sábado, 14 de diciembre de 2024

DAVID Sensini.....SU PRÉDICA SE CONVIRTIÓ EN UN ARMA PARA PACIFICAR LAS CÁRCELES Y LAS CALLES DE LA CIUDAD


Es pastor y alza su voz entre los sicarios más sanguinarios de Rosario
DAVIDSensini
por Germán de los Santos


SU PRÉDICA SE CONVIRTIÓ EN UN ARMA PARA PACIFICAR LAS CÁRCELES Y LAS CALLES DE LA CIUDAD
Los pastores evangélicos se transformaron en un arma para pacificar Rosario. El gobernador de Santa Fe, Maximiliano Pullaro, sitúa la tarea pastoral de estos religiosos, focalizada en las cárceles y en los barrios más humildes, como uno de los puntos esenciales para la baja del 64% en los homicidios.. Es una novedad en la política argentina que una “fuerza” religiosa se transforme en un aliado íntimo de un gobierno, como sucede en otros países, el más cercano, Brasil. Esa alianza quedó expuesta en un acto multitudinario que se realizó en el Monumento a la Bandera el 18 de noviembre, donde más de 50.000 feligreses marcharon por la paz. ”Por la gracia de Dios” “Cuando asumí le pedí a Dios que esta ciudad pudiese cambiar y desde ese día tuvimos el respaldo de los cristianos en cada barrio”, enfatizó Pullaro con sus dos manos en el pecho. “Un año después, desde que estamos al frente del gobierno, tenemos índices de violencia y narcotráfico descendiendo, y eso es realmente por la gracia de Dios. Les pido que sigan evangelizando a toda la provincia”, afirmó el gobernador. En el gobierno de Santa Fe están convencidos de que una de las explicaciones colaterales de la pronunciada baja de homicidios tiene que ver con esta lucha silenciosa contra los “santos” paganos que “promueven la violencia, la sangre y el caos”, como San La Muerte. El argumento parece extraño y está fuera del análisis y los estudios académicos. Por eso, esta visión resulta novedosa. David Sensini, de El Redil de Cristo, es uno de los pastores más cercanos al gobierno, junto con su padre Oscar y el diputado Walter Ghione, que fue, desde el evangelismo, el primero que creó un partido.“Muchos que entran a la cárcel lo primero que quieren hacer es suicidarse”, cuenta el pastor”
El trabajo de evangelización en las cárceles lo inició Oscar Sensini hace más de tres décadas, casi en soledad. Hoy los evangélicos tienen presencia y pabellones religiosos en todas las cárceles de Santa Fe. En la iglesia donde se desempeña David Sensini una de las preguntas más comunes a los feligreses es: “Levanten la mano quiénes estuvieron en la cárcel”. La mayoría alza los brazos. Él grita: “No van a volver nunca más a ese lugar”. Todos gritan: “Sí”. La propia historia de David Sensini está atravesada por el dolor de una prisión. Según confió a La Nación, su padre, Oscar, se “convirtió” al evangelismo a los 33 años, cuando su empresa quebró e intentó suicidarse. Ritos paganos Su negocio había sido saqueado durante la crisis y convulsión social de 1989. Cuando estaba en las vías del tren, listo para que una locomotora lo pasara por encima, se acercó un hombre y le habló de Jesús, y lo convenció de que siguiera viviendo. “Yo en ese momento era adolescente y no quería saber nada con la Iglesia. Cuando a mi padre lo ungieron pastor, él recordó que el lugar donde más había sufrido fue la cárcel, cuando de niño iba a visitar a su padre, que estuvo detenido. Entonces empezó a ir a las prisiones. Sufrí mucho porque mi papá estaba más con los presos que conmigo, hasta que entendí lo que era recibir a Cristo en el corazón y ahí me convertí, a los 17 años, y empecé a trabajar con él”, señala David Sensini. “Lo primero que hacemos es sacar la mugre del alma, por ejemplo, de una persona a la que sus padres la golpearon, abusaron de ella o fue abandonada. Tiene el corazón tan oscuro que la única manera de sanar es que deje entrar a Jesús y que quiera vivir. Muchos que entran a la cárcel lo primero que quieren hacer es suicidarse. Y no lo pueden hacer. Se cortan los brazos. Se cosen la boca. Tragan cucharas o se quieren ahorcar”, cuenta el pastor. Sensini y el gobierno santafesino le dan mucha relevancia a un fenómeno extendido entre las profundas capas del crimen organizado de Rosario: los ritos paganos, las ofrendas a San La Muerte como amuleto a la hora de salir a matar. El gobernador Pullaro fue a verlo a su iglesia y le preguntó cómo veía el problema de la violencia narco. “Le dije que su mayor guerra iba a ser espiritual”.
