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sábado, 15 de abril de 2023

LA OPINIÓN DE CARLOS PAGNI


La jugada porteña puede ingresar en un campo minado
Carlos Pagni
Horacio Rodríguez Larreta convocó a las elecciones primarias porteñas adoptando el sistema de boleta única. La consecuencia inmediata es que los candidatos locales ya no irán atados a los nacionales. Como Larreta fijó, además, la misma fecha de los comicios nacionales, el 13 de agosto, el procedimiento obliga a disponer de dos urnas. Este método se denomina “elecciones concurrentes”. El alcalde sostiene que con esta opción está obedeciendo el Código Electoral de la ciudad, que establece la boleta única.
Los radicales porteños, que postulan para la jefatura a Martín Lousteau, aplaudieron la decisión de Larreta. Ellos todavía enfrentan el inconveniente de carecer de un candidato a presidente competitivo. Les conviene, por lo tanto, una elección local que se recorte de la nacional y enfrente solo a los candidatos porteños.
Cuando el jefe de gobierno dice que la ley establece la boleta única, dice la verdad. Pero no toda la verdad. Porque la ley también lo habilita, en su artículo 60, a adherir al régimen nacional, lo que supondría no utilizar la boleta única y recurrir a la clásica lista sábana. Son las que se llaman “elecciones simultáneas”. Muchos dirigentes de Pro, entre los que están Mauricio Macri, Patricia Bullrich y María Eugenia Vidal, prefieren este camino. Si se adoptara, también cumplirían con la ley. Ellos están convencidos de que así se fortalecería a su candidato a jefe de gobierno, que podría atar su destino al de Larreta, Bullrich o Vidal. El arrastre de las candidaturas presidenciales beneficiaría, entonces, a Jorge Macri, Fernán Quirós o Soledad Acuña, que son los tres postulantes en carrera, al menos por ahora.
Larreta insiste en su posición, alegando que la boleta única es una bandera que Juntos por el Cambio viene levantando para todas las elecciones del país. Sus críticos le reprochan modificar las reglas de juego en medio de la carrera por su sucesión. Aquí es donde se abre una hendija que permite interpretaciones diversas y movimientos contradictorios. Son, como suele suceder, ambigüedades que pueden habilitar impugnaciones en los tribunales. Para prever esta posibilidad no hay que suponer que se está produciendo una violación flagrante de las normas. Lo que podría empantanar el trámite en una engorrosa esgrima tribunalicia es el nivel de conflicto interno que desató en Juntos por el Cambio la controversia por el procedimiento para elegir candidatos.
Es indispensable advertir un detalle. Larreta convocó a elecciones concurrentes. Es decir, con boleta única, pero en la misma fecha que las nacionales. Deberá haber, por lo tanto, dos urnas. ¿Es un cambio de reglas? En principio, no, porque esa modalidad está prevista en las leyes. Pero, para llevarla adelante, debe crearse un nuevo instrumento normativo. Se trata de un acuerdo entre la Justicia Federal y la Justicia porteña para regular los dos comicios de manera coordinada. No hay muchos antecedentes. Si se toma como modelo el de Salta, el convenio debe ser suscripto por el juez federal del distrito y el Tribunal Electoral de la provincia. La Cámara Nacional Electoral debe convalidar ese entendimiento. Si se prefiere, en cambio, el modelo de Santa Fe, deben intervenir el juez federal, la Cámara Nacional Electoral, el Tribunal Electoral de la provincia y el ministro de Gobierno santafesino.
Trasladada esta segunda opción a la Capital Federal, Jorge Macri debería firmar el acuerdo. Como se sabe, él está en contra de la medida. Antes de suscribirla prefirió irse a Nueva York y delegar su firma en el ministro de Justicia y Seguridad, Eugenio Burzaco. Dicho sea de paso, es llamativo que Jorge Macri siga siendo ministro a pesar de semejante disidencia. Es decir, es llamativo que no haya renunciado o que Larreta no le haya pedido la renuncia. El estrafalario vínculo entre Alberto Fernández y Eduardo “Wado” de Pedro se reproduce ahora en el gobierno porteño de Juntos por el Cambio.
Si Larreta hubiera convocado a las elecciones en una fecha separada de la nacional, se habría evitado este trámite. No lo hizo para no multiplicar la asistencia a las urnas. El costo es que debe poner sobre la mesa un nuevo instrumento jurídico, susceptible de ser impugnado en cualquier instancia. Sobre todo si hay ganas de impugnarlo.
El acuerdo entre la Justicia Federal y la local ofrece también una vía, muy indirecta, para que el Poder Ejecutivo Nacional se inmiscuya en las elecciones porteñas. La razón hay que buscarla en la infinidad de veces en que el Código Nacional Electoral exige coordinación entre la Cámara Nacional Electoral y la Dirección Nacional Electoral, que depende del Ministerio del Interior. Bastaría que Wado de Pedro haga saber a la Justicia que no convalida el modo en que se van a realizar las elecciones concurrentes para que todo el proceso empiece a empantanarse. Puede tener muchas razones para hacerlo: la mayoría de carácter administrativo, relacionadas con la organización material de la elección.
Quiere decir que existen oportunidades para enmarañar los comicios de la ciudad que pueden ser muy tentadoras para los que enfrentan a Larreta. Ni siquiera deben dejar sus huellas en una impugnación. Siempre puede ser un vecino ignoto quien golpee la puerta del juzgado pidiendo por sus derechos electorales.
En los próximos días se sabrá si la ciudadanía porteña deberá asistir a una guerra de expedientes.
No solo por eventuales controversias en la organización de los comicios. También la postulación de Jorge Macri puede deslizarse hacia una trampa judicial. La Constitución porteña, en su artículo 97, establece que para ser candidato a jefe de gobierno se debe haber nacido en la ciudad o haber tenido en ella residencia habitual y permanente durante por lo menos cinco años. El ministro de Gobierno nació en Tandil y fue hasta el 1º de diciembre de 2021 intendente de Vicente López, lo que le exigió demostrar que mantuvo por lo menos dos años inmediatos de residencia en ese partido. Quiere decir que Jorge Macri está en una encerrona: no puede cumplir las dos prescripciones al mismo tiempo.
A Larreta le preguntaron por esta incompatibilidad. Contestó que Jorge Macri le había asegurado que no había límite alguno. Pero dejó una puerta abierta: “Si hubiera algún problema, debe resolverlo la Justicia”. ¿Los radicales irán a tribunales, o mandarán a alguien, para cuestionar la habilitación de Macri para competir contra Lousteau?
El nivel de conflicto interno que ha tomado a Juntos por el Cambio amenaza, todavía de manera muy brumosa, el proceso electoral. Las decisiones que tomó Larreta pueden ingresar, desde el punto de vista jurídico, en un campo minado.
Por debajo del plano reglamentario actúa un conflicto político cuya naturaleza y alcance se desconocen. Su centro es una contradicción entre Macri y Larreta. Se la presenta como un duelo sucesorio. Si se prefiere, un caso de parricidio. También se especula con que, sensible a la mala imagen del expresidente en algunas franjas electorales, Larreta hace de este enfrentamiento un eje de su proselitismo.
Podría haber una dimensión más amplia del enfrentamiento, relacionada con el destino de Juntos por el Cambio. Es obvio que en la sociedad existe una exigencia creciente de renovación política. Macri parece responderla radicalizando sus posturas. Acercándose a Javier Milei. Incluso para neutralizarlo. Larreta propone otra aventura: afianzar la relación con el radicalismo como paso previo a una nueva transversalidad asociada a fracciones peronistas. En esos movimientos de largo alcance puede estar cifrada la verdadera discusión: cómo responder a la presión social para que se regenere el vínculo entre los representantes y los representados

