sábado, 3 de agosto de 2024

ANIVERSARIO Y LECTURAS (Antoine de Saint-Exupéry,)




A 80 años de la muerte de Antoine de Saint-Exupéry, creador de un ícono global
aniversario. En julio de 1944, el avión piloteado por el autor de El Principito desapareció en el sur de Francia; su relación con la Argentina y el relato que anticipó la tragedia aérea
Daniel GigenaEl avión de Saint-Exupéry desapareció en 1944 y por cinco décadas no hubo pistas BBC Mundo
Creador de un ícono global con El Principito (como se pudo comprobar en la ceremonia inaugural de los Juegos Olímpicos en París, donde se vio al joven príncipe acompañado por su amigo el zorro), Antoine de Saint-Exupéry (1900-1944) fue, además de aristócrata francés, escritor, aviador y representante de una empresa aérea internacional en la Argentina, cronista y héroe de guerra en la Segunda Guerra Mundial.
Hoy se conmemoran 80 años de su desaparición a bordo de un Lightning P-38 durante una misión de reconocimiento de una base aérea en Córcega, de la que jamás volvió y que su conmovedor relato de 1930, Vuelo nocturno, acaso había prefigurado. Tenía 44 años. Su cuerpo fue hallado varios días después al este del archipiélago Frioul, al sur de Marsella.
A lo largo de los quince meses en los que residió en la Argentina, entre 1929 y 1931, además de trabajar para la empresa Aeroposta, filial de la Générale Aéropostale de Francia, Saint-Exupéry conoció a quien sería su esposa, la escritora, artista, millonaria y joven viuda salvadoreña Consuelo Suncín de Sandoval, para algunos intérpretes de El Principito, la “rosa” especial del jardín del seductor escritor francés. También recibió las insignias de caballero de la Legión de Honor y publicó Vuelo nocturno, donde se relata el viaje fatal de un piloto francés por la Patagonia.
A finales de 1929, Saint-Exupéry tuvo que aterrizar de emergencia en las afueras de Concordia, en Entre Ríos. El aviador y escritor fue rescatado por dos niñas, Suzanne y Edna Fuchs, de la familia FuchsValon, y trasladado al palacio San Carlos. Este encuentro imprevisto fue abordado por Nicolás Herzog y Lina Vargas en el film Las Principitas. La historia de las argentinas que inspiraron El Principito, de 2019, y en el documental Oasis. Saint-Exupéry en Concordia, de Danilo Lavigne.
“La relación con Victoria Ocampo no pasó de un almuerzo en Villa Ocampo –contó Juan Javier Negri, de Fundación Sur–. Pero el ingeniero y aviador Vicente Almandos Almonacid, el único argentino cuyo nombre figura inscripto en el Arco de Triunfo en París y que fue cofundador de Aeroposta Argentina, lo llevó a las reuniones del Rotary Club de Buenos Aires que se hacían en la Galería Güemes, donde también vivía Saint-Éxupery”.
“Quienes hayan leído El Principito sin conocer la vida de Saint-Exupéry no se sorprenderán al descubrir que el autor fue un consabido aviador –dijo a Francisco la nacion Aiello, docente e investigador–. El accidente aéreo que abre el argumento permite enlazar este texto mundialmente conocido con el resto de su obra, en especial con Vuelo nocturno, que además elabora otro núcleo de su trayectoria vital: la relación con la Argentina, donde trabajó para una empresa postal francesa como responsable del desarrollo de una red que llegara hasta la Patagonia”.
“Un aspecto poco visibilizado de Saint-Exupéry, quizá por cierta romantización de su figura como autor de El Principito, es que antes que escritor era aviador, con todo lo que esto significaba en aquel contexto: abrir rutas aéreas, realizar hazañas, correr grandes riesgos y morir como héroe de guerra, pero también observar críticamente el rumbo de la humanidad”, explicó la investigadora y profesora Gabriela Villalba.
