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lunes, 8 de enero de 2024

LIBRO, VISITAS,


Un mes en el poder. Entre el libro de economía que escribió y el viaje a Davos
Milei terminó esta semana un texto sobre economía a publicarse próximamente; su primera salida al exterior, sin el avión presidencial
Cecilia Devanna
Javier Milei terminó de escribir una madrugada de esta semana su nuevo libro de economía. Cerca suyo cuentan que lo redondeó cuando el reloj marcaba las 3 de la mañana del miércoles y que en el último tiempo le dedicó las noches, cuando dejaba de trabajar, y las primeras horas de la madrugada. Lo hizo en la soledad de su suite del Hotel Libertador, que ocupó los últimos meses y desde la cual encara por estas horas su demorada mudanza a Olivos, donde comenzará a trabajar con un esquema intermitente con la Casa Rosada.
A casi un mes de asumir, el Presidente se muestra “seguro” de su plan de gobierno y sigue de cerca todas las variables de la evolución de la economía, según cuentan cerca suyo. Desde allí agregan que el mandatario es “muy consciente de la situación que vive la gente”, en referencia al fuerte ajuste económico que recayó en una sociedad ya golpeada por años de crisis, pero agregan que está “reconvencido” de que su plan dará buenos resultados. “Sabe que la gente sufre, pero no queda otra”, explican sobre el momento actual.
En ese sentido admiten que miran el mes de mayo con anhelo. Creen que será el primero en el que podrá advertirse una señal de alivio con una tendencia a la baja inflacionaria. Creen que el índice inflacionario podría volver a rondar entre el 10 y 15 por ciento mensual. Hasta entonces saben que los números serán más que duros, durísimos.
Admiten, también, que la forma en que se llegará ahí es el “verdadero desafío”. Los días que separan el primero del quinto mes del año se anticipan críticos para una economía destrozada, en que saben que puede menguar el apoyo que lo llevó al sillón de Rivadavia, mientras confían en que no suceda.
La acelerada inflacionaria se ve agudizada por la desregulación de tarifas de obras sociales, el incremento mensual del transporte y la actualización de las tarifas, que son solo algunas de las aristas que anticipan semanas arduas.
Cuando hablan del quinto mes del año como un objetivo esperanzador, en el oficialismo se corren rápido de la idea de “brotes verdes” o “el segundo semestre” de los que hablaba en su momento el presidente Mauricio Macri. Explican que lo ven como parte del “plan a largo plazo” que tiene el mandatario.
Ese en el que cuentan que sueña con que la Argentina termine teniendo un PBI como el de Irlanda y Estados Unidos, un desafío más ambicioso que podría insumir alrededor de 45 años, según él mismo dijo esta semana.
“Estamos trabajando a brazo partido para evitar la crisis, salir adelante y que cada esfuerzo valga la pena. No hacer nada o seguir haciendo lo mismo que veníamos haciendo iba a ser infinitamente peor. No quiero una Argentina con 98 por ciento de pobres y la mitad de indigentes”, dijo Milei este jueves en una entrevista con radio Delta.
Fue entonces que se refirió a que “dos tercios de las mejoras” que impulsó desde que asumió la presidencia, el 10 de diciembre pasado, “se van a ver en 15 años” y agregó que el objetivo de esas decisiones es tener “un ingreso per cápita 10 veces más alto” y ser de “los países más ricos del mundo”.
Para mayo, cuentan en Balcarce 50, también apuestan a que, si los indicadores lo permiten, poder empezar a salir del cepo. “Liberarlo lo antes posible”, dicen en la Casa Rosada en referencia a ese mes. Ese mes esperan que empiecen a entrar dólares convirtiéndose en el momento de mayor liquidación de dólares y una eventual contención para la remarcación de precios.
Juran también que cuando empiece a reducirse el déficit el mandatario bajará las retenciones al agro, una medidas que causó fuerte rechazó del sector cuando se conoció. “Ahora lo putean del campo, pero no puede hacer otra cosa. Apenas pueda las va a bajar”, aseguran.
Saben que es un aspecto más de un país en crisis desde hace tiempo, que sufre un nuevo embate. “El es muy consciente de que la gente sufre, pero no hay alternativa”, insisten en el círculo cercano del mandatario. “¿Cuál sería? ¿Imprimir? Esa no es la salida”, dicen.
Por el momento sostienen que el único sector que será compensado es el de los jubilados, hasta que esté la nueva fórmula jubilatoria, algo que en Balcarce 50 asumen que “demorará muchísimo” porque recién empezaría a ser tratada legislativamente en marzo próximo y “mientras tanto se va a hacer como una rueda de auxilio”.
Lo que implica que quedarán a discrecionalidad del Ejecutivo los refuerzos que se darán. El Gobierno ya confirmó un bono de $55.000 para los haberes más bajos en enero y en lo sucesivo se espera ver cómo avanzará el tema en un sector vulnerable.
La mira en el Parlamento
En paralelo al escenario económico, Milei sigue atento a las negociaciones en el Parlamento, que se dan en un clima de tensión con la oposición por su magnitud y alcances. “Dialécticamente se muestra intransigente porque, si no, lo pasan por arriba, pero obviamente diálogo por abajo hay”, sostuvo un hombre del Ejecutivo que se muestra confiado de que en las próximas semanas avancen los debates. En el oficialismo no hay dudas de la necesidad de que se apruebe el material, al que consideran la “herramienta” fundamental para avanzar en la gestión.
Buena parte del diálogo hoy está encabezado desde el Ejecutivo por Guillermo Francos, ministro del Interior, quien se ocupa de la estrategia para sumar voluntades rumbo a la aprobación de la ley ómnibus a nivel macro y en especial con las provincias, articulando necesidades de los gobernadores y la Nación. También en Martín Menem, desde la cabeza de Diputados, y Victoria Villarruel, en el Senado.
Mientras eso sucede, Milei también encarará en los próximos días su primer viaje internacional como presidente en ejercicio. Viajará a Davos, Suiza, para el Foro Económico Mundial que se realizará allí entre el 16 y el 20 de enero. Para eso no usará el avión presidencial que compró Alberto Fernández en 25 millones de dólares en su último año de gobierno y que ya está de nuevo en el país tras una revisión técnica en Estados Unidos.
El libertario viajará en avión de la aerolínea Lufthansa vía Fráncfort, Alemania. Desde allí irá a Zúrich en otro vuelo de la misma compañía y luego a Davos. Todo será acompañado por una comitiva reducida, en la que estarán su hermana y secretaria general de la Presidencia, Karina Milei; la canciller, Diana Mondino, y el ministro de Economía, Luis “Toto” Caputo. En el Gobierno están convencidos de que debe ser austero y además dar señales en ese sentido, frente a una sociedad arrasada económicamente.
En Davos, por el momento, el mandatario no tiene pensado tener reuniones bilaterales, aunque no descartan que a último momento haya algún cambio.
A su regreso está previsto que Milei retome el esquema mixto de trabajo que implementaría desde esta semana, con dos días de trabajo en la Casa Rosada, a la que irá los martes y jueves, cuando hay reunión de gabinete. Y luego, los demás días, en la residencia oficial de Olivos, en la que vivirá a partir de las próximas horas.
Lo hará solo y en la práctica diaria de trabajo estará rodeado buena parte del tiempo allí por su círculo más cercano: Karina; el jefe de Gabinete, Nicolás Posse, y la ministra de Capital Humano, Sandra Pettovello, que concentra áreas calientes como las excarteras de Desarrollo Social y Trabajo.
Para entonces ya habrá promediado la discusión parlamentaria y estará más claro el panorama respecto de qué sucederá para el 31 de enero, fecha que desde el Ejecutivo pusieron como límite para las sesiones extraordinarias. Mientras que desde el Parlamento la fecha parece de difícil cumplimiento, en Balcarce 50 no la consideran imposible y aseguran que de momento no habrá prórroga en los tiempos del tratamiento.
Mientras que también están quienes reconocen que se trata de la aprobación de la “herramienta” central para los cuatro años de la gestión Milei y que deberán “agotarse” todos los recursos para lograrlo.
Milei terminó de escribir su nuevo libro de economía por las noches, cuando dejaba de trabajar, y las primeras horas de la madrugada