http://indecquetrabajaiii.blogspot.com.ar/. INDECQUETRABAJA

viernes, 4 de septiembre de 2020

LA OPINIÓN DE CARLOS PAGNI,


Polarización y conurbano, las prioridades de Cristina
Quién es Carlos Pagni, el hombre en el centro de la tormenta | InfoBaires24
Carlos Pagni
Cristina Kirchner ofreció una nueva demostración de que su control del oficialismo es inapelable. Cuando Sergio Massa había alcanzado un acuerdo con la oposición para las sesiones de la Cámara de Diputados, una intervención de Máximo Kirchner rompió el puente. La estrategia central de la vicepresidenta es la ruptura. Ella pretende asegurarse la orientación conceptual de la gestión. Y garantizar con recursos presupuestarios la fidelidad de su base electoral.
Su método para conseguirlo no consiste en elaborar un programa. Prefiere mantener un inventario de conflictos. Es sabido: quien define los conflictos define el juego del poder. Como Perón, como Menem, la señora de Kirchner insiste en una regla tradicional del peronismo: solo el jefe hace política. El último en aprender la lección ha sido Massa.
El sábado al mediodía hubo un anticipo de lo que sucedió anteanoche en el Congreso. Cristina Kirchner almorzó en Olivos con Alberto Fernández. Uno de los temas que más tiempo consumió fue Horacio Rodríguez Larreta. La vicepresidenta instruyó a su anfitrión sobre algunas verdades que para ella son bastante obvias. Larreta no es distinto de Mauricio Macri. Son lo mismo. Para demostrar el teorema, recurrió a un argumento definitivo: “Acordate de que a mí la que me perseguía y allanaba era la Metropolitana, la policía de Larreta”. El Presidente balbuceó que entre Macri y Larreta había algún matiz. Pero su invitada volvió a mirar el plato y cabeceó como diciendo: “No hay caso, al que no quiere entender es inútil explicarle”.
La señora de Kirchner parece tratar a Fernández como una madre sobreprotectora que elige los amigos de su hijo. Es una falsa impresión. No está cuidando a Fernández. Se está cuidando a sí misma. Sabe que de la relación con un sector de la oposición encabezado por Larreta Fernández podría obtener un monto de inconveniente autonomía. Fernández y Larreta son los dos dirigentes con mejor imagen en el país. Ese vínculo podría renovar la agenda pública. Y reciclar su personal. Esa dinámica perjudicaría a la vicepresidenta. Y a Mauricio Macri, que ejerce, dentro de Juntos por el Cambio, la misma intransigencia que Cristina Kirchner en el Frente de Todos. Un sondeo de Wonder Panel y Navarro Research acaba de demostrar en números la simetría perfecta entre estos dos dirigentes. Cada uno triunfa donde el otro se hunde. Ciudad de Buenos Aires y conurbano bonaerense son los dos extremos. También comparten un problema: una imagen negativa de casi 60%.
El retrato de Larreta que propuso la vicepresidenta en el almuerzo se proyectó anteayer en su cuenta de Twitter. Allí remitió a un largo mensaje de la diputada porteña Lucía Cámpora, brindando ejemplos de cómo el oficialismo porteño avanza en la Legislatura con proyectos que se niega a tratar en el Congreso de la Nación. Ahora habrá que observar la conducta de Alberto Fernández respecto de Larreta. En una reunión similar a la del sábado, ocurrida hace un par de meses, la señora de Kirchner se quejó de que, mientras sus causas seguían abiertas, ningún funcionario del gobierno anterior pisaba Tribunales. A los pocos días, comenzaron a activarse los procesos contra Juntos por el Cambio. No fue magia.
Anoche, en una entrevista con A dos voces, por TN, el Presidente volvió a presentar a Larreta como su amigo, y prometió seguir dialogando con él.
La Cámara de Diputados parece dominada por el mismo criterio. A última hora del martes, Massa había acordado con la oposición renovar el protocolo de sesiones virtuales, con la excepción de los proyectos de reforma judicial, presupuesto y reforma previsional, que tendrían tratamiento presencial. Intentó que el proyecto judicial no figure por escrito: “Igual lo vamos a tratar de manera presencial, después de 30 días. Les doy mi palabra”, juró. Los interlocutores sonrieron. Massa, buen entendedor, retiró la propuesta.
El presidente de la Cámara había logrado disolver su conflicto con el radical Mario Negri. Nada disfruta más Massa que manipular a Negri, ninguneándolo. En ese deporte cuenta con la invalorable colaboración de Cristian Ritondo, presidente del bloque del Pro. Un socio institucional de Negri y compinche político de Massa. Como consecuencia de este juego de colegio secundario, Massa y Negri dejaron de hablarse un par de meses.
Cuando todo parecía superado, irrumpió en escena el diputado Kirchner. El presidente de la Cámara pidió un cuarto intermedio. Sería irreverente decir que fue para recibir instrucciones. Pero cuando retomaron la reunión el clima había cambiado. Altaneros, ahora los diputados oficialistas comunicaron que no aceptarían condicionamientos en la agenda. Sobre todo, la exclusión de la reforma judicial. Se precipitó una situación insólita. Una mayoría sesionando por la web y una minoría numerosa sentada en el recinto. La noche de los dos congresos.
A la una de la mañana, Massa recurrió a algunos amigos radicales para negociar una salida. Ofreció volver al entendimiento original, pero sin que se mencione por escrito que la reforma judicial se trataría de modo presencial. La oferta tenía el visto bueno de Leopoldo Moreau, controller de calidad del Instituto Patria. Esa salida desató una polémica en el interbloque de Juntos por el Cambio. Un grupo pidió pasar a cuarto intermedio, firmar el acuerdo y volver a sesionar para que se aprueben las leyes. Otros diputados se opusieron con un argumento lógico: “¿Cómo volvemos de los discursos, cuando nos atamos a las columnas del templo antes de aceptar una sesión virtual?”.
Los hechos siguieron su curso. Se votaron las leyes con la sola presencia del oficialismo en la sesión electrónica. Los partidos de la oposición impugnaron la validez de lo aprobado. Un ademán retórico. Nadie supone que un juez les dará la razón. El único que lo hizo fue Alberto Fernández, quien en el discurso del Día de la Industria declaró que “el Congreso no sesionó”. La Casa Rosada debió, por la tarde, corregirlo. Había tenido una fugaz desconexión. “Como Duhalde”, dijo un chistoso. Bromas de mal gusto.
El contrato quedó para ser firmado en los próximos días. La gran batalla, que es la reforma judicial, será tratada con los diputados en sus bancas, en un recinto a determinar. En Juntos por el Cambio apuestan a que ese nivel de exposición inhibirá a los indecisos, sobre todo a los diputados de Consenso Federal, el bloque que se referencia en Roberto Lavagna. Aunque siempre hay algún descreído: “Esos legisladores van a ayudar a la aprobación de la reforma. Pactarán con el kirchnerismo en qué puntos van a disentir. Son todos peronistas”.
Un sector importante del oficiadero lismo cree que pagaría un costo altísimo si trata leyes relevantes con la principal oposición ausente del debate. Massa está en ese grupo. Sabe que cuanto más extrema es la polarización, menos espacio queda para lo que él pretende representar en la política. A la vez, en Juntos por el Cambio muchos dirigentes están alarmados con la perspectiva de embarcarse en una disidencia testimonial, tan altisonante como estéril. La ruptura fue un triunfo objetivo de Cristina Kirchner. Demostró que su inflexibilidad no es inviable. El Frente de Todos consiguió aprobar las leyes sin la oposición.
El plan de la señora de Kirchner es bastante nítido. Consiste en absorber a Fernández y a Massa hasta suprimir cualquier matiz interno. El otro vector es fortalecer su dominio sobre el conurbano bonaerense, que es su territorio. Para alcanzar este objetivo, Máximo Kirchner trabaja mañana, tarde y noche con la dirigencia del distrito. Aspira a saturar la lista de diputados bonaerenses del año próximo y, de ese modo, profundizar su influencia en el Congreso.
El otro instrumental es pecuniario. El kirchnerismo acaba de introducir un cambio muy significativo en la estructura de poder. Durante doce años, los gobernadores bonaerenses, Felipe Solá y Daniel Scioli, debieron mendigar mes a mes los recursos para pagar los sueldos. Vivían en ajuste. Axel Kicillof es tratado de otro modo. En la última ampliación presupuestaria se votó una asignación de 50.000 millones de pesos para la provincia de Buenos Aires. Además de préstamos por 15.000 millones más. Por primera vez Cristina Kirchner siente que ella domina ese distrito, sin temor a que el dinero que gira hacia La Plata se le vuelva en contra.
Polarización política y asistencia al conurbano. Ahí están los dos dispositivos de la vicepresidenta para controlar el oficialismo. En ese diseño, el Presidente se va limitando a ser un mero administrador de la cotidianeidad. La receta puede ser eficaz para que Cristina Kirchner conserve el mando. ¿Es eficaz también para recuperar la economía?
La ruptura sistemática tiene aislado al Gobierno de los factores productivos. Nunca pasó, y mucho menos con un gobierno peronista, que los grandes empresarios, reunidos en AEA, desarrollen su propia relación con la CGT. Fernández, que hizo campaña prometiendo un Consejo Económico y Social, no convoca a ninguno de los dos. Con el sindicalismo privado está casi enfrentado. Su amigo Héctor Daer, el devaluado titular de Sanidad, sabe que para volver al calor presidencial debe unificarse con la Confederación de Trabajadores Argentinos (CTA), de Hugo Yasky. Daer no consigue que sus compañeros acepten esa alianza. El Presidente les responde con el peor de los agravios: la foto con los Moyano. Los camioneros se toman en serio ese respaldo. Pablo, el herede papá Hugo, busca votos para convertirse en titular de la CGT.
El rumbo de estas alianzas inquieta a un sector del oficialismo. Numerosos dirigentes temen que la economía se siga deteriorando hasta precipitarse en una convulsión. Ayer la UIA emitió un documento con cifras escalofriantes: 63% de las empresas no produce o tiene caídas de más del 50%. Y 62% de ellas tiene caídas superiores al 30% de sus ventas. El informe consigna, además, que el gobierno argentino es el que menos ayuda ofreció al sector productivo, comparado con Brasil, Chile y Perú.
El mercado cambiario regula, como siempre, el ritmo de la crisis. Massa está entre los alarmados. Por eso alienta, en conversaciones con el empresariado, y con el infaltable auspicio del banquero Jorge Brito, la incorporación de Martín Redrado al gabinete. Redrado envió mensajes amistosos a Máximo Kirchner. Pero todavía no consiguió el indulto de la Reina Madre. Causa malestar desde que declaró contra la expresidenta, Miguel Pesce, Axel Kicillof, entre otros, en la causa del dólar futuro. Claudio Bonadio los procesó con los argumentos de Redrado. Los amigos de Massa, uno de los mejores amigos de Bonadio en la política, juran que él no fue el instigador.
Los que consideran que la economía se está dirigiendo hacia el corazón de la tormenta ven en la toma de tierras baldías la escenificación operística de sus presentimientos. El fenómeno es complejo y tiene, en su raíz, un enorme problema habitacional que para el Estado parece carecer de interés. Convergen en él los problemas de hacinamiento, que se volvieron más intolerables con la pandemia. La malversación de una ley que suspendió los desalojos por un tiempo, no para los intrusos sino para quienes no pueden cumplir con un contrato. El negocio de quienes ven la oportunidad de quedarse con terrenos, para luego revenderlos, en una práctica que tiene más de 25 años. También la acción menos evidente de los movimientos sociales.
Ese imperio de la anomia se vuelve más inquietante por la falta de rumbo del oficialismo. Sabina Frederic justificó las ocupaciones. Es la ministra de Seguridad, es decir, la auxiliar de la Justicia para que se cumpla con la ley. Pero la preocupan los problemas de desarrollo social. Como si Daniel Arroyo no existiera. Mientras ella justifica las tomas, Sergio Berni lanzó un video afirmando que “el derecho a la propiedad privada es innegociable”. Ilustra la afirmación con imágenes de terrenos invadidos.
Un intendente, alarmado, explicaba ayer: “Nos sale carísimo, porque una vez que se asientan, hay que llevar agua, luz, ladrillos… Todo sale de los recursos municipales”. Algunos de ellos acuden a barras bravas para, en la impunidad de la noche, desalojar a los intrusos a los golpes.
Estas imágenes del vandalismo estatal se superponen con las de los diputados, que no pueden acordar siquiera el funcionamiento del Congreso. Suenan en el fondo de este video imaginario las palabras de Fernández: “Enseño leyes desde hace 30 años. Soy hijo de un juez. Yo sé lo que es el Estado de Derecho”.
El imperio de la anomia se vuelve más inquietante por la falta de rumbo oficialista