“Si se toma distancia de sus textos y se los mira como un mapa, se puede ver en todos ellos una preocupación común por los fascismos imperantes en Europa –destacó Villalba–. Desde Tierra de hombres, Vuelo nocturno o Carta a un rehén hasta sus crónicas como reportero en la Guerra Civil Española, reunidas en España ensangrentada, pasando por El Principito, se configura un humanismo férreo, basado en una confianza en la solidaridad, en una ética, no una moral, de la responsabilidad personal hacia el otro: ‘Cada uno es responsable por todos’, se lee en Piloto de guerra. Es lo que hace a la universalidad de su obra y lo vuelve de una potente actualidad”. Villalba tradujo en 2014 El Principito para la editorial Estrada y en 2018 lo editó en lenguaje inclusivo en su sello EThos.
El escritor y empresario Alejandro Roemmers prosiguió con la historia de El Principito en dos novelas juveniles: El regreso del joven Príncipe y El joven Príncipe señala el camino. “No tengo pruebas, pero tampoco dudas de que Saint-Exupéry ha sido y continúa siendo un gran referente para mi generación y las actuales –aseguró–. El Principito ha logrado llegar al corazón y la mente de millones de niños. La literatura de Saint-Exupéry siempre es una experiencia fresca, con una palabra que ilumina y desprovista de prejuicios, que se fija en los afectos más profundos, sin influencias de ideologías bélicas y voraces”.
La traductora y profesora Cecilia Verdi sostiene que toda la obra de Saint-Exupéry se puede englobar en el título de una de sus primeras lecturas ilustradas de infancia: Histoires vécues (Historias vividas). “Claro que se trata de las experiencias de uno de los pioneros de la aviación de riesgo, conocido por haber sobrevolado el Sahara y haber emprendido los primeros vuelos transatlánticos. Más allá del claro guiño a la vida del autor, dado que en 1935 su avión cayó en el desierto de Libia cuando intentaba unir París y Saigón, tanto la trama como la simbología de El Principito dejan entrever un enfoque transnacional en el modo de hacer literatura”.
“Cabe preguntarse si fue una decisión estratégica del autor al servicio del mensaje universal que deseaba comunicar o una decisión a la vez estética, en la medida en que lo hizo desde la literatura, inscribiéndose en la tradición de la fábula y del cuento poético y filosófico, pero desmontando algunos clichés, como el hecho de presentar al zorro no como un animal astuto, sino como el portavoz de enseñanzas sobre la importancia de crear lazos”.
Verdi señala que la “perspectiva trasnacional” está inscripta en el origen del libro, donde convergen escenarios y elementos diversos. “Desde las circunstancias en las que fue escrito, en Nueva York, en el exilio y en pleno conflicto bélico mundial, hasta el hecho de ser publicado primero en inglés, en 1943, y después en francés –dice–. Recordemos que la edición francesa de Gallimard es de 1946, es decir que el autor no vio el libro publicado en su tierra natal”. La primera publicación en español se hizo en Buenos Aires, en la editorial Emecé, en 1951, con traducción del editor e historiador Bonifacio del Carril.


Obras1926: El aviador
1928: Correo del Sur: Saint-Exupéry, A. (1967). Correo sur. Argentina: Goncourt. Trad. de Susana Saavedra / Marco A. Galmarini.
1931: Vuelo nocturno: Saint-Exupéry, A. (1942). Vuelo nocturno. Esplugues de Llobregat, Barcelona: Plaza & Janés. Trad. de Juan de Benavent.
1938: Tierra de hombres: Saint-Exupéry, A. (1939). Tierra de los hombres. Buenos Aires: Sudamericana. Trad. de Rafael Dieste.
1942: Piloto de guerra: Saint-Exupéry, A. (1943). Piloto de guerra. Buenos Aires: Sudamericana. Trad. de María Teresa López.
1943: El principito: Saint-Exupéry, A. (1951). El principito. Buenos Aires, Argentina: EMECÉ. Trad. de Bonifacio del Carril.
1944: Carta a un rehén: Saint-Exupéry, A. D., & Galmarini, M. A. (1944). Carta a un rehén. Argentina: Goncourt. Trad. de Marco A. Galmarini.
1948: Ciudadela: Saint-Exupéry, A. (1951). Ciudadela. Buenos Aires, Argentina: EMECÉ. Trad. de Bonifacio del Carril.

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