Balance legislativo. El Gobierno superó sus expectativas con la sanción de leyes indispensables y dos proezas que desarticularon a la oposición
La aprobación de la Ley Bases y de la Reforma Fiscal fueron claves para el arranque de la gestión, las cuales se completaron con más de 40 DNU; el blindaje de los vetos a las leyes jubilatoria y de financiamiento universitario consolidaron el manejo oficialista de la agenda legislativa
Laura Serra
Contra todos los pronósticos agoreros, el gobierno de Javier Milei superó con creces los objetivos que se había trazado en su conflictiva relación con el Congreso durante su primer año de gestión. Con una minoría extrema en ambas cámaras y sin poder territorial en las provincias, el líder libertario no solo logró que le sean aprobadas las leyes indispensables para darle arranque a su administración, sino que además logró neutralizar las ofensivas más duras que le impuso la oposición.
Al cierre del actual período de sesiones ordinarias, el Congreso sancionó un total de 13 leyes –dos de ellas vetadas- y 31 tratados internacionales; así lo detalla el Sistema Argentino de Información Jurídica (SAIJ). Una cosecha sensiblemente inferior al de otros años parlamentarios –de hecho, este ha sido el período de menor producción legislativa desde 1983-, pero en términos cualitativos las expectativas se superaron con la sanción de la voluminosa “Ley de bases y puntos de partida para la libertad de los argentinos”, una norma fundacional con profundas implicancias políticas, sociales y económicas y que demandó siete meses de fatigosos debates en ambas cámaras.
“Es la ley más importante de la historia”, se ufanan en el oficialismo que, sin embargo, tuvo que ceder –y mucho- en las negociaciones con la oposición para que sea sancionada. Fue fruto de un consenso generalizado, cualidad que no se vio desde entonces.
A la Ley Bases, con su ambiciosa reforma del Estado –privatizaciones incluidas-, cambios en el empleo registrado y la incorporación del Régimen de Incentivo de Grandes Inversiones (RIGI) se sumó, en paralelo la Reforma Fiscal, clave para la estabilización macroeconómica. Con ella retornó el impuesto a las Ganancias para la cuarta categoría, matizado con un amplio y generoso blanqueo de capitales que le permite al Ministerio de Economía cerrar el año sin apuros de reservas.
EL BALANCE, BLOQUE POR BLOQUE
Hubo cambios de alineamientos en la Cámara de Diputados

Germán Martínez
UNIÓN POR LA PATRIA
Unión por la Patria constituye la primera minoría del cuerpo, con 99 integrantes; es, junto a los cinco diputados de izquierda, la bancada opositora más dura de la Cámara. Originalmente este bloque contaba con 105 miembros; sin embargo, al poco tiempo de asumir Javier Milei sufrió seis deserciones: tres diputados por Salta que responden al gobernador Gustavo Sáenz –que pasaron a engrosar el interbloque Federal- y tres diputados por Tucumán, que obedecen al gobernador Osvaldo Jaldo. Por ahora la bancada continúa unida pese a los conflictos internos dentro del kirchnerismo, pero en votaciones críticas para el Gobierno los diputados por Catamarca, que responden a Raúl Jalil, apoyaron al oficialismo.

Gabriel Bornoroni
LA LIBERTAD AVANZA
La Libertad Avanza ha sido uno de los bloques que más mutaciones tuvo a lo largo del actual período parlamentario. Arrancó con 37 miembros y eran presididos por Oscar Zago (MID), quien pegó un portazo por sus fuertes discrepancias con Martín Menem, presidente de la Cámara y formó otro bloque junto a otros dos diputados. También se desvinculó del oficialismo la diputada Lourdes Arrieta tras el escándalo por la visita a represores en Ezeiza. El oficialismo compensó estas fugas con los ingresos de José Luis Espert; Carolina Píparo y Lorena Macyszyn; Álvaro Martínez y Florencia Klipauka.

Cristian Ritondo
PRO
El bloque Pro es la tercera fuerza en el cuerpo, aunque originalmente fue la segunda detrás del kirchnerismo, con 42 miembros. Este bloque, el más cercano al oficialismo, ha sido clave para que Javier Milei pudiera contar con el tercio de los legisladores necesario para blindar los vetos presidenciales; además, apoyó sin cortapisas todas las iniciativas del Gobierno y fue una rueda de auxilio indispensable durante los primeros meses de gestión. Actualmente cuenta con 37 miembros; de sus filas partieron dos al bloque oficialista y otros tres –Nicolás Massot, Oscar Agost Carreño y Francisco Morchio- se pasaron a la oposición.

