lunes, 2 de diciembre de 2024

CORINA MACHADO..ENTREVISTA LIDER OPOSITORA Y EL HILO DEL MUNDO


María Corina Machado: “El asedio a la embajada en Caracas es una forma de tortura en territorio argentino”
En una entrevista , la dirigente que desafió a Maduro describió la dramática situación que atraviesan los seis opositores asilados en la legación diplomática argentina; se refirió a cómo vive su día a día en la clandestinidad y definió a Milei como “un gran amigo”
Lucía Sol Miguel
La líder opositora María Corina Machado. 
María Corina Machado pasó de recorrer los rincones de Venezuela rodeada de cientos de simpatizantes a ocultarse en un lugar desconocido dentro del país para resguardarse de los constantes intentos del régimen de Nicolás Maduro por acallarla. En la soledad de la clandestinidad pasa gran parte de su tiempo trabajando para lograr la transición democrática el próximo 10 de enero, la fecha en la que su compañero Edmundo González Urrutia debería asumir la presidencia, de acuerdo a las actas electorales del 28 de julio recolectadas por la oposición que demostrarían el fraude masivo del chavismo. Hay otra cuestión urgente que le genera gran preocupación: el asedio a los opositores refugiados en la residencia de la embajada argentina en Caracas, lo que considera “una forma de tortura en territorio argentino”.
“Es algo abominable, sin precedentes, que amerita una reacción muy fuerte de todas las cancillerías y gobiernos de este hemisferio [...] Mis compañeros tienen más de ocho meses allí y cada día les hacen la vida más difícil. Quieren quebrarlos emocional, espiritual y físicamente. Eso es lo que están buscando”, dijo en una entrevista por videoconferencia 
La líder opositora María Corina Machado, en Caracas, Venezuela, en agosto pasado. 
Seis opositores refugiados en la embajada argentina en Caracas, bajo gestión del gobierno de Brasil, llevan más de cinco días sin electricidad y cuatro sin luz después de que oficiales del régimen cortaran los suministros mientras custodian armados las inmediaciones.
La líder opositora, a quien la fiscalía de Venezuela investiga por “traición a la patria”, insiste en que la comunidad internacional que ha apoyado todo este tiempo a la causa venezolana debería accionar de forma urgente para cesar el hostigamiento de los seis asilados, en especial los cuerpos diplomáticos tanto dentro como fuera de Caracas, y afirmó que al respecto habla con el presidente Javier Milei, “un gran amigo”.


”Pronunciamientos hemos tenido suficientes. En conjunto todos los gobiernos de este continente tienen que hacerle entender a Maduro que esto es simplemente insostenible”, puntualizó.
Además, de cara al 10 de enero, afirma que las únicas dos opciones posibles son que González Urrutia asuma el poder o que Maduro instaure su dictadura “a sangre y fuego”, una opción que considera inviable para el régimen porque implicaría su aislamiento total y mayores fracturas dentro de su estructura. “Maduro le podrá decir a los pocos aliados que le quedan que el mundo va a pasar la página y que él va a poder estabilizarse. Eso es imposible, porque es imposible normalizar este horror. Nosotros vamos a avanzar a una transición democrática donde vamos a reencontrar a los venezolanos y vamos a hacer que Venezuela sea una tierra libre, próspera y democrática. Que nadie lo dude”, afirmó.
-Pasaron cuatro meses desde las elecciones del 28 de julio. Hoy usted se encuentra completamente sola en la clandestinidad, ¿cómo vive esta situación?
-Trabajando casi las 24 horas del día. Eso creo que es lo que me ha permitido entender esta dinámica, que obviamente tiene enormes restricciones, que es súper diferente a todo lo que he vivido y que además fue en medio de una situación totalmente inesperada, en el sentido de que yo jamás me imaginé que iba a tener más trabajo después de ganar una elección que antes para ganarla. Pero esto ocurre cuando enfrentas a estos sistemas totalitarios criminales. Nos ha dado también todo un sentido de serenidad y de entender que se vive un día a la vez. Si tuviéramos un mínimo nivel de institucionalidad democrática o incluso una dictadura convencional, el propio 28 de julio hubiera sido diferente. Tuvimos una victoria por más de 40 puntos, el chavismo sufrió un descalabro absoluto. Por cierto, nunca se imaginaron que tanta gente iba a votar a favor del cambio, pero que además íbamos a tener en menos de 24 horas las pruebas, jamás se lo imaginaron. Este es el sistema que enfrentamos, es cruel, es represivo y hay que aguantar y avanzar. Eso es exactamente lo que nosotros estamos haciendo.