miércoles, 2 de septiembre de 2020

LA OPINIÓN DE CARLOS PAGNI,


El “vamos por todo” de Cristina ahora es contra el Presidente
El periodista Carlos Pagni fue convocado por el escándalo de espionaje |  MDZ Online
Carlos Pagni
Cristina Kirchner ha comenzado a desplegar su liderazgo a través de una auditoría obsesiva de las decisiones administrativas de Alberto Fernández. Ese control se ejecuta a través de prohibiciones que dinamitan los acuerdos alcanzados por el Gobiernoenlosmásdiversoscampos de la vida pública. Es un regreso a la consigna “vamos por todo”. Pero ahora no se trata de la convocatoria a una expansión. El movimiento es hacia adentro. Centrípeto. La vicepresidenta tiende un cerco cada vez más estrecho alrededor del Presidente. Los teóricos debatirán si esta dinámica no era inexorable.
Si no estaba cifrada en el lanzamiento de Fernández como candidato, a través de un expeditivo mensaje de voz. Para la política el problema es más urgente. Como Martín Guzmán y Miguel Pesce explicaron en su carta a Kristalina Georgieva, el país se interna en una recesión cada vez más dolorosa, mientras en el puente de comando pelean a los manotazos por el dominio del timón.
La búsqueda de una salida para Vicentin, el acuerdo de precios con las empresas de telecomunicaciones, la negociación tarifaria con las de distribución eléctrica, el entendimiento para sancionar una ley para la economía del conocimiento, las tratativas con las empresas constructoras que no pueden cumplir con los contratos de participación público-privada (PPP) son algunos ejemplos de la facilidad con la que, desde la presidencia del Senado, se vetan decisiones del Poder Ejecutivo. La señora de Kirchner impone conflictos a Fernández allí donde él ensaya una fórmula de paz.
Ninguna impugnación fue tan significativa como la que la vicepresidenta lanzó contra la reforma judicial. Se trata del proyecto al que Fernández concedió más importancia desde que asumió la presidencia. Le dedicó pasajes enteros de su discurso inaugural y también del que pronunció en la apertura del Congreso. Sin embargo, ella aclaró que no es una reforma. Que reformas solo hay dos. Una, la que ella promovió, intentando atar la integración del Consejo de la Magistratura a las elecciones presidenciales. La otra fue, según la misma taxonomía, la que habría realizado, de facto, Mauricio Macri, para perseguirla a ella, a sus funcionarios y a algunos empresarios amigos. Para aceptar este sarcasmo hay que olvidar demasiadas cosas. Entre ellas, las decenas de millones de dólares acumulados por una legión de funcionarios, que incluyen a modestos secretarios privados. No es el único defecto de la coartada de la señora de Kirchner. Sus reproches hacia Macri ocultan que la principal disputa política que rodeó a su peripecia judicial fue con sus compañeros de partido. La vicepresidenta disimula algo que, sin dudas, sabe: el estímulo faccioso que puede sospecharse detrás de algunas decisiones judiciales provino más de la interna del PJ que de la Casa Rosada. Ella no ignora, por ejemplo, que Sergio Massa ha tenido una proximidad a Comodoro Py muy superior a la de Macri. Massa: el aliado de Margarita Stolbizer, autora de libros implacables contra la corrupción del kirchnerismo. Cristina Kirchner finge desconocer estos pormenores. Y hace bien. Porque en ellos aparece el rasgo más mortificante de su “genial” jugada para regresar el poder: debió allanarse ante Alberto Fernández, que la denostó durante nueve años, y a Massa, que se comprometió ante sus seguidores a meterla presa.
La descalificación al proyecto judicial de Fernández es más agresiva por su oportunidad. La vicepresidenta dice que no es una reforma en el momento en que su ahijado trata de evitar una derrota en la Cámara de Diputados. Consciente de ese riesgo, el Presidente trata de saltar el corralito en el que lo va encerrando su vice. El viernes, invitó a almorzar a Martín Lousteau y a Enrique Nosiglia a la residencia de Olivos. Los esperó con Eduardo Valdés, uno de sus principales gestores políticos. Lousteau y Nosiglia integran la conducción de la UCR porteña. Ambos son aliados de Horacio Rodríguez Larreta, que no fue ajeno a estas conversaciones. Horas antes del encuentro, Fernández había hablado con él, una vez más, para rescatar la reforma judicial. Ya se habían producido otros contactos. Julio Vitobello, el secretario general de la Presidencia, conversó con Alfredo Cornejo, el presidente de la UCR. El nexo entre ellos fue el senador Julio Cobos.
Fernández no tramita una agenda precisa. Tiende cabos. Sin embargo, la operación legislativa de la reforma está en todas las conversaciones. La expectativa del Presidente, procrastinador empedernido, es postergarla una quincena. Desde Juntos por el Cambio le explican que, si al cabo de ese lapso, no ofrece modificaciones, la demora sería ociosa. Es una solicitud capciosa. En la oposición saben que el problema no es el texto de la ley, que, por otra parte, se parece a la que había imaginado Germán Garavano. La dificultad es el contexto: la discusión de traslados judiciales que se realizaron según directivas de la Corte, el hostigamiento al procurador Eduardo Casal, las versiones sobre una ampliación del tribunal supremo, la comisión Beraldi. A propósito de sus miembros, el Presidente aclara: “A Beraldi lo invité yo. Y Cristina está fastidiada porque la culpan a ella”. Colaboradores estrechos de Fernández dan la misma versión: “Tuvo un arrebato, como suele ocurrir cuando siente que la prensa o la oposición le quieren marcar la cancha”. Le alcanzaría con la vicepresidenta.
La declaración de Cristina Kirchner, denostando la reforma judicial y ensañándose con Macri, alejó las posiciones. En Juntos por el Cambio se dividen entre los que pretenden enterrar el proyecto con una votación y los que esperan que Fernández lo retire. Es decir: nicho o tierra. La hipótesis de que navegue un par de meses a la espera de un cambio de clima no cosecha demasiadas adhesiones. Mientras tanto, el Presidente intentará seguir presionando, sobre todo a través de los gobernadores, para alcanzar los 3 o 4 votos que le faltan. Massa, responsable formal del resultado, tiene la excusa de que, en otro error incomprensible, nadie lo consultó antes de enviar la iniciativa.
Con independencia de estos avatares parlamentarios, es relevante registrar un fenómeno: en la oposición son cada vez más los que creen que, con un país que navega hacia el centro de la tormenta, debe haber un canal de diálogo con el Presidente. Y, contra lo que podría esperar una lectura convencional, esta estrategia es liderada por Elisa Carrió. Desde su retiro de Exaltación de la Cruz, Carrió sostiene, con una combinación de preocupación y sentido del humor: “Si Duhalde fuera culto, estaríamos de acuerdo con que estamos ante un golpe de Estado. Pero él no sabe que la expresión se originó en Francia, en el siglo XVII, cuando se hablaba de Coup d’etat para denominar las luchas de facciones en la monarquía. Coup d’etat fue, por ejemplo, la decisión de Catalina de Medici de eliminar a los hugonotes en la matanza de San Bartolomé”. Carrió se remonta casi cuatro siglos para explicar que hoy, en sentido etimológico, “la que está dando el golpe es Cristina. Está retirándole a Fernández el poder. Nosotros no podemos ser cómplices de esa maniobra. Tenemos que garantizar la gobernabilidad. Por eso yo estoy con Horacio en tender un puente que la asegure. También se lo digo a Mauricio. No auspicio confrontaciones ciegas. Ni en la Nación ni en Juntos por el Cambio. Para nosotros no debe ser ‘cuanto peor mejor’”.
Carrió hace una interpretación sofisticada de una escena que Duhalde, alarmado, describió ante Cornejo la semana pasada: “Tenemos que rescatar al Presidente de las garras de Cristina”. La incógnita mayor: Fernández, ¿quiere ser rescatado? Más aún: ¿se siente prisionero? La intervención del mercado de las telecomunicaciones, que es el significado del establecimiento de tarifas en lugar de precios, fue conversada con la vicepresidenta durante semanas. Pero la decisión fue de Fernández. Aun cuando significó pulverizar el acuerdo de los responsables del Enacom, Claudio Ambrosini y Gustavo López, con las empresas del sector. Ese entendimiento se produjo el miércoles de la semana pasada. Consistía en la fijación de nuevos precios hasta diciembre. Cecilia Todesca convalidó los números. Nadie habló de los chicos humildes que carecen de internet. Son los mismos chicos que tienen las escuelas cerradas mientras están abiertos los casinos.
Cuarenta y ocho horas más tarde, López, ligado a Oscar Parrilli, redactaba el DNU de intervención junto con Micaela Sánchez Malcolm. Los afectados se enteraron por un tuit. El jefe político de esta funcionaria es el sagaz Juan Manuel Olmos, jefe de asesores del Presidente. Olmos es un interlocutor de las empresas afectadas. Sobre todo, de Telefónica. ¿Sabía el golpe que estaba dando Fernández? A Olmos le escucharon decir que se enteró por el tuit del Presidente. Un crack.
El avance del Estado sobre el sector tendría su raíz en un arrebato de furia de Fernández contra el Grupo Clarín, al que atribuye movilizar los banderazos. Parece increíble, no solo por la presunción conspirativa. También porque, para neutralizar una presunta línea editorial, el Presidente desató una crisis en un sector estratégico de la economía. Y de las relaciones internacionales. Ayer, la cámara de empresas estadounidenses dirigió una carta a Santiago Cafiero expresando la preocupación por el cambio regulatorio. Es un gesto para registrar: Fernández y Guzmán abrieron ayer negociaciones con el FMI, donde los Estados Unidos son determinantes. Guzmán tal vez chequee una información que circula desde ayer por algunos directorios de Buenos Aires: ¿Georgieva tiene un vínculo histórico con AT&T? Es la principal operadora del planeta. Dueña de Directtv, una de las víctimas del decreto de Fernández. Son riesgos que, tal vez, refuercen las convicciones antiimperialistas del Presidente.
El frente de conflicto que se abrió en las telecomunicaciones no modificó el enojo oficial. Sergio Massa, el padrino de Ambrosini, almorzó con Fernández anteayer. Y ayer desayunó con Cafiero. Sus pedidos de prudencia no tuvieron eco. Eduardo “Wado” de Pedro, para quien el pragmatismo no tiene secretos, tampoco ofrece soluciones a sus amigos de Telecom, donde fue designado director. Tuvo visitas anteayer. Infructuosas.
El caso de las telecomunicaciones es uno en cientos. Anteayer, el Presidente debió vetar los artículos 18 y 19 de la ampliación del presupuesto que él mismo había enviado al Congreso. Allí constaba un acuerdo con las empresas de distribución eléctrica, sobre todo Edenor y Edesur. Tendrían facilidades para pagar las deudas con el sector público a cambio de restricciones tarifarias. Cristina Kirchner no quiso eliminar esas cláusulas para que la ley no volviera a Diputados. Pero ordenó al Presidente que las vetara. Habría sido por un consejo de Federico Basualdo, su delegado en el ENRE.
El Ministerio de Producción avanzó en la negociación con las empresas constructoras que, por la devaluación, no pueden cumplir con los contratos de los PPP. Es una con riesgos judiciales, de ambos lados. En las compañías aseguran que, cuando se llegó a un entendimiento, Guzmán lo invalidó. Guzmán está cada día más alineado con la vicepresidenta. ¿Por eso se alejó Gerardo Otero, el jefe de Gabinete del ministro Gabriel Katopodis? En el ministerio lo desmienten. Y aseguran que la negociación sigue abierta.
¿Cristina Kirchner monta una empalizada alrededor del Presidente por razones conceptuales o políticas? Si se observa la encuesta de Poliarquía del mes pasado, Fernández registra una imagen positiva del 63%. Y una negativa de 17 puntos. Su mentora, en cambio, tiene una imagen positiva de 33% y una negativa del 47%. La distancia es muy considerable. Y debe ser, para la autoestima vicepresidencial, muy molesta.
El acoso de la señora de Kirchner, que el dócil Fernández asimila, es eficaz. En abril, 67% de simpatizantes de Juntos por el Cambio aprobaba al Presidente. Hoy ese porcentaje descendió a 36. Asimilándose a su tutora, Fernández va perdiendo su capital diferencial. Su capacidad electoral para el año próximo depende de ese capital. Cuando Cristina Kirchner va por todo, va sobre ese patrimonio de Fernández. No da la impresión de estar obsesionada por las elecciones. Vive, parafraseando a Balbín, “en nombre de sus viejas luchas”. Defiende su gobierno. Que es aquel gobierno. El de 2007 a 2015. No este. Está fijada en ese pasado. Reniega por aquellos conflictos. Jorge Alemán, el Bucay del kirchnerismo, le aconsejaría “soltar y sanar”.
La vicepresidenta monta una empalizada alrededor de Fernández por razones políticas

