Hiperinflación y dolarización, ¿un solo corazón?
Lorenzo Sigaut Gravina El autor es director de Análisis Macroeconómico de Equilibra
Hace un par de años que la pregunta sobre el riesgo de una hiperinflación en la Argentina flota en el ambiente. Si bien varios economistas alertaban sobre un riesgo inminente, al ser consultado sobre el tema siempre contesté lo mismo: faltaban diversos elementos para desatar un proceso tan excepcional como el de una hiperinflación. Pero desde las PASO de agosto se empezaron a sumar ingredientes que nos ponen cada día más cerca de ese desenlace.
La devaluación sin medidas complementarias aplicada el día después de las primarias generó un fogonazo inflacionario que hizo que la suba de precios alcanzara los dos dígitos mensuales –el IPC promedió 12,5% mensual en el bimestre agosto-septiembre– acortando aún más la duración de los contratos nominales. Por caso, la mayoría de las paritarias se negociaban con frecuencia trimestral, pero se están acortando o quedan “abiertas”, mientras aumenta la cantidad de presupuestos a plazos y alquileres que se pactan en dólares. Para peor, en solo siete semanas el tipo de cambio real volvió a los niveles previos al salto del dólar oficial post-PASO –según el criterio del FMI, implicaba un atraso cambiario de entre 15-20%– y se sigue apreciando por el congelamiento a $350. La reducción de la brecha cambiaria fue más efímera: duró solo dos días. Este resultado no sorprende, pues hay múltiples ejemplos en la historia económica argentina en que una devaluación aislada –sin medidas coherentes que la acompañen– no corrige el problema de fondo y agrava la inflación y la recesión.
Pero la devaluación fue exitosa en destrabar los desembolsos del FMI de junio y septiembre por un total de US$7500 millones y, como el organismo avisó que la próxima revisión del programa se hará cuando ya se conozca el próximo presidente electo, el Ejecutivo se desmarcó de las metas del acuerdo desplegando una política económica expansiva que en pocos meses está volcando pesos a la calle por 1,5% del PBI, aportados –emitidos– por el BCRA.
Si a la devaluación fallida que aceleró notablemente la inflación y no corrigió el atraso ni la brecha cambiaria se le suman el abandono del acuerdo con el FMI que garantizaba que la economía no iba a profundizar sus desequilibrios –cada vez más pesos y menos dólares– y el congelamiento del tipo de cambio oficial y varios precios regulados, se ha gestado una olla a presión que cuando sed esta pe–independientemente de quién esté gobernando– generará un fogonazo inflacionario más fuerte que el del bimestre agosto-septiembre, con alguna reminiscencia al Rodrigazo.
Pero siguiendo la definición de hiperinflación de Da mill M.y Frenk el R., para que esta ocurra, la formación de precios se tiene que desacoplar completamente de los costos y del pasado (inercia), tomando como referencia principal la evolución del dólar que se dispara por la pérdida del control del mercado cambiario. Esto sucedió cuando el Gobierno y el BCRA se quedaron sin poder de fuego (financiamiento externo, reservas y capacidad de influir en las expectativas) y el dólar se disparó a fines del gobierno de Alfonsín y a comienzos de la primera presidencia de Menem. Pese a que la situación era muy frágil, hasta la semana pasada no estábamos en ese estadio.
Sin embargo, las recientes declaraciones de quien lidera las encuestas –lo cual lo posiciona de mínima en el ballottage– desmoronaron la demanda de pesos a días de las elecciones presidenciales. Primero, Javier Milei declaró: “Cuanto más alto esté el precio del dólar, más fácil es dolarizar”, y el lunes pasado, ante una consulta por el consejo que le daría a una persona a la que se le vence un plazo fijo en moneda local dijo: “Jamás en pesos, jamás en pesos. El peso es la moneda que emite el político argentino, por ende, no puede valer ni excremento, porque esas basuras no sirven ni para abono”.
Pese a que según la mayoría de las encuestas no es el escenario más probable, si el candidato de La Libertad Avanza ganara en primera vuelta y profundizara esta línea de política económica con sus primeras declaraciones como presidente electo, la transición entre el 22 de octubre y el 10 de diciembre –33 días hábiles– sería demasiado larga (como Alfonsín-Menem en 1989). Es que la palabra del futuro presidente setearía las expectativas de los agentes económicos en anticipar la “dolarización”, por lo que la administración saliente no tendría herramientas para contener semejante presión cambia ria. La corrida de esta semana sería una“entrada en calor” en comparación con lo que podría suceder bajo este escenario. El descontrol de las cotizaciones paralelas –y tal vez del oficial– arrastraría a la mayoría de los precios de la economía, desatando un proceso de hiperinflación que allanaría el camino económico, político y social para la unificación del mercado cambiario y la rápida leyes para implementar la dolarización. Un plan de estabilización del cual me manifesté en contra, junto a un nutrido conjunto de reconocidos economistas.