Rodrigo de Loredo
UCR
El bloque de la UCR arrancó con 34 miembros, pero se quebró con el cimbronazo que provocó el veto presidencial a la ley de movilidad jubilatoria y la conversión de cinco de sus miembros al oficialismo. Esta bancada, considerada dialoguista, osciló entre el acompañamiento a algunas leyes del gobierno –como la Ley Bases y la de Consenso Fiscal- y un perfil más crítico cuando impulsó iniciativas contrarias a las políticas del Gobierno, como la ley jubilatoria y la de financiamiento educativo. Hoy el bloque cuenta con 20 integrantes.

Miguel Ángel Pichetto
ENCUENTRO FEDERAL
Encuentro Federal es un mosaico de distintos bloques, cada uno con identidad propia y si bien suele no tener una posición unívoca en los distintos temas, en general ha sido crítico del Gobierno e impulsor de sesiones especiales con el kirchnerismo. También tuvo varias mutaciones; arrancó con 23 integrantes pero luego sufrió la pérdida de la Coalición Cívica. Con 12 miembros actuales, en este bloque conviven Córdoba Federal –que responde al gobernador Martín Llaryora-, el socialismo y los exintegrantes de Pro –Morchio, Emilio Monzó- Massot y Agost-. Completan el cuadro Florencio Randazzo; Margarita Stolbizer; Ricardo López Murphy y el neuquino Jorge Ávila.

Pamela Calletti
INNOVACIÓN FEDERAL
El bloque Innovación Federal, con sus ocho integrantes, forma parte del elenco estable de aliados oficialistas. Allí conviven los diputados que responden a tres gobernadores: Salta, Misiones y Río Negro. Apoyaron todas las iniciativas del Gobierno y si bien algunos de sus miembros apoyaron las leyes jubilatoria y de financiamiento universitario que impulsó la oposición, luego aportaron sus votos para blindar los vetos presidenciales. No apoyaron el proyecto de ley de ficha limpia impulsado por el Pro.

Juan Manuel López
COALICIÓN CÍVICA
La Coalición Cívica, que tiene como referente a Elisa Carrió, formó parte del interbloque Hacemos Coalición Federal en el arranque del período legislativo. Sin embargo, en abril y por directivas de Carrió este bloque decidió recuperar su autonomía por diferencias de criterio con Pichetto y su postura de protección a las cúpulas sindicales cuando se discutió la Ley Bases. De todas maneras, mantienen un buen vínculo con las huestes de Encuentro Federal y, al igual que este bloque, suele exhibir un perfil crítico del Gobierno.
El DNU 70/23 completa el cuadro: un decreto que modificó nada menos que 70 leyes, muchas de ellas de enorme relevancia, entre ellas el Código Civil y Comercial, la ley de contrato de trabajo, la de asociaciones sindicales, deuda pública, entre otras. Es tan voluminoso y ecléctico en su contenido que bien podría equivaler a un centenar de decretos simples, los cuales se hubiesen sumado al de por sí abultado listado de DNU que dictó Milei a lo largo de este año.
En efecto, según los datos del SAIJ, en lo que va de su gestión el Poder Ejecutivo dictó 42 DNU, tres veces más que las leyes que sancionó el Congreso en el mismo lapso. Un dato llamativo es que Mauricio Macri, quien también llegó al poder con minorías parlamentarias en ambas cámaras, solo dictó 12 DNU durante su primer año de gobierno; Milei lo triplicó.
De todos los decretos presidenciales que el presidente firmó, solo uno no sobrevivió: el que dispuso ampliar en $100.000 millones los gastos de la SIDE. Fue un golpe para el Gobierno y, en particular, para Santiago Caputo, integrante del triángulo de hierro del poder. Fue el primer decreto en ser rechazado por ambas cámaras en la historia parlamentaria.
Mejor suerte tuvo, hasta ahora, el DNU 70; el Senado lo rechazó apenas comenzaron las sesiones ordinarias; sin embargo, en la Cámara de Diputados los bloques dialoguistas de Cámara de Diputados, aun aquellos de perfil más opositor, no se atrevieron a tanto; hacerlo hubiese sido interpretado como un golpe desestabilizar a un gobierno en sus primeros pasos de gestión.