lunes, 23 de marzo de 2020

LA OPINIÓN DE CARLOS PAGNI,


La pandemia sacó al Gobierno de la quietud

Carlos Pagni
Todavía es muy temprano para saber cómo el coronavirus remodelará a la sociedad global. No depende solo de la biología. También actúa la economía. Y la política. Pero, en la pequeña escala argentina, ya se percibe cómo remodeló al Gobierno.
Un equipo que comenzaba a preocupar por su desorden y falta de operatividad mejoró desde hace una semana su coordinación y velocidad para tomar decisiones.
Es una señal importantísima en el contexto de una tormenta sanitaria que se volverá, con los días, cada vez más inquietante. El desafío, que apenas asoma, ha modificado por completo el paisaje en el que debe operar Alberto Fernández. Cuestiones principales de su agenda, como la recesión, o el canje de la deuda, que promete novedades para el fin de semana, modificaron su significado. Enfrentado a una crisis de innumerables dimensiones, la gestión del Frente de Todos está ante una agenda que jamás habría imaginado.
El Presidente definió su criterio principal durante el fin de semana. Fue crucial la reunión con científicos que encabezó en Olivos la tarde del domingo. Hasta ese momento dudaba de extremar las prevenciones por temor a un congelamiento de la economía. Los expertos lo convencieron de cambiar de rumbo.
Fernández salió del encuentro dispuesto a paralizar al máximo el país. Si le quedaba alguna duda, se la despejó anteayer el Zou Xiaoli, el embajador chino, quien le ofreció una explicación detallada de cómo el éxito de Xi Jinping frente a la epidemia fue congelar la actividad. Entre el martes y ayer, en China se detectaron sólo 13 casos.
También desde el domingo, Fernández inició una gestión bilateral de su gabinete. Sobre todo, en el trato con Ginés González García y su equipo de especialistas; con Nicolás Trotta por la administración de las escuelas; y con Gabriel Katopodis, por la construcción de nueva infraestructura hospitalaria. Se dispuso, además, que Matías Kulfas, el ministro de Producción, trabaje con Martín Guzmán, de Economía, en medidas de emergencia para la crisis. Es el otro drama que muestra el espejo de China: en febrero, la producción industrial de ese país tuvo una caída de 13,5% interanual; las ventas al por menor descendieron 20,5%; y el gasto en infraestructura, propiedades y maquinaria se contrajo en 24,5%. Un derrumbe inédito.
Hay todavía un debate no saldado dentro del Gobierno sobre los pros y contras de presentar lo que vendrá con dramatismo. Pintar un horizonte tétrico ayuda a la toma de consciencia y a la prevención, que es la estrategia más eficaz para una epidemia que desborda, por su tamaño, cualquier sistema de salud. Los expertos suponen, a la luz de la dinámica del problema en otros países, que los contagios saltarán de escala en, más o menos, dos semanas. En España hay más de 14.000 infectados y 741 muertos en lo que va de la epidemia. Italia, que supera cualquier otra catástrofe, los fallecidos fueron 475 en 24 horas. Aun cuando no se lleguen a igualar estos antecedentes, hay que prever que habrá una presión inédita sobre el sistema de salud que duraría entre 6 y 10 semanas. La demanda amenazará con desbordar los sanatorios. Para calibrar la dificultad: ¿cuántos respiradores hay en la ciudad de Buenos Aires? ¿200? ¿300? Se calcula que en la provincia no llegan a 500. El Gobierno no provee esa información. Pero todo es poco, poquísimo, cuando la naturaleza se desmadra.
Una de las responsabilidades del Estado consiste, en estas horas, en sensibilizar y entrenar al principal grupo de riesgo: los médicos, paramédicos y enfermeros. Toda la sanidad estará alterada. No sólo porque faltarán respiradores. Se necesitarán muchos más operadores de esos aparatos porque el personal estará agotado. Quiere decir que hacen falta cursos acelerados para cubrir esa especialidad, que predomina en las unidades de terapia intensiva. También se requerirán más kinesiólogos, indispensables para los trastornos respiratorios. Los profesionales tendrán que controlar con pautas muy estrictas su contacto con los pacientes. Sobre todo, establecer cuidados para desvestirse: el gran riesgo aparece cuando se quitan el camisolín, la cofia, las gafas o los guantes con los que tocaron al enfermo. Allí es cuando más cerca están de enfermarse. La dimensión del desafío es desconocida. Por eso, entre otras cosas, sería bueno saber qué tareas está realizando el sindicato de Sanidad, que conduce el aspirante a conducir la CGT Héctor Daer. Ningún profesional argentino enfrentó algo similar que, por su intensidad, trastorna la vida de los hospitales. En concreto: salvo las emergencias, quedarán suspendidas por semanas todas las demás actividades: atención rutinaria, cirugías programadas, etc. Habrá una administración muy cuidadosa de las transfusiones de sangre. No sólo porque se volverá un bien escaso; también porque bajará el número de donantes. Una incógnita: ¿se pueden equipar hoteles para que funcionen como clínicas?
Dentro del oficialismo hay quienes desalientan el alarmismo. Sostienen que, bajo el peso del terror, las personas toman decisiones incorrectas. Y, sobre todo, puede desatarse una corriente de egoísmo que, en el afán de cada uno por salvarse, termine disolviendo el vínculo social. En su magnífico ensayo "La Peste", Leiser Madanes consigna el asombro de Guy de Chauliac, el médico del papa Clemente VI, ante los efectos de una epidemia tan contagiosa que, no sólo por la proximidad, "sino incluso por mirarse unos a otros, la gente la contraía, de manera que los hombres morían sin asistencia y eran enterrados sin sacerdotes. El padre no visitaba al hijo, ni el hijo al padre. La caridad estaba muerta y la esperanza hecha añicos".
Otros creen que sólo extremando las alertas se consigue que la gente se distancie y adopte prevenciones adecuadas. Ese alejamiento y esos recaudos higiénicos pueden disminuir, siquiera un poco, la cantidad de casos, para que el aparato de salud pueda funcionar sin un colapso. Con más precisión: para que no pase lo de Italia.
Hay algunos episodios que recomendarían la crudeza. El episcopado católico, por ejemplo, suspendió la obligatoriedad de asistir a misa. Pero no canceló, como sí lo hicieron algunos obispos de países vecinos, toda ceremonia. El lunes, mientras el Presidente pedía distanciamiento, un grupo de científicos del Conicet -de nuevo: científicos del Conicet-realizó un seminario para dialogar sobre usos alternativos del cannabis. Se ve que estaban haciendo un uso tradicional.
La Argentina tiene un factor de riesgo especial en esta crisis, que es Brasil. En sus primeras definiciones, Jair Bolsonaro dijo que se estaba exagerando el problema del coronavirus. Hasta aventuró que ese tremendismo obedecía a una conspiración económica. Anteayer condujo una conferencia de prensa en la que él y sus ministros aparecieron con barbijos. Un modo de indicar que había reaccionado frente al problema, aunque sin entender los modos de contagio. Sin embargo, ayer Bolsonaro llamó a una movilización en su favor a través de las redes sociales, indignado con un cacerolazo que le está haciendo la oposición. La negligencia de Bolsonaro, además de perjudicar a los brasileños, que ya padecen una epidemia de dengue, amenaza a los países vecinos. Es imposible controlar la extensísima frontera de Brasil. La conducta de Bolsonaro, que está determinando su derrumbe en las encuestas, contrasta, por ejemplo, con la del gobierno de Perú: ayer, en Lima, a los transeúntes que no podían justificar estar yendo a una farmacia o a un supermercado, los amenazaban con la detención.
En contrapunto con Brasil, donde el presidente de la Cámara de Diputados, Rodrigo Maia, no encuentra sentido a reunirse con el presidente, la escena local se ha vuelto más civilizada. Ayer Alberto Fernández recibió a los jefes de bloque del Congreso. Había dudado de hacerlo, no por intolerancia sino por las naturales exigencias de su agenda. Después de todo, Ginés González García había estado, anteayer, en el parlamento. Pero la entrevista se hizo y permitió, entre otras cosas, que Sergio Massa hiciera, por fin, su soñada conferencia de prensa. Massa levantó una ola de críticas, sobre todo en el oficialismo, por haber firmado una resolución que dotó a cada diputado de 100.000 pesos para contribuir con alguna obra de bien público de su distrito. Más allá de la sustancia de la decisión, que la oposición aplaudió, nadie sabe si era necesaria esa resolución o si sólo fue emitida para que los legisladores tengan la oportunidad de, violando las restricciones profilácticas, besar el anillo de Massa. Todo psicodélico.
Hace una semana, la académica Elise Mitchell escribió en The Atlantic un artículo en el que afirmaba que "la escasez puede ser peor que la enfermedad". Las consecuencias económicas de la pandemia serán dramáticas. Por eso los gobiernos, también el de Fernández, están reaccionando con paquetes de ayuda fiscal y financiera. Sin embargo, hay zonas de la sociedad que son difíciles alcanzar. En la Argentina, el 35% de la población económicamente activa trabaja en la informalidad. Serán los más afectados por la parálisis económica. Ni qué decir del daño que puede causar el coronavirus entre los más desprotegidos, ciudadanos que viven en barrios humildes, hacinados y con servicios deficientes. Es el problema de los grandes conurbanos, que tienen rincones donde ni siquiera llega el agua. Todavía no se advierte con claridad si los funcionarios destinados a acercar el Estado a esos suburbios carenciados se están preparando para una emergencia. Las turbulencias inesperadas tienen esa peculiaridad: cambian los roles. De repente, la titular de AySA, Malena Galmarini, y todos sus colegas provinciales, pasarán a desempeñar un papel crítico.
Estos contratiempos se inscriben en una macroeconomía también en mutación. La contracción china afectará el precio de las commodities y, de ese modo, las exportaciones locales. Una dificultad adicional para un país que necesita de dólares, al extremo de tener intervenido el mercado de cambios. El problema es más grave porque, al mismo tiempo, el tipo de cambio se está atrasando frente a las demás monedas en las que se cifra el comercio exterior. El peso está revaluado a un nivel similar al que presentaba antes de las primarias del año pasado. Caída del consumo, menor demanda externa, falta de competitividad de la moneda: todo conspira contra la reactivación.
El panorama internacional afecta, por supuesto, la operación más importante en la que estaba involucrado el Gobierno antes de que llegara el coronavirus: la reestructuración de la deuda. Si se observa el precio que ayer presentaban los bonos argentinos, se podría imaginar que hoy el canje sería más fácil que hace 15 días. La misma oferta de entonces se volvió más atractiva. Y los mercados, saturados de malas noticias, tal vez festejen un acuerdo. Pero también es cierto que la incertidumbre juega en contra: es probable que, en ausencia de precios estables, los comités de inversiones de los fondos desaconsejen cualquier operación.
La incógnita está por despejarse. Martín Guzmán estudia lanzar una propuesta hacia el fin de semana. Tanto él como Gustavo Beliz, figura crucial en esta operación, están negociando con Kristalina Georgieva para que el Fondo Monetario Internacional acompañe esa oferta. ¿Podría aportar algo de cash? Se supone que sólo habrá un aval retórico, como el que ofreció hace dos semanas. El Fondo es parte del problema. Necesita un recorte importante de la deuda que el Estado tiene con los bonistas. La razón es evidente: compite con esos financistas porque es otro acreedor. Y también quiere cobrar.

