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jueves, 24 de mayo de 2018

ORGULLO ARGENTINO; INVAP...ALTA TECNOLOGÍA


Así es por dentro el Invap, la "fábrica" argentina de satélites y reactores nucleares
La sede central de la empresa está en Bariloche; fue creada en 1976 y emplea a 1300 personas 
La sede central de la empresa está en Bariloche; fue creada en 1976 y emplea a 1300 personas

BARILOCHE.- El edificio está instalado a metros del Nahuel Huapi. Desde la mayoría de sus ventanas se puede ver el lago, bordeado por cipreses y lengas, que en otoño y de lejos parecen conitos rojos, amarillos, naranjas y marrones. Por su ubicación, podría ser un hotel. Pero las instalaciones se usan para algo muy distinto: el desarrollo de radares 3D, satélites de alta complejidad y reactores nucleares. Se trata del Invap, la institución argentina que es referente mundial del diseño y producción de sistemas tecnológicos complejos.
"Hoy estamos realizando las pruebas de separación del satélite Saocom 1A", le dice  Leonel Garategaray, Responsable de Estructuras y Mecanismos del proyecto. Leonel hace de guía hacia el hangar de pruebas, por áreas y pasillos de un blanco y una asepsia dignos de un quirófano. El satélite es el primero de una "familia" de cuatro y será lanzado al espacio en septiembre, en un cohete Falcon 9 del excéntrico multimillonario Elon Musk.
La familia de satélites Saocom servirá para prevenir inundaciones y realizar mapas de productividad para la agroindustria. Desplegado, el satélite mide 10 metros de largo por 3,5 de ancho

La familia de satélites Saocom servirá para prevenir inundaciones y realizar mapas de productividad para la agroindustria. Desplegado, el satélite mide 10 metros de largo por 3,5 de ancho
En el hangar se puede ver el Saocom. Pesa tres toneladas y ocupa el espacio de un monoambiente. Está colgado del techo, con sus antenas plegadas sobre sí mismo, como un murciélago dormido. "Las antenas, una vez desplegadas, miden 10 metros de largo por 3,5 de ancho -dice Garategaray-. Está equipado con un tipo de radar que sirve para monitorear el estado de los suelos incluso debajo de la superficie. Va a poder medir el nivel de humedad y predecir, por ejemplo, inundaciones. También va a ser muy importante para la producción agropecuaria: va a poder estimar los rendimientos de los cultivos y predecir plagas".
La zona de pruebas está recubierta por un material similar al de una sala de ensayo, para aislarla. En los testeos se busca reproducir las condiciones físicas que el satélite tendrá que enfrentar en el espacio: se simulan escenarios extremos de temperatura, presión, humedad, vibraciones y sonido. Para probar las vibraciones, por ejemplo, se coloca al satélite en una plataforma que lo agita como si fuera una coctelera. Para testear la resistencia al sonido, se lo rodea de torres parlantes y se lo somete a un ruido equivalente a tres conciertos de rock en River.
