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sábado, 22 de junio de 2019

Argentina energía solar : 300 escuelas rurales en Buenos Aires, Corrientes, Jujuy, Neuquén, Río Negro, La Rioja y Córdoba



Argentina energía solar : 300 escuelas rurales en Buenos Aires, Corrientes, Jujuy, Neuquén, Río Negro, La Rioja y Córdoba
ENERGIA LIMPIA XXI. Más escuelas en Argentina cuentan con energía limpia, segura y a bajos costos. El Proyecto de Energías Renovables en Mercados Rurales (PERMER) informó que se ha adjudicado la licitación para que 300 escuelas rurales tengan paneles solares. El impacto de esto es poderoso y va más allá de la instalación paneles. Los estudiantes estan aprendiendo el valor de las energías limpias y la importancia de mitigar los efectos del cambio climático. Un informe de Energía Limpia XXI destaca que las provincias de Buenos Aires, Corrientes, Jujuy, Neuquén, Río Negro, La Rioja y Córdoba cuentan con electricidad a partir de fuentes renovables, mediante una inversión quince millones de dolares.
El Proyecto de Energías Renovables en Mercados Rurales (PERMER) se constituyó en el año 2000 con el objetivo de facilitar el acceso a la energía en poblaciones rurales dispersas, alejadas de las redes de distribución.
El programa subsidia la provisión e instalación de:
A) Para la provisión de energía eléctrica y comunicación
– Sistemas fotovoltaicos y/o eólicos individuales.
– Mini-redes (hidráulica – solar/eólica – híbridas)
B) Sistemas solares para fines térmicos (cocinas parabólicas, hornos solares, termotanques solares).
C) Sistemas fotovoltáicos para bombeo de agua potable.
D) Sistemas fotovoltáicos con mayor potencia para proyectos productivos.

La puesta en marcha de cada proyecto se lleva adelante de manera articulada entre la Unidad de Coordinación del Proyecto (UCP) de la Secretaría de Energía y las provincias, garantizando su implementación federal.
El PERMER permite el acceso a la energía de manera limpia y renovable, constituyendo así, una política de inclusión social que genera una mayor igualdad de oportunidades y una mejora en la calidad de vida de la población.

sábado, 25 de febrero de 2017

OFF CORRIENTES PERO EN CORRIENTES


El off del circuito teatral comercial de la calle Corrientes
Hay once salas de entre 350 y 60 localidades en el amplio periplo que comprende esa avenida entre Junín y Paraná, cada una con su estilo y público propios
El Porteño y Belisario son sólo dos de las múltiples salas pequeñas de la avenida Corrientes.
Cuando en la jerga de espectáculos se dice "calle Corrientes", la referencia indica grandes salas de teatro, elencos famosos, títulos gancheros, producciones ambiciosas, muchas localidades y, en general, precios altos para el bolsillo promedio. Sin embargo, en ese mismo promocionado circuito, en un corto radio que va desde la avenida Callao hasta Paraná, existen otras opciones menos conocidas por el público y poco difundidas por los medios. Son las salas que comparten características de sus vecinas importantes y también de sus pares del off en los barrios alejados del centro, pero con un perfil propio: Auditorio Losada (ex del Nudo), Belisario, Buenos Aires, CPM Multiescena, Columbia, El Vitral, Espacio Colette, La Pasiva, Liberarte y Porteño (y antes de la avenida Callao, entre Junín y Ayacucho, La Casona).