domingo, 23 de junio de 2019

LA OPINIÓN DE CARLOS PAGNI,


Matices y colores, en riesgo por la polarización

Carlos Pagni
La polarización solo tolera dos colores. Roberto Lavagna y Juan Manuel Urtubey se han propuesto superar ese desafío. Pero no son los únicos que sufren la amenaza de un contraste que borra cualquier tonalidad diferencial. También aparecen otras víctimas. Son los que, habiendo cedido al magnetismo de uno u otro extremo, no se resignan a fundirse en el bloque al que ingresaron. Sueñan con preservar algo parecido a un perfil propio y, en ese intento, introducen disonancias en las campañas del kirchnerismo y de Cambiemos. Sergio Massa y Martín Lousteau acaban de plantear ese problema en cada bando.
Quieren salvar algo que para ellos es casi tan valioso como su propia imagen. Quieren que su electorado no se licue, como un afluente más, en el caudal de las dos grandes corrientes.
Que Massa y Lousteau compartan esa pretensión es comprensible. Ambos se alinearon con las facciones dominantes después de haber fantaseado con una tercera posición. Massa formó parte de Alternativa Federal. Y Lousteau coqueteó con Lavagna y sus aliados, en busca de un vehículo para los que se desencantaron de Mauricio Macri . Fracasados los dos experimentos, ahora intentan que se les reconozca su diversidad con un grado de relativa autonomía.
Massa anunció anteayer que decidió (sic) encabezar la lista de diputados nacionales del Frente de Todos, la nueva marca con la que gira el kirchnerismo. Para comunicar esa novedad eligió un seminario organizado por Clarín. De inmediato aclaró que, en materia de Justicia, está en las antípodas de Eugenio Zaffaroni. Massa y Zaffaroni mantienen una vieja querella que tuvo un round estelar cuando el actual candidato a legislador recomendó que había que "cerrar la etapa de los derechos humanos". El duelo continúa. El exjuez de la Corte es el principal inspirador de los argumentos que Cristina Kirchner y su feligresía esgrimen para enfrentar procesos por corrupción. Y Massa es uno de los políticos más cercanos a Claudio Bonadio, el verdugo al que acusa Zaffaroni.
Massa está tomando al pie de la letra lo que le prometieron dos domingos atrás en un diálogo televisivo: que respetarían su identidad. Esa garantía se la ofreció alguien tan celoso con las identidades como Alberto Fernández, que en los últimos años trabajó para la señora de Kirchner, para Massa, para Giustozzi, para Randazzo y, de regreso, para la señora de Kirchner. El lugar y el motivo que eligió Massa para hacer uso de ese crédito no habrán alegrado a su antigua y nueva jefa. Es lo de menos. Lo relevante es que, al tomar distancia de Zaffaroni, Massa abrió un interrogante sobre una materia que deriva de la judicial y es decisiva para el electorado bonaerense: la seguridad. Habrá que ver si Massa decide preservar su identidad en esta agenda ya no respecto de Zaffaroni, sino de Axel Kicillof.
La fisura con Kicillof que anuncia el disenso con Zaffaroni hará las delicias de Miguel Pichetto. El aspirante a vice de Juntos por el Cambio, el nombre que el oficialismo adoptó para este nuevo marketing, será clave en la campaña bonaerense para inducir al corte de boleta contra Kicillof. Entre gracioso y envidioso, Macri se pregunta ante sus íntimos: "¿A quién tenemos ahora? ¿A Churchill?". Él moriría porque Marcos Peña le habilitara una pizca de la incorrección política que le demandan a Pichetto. El senador por Río Negro, nacido en Banfield, es el encargado de poner a prueba una nueva temeridad electoral de Cristina Kirchner: ofrecer a un hombre de izquierda para gobernar la provincia de Buenos Aires. Alguien que, como Carlos Ruckauf en 1999, aprovechó como nadie la dificultad que entraña esa propuesta, comentó ayer ante este diario: "Yo voy a votara Lavagna-Urtubey. Pero me parecen injustos los ataques a Pichetto. Es muy difícil para alguien de militancia peronista votar a Kicillof".
Freud observó que la agresividad es más aguda en los bordes de los grupos. Allí donde prevalece el parecido. Habló del "narcisismo de las pequeñas diferencias". En la ciudad de Buenos Aires Lousteau se resiste a ser subsumido por sus primos de Cambiemos. Horacio Rodríguez Larreta le ofreció la candidatura a senador a cambio de proponerlo como su sucesor dentro de cuatro años, cuando él mismo compita por la presidencia. Un paso largo hacia el "larretismo", que el alcalde cocina a fuego lento. Quien paga lo que, por ahora, es un terreno en Marte, es Diego Santilli: al repetir como vice de Larreta agota la posibilidad de competir en 2023 por la jefatura de gobierno.
El costo de esta transacción para Lousteau es incorporarse a una boleta encabezada por Macri y, sobre todo, por alguien que descalifica con el adjetivo "comunista" a otro egresado del Buenos Aires, como él. Y la incorporación del socialista Roy Cortina no alcanza para devolver la sonrisa al titular de Evolución. Así como Massa teme ser confundido con algo parecido a "la izquierda", Lousteau quiere diferenciarse de algo parecido a "la derecha". Para hacerlo introdujo en la campaña la discusión sobre el aborto. Cuidadoso de la coherencia de su lista, sugirió que la acompañante que designe Pro sea partidaria de la despenalización. "No es una condición, es un criterio", dicen a su lado. Una dificultad para Larreta, que contemplaba a tres militantes "celestes": Victoria Morales Gorleri, Carmen Polledo o Cornelia Smith. El "criterio" de Lousteau impuso a Guadalupe Tagliaferri.
La contradicción sobre el aborto se convirtió en una dificultad para quienes confeccionan las listas. En la provincia de Buenos Aires, Federico Salvai, jefe de campaña de María Eugenia Vidal, intentó derivar candidatas "celestes" a las listas de Juan José Gómez Centurión. Es el menor de los inconvenientes. La variante bonaerense de Cambiemos mantiene una relación excelente con la Iglesia, sobre todo en los barrios más humildes. Un vínculo que ha sido puesto a prueba. La jerarquía católica mira con espanto la exigencia de Lousteau, porque podría modificar la aritmética del Senado, que es donde se hundió, en parte por la hiperactividad de los obispos, el último intento de despenalizar el aborto.
La organización del conflicto político en dos agrupamientos no solo diluye los matices. El armado de listas se vuelve endemoniado porque los lugares son escasos para la infinidad de agrupaciones que contiene cada coalición. Vidal, por ejemplo, enfrenta a la UCR bonaerense, que le exige 3 lugares entre los primeros 10 de la lista de diputados. La gobernadora pretende que María Luján Rey encabece esa formación. Es la mamá de Lucas Meneghini, víctima de la masacre ferroviaria de Once. Será interesante ver, si llega el caso, cómo Massa defiende a la señora de Kirchner y Julio De Vido de las acusaciones de esa madre. La expresidenta delegará la campaña en el hijo pródigo de Tigre.
El equipo bonaerense de Cambiemos traslada los problemas del reparto a Marcos Peña, con quien se mantienen viejas cuentas pendientes. Sobre todo una: haber impedido el desdoblamiento de la elección. Peña cumple en Cambiemos un rol indispensable: ser el centro de imputación de las decisiones mezquinas de Macri. Una de ellas es controlar las listas bonaerenses. Al Presidente le preocupa, más que el larretismo, el vidalismo.
Los inconvenientes que se plantean en el oficialismo y en el kirchnerismo para repartir cargos benefician a Lavagna y Urtubey. Graciela Camaño repasa los distritos incorporando a los desheredados de la polarización. Ella será candidata a diputada: la convenció Urtubey. ¿El argumento? Retener su lugar en el Consejo de la Magistratura. El kirchnerismo deja un tendal de heridos: Massa pretende que sus nuevos amigos no presenten listas en las ciudades gobernadas por los suyos. Esa disputa tiene un distrito sobresaliente: Tigre. Massa exige que esa intendencia vaya para su esposa, Malena Galmarini. Pero Alberto Fernández insiste en sostener la reelección de Julio Zamora, que se entregó a la expresidenta antes que Massa. Zamora le cree, mientras resiste las ofertas de Luis Barrionuevo para sumarse a Lavagna. Massa cometió una torpeza: denostar a Zaffaroni antes de garantizar el futuro de su mujer. Más que un motivo, podría ser una coartada para que Cristina Kirchner cumpla su objetivo. Humillar a quien dijo que su marido "no era un genio perverso, sino apenas un perverso" (Wikileaks).
Más relajado que Vidal, Larreta tiene casi cerrada su oferta porteña. La lista de diputados será presidida por Maximiliano Ferraro, de la Coalición Cívica. E incorporará a dos radicales en los primeros cinco puestos. La UCR se llevará también cuatro de las primeros doce cargos de la lista local. La novedad es que el candidato radical en la lista nacional será Emiliano Yacobitti, hombre de Enrique Nosiglia y principal aliado de Lousteau. La capacidad de negociación de Larreta parece prodigiosa: lograría que Elisa Carrió no reclame, también ella, por su identidad. Carrió produjo una ruptura catastrófica de Cambiemos en Córdoba para impedir que prospere el sector que Yacobitti representa en la ciudad. Anoche conseguía salvar algo en la provincia: que Mario Negri encabece la lista de diputados nacionales.
Larreta debe computar que el oficialismo porteño debe recompensar a Daniel Angelici como radical. Al binguero le atribuyen querer una banca para Laura Alonso. Sus rivales dicen con malicia que quiere dotarla de fueros, por si gana el kirchnerismo. Alonso es un blanco móvil, en una campaña donde la principal guerra es judicial. Además de sembrar los tribunales con denuncias contra el oficialismo y, sobre todo, contra la familia Macri, la expresidenta lanzó una estrategia defensiva: montar acusaciones que corroan las causas en las que su gente está más complicada. Acaba de suceder en el juicio oral contra Cristóbal López y Fabián de Sousa por haberse financiado con el impuesto a los combustibles que no derivó hacia la AFIP. Esta agencia exigió que la quiebra de Oil se extendiera a las personas de López y De Sousa. Para defenderse, De Sousa elaboró una denuncia contra figuras del Gobierno que habrían provocado el derrumbe de Oil para que la compañía pase a un grupo de amigos. Insólito, porque a estos empresarios kirchneristas se los acusa de un delito cometido antes de 2015. El argumento de De Sousa, que debe ser examinado ahora por María Servini de Cubría, pretende neutralizar las pruebas que se examinan en el juicio oral. A la primera audiencia de ese proceso se presentaron militantes del kirchnerismo, encabezados por Wado de Pedro y el Chino Navarro, para declarar que López y De Sousa son presos políticos. Más allá de sus infortunios, López sigue recibiendo un caudal incalculable de dinero del casino de Palermo. Y controla con De Sousa la señal C5N. Se entiende la pasión.

viernes, 14 de junio de 2019

LA OPINIÓN DE CARLOS PAGNI,


Una confluencia que acecha a los votantes de Macri
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Carlos Pagni
El escritor Felipe Solá suele explicar: "En política tu verdadero rival no es el que habla mal de vos, sino el que seduce a tu electorado". Este es el desafío que plantea la fórmula que compusieron ayer Roberto Lavagna y Juan Manuel Urtubey a la que un día antes formó Mauricio Macri con Miguel Pichetto.
En todas las muestras de laboratorio, las adhesiones que obtengan Lavagna yUrtubey con Consenso Federal provendrían de la cantera de Cambiemos . Por eso ellos son, desde ayer, los principales aliados de Alberto Fernández yCristina Kirchner : si su coalición prospera en detrimento del oficialismo, podría ampliarse la diferencia entre el kirchnerismo y Cambiemos. Hay un escenario en el que esa distancia sería capaz de determinar el triunfo de Fernández-Kirchner en primera vuelta. Esa hipótesis se realizaría solo si Lavagna y Urtubey resisten con éxito la marcada polarización que organiza la política. Es decir, si logran evitar que muchos ciudadanos para los que el regreso del kirchnerismo resulta intolerable entienden que votar por Consenso Federal puede ser una forma indirecta de elegir a la expresidenta.