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Foto con un busto de Alberdi, saludos y operativo de seguridad: la agenda del Presidente en Río Gallegos
La delegación arribó a la Base Marambio pasado el mediodía; el presidente viaja con Karina, Petri y Francos
Mariela Arias
CORRESPONSAL EN SANTA CRUZ

Río Gallegos. El Presidente Javiel Milei inicia su viaje hacia la Antártida
RÍO GALLEGOS.- “¿Sabían que hay un busto de Alberdi acá en la esquina?, me voy a sacar una foto”, le dice de evidente buen humor el presidente Javier Milei a los ministros de Defensa, Luis Petri, y de Interior, Guillermo Francos, que lo esperan minutos antes de las 8 de la mañana en el lobby del hotel Amerian ya listos con los trajes térmicos para partir hacia la Antártida.
Una hora después, la comitiva presidencial partiría a bordo de una avión Hércules de la Fuerza Aérea con destino a la Base Marambio para poner en marcha el programa que tiene como objetivo controlar la contaminación en el continente blanco y es inédito en la Antártida.
Las 12 horas que pasó el jefe de Estado en la cuna del kirchnerismo estuvieron marcadas por el afecto de la población local, el que ayer le prodigaron con una calurosa bienvenida tanto al borde la ruta como en la puerta del hotel y el que esta mañana le hicieron sentir quienes madrugaron junto a las vallas de seguridad vial con la esperanza de verlo otra vez. A los madrugadores, Milei los premió con una foto y una palabra de aliento
Río Gallegos. El presidente Javier Milei y su hermana Karina a bordo del avion Hercules rumbo a la Antártida
Antes de la foto con el busto del prócer que más admira, el jefe de Estado salió del hotel, cruzó la avenida y se acercó a los simpatizantes que esperaban detrás de la valla, se sacó fotos, les dio la mano, firmó autógrafos y hasta un libro. “Gracias por venir, gracias por venir” y “vamos a salir adelante”, era las palabras que escuetamente iba repitiendo visiblemente emocionado. Una chica le regaló un gorro de lana amarillo, se lo puso, se tomó una foto y siguió caminando hasta el busto de Juan Bautista Alberdi, ubicado en el boulevar de la Avenida San Martín, justo frente al Juzgado Federal de Río Gallegos.


