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viernes, 20 de abril de 2018

SIGUEN SIENDO MÁGICOS....A PESAR DE INTERNET


Mis padres se están por mudar de la que fue la casa de mi adolescencia. No me da nostalgia, aunque sí un poco de eso que llamaría "estrés ajeno": contemplar el esfuerzo de otro a veces es más arduo que asumir el propio.
Mi viejo siempre fue muy lector, así que tiene un par de bibliotecas que reorganizar. En su primera barrida separó una serie de títulos que están ahí desde nuestra infancia, y que ahora puede ser material de lectura para mis hijas y sobrinos. Varios lanzamientos de Elige tu propia aventura, algunos libros de la mitificada colección Robin Hood, tomos de Los Hollister con las típicas ilustraciones de misterio pastoril de Helen S. Hamilton. También hay una antología titulada Cuentos para que los chicos se emocionen, con relatos de Silvina Ocampo, Oscar Wilde, Elsa Bornemann, Poldy Bird. Y varios volúmenes de los clásicos de aventuras de Ediciones Aura, sospechosamente impecables a casi cuatro décadas de su impresión. De ahí me llevé La vuelta al mundo en ochenta días, de Verne, aun presintiendo que mis hijas se lo van a saltear como me lo salteé yo cuando era chico.Resultado de imagen para julio verne libros
Verne, que había sido abogado por mandato de su padre, dramaturgo vocacional, agente de bolsa y finalmente escritor de novelas fantásticas -antes de que la ciencia ficción existiera como tal-, empieza la historia con un párrafo informativo, casi burocrático: "En la casa de Saville-Row señalada con el número 7, situada en Burlington Gardens, habitaba en el año de gracia de 1872, Phileas Fogg, que pasaba por ser uno de los socios más notables y al mismo tiempo más singulares del 'Reform-Club' de Londres".
¿Qué hace hoy un niño de doce años con ese comienzo? Claramente Verne no competía con Instagram y YouTube por captar la atención de su audiencia.
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Los humanos nacidos y criados en el siglo XX tenemos un vínculo religioso con los libros. Fue el artefacto central de nuestra formación, la plataforma que modelaba o legitimaba nuestra percepción del mundo. Los libros tenían también el poder de lo excepcional. Se publicaba menos, y todo texto que llegaba a libro adquiría una pátina de prestigio, mal o bien ganado. Pero aun cuando ese halo se haya debilitado un poco, el libro sigue siendo elegido por la mayoría por sobre las alternativas digitales. A diferencia de los contenidos periodísticos, que se consumen principalmente por Internet, la lectura de largo aliento todavía es dominio del papel, incluso entre las nuevas generaciones. El mercado de la literatura juvenil creció, a nivel mundial, un 40% entre 2005 y 2016, y ahí las historias fantásticas siguen resultando tan atractivas como en la época de Verne, solo que se escriben distinto. A modo de ejemplo, comparemos el comienzo de La vuelta al mundo en 80 días con el de La espada del tiempo, de la saga de Magnus Chase, uno de los últimos best sellers globales para adolescentes. Consciente de que hay otra clase de historias apilándose en los teléfonos de sus lectores, el autor Rick Riordan arranca la novela con una línea corta y explosiva, porque sabe que no hay tiempo que perder: "¡Buenos días! Vas a morir".

P. P.

lunes, 31 de julio de 2017

EXPOSICIÓN JULIO VERNE

Íconos que Julio Verne creó en el imaginario colectivo
Un recorrido por la difusa frontera entre realidad y ficción que plantea la obra del autor de Viaje al centro de la Tierra
A Verne lo fascinaban los barcos.
El mar. El cielo. El planeta Tierra. Los animales. Los desiertos de hielo. El mundo submarino. Las máquinas extraordinarias inventadas por el hombre. Los libros. Los instrumentos de navegación. La muestra Julio Verne. Los límites de la imaginación, en el Espacio Fundación Telefónica, invita a grandes y chicos a emprender un fascinante recorrido por el universo creado por el autor francés. Más precisamente, por la frontera difusa entre la realidad y la ficción que plantea en sus obras emblemáticas: Viaje al centro de la Tierra, 20.000 leguas de viaje submarino y La vuelta al mundo en 80 días, entre otras.