"El 28 de julio tuvimos una victoria por más de 40 puntos", dijo Corina Machado
-¿Dónde encuentra la fuerza y la motivación para seguir adelante en la lucha contra el régimen a pesar de estar en la clandestinidad?
-Yo la saco de mi total confianza en los venezolanos. Durante todos estos años nos han dicho que es imposible enfrentar y derrotar esta tiranía. Nosotros salimos a encontrarnos con el país, porque lo conocemos, porque yo confío en ellos. Y yo sabía que aquí había una sociedad que estaba todo menos resignada, y que al final nos reconocimos como ciudadanos, confiamos unos en otros, derribamos todas esas barreras que el chavismo había puesto para para enfrentarnos. Salimos a unir un país que se levantó orgulloso y fuimos capaces de hacer las primarias. Nos decían que era imposible hacer las primarias sin que el Consejo Nacional Electoral metiera su mano, sin los militares, sin los policías, sin la plata del régimen. Y dije “no, esto tiene que ser la sociedad civil”. Y así lo hicimos. Entonces, yo siento que la sociedad venezolana nos ha dado unas lecciones tan enormes de su vocación democrática, de su amor por la libertad, nuestra capacidad de organización, del coraje. Entonces, de ahí sale mi fuerza y sale mi convicción. Yo no tengo ninguna duda de que el destino de esta lucha es la libertad de Venezuela pronto. No te puedo decir el día y la hora exacta. Si esto fuera una democracia, yo te digo, el 10 de enero a las 10 de la mañana frente a la Asamblea Nacional Edmundo González Urrutia es el presidente. Pero estamos enfrentando un sistema criminal que ha sido calificado por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos con que hace terrorismo de Estado, y por las Naciones Unidas en su misión de verificación de los hechos como crímenes de lesa humanidad. Estamos enfrentando una lucha de otro nivel. No te puedo decir si va a ser antes, durante o después del 10 de enero, pero lo que yo sí te puedo decir es que vamos a hacer respetar la voluntad de los venezolanos mayoritariamente expresada el 28 de julio.
-El régimen de Maduro abrió la semana pasada una investigación en su contra y ayer el asedio llegó hasta la casa de su madre. ¿Tiene miedo de que el chavismo intente presionar más fuerte contra usted al punto de encarcelarla?
-Yo creo que ellos son capaces de todo. Ellos han asesinado venezolanos, torturado niños acusados de terrorismo, los han quemado, les han aplicado shocks eléctricos. Esta gente ha cruzado todas las rayas rojas, todas. Nunca hemos visto un nivel de represión, de crueldad, de maldad como el que estamos viendo en este régimen hoy. Pero que nadie se engañe: su maldad y su violencia es directamente proporcional a su debilidad. No es una muestra de que esto es un sistema estable, todo lo contrario. Ellos saben que están pendiendo de un hilo. Es decir, ¿qué tenemos hoy nosotros? Al 90% del país unido. En Venezuela no hay conflictos religiosos, ni raciales, ni regionales, ni políticos ideológicos. Es un país que todo unido lo que quiere es que se vaya Maduro y que inicie una Venezuela genuinamente demócrata y próspera y libre. Tenemos un liderazgo legitimado por las primarias del 22 de octubre y por las elecciones. Tenemos una oposición unida, clarísima, de que vamos a hacer valer la soberanía popular. Además, tenemos a la comunidad internacional absolutamente detrás de nosotros. Lo vemos en América Latina. Mira la posición desde un presidente como Milei hasta Gabriel Boric, es decir, a todo lo largo del espectro ideológico con nosotros, entendiendo que esto es un tema de libertades, un tema de rescatar la república en Venezuela. Y el régimen fracturado en su interior matándose entre ellos. Entonces, nunca habíamos tenido una oportunidad como esta. Y aquí hay que asumirlo así, este es el momento de actuar y de avanzar. Nosotros vamos a hacer valer la decisión de cambio de los venezolanos.
La bandera de Brasil ondea en la embajada de Argentina en Caracas, Venezuela 
-¿Está en contacto con los seis asilados en la embajada de Argentina en Caracas? ¿En qué situación se encuentran?