Durante la visita se evalúan los mecanismos que permiten al satélite desprenderse del cohete. Esto se simula con pirotecnia y explosiones. "Pero son muy leves. Se escucha un pum pum chiquito y no pasa nada", anticipan trabajadoras de Invap. Y en efecto las explosiones decepcionan. Una vez que terminan las pruebas, los ingenieros y técnicos de Invap, de la Comisión Nacional de Actividades Espaciales y del Centro de Ensayos de Alta Tecnología -todos participan del proyecto-, se saludan y felicitan con un grupo de especialistas de Space X, la empresa de Musk, que viajaron a Bariloche para participar de esta etapa de los ensayos.
Invap, llamada inicialmente Investigaciones Aplicadas, nació en 1976 como desprendimiento del Instituto Balseiro. Su fundador, Conrado Varotto, se inspiró en las iniciativas de Silicon Valley para darle forma. En sus más de cuatro décadas de existencia desarrolló satélites como los SAC-A, SAC-B, SAC-C y Arsat; y vendió reactores nucleares de investigación a Egipto, Perú, Argelia, Arabia Saudita, Australia, Holanda y Brasil. No hay muchas empresas en el mundo que lo pueden hacer.
Ingenieros de Invap, de Ceatse y de Conae trabajan en el satélite Saocom 1A, junto a científicos de Space X. El lanzamiento es en septiembre
Ingenieros de Invap, de Ceatse y de Conae trabajan en el satélite Saocom 1A, junto a científicos de Space X. El lanzamiento es en septiembre
Cuatro claves
"Cuando se creó el Invap se fijaron ciertas reglas de funcionamiento, que fueron muy valiosas a lo largo de estas décadas", dice Vicente Campenni, gerente general de la empresa, para intentar explicar su éxito. "La primera es que Invap no recibe subsidios, ni de la provincia [la empresa es propiedad de la provincia de Río Negro], ni de la Nación. Esto quiere decir que lo que tenemos son contratos con diferentes clientes, que salimos a buscar, para satisfacer una necesidad práctica. La segunda es que el costo tiene que ser competitivo; se tiene que poder exportar. Y además tenemos que poder adaptarnos de manera constante a un contexto cambiante. Esto quiere decir que la estructura de la empresa está siempre bajo revisión".
Detrás de Campenni, en la sala de reuniones de Invap donde habla, está el pizarrón donde se plasma esta "revisión constante" de la estructura de la empresa. Es un caos de flechas, líneas y nombres. Parece garabateado por un Carlos Bilardo extremadamente ansioso. "Es que el contexto del mercado tecnológico es acotado y siempre se mueve. Y nosotros nos movemos entonces con él. Así se crece, también, moviéndose: primero empezamos con el área nuclear, y eso llevó a lo satelital, y con lo satelital empezamos a meternos en el desarrollo de radares para los satélites, y eso nos llevó al desarrollo de radares, y así. Una cosa lleva a la otra. Es curioso: el conocimiento es la única materia prima que se reproduce cuanto más la usás. Eso es lo que tratamos explotar".
El Saocom 1B se encuentra en etapa de integración. Después vendrá una intensiva etapa de testeos

