base tecnológica e impacto social más innovadoras. El premio: avanzar con su trabajo en Singularity University en el predio de la NASA en Silicon Valley, donde se encuentra trabajando hasta mayo.
Debajo de un jopo alto de pelo desordenado David Trejo Pizzo (26) tiene hoy de todo en su cabeza: que en cinco años el consumo eléctrico se duplicará, que la comercialización y almacenamiento de energía no debería ser centralizada, a los miles de millones dispositivos nuevos que se conectarán a la red y cómo hacer que cada avance de la tecnología sea equitativo e inclusivo. Estudió Ingeniería en Electrónica en la Universidad de Palermo y luego hizo una Maestría en Energía en Alemania. Por su cuenta, además, se anotó en decenas de cursos online sobre Inteligencia Artificial. Su otro interés está ligado con la democratización de oportunidades y conocer las tecnologías que pueden hacerla posible. Por eso, cuando hace años comenzó a estudiar sobre el funcionamiento de bases de datos distribuidas o blockchain, sus pasiones convergieron en una idea.
Nydro busca ser un mercado para comercializar energía eléctrica. "Que vos puedas vender la que generás o comprar en caso de que lo necesites. Es como un Airbnb de energía que tiene una base de plataforma blockchain, es decir, un sistema distribuido y descentralizado y que se apoya en la inteligencia artificial para hacer un uso más eficiente de la disponibilidad de la red", describe. Su propuesta permitirá que los nuevos nodos de red se utilicen como generadores pero también como almacenamiento, ya que cuando se conectan agregan carga a la red y permiten evitar la sobre demanda de la red eléctrica existente.
"Nuestro diferencial con respecto de otras soluciones que comienzan a asomar en el mundo, es que con Nydro se puede comercializar la energía eléctrica y también la capacidad de almacenamiento. Esto último es clave para asegurar el continuo flujo de electricidad en la red." Al recompensar la eficiencia y la flexibilidad, el sistema tiene el potencial de activar el valor para los clientes y crear nuevas formas de administrar e invertir en la red descentralizada del futuro, lo cual es beneficioso en las economías desarrolladas y puede ser transformador en las recientemente electrizantes", describe el santacruceño, que cuenta con tres socios especializados en impacto ambiental, estudios sociales e ingeniería para completar el equipo.
"La era de las redes centralizadas llegó a su fin. Gracias al avance de la inteligencia artificial y el blockchain, la complejidad de las redes descentralizadas se redujo y la economía colaborativa llegó para quedarse." Fue la tercera vez que se presentó en Impactec y el jurado resaltó su resiliencia y perseverancia. Sobre su gen emprendedor David recuerda una anécdota: "Cuando mi abuelo murió, mi abuela siguió trabajando junto con su hermana en su despensa que habían llamado El Adriático, en Santa Cruz. Ellas vinieron escapando de la guerra en Yugoslavia. Pasé toda mi infancia ahí y fue muy importante verlas trabajar. Desde chico fue natural verlas como empresarias con sus pequeños negocios. Eran emprendedoras, pero en esa época no conocíamos esa palabra".
Un tratamiento contra el Síndrome Urémico Hemolítico
Vanesa Zylberman (44)
Directora técnica de Inmunova
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La Argentina tiene la tasa más alta del mundo del Síndrome Urémico Hemolítico (SUH), enfermedad relacionada con la ingesta de alimentos contaminados. El SUH es producido por la bacteria Escherichia coli que produce a la toxina Shiga. Cada año se diagnostican 5000 infecciones por esta toxina por la que 500 niños desarrollan el SUH, una enfermedad que puede dejar secuelas graves y hasta causar la muerte.
Vanesa Zylberman es investigadora adjunta del Conicet y es la directora técnica de Inmunova, el laboratorio que trabaja en el tratamiento contra esta enfermedad de incidencia global desde hace 12 años. Su doctorado es una especialización en ingeniería de proteínas con uso inmunológico: casi una descripción exacta del trabajo que realiza en el desarrollo de este tratamiento. A fines de 2017, Inmunova resultó el ganador del primer premio del certamen Samsung Innova, un concurso de la compañía para fomentar la innovación con la concepción de que la tecnología es una herramienta fundamental para co-crear el futuro, que acompaña a los ganadores con mentoreo, difusión y apoyo económico.