-Yo creo que este es uno de los casos más aberrantes que ha habido en las relaciones diplomáticas de América Latina en las últimas décadas. No veo otro equivalente. Estamos hablando que lo que está ocurriendo en la embajada de Argentina, mis compañeros, es un asedio que se ha convertido en una forma de tortura sobre todo psicológica, pero también física, en territorio argentino. Están torturando unos asilados en territorio argentino. Les han cortado el agua, les han cortado la luz. No dejan que ellos puedan en muchos casos ingresar alimentos o medicinas. Las tienen restringidas. Les impidieron todo tipo de visita, todo tipo de contacto. Les colocan estos individuos armados con luces asediando y generando terror no solamente a ellos, a todos a todos los vecinos. Entonces, ¿qué más van a hacer? ¿Los van a hacer morir de hambre, les van a cortar la comida? Y esto está ocurriendo, insisto, en territorio argentino, bajo protección de Brasil, ante los ojos del mundo. ¿Qué va a hacer el mundo? ¿Qué hace el cuerpo diplomático no solamente acreditado en Caracas, sino en toda la región? ¿Qué van a hacer? La embajada Argentina de alguna manera se ha convertido en la exacerbación de lo que Maduro le ha hecho al país, lo que Maduro le está haciendo a Venezuela. Pero esto es algo abominable, sin precedentes que amerita una reacción muy fuerte de todas las cancillerías y de todos los gobiernos de este hemisferio.
-Se pregunta usted qué van a hacer. ¿Qué cree que deberían hacer? ¿Un pronunciamiento, algo más?
-No, yo creo que pronunciamientos hemos tenido suficientes. Yo creo que en conjunto todos los gobiernos de este continente, del hemisferio en general, tienen que hacerle entender a Maduro que es simplemente insostenible, que eso va a traer consecuencias que para el propio régimen y que para el propio Maduro pueden ser totalmente perjudiciales, porque al final la institución del asilo es una institución que ha sido sagrada en América Latina. Y esto es un precedente brutal. Son seis personas perseguidas por haber defendido la expresión del voto, por haber defendido una elección. Y entonces, que no haya una reacción más firme para obligar al régimen los salvoconductos, que es su derecho. Y aquí estos ataques, insisto, primero no es solo contra Argentina y Brasil, pero es contra toda la institución del asilo en América Latina. Entonces, esto merece una reacción que requiere de mucha firmeza, que no se ha producido hasta ahora, y que esperamos que toda la región reaccione porque es una situación insostenible. Mis compañeros tienen más de ocho meses allí y cada día le hacen la vida más difícil, o sea, ellos quieren quebrarlos emocional, espiritual y físicamente. Eso es lo que están buscando en el contexto de una de un país donde la escalada represiva está creciendo. No crean que esto se estabilizó. No, no, no. Todos los días meten preso a alguien más. Todos los días es una amenaza más, todos los días me acusan a mí de un crimen adicional y ahora es con mi familia también. Entonces, hay que entender que Maduro está absolutamente desesperado porque su estructura está crujiendo, pero están haciendo mucho daño y son muy peligrosos.
-¿Está en contacto con el gobierno de Milei? ¿Ha conversado con él al respecto de esta situación en la embajada?
-Sí, claro, tanto con el presidente Milei, que es un gran amigo, como con el nuevo canciller [Gerardo Werthein] y desde luego con la ministra Patricia Bullrich, que también sabe que es una súper aliada de nuestra causa.
-¿Y con el gobierno de Luiz Inacio Lula da Silva?
-Permanentemente intercambiando información.
Edmundo Gonzalez Urrutia durante una marcha opositora en Madrid.
-González Urrutia, forzado al exilio, afirmó que planea volver a Venezuela para juramentar el 10 de enero. Usted también prometió que de aquí en adelante van a llevar a cabo acciones más determinantes para poder garantizar eso. ¿Podría compartir algo del plan para ese día? ¿Conversó con el chavismo sobre una transición?
-Hay que entender la dinámica que está ocurriendo en Venezuela. El régimen jamás se imaginó que iba a haber este movimiento ciudadano con esa expresión masiva, formidable de organización. Ellos decidieron atrincherarse y, contrario a lo que yo creo que le conviene a Maduro, negar cualquier posibilidad de negociación en este momento. Y creo que es contrario a su interés por lo siguiente, porque de aquí al 10 de enero hay dos opciones. Se cumple lo que dice la Constitución venezolana, porque Edmundo González Urrutia es el presidente electo y se juramenta como presidente constitucional de Venezuela, o la otra opción es que Maduro a la fuerza, a sangre y fuego, diciendo “a mí no me importa lo que pase, las consecuencias”, y se queda ya aferrado. En ese contexto pierde Maduro. En el primer escenario gana el mundo, en el segundo pierde Maduro. Esto hay que tenerlo claro, porque a partir de ese momento Maduro estaría sellando, consolidando, formalizando el golpe de Estado que ya dieron el 28 de julio. Y eso implicaría que las fuerzas y las presiones se van a incrementar dentro y fuera y ellos lo saben, es decir, muchos actores que están cerca de Maduro hoy lo entienden y por eso ves tantas fracturas entre los distintos grupos que conforman este sistema criminal. Entonces, cada cosa a su momento, cada día a su momento. Nosotros nos hemos dedicado a fortalecer nuestras estructuras, a comunicarnos con la gente en un país donde no hay luz, donde ni un solo medio de comunicación se atreve a decir la verdad, donde nos interceptan las redes sociales, donde nos cortan internet, porque la obsesión de ellos es que estemos incomunicados y aislados. Entonces, es un momento donde estamos dedicados a organizar, acercar, activar y preparar todas nuestras fuerzas para lo que venga en los próximos días.