El Saocom 1B se encuentra en etapa de integración. Después vendrá una intensiva etapa de testeos
Una clave más: para trabajar de esta manera, un aspecto fundamental es que el proyecto se realiza "a medida" del cliente. "Cuando los australianos pidieron un reactor nuclear, el más parecido, el que más se ajustaba a lo que ellos querían, era uno nuestro, el que le vendimos a Egipto. La tentación era entonces usar el mismo diseño, pero empezamos de cero, y salió un diseño distinto. Creo que si caímos en la tentación no hubiéramos ganado la licitación. Nosotros trabajamos como un sastre", aporta Juan Pablo Ordóñez, subgerente de Invap y a cargo de Proyectos Nucleares.
Parte del equipo que monitorea los tests del Saocom 1A
Parte del equipo que monitorea los tests del Saocom 1A
De la Argentina a Holanda
El pasado mes de enero, Mauricio Macri anunció que la Argentina construirá un reactor nuclear para Holanda. Fue Invap quien ganó la licitación: se trata del hito más reciente de la empresa. "El de Holanda es un reactor distinto, especial", dice Ordóñez, que interrumpe la entrevista para mostrar fotos de follajes enrojecidos por el otoño. "Este reactor es distinto -retoma- porque será financiado por el mercado de capitales. Esto hizo que las especificaciones que pidieron fueron muy diferentes a las de los reactores anteriores que hicimos. Y de hecho hubo dos licitaciones, la anterior, en 2009. Hicieron de nuevo la licitación porque cambiaron el plan de negocios del proyecto. Su intención es que el reactor tenga capacidad de exportar".
¿Qué es lo que va a exportar el reactor nuclear Pallas? Radioisótopos. ¿Y cómo se producen? Primero, un breve repaso de cómo funciona un reactor nuclear.
La sede central de Invap está en Bariloche; en total, emplean a 1300 personas
La sede central de Invap está en Bariloche; en total, emplean a 1300 personas
Hay dos tipos de reactores. La diferencia radica en la cantidad de energía que producen y, de manera derivada, los usos que se le puede dar. Unos, los denominados reactores de central nuclear, producen miles de megavatios y se usan para el abastecimiento de energía eléctrica. Los otros producen cientos de megavatios y se denominan reactores de investigación. Los dos funcionan de la misma manera. Una vez que se produce la fisión nuclear, es decir, cuando un núcleo atómico es "desequilibrado" por un bombardeo de neutrones y se divide en más núcleos, se libera calor -y también neutrones-. El calor es utilizado por las centrales nucleares para calentar agua, que se evapora, y que hace girar una turbina. Eso produce electricidad.
Invap desarrollará cuatro satélites Saocom: 1A, 1B, 2A y 2B, que orbitarán en constelación y tendrán una vida útil de cinco años
Invap desarrollará cuatro satélites Saocom: 1A, 1B, 2A y 2B, que orbitarán en constelación y tendrán una vida útil de cinco años
Los reactores nucleares de investigación, por su parte, usan los neutrones liberados en la fisión nuclear para una serie de objetivos: "Se hace que peguen en blancos de uranio, lo que genera los radioisótopos, que sirven para fines médicos [son administrados al paciente para el tratamiento de tumores malignos, en lo que se llama radioterapia]; o se los hace impactar sobre lingotes de silicio para producir silicio dopado, que se usa para producir microchips", indica Ordóñez. El principal uso del reactor Pallas, entonces, será producir radioisótopos para exportar a distintos centros médicos europeos.
Ordoñez adelantó  que, durante los primeros dos años, alrededor de 100 personas trabajarán en el reactor, en Invap, durante la etapa de diseño. Después, durante la etapa de construcción, que se realiza in situ, el número aumentará a 200 personas. Irán a Holanda por períodos de tres o cuatro meses, y en algunos casos, durante años. En esos casos, Invap muda también a las familias de los ingenieros. "Vamos a terminar la parte conceptual a fines del año que viene. Entonces presentamos el proyecto y este es evaluado por entidades regulatorias; lo nuclear es siempre fuertemente regulado. Una vez que tengamos el proyecto aprobado, empieza la etapa de construcción del reactor. Esperamos terminar para 2024", dice.
Muchos de los técnicos de Invap vienen de instituciones terciarias de Bariloche
Muchos de los técnicos de Invap vienen de instituciones terciarias de Bariloche
Son proyectos con plazos largos. En ese sentido, la relación de Invap con el Estado argentino, con el marco de previsibilidad que le pueden dar las políticas de Estado, es fundamental. No siempre fue estable. En la década del 90, Invap tenía un monocliente, que era la Comisión Nacional de Energía Atómica, que canceló sus proyectos. En esa época la empresa tenía una planta de 1100 personas y quedaron 300.
Invap sorteó la crisis con el desarrollo y exportación de satélites, y con un reactor vendido a Egipto. A partir de ese momento, la empresa comenzó a diversificar sus productos y a exportar más. Hoy en día tiene 1300 empleados. Muchos de ellos son técnicos, y vienen de instituciones y escuelas de Bariloche. "Para nosotros trabajar acá es un orgullo", dice Marcos Rodríguez, de 36 años, que trabaja hace 15 años en Invap. "Nosotros hacemos la parte del limpiado y ensamblado de cables. Es algo pequeño, pero si hay una falla en esto, falla todo. Si nos equivocamos nosotros, falla la misión. Así que tenemos una gran responsabilidad y nos entusiasma cuando vemos nuestro trabajo terminado. Somos parte de algo increíble".
L. P. 
IMÁGENES; RICARDO PRISTUPLUK