Superar a la señora de Kirchner o abreviar al máximo la distancia respecto de ella es el principal objetivo de Macri-Pichetto para las primarias y, sobre todo, para la primera vuelta de octubre. El otro propósito de Cambiemos es conseguir la reelección de María Eugenia Vidal en la provincia de Buenos Aires. La noticia de una derrota de Vidal tendría un impacto muy negativo para Macri. Alrededor de este problema se abrió ayer una segunda incógnita: qué potencial tendrá la fórmula Lavagna-Urtubey en ese distrito decisivo. La candidata a la gobernación de esta coalición será Graciela Camaño. En este caso, resulta mucho menos claro si la carrera de esta sagaz diputada se hará a expensas de Vidal o de Axel Kicillof. El peronismo de Camaño es muchísimo más nítido que el de Lavagna. Y puede convertirse en un problema para Kicillof. No tanto porque el PJ bonaerense, sobre todo el del conurbano, lo ve como un candidato exótico. Algo que habla más de las virtudes que de los defectos del exministro de Economía. Más que nada, porque la señora de Kirchner debe demostrar que su atractivo logrará imponer a un dirigente de izquierda en lo que fue el feudo de Manuel Fresco, Víctor Mercante, Eduardo Duhalde, Carlos Ruckauf o Daniel Scioli. Camaño podría causar a Kicillof, en beneficio de Vidal, el daño que Lavagna le causaría a Macri, en beneficio de Alberto Fernández y la expresidenta. En términos prácticos: podría haber un corte de boleta significativo para combinar a Fernández y Camaño. Ni en su peor pesadilla Camaño habrá imaginado esa conjunción.
Esta legisladora y su esposo, Luis Barrionuevo, fueron decisivos en el acercamiento entre Lavagna y Urtubey. Ella quedó liberada de todo compromiso con el Frente Renovador desde que Sergio Massa entró en conversaciones con el kirchnerismo. Refractaria a ese acuerdo, se mantuvo fiel a Alternativa Federal.
En esa agrupación había quedado, solitario, Urtubey, otro "hijo" suyo, como Massa. Camaño debe haber cavilado toda la noche sobre la inviabilidad de esa opción. En el otro lado de la cama, es posible que Barrionuevo también estuviera desvelado. Desde hace semanas él fue casi el único apoyo de Lavagna. Como Urtubey, también Lavagna naufragaba abrazado a la rama de Consenso 19. Las desazones de Barrionuevo y de Camaño estaban destinadas a reunirse a la mañana, con el mate. El diálogo es fácil de imaginar: "Roberto se te cae a pedazos, Barrionuevo". Respuesta: "A vos te quedó un hijo suelto, Gra. Traelo y salvamos a los dos".
Este alineamiento de soledades tuvo varios antecedentes. Marco Lavagna conversó mucho con su compañera de bancada Camaño en los últimos tiempos. Y hablaba también con Urtubey. Carlos Hourbeight, un economista clave en el entorno de Lavagna, se había aproximado a Dalmacio Mera Figueroa, senador por Catamarca y primo del gobernador salteño. Estos escarceos se completaron, dicen, en una charla entre Camaño y Lavagna padre. La diputada le habría hecho ver al candidato que sin una alianza "ni tu hijo va a renovar en el Congreso". Macri se ratificará en su antigua convicción de que hay tres mujeres de las que solo puede esperar mortificación: Graciela Camaño, Cristina Kirchner y Beatriz Sarlo
Ayer a las 11 se reunieron los Lavagna, Urtubey y Camaño para definir la fórmula. Urtubey intentó conseguir una interna. O, por lo menos, simular durante un tiempo que la habría. Pero Lavagna siguió sin transigir. Los dos coincidieron en la candidatura bonaerense de Camaño. Ambos eran víctimas de una decisión que Macri había tomado el día anterior: no habilitar las colectoras bonaerenses que les habrían permitido, en detrimento del propio Macri, llevar en sus boletas a Vidal para gobernación.
La fórmula Lavagna-Urtubey se sumó ayer a la competencia ya lanzada por Fernández-Kirchner y por Macri-Pichetto para la seducción del peronismo. En el caso de Consenso Federal la incógnita principal es qué hará Juan Schiaretti. Partícipe de la ceremonia fundacional de Alternativa Federal, en las oficinas del gestor de negocios Guillermo Seita, el gobernador de Córdoba sería el principal aportante territorial al binomio que se constituyó ayer. Entre los socios hay un debate. Lavagna cree que Schiaretti los abandonará. Urtubey tiene expectativas. Las novedades que llegaban ayer desde la provincia es que él propondrá una lista de diputados nacionales despegada de cualquier fórmula presidencial. Algunos interpretan que de ese modo Schiaretti disimularía sus dificultades para controlar el PJ del distrito. El senador Carlos Caserio y, de manera menos evidente, el diputado y nuevo intendente de la capital Martín Llaryora trabajan para Fernández-Kirchner. Otros creen que en realidad la eventual prescindencia de Schiaretti es un nuevo servicio a su amigo Macri.
Si la oferta del PJ de la provincia fuera anexada a la candidatura de Lavagna, el daño para el Presidente sería muy considerable. Sobre todo si se tiene en cuenta que Cambiemos debe revertir una caída pronunciada en todo el interior. Es cierto que las elecciones de distrito no son homologables a las nacionales. Pero, con esa salvedad, son llamativos los datos recolectados por el politólogo Rodrigo Zarazaga al comparar las elecciones que se realizaron hasta ahora con las de 2015 en las mismas jurisdicciones. Según ese trabajo, el peronismo viene agregando 730.000 votos. Y Cambiemos perdió 608.000. Las caídas más llamativas se registraron en Córdoba, con 271.688 votos, y Santa Fe, con 213.000 votos. Hay que insistir: las circunstancias nunca son comparables. Aun así, estos números delatan un problema.
La oferta Lavagna-Urtubey exhibe la coherencia de dos candidatos que resistieron innumerables ofertas del oficialismo. En el caso del salteño, es la apuesta a mantener el perfil de una carrera de larga duración. El ensayo se basa en una conjetura: a diferencia de lo que sostiene la Casa Rosada, los desencantados de Macri no son indecisos que regresarán a Macri y están destinados a multiplicarse, porque la política económica no revertirá la pérdida de imagen de Cambiemos. Por lo tanto, el Gobierno no podrá reabsorber a los votantes que lo abandonaron. Con el antikirchnerismo convive ahora el antimacrismo.
En consecuencia, siguen razonando en Consenso Federal, la dicotomía final terminará siendo Lavagna o Cristina Kirchner. Para que esta tesis se verifique debería haber un deterioro insoportable de la economía. ¿Es el que se produciría si los mercados advierten que, por la erosión que Consenso Federal produce en Cambiemos, Cristina Kirchner estaría más cerca de volver al poder? En otras palabras: ¿la misma evolución de la fórmula Lavagna-Urtubey provocaría la crisis que los convertiría en sustitutos de Macri-Pichetto?
La mirada de la Casa Rosada
En el Gobierno razonan de manera muy distinta. Apuestan a que la economía tendrá una recuperación lenta pero perceptible y que la polarización Cambiemos vs. kirchnerismo irá eliminando cualquier tercera opción. Lavagna representaría, en esta perspectiva, el lugar que Geraldo Alckmin ocupó en Brasil: la plataforma de un centro que se hundió por el impacto del enfrentamiento de dos olas de repudio. Contra Bolsonaro y contra el PT. En la Argentina: contra Macri y contra la expresidenta.
Massa ya apostó por esta tesis. Anoche seguía negociando su reincorporación al kirchnerismo. El paciente Eduardo "Wado" De Pedro encontró la llave: antes que cualquier otra colina, Massa pretende reconquistar Tigre y ponerlo a los pies de su esposa, Malena Galmarini. Al parecer, se refería a este problema cuando pedía que le respeten su identidad: esposo de Malena. Cristina Kirchner se lo garantizó. Nadie mejor que ella para entender los compromisos de poder que genera "la fuerza del amor". Se asistirá ahora a la humillación de Julio Zamora, el intendente que osó entregarse solo en el Instituto Patria
Satisfecha esa prioridad, Massa no se resignaba anoche a que le nieguen una interna presidencial contra "los Fernández". Él soñaba una fórmula con la ascendente Natalia de la Sota. Pero la hija del histórico líder cordobés prefiere no irritar a Schiaretti.
Al mismo tiempo, Massa sigue negociando la integración conjunta de las listas. Pidió 14 municipios y 14 bancas en la Legislatura. Con menos de esta participación en el sórdido congreso provincial, Massa, al parecer, también resignaría identidad. Las habladurías sobre estas transacciones agregaban otras materias, improbables. ¿La Anses? ¿La presidencia de YPF? Esta última puede haber sido una aspiración, fallida, de quienes saben que los Eskenazi tienen una influencia poderosísima sobre Massa y sobre Alberto Fernández. Sobre todo por la colaboración que presta a ambos Adrián Kochen, un gestor al que los Eskenazi prefieren ocultar para no dañar más su propia imagen. Gente que también sueña regresar, pero sin perder identidad.
En el kirchnerismo aseguraban anoche que no habría interna presidencial con Massa y que él tendría que encabezar la lista de diputados nacionales por Buenos Aires. Con la promesa de, en caso de triunfar, presidir la Cámara. Ese cargo se ha convertido en motivo de ácidas discordias. El radicalismo exige a Macri que se lo conceda, sobre todo después de haber cedido la vicepresidencia a Pichetto. Ayer hubo un nuevo enfrentamiento entre Vidal, que pretende esa posición para Cristian Ritondo, y Alfredo Cornejo, presidente de la UCR, que la pretende para sí. En rigor, el que se resiste a entregar el manejo de una cámara a los radicales es Mauricio Macri. Ya logró, con Pichetto, uno de sus objetivos: ponerlos lejos de la vicepresidencia.
A pesar de esta discordia, la UCR y Pro alcanzaron ayer pacificarse en la Capital. Martín Lousteau será candidato a senador y Horacio Rodríguez Larreta no tendrá rival interno. Su segundo seguirá siendo Diego Santilli, quien no podría postularse a la jefatura de gobierno en 2023.
Está clara la oferta de Larreta: dentro de cuatro años Lousteau puede ser el sucesor, asociado a su propia candidatura a presidente. Es el resultado de infinitas conversaciones en las que también participó Guillermo Seita. El mismo de Schiaretti.
El panorama que se configuraba ayer entre las principales fuerzas políticas no estaría completo sin consignar un tuit de la cuenta @trocaster. Allí se ve la foto de Forrest Gump sentado, solitario, en el banco del parque, solo que con la cara de Daniel Scioli y este texto: "Mientras tanto..., en un lugar de Villa La Ñata...". Inmejorable manera de exhibir un misterio.

domingo, 26 de mayo de 2019

LA OPINIÓN DE CARLOS PAGNI,


Macri se prepara para su última palabra

Carlos Pagni
Por 30 días, la clase política solo prestará atención a una mesa de arena donde cada grupo ensaya movimientos para definir su propuesta electoral . Las asociaciones y rivalidades son más innovadoras que en otras oportunidades.
Eso se debe a que quienes están organizando las ofertas deben registrar cambios significativos en la demanda. La gran discusión que subyace a todas las tratativas y realineamientos se refiere a si la polarización kirchnerismo/antikirchnerismo, que ha dominado la escena durante, por lo menos, los últimos seis años, mantiene su vigencia. O si, en cambio, ese conflicto ha sido reemplazado por otro: antimacrismo/antikirchnerismo. Las estrategias para las elecciones de octubre son derivaciones de cómo se pronuncia cada actor respecto de esta polémica.
El protagonista principal del torneo sigue siendo Mauricio Macri . En las últimas semanas, él ha modificado su forma de ver el panorama. Hasta hace alrededor de un mes, su lectura del proceso político era similar a la que había adoptado en 2017. La economía, que fue en un comienzo deprimente, comenzó a dar un giro que premió al oficialismo con un gran triunfo electoral en las legislativas de ese año. A partir del segundo acuerdo con el Fondo Monetario Internacional, Macri esperó que se repitiera el mismo ciclo. Pero el repunte se demora. Ayer, el indicador de actividad económica volvió a ser desalentador. A tono con ese malestar, las encuestas van insinuando un fenómeno que hace dos años no existía: una corriente de rechazo a la figura presidencial que excede a la feligresía kirchnerista.
En Cambiemos se debate si el enojo con Macri es reversible o si su consistencia obliga a olvidar la reelección. Los principales asesores del Presidente, encabezados por Marcos Peña, suponen que el antimacrismo que se manifiesta en segmentos antikirchneristas es circunstancial. Desde ese punto de vista, se trataría de votantes susceptibles de ser reconquistados, que abandonan al oficialismo, pero para estacionarse en un limbo de indecisos. Ese entorno se autoarenga con encuestas que, en las últimas horas, indicarían que la fuga se detuvo.
Contra esta posición aparece la de algunos dirigentes, sobre todo radicales, para quienes el antimacrismo es un límite infranqueable, que convierte a Macri en irrecuperable. Unos aconsejan un reemplazo y miran a María Eugenia Vidal. Para otros, no alcanza con buscar otro candidato. Quieren cambiar Cambiemos. Consideran que esa coalición ya no es suficiente para expresar la resistencia a un reflujo kirchnerista. Ir hacia una nueva alianza, en la que podría integrarse Roberto Lavagna, para dirimir la fórmula en unas primarias.
En los últimos tiempos Macri ha perdido dogmatismo. Se sobrepone a sí mismo para escuchar los diagnósticos hiperrealistas de amigos como Emilio Monzó, Ernesto Sanz o Enrique Nosiglia. Al final, el veredicto surgirá de una encuesta que calibrará el volumen y la consistencia del antimacrismo. El Presidente se la encargó a Jaime Durán Barba con una indicación que se suponía innecesaria: "Quiero que me digan la verdad". Se trata de un estudio cuantitativo, que se complementará con otro cualitativo, resultado de los innumerables focus groups que comenzó a realizar el sagaz Roberto Zapata, un español que indaga en la psicología social para identificar atmósferas emocionales en relación con la política. Zapata, un jesuita retirado, interpreta el clima público con categorías del Antiguo Testamento que fascinan a Elisa Carrió. "La población, cansada de errar por el desierto, comenzó a idolatrar a becerros de oro, o a pensar en volver a someterse al faraón", que, para esta analogía, sería la arquitecta egipcia. El desierto de Zapata es, en especial, la larga recesión: el indicador de ciclo-tendencia que se conoció ayer consigna 16 caídas mensuales de actividad consecutivas. La reactivación, que sería la palanca principal de la candidatura de Macri, se sigue demorando.
El Presidente esperará ese estudio de opinión y también el índice de inflación de mayo, que se publicará a mediados del mes que viene, antes de resolver si se postula. Reemplazar su candidatura es una operación riesgosísima. Cualquier sustituto quedaría contaminado por las razones que lo estarían sacando de carrera. Es el principal peligro para una eventual candidatura de Vidal. Nadie consigue sacar a la gobernadora una palabra sobre el tema. Pero un colaborador de su máxima confianza advierte: "Si ella aceptara postularse a la presidencia será porque Macri la convenció de que él mismo está convencido de esa jugada. El 'plan V' solo funcionaría si fuera parte de un 'plan M'. En definitiva, María Eugenia va a ser leal con Mauricio para ser leal consigo misma". Ese asesor teme que el reemplazo naufrague en una querella entre el titular de la Casa Rosada y el comando de campaña, como la que estropeó la relación Alfonsín-Angeloz o Menem-Duhalde. En otros términos: el primer requerimiento de cualquier sustituto de Macri sería que Macri no comience a boicotearlo. Obtenida esa garantía, debe conquistar otra: el derecho de construir un cambio dentro de Cambiemos. Nada más parecido a la cuadratura del círculo: romper el cerco antimacrista sin repudiar a Macri.
La negativa de Vidal a tomar cualquier iniciativa que no nazca de un impulso de Macri es el principal problema de los dirigentes de Cambiemos que prefieren no intentar la reelección. Se le suma otro: los que quieren expandir el oficialismo no encuentran un terreno hacia el cual realizar esa expansión. Es lógico. El riesgo que debe evitar Vidal, si fuera candidata, que es quedar asociada a la negatividad de Macri, complica cualquier asociación. Caminar por el desierto no es un gran programa.
Juan Schiaretti demostró ese límite ayer. Algunos líderes del radicalismo entraron en contacto con él en los últimos días. Lo hicieron a través de Guillermo Seita, el gestor de medios, encuestas y negocios que el gobernador suele imponer como interlocutor a los políticos. El excavallista Seita es, en sí mismo, una rotonda que puede llevar al mismo tiempo al excavallista Schiaretti, a Horacio Rodríguez Larreta o a Marcelo Tinelli. Esas conversaciones predijeron lo que sucedió en las últimas horas: Schiaretti hizo ayer una convocatoria a figuras imprevistas, como Tinelli y el controvertido Daniel Scioli, quienes podrían estar otra vez unidos contra Macri como en el cierre de campaña de 2015. La mención a Scioli fue entendida como un gesto a la Casa Rosada: los peronistas sospechan que Rogelio Frigerio guarda en un cajón de su escritorio el joystick del exgobernador.
Frente a su amigo Macri, Schiaretti podrá decir: misión cumplida. El objetivo principal de la Casa Rosada no es expandir Cambiemos, sino dividir al peronismo. La peor noticia sería, entonces, que Schiaretti se asociara a Cristina Kirchner . De Schiaretti se espera que reste votos a la fórmula que encabeza Alberto Fernández, quien en su interminable metamorfosis también fue cavallista. Y, si fuera posible, que hiciera un acuerdo antikirchnerista. Ese pacto podría sellarse antes de las primarias. Su cláusula principal sería permitir que en la provincia de Buenos Aires el candidato a gobernador de Cambiemos -hasta nuevo aviso María Eugenia Vidal- pueda figurar en la boleta del candidato presidencial de Alternativa Federal. Como hicieron en sus provincias Alfredo Cornejo y Gerardo Morales en 2015, asociándose a la vez a Macri y Sergio Massa. Para eso Macri debería conseguir que la Justicia anule un decreto de Macri.
El mandamás de Córdoba facilitó ese objetivo, llamando a terminar con la guerra entre dos bandos. Schiaretti está condicionado por las preferencias de su provincia. Allí, Macri cayó a un 35% de intención de voto, pero la señora de Kirchner no supera el 20%. La tercera vía federal será sostenida ad referendum de los resultados que muestren las primarias. El gobernador sigue recomendando unas PASO entre los postulantes que no se identifican con el Gobierno ni con el kirchnerismo. "De las encuestas no surge nadie que pueda reclamar la rendición de los demás", suele decir.
La operación Schiaretti dejó un cabo suelto: Massa. En el juego de Massa es clave la retórica. Él celebró que, con el lanzamiento de Alberto Fernández, "la grieta" ya estuviera superada. Esa exageración es el puente que inventó para negociar una integración con el kirchnerismo. Massa profetiza/desea que Cristina Kirchner abandonará su candidatura a la vicepresidencia. Si se diera esa condición, propone una unificación total del peronismo, en la que desafiaría a Fernández, su antecesor en la Jefatura de Gabinete de la señora de Kirchner. Massa jura que ese es su único objetivo. Pero tiene un problema: sus principales seguidores, entre ellos el intendente de Tigre, Julio Zamora, ya sirven café a Cristina Kirchner en el Instituto Patria. Por lo tanto, si no fuera posible competir por la candidatura mayor, tal vez deba descender a la gobernación, a la que juró mil veces no aspirar. Los intendentes del conurbano festejarían acompañarlo, en lugar de subordinarse a Axel Kicillof. La fidelidad de Kicillof se concentra en la expresidenta. Por eso es el mejor candidato para ella.
Las últimas noticias multiplican los problemas. Para confluir con Alberto Fernández, Massa debería convencer a alguien más que a Graciela Camaño: Tinelli. Para el showman, Fernández, a quien caracterizó alguna vez como "López Rega", antes que el representante de Unidad Ciudadana es el abogado de su multimillonario deudor, Cristóbal López. En Tinelli se piensa como gobernador de Buenos Aires.
Así como la Casa Rosada está interesada en que se sostenga Alternativa Federal de tal modo que el antimacrismo no se integre, para el kirchnerismo es esencial que Roberto Lavagna compita, para que el antikirchnerismo no se integre. Lavagna está abrazado a una hipótesis: la popularidad de Macri seguirá descendiendo y el electorado de Cambiemos estará disponible para una alternativa similar. Por eso privilegia su alianza con expresiones no peronistas, como el socialismo de Miguel Lifschitz y el GEN de Margarita Stolbizer. Esta diputada es una muralla doble. Impide, si hiciera falta hacerlo, un acercamiento de Lavagna con Carrió. E impide una asociación con la señora de Kirchner a través de Alternativa Federal, como sueña Massa. Lavagna, por su parte, rechazó incorporarse a la convocatoria de Schiaretti, con quien mantiene diálogo a través del empresario y exsenador Roberto Urquía. Ahora espera que la convención de la UCR, el lunes próximo, arroje a sus brazos a un sector de ese partido. Pero los radicales imaginaban que el proyecto del exministro de Economía tendría más volumen. Anoche entre ellos circulaba un mordaz tuit del periodista Sebastián Iñurrieta: "La fórmula sería Lavagna-Un Espejo". La convención tiene ahora un cometido principal: dotar a Cornejo de un poder muy amplio para negociar con Macri la participación radical en la oferta electoral. "No puede ser que influyamos menos que la lengua de Carrió", sintetizó anoche un descendiente de Yrigoyen.
Alberto Fernández no cuenta con el aprecio de Lavagna. Si quisiera influir sobre él para evitar que se asocie de algún modo con Cambiemos solo cuenta con Guillermo Nielsen, ascendente candidato a ocupar el Ministerio de Economía si regresara el kirchnerismo.
En su flamante vida de candidato presidencial, Fernández debe prestar atención más urgente a otros desafíos. Anteayer hubo un detalle crucial para la peripecia de Fernández. Julio De Vido emitió en su cuenta de Twitter un texto de su esposa en el que recuerda que los delitos por los que lo están juzgando en Comodoro Py, si fueran tales, también habrían sido cometidos por el jefe de Gabinete. Quien ocupaba esa función durante la gestión de De Vido fueron, entre otros, Fernández y Massa. Desde la cárcel de Marcos Paz, De Vido se ha integrado a la campaña.