Estrategia a dos puntas
Estos datos –la escasez de leyes sancionadas y la proliferación de DNU- revelan a las claras a qué se reduce la estrategia parlamentaria de la Casa Rosada: sancionar solo las leyes indispensables (lo demás es relleno) y desactivar, con un tercio de los votos, cualquier ofensiva opositora que conspire contra sus políticas.
Milei no disimula su desdén al Congreso; lo demostró al inaugurar las sesiones ordinarias de espaldas al palacio legislativo. A lo largo de este primer año no intentó cultivar vínculos ni alianzas estables con los bloques parlamentarios, ni siquiera con los dialoguistas. La relación entre el Poder Ejecutivo y el Legislativo transcurrió las más de las veces en un clima de conflicto permanente que Milei, merced al apoyo popular, logró neutralizar aun en situaciones de tensión extrema.
Hubo dos episodios que marcaron un punto de inflexión en la dinámica legislativa: los vetos presidenciales a las leyes de movilidad jubilatoria y de financiamiento universitario. Con apenas un tercio de los votos en la Cámara de Diputados Milei logró blindar ambos vetos y demostrar, a propios y ajenos, que con aquella pequeña fortaleza podrá mantenerse a salvo de futuras embestidas opositoras.
“Fue entonces cuando Martín Menem se recibió de presidente de la Cámara”, se regodean en el oficialismo. Menem buscará este miércoles su reelección al frente del cuerpo.
El oficialismo nunca pudo haber llevado la proeza sin el auxilio de diputados, otrora opositores, que por convicción o conveniencia electoral le prestaron sus votos. Los daños colaterales de las sucesivas derrotas opositoras se replicaron en la fractura, tácita o expuesta, de distintos bloques, empezando por el del radicalismo. La oposición finaliza el año entre la impotencia y el desconcierto por no haber podido (o querido) avanzar en su propia agenda, en buena parte boicoteada por el oficialismo.
Es lo que sucedió con el proyecto de Presupuesto que, insólitamente y pese a la predisposición a negociar de gobernadores y dialoguistas, no verá la luz por ahora. El Poder Ejecutivo reconducirá por segunda vez más el actual, un hecho que no tiene antecedentes. Tampoco avanzó el proyecto ficha limpia, prohijado por el macrismo y que sucumbió por decisión de la Casa Rosada en su estrategia polarizadora con Cristina Kirchner. Una mácula que marcó un punto de inflexión en su relación con el bloque Pro, despechado con el desplante.
En el camino queda pendiente otro tendal de proyectos que el Gobierno presentó con bombos y platillos pero que, en los hechos, quedaron en las gateras. La privatización de Aerolíneas Argentinas, el nuevo régimen penal juvenil; la propuesta para que las Fuerzas Armadas puedan involucrarse en asuntos de seguridad interior; el juicio penal en ausencia, el abordaje integral del crimen organizado, entre otras, deberán esperar otro año a menos que el presidente decida incluirlas en las sesiones extraordinarias.
Suena improbable. Con la mira puestas en las elecciones legislativas del año próximo la urgencia será la derogación de las elecciones primarias. También la aprobación de los pliegos de Ariel Lijo y Manuel García Mancilla, postulantes a la Corte, un desvelo del Gobierno por ahora trunco.
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El arca de Javier y el destino de una alianza imposible
La crisis por el proyecto de ficha limpia lleva al punto de quiebre la relación entre los libertarios y Pro; los triunfos pasajeros de Cristina en el camino a las elecciones
Martín Rodríguez Yebra
El macrismo apunta a Milei por las negociaciones con el kirchnerismo
El sentido bíblico con el que Javier Milei adorna su misión presidencial lo empuja a abrazar a los conversos y despreciar el concepto de “aliado”. En una batalla entre el bien y el mal está prohibida la herejía del matiz. El diálogo no tiene razón de ser entre el líder redentor y un conjunto de liliputienses afectados por el desprestigio social. Los acuerdos se consiguen a fuerza de aplicarle al otro el peso del poder hasta que se rinda.
Mauricio Macri y Pro decidieron hace un año acompañar al Gobierno como si esperaran que aquel rasgo imperativo fuera un vicio que se corregiría con la experiencia. Lo que pasó esta semana con el fracaso del proyecto de ficha limpia marcó el fin de una ilusión. Llevó una relación que ya era traumática hasta el punto de quiebre y abre interrogantes sobre el futuro del mecanismo institucional que les dio a los libertarios una extraordinaria dosis de gobernabilidad a pesar de su escuálida minoría parlamentaria.