El producto desarrollado es un antisuero, similar a los tratamientos que se utilizan contra las picaduras de serpientes y alacranes. Esta nueva antitoxina o medicamento actúa neutralizando la toxina Shiga. Hasta ahora, los investigadores en distintas partes del mundo buscaron desarrollar anticuerpos contra esta toxina, pero no se logró porque es altamente inestable. Este nuevo medicamento, ideado por científicos argentinos, estabiliza la toxina mediante el diseño de nuevas estructuras combinando dos proteínas diferentes. Esto permite generar sueros de alta potencia con capacidad de reconocer diferentes variantes de la toxina. El SUH es el causante del 20% de los trasplantes de riñón en niños y adolescentes.
Vanesa Zylberman, como una de sus creadoras del tratamiento, explica su trabajo de laboratorio: "Es una molécula a la que se le van pegando distintos componentes que nos van a permitir hacer un suero contra el SUH. Diseñamos y producimos con biotecnología de fusión genética una multiproteína para lograr una respuesta inmunológica y un antisuero contra la toxina Shiga, que está presente y se hace evidente en los primeros indicios de la enfermedad y es la causante de los síntomas. El tratamiento busca bloquear esta toxina evitando así el desarrollo del SUH". Esta misma proteína podría ser a futuro una vacuna, pero hoy desde Inmunova trabajan para ofrecerla en forma de tratamiento en los próximos años.
A Vanesa el interés por la biología le llegó cuando era una niña. "Me daba mucha curiosidad todo y en la biología siempre se podía descubrir algo nuevo sobre cómo funcionaban las cosas. Era la única materia donde prestaba plena atención." Hoy ve cerca la culminación de un desarrollo de 12 años de trabajo. "Me inspira hallar la cura para ciertas enfermedades, especialmente si afecta a niños. Estamos muy entusiasmados de poder contribuir para tener en breve un tratamiento; me ilusiona verlo circular en los hospitales aliviando a los niños."

Baterías ultra delgadas para nuevas necesidades
Sergio Baron (49)
Fundador de Dynami
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El que sabía de electricidad en su casa era su abuelo. Tenía un taller donde arreglaba automóviles en el sur de la provincia de Buenos Aires. Y es ahí, en la ciudad de Médanos, donde Sergio jugaba con las baterías y donde marca el inicio de su vocación.
Sergio Baron (49) es el fundador de Dynami, una startup argentina que desarrolla soluciones de ingeniería en baterías de litio ultradelgadas. Su carrera transcurrió en la Universidad Nacional de La Plata, donde trabajó con micro y nanotecnologías. Al egresar ganó la Beca Fulbright con la que realizó su especialización en la Universidad de Maryland en el desarrollo de baterías de litio.
Hoy, la Argentina, Bolivia y Chile tienen el 85% del litio de todo el mundo en sus salares. "El litio es un comodity de bajo valor, pero estratégico. Gran parte del valor de la batería está en la tecnología, que es lo que nosotros hacemos", explica Baron. El litio es la tecnología dominante en las baterías de todo el mundo. Todos los celulares y laptops en el mercado tienen baterías de litio, también los autos eléctricos. "La innovación de Dynami reside en que son baterías de litio ultradelgadas preparadas para una nueva ola de dispositivos médicos y vestibles que tienen nuevas necesidades", cuenta el fundador de Dynamy, que fue una de las seis startups finalistas en el certamen de innovación Samsung Innova.
El concepto de Internet of Things (IoT), aplicado para dispositivos médicos y wearables(vestibles) que requieren nuevos formatos, menos volumen y comodidad para que las personas los lleven encima casi sin percibirlos. Las baterías convencionales de gran volumen y rígidas no caben físicamente en algunos de ellos. Por ejemplo, un parche para que un paciente pueda monitorear constantemente su glucosa o un termómetro que se pueda aplicar en un niño para seguir la evolución de su temperatura por algunas horas. Estas baterías ultradelgadas son tan finas como una hoja. Algunas firmas ya pronostican un mercado de 1250 millones de dólares en 2022 para las baterías ultradelgadas.