-Recién habló de fracturas. ¿Conversó con estructuras del chavismo que ya no quieren acercarse al régimen y eligen unirse a la oposición?
-Claro, y hay algunas que ya se han unido. Y conscientes además de que nosotros ya no somos oposición, nosotros ganamos una elección y ganamos por una paliza. Y hay muchos actores dentro del chavismo, no solamente el partido, sino la burocracia, los empleados públicos, los sectores policiales, judiciales y militares, que entienden que allá no hay futuro. Que Maduro va simplemente a caer por un precipicio, que es lo que está ocurriendo ahorita, aislándose completamente. Maduro se peleó hasta con Lula. Entonces, tú me dirás, ¿qué le queda? Bueno, le quedan los criminales del mundo, que tienen sus propios problemas y sus propios conflictos y que ninguno va a salir a salvar a Maduro. Esa es la realidad. Entonces, Maduro decidió irse por un camino peligroso porque no tiene límite en términos de su acción represiva, pero destructivo para él. Eso es lo que hay que entender.


-Usted convocó para este domingo una movilización masiva tanto en Venezuela como en el mundo. ¿Qué les diría a los venezolanos que van a asistir y que están esperando una nueva señal de su parte?
-Una de las cosas que trató de hacer el régimen fue dividir a la sociedad venezolana y una de las cosas que provocaron intencionalmente fue la migración. La migración fue sistemáticamente pensada por ellos, porque de alguna manera tú con eso tienes una especie de válvula a las tensiones sociales cuando hay escasez de alimentos, de medicina, el desastre que hay en Venezuela en los servicios públicos. No hay combustible, no hay gas para cocinar. Entonces ahí tú tienes una válvula, pero también tiene un efecto de dividir a la familia. Con eso haces al ser humano más frágil, más débil, más triste, ¿sabes? Porque está solo. La mamá se queda solita sin sus hijos, los hermanos todos separados, los niños que lloran porque no han conocido a su papá, los abuelos que no han conocido los nietos. Esto es una cosa dramática. Pero además, el régimen ha usado esto como un mecanismo de desestabilización política en la región. Venezuela es hoy la crisis migratoria más grande del mundo, más grande que Siria, más grande que Ucrania. Pero además, hay que entender por qué la gente se va. Una mamá que agarra a su muchachito dispuesto a irse caminando cruzando ocho países, pasando el infierno que es la selva del Darién, donde sabes que probablemente te van a asaltar, a violar o matar y aún así lo haces. ¿Te imaginas lo que estás sintiendo esa mujer? Y es no es solamente un problema de penuria económica, es ausencia de futuro. Porque si tú tienes una dificultad económica, pero tú sabes que el país va a cambiar, que vamos a echar para adelante, que nos vamos a ocupar unos de otros, que Venezuela va a prosperar, no te vas, al contrario. Muchos regresan a echarle pichón y a reconstruir su país. Entonces, esto tiene que tenerlo el mundo muy claro. Si Maduro pretende extender a la fuerza su permanencia en el poder, no será uno o dos millones, pueden ser tres, cuatro, cinco millones de venezolanos más que van a salir muy pronto de aquí. Porque precisamente la expectativa del cambio político que yo sé que va a ocurrir es la que ha hecho mucha gente no se vaya porque comparten esto, ¿me explico? La diáspora venezolana, a pesar de que fue forzada a irse con ese propósito de debilitarnos, también se ha convertido hoy en nuestra mayor fortaleza. Porque es nuestra voz frente al mundo. Hemos convertido a Venezuela en una causa global. Yo te pregunto, ¿Cuántas causas en el mundo te pueden sacar a gente simultáneamente en 200, 300, 500 ciudades alrededor del mundo? La libertad de Venezuela es una. Y eso es gracias a los venezolanos que están afuera y que anhelan volver. Entonces, el domingo es un día muy importante. Estamos en la víspera del inicio de la Asamblea de Estados Parte de la Corte Penal Internacional [CPI] en la cual, además, la Argentina ha sido absolutamente firme y solidaria con Venezuela. Y nos estamos encontrando los venezolanos alrededor del mundo elevando la voz con este grito ‘¡CPI actúa ya!’. Están debidamente documentados los crímenes. No hay justificación alguna para que mientras en otros casos hay celeridad en el caso de Venezuela no la haya porque además la falta de acción genera incentivos para que se continúe violando los derechos humanos y cometiendo crímenes de lesa humanidad como el que hoy ocurre contra los niños o las mujeres apresadas después del 28 de julio de las elecciones. De 3500 prisioneros políticos que hay en todo el continente, más de 2000 están en Venezuela. Es decir, esto es verdaderamente aterrador. Entonces, el domingo es un día muy importante que los venezolanos alrededor del mundo y muchos en Venezuela también podamos elevar nuestras voces y demostrar que esto no tiene vuelta atrás. Maduro le podrá decir a los pocos que le quedan, que hoy lo apoyan unos militares u otros sectores, les podrá decir que el mundo va a pasar la página y que él va a poder estabilizarse. Eso es imposible. Es imposible normalizar este horror. Normalizar la tortura, normalizar la miseria, normalizar la violencia y la mentira. Eso no va a pasar. Y ese es el mensaje que quiero transmitirles sobre todo a los que me lean hoy. Los necesitamos a ustedes hoy. Nosotros vamos a avanzar a una transición democrática donde vamos a reencontrar a los venezolanos y vamos a hacer que Venezuela sea una tierra libre, próspera y democrática, que nadie lo dude.