Algunas de estas salas fueron cines. Ícono infantil por décadas, donde estaba el gran cine Los Ángeles se encuentra el CPM Multiescena; en el Lorraine, el Auditorio Losada; en el Losuar, la Pasiva. Y en un cine porno que supo tener su auge está hoy el teatro Buenos Aires. Otro rasgo común entre algunas es la asociación o la cercanía con otro emprendimiento: Losada y, antes, Liberarte, con librerías; la Pasiva y Buenos Aires, con restaurantes; Columbia, con el hotel; y el Espacio Colette, con el atractivo multirrubro del Paseo La Plaza. En cambio, la existencia de escuelas de actuación, además de la sala, es lo que comparten los teatros Belisario y el Vitral.
Vieja casona refaccionada por Saulo Benavente e inaugurada en 1981 por Franca Guthmann, desde 2015 el actor y director Alejandro Zanga está a cargo de la Escuela de Formación Actoral y de la Música EMEV, de El Vitral, mientras que en Belisario dirige y dicta clases el artista Marcelo Savignone. "Nuestra perspectiva es seguir haciendo teatro y mantener un espacio de poesía en medio de la vorágine de la calle Corrientes. El desafío es buscar nuestra identidad a través del teatro que hacemos y que el hecho de sobrevivir no nos pierda del camino que construimos desde 2001", dice el actor, docente y director, que programó para este año Japón, dirigida por Mariana Díaz; Nenina, por Iván Moschner, y Break Hamlet, de Cristian Cabrera; además de preparar el reestreno de Negro sobre Negro y Antes de antes, obras surgidas del mismo espacio.
Belisario está más cerca de una sala off que de una comercial. Junto con Liberarte, son las dos únicas del grupo que reciben subsidios del Instituto Nacional del Teatro y de Proteatro. "La perspectiva futura está en continuar con una programación heterogénea de calidad. El desafío económico es sostenerse porque el aumento de los servicios es enorme y no se puede trasladar al precio de la entrada en la misma proporción", dice Ricardo Miguelez, gestor de Liberarte desde hace 15 años, poniendo el dedo en el principal obstáculo: cómo equilibrar costo de servicios y entradas accesibles.
Mientras que Belisario y El Vitral son, por ahora, las dos únicas del grupo afiliadas a Artei, que agrupa a salas independientes, el CPM Multiescena es el único en la Aadet, que agrupa a los grandes productores teatrales. Más emparentado con los espacios grandes de Corrientes (una de sus tres salas es para 300 personas), es explotada por Nordel Movie, dedicada a la exhibición de películas en complejos cinematográficos. A pocos metros, la visibilidad explícita de las marquesinas de Corrientes y Rodríguez Peña tienta a los que pasan con el menú del teatro Buenos Aires: Orquesta de señoritas, de Jean Anouilh, dirigida por Jorge Paccini, con Miguel Jordán, Edgardo Nieva y Osmar Núñez, entre otros; la comedia 5gays.com, de Rafael Pence, y el café concert Cocoliche, dirigido por Facundo Vivona. Enfrente, en la entrada del Paseo La Plaza, llueven los volantes de espectáculos, el principal medio de difusión del espacio Colette, un bar en un subsuelo ideal para café concert, musicales y humorísticos que se recorta de la oferta mainstream del Paseo. "Tratamos de estar más cerca de lo comercial que del off. Sin dinero, nada se mueve", dice su director, Rodolfo Rossi, en apretada síntesis del rumbo a seguir.
El Porteño y Belisario son sólo dos de las múltiples salas pequeñas de la avenida Corrientes.
Los que eligen "estar en Corrientes" subrayan la ventaja de una calle llena de público potencial a toda hora, tentado por tickets accesibles y zona concurrida por el transporte público. "No obstante, la principal contra es la competencia de las salas grandes, con figuras de la tele que la gente conoce. Y los costos, porque se paga más que en un barrio. Si no cumplen las expectativas, las obras se levantan", dice el agente de prensa Mariano Casas Di Nardo, que suele trabajar con estas salas. Otra desventaja es la impronta simbólica que tiene para un tipo de público y artistas. "No es lo mismo para un director y autor joven programar en el Espacio Callejón (en el Abasto), por ejemplo, que en la calle Corrientes. El público es distinto, el código, hasta el equipamiento. Hay marcas y afinidades estéticas. Los directores se acostumbraron a esas estructuras tipo galpón, más comunes en el off, que al escenario a la italiana, elevado sobre la platea", dice la productora teatral Carolina Castro.
En la búsqueda de cómo diferenciarse, el teatro Porteño, que dirige Guido Gastaldi, sumó la curaduría de la periodista Julieta Zeta: "Estamos buscando obras con perfil más alternativo, convocando autores y directores del off y produciendo proyectos propios de calidad. La idea es generar un espacio diferente entre las propuestas comerciales. La apuesta más fuerte es el estreno en marzo de nuestra primera producción propia, Plantas de interior, de Sol Rodríguez Seoane, dirigida por Miguel Israilevich, con Tamara Garzón, Andrés Granier y muchos más", dice.
El problema central, repetido una y otra vez, aun desde estéticas distintas, es cómo sobrevivir. El arreglo económico con las compañías o elencos es a porcentaje del bordereaux: 70 para el grupo y 30 para la sala, más un seguro de sala (las que reciben subsidio no pueden cobrarlo) y el descuento (entre 10 y 15%) para Argentores. Otro recurso es el alquiler de la sala para eventos o recitales de única vez, o para dar cursos. "Para poder subsistir hay que tener muchas obras en un espacio pequeño. Escenografía y vestuario no pueden ser muy abundantes porque no hay dónde meterlos", dice Covadonga Fernández, la hispanoargentina al frente del Losada desde 2012, que ve en la "tarifa cultural" una salida al angustiante pago de los servicios. Para este año, entre otras, programa el clásico Juana de Arco, de Schiller, dirigido por Marcelo Silguero, el mismo que hace El gran cabaret argentino, un musical en clave grotesca en Espacio Colette. "Me gusta estar al lado de los grandes teatros. Ya trabajé en San Telmo y Palermo. Ahora quiero estar acá, por lo que significa. Y no me ha ido nada mal", dice el director que prefiere la cola del león: un camino posible entre tantos en la búsqueda de una estética, un público y un modo de ganarse la vida.
Ubicación, precios y capacidad