El macrismo acusó al Gobierno de estar del lado de los corruptos. Los libertarios, en un mensaje supervisado por Karina Milei, le reprocharon un “repugnante oportunismo”. Antes, el propio Presidente había difundido una alegoría religiosa en la que aborrecía a los “tibios sin ideología” y postulaba: “Los que juegan para todos lados son los peores de todos, incluso mucho peor del que es completamente malvado”.
En su afán castigador, Milei no reparó en la incongruencia de señalar a los que “juegan para todos lados” justo después de los movimientos desconcertantes de su tropa en el debate de la “ficha limpia”. Sus diputados firmaron el dictamen de mayoría, que propone impedir ser candidato a un condenado por corrupción en dos instancias, y 30 de ellos se sentaron en las bancas para la sesión convocada por Pro. Sin embargo, faltaron ocho sin explicación clara (uno de ellos, Gerardo Huesen, llegó a decir que se intoxicó por comer “mucho fiambre”) y hubo un cuidado boicot de los diputados peronistas que responden casi automáticamente a los intereses del Gobierno. El jefe de Gabinete, Guillermo Francos, explicó que el texto era inconveniente porque podía leerse como un intento de proscribir a Cristina Kirchner. Al estallar la ira de Pro, Milei le envió un mensaje a la diputada Silvia Lospennato para decirle que apoyaba la “ficha limpia” y que iba a mandar un proyecto propio, del que no le ofreció detalles.
“Lo que nos quedó en claro es que están buscando un acuerdo con Cristina y todo lo demás son excusas. Le escribió a Silvia y salieron de inmediato a contarlo, solo porque la noticia cayó pésimo entre sus propios votantes”, dice una fuente de Pro de diálogo constante con Macri.
Los dirigentes macristas hablan en estas horas desde el estupor, mientras se revolean comunicados con los libertarios. “Esto es un antes y un después. Nos engañan, nos agreden y se han negado sistemáticamente a cualquier intento de construir confianza”, señala una de las figuras decisivas del bloque de diputados que conduce Cristian Ritondo.
El desengaño de la “ficha limpia” se potenció por el festival del disimulo que montó el oficialismo. No existió siquiera una tentativa de postergar la sesión, que ya se había frustrado por falta de quorum una semana antes. “Quisieron dejarnos en ridículo, pero el tiro les salió por la culata. Quedaron pegados a Cristina. ¿Quién es la casta ahora?”, repetían cerca de Macri.
Mito o realidad, en Pro vislumbran que el tan mencionado pacto con Cristina es cierto. Que Milei habilitó a negociar la nueva composición de la Corte y de cientos de juzgados, además de la reforma electoral, pensada para potenciar una polarización entre La Libertad Avanza (LLA) y el kirchnerismo, a costa de todos los demás actores de la política.
El Gobierno le baja el precio a la crisis con el partido que lo ayudó a conseguir sus principales objetivos de gestión. Insisten en el primer círculo de poder en que los históricos votantes de Pro están ahora masivamente con ellos y que para Macri “será autodestructivo” plantear un desafío directo a Milei. Sienten que han logrado ya los principales retos legislativos que requería el programa económico. Hasta consiguieron el fracaso estratégico del presupuesto 2025, que le permitirá al Ejecutivo distribuir partidas a gusto en la temporada electoral. Al menos hasta marzo no se vislumbran sorpresas posibles en el campo minado del Congreso.
¿Y de cara a las elecciones legislativas? Siempre en registro bíblico, los ideólogos libertarios imaginan a Milei como una suerte de Noé que ofrece lugares en el arca de la salvación. El diluvio universal ocurrirá, en esas escrituras profanas, cuando se abran las urnas. A juicio del Gobierno, el voto terminará por barrer los restos del viejo sistema político.
Es una línea de acción que rechaza la idea de una alianza con Pro. Karina Milei trabaja en una hipótesis según la cual LLA debe encabezar las listas en todo el país. La posibilidad de una confluencia con el macrismo se analizaría distrito por distrito, más cerca de la fecha, cuando se sepa la real necesidad de establecer algún grado de negociación.