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Javier Milei llegó a Río Gallegos, la cuna del kirchnerismo, en medio de un operativo de seguridad especial
Pasó la noche allí antes de partir al continente blanco; es su primer viaje fuera del ámbito de la ciudad y la provincia de Buenos Aires; se reunió con el gobernador Vidal
Mariela Arias
CORRESPONSAL EN SANTA CRUZ
El presidente Javier Milei inicia su viaja hacia la Antártida
RÍO GALLEGOS.- Con una caravana de autos que lo acompañó espontáneamente desde el aeropuerto internacional hasta el centro de la ciudad, una multitud que lo esperó con banderas, bengalas y una fuerte ovación en la puerta del hotel donde se hospeda, el presidente Javier Milei fue recibido este viernes en la cuna del kirchnerismo. Fiel a su estilo rayano a una estrella de rock, el jefe de Estado se bajó del auto frente al hotel y durante algunos segundos saludó a la distancia a los simpatizantes que enloquecieron cuando lo vieron bajar a las nueve de la noche, aún con luz de día por el verano austral.
Con la melena más despeinada por el viento patagónico y vestido de traje azul, Milei hizo los últimos metros de su recorrido con el brazo afuera del auto saludando a la multitud, se bajó, sonrio y agradeció los gestos de afecto para luego ingresar al hotel Amerian Río Gallegos, junto a su hermana Karina Milei y la comitiva oficial. Allí mantuvo una reunión con el gobernador Claudio Vidal, cenó con su hermana y se retiró a descansar en el segundo piso del hotel Amerian reservado en su totalidad para la comitiva presidencial.
Desde aquí, este sábado alrededor de las 8 de la mañana, el jefe de Estado partirá a bordo de un avión Hércules de la Fuerza Aérea con destino a la Antártida, donde dará inicio formal a un programa para el control de la contaminación impulsado por el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) que conduce el argentino Rafael Grossi, quien forma parte de la comitiva presidencial.
Milei, su hermana, la canciller Diana Mondino, el ministro de Defensa, Luis Petri, el ministro del interior, Guillermo Francos, y Grossi, junto al resto de los miembros de la comitiva, llegaron al aeropuerto internacional “Norberto Fernández” en dos aviones de la Fuerza Aérea. De traje y zapatillas negras tipo trekking, el Presidente bajó del T-11, se fundió en un abrazo con Vidal y dejó a la vista la buena sintonía que reina entre los dos mandatarios.
Por su parte, Vidal tenía bajo el brazo una carpeta blanca con el logo de la empresa estatal Yacimientos Carbonífero Río Turbio, una de las que podría ser alcanzada por las medidas del DNU y de cuya suerte económica depende el futuro de tres localidades santacruceñas. A poco de bajar del avión, Milei se disculpó por estar en zapatillas, al tiempo que recibía el saludo protocolar de las autoridades militares.
Entre el aeropuerto internacional y el centro de la ciudad distante a 9 km, desde los autos estacionados a la vera de la Ruta Nacional 3 simpatizantes y seguidores saludaron con bocinas y banderas el paso de la comitiva, algunos se fueron sumando a la caravana hasta llegar frente al hotel Amerian en pleno centro de la ciudad.
Pese al fuerte operativo de Seguridad montado desde las 6 de la tarde, decenas de vecinos empezaron a llegar a los alrededores del hotel frente al cual instalaron un equipo de música y una enorme bandera con un mensaje de bienvenida. Aún después de ingresar al hotel, durante una hora más, los seguidores se mantuvieron firmes en la clara noche patagónica a la espera de que el jefe de Estado vuelva a asomarse a saludarlos.
Milei en Santa Cruz
En las últimas horas simpatizantes de La Libertad Avanza realizaron por redes una convocatoria para expresar su apoyo al presidente, aunque también pidieron a través de grupos de WhatsApp que eviten confrontar si había algún tipo de provocación. El recibimiento fue con tranquilidad, pese a la euforia de los simpatizantes en su mayoría jóvenes que llegaron con banderas argentinas y algunas de LLA desde varios puntos de la provincia.
La convocatoria no sorprendió, ya que también en la cuna del kirchnerismo, se impuso Milei ante Sergio Massa en el balotaje, con el 58,06% contra el 41,93%. En las antípodas de las simpatías que Milei genera, esta semana hubo en esta ciudad un operativo policial que incluyó el allanamiento de un domicilio en el Barrio Evita donde se secuestraron elementos tecnológicos, luego de que una mujer dejara un mensaje amenazante contra el jefe de Estado a través de las redes sociales. La jueza federal de Caleta Olivia, Marta Yáñez, que subroga el juzgado de Río Gallegos, lleva adelante una investigación en el marco de una causa de “seguridad pública”, según confirmaron fuentes judiciales 
Curiosidades de pago chico: Milei se alojó en el hotel Amerian Río Gallegos, exhotel Costa Río, que pertenece al empresario radical Eduardo Costa, histórico líder de la oposición quien intentó en cuatro oportunidades llegar a la gobernación. Desde diciembre, senador mandato cumplido y abocado ahora a la cadena de hipermercados de la construcción distribuida por toda la Patagonia. Con un estilo minimalista y elegante, por el hotel que eligió Milei, en los últimos veinte años pasaron figuras políticas de nivel nacional e internacional.
Coincidencias del destino, por estas horas la expresidenta Cristina Kirchner también está en Santa Cruz, donde se encuentra desde finales de diciembre cuando arribó en Río Gallegos a pasar el Año Nuevo junto a su familia. Sin embargo a principio de esta semana viajó a El Calafate, sin agenda pública desde entonces.
Rio Gallegos. Santa Cruz. Vallado frente al hotel Amerian, en Av San Martin, donde se alojará el presidente Milei antes de seguir viaje hacia la Antartida
Reunión con Vidal y cena con risotto
A poco de llegar, en el primer piso del hotel, en el salón donde se dispone el desayuno, se organizó un servicio de recepción para la comitiva. Allí, Milei, su hermana y Francos mantuvieron una reunión con el gobernador Vidal, el vicegobernador Fabián Leguizamón y el jefe de Gabinete Daniel Alvarez. Pese a la buena sintonía que expresó el santacruceño con el libertario hay dos puntos álgidos que preocupan al gobierno local y están vinculados con las medidas del último DNU: la política pesquera y el futuro de Yacimientos Carboníferos Río Turbio, la empresa estatal intervenida por el estado desde el 2002, epicentro de múltiples denuncias por corrupción durante el kirchnerismo.
Sobre el primer punto, Vidal firmó un documento junto a los gobernadores patagónicos en contra de las modificaciones a la Ley Federal de Pesca, en tanto que sobre el segundo el jueves a la noche desde la gobernación santacruceña se dio a conocer un pedido de Vidal a funcionarios nacionales para evitar el cierre YCRT, que tiene un presupuesto anual de $ 36 mil millones solventados en su totalidad por el estado nacional, según informó días pasados el vocero presidencial, Manuel Adorni. No se descarta que ambos temas hayan estado presentes en la agenda de la reunión.
Durante el encuentro, el santacruceño le entregó al Presidente un cuadro que llevaba la leyenda “Santa Cruz Puede”, el eslogan de la campaña que el petrolero llevó a la gobernación, y se retiró después de mantener un encuentro que se extendió por poco mas de 30 minutos.
Tras la reunión, Milei no salió del hotel y cenó junto a su hermana risotto de hongos que le trajeron preparado desde el tradicional restaurante del Club Británico, ubicado a 50 metros del edificio.
Viaje a la Antártida
La comitiva presidencial tiene previsto partir el sábado por la mañana, desde el aeropuerto de Río Gallegos a bordo del Hércules FAG106 C130 hacia el continente blanco. El regreso será a la aerostación de Aeroparque, el sábado a las 22.30 horas. Sin embargo, también se aguarda lo que diga la meteorología que para realizar el vuelo.
De acuerdo a lo previsto en el cronograma, está planificado que el primer mandatario arribe a la Base Marambio y que visite la Base Esperanza, conocida por ser el espacio en el que las dotaciones viven con sus familias y lugar donde funciona una escuela a la que asisten los chicos que viven durante todo un año.
En el continente antártico, el Presidente daría inicio formal a un programa para el control de la contaminación impulsado por el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) que conduce Grossi. Se trata del convenio “Nutec Plastics en Antártida” un acuerdo de cooperación entre la Argentina y la OIEA. Su objetivo es la cooperación científica con el fin de tomar muestras, realizar análisis y generar conocimientos y datos sobre la presencia de microplásticos en la Antártida.