Presentada en bloques temáticos, la exhibición no se propone contar la vida de Verne. Explica el curador Miguel Delgado: "No hay una biografía tradicional porque no quisimos enfocarnos tanto en el Verne real, sino en los íconos que creó en el imaginario colectivo y en las ideas de progreso que inspiraron a otros".
La visita comienza en el Gabinete Verne: una invitación a ingresar en la cabeza del autor, que nació en Nantes, en 1828, y murió en Amiens, en 1905. Allí se pueden ver objetos y pantallas con imágenes de medios de transporte y máquinas. También, grabados de la época de libros de naturalistas con datos que aparecen en alguna de sus obras. Sobre una pared se proyecta en tamaño real una filmación realizada en una reserva natural de España: tres jirafas que caminan, comen y se mueven resultan la mayor atracción para los chicos.


Los personajes de Verne también ocupan un lugar destacado en la muestra: el héroe, el aristócrata, el criado, el científico, las mujeres, los chicos y los perros pioneros en viajar a la Luna aparecen retratados en pantallas. Amante de los mapas y de la geografía, el autor describió en sus libros rutas reales para viajes imaginarios. Una gigantografía animada reproduce veinte itinerarios de sus novelas: cada uno representa un título. La única ruta marcada con una línea punteada es la de Viaje al centro de la Tierra. Para los que no leyeron sus libros hay una guía con referencias.
En una vitrina se exhiben instrumentos reales que aparecen en las aventuras de Verne y fueron cedidos por museos argentinos: un sextante, un barómetro, una brújula, un termómetro y un cronómetro. En otra vitrina hay primeras ediciones de sus libros: una de Los hijos del capitán Grant de 1890, prestada por un coleccionista privado; una edición francesa de De la Tierra a la Luna de 1866, y tres ejemplares que pertenecen al acervo de la Biblioteca Nacional, una primera edición de Viaje al centro de la Tierra de 1864, una de 20.000 leguas de viaje submarino de 1872, y una edición alemana de La vuelta al mundo en 80 días de 1874. Un juego entre la realidad y su obra está representado en una serie de fotografías antiguas de sitios reales que aparecen en La vuelta al mundo...

 Son ciudades que visitó Phileas Fogg en su travesía.
Aunque lo fascinaban los barcos, Verne sólo cruzó el océano Atlántico una vez en su vida. Lo hizo a bordo del transatlántico The Great Eastern, el más grande del mundo hasta la construcción del Titanic. Ese viaje inspiró su novela Una ciudad flotante. Una maqueta, cedida por el Museo Naval, reproduce a escala real uno de esos enormes barcos de vapor. Otra maqueta representa el faro del fin del mundo, de la Isla de los Estados.
La sección denominada Hielo contiene material nunca antes exhibido al público, como fotografías en blanco y negro encontradas congeladas en la Antártida que fueron tomadas por integrantes de la fallida expedición comandada por Ernest Shackleton en 1914. Una imagen a gran tamaño muestra la nave Endurance atrapada en un mar de hielo.
Pero Verne no sólo inspiró a científicos y exploradores: también a los pioneros en la aviación y la investigación submarina. Es por eso que la muestra incluye una reproducción de la primera foto aérea de la historia y de la primera foto subacuática. También hay referencias a los hermanos Jorge y Eduardo Newbery y al militar Hernán Pujato, que le propuso a Juan Domingo Perón la fundación de un poblado estable en la Antártida con el propósito de defender la soberanía argentina sobre el continente helado.


Por último, hay una sección dedicada a la Luna y la iconografía llevada al cine: hay afiches de películas y fotogramas. "Si bien hubo otros autores que escribieron sobre la Luna antes que Verne, se puede afirmar que fue el primero en plantear en su obra un viaje realista mucho tiempo antes del primer viaje del hombre a la Luna", explica el curador.
La muestra, que se puede visitar hasta el 26 de agosto, fue inaugurada en Madrid en 2015. Ésta es la primera vez que sale de Europa y llega a América latina.
Para agendar
Julio Verne: los límites de la imaginación, en Fundación Telefónica (Arenales 1540). De lunes a sábados, de 14 a 20.30. Gratis
N, B.