Por duro que les resulte, entre los dirigentes de Pro se afianzaba desde el jueves la resignación de que quizás les toque prepararse para competir en soledad. Ponen en juego 22 de sus 37 bancas de diputados. “Nos achicaremos, seguramente. Pero somos un partido con unos principios que no podemos resignar a cambio de cargos. Es falso que todos nuestros votantes, que valoran la estabilización económica, no se preocupan por la salud institucional”, explica uno de los jefes territoriales del macrismo.
La tensión podría escalar si se cristaliza la confluencia entre Milei y el kirchnerismo con la designación de Ariel Lijo en la Corte Suprema y con la reforma electoral
La tensión podría escalar si se cristaliza la confluencia entre Milei y el kirchnerismo
enviada por el Poder Ejecutivo con la idea de tratarla en sesiones extraordinarias.
La expresidenta mira con cariño el proyecto de eliminación de las PASO. Aunque es un invento de su marido, las primarias resultaron una tortura para su carrera política. Evitar esa instancia previa no solo le facilitaría el control del peronismo, donde enfrenta desafíos nada menos que de una criatura propia como Axel Kicillof. También privaría a sus rivales de una herramienta valiosa: desde su invención las internas obligatorias ayudaron al antikirchnerismo a calibrar el voto en las elecciones generales. El primer resultado les daba una indicación de a quién votar para frustrar a Cristina y su gente.
El macrismo traduce el plan de eliminación de las PASO como una señal hostil del Gobierno en el sentido de que no piensa negociar listas de buena fe ni dejar siquiera un espacio para la sana competencia. Es coherente con la declamada intención de Milei de “fundir” a Pro dentro del movimiento libertario, que convalidó desde hace un año la excandidata Patricia Bullrich.
En el fondo, le piden a Milei lo que nunca prometió. Sus pactos son de usar y tirar, por confluencia de intereses. No vende altruismo.
Macri quiso construir confianza comiendo de tanto en tanto con Milei en Olivos. Ritondo organizó tertulias en su casa con el asesor Santiago Caputo, Martín Menem y otros popes libertarios. Se toparon demasiadas veces con la decepción.
Toma y daca
El Gobierno estructura sus relaciones políticas sobre la base del toma y daca. Doblegó a los gobernadores con magras promesas de fondos después de haberlos asfixiado con el recorte de las transferencias discrecionales y la obra pública. Debilitó a los gremios con amenazas de cortar de cuajo su sistema de privilegios. A Cristina, como ironiza un oficialista, la tientan con “las ideas de la libertad”: la suerte de sus causas judiciales convierte en una prioridad para ella la recomposición del sistema judicial.
El intercambio con Pro es muy distinto, a ojos del “triángulo de hierro” que conduce la Argentina: le exigen apoyo incondicional a cambio de supervivencia política. Otra vez la metáfora de Noé que indigna a un grupo de dirigentes con experiencia de poder y cuya aspiración era desde hace un año formar parte de un proyecto con cuya orientación económica coincide sin grandes disidencias.
Milei no acepta mayores recompensas para el partido que lo ayudó a sacar la Ley Bases y el paquete fiscal y que se desgastó con el blindaje a los vetos al aumento de las jubilaciones y de la ley de financiamiento universitario. Se indigna cuando “sermonean con la institucionalidad” (léase, el rechazo a Lijo) y le reprochan los modales agresivos. Se despacha seguido en las redes contra “los pelotudos cultores de las formas sobre el contenido”.
El destino imposible de la alianza con Pro radica justamente en esa disidencia. Milei considera que el gobierno de Macri fracasó por falta de nitidez, por prestar demasiada atención al “qué dirán” de las encuestas. “Tenemos notables diferencias en términos de decisión, de velocidad y de construcción política. Somos claramente otra cosa”, dice un consejero del Presidente.
Los Milei y Santiago Caputo adhieren a la idea de que no se puede combatir al kirchnerismo desde la moderación. “Para neutralizar una fuerza se necesita una de igual intensidad y sentido contrario”, repiten los libertarios.
La construcción de un kirchnerismo de derecha se aceleró en septiembre, cuando ocurrió el primer bajón de Milei en las encuestas de imagen. Desde entonces, la Casa Rosada trabaja minuciosamente en la estrategia de ordenar el tablero político con el Presidente de un lado y Cristina Kirchner del otro.
Supone un riesgo, por supuesto. Milei la necesita en la cancha, pero sin la fuerza suficiente para disparar alarmas en los mercados y poner en peligro los resultados económicos que sostienen la popularidad del Gobierno.