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Mariela Arias
Allí, en el busto, su equipo de videos que lo acompaña palmo a palmo le tomó las ultimas fotos antes de subir a la camioneta, junto a su hermana Karina Milei, y partir rumbo a la Base Aérea Militar Río Gallegos. A las 9.10, el Hércules TC 66 de la Fuerza Aérea despegó con la comitiva presidencial con destino a las bases antárticas, donde tiene previsto llegar al mediodía. Allí en el balotaje Milei arrasó en las urnas logrando mas del 80% de los votos.
Según confirmaron fuentes de la delegación a este medio, la “ventana de buen tiempo” le permitirá al presidente visitar las bases Marambio y Esperanza, esta última la única base en la que la dotación destacada vive con sus familias, incluidos niños que asisten allí a las clases más australes del país.
En el Hércules la comitiva presidencial se completa con la canciller Diana Mondino, autoridades de la Dirección Nacional del Antártico, del Instituto Antártico Argentino, y Rafael Grossi, el científico argentino que dirige el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), impulsor del programa que tiene como objetivo controlar la contaminación en el continente blanco.
Río Gallegos. El Presidente Javiel Milei inicia su viaje hacia la Antártida
En el Hércules también viajan científicos argentinos y de varios países que tomarán muestras en suelo antártico para evaluar la presencia de microplásticos en el ecosistema marino. Una parte del equipo se quedará en el continente blanco, en tanto que el jefe de Estado y el resto de la comitiva regresará esta noche a Buenos Aires, con una escala en Río Gallegos donde se cambiarán el traje térmico para poder regresar al verano porteño.
La contaminación plástica en los océanos
“Es un paso histórico”, sostuvo Grossi en declaraciones a Télam y aseguró que es la primera vez que el organismo que dirige inicia una misión de carácter científico en la Antártida, viaje que surgió luego que se reuniera con el presidente, la canciller Mondino y el ministro Pietri.
Anoche, salvo el presidente y su hermana, todos los miembros de la comitiva cenaron en el restaurante del Club Británico de Río Gallegos, y tanto al llegar, como al retirarse recibieron constantes pedidos de fotos y autógrafos de parte de los simpatizantes que se acercaban a la mesa a saludarlos.
Fuentes de la Cancillería detallaron que la ciencia en el continente blanco la define, desarrolla, controla, coordina y difunde la Cancillería argentina a través de la Dirección Nacional del Antártico, DNA y el Instituto Antártico Argentino IAA, en tanto que el ministerio de Defensa, a través de las Fuerzas Armadas, brinda el apoyo logístico a dicha actividad científica.
El convenio “Nutec Plastics en Antártida” se trata de un acuerdo de cooperación entre la Argentina y la OIEA, que tiene como objetivo la cooperación científica con el fin de tomar muestras, realizar análisis y generar conocimientos y datos sobre la presencia de microplásticos en la Antártida. La actividad científica es llevada adelante por la Argentina, a través de la DNA y de acuerdo al Sistema del Tratado Antártico.
Grossi resaltó que hay una grave preocupación internacional sobre el estado de la contaminación plástica en los océanos y adelantó que el año próximo va a iniciarse una negociación para lograr gran acuerdo internacional sobre la contaminación plástica. El científico explicó que los microplásticos “están presentes lamentablemente en todo el medio marino internacional. Se está reciclando y eliminando el 9% de todo el plástico que se arroja en los mares” y agregó que “las proyecciones que existen son que, de aquí a mediados de siglo, puede llegar a haber más microplásticos que peces en los mares”.

http://indecquetrabajaiii.blogspot.com.ar/. INDECQUETRABAJA

miércoles, 25 de abril de 2018

ANUNCIAMOS CON GRAN ORGULLO EL NACIMIENTO DE NUESTRO LIBRO

Aviso a todos mis amigos
La imagen puede contener: una o varias personas y personas de pie
DANIEL MASTRÁNGELO

Tengo el gusto, el placer y la alegría de comunicar que se ha publicado el libro.
Cuando la Política se Extravió. La Génesis del Pro"
del Prof. Dante Ledesma y del Lic. Daniel Mastrangelo.
Se presenta en la feria del Libro este sábado 28/4 a las 19.00 Editorial Tahiel
Cuando la política se extravió. La Génesis del Pro, es un libro en donde se exponen y desmenuzan situaciones, conflictos y actores del proceso de reforma del Código Contravencional de la Ciudad de Buenos Aires.
La imagen puede contener: texto
Con un enfoque objetivo y minucioso, los autores desnudan los vaivenes del accionar político, las posturas radicalizadas, la carencia del diálogo y la ausencia de dirección en la operación de la política.
La obra delinea el rio revuelto de la forma en cómo se llevó adelante la política en la Legislatura de la Ciudad, donde una multiplicidad de gestores, actuaron como agentes de consensos entre posturas opuestas confundiendo y enredando aún más, los posibles acuerdos.
En medio de esa contienda; el Ing. Mauricio Macri que vira entre las opciones de sector que se les presenta, con dudas y certezas comprende que debía aceptar las condiciones de su liderazgo y encolumnar su tropa, disciplinarla dentro de lo posible para poder proseguir. Su método fue certero y 12 años después alcanzó la Presidencia de la Nación.
En el tiempo analizado en el libro muchos legisladores se debatían en el recinto con aciertos y errores, algunos de ellos ocuparían funciones de relevancia Gabriela Michetti (Vicepresidente de la Nación); Marcos Peña (Jefe de Gabinete de la Nación) Santiago de Estrado (Secretario de Culto de la Nación) y el Arzobispo de Buenos Aires Jorge Bergoglio que será el Papa Francisco, jefe de la grey católica mundial.
La política es el arte de la negociación para conciliar intereses y formar consensos, con sus confusiones y laberinticos desvíos.

jueves, 12 de abril de 2018

EL GRAN GUILLERMO ROUX....VERLO Y LEERLO


El último Roux, un nuevo Roux
Cuatro autorretratos hechos en los últimos años, mayormente con birome negra, de madrugada y frente al espejo
A sus muy vitales 88 años y con la serenidad que impone la vejez, el artista prepara una muestra en Bellas Artes con los dibujos oníricos del duermevela a la vez que se publica una biografía con su historia

Un feriado soleado sienta al reconocido artista argentino Guillermo Roux (Buenos Aires, 1929) en la esquina del amplio sillón del living de su casa de Martínez para esta charla. De buen semblante y robusto como siempre disfruta apacible su media mañana..., aunque ya sea mediodía. Es que Roux trasnocha dibujando y, al contrario de lo que se espera para un hombre de su edad, él amanece tarde. Lo rodean mujeres: su compañera de la vida y marchand, la elegante y cariñosa Franca Beer; su biógrafa, la periodista cultural María Paula Zacharías, y Julia, que entra y sale de la cocina con respetuosa confianza y vasos de jugos (el propio Roux la presenta como alguien que lo salva de muchas cosas).
A los 88 años, un último nuevo Roux, vital y con la serenidad que impone la vejez, convoca a partir dos importantes novedades que tiene que ver con su vida y su obra. Un par de razones que son el resultado de su reciente tránsito.
Por un lado, tiene en sus manos por primera vez el libro Guillermo Roux en sus propias palabras (Ariel), que escribió Zacharías y hoy se distribuye en librerías. Por el otro, una gran exhibición, "Diario Gráfico", se inaugurará en quince días, curada por Cecilia Molina y repartida en dos sedes: desde el 17 se alojará en el Museo Nacional de Bellas Artes y, dos días después, también en la Casa de la Cultura Popular Villa 21-24.
Gran relator, Roux se define como un creador que en distintos momentos de su vida y con diferentes obras sintió siempre que "algo" se apoderaba de él. "No es algo que yo busco. Es algo que se me presenta, una cosa que me arrastra, me lleva", trata de explicar. Recuerda que varias veces intentó escribir diarios. De hecho, tiene varios empezados en los que también dibuja, y vuelve a escribir y a dibujar. Formado en dibujo con su padre, su frondoso y reconocido cuerpo de obra reúne óleos, acuarelas, imponentes murales y hasta tiene una gran hazaña veraniega: pintó en silla de ruedas el fondo de la pileta de su casa.