miércoles, 22 de mayo de 2019

LA OPINIÓN DE CARLOS PAGNI,


La extraña relación entre el poder y la ficción

Carlos Pagni
Al postularse como candidata a vicepresidenta de Alberto Fernández,Cristina Kirchner abrió ayer una incógnita interesantísima: hasta qué punto es tolerable la relación del poder con la ficción. Hay un conjunto de límites que bien mortificaban a la expresidenta. Uno era, en caso de recuperar la primera magistratura, cómo pactar con el FMI y acercarse al mercado financiero sin incurrir en ese pecado que tanto repugnaba a su esposo: "Dejar las convicciones en la puerta de la Casa de Gobierno".
Otro, ligado al anterior: cómo corregir un alineamiento bolivariano que la convertía en repudiable para los Estados Unidos y las principales potencias occidentales. También la crítica tenaz de los medios de comunicación independientes, en especial del Grupo Clarín, al que considera poco menos que un partido político.
La desvelaba, además, la posición de la Corte Suprema de Justicia frente a su tormentosa peripecia judicial. Con la postulación de su exjefe de Gabinete pretende, en lo inmediato, tender un puente con esos "poderes fácticos". Y desalentar la presunción de que un eventual reflujo kirchnerista abra paso a una radicalización bolivariana. Al hacerlo, pretende, como es obvio, flexibilizar su techo electoral. Es decir, seducir a votantes que la repudian como candidata a la presidencia, pero tolerarían a Alberto Fernández con ella de vice.

Este excéntrico movimiento puede tener consecuencias paradójicas, sobre todo para quien lo diseñó. En lo inmediato, si logra persuadir a los sectores del establishment a los que está destinado, es posible que distienda a los agentes financieros. Y, por lo tanto, que desaliente una corrida hacia el dólar de quienes, con un regreso de Cristina Kirchner, ven un cambio de 180 grados en la política económica. Si ese fuera el efecto, el beneficiario más inmediato sería Mauricio Macri. La principal amenaza que se cierne hoy sobre el Presidente es que el riesgo de un regreso populista genere una ola de inestabilidad que, además de impedir su reelección, ponga en duda también la normal terminación de su mandato. Si la jugada de ayer fuera creíble, ese peligro podría, en alguna medida, despejarse.
No es posible saber si el objetivo electoral de mediano plazo de la receta difundida ayer logrará cumplirse. Es decir: si el kirchnerismo reducirá su nivel de rechazo electoral. La expresidenta supone, y puede estar en lo cierto, que con Alberto Fernández no pierde un solo voto propio. Hasta en el pabellón de Ezeiza, donde odian al nuevo candidato, votarán la nueva fórmula. Ella confía también en que, como no tiene imputaciones judiciales y sabe hablar ante los medios, Fernández puede acercar a electores indecisos.
Es verdad que habló pestes sobre su antigua y nueva jefa. Pero esas declaraciones, que en su momento fueron la señal de la traición, ahora serán presentadas como una medida del pluralismo que reina en el grupo. Son casi méritos del elegido: cuando tuvo que ser crítico, no guardó silencio. Este montaje se proyectará a nivel territorial. Es probable que Cristina recorra el conurbano y que su candidato se dedique al interior.
La postal del tramo del video en el que Cristina anuncia a Alberto Fernández como candidato a Presidente Crédito: Captura de video
Quienes conocen de cerca a la expresidenta, insinúan otros criterios en la selección. Uno de ellos, explicó: "El Alberto que ve ella no es el que ve casi todo el mundo. Para ella es un intelectual. Y, como vive en Puerto Madero, casi un aristócrata. Dos por tres, como se nota en el libro que publicó, afloran esos tics tan poderosos de clase media de La Plata". Otro dirigente, miró desde este ángulo: "Alberto es una persona que le da seguridad. Desde que murió Néstor, Cristina necesita mucho eso. Con Máximo no alcanza". Un halo machista en el corazón del progresismo.
Este plan debe superar muchos exámenes para demostrar que es eficaz. Exhibe una fragilidad inicial en el timing del anuncio. Si se inicia la Semana de Mayo y el 25 se cumple un nuevo aniversario de la asunción de Néstor Kirchner, ¿por qué no esperar hasta esa fecha? Es obvio que la expresidenta está muy ansiosa por disimular su foto en el banquillo, el martes próximo, rodeada de "presos políticos" a los que, insensible, no ha ido nunca a visitar: Julio De Vido, José López, Lázaro Báez. ¿Alcanza Alberto Fernández para pixelar ese retrato? Algunos informes internacionales, como el de Bloomberg, vinculaban ayer el lanzamiento de Fernández con estos avatares policiales desde la primera línea.
La situación judicial de la expresidenta es un inconveniente principal para el nuevo aspirante a la presidencia. Se notó el miércoles pasado, cuando profetizó que los jueces Hornos, Geminiani, Irurzun, Bonadio y Ercolini tendrán que rendir cuentas algún día de sus fallos. La reconstrucción que ayer hacían desde las oficinas de Fernández de la secuencia que desembocó en su candidatura, databan su ofrecimiento el miércoles por la mañana. Es decir, antes de que se pronunciara esa amenaza. Menos mal que fue así. De lo contrario, hubiera quedado la impresión de que el exjefe de Gabinete lanzó ese ataque para terminar de ganarse su postulación. De ser así, el método con el que llegó desmentiría las razones por las que lo eligieron.
La otra dificultad para este audaz experimento es elemental. Con Cristina Kirchner en la fórmula, como vicepresidenta, Fernández puede parecer un títere. Ayer en el mercado predominaba esta impresión, como insinuó un reporte de Eurasia Group. Pesa ahora sobre Fernández la afirmación que él hiciera hace pocos días: "Cristina es candidata o se va a su casa". Claro, es posible que cuando emitió ese veredicto Fernández no sabía que el ungido sería él. A la luz de esa novedad, es posible que todo cambie. Sobre todo para él.
Si por el modo de decisión y comunicación, la bengala de ayer tiene un parecido con el lanzamiento de Amado Boudou como vicepresidente. Un dedazo mayestático. Si es por el formato, el aire de familia remite al binomio Daniel Scioli-Carlos Zannini. En ambos casos el aspirante a presidente corre el riesgo de ser visto como un candidato testimonial, dependiente del segundo, que regula la ortodoxia del discurso y, si la alquimia fuera venturosa, de la administración. La comparación es imperfecta. En 2015, Scioli era gobernador de Buenos Aires y contaba con un importante caudal de votos. Fernández fue, hasta ahora, un gerente de la política. Imposible nombrar a Scioli y esquivar este interrogante: hace 4 años, Alberto Fernández lo quiso sumar en una alianza con Massa, alegando que Cristina Kirchner lo iba a traicionar. ¿Cómo habrá pasado el día de ayer el motonauta?
El kirchnerismo como la Casa Rosada comenzaron a estudiar ayer la nueva escena a la luz de un objetivo: profundizar la polarización. En ambos comandos de campaña se pretende lo mismo: eliminar el centro. Esta pretensión significa reducir el espacio del peronismo federal y de Roberto Lavagna. En el Instituto Patria, sede de la expresidenta, confían en que Fernández atraiga dirigentes del interior. En el centro de ese deseo está Juan Schiaretti. Hasta ahora el triunfal gobernador de Córdoba no tuvo contactos con la señora de Kirchner. ¿Será Fernández el más indicado para generar ese vínculo? Entre los muchos tramos del pasado que el nuevo candidato debería borrar está aquel feroz enfrentamiento del año 2007, cuando el entonces jefe de Gabinete se sumó a Luis Juez para denunciar que Schiaretti había ganado la gobernación con fraude. Dicen que Schiaretti no es rencoroso. Pero que en su entorno más cercano tiene gente rencorosa.
Un blanco importante en esta conquista del centro es Sergio Massa. En el comando de Cristina Kirchner quieren sumarlo desde antes del anuncio de la fórmula, calculando que trae un porcentaje indeterminado de adhesiones. Massa y sus colaboradores interpretaron ayer la fórmula con Alberto Fernández de un modo que permite acelerar ese reencuentro. La lectura sería: la expresidenta dio un generoso paso al costado, ahora se puede reunificar el peronismo. Una novedad providencial para quien necesita retener a la dirigencia de Tigre, dispuesta a seguir a la expresidenta. Con su presentación de los hechos, Massa no se apartaría de Alternativa Federal, sino que iría a una confluencia entre ese sector y Unidad Ciudadana. O, para que suene menos irritante para sus votantes antikirchneristas, el PJ. El exintendente colabora con su antigua jefa exagerando la renovación que significaría la postulación de Alberto Fernández. Ahora que quedó descartado que él fuera el depositario del renunciamiento de Cristina, Massa insinúa enfrentar a su antecesor en la Jefatura de Gabinete en una primaria. Otro detalle imposible de ignorar: apareció ayer un colaborador más de Massa convertido en candidato a presidente. Fernández se suma así a Lavagna y a Felipe Solá.
El Gobierno también pretende romper el centro y mantener la escena partida en dos. El procedimiento es, también, vaciar Alternativa Federal. En la Casa Rosada no descartan incorporar a Juan Manuel Urtubey a la oferta electoral. También miran a Miguel Pichetto. Ambos podrían compartir una fórmula con Macri, si la UCR y Elisa Carrió autorizan la jugada. Urtubey, en principio, no acepta ese destino. Al revés que Massa, cree que con Fernández como candidato a presidente Cristina Kirchner empeora su protagonismo de la peor manera. Como el poder detrás del trono. Urtubey insiste con fortalecer una tercera posición desde Alternativa Federal. Y no descarta que Lavagna pueda sumarse a esa corriente. La estrategia depende de un factor importantísimo: lo que opine Schiaretti. La semana pasada, reunido con Pichetto y con Miguel Lifschitz, el gobernador insistió con su criterio: dado que no aparece un candidato ante el que los demás deban inclinarse por su potencial electoral, solo se puede apelar a una primaria.
Macri tiene en la semana dos encrucijadas claves. Se reunirá con Schiaretti, a quien tratará de persuadir para una alianza antikirchnerista. Igual que la que Massa quiere contra Cambiemos. El otro proceso es la discusión de la UCR, que el lunes 27 celebrará su convención. El Presidente ruega contar con la ayuda de Cristina Kirchner en ese itinerario. Que su descenso a la vicepresidencia calme a los mercados.