La crisis de la “ficha limpia” fue un traspié de esa estrategia. Milei había prometido en su discurso ante la Asamblea Legislativa del 1° de marzo promover esa ley durante este año. Pero desde que Cristina fue ungida como la rival deseada el proyecto salió de la lista de prioridades. En un principio, el plan era aprobarlo en Diputados, a sabiendas de que el Senado lo frenaría. Un “crimen” sin dejar huellas. Pero los tiempos en que se instaló el debate planteaban una trampa: votarlo esta semana trasladaba la discusión al Senado, donde se trataría recién el año que viene. Le dejaba así a Cristina un largo espacio de tiempo para hacer campaña con el argumento de la proscripción.
La opción de precipitar con disimulo el fracaso de la sesión del jueves no salió como era esperado. El Gobierno notó inmediatamente contrariedad en la conversación en las redes sociales. Los comunicados de cámaras empresariales por la aparente complicidad del oficialismo con la corrupción causaron sorpresa y desconcierto. Milei se preocupó por difundir que él está de acuerdo con la “ficha limpia”, mientras sus brazos armados de las redes actuaban en realidad como patrullas perdidas: decían que con una ley así Donald Trump no hubiera podido ser candidato en Estados Unidos. Algo, además, falso.
Pro usó su indignación para agrandarle a Milei el costo político de su jugada. Instaló la idea de que está en marcha un intercambio con Cristina: impunidad a cambio de favores políticos, como una Corte más permeable al plan libertario y un sistema electoral ajustado a su conveniencia.
La maquinaria de propaganda del oficialismo tiene trabajo. Hasta ahora “la casta” ha sido una geografía elástica que empieza y termina donde decide Milei. Si ahora los “buenos” deciden hablar con los “malos”, el truco consiste en que no se note.
El sentido bíblico con el que Javier Milei adorna su misión presidencial lo empuja a abrazar a los conversos y despreciar el concepto de “aliado”. En una batalla entre el bien y el mal está prohibida la herejía del matiz. El diálogo no tiene razón de ser entre el líder redentor y un conjunto de liliputienses afectados por el desprestigio social. Los acuerdos se consiguen a fuerza de aplicarle al otro el peso del poder hasta que se rinda.
Mauricio Macri y Pro decidieron hace un año acompañar al Gobierno como si esperaran que aquel rasgo imperativo fuera un vicio que se corregiría con la experiencia. Lo que pasó esta semana con el fracaso del proyecto de ficha limpia marcó el fin de una ilusión. Llevó una relación que ya era traumática hasta el punto de quiebre y abre interrogantes sobre el futuro del mecanismo institucional que les dio a los libertarios una extraordinaria dosis de gobernabilidad a pesar de su escuálida minoría parlamentaria.
El macrismo acusó al Gobierno de estar del lado de los corruptos. Los libertarios, en un mensaje supervisado por Karina Milei, le reprocharon un “repugnante oportunismo”. Antes, el propio Presidente había difundido una alegoría religiosa en la que aborrecía a los “tibios sin ideología” y postulaba: “Los que juegan para todos lados son los peores de todos, incluso mucho peor del que es completamente malvado”.
En su afán castigador, Milei no reparó en la incongruencia de señalar a los que “juegan para todos lados” justo después de los movimientos desconcertantes de su tropa en el debate de la “ficha limpia”. Sus diputados firmaron el dictamen de mayoría, que propone impedir ser candidato a un condenado por corrupción en dos instancias, y 30 de ellos se sentaron en las bancas para la sesión convocada por Pro. Sin embargo, faltaron ocho sin explicación clara (uno de ellos, Gerardo Huesen, llegó a decir que se intoxicó por comer “mucho fiambre”) y hubo un cuidado boicot de los diputados peronistas que responden casi automáticamente a los intereses del Gobierno. El jefe de Gabinete, Guillermo Francos, explicó que el texto era inconveniente porque podía leerse como un intento de proscribir a Cristina Kirchner. Al estallar la ira de Pro, Milei le envió un mensaje a la diputada Silvia Lospennato para decirle que apoyaba la “ficha limpia” y que iba a mandar un proyecto propio, del que no le ofreció detalles.
“Lo que nos quedó en claro es que están buscando un acuerdo con Cristina y todo lo demás son excusas. Le escribió a Silvia y salieron de inmediato a contarlo, solo porque la noticia cayó pésimo entre sus propios votantes”, dice una fuente de Pro de diálogo constante con Macri.