"Soy un maniático de escribir. Si lo hago bien o mal no me importa. Escribo por una razón: porque así entiendo más lo que me sucede. Lo hago a mano, por consejo de Pedro Orgambide. Me dijo una vez: 'Escribí a mano porque así se dibuja la letra y dibujando la letra sentís lo que estás escribiendo como si lo estuvieses pensando'", cuenta concentrado en sus propias palabras. En diferentes períodos Roux escribió cosas imaginadas, bocetos de novelas, de cuentos; guarda cajas enormes llenas de apuntes y narraciones inconclusas. Declara falta de continuidad, porque las cosas le impresionan de repente y en el momento le generan consecuencias, pero después...
Hoy los recuerdos y la actualidad se unen. Todo tiene que ver con todo: la salud, la cercanía de la muerte, su cuerpo, la vejez, los recuerdos, su producción, la necesidad incansable de expresarse. El libro biográfico recién impreso y las obras que exhibirán en el museo van juntas. Todo comenzó hace cuatro años después de que le dieran el alta de una internación en terapia intensiva.
Insiste con el momento del alta. "Fue cuando salí del sanatorio. Venía para mi casa y recuerdo que por la ventanilla de atrás veía cómo se iban achicando los árboles al costado de la vereda mientras avanzaba la ambulancia. Me impresionaba cómo todo iba achicándose, una tontera de la perspectiva. Sin embargo, a mí me causaba la sensación de ir yendo. Y no era claro que venía para acá (aunque yo sabía que venía para mi casa), pero al mismo tiempo me trasladaba a otras veces en que sentí que iba yendo".

Roux tiene varias vidas. Viajó mucho. Vivió en diferentes ciudades: Roma, San Salvador de Jujuy, Nueva York. Siempre buscó esa sensación de dejarse llevar. "Te tengo que contar lo de la ambulancia -retoma-. Cuando llegué acá estaba perdido. ¿Dónde estoy? ¿Quién soy? Nunca había estado internado, siempre fui muy sano, y el hospital me dio una sensación de enajenación, de estar afuera de las cosas. Había entrado uno y salió otro, pero yo no sabía quién era este otro", se abre y describe.
En ese estado de confusión, le costaba dormirse, ubicarse, darse cuenta, aceptarlo. No quería estar en su casa ni en el hospital, sino en algún lugar mejor, como en un arroyo que invoca de San Luis: "Piedras Blancas". Volvió a escribir, se topó con que tiene que hablar de médicos y remedios, y no quiere. Entonces pensó que era mucho mejor dibujar. "Empecé a dibujar las cosas que tenía al lado, a reconocerlas", cuenta con voz calma.
Así comenzaron estos cuadernos, una especie de novela gráfica de sus noches. Roux dibuja con birome negra cuando la casa está en silencio, de madrugada; el duermevela lo inspira. Así aparece un relato con los objetos que lo rodean, su reflejo en un espejo, su cuerpo, la pierna enferma, sus sueños y también las noticias del día, publicidades, flashes televisivos.
Recuerda: "Estaba encontrando un depósito de contradicciones dentro mío que iban haciendo el cuento, relataban mi cotidiano. Una noche, frente al espejo, de repente me vi viejo. Antes tenía la sensación de que era joven. Y me empecé a retratar".
Introspectivos, oscuros, sensuales, oníricos, simples, directos, confusos, con textos; en estos dibujos el prestigioso pintor y acuarelista encontró un nuevo trazo. Un nuevo Roux se expresaba y saltaba a otro formato en estos cuadernos de noches insomnes que se transformaron en una necesidad para poder dormir.

 En paralelo, reflexionaba sobre su pasado e invocaba desde el presente recuerdos de antiguas sensaciones. Ordenado metódicamente, de día, con las citas semanales pautadas con la periodista que lo fue guiando en una larguísima entrevista que tomó dos años y otros dos para editar, corregir, armar y revisar. Desde su infancia hasta la actualidad. Toda una vida que no hace más que volver a empezar.
En sus propias palabras
-¿Es tuyo? -le pregunta Roux a Zacharías.
-Es nuestro -responde la periodista.
-¡Qué increíble! -dice él, sonriente, con el libro recién salido de imprenta entre manos.
El relato de Guillermo Roux en sus propias palabras comienza en la infancia y tiene su punto culminante cuando se proclama "artista tiempo completo", después de 40 años, tras haber vivido muchas vidas diferentes: dibujante en revistas en Buenos Aires del 50, artesano en un taller estilo medieval en Roma, maestro y titiritero en Jujuy e ilustrador en la Nueva York de los 60. Relata sus andanzas y sus preocupaciones más íntimas, al mismo tiempo que cuenta cómo evoluciona la pelea diaria con los achaques de la vejez, a los 88 años.Todo lo dicho es textual, un testimonio histórico, donde preguntas mínimas dan espacio a largos relatos. Un texto de no ficción, en la primera persona de una figura muy popular en diálogo con la periodista María Paula Zacharías. Al terminar el libro, ninguno de los dos son la misma persona.
El libro, la exposición y una vida hecha de recuerdos e imágenes
Dos obras en una


Durante los últimos cuatro años, Guillermo Roux conversó de día con la periodista María Paula Zacharías para escribir su biografía. Por las noches, llevó un "Diario Gráfico" que desde el 17 de abril se exhibirá en el Museo de Bellas Artes
Sobre la muestra

"Roux está ante un nuevo paisaje, el último, delante de él se abren los caminos que le propone sin cesar su vigilia, todos llevan al mismo punto, él lo sabe, pero el recorrido es imprevisible. Por fin, es libre", dirá Hugo Beccacece en el catálogo

Sobre la biografía

Publicado por Ariel, el libro de la vida de Roux viaja hasta la niñez y juventud, donde toda su pintura está en germen, y llega a la vejez, otra dimensión. El arte lo atraviesa todo, pero entre líneas se cuenta la historia de un país


M. U.

lunes, 4 de septiembre de 2017

LA LEGISLATURA INVITA Y HAY REGALO


Presentación del libro “50 innovaciones educativas para escuelas” 


El lunes 11 de septiembre a las 16 hs. presentaremos en la Biblioteca Nacional de Maestros “50 innovaciones educativas para escuelas”. El libro,elaborado por el Laboratorio de Innovación y Justicia Educativa del Programa de Educación de CIPPEC y editado por Fundación Santillana, fue compilado por Axel Rivas, codirector del Programa de Educación y Director del Laboratorio de Innovación y Justicia Educativa; Lucas Esteban Delgado, Analista del Programa de Educación y Coordinador del EduLab; Fernando André, especialista y consultor en Educación. Contó con la participación de un consejo de expertos integrado por Inés Aguerrondo, Rebeca Anijovich, Melina Furman, Marta Libedinsky, Mariana Maggio y Alfredo Vota.
50 innovaciones educativas para escuelas
En un mundo lleno de amenazas referidas a la educación, este libro aparece lleno de esperanzas practicables. Su objetivo central es abrir nuevas puertas al aprendizaje en profundidad. Para ello, CIPPEC y un equipo de expertos en educación han recopilado cincuenta innovaciones educativas decisivas. Son experiencias, proyectos o metodologías que pueden ser implementadas en las escuelas para potenciar una poderosa apropiación del conocimiento por parte de los alumnos, y movilizar la voluntad de aprender.
La innovación educativa no es un juego; requiere un abordaje sistemático y científico que permita generar evidencias de sus usos, posibilidades y efectos. Es por eso que la recopilación tiene como propósito poner en juego una concepción pedagógica y una visión educativa renovadoras. El Laboratorio de Innovación y Justicia Educativa se propone como un catalizador de cambios posibles, con base en la investigación y la articulación de diversas voces para repensar la educación.