CPM Multiescena

Corrientes 1764/74

Tres salas de 90, 210 y 350 localidades

$ 150/300

La Pasiva

Corrientes 1743

128 butacas

$ 150/200

Belisario Club de Cultura

Corrientes 1624

60 localidades

$ 180

Porteño

Corrientes 1630

130 localidades

$ 150/250

Auditorio Losada

Corrientes 1551

128 butacas

$ 150/200

Espacio Colette

Corrientes 1660 (Paseo La plaza)

90 localidades

$ 120

Liberarte

Corrientes 1555

Dos salas de 90 localidades.

$ 150/200

El Vitral

Rodríguez Peña 344

Tres salas de 30, 80 y 155 localidades

$ 180/200

Buenos Aires

Rodríguez Peña 411

150 localidades

$ 300

Columbia

Corrientes 1537

80 localidades

$ 150/300

La Casona

Corrientes 1975

Dos salas de 90 y 214 localidades.

$ 150

L. G. 

lunes, 12 de septiembre de 2016

LA CORRIENTES ANGOSTA


Corrientes ya no es angosta


San Nicolás, es un santo que ha sufrido múltiples transformaciones a lo largo de la historia, mutaciones de las que él es absolutamente inocente. Nació en el año 280 en Patara, en Asia Menor, en el sudoeste de la actual Turquía, hombre de una extraordinaria bondad, realizó los milagros correspondientes y necesarios para su inclusión en el santoral y fue alcanzando una notable fama mundial post-morten cuando en 1087 sus huesos fueron robados por marinos italianos y llevados a Bari y ya como San Nicolás de Bari se multiplicó su fama de generoso benefactor de los niños que lo transmutarían en el Norte de Europa y América en Santa Claus.

 Pero todavía debía pasar un tiempo para que eso ocurriera y a Buenos Aires le faltaban varias décadas para convertirse en la capital de un nuevo virreinato, cuando surgió en el damero de calles de la Buenos Aires de 1608 un sendero con el poco práctico nombre de “calle que pasa por el costado de San Nicolás de Bari” en honor a una hipotética capilla que sería construiría efectivamente en 1729 por el capitán Domingo Acasuso. Las primeras noticias oficiales sobre la vida en la calle de San Nicolás como pasó a llamarse, datan del censo de 1778 en el que se detalla que a lo largo de su recorrido vivían 336 personas, la mayoría españoles, y unas decenas de negros y mulatos.
Tras la derrota de los ingleses en 1806 el callejero porteño dio cuenta de la hazaña bautizando algunas calles con el nombre de los vecinos que se destacaron en la defensa. Así el terrenal regidor José Santos Inchaurregui desplazó al santo pero su gloria fue efímera y la revolución de mayo necesitaba calles para sus nuevos nombres y eligió el de Corrientes, una de las primeras provincias que adhirió fervorosamente a la causa. El crecimiento urbano que fue uniendo el centro con lo que hasta entonces eran suburbios, animó al entonces secretario de gobierno, Bernardino Rivadavia a pensar que la calle debía ensancharse hasta lucir de vereda a vereda un ancho de 30 varas (unos 26 metros).