-¿Cómo ve para la situación en Venezuela la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca y el nombramiento de Marco Rubio como secretario de Estado? ¿Conversó con ellos?
-Creo que el nombramiento de Rubio es algo sumamente positivo para todos los latinoamericanos, es el primer hispano que llega a la Secretaría de Estado, pero además que ha tenido una trayectoria impecable en la defensa de la libertad en Cuba, en Nicaragua y desde luego en Venezuela. Además creo que tiene clarísimo cuáles son las amenazas que tenemos en este hemisferio por parte de actores y agentes externos. El caso del régimen iraní que ha encontrado una puerta de entrada a toda la región a través de sus vínculos con Maduro, que no solamente ha ofrecido nuestro territorio, sino también le ha dado identidad a muchos agentes extremistas, identidad venezolana, quiero decir. Las relaciones que tiene Maduro con Putin, con Siria, con Bielorrusia. Entonces, estamos hablando de que Rubio conoce en detalle las amenazas que tiene esta región y yo creo que tiene además un compromiso de vida con la libertad en todo el hemisferio.


-En la misma línea, quería consultarle qué opina respecto a la promesa que ha hecho Trump en campaña sobre deportaciones masivas, que esto podría llegar también a incluir venezolanos en Estados Unidos.
-Bueno, yo creo que cualquier país que demuestra que una persona ha cometido graves delitos, que ingresó ilegalmente, o que tiene antecedentes de graves delitos, pues tiene derecho a deportarlo. Y en el caso nuestro, en nuestro gobierno, aquellos venezolanos con esos antecedentes o con ese comportamiento criminal, entendemos perfectamente que sean deportados y sabremos lidiar con ellos, no como Maduro, que efectivamente es quien ha estado estimulando y ofreciéndole Venezuela como un santuario a la operación de estos grupos del crimen organizado que ya tienen tentáculos desde Canadá hasta la Argentina.
-Para aquellos venezolanos en el país que están siendo aterrorizados, para algunos que se mostraron decepcionados en el momento en el que Edmundo González tuvo que ser forzado al exilio. ¿Qué les diría a aquellos que pueden llegar a estar perdiendo la esperanza del cambio?
-¿Sabes que eso no lo siento yo aquí en Venezuela? Todo lo contrario. Evidentemente que el dolor es tan profundo que todos queremos que se resuelva de manera inmediata, porque además sería lo justo, es lo que dice la Constitución. Nos tomó muchos años llegar hasta aquí. Un régimen que es brutalmente cruel, que ha tenido toda la plata del mundo, que ha tenido además todas las complicidades del mundo y por eso se ha aguantado, ¿no? No tiene escrúpulos, mata, persigue, silencia, han cerrado todos los medios de comunicación, han perseguido sacerdotes por el simple hecho de oficiar una misa por presos políticos, es decir, no tienen límite, entonces es normal que los venezolanos sintamos que hemos sufrido demasiado. Pero eso también nos ha dado una cierta resiliencia y un entendimiento de que es un día a la vez. Nos tomó casi un año llegar a las primarias y logramos esa victoria. Nos tomó 10 meses llegar a las elecciones y tuvimos esa victoria. Y ahora tenemos estos meses que han transcurrido y que han logrado que Maduro esté más aislado que nunca. No ha tenido un avance, un apoyo internacional en lo que va del 28 de julio para acá. Por el contrario, cada día más aislado e ilegítimo. Por el contrario, nosotros cada día tenemos más fuerza, más reconocimientos. Esta ha sido una semana increíble. Edmundo fue reconocido como presidente electo por Anthony Blinken; Giorgia Meloni en la Argentina junto a Milei dice que Edmundo es el presidente electo de Venezuela, también lo dice Ecuador. Yo he conversado con cantidades de cancilleres que nos acompañan, que nos apoyan. Entonces, este es un momento en el cual estamos avanzando. Y tenemos que reconocer todo lo que hemos logrado, lo que los venezolanos hicimos fue épico, heroico. Es un nuevo estándar, un nuevo benchmark para el mundo entero de cómo se organiza una sociedad frente a una tiranía y cómo demuestra su victoria. Un momento de sentirnos orgullosos, pero desde luego, hoy más que nunca necesitamos de los demócratas del mundo que nos acompañen esta hora, que es la hora de mayor debilidad de Maduro. Para que Maduro entienda que no estamos solos, es un momento de actuar. Ya no es un momento de declarar, sino de actuar. Y eso es lo que le pedimos a nuestros genuinos aliados alrededor del mundo y en especial en América Latina.