La selección estuvo basada en seis criterios:
1. Son innovaciones en el sentido de ofrecer cambios o rupturas con respecto a ciertos rasgos de la educación tradicional, especialmente su composición expositiva, ritualizada, memoristica, muchas veces alienante para los alumnos, basada en la obligación y la presión externa.
2. Son innovaciones porque generan propuestas apasionantes de vínculos con el conocimiento, promueven el aprendizaje basado en la comprensión, generan climas de aprendizaje dialógico y participativo, favorecen la creatividad y la meta cognición y/o crean nuevas formas de aprender que son sustentables y que promueven la voluntad de aprender de los alumnos.
3. Son innovaciones a nivel institucional: pueden llegar a varias escuelas o ser políticas públicas, pero tienen un correlato institucional practicable. También pueden ser innovaciones practicas en las aulas, pero poseen un carácter institucional e involucran a varios actores.
4. Tienen determinada base de evidencias científicas que las apoyan: ya sea la investigación fundamentada por parte de investigadores o espacios académicos que las respaldan, el saber practico de especialistas que las han impulsado o estudios que muestren su impacto educativo positivo.
5. Son innovaciones reales, no teóricas: se han implementado, y pueden encontrarse ejemplos concretos para ver su dinámica de funcionamiento.
6. Son relativamente practicas y viables, pueden ser descriptas para su adaptación en distintos contextos. Si bien en algunos casos requieren recursos y capacidades que no están disponibles en cualquier escuela, se busco que inspiren acciones posibles y practicables, especialmente en la educación publica.
Las cincuenta innovaciones recopiladas en este libro tienen dos grandes fuentes.
Por un lado, el equipo coordinador del libro, liderado por Fernando Andre y cativas que cumpliesen los seis criterios señalados. Se analizaron diversas fuentes bibliográficas y diálogos con referentes educativos. Parte del proceso de búsqueda colaborativa se ensayo en el curso “Innovadores Educativos”, entre las actividades formativas del Laboratorio. En conjunto se analizaron trescientas innovaciones y se eligieron quince para integrar la primera parte de casos del libro

El Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (CIPPEC) es una organización independiente, apartidaria y sin fines de lucro que promueve políticas para lograr una Argentina desarrollada, con igualdad de oportunidades e instituciones públicas sólidas y eficaces.
Más Información:
La actividad requiere de inscripción previa al bnminfo@me.gov.ar
• Horario: 15:45 a 18 hs
• Ese día se entregará un ejemplar impreso del libro a cada uno de los asistentes.

jueves, 3 de agosto de 2017

LA LEGISLATURA RECOMIENDA


El libro "ALFAJOR ARGENTINO, HISTORIA DE UN ÍCONO"
Un libro cuenta el trayecto que recorrió el "souvenir de la patria", desde su creación hasta las recetas más modernas y actuales.
En Alfajor Argentino, historia de un ícono de Jorge D'Agostini explica los orígenes de este bocado que todos amamos, revela recetas antiguas y presenta paso a paso nuevos y originales, cuenta las rutas gastronómicas que se pueden recorrer por el país y mucho más. Imposible leerlo y no salir corriendo al kiosco.
Lo primero que les voy a decir es que "Alfajor Argentino - Historia de un ícono" es un libro muy lindo, hermosamente ilustrado y diseñado, de esos que uno puede agarrar en cualquier momento y hojear sin problemas porque está plagado de material visual, fotografías y publicidades que no existen en Internet, siendo éste uno de sus mayores valores por lo que estoy seguro que enloquecerá a los amantes de las cosas vintage y la historia argentina.
Es un libro genial para regalar y para tener bien a la mano y visible, es ameno e interesante de leer, se puede abrir en cualquier parte y aprender algo nuevo sobre alfajores e incluso sobre las empresas que fabrican nuestra golosina favorita.
El trabajo de investigación es tremendo, 2 años de búsqueda y entrevistas con gente clave responsable de la existencia y evolución de los alfajores argentinos.
Hay gran cantidad de información sobre la historia de los primeros alfajores que se hicieron en nuestro país, con datos que no encontrarán en Internet.
Aprendí gran cantidad de cosas que no sabía, con datos fundamentales sobre las grandes marcas actuales y también sobre marcas que ya están en el pasado.
La cantidad de material gráfico, fotos, publicidades, etc. es abrumante y enamorará a cualquier alfajómano que se precie de tal.
Para completar el combo hay muchos datos curiosos sobre la historia del alfajor, recetas de alfajores extraídas de libros de cocina de la época colonial y recetas provistas por reposteros actuales de gran renombre y muchas cosas más que hacen de este libro un ejemplar obligado para todo el amante de la gastronomía y obviamente, de los alfajores.

6 curiosidades sobre esta delicia.
1. -“En las copias de las copias de las crónicas de la conquista española y sus consiguientes desembarcos en tierras de América, es posible enterarse de que, entre los alimentos que traían, estaba el alfajor de origen andaluz”. Sin embargo, no se parece en nada a lo que nosotros llamamos alfajor. Con el tiempo, se produce una criollización hasta que se convierte en nuestra delicia tradicional.
2. -El alfajor está en el gen de nuestro país. En la planta alta de la casa en que los constituyentes redactaron nuestra Constitución Nacional funcionaba el almacén de ramos generales de Merengo que vendía alfajores. “Muchos de los constituyentes, de retorno a sus provincias, llevaron de recuerdo alfajores, siendo así los pioneros en incorporarlo como souvenir”, explica el libro.
3. -En la década del `20, se instalan los primeros quioscos en Buenos Aires. Aparecen en el centro de la ciudad con diseño similar a los de París. Con el tiempo, también aparecen en los barrios. Siempre venden el “alfajor del barrio”. Esta extensión impulsó la apertura de fábricas de golosinas y la consiguiente industrialización de los alfajores. Los grandes pioneros fueron El trébol (1934), Santa Mónica (1939), Guaymallén (1944), Nelack (1947), La Cuyana (1952), Eolo (1955), Mar Feliz (1958), Capri (1959), entre otros.
4. -El alfajor es una de las comidas regionales de nuestro país y su receta varía en cada lugar. El santafecino tiene tres tapas finitas de masa quebradiza y salada, está relleno con dulce de leche y tiene un baño de glase, azúcar o merengue italiano. Por su parte, el cordobés tiene masa esponjosa y una preponderancia el relleno con mermeladas frutales, mientras que el marplatense se caracteriza por sus tapas compactas y tiernas que se desgranan en la boca.
5. -En la década del 80, el mercado del alfajor creció un 600% ¿Por qué? “Las grandes empresas productoras de alimentos y galletitas desembarcaron en el negocio de las golosinas, dedicadas a imponer sus alfajores y sus marcas”. Para eso, “realizaron grandes campañas publicitarias con presupuestos enormes para presupuestos enormes para televisión, especialistas en marketing, innovadores diseños de packaging y centenares de encuestas a consumidores”.
6. -El primer recetario nacional fue publicado en 1880. Por supuesto, El Almanaque de la Cocinera Argentina explicaba cómo preparar los alfajores de queso de Virginia Pueyrredón Sánchez de Pelliza, una receta de 1849. Decía: una pulgada de agua en una cacerolita, queso rallado hasta que se une, se forma una torta, y asío las que quieran se hacen los alfajores con dulce de membrillo disuelto en vino de Jerez y almendras o nueces pisadas, en los contornos se envuelven en galleta seca, bien rayada o “fariña cernida”.