Un escenario de ballottage entre Mileiy Massa extendería cuatro semanas la influencia de la actual administración sobre los actores económicos y acortaría significativamente los plazos de la transición, pues entre el 19 de noviembre y el 10 de diciembre hay solo 13 días hábiles. Esto haría menos redituable la apuesta del candidato libertario de “cuanto peor mejor” si llegara a triunfar en segunda vuelta, pues el desplome de la demanda de pesos podría terminar de concretarse a inicios de su mandato. Si acceden Milei y Bullrich al ballottage, el poder de influencia del Ejecutivo se licuaría complicando aún más la estabilidad cambiaria y financiera –aunque podría haber una mejora de las expectativas–, ya que Bullrich es más afín al paladar de los mercados.
En síntesis, estamos atravesando nuestra cuarta crisis económica/ política/social de envergadura en 50 años: Rodrigazo (1975), hiperinflaciones (1989-90) y colapso de la convertibilidad (2001-02). Sin importar quién sea el próximo presidente electo, en el corto plazo el escenario económico sería de mayor inflación y recesión, acercando la pobreza al 50% de la población y afectando a casi dos de cada tres menores de 14 años. La estrategia de inducir una hiperinflación para despejar el camino para la dolarización luce la peor alternativa posible, pues exacerbaría peligrosamente el deterioro de los indicadores socioeconómicos. El fin no justifica los medios.
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La dirigencia del campo, en medio de la incertidumbre electoral y económica
La sequía persiste todavía en varias regiones; a eso se le suma un freno en los últimos días en el mercado de insumos
Pilar Vázquez
A días de las elecciones generales para presidente del próximo domingo, el sector agropecuario está entre la esperanza de un cambio positivo y la incertidumbre sobre las políticas futuras que se aplicarán para el sector. Así lo reflejaron dirigentes gremiales y empresarios del campo consultados por la nacion, que, además, ven con inquietud la escasa actividad en el comercio de insumos agrícolas en la última semana debido a la falta de un horizonte claro tanto en el ámbito cambiario como en el electoral.
Todo se da además en un contexto de creciente temor por una persistente falta de lluvias en varias regiones del país, lo que afecta al trigo sembrado y demora tareas para la implantación del maíz y la soja.
En diálogo con este medio, Horacio Salaverri, presidente de la Confederación de Asociaciones Rurales de Buenos Aires y La Pampa (Carbap), se refirió a la situación comercial y de abastecimiento de insumos a días de las elecciones. “Según nos anunciaron, va a ser una semana difícil. Puede haber mercadería, pero sin precio, o las dos cosas: ni mercadería ni precio. Con un adicional de un crecimiento en la tasa de interés que dispuso el Banco Central”, dijo.
Esta situación ya se estuvo dando en los últimos días sin precios y también con empresas de insumos que redujeron sus cuentas corrientes y acortaron los plazos de pago. El panorama se agrava con el escenario climático: “El productor está en una situación muy compleja porque los días pasan, la lluvia no llega y los plazos se acortan para la recuperación de los pastos naturales y la siembra de la cosecha gruesa”.
Asimismo, el dirigente señaló que se vive una mezcla de esperanza con preocupación por la llegada de un nuevo presidente a la Casa Rosada. “Se espera un cambio, pero hay preocupación sobre si ese cambio que espera el sector agropecuario es el que se va a dar”, indicó. “En líneas generales, la mayoría de los candidatos no fueron demasiado concretos respecto de lo que podría suceder con el sector agropecuario, lo que dificulta que el productor tenga la mirada de largo plazo que debería tener”, dijo.
Elbio Laucirica, presidente de Coninagro, manifestó que están atravesando los días previos a las elecciones con gran “expectativa y la esperanza de que finalmente comience a vislumbrarse un cambio en la política”. Apuntó: “Esperamos que se puedan empezar a ver las cosas que tanto pide el sector, como reglas claras y políticas de Estado que den previsibilidad”.
Por otro lado, lamentó la situación económica que atraviesa el país y criticó a los políticos por “generar más incertidumbre de la que ya hay”. En ese sentido, criticó que la campaña política se caracterice por un “intercambio de acusaciones que no aportan claridad al panorama”. Hizo un llamado a “más mesura y prudencia en las declaraciones”. “Esto genera una gran incertidumbre en la gente que se apresura a comprar insumos y alimentos. Los proveedores no tienen un panorama claro, no están entregando mercadería o, si lo hacen, la entregan sin precio. Todo esto contribuye a un clima de inestabilidad e incertidumbre que es muy preocupante para los ciudadanos que tenemos que ir a votar”, señaló el dirigente.