jueves, 22 de febrero de 2018

MÁS BROTES VERDES CON INVAP


INVAP firmó un contrato por una Red de Centros de Medicina Nuclear y Radioterapia en Bolivia

INVAP firmó un contrato por una Red de Centros de Medicina Nuclear y Radioterapia en Bolivia
En la ciudad de Santa Cruz de la Sierra y con la presencia del Presidente del Estado Plurinacional de Bolivia, Sr. Evo Morales, se suscribió el contrato para la provisión “llave en mano”de tres Centros de Medicina Nuclear y Radioterapia en Bolivia. 


Firmaron el acuerdo la Directora General Ejecutiva de la Agencia Boliviana de Energía Nuclear (ABEN), Ing. Hortensia Giménez Rivera y el Gerente General de INVAP, Dr. Vicente Campenni. Además, estuvieron presentes el Ministro de Energías de Bolivia, Sr. Rafael Alarcón Orihuela; la Ministra de Salud de Bolivia, Dra. Ariana Campero; el Embajador argentino en Bolivia, el Sr. Normando Miguel Álvarez García; el Cónsul argentino en Santa Cruz, Sr. Roberto Dupuy y por INVAP, el Presidente del Directorio, Lic. Héctor Otheguy y el Gerente de Proyectos TIC´s y Servicios Tecnológicos, el Ing. Juan Carlos Rodríguez.
El contrato contempla el diseño integral de los centros, su construcción y equipamiento, la puesta en marcha, la formación de recursos humanos, el asesoramiento local de profesionales para el inicio de las actividades, el soporte remoto y la consultoría para una gestión sustentable. Los centros se emplazarán en las ciudades bolivianas de El Alto, La Paz y Santa Cruz de la Sierra, y se espera se encuentren plenamente operativos en 2020.
El proyecto tiene como objetivo brindar capacidad asistencial a la sociedad, mediante la obtención de imágenes a través de medicina nuclear para el diagnóstico temprano de enfermedades oncológicas, cardíacas, neurológicas y otras, proporcionar terapias radiantes para el tratamiento del cáncer, como así también quimioterapia.
Una característica singular del proyecto es que a través del mismo se brindará el soporte de todos los Centros Académicos de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) de Argentina y sus entidades asociadas para la capacitación y el entrenamiento del personal de todas las áreas de los Centros de Medicina Nuclear y Radioterapia. La propuesta contempla la formación de 90 funcionarios bolivianos.
INVAP agradece especialmente el apoyo brindado por la Jefatura de Gabinete de Ministros, por el Ministerio de Energía y Minería a través de la Subsecretaría de Energía Nuclear, por la Comisión Nacional de Energía Atómica, por el Embajador argentino en Bolivia, el Sr. Normando Miguel Álvarez García y por la Cancillería, a través de la Dirección de Seguridad Internacional, Asuntos Nucleares y Espaciales (DIGAN).
La concreción de este proyecto “llave en mano” es un caso relevante de transferencia tecnológica a nuestro país hermano y ubica a la Argentina, una vez más, como referente mundial en el uso pacífico de la energía nuclear.

miércoles, 22 de marzo de 2017

ARGENTINA EN EL ESPACIO


A 50 años del ratón Belisario,el negocio aeroespacial despega
El primer ser vivo argentino que viajó en un cohete al espacio sobrevivió a la travesía; medio siglo después, las expediciones intentan resurgir y el país es capaz de jugar en las grandes ligas

A mediados de los 90, en el programa humorístico Cha Cha Cha, Alfredo Casero personificaba a un miembro de las "Fuerzas Aéreas de Lomas de Zamora", que aseguraba haber tenido contacto con extraterrestres. "El sketch es de 1992. Incluía un diálogo entre los oficiales Fleitas y Chechile, que habían sido abducidos por alienígenas", cuenta Casero Se hablaba del "triángulo de Bancalari" como una zona peligrosa, con ovnis al acecho. Veinticinco años más tarde, la relación entre la Argentina y la agenda aeroespacial ganó volumen, y ya excede ser insumo de programas de humor absurdo. Hay dos motivos centrales para este fenómeno: la acumulación de conocimiento en una tradición local de estudios espaciales que se remonta a principios de los años 60 combinada con un cambio estructural en el negocio global que está permitiendo la entrada de jugadores más pequeños (a nivel de empresas y de Estados).
"La Argentina viene mostrando capacidad para jugar en las grandes ligas espaciales", afirma un estudio de los economistas y profesores de la UBA Andrés López, Paulo Pascuini y Adrián Ramos titulado: Al infinito y más allá: una exploración de la economía espacial en la Argentina, que se publicará en las próximas semanas. "La idea es que la Argentina sea un usuario de servicios satelitales, pero también un proveedor de tecnologías, bienes y servicios asociados a la economía del espacio. Eso requiere visión de largo plazo y políticas alineadas al logro de objetivos comunes por parte de los distintos organismos con competencias en el tema", dicen López, Pascuini y Ramos, que también investigan en el Instituto Interdisciplinario de Economía Política (IIEP), en la UBA Económicas, que dirige Daniel Heymann.