"Existe un mercado de IoT que es de miles de millones de unidades para los próximos cinco años. Muchos de estos dispositivos ya tienen la electrónica resuelta, pero les hace falta una batería ultradelgada que se adapte a nuevos formatos físicos más cómodos de llevar en el cuerpo", explica Sergio, que también es consultor para el BID en proyectos de financiamiento de emprendedores tecnológicos y energía renovable. Además de su pasión por la tecnología, se dedica a la música. "Toco el piano, teclados y canto, dice. Además, es un "muy decente cocinero." En Dynami ya trabajan con prototipos funcionales y tienen un primer cliente que requiere una batería ultradelgada para su producto, que tendrá una fabricación de unas 150.000 unidades.

Nuevos diagnósticos genéticos para tratamientos tempranos
Martina Radice (23)
Analista de diagnóstico genético molecular de Laboratorio Genda
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En quinto año del secundario, cuando estaba lista para decidirse por Arquitectura o Economía, hizo una pasantía en la Academia Nacional de Medicina que torció su pasión hacia las ciencias biológicas. Luego, en los primeros años de su carrera leyó el libroGente nueva, historias de vida marcadas por la genética, de la bióloga molecular Viviana Bernath, y la buscó porque le interesaba su trabajo. Ahora, cursando el sexto de los siete años de carrera y con sólo 23 años Martina ya sueña con algún doctorado que le permita seguir haciendo ciencia en la Argentina mientras trabaja con la más avanzada tecnología de diagnóstico genético en Genda, laboratorio fundado por Bernath.
Martina trabaja con paneles de genes para diagnóstico genético, un modo de diagnóstico que en el mundo tiene unos 10 años, pero que en la Argentina es muy incipiente y que como herramienta permitió reducir drásticamente costos y tiempos. Los paneles de genes permiten, mediante distintas técnicas como secuenciación de ADN de nueva generación y análisis bioinformático, saber si una persona tiene mutaciones, deleciones o duplicaciones en genes relacionados con una enfermedad en particular.
Por ejemplo, se sabe qué genes están asociados a una enfermedad como la epilepsia y es posible estudiarlos para confirmar el diagnóstico de un paciente sin necesidad de estudiar todos los genes. "Son una herramienta muy importante porque hacen posible que personas que antes tendrían que haber esperado años para tener un diagnóstico definitivo puedan tenerlo desde edades tempranas o apenas comienzan a tener síntomas", describe. Trabajar con y para las personas es lo que más le entusiasma a Martina: "Una de mis tareas es hablar con médicos y pacientes para, a partir de un diagnóstico presuntivo, decidir cuál es el estudio adecuado. No me interesa la imagen del científico lejos de la gente", dice esta fanática de los viajes y de la lectura. Para esta joven, si cada vez más personas tuvieran información sobre sus genes y asesoramiento médico, se podrían evitar algunas situaciones, por ejemplo, la muerte súbita. Alguien que sabe que tiene una variante genética asociada a una patología cardiológica, puede alterar ciertos aspectos de su estilo de vida para que impacten positivamente en su salud y regularizar la realización de estudios de control. "La herramienta existe, hay un panel de 30 genes asociados a Cardiología que permite que las personas sepan si tienen alguna variante defectuosa de alguno de los genes y puedan tomar medidas al respecto", explica.
El año pasado, en el marco de un Congreso Internacional de Mastología, presentaron un trabajo a partir de los resultados de los Paneles de Cáncer de Mama y Ovario. "Sabiendo que entre el 10 y el 15% de los cánceres de mama y ovario son de tipo hereditario, queríamos analizar los resultados que nosotros habíamos obtenido y observamos que el 21% de las pacientes de cáncer de mama y/u ovario estudiadas presentó al menos una variante de alto riesgo", cuenta. Si bien su formación es casi completamente científica, le gusta repensar la ciencia desde otros lugares, como desde la filosofía, y también le interesa relación entre ciencia, educación y política. "Por eso siempre me imagino, dentro de la ciencia, con un rol social", cierra.