“La situación del sector porcino es muy compleja, la incertidumbre es total”, expresó, por su parte, Adolfo Franke, de la Federación Porcina Argentina, respecto de la preocupación para abastecerse de cereales en la actividad. “Los stocks son muy bajos, hay algunas empresas que están al borde del quiebre de stock de cereales. Más allá de que hay disponibilidad, el productor agropecuario con la incertidumbre que hay, no tiene claro el precio de venta, por lo cual al productor porcino le faltan maíz y derivados de soja”, alertó.
Franke también expresó su preocupación por el aumento del precio del maíz y las dificultades para acceder a insumos. “Los productos veterinarios están limitados debido a las restricciones en las importaciones. Además, los cambios en las reglas de importación y la falta de autorizaciones de pago afectan a las empresas del sector”, explicó.
Enrique Rubén Bertini, presidente de la Cámara Argentina Fabricantes de Maquinaria Agrícola (Cafma), sostuvo que, independientemente de la línea política que sigue cada uno de los empresarios del sector, lo que se vive con urgencia es la necesidad de “que el próximo gobierno implemente políticas que fomenten la creación de nuevos puestos de trabajo, en lugar de eliminarlos”.
Esta preocupación se desarrolla en un contexto complejo para la industria de la maquinaria por una fuerte caída de las ventas atribuida principalmente a los efectos de la sequía. “Desde noviembre del año pasado que venimos con ventas que se mantienen por debajo del punto de equilibrio. Todo lo que se está haciendo este año es consumir recursos propios para mantener la empresa en funcionamiento. Estamos trabajando con muy pocas ventas, tratando de sostener la actividad, pagar los sueldos en tiempo y forma y esperando que llueva”, dijo.
“Lo que se espera es que este proceso electoral se termine y, una vez definido quién va a gobernar, se avance en dar estabilidad, certidumbre y confianza. Cosa que creo que no va a lograr solo quien gane, sino el arco político en su conjunto, más los sectores sociales y económicos”, remarcó Carlos Achetoni, presidente de la Federación Agraria Argentina (FAA).
Remarcó que la “escalada inflacionaria está castigando con más fuerza a quienes se encuentran en la línea de la pobreza y la falta de dólares está haciendo que falten insumos para producir; sin previsibilidad es imposible proyectarse”.
En este contexto, el dirigente hizo un llamado al próximo gobierno para que promueva la estabilidad, proporcione financiamiento para la producción, unifique el mercado cambiario y elimine los impuestos a las exportaciones en sectores como la lechería, la ganadería y los cultivos de soja, maíz, sorgo, girasol, trigo y cebada, desde las primeras toneladas de producción hasta su eliminación completa.
Se vende menos trigo argentino a Brasil y Rusia toma la posta
La participación local en ese mercado cayó de un 85% a un 55%
En lo que va del año, la Argentina perdió 30 puntos de participación en su principal mercado comprador de trigo, Brasil, y resignó posiciones en gran medida a manos de Rusia, el mayor exportador del mundo
Según un relevamiento de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR), entre enero y septiembre último Brasil compró el 55% del trigo que necesitó importar en la Argentina. Luego, en orden de importancia entre otros abastecedores, un 23% lo fue a buscar a Rusia y un 15% lo trajo desde Uruguay.
Los números fueron muy distintos en 2022 para el mismo período, ya que en ese momento la Argentina le entregó al vecino país el 85% del cereal que requirió importar. Si bien Brasil viene creciendo en una producción propia, e incluso coloca saldos exportables, todavía necesita el trigo de otros orígenes. Después de algunas exportaciones menores a Brasil, Rusia dio el salto en lo que va de 2023.
“Poca oferta y desincentivos a la comercialización, sumado a un extraordinario contexto internacional, han llevado a la Argentina a perder 30 puntos en su principal mercado comprador”, indicó la entidad. Vale recordar, por otra parte, que con la baja producción local el gobierno argentino ha implementado una política de prórrogas de embarques para evitar tensiones en el mercado interno. La sequía del año pasado impactó sobre la producción argentina de trigo disminuyendo su oferta. En tanto, mejores precios ofrecidos le permitieron a Rusia escalar en el vecino mercado. “La oferta total de trigo para todo el ciclo 2022/23 sería de 14,4 millones de toneladas, el nivel más bajo desde la campaña 2013/14, consecuencia de la estrepitosa caída de un 46% interanual de la producción. Con una demanda doméstica mayormente inelástica, ello es, relativamente constante en torno a los 6 millones de toneladas, la exportación ha soportado la mayor parte del ajuste”, remarcó.