 Corría en año 1822 pero, se sabe, las obras públicas se demoran un tanto entre nosotros y el proyecto rivadaviano recién fue retomado por el Intendente Anchorena en 1910 en ocasión del Centenario pero concretado 20 años más tarde por su colega De Vedia y Mitre que fue quien en 1931 firmó la partida de defunción para aquella calle Corrientes angosta. Las piquetas, las excavadoras y los andamios tenían el apuro de llegar con la nueva Corrientes y el obelisco terminados para 1936 con el objetivo de celebrar los 400 años de la fallida primera fundación de Buenos Aires por el quizás demasiado adelantado Pedro de Mendoza que terminó vencido por la “noble” aversión al trabajo propia y de sus “nobles” compañeros y el coraje y la resistencia de los habitantes originarios que defendieron heroicamente su tierra. Por algún motivo aquel fracaso monumental de la monarquía absolutista española parecía digno de homenaje y así iban cayendo los edificios altos y bajos que daban cuenta de aquella calle que Rivadavia soñó Avenida y a la que hoy le seguimos llamando calle que vio pasar durante la fiebre amarilla de 1871 incesantemente a los carros fúnebres que la recorrían a todo su largo desde que nacía en el Río y moría con una excesiva coherencia en el cementerio que hoy conocemos como “La Chacarita”. 

Corrientes supo y quiso albergar a los principales teatros de la ciudad, como el de La Opera, inaugurado el 25 de mayo de 1872 y ubicado como el actual Opera entre Suipacha y Esmeralda; al Politeama, que en el cruce con Paraná; el Odeón en Esmeralda, cerca de la esquina donde Scalabrini Ortiz imaginó a aquel hombre que estaba solo y esperaba. La calle en la que el extraordinario payaso Frank Brown brilló por casi 40 años y en la que el inolvidable Pepino el 88 no ahorraba ninguna crítica a los poderosos de turno. Aquella Corrientes que vivió el trajinar de Sarmiento yendo y viniendo de la imprenta de su periódico “El Censor” ubicada en el cruce con Esmeralda; que vio y escuchó a los redactores de “La Nación” y de Caras y Caretas en los cafés de la esquina de San Martín. La Corrientes de los cafés literarios como el Royal Keller donde Rubén Darío nos vio grandes y ricos y Ortega y Gasset como mínimo soberbios y distraídos.
La Corrientes que lucía en Florida la elegante peluquería barbería de Ruíz y Roca, centro de reunión de políticos e intelectuales.
Como era de preverse y quizás como un póstumo homenaje a la desidia de Mendoza, las obras se demoraron y en 1936 el presidente Justo sólo pudo inaugurar el obelisco en el mismo solar donde hasta 1931 había sobrevivido el templo de San Nicolás en cuya torre en 1812 flameó por primera vez en Buenos Aires la bandera celeste y blanca. La inauguración pomposa y oficial llegaría en 1937 pero la gente se adelantó casi un año y todo el pueblo de Buenos Aires decidió inaugurarla por su cuenta. Con su impronta la recorrió de punta a punta, partiendo del flamante Luna Park para acompañar los restos de Carlitos hasta la Chacarita. Eran decenas de miles que de tanto en tanto podían ver en las paredes sobrevivientes los restos de un empapelado, las intimidades interrumpidas de aquellas casas de Corrientes; y también la nueva forma que iba adquiriendo la vieja calle con sus teatros reconstruidos y sus bares reciclados. 


No por enemigo del progreso sino por amigo de lo entrañable, escribía Roberto Arlt: “Es inútil, no es con un ensanche con el que se cambia o puede cambiar el espíritu de una calle. Amenos que la gente crea que las calles no tienen espíritu, personalidad idiosincrasia. Es inútil que la decoren mueblerías y tiendas. Es inútil que la seriedad trate de imponerse a su alegría multicolor. Es inútil. Por cada edificio que tiran abajo, por cada flamante rascacielos que levantan, hay una garganta femenina que canta en voz baja: Corrientes…tres, cuatro, ocho… segundo piso ascensor. Esta es el alma de la calle Corrientes. Y no la cambiarán ni los ediles ni los constructores. Para eso tendrían que borrar de todos los recuerdos, la nostalgia de : “Corrientes…tres, cuatro, ocho… segundo piso ascensor”

F. P.  1.
Referencias:
1 Roberto Arlt, Aguafuertes Porteñas, en Obras Completas, Buenos Aires, Omeba. 1981