sábado, 20 de mayo de 2017

CUENTO DE "EL OFICIO DE LOS SANTOS"


EL DOLMEN
(Por Federico Andahazi)





Mientras los ingleses protestantes y los irlandeses católicos se mataban sin tregua ni piedad en el Reino Unido, cinco mil millas al sur la Real Armada hacía del buque Manuel Belgrano una brasa crepitante que hervía las aguas heladas al hundirse de culo hacia el fondo del Atlántico.

Aquel mismo año, Segundo Manuel Rattaghan se presentó como voluntario a las reservas del ejército con un único y secreto propósito. Dos días después, Rattaghan era un recluta rapado, aturdido y metido en un uniforme de soldado raso dos números mayor que su exiguo talle. Le colgaron una mochila a los hombros, y, junto con otros diez y nueve hombres, lo arriaron hasta un Unimog desvencijado, lo bajaron en la base aérea del Palomar, lo hicieron subir por el trasero abierto en flor de un Hércules y, al día siguiente, lo bajaron en el flamante Puerto Argentino.

La división de voluntarios que integraba Segundo Rattaghan estaba a cargo del teniente Severino Sosa, un correntino semianalfabeto y aterrado que, hasta entonces, suponía que la guerra consistía en torturar y matar prisioneros maniatados y quebrados, secuestrar mujeres y saquear casas de civiles desarmados. Pero ahora, en aquel compás de espera, bajo la amenaza lenta pero segura del arribo de un enemigo que habría de llegar desde el cielo y el mar, no podía evitar un terror que le vaciaba las tripas. Su tropa tenía la misión de llegar por tierra hasta Ganso Verde y a su paso minar toda la franja de playa de punta a punta. En Ganso Verde se unirían a otra división y avanzarían hasta la orilla de la Gran Malvina, dónde tenían que cavar las trincheras para resistir el desembarco enemigo.

El soldado Rattaghan no hablaba con nadie. No parecía mostrar ninguna preocupación ante la llegada del enemigo. Se diría que la inminencia de la guerra lo tenía sin el menor cuidado. No mostraba signos de frío ni de hambre ni de miedo, ni siquiera de tedio durante aquellas eternas horas muertas de la espera. Podía adivinarse que su propósito era otro. Que había llegado a Malvinas para librar su propia guerra.

El teniente Severino Sosa había encontrado que, para morigerar el miedo propio e infundirse ánimos, tenía que mantener a la tropa permanentemente aterrada con gritos, amenazas y humillaciones. El teniente no podía tolerar la pasmosa tranquilidad del soldado Segundo Rattaghan. Miraba a su subordinado con una mezcla de aprensión, recelo y cierto temor que se resumía en un desprecio que pronto habría de desaguar en odio. No hubiese habido forma de hacerle entender al teniente que aquel apellido no era inglés, sino irlandés y que un irlandés -o su descendencia- era una entidad completamente diferente la de un inglés. Por añadidura, a último momento, el teniente había sido notificado por la comandancia de que el voluntario Rattaghan tenía un hermano mayor cuyo paradero aquella misma comandancia decía desconocer, aunque se presumía -según un parte del ministerio- que su denunciada desaparición había sido voluntaria y ahora, quizá, se hallara en el exterior o, quién sabe, tal vez hubiera sido muerto por sus propios camaradas de armas marxistas-leninistas. Lo cierto es que el soldado Rattaghan había presenciado, siete años antes, cómo su hermano había sido sacado de su cuarto, arrastrado por los pelos escaleras abajo hasta la calle y molido a patadas por incontables borceguíes iguales a los que él mismo ahora llevaba puestos y así, medio muerto y a la rastra, lo habían tirado sobre la caja de un Unimog idéntico al que había transportado al soldado Rattaghan a la base aérea. Desde entonces, jamás volvió a ver a su hermano mayor.

El segundo día de espera y para ilustrar a la tropa de cómo se procedía con aquellos que contravinieran órdenes, el teniente hizo formar a la tropa delante de las trincheras y, hecho una hiena, furioso y vociferante, a ver manga de putas, pedazos de mierda, decía, pronto vamos a tener visitas, decía, vamos a ver, imbéciles, cómo se trata a un inglés y entonces, con una rama que usaba como bastón, señaló al soldado Rattaghan y ladró, a ver, Rata, rata inglesa hija de puta, al frente. El soldado Rattaghan avanzó un paso. Entonces Severino Sosa ordenó que lo estaquearan. Crucificado el soldado contra la nieve, el teniente se encargó de sujetar los nudos atados a sus muñecas hasta que la soga se metió en la carne. Rattaghan no despegaba la vista de los ojos de su superior y aun cuando el sisal había empezado a teñirse de rojo, el soldado no había siquiera lanzado un gemido. Permaneció crucificado por el término de doce horas.

Si faltaba una lata de conservas, el ladrón había sido el soldado Rattaghan; si se oía un murmullo cuando el teniente había ordenado silencio, el soldado Rattaghan había sido el contraventor y si llovía o, peor, nevaba, la culpa era, desde luego, de Rattaghan. En una ocasión desapareció una barra de chocolate que el teniente se tenía reservada para sí. Severino Sosa hizo formar a la tropa y se encaminó derecho al soldado Rattaghan.

-Rata inmunda -le dijo-, abra la boca.

Entonces toda la tropa pudo ver cómo Severino Sosa le arrancaba los dos incisivos superiores con una tenaza de sacar clavos y los guardaba, a guisa de trofeo, en un bolsillo de la chaqueta. El soldado Segundo Manuel Rattaghan, sangrante, tembloroso pero erguido, no emitió siquiera una queja. De no haber tenido un único, secreto e inquebrantable propósito, se hubiese desmayado del dolor. En otra oportunidad, el teniente notó que faltaba un atado de los habanitos que acostumbraba a fumar. Entonces decidió usar como cenicero al soldado Rattaghan: uno por uno, apagó los trece cigarros que se fumó en el día, en los huevos de su subordinado.