-Volviendo al inicio, ¿cómo es un día suyo en la clandestinidad? ¿Cómo se siente?
-Te confieso que sí me hace falta un abrazo, un beso en persona. Una caricia. A mi vida estos últimos años fue frenética en el sentido contrario, o sea, estás rodeada de miles y miles y miles de personas todo el día, recorriendo todas partes en contacto, yo no tenía guardaespaldas, yo no andaba a pie, me montaba en una moto o en un burro o en una canoa, es decir, era contacto permanente. Entonces esto es un tremendo desafío. ¿Cómo mantenerme yo cerca, comunicada, enterada de lo que está pasando en el país? ¿Cómo transmitir tu afecto? ¿Cómo cuidarte además? Porque no es lo mismo reuniones en persona que tener reuniones de estrategia y discusión cuando es por esta vía. Entonces, han sido desafíos, que hemos ido superando y yo sí creo que estas son las las pruebas que te pone la vida también. De descubrirte nuevas capacidades de reaccionar en situaciones tremendamente adversas y sacarle además el mayor provecho. Y yo al final se lo digo siempre a todos mis compañeros. Cada vez que nos ponen un obstáculo y lo superamos, nos hacemos más fuertes, nos hacemos más grandes. Y eso es exactamente lo que ha ocurrido. Yo me siento profundamente orgullosa de ser parte de este movimiento histórico que ya cambió la historia de Venezuela y que yo sé que va a tener además enormes repercusiones en la de América Latina, porque después de Venezuela vendrá Cuba, vendrá Nicaragua. Vamos a liberar todo este infierno de la opresión y el totalitarismo, que nadie lo dude.
-La hemos visto salir de la nada, encapuchada, en una manifestación y aparecer allí con la gente. ¿Se podrá volver a ver algo de esto pronto?
-Yo lo que quiero es que nos podamos encontrar recorriendo toda Venezuela sin capuchas, sin escondites, sino en libertad. Por eso es que yo estoy trabajando y esa es la imagen que sin duda veremos pronto en Venezuela.

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Brasil y la Argentina: ¿lucha por el liderazgo regional, parálisis o reseteo de la relación?
Lula y Milei volverán a encontrarse en Montevideo en una cumbre que dirá mucho sobre los tres escenarios a los que se enfrenta el vínculo entre ambos países
Inés CapdevilaKarina y Javier Milei, junto a Lula y su mujer, Janja, en la Cumbre del G-20 en Río de Janeiro
El drama de los dirigentes opositores venezolanos refugiados en la residencia del embajador argentino en Caracas es a la vez señal del potencial de la relación de la Argentina y Brasil hoy, pero también de sus fuertes límites, tan sólidos que parecen infranqueables.
Pese a la ostentosa antipatía entre Javier Milei y Luiz Inacio Lula da Silva, Brasil, el principal socio argentino desde el regreso de la democracia a ambos países, se ofreció para custodiar la residencia en Venezuela apenas horas después de que los diplomáticos argentinos fueran expulsados por el régimen de Nicolás Maduro. Terminaba julio y el gobierno chavista se acababa de adjudicar, contra toda evidencia y sin prueba alguna, el triunfo electoral ante el opositor Edmundo González Urrutia.
Pasaron exactamente cuatro meses. Maduro permanece –y permanecerá– en el poder y los seis dirigentes opositores siguen encerrados en la sede diplomática. El asedio a la residencia es constante y, comandada por María Corina Machado, la oposición pasa de la gratitud a la impaciencia con los gobiernos de Milei y Lula. En privado, considera que no hacen los suficiente para denunciar el acecho o para acorralar al chavismo; en público, se deshace en agradecimiento.