jueves, 16 de mayo de 2019

LA OPINIÓN DE CARLOS PAGNI,


Una postergación que anticipa la idea de impunidad

Carlos Pagni
La encrucijada que enfrentaba la campaña de Cristina Kirchner con la inminencia del juicio oral y público por la corrupción que, se presume, contaminó la administración de Vialidad Nacional durante su gobierno era de difícil solución. La expresidenta estaba sometida a una pesadilla: aparecer en los medios de comunicación sentada en el banquillo. Y algo peor: rodeada de celebridades de las que se ha esforzado en tomar distancia desde la muerte de su esposo. Julio De Vido y Lázaro Báez, por ejemplo. Un camino, por lo tanto, era conseguir la postergación de esa escena. Pero esa salida, que la Corte Suprema le ofreció anteayer, presenta un perjuicio equivalente o superior. Instalar la idea de que, para reponer la impunidad, no hace falta esperar a que la señora de Kirchner gane las elecciones. Alcanza con que prospere en las encuestas. Al evitar esa foto patibularia se buscó mejorar la imagen del pasado. Con el gravísimo costo de empeorar la de lo que estaría por venir.
Los jueces Elena Highton, Ricardo Lorenzetti, Juan Carlos Maqueda y Horacio Rosatti aceptaron el reclamo de las defensas, es decir, que los tribunales inferiores rechazaron pruebas que los imputados podían esgrimir en su favor. Ahora deben definir si esa queja tiene fundamento. Sería una sorpresa que, calibrando el escándalo que produjeron, digan que los acusados no tenían razón. Por lo tanto, cabe esperar que ordenen las diligencias solicitadas por los defensores de la expresidenta. Una de ellas es una auditoría sobre los costos de la obra pública en todo el país en el lapso investigado. Solo ese trabajo aseguraría que las audiencias comiencen después de las elecciones.
La arbitrariedad en la consideración de las pruebas puede ser un argumento verdadero en una causa cuya politización se discutió desde el inicio. El problema es otro. Highton, Lorenzetti, Maqueda y Rosatti se apartaron del criterio que ellos mismos siguieron en situaciones similares: que la discusión sobre las pruebas debe ser tratada por la Corte solo cuando se dictó una sentencia definitiva. Es decir, cuando la deficiencia no puede ser subsanada dentro del proceso. Esta tesis, que es la que anteayer defendió en solitario Carlos Rosenkrantz, fue sostenida por el máximo tribunal en demandas anteriores de los mismos acusados en la misma causa. Quiere decir que la señora de Kirchner, De Vido, Báez y el resto de los acusados se beneficiaron por algo que no solo se les había negado a otros ciudadanos. Se les había negado también a ellos en circunstancias anteriores.
Algunos de los jueces que fallaron a favor de la expresidenta reconocían ayer ese cambio de postura. Hemos modificado el paradigma vigente, dijo uno de ellos, ya que la jurisprudencia anterior permitía que los procesos, al cabo de siglos, se derrumbaran por el peso de las nulidades. Sin embargo, la justificación más insistente fue que la Corte quiso ponerse por encima de la polarización entre los que denuncian impunidad y los que denuncian una persecución facciosa. La hipótesis de que los kirchneristas privados de su libertad son presos políticos se sostiene en que fueron víctimas de un uso indiscriminado de la prisión preventiva. Pero la teoría adolece de una falla. De Vido, José y Cristóbal López, Báez, Ricardo Jaime, Amado Boudou y tantos otros son presos políticos muy raros: no merecieron una sola visita de su jefa. La primera en tratarlos como delincuentes comunes es, con esa indiferencia, la señora de Kirchner. Se entiende mejor entonces: alguien que no quiere sacarse una foto visitándolos menos querrá sacársela compartiendo la hilera de encausados.
La sinceridad está de moda. Los jueces que postergaron el juicio oral hicieron una evaluación política del caso. Y dieron al kirchnerismo una ventaja ya visible en fallos anteriores, referidos a conflictos electorales en las provincias. Estos detalles se agregan a las habladurías sobre gestiones de Alberto Fernández ante la Corte para evitar lo que sería un contraacto de campaña. La última sería una visita a Highton. Pero un encumbrado funcionario del tribunal aclaró: "En general, Alberto viene a interesarse por Cristóbal López, no por Cristina".
Es posible que los cuatro magistrados no hayan tenido en cuenta la reacción que provocarían con su dictamen. Sobre todo por la inminencia del juicio oral. Pero el impacto negativo de su decisión en la opinión pública puede ser distinto del que tenga en los tribunales inferiores que investigan episodios de los Kirchner. Muchos jueces y fiscales de Comodoro Py interpretaron el fallo de la Corte como una orden. Por si estuvieran distraídos, Alberto Fernández señaló: "Ojalá lo que decidió la Corte sirva de espejo para el resto de las causas". Y agregó: "Algún día Ercolini, Bonadio, Irurzun, Hornos y Geminiani van a tener que explicar las barrabasadas que escribieron para cumplir con el poder de turno". Fernández no especificó si eso sucederá cuando las causas sean tratadas por la Corte o si será cuando su antigua jefa regrese, si la votan, al poder. ¿Hará falta que lo aclare? Conviene consignar que quien expresa esta concepción de la institucionalidad, Fernández, es la voz republicana de ese grupo. El encargado de explicar a los medios y a la embajada de Estados Unidos que su jefa no es lo que parece. Su jurisprudencia también cambió de paradigma: hacia 2014 se entusiasmaba con la revisión de sobreseimientos de los Kirchner por considerarlos fraudulentos.
Los feligreses de Cristina Kirchner celebraron que el fallo de la Corte resolviera uno de los dos problemas que más la mortifican. Uno es tener que hacer proselitismo mientras se reproduce su imagen ante un estrado junto a De Vido, Báez o los López. Esa angustia, según ha confesado a varios íntimos, la llevó a habilitar una aproximación, frustrada, al Grupo Clarín.
El otro sueño horrible supone que ella ya llegó al gobierno. Se refiere a cómo negociar con el FMI sin que parezca una rendición. Una estratagema es que la candidata intente seducir a los votantes indecisos mientras su hijo Máximo se dirige a los incondicionales. El desafío obliga también a la señora de Kirchner a imaginar para Axel Kicillof un lugar distinto del Ministerio de Economía. Podría ser la candidatura a gobernador de Buenos Aires. Pero esa opción es resistida por los intendentes peronistas. "Va a querer revisar nuestras cosas", explicó uno de ellos, con fascinante ambigüedad. Kicillof puede ser objetado por su radicalidad conceptual, pero está a salvo de cualquier sospecha de corrupción. El representante de los caudillejos bonaerenses ante la expresidenta es Máximo Kirchner, quien prefiere que la disputa con María Eugenia Vidal quede a cargo de Martín Insaurralde. ¿Habrá una fórmula entre Insaurralde y Malena Galmarini? ¿O la esposa de Sergio Massa será candidata en Tigre? La aproximación de Massa a su antigua jefa es una de las incógnitas. ¿Superará la expresidenta su animadversión por quien, como él mismo se ufanaba, terminó en 2013 con "Cristina eterna"? "Tal vez Alberto Fernández lo está entreteniendo para matarlo sobre el cierre de listas", especula alguien que pasa el día en el Instituto Patria. Massa ya aportó su dote: la presencia de Daniel Vila en la presentación del libro de Cristina Kirchner y la de José Luis Manzano en la conferencia de Kicillof en Washington. Accionistas de América TV suministran un recurso escaso en la campaña. Kirchneristas y macristas comparten un objetivo: vaciar Alternativa Federal. Por eso en las últimas horas se escucha una versión afiebrada: que Macri le ofrecería a Juan Urtubey acompañarlo en la fórmula presidencial. ¿Terminará Kicillof compitiendo en la Capital Federal? ¿Querrá ser senador? En ese caso se cruzaría con las ambiciones de Alberto Fernández, quien le tiene antipatía desde la estatización de YPF. Recuerdos de Eskenazi.
Más allá de Kicillof, la negociación con el FMI tiene para la expresidenta problemas más gravitantes que la imagen. Las potencias que controlan el organismo, en especial para los Estados Unidos, ven con espanto un reflujo populista en la Argentina. Cristina Kirchner lo sabe. Y se imagina víctima de una persecución del "imperio". Los sentimientos persecutorios suelen transformarse en profecías autocumplidas. La investigación de los cuadernos sacó a luz las operaciones del abogado Miguel Ángel Plo para lavar dinero de Daniel Muñoz. Plo cometió el error de elegir para sus fechorías el estudio contable de Jorge de la Hoz, en Miami. Ahora está expuesto a un problema más delicado. De la Hoz habría prestado servicios similares a jerarcas del chavismo. Los fondos clandestinos del régimen de Maduro son un capítulo central de la crisis venezolana. En las negociaciones con Juan Guaidó y Leopoldo López que, supervisadas por los Estados Unidos, pretendieron provocar la caída del dictador, participaron testaferros deseosos de salvar sus fortunas. No debería sorprender, entonces, que en medio de la campaña electoral aparezca información sobre la circulación de recursos mal habidos en la cofradía bolivariana.
En 2007, apenas ganó la presidencia, Cristina denunció una "operación basura" originada en los Estados Unidos. La acusaban de recibir financiamiento de Chávez a través de Antonini Wilson. Anoche volvió a sonar un cacerolazo. La historia es circular.