Los dirigentes macristas hablan en estas horas desde el estupor, mientras se revolean comunicados con los libertarios. “Esto es un antes y un después. Nos engañan, nos agreden y se han negado sistemáticamente a cualquier intento de construir confianza”, señala una de las figuras decisivas del bloque de diputados que conduce Cristian Ritondo.
El desengaño de la “ficha limpia” se potenció por el festival del disimulo que montó el oficialismo. No existió siquiera una tentativa de postergar la sesión, que ya se había frustrado por falta de quorum una semana antes. “Quisieron dejarnos en ridículo, pero el tiro les salió por la culata. Quedaron pegados a Cristina. ¿Quién es la casta ahora?”, repetían cerca de Macri.
Mito o realidad, en Pro vislumbran que el tan mencionado pacto con Cristina es cierto. Que Milei habilitó a negociar la nueva composición de la Corte y de cientos de juzgados, además de la reforma electoral, pensada para potenciar una polarización entre La Libertad Avanza (LLA) y el kirchnerismo, a costa de todos los demás actores de la política.
El Gobierno le baja el precio a la crisis con el partido que lo ayudó a conseguir sus principales objetivos de gestión. Insisten en el primer círculo de poder en que los históricos votantes de Pro están ahora masivamente con ellos y que para Macri “será autodestructivo” plantear un desafío directo a Milei. Sienten que han logrado ya los principales retos legislativos que requería el programa económico. Hasta consiguieron el fracaso estratégico del presupuesto 2025, que le permitirá al Ejecutivo distribuir partidas a gusto en la temporada electoral. Al menos hasta marzo no se vislumbran sorpresas posibles en el campo minado del Congreso.
¿Y de cara a las elecciones legislativas? Siempre en registro bíblico, los ideólogos libertarios imaginan a Milei como una suerte de Noé que ofrece lugares en el arca de la salvación. El diluvio universal ocurrirá, en esas escrituras profanas, cuando se abran las urnas. A juicio del Gobierno, el voto terminará por barrer los restos del viejo sistema político.
Es una línea de acción que rechaza la idea de una alianza con Pro. Karina Milei trabaja en una hipótesis según la cual LLA debe encabezar las listas en todo el país. La posibilidad de una confluencia con el macrismo se analizaría distrito por distrito, más cerca de la fecha, cuando se sepa la real necesidad de establecer algún grado de negociación.
Por duro que les resulte, entre los dirigentes de Pro se afianzaba desde el jueves la resignación de que quizás les toque prepararse para competir en soledad. Ponen en juego 22 de sus 37 bancas de diputados. “Nos achicaremos, seguramente. Pero somos un partido con unos principios que no podemos resignar a cambio de cargos. Es falso que todos nuestros votantes, que valoran la estabilización económica, no se preocupan por la salud institucional”, explica uno de los jefes territoriales del macrismo.
La tensión podría escalar si se cristaliza la confluencia entre Milei y el kirchnerismo con la designación de Ariel Lijo en la Corte Suprema y con la reforma electoral
La tensión podría escalar si se cristaliza la confluencia entre Milei y el kirchnerismo
enviada por el Poder Ejecutivo con la idea de tratarla en sesiones extraordinarias.
La expresidenta mira con cariño el proyecto de eliminación de las PASO. Aunque es un invento de su marido, las primarias resultaron una tortura para su carrera política. Evitar esa instancia previa no solo le facilitaría el control del peronismo, donde enfrenta desafíos nada menos que de una criatura propia como Axel Kicillof. También privaría a sus rivales de una herramienta valiosa: desde su invención las internas obligatorias ayudaron al antikirchnerismo a calibrar el voto en las elecciones generales. El primer resultado les daba una indicación de a quién votar para frustrar a Cristina y su gente.
El macrismo traduce el plan de eliminación de las PASO como una señal hostil del Gobierno en el sentido de que no piensa negociar listas de buena fe ni dejar siquiera un espacio para la sana competencia. Es coherente con la declamada intención de Milei de “fundir” a Pro dentro del movimiento libertario, que convalidó desde hace un año la excandidata Patricia Bullrich.
En el fondo, le piden a Milei lo que nunca prometió. Sus pactos son de usar y tirar, por confluencia de intereses. No vende altruismo.