Hace poco menos de 40 años, juntos, Brasil y la Argentina le enseñaban al resto de la región cómo trazar el camino de la democratización, el libre comercio y la coordinación diplomática. Incluso le daban al resto del mundo lecciones sobre cómo la desnuclearización era posible y necesaria para construir la paz en una Guerra Fría dominada por las profecías de apocalipsis atómico.
Pero, cuatro décadas después, el sueño de la integración comercial y la asociación estratégica lucha por sobrevivir a la alterada geopolítica del siglo XXI, a la irrupción de China como protagonista regional, a economías más competitivas que complementarias, a los vaivenes de la ideología y las guerras culturales y a la persistente enemistad entre los presidentes de turno. Hoy Brasil y la Argentina se ponen de acuerdo para resguardar una embajada, pero lejos están de poder armar un frente común contra el afianzamiento de una dictadura cerrada a América del Sur, un fenómeno que afecta las dinámicas migratorias, electorales y económicas de la mayoría de los países de la región.
La más visible de las señales del debilitamiento de la relación de los dos mayores países sudamericanos es la pelea intermitente entre sus mandatarios. Hace tres semanas, en el G-20 en Río de Janeiro, la tensión entre las delegaciones brasileña y argentina por el documento final precedió un gélido saludo entre Lula y Milei. La tirantez fue matizada por un éxito que resucitó el espíritu original de la apuesta bilateral: el acuerdo para la venta de gas argentino a Brasil.
En cinco días, los presidentes volverán a encontrarse en Montevideo en una cumbre que reclama definiciones sobre el futuro del Mercosur y que dirá mucho sobre los tres escenarios a los que se enfrenta el vínculo entre la Argentina y Brasil: la lucha por el liderazgo regional, un statu quo desgastado o un reseteo de la relación.
1 ¿Quién es más líder?
“No hace falta que dos presidentes se quieran”, sentencia un funcionario brasileño para minimizar las divergencias entre Lula y Milei, y advierte que lo que importa son los hechos. Y en el caso del G-20 esos hechos fueron el respaldo argentino a la declaración final de la cumbre y a la alianza global contra el hambre y la pobreza, el proyecto más importante de la tercera presidencia de Lula.
El fin de semana antes de la cumbre, los hechos, sin embargo, estuvieron muy cerca de la ruptura. Brasileños y argentinos se enfrascaron en una negociación agotadora. Los primeros acusaban a los enviados de Milei de querer bloquear la reunión con la que Lula buscaba refrendar su condición de líder global.
Los segundos responsabilizaban a funcionarios brasileños de gestar una “campaña anti-Argentina” para dejar al gobierno libertario en “un lugar horrible de aislamiento total”.
Detrás de las acusaciones cruzadas, están no solo las diferencias ideológicas sino también las ambiciones de liderazgo internacional de Lula y Milei, aspiraciones que van más allá de cualquier cumbre.
Más que ningún otro presidente brasileño, Lula se propone como la cabeza de un Brasil-potencia enfocado sobre todo en el resto del mundo emergente, el Sur global, y no tanto en la región. Milei, por su lado, se proyecta como el líder meridional de los valores de la nueva derecha global, conducida también por Donald Trump y Georgia Meloni en una gran cruzada antiizquierda.
El problema para ambos es que, para alcanzar sus ambiciones indiral viduales, son la cabeza de dos naciones que se necesitan, a veces más, a veces menos, pero siempre un poco. Y ellos proponen liderazgos antagónicos, casi excluyentes. Una competencia, en definitiva.
“Sin la Argentina detrás, el liderazgo de Brasil no existe. Y, por su lado, Milei quisiera plantear una rivalidad con Brasil para recuperar la grandeza de la Argentina como potencia, pero no tiene los medios. Por eso se muestra pragmático. Ahora si
Pese a la antipatía entre Milei y Lula, Brasil se ofreció a custodiar la embajada argentina en Caracas del asedio chavista
Ambos países están lejos de poder armar un frente común contra el afianzamiento de una dictadura cerrada a América del Sur
la economía [argentina] se estabilizara, eso podría cambiar”, opina, en diálogo con la nacion, Feliciano de Sá Guimarães, profesor de la Universidad de San Pablo y director académico del Centro Brasileño para las Relaciones Internacionales (Cebri).
En el gobierno argentino no ven una competencia por el liderazgo. En todo caso, observan a un Brasil que busca encabezar un mundo donde China y Rusia son protagonistas mientras que la Argentina de Milei apunta a ser un faro en Occidente. En miradas rivales que anticipan decisiones y políticas económicas y comerciales, son caminos divergentes.