En algún sentido, el recorrido de las últimas décadas de la temática espacial se parece mucho al de la inteligencia artificial: un gran entusiasmo y efervescencia en los 50, 60 y parte de los 70; luego un "largo invierno" en el que se perdió parte de esa expectativa inicial (en el caso de la exploración espacial, por los altos costos asociados), y un resurgimiento muy potente en los últimos años. El espacio no sólo invadió la cultura pop (con series, películas o el revival del documental Cosmos), sino con hitos concretos (los siete exoplanetas descubiertos este año por la NASA, el agua en Marte, el acercamiento a Plutón, la sonda Philae sobre el cometa 67P) y con anuncios de nuevas misiones fondeadas por empresarios (con Elon Musk, Jeff Bezos, el emprendedor Naveen Jian o el magnate hotelero Robert Bigelow a la cabeza) o por países que hasta hace poco no tenían lugar en este juego, como la India, China o Luxemburgo.
A nivel global, el Silicon Valley de la industria del espacio está en el desierto de Mojave, a dos horas de auto de Los Angeles, donde una veintena de compañías se agrupan alrededor de una vieja base militar y pueden experimentar con explosiones en los alrededores. En los últimos cinco años, este rubro sólo en EE.UU. captó más de US$ 80.000 millones de inversores de riesgo, la mayor parte destinados al negocio de los satélites.
La división del trabajo dentro de la "economía del espacio" incluye agencias espaciales, universidades y laboratorios, pero también empresas que construyen satélites, lanzadores y sistemas terrenos, así como proveedores de componentes y servicios satelitales (de telecomunicación, contenidos, etcétera). Según datos de la OCDE, en 2013 el sector espacial empleó en todo el mundo alrededor de 900.000 personas y generó ingresos por más de US$ 250.000 millones.

Los satélites son una parte crucial de este sistema. Hoy hay cerca de 5600 satélites (entre activos e inactivos) rodeando la Tierra. Estos dispositivos tienen diversos objetivos (militares, científicos, de observación, de telecomunicaciones, etcétera). Hoy un satélite puede llegar a pesar menos de 100 gramos. "De hecho, es cada vez más frecuente que para armarlos se usen componentes de mercado. En breve, quizá veamos una nueva variante del «hágalo usted mismo» y los fines de semana los padres salgan con sus hijos a lanzar un nanosatélite en lugar de un barrilete. En la otra punta, algunas empresas intentan aplicar la lógica de producción en masa, en busca de ganar economías de escala y bajar costos", explican los tres economistas de la UBA.
Tauri Group, una consultora que releva los números del sector, estima que entre 2017 y 2023 se van a lanzar cerca de 2300 nano y microsatélites, hoy posibles gracias al desarrollo de la microelectrónica y al descubrimiento de nuevos materiales.


En la Argentina, el caso con más repercusión mediática es el de Satellogic, impulsado por Emiliano Kagierman, una firma creada en 2010 que planea poner en órbita 300 satélites pequeños (ya lanzó cinco) y hoy se encuentra en etapa de validación comercial. La oficina de investigación está en Buenos Aires, los satélites se fabrican en Montevideo, el software en Israel y desde San Francisco se exploran nuevos negocios. La compañía emplea a 76 personas.
El club de países que dominan estas tecnologías es muy exclusivo. "Son apenas siete, más la Unión Europea, los que han fabricado sus propios satélites de telecomunicaciones, y son sólo once los que pueden construir sus propios vehículos de lanzamiento. La sorpresa, para un país no acostumbrado a jugar en las grandes ligas tecnológicas (salvo en lo nuclear), es que la Argentina forma parte del primer club y que en 2020, si todo sale bien, va a integrar el segundo (con el proyecto Tronador)", sostiene el trabajo titulado Al infinito y más allá.


La historia viene de los años 60. Hasta hoy, la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (Conae) ha lanzado cuatro satélites científicos y de observación, mientras que Arsat puso en órbita dos satélites de telecomunicaciones. "Y ambas organizaciones tienen planes para nuevos lanzamientos. La empresa Invap, también protagonista central de la historia nuclear argentina, ha sido el brazo ejecutor de estos logros", agregan los profesores de la UBA.
El próximo 11 de abril se cumplen 50 años del lanzamiento del primer ser vivo argentino que viajó en un cohete al espacio, el ratón Belisario, que además tuvo la fortuna de volver sano y salvo (no como la perra Laica, de la por entonces Unión Soviética, que murió en órbita). López, Pascuini y Ramos se preguntan: "¿Celebraremos los 100 años con un grupo de argentinos y argentinas descendiendo de un cohete de fabricación nacional, en una luna de algún lejano planeta en otra galaxia para fundar una nueva colonia patria en los confines del universo?".
Los economistas creen que esta vez la especulación puede ir más allá de la inspiración de un sketch para un programa de humor absurdo.
S. C.