Un sistema de justicia para un futuro descentralizado
Federico Ast (37)
Fundador de Kleros
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A Federico le encantaba escribir, leer y era un amante de la historia, pero, allá por los años 90, pensó que estudiar Economía era la mejor manera de "tener una salida laboral", y sin pensarlo mucho se anotó en la facultad. Mientras cursaba la licenciatura en Economía, y con su curiosidad que no encontraba techo, empezó a cursar, también, la carrera de Filosofía. Se licenció en ambas y en el año 2012, cuando los términosblockchain y bitcoin comenzaban a asomar en la red, Federico Ast (37) hizo un doctorado en Negocios que cursó en el IAE, que centró en democracias deliberativas y toma de decisiones. Fue el conector para su hervidero de ideas que tenían a las personas, la tecnología y la justicia como pilares.
"Empecé a pensar en una posibilidad de justicia distribuida. Pensé en la Antigua Grecia, en su concepto de justicia. No tenían abogados ni jueces, los ciudadanos comunes tenían el derecho de juzgar una situación. Nuestro sistema de justicia es del siglo XVIII y es para resolver problemas de ese tiempo, ya no responde a los problemas del mundo globalizado. Partimos de una idea de crowfunding (financiación de multitudes) hacia uno de crowdjury (justicia de multitudes). Hoy tenemos Internet y blockchain para hacerlo", explica Ast.
Kleros (que significa Oportunidad) es un sistema de arbitraje descentralizado que busca dar una solución rápida, segura y accesible de justicia para distintos tipos de disputas, en principio técnicas y comerciales. Por ejemplo: "Imaginá que soy un comerciante argentino que contrata a un diseñador en Guatemala para desarrollar un sitio web, pero éste no cumple. No voy a ir a contratar un abogado allí. Pero si, previamente al trabajo, ambos acordamos hacerlo con este arbitraje como garantía, Kleros da la solución para resolver las disputas de bajos montos", ejemplifica.
Para Ast esto es democratizar el acceso a la justicia, hacerla más cercana y accesible. "Blockchain le saca poder a agentes centralizados, a una institución o una empresa monopólica y lo pone en manos de los usuarios. Por ejemplo, imaginate un Facebook que no tenga un dueño, sino que los usuarios sean los dueños. Al final del día Kleros y cada propuesta que se monte en blockchain es una cooperativa con una tecnología y construcción que la hace muy confiable y global."
La conformación del equipo de Kleros es un ejemplo del modelo que pregona: los socios viven en la Argentina, Portugal y Francia. Un gerente de Comunicación en Perú, dos desarrolladores en distintas ciudades de Estados Unidos, un jefe de Relaciones Públicas en Alemania, un jefe de Diseño en Eslovenia y un community manager en Serbia. "Es la nueva manera de construir compañías; si estás motivado con lo que querés alcanzar, las cosas funcionan".
Federico es de River y tiene muchos hobbies que trata de disfrutar mientras viaja entre las ciudades a donde Kleros lo lleva. Vive en Belgrano, pero los últimos dos meses estuvo en Francia, Corea, Singapur, Hong Kong y San Francisco. Además, dicta el primer curso sobre blockchain en español a través de la plataforma online Coursera, producido por IAE, que se puede cursar de manera gratuita.
Los detractores de estas bases de datos descentralizadas alegan ilegalidad. Varios líderes globales como Richard Branson, Al Gore o Bill Gates creen que es una las tecnologías de mayor potencial de transformación de los últimos años. Ast sabe que el uso y entendimiento del alcance de blockchain aún está en una etapa temprana y que habrá quienes quedarán en el camino como pasó con la burbuja de Internet en el 2000. "Al final y como pasa siempre, los que sobrevivan serán aquellos que la usan para resolver problemas reales -concluye-. En el futuro creo que blockchain va a resolver muchas de las disputas de la vida real."