Macri quiso construir confianza comiendo de tanto en tanto con Milei en Olivos. Ritondo organizó tertulias en su casa con el asesor Santiago Caputo, Martín Menem y otros popes libertarios. Se toparon demasiadas veces con la decepción.
Toma y daca
El Gobierno estructura sus relaciones políticas sobre la base del toma y daca. Doblegó a los gobernadores con magras promesas de fondos después de haberlos asfixiado con el recorte de las transferencias discrecionales y la obra pública. Debilitó a los gremios con amenazas de cortar de cuajo su sistema de privilegios. A Cristina, como ironiza un oficialista, la tientan con “las ideas de la libertad”: la suerte de sus causas judiciales convierte en una prioridad para ella la recomposición del sistema judicial.
El intercambio con Pro es muy distinto, a ojos del “triángulo de hierro” que conduce la Argentina: le exigen apoyo incondicional a cambio de supervivencia política. Otra vez la metáfora de Noé que indigna a un grupo de dirigentes con experiencia de poder y cuya aspiración era desde hace un año formar parte de un proyecto con cuya orientación económica coincide sin grandes disidencias.
Milei no acepta mayores recompensas para el partido que lo ayudó a sacar la Ley Bases y el paquete fiscal y que se desgastó con el blindaje a los vetos al aumento de las jubilaciones y de la ley de financiamiento universitario. Se indigna cuando “sermonean con la institucionalidad” (léase, el rechazo a Lijo) y le reprochan los modales agresivos. Se despacha seguido en las redes contra “los pelotudos cultores de las formas sobre el contenido”.
El destino imposible de la alianza con Pro radica justamente en esa disidencia. Milei considera que el gobierno de Macri fracasó por falta de nitidez, por prestar demasiada atención al “qué dirán” de las encuestas. “Tenemos notables diferencias en términos de decisión, de velocidad y de construcción política. Somos claramente otra cosa”, dice un consejero del Presidente.
Los Milei y Santiago Caputo adhieren a la idea de que no se puede combatir al kirchnerismo desde la moderación. “Para neutralizar una fuerza se necesita una de igual intensidad y sentido contrario”, repiten los libertarios.
La construcción de un kirchnerismo de derecha se aceleró en septiembre, cuando ocurrió el primer bajón de Milei en las encuestas de imagen. Desde entonces, la Casa Rosada trabaja minuciosamente en la estrategia de ordenar el tablero político con el Presidente de un lado y Cristina Kirchner del otro.
Supone un riesgo, por supuesto. Milei la necesita en la cancha, pero sin la fuerza suficiente para disparar alarmas en los mercados y poner en peligro los resultados económicos que sostienen la popularidad del Gobierno.
La crisis de la “ficha limpia” fue un traspié de esa estrategia. Milei había prometido en su discurso ante la Asamblea Legislativa del 1° de marzo promover esa ley durante este año. Pero desde que Cristina fue ungida como la rival deseada el proyecto salió de la lista de prioridades. En un principio, el plan era aprobarlo en Diputados, a sabiendas de que el Senado lo frenaría. Un “crimen” sin dejar huellas. Pero los tiempos en que se instaló el debate planteaban una trampa: votarlo esta semana trasladaba la discusión al Senado, donde se trataría recién el año que viene. Le dejaba así a Cristina un largo espacio de tiempo para hacer campaña con el argumento de la proscripción.
La opción de precipitar con disimulo el fracaso de la sesión del jueves no salió como era esperado. El Gobierno notó inmediatamente contrariedad en la conversación en las redes sociales. Los comunicados de cámaras empresariales por la aparente complicidad del oficialismo con la corrupción causaron sorpresa y desconcierto. Milei se preocupó por difundir que él está de acuerdo con la “ficha limpia”, mientras sus brazos armados de las redes actuaban en realidad como patrullas perdidas: decían que con una ley así Donald Trump no hubiera podido ser candidato en Estados Unidos. Algo, además, falso.
Pro usó su indignación para agrandarle a Milei el costo político de su jugada. Instaló la idea de que está en marcha un intercambio con Cristina: impunidad a cambio de favores políticos, como una Corte más permeable al plan libertario y un sistema electoral ajustado a su conveniencia.
La maquinaria de propaganda del oficialismo tiene trabajo. Hasta ahora “la casta” ha sido una geografía elástica que empieza y termina donde decide Milei. Si ahora los “buenos” deciden hablar con los “malos”, el truco consiste en que no se note.
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