Agregó: “En promedio, en las últimas siete campañas, poco más de la mitad de la oferta total tenía como destino el mercado externo [todos los destinos], mientras que para fines de este ciclo se proyecta que la proporción sea del 24%, cercano a los guarismos observados durante la campaña 2014/15”.
Los embarques, en rigor, han sufrido un fuerte recorte, lo cual se puede observar en los números de los primeros cuatro meses del ciclo comercial, esto es entre diciembre y marzo de cada año, que es el lapso de mayores exportaciones mensuales. Según datos promedio de la serie de los últimos cuatro años, se han colocado entre diciembre y marzo 7,6 millones de toneladas al exterior, mientras en el mismo período de 2023 fueron solo 1,4 millones de toneladas.
“Desde los comienzos de la campaña, las exportaciones de trigo han caído de forma estrepitosa si se tienen en cuenta los valores promedio que se han manejado durante los últimos años. Durante los cuatro primeros meses, se exportaron 6,2 millones de toneladas menos que el promedio y las exportaciones de enero nunca han sido tan bajas desde 2014. La comercialización externa no se ha recuperado hasta ahora, y mantiene un ritmo constante desde inicios del año calendario”, apuntó.
En este marco, el informe de la BCR se detuvo sobre el caso particular del avance de Rusia en el mercado brasileño. “El trigo argentino no tuvo un año muy competitivo en cuanto a precios en lo que va de este 2023. A pesar de la funesta campaña local, gran parte de los principales países exportadores han contado con elevados niveles de oferta, entre ellos Australia, Canadá y especialmente Rusia. El gigante euroasiático estaría contando con una producción de 92 millones de toneladas y un acelerado farmer selling [venta de productores]. De forma que la presión en los precios forjó un mercado FOB competitivo cerrando a comienzos de esta semana [por la pasada] en US$230 por tonelada por el trigo ruso 12,5% [parámetro de calidad], mientras que el FOB argentino tocó los US$300 por tonelada”, dijo la BCR sobre este punto.
“Todos esperan los dólares del agro”, advirtió Busanello
El ex-CEO de Syngenta y Los Grobo estimó que las divisas tardarán más en llegar
“Todos esperan los dólares del agro, pero hasta mayo no van a entrar. Son siete meses para la desesperación”. En medio de la renovada tensión con el dólar y el clima político enrarecido de cara a las elecciones, Horacio Busanello, consultor y exCEO de Syngenta y Los Grobo, alertó sobre la difícil situación que deberá enfrentar el próximo gobierno hasta que empiecen a llegar los dólares de la cosecha de granos gruesos 2023/2024, es decir sobre mayo, con la recolección de la soja.
Luego de que la sequía provocara que en la campaña 2022/2023 se perdieran más de US$21.000 millones por exportaciones de productos agrícolas, en línea con una cosecha que se achicó un 50%, una de las esperanzas sobre fin de año estaba puesta sobre el trigo.
Pero el clima, otra vez, jugó una mala pasada. Tras un recorte de 500.000 hectáreas en la siembra versus el ciclo anterior y una sequía que en varias regiones aún no terminó, la baja sobre la producción esperada del cereal ya tiene un costo de US$900 millones. Se aguardaba una recolección de al menos 18 millones de toneladas y ahora se proyectan 15 millones de toneladas. O menos, como señaló la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR): esta entidad redujo de 15,6 millones de toneladas a 14,3 millones de toneladas su cálculo de cosecha de trigo.
“El aporte del trigo no será significativo para la economía local y habrá que esperar a mayo para que ingresen los dólares de la cosecha gruesa. Siete meses donde la economía navegará en aguas turbulentas en medio de un cambio de gobierno”, advirtió Busanello. Vale recordar que el país llegó a tener antes de la sequía, en 2022, una cosecha récord de trigo de 23 millones de toneladas y un ingreso superior a los US$4300 millones.
Al margen de la cosecha de trigo, el total de la campaña 2023/2024 (donde el maíz y la soja contribuyen con los mayores recursos) dejará US$34.300 millones, 10.000 millones más que el último ciclo, según un reporte de la BCR. Esto descontando que el clima acompañe y no provoque más pérdidas.
“En 1975, Antonio Cafiero decía que los problemas de la Argentina se solucionaban con una buena cosecha. Casi 50 años después, y sin otra alternativa a la vista, todos los actores de la economía están esperando que los dólares del campo llenen las arcas del Banco Central y alivien las penurias de la economía. La historia se repite y el salvador resulta ser siempre el mismo”, apuntó Busanello.
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