2 El statu quo del desgaste
Milei y Lula no son los primeros presidentes de la Argentina y Brasil que debilitan la relación bilatecon su enemistad ideológica. La diplomacia presidencial de las dos mayores economías sudamericanas tropieza desde hace muchos años.
Bernabé Malacalza es un investigador de la Universidad de Quilmes, la Universidad Di Tella y el Conicet, que examina al detalle la salud del vínculo entre los dos países y advierte que el distanciamiento bilateral comenzó en 2008, luego de que la relación tuviera su apogeo a fines de los 80 y comienzos de los 90, en las presidencias de Raúl Alfonsín y Carlos Menem, en la Argentina, y José Sarney y Fernando Cardoso, en Brasil. “Con Alberto Fernández y Jair Bolsonaro se “reflejó el pico de desacoplamiento”, dice en diálogo con la nacion, y explica que la diplomacia presidencial es clave porque sirve para “gestar los grandes acuerdos, que sirven de marco para la relación”.
El desacoplamiento tiene varias manifestaciones: la caída de la “silla compartida” en el Consejo de Seguridad de la ONU, la aprobación de la escala brasileña para los vuelos militares británicos a Malvinas o la ausencia de una respuesta común a un fenómeno transfronterizo como la pandemia. Su máxima expresión responde, sin embargo, a un fenómeno estructural que va más allá de la rivalidad ideológica de los presidentes: la irrupción de China.
Hasta entrada la primera década de este siglo, la Argentina era el principal mercado de los productos brasileños y viceversa. China hoy desplazó al país en las prioridades comerciales de Brasil al punto de que el intercambio anual entre ellos (unos 170.000 millones de dólares en 2023) es mayor que el volumen total del comercio exterior argentino en su año récord (169.970 millones en 2022)
La explicación de ese fenómeno está en la explosión de la agroindustria brasileña –que compite con la argentina por los mercados chinos–, pero también por la pérdida de sentido de la integración en los gobiernos de la
Argentina, Brasil y sus vecinos del Mercosur. Una pérdida que desemboca en un statu quo desgastado y peligroso para países como la Argentina.
“Los países pequeños y medianos como los nuestros necesitan convergencia con países similares o con sus vecinos para ganar autonomía”, agrega Malacalza.
El Mercosur y el obligado optimismo de la diplomacia
Si los especialistas son pesimistas sobre la salud de la relación bilateral y del Mercosur, las diplomacias se esfuerzan por mantener el optimismo. En definitiva, es su trabajo.
Diplomáticos argentinos y brasileños se esfuerzan por compensar, desde las segundas líneas de los gobiernos, los daños que una volátil relación entre presidentes inflige sobre la relación a largo plazo.
“Hay dos tipos centrales de diplomacia, la presidencial y la profesional, que necesita cierto margen de maniobra. La relación entre los países tienen mecanismos permanentes y temporales. Cuando la mala relación entre presidentes permea en el vínculo, la Cancillería amortigua los golpes y los empresarios siguen con los negocios”, dice un exdiplomático para explicar cómo un país debe trascender la enemistad de dos mandatarios.
Esa diplomacia profesional es la que hoy, desde la Cancillería argentina e Itamaraty, se aferra a las buenas noticias, aunque sean pocas. “El acuerdo por el gas es una señal de que la relación va bien”, dice un diplomático.
De uno y otro lado, creen que otro acuerdo pueda revertir la enemistad entre Lula y Milei, o al menos correrla del centro de la relación. El acuerdo Mercosur-Unión Europea (UE) lleva tantos traspiés como años tuvo de negociación. Pero hoy, casi dos décadas después de su gestación, todos se muestran ligeramente optimistas sobre su aprobación, desde la UE hasta las diplomacias argentinas y brasileñas, aun cuando Francia, una de las naciones más poderosas del bloque, lo rechace. Y apuestan a que la cumbre de Montevideo sea un trampolín para esa aprobación.
“De salir el acuerdo, podría ser un elemento de amalgama entre Brasil y la Argentina, que podría corregir incluso la relación entre Milei y Lula”, dice el ex diplomático argentino.
El gobierno de Milei ya advirtió la semana pasada que, de no haber avances en la apertura del bloque al comercio con otros actores, la Argentina podría romper el Mercosur y abandonarlo.
Fácil no le sería al Presidente; necesitaría la aprobación de un Congreso con el que toda negociación es un trauma. Pero en la política exterior las urgencias argentinas obligan a Milei a dar saltos acrobáticos de la amenaza al pragmatismo. En las últimas semanas, sucedió con la China de Xi Jinping y con el Brasil de Lula.
En cinco días, la cumbre del Montevideo será un test que decidirá si la relación con el mayor socio de la historia argentina se diluye en la parálisis o se resetea.

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