De un modo novedoso en nuestro país, el gobernador de Santa Fe, Maximiliano Pullaro, considera que la tarea de estos religiosos es crucial para combatir al crimen organizado
Sabía de qué hablaba; por los pabellones en los que trabajaba pasaron los líderes narcos más pesados, como los de la banda de Los Monos. Vio a varios que se insertaban pedazos de huesos humanos debajo de la piel. Los compraban en los cementerios como pieza esencial para sus pactos con San La Muerte, al que le piden que no los maten cuando salen a cometer delitos. De la cárcel al barrio Aparecían altares en lugares relacionados con los crímenes y la droga; Pullaro llamó a los pastores y les dijo que él podía combatir la violencia y la inseguridad, pero no este tipo de ritos, de los cuales no sabía nada. “Le explicamos que esto solamente se combate con la fe de la gente. Hay un grupo de presos que le escribió una carta al pastor Pablo Silvestre en la que admitieron que hacían pactos con San La Muerte y que habían matado mucha gente y se habían arrepentido. Le dijeron que ahora querían buscar a Dios, pero estaban en un pabellón de alto perfil y nosotros ahí no podíamos llegar”, afirma Sensini. Quizás sea un falso arrepentimiento. Él no lo sabe: lo mueve la fe. Pero también se basa en la evidencia. Por ejemplo, uno de los asesinos de la seguidilla de crímenes que en marzo pasado puso a Rosario prácticamente de rodillas frente al terror narco se entregó con él. Así lo cuenta: “Estaba predicando un domingo en la Iglesia cuando apareció una mujer que estaba muy mal, lloraba y se tapaba la cara. Había mucha gente y la señora me esperó. Cuando pude conversar con ella me dijo que estaba destruida porque hacía unos años habían matado a un hijo suyo. Lo había asesinado Mauricio ‘Caníbal’ Laferrara [sicario de Esteban Alvarado que se escapó de la cárcel de Devoto y luego fue recapturado este año]. Pedí a Dios que apareciera el asesino. Pero ella me dijo otra cosa: que su otro hijo había matado a un colectivero. Era Marcos Daloia, el chofer de la línea K al que le dispararon en marzo. Esta mujer me dijo que había visto el video y que por la silueta se había dado cuenta de que era su hijo. Me dijo que se sentía confrontada, porque pedía a Dios por su hijo asesinado y su otro hijo era un asesino. Le hablé como un ciudadano más. Le dije que tenía que hablar con su hijo prófugo para que se entregara. Le conté que si él no se entregaba la maldición lo iba a perseguir, porque seguramente se iba a fugar a otra provincia e iba a seguir matando a más personas, y le advertí que nunca iba a poder dormir en paz y se iba a terminar suicidando. La madre me contó que su hijo se había empezado a drogar a los 13 años. Y que había disparado porque gente le pagaba con droga. Al otro día la mujer me llamó a las ocho de la mañana y me dijo que había convencido a su hijo de que se entregara. A las 14 yo estaba reunido con la ministra Patricia Bullrich cuando el chico se entregó. Hoy está preso. Va a ser condenado a perpetua. Su familia está yendo a la iglesia y el muchacho le quiere pedir perdón a la familia de colectivero”. Ya no son solo las cárceles el territorio de su prédica. El trabajo se amplió a los barrios más marginales, donde los pastores evangélicos, en cierta forma, están reemplazando a las organizaciones sociales de corte más político. “Hay 78.000 iglesias evangélicas en todo el país. Y estamos en todos los barrios. Nosotros no somos los nuevos punteros de la política. No hacemos política. Nosotros estamos con los pobres. Estamos en la casa con él y no le prometemos un bolso de comida. Le llevamos la palabra de Dios y si podemos ayudarlo, porque juntamos cosas con la comunidad, lo ayudamos, pero no vamos a prometerle algo a cambio de un voto. Las iglesias están en los lugares donde el Estado muchas veces no puede llegar. No nos vamos a dejar usar por la política. Si bien tenemos un partido político, que lidera el diputado Walter Ghione, nosotros no dependemos de la política. Hoy vamos a ayudar, como lo hacemos en Santa Fe o en la ciudad de Buenos Aires en el gobierno de Jorge Macri, donde los pastores están sacando gente de las calles. Nunca nos van a escuchar en una iglesia decir ‘voten a tal persona’. Nunca lo hicimos, ni lo vamos a hacer ahora”, concluye Sensini.

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