Al quinto día, desde el fondo del horizonte, se escuchó un tronar creciente, apocalíptico. Una formación de Harriers, poco menos, afeitó las nucas de los soldados. Inmediatamente después sobrevino un destello cadmio que encegueció al soldado Rattaghan. Fue una explosión cuyo estruendo fue tal que ni siquiera la oyó; el soldado Rattaghan voló, literalmente, a una distancia de sesenta metros. Intentó ponerse de pie pero no pudo. Estaba sordo y completamente ciego. Conforme fue recuperando la visión, pudo descubrir el panorama más aterrador que jamás hubiera visto: desparramados alrededor de un cráter todavía incandescente, yacían, desmembrados y humeantes, los restos de sus compañeros. A pesar de que había perdido toda noción de tiempo y espacio -la conmoción fue tal que tuvo que hacer esfuerzos para recordar su propio nombre- no olvidó cuál era su propósito, en ese lugar que ahora ni siquiera reconocía. Rattaghan se arrastró apoyado sobre los codos, buscando quién sabe qué. Se acercó hasta un obús retorcido que brillaba como una brasa y ahí, al calor de aquella hoguera metálica, intentó recuperar aliento. Tenía una necesidad de dormir como nunca antes había experimentado. Entonces tuvo la certeza de que aquello no era sueño, sino el dulce arrullo que precede a la muerte. De no haber tenido un único y secreto propósito hubiese cedido a la tentación del sueño fatal.

El soldado Rattaghan no hubiera podido precisar con cuántos cadáveres se topó en su marcha reptil hacia ninguna parte. Se había arrastrado en círculos. De pronto supo qué era, en verdad, lo que buscaba. Buscó en las caras desfiguradas y en los miembros desperdigados, buscó en los uniformes, reptando, siempre reptando, buscó en las formas de las mochilas y de los pertrechos, entre la nieve y revolviendo la chatarra de los restos de los armamentos; como un perro, elevó la nariz hacia el cielo y buscó en el olor del aire. Fue un ruido sutilísimo. Un suspiro. Entonces giró la cabeza y pudo ver un temblor finísimo en la nieve. Como un lagarto, corrió hacia aquel promontorio palpitante y hurgó en la escarcha con la yema -ya insensible- de los dedos; tocó un borceguí; giró sobre su eje ventral y cavó con ambas manos hasta tocar una barbilla pétrea. Entonces pudo descubrir que aquello era su teniente, Severino Sosa. Por primera vez desde su llegada a Malvinas, rió. Rió como jamás se había reído. Enterrado como estaba su teniente, le cacheteó las mejillas y, cegado por la fiebre y el dolor, le dijo sin dejar de reírse, miráme hijo de puta y entonces, el soldado Rattaghan se levantó el labio y le mostró las cuencas vacías de los dientes que le había arrancado el día anterior y miráme hijo de puta, le gritó y le enseñaba las muñecas llagadas por el sisal de la cuerda con la que lo había estaqueado la tarde anterior y miráme hijo de puta, le decía sin dejar de reírse, a la vez que le abría los párpados yermos para que le viera los huevos escaldados. De no haber tenido un único y secreto propósito, lo habría matado ahí mismo. El soldado raso Rattaghan tomó a Severino por las axilas y arrastrándose con los codos y las rodillas, lo desenterró por completo. Lo sentó sobre un peñasco y, sosteniéndole la cabeza por los pelos, le dijo, no te vas a morir ahora hijo de puta, ahora no. El teniente se desplomó sobre sus propias rodillas. Severino Sosa se moría. Lo volvió a recostar, se llenó los pulmones con aquel aire filoso, le tapó las nariz y, labio contra labio, le dio de su propio aire para que respirara.

El soldado Rattaghan llenó una mochila con los víveres diseminados, improvisó una camilla hecha de trapos y madera sobre la cual recostó a Severino Sosa, se cruzó el FAL sobre el pecho y, como un perro de tiro, emprendió el descenso de aquel monte. Había caminado desde que el sol era una mancha difusa sobre el horizonte hasta que se clavó en medio de la bóveda plomiza del cielo. Caminaba entre las montañas sin saber adónde. Estaba completamente perdido.

En el límite de sus fuerzas y cuando suponía que no podía dar un paso más, el soldado Rattaghan pudo ver una delgada columna de humo blanco en la ladera de una montaña; no era -se dijo- el vestigio de un bombardeo. Se acercó cautelosamente y entonces distinguió una breve chimenea de caño. Volvió a levantar el precario palanquín sobre el cual yacía el teniente y emprendió nuevamente la marcha. Cuando faltaban no más de diez pasos para llegar a la casa, exhausto, desfalleciente y casi congelado, el soldado Rattaghan se desmoronó.



Cuando abrió los ojos tuvo la alucinatoria certeza de que se encontraba en su casa. El soldado Rattaghan miró en derredor. Sobre la mesa de luz junto a la cama, pudo ver una imagen de Santa Brígida igual a la que tenía su madre en el dormitorio. Más allá, sobre una repisa hecha de listones, descansaba una Biblia en inglés y, en otro estante, pudo leer los lomos de otros libros ordenados sin demasiado criterio. Había obras de Joyce y de Yeats, de Synge y de Burke, de Goldsmith, de Swift y unos volúmenes de lomos marrones e ilegibles. Hubiera jurado que era la biblioteca de su hermano. Desde su perspectiva, sobre su cabeza, el soldado Rattaghan pudo ver la cruz invertida de un rosario celta. Era cierto -se dijo- que aquel techo de listones de madera tibia y hospitalaria no era el de su casa. Pero lo que le hacía suponer que todo aquello no era más que un desvarío, era el hecho de que estaba escuchando una vieja canción irlandesa en idioma gaélico que únicamente le había escuchado cantar a su abuelo. Se incorporó sobre los codos y entonces comprobó que estaba sobre una cama. Más allá, un hombre alimentaba una salamandra sobre cuyo crisol se cocinaba un guiso. Era un viejo que presentaba el porte de un dolmen: gigante, erguido y de una indiferencia que se diría pétrea. Tenía el pelo blanco recogido en una cola de caballo y unos ojos azules enmarcados en unas lentes montadas al aire sobre el puente y las patillas de oro. Llevaba un inadecuado sobretodo negro y bastante raído, largo hasta los tobillos, que le confería una apariencia cuáquera. Siguió los movimientos de aquel hombre enorme. Adonde iba, llevaba consigo un vaso repleto de whisky. Sin quitar la vista del fuego que ardía en la salamandra, el viejo musitó en un español sinuoso pero decidido:

-Puede llamarse afortunado. Apenas tiene una luxación en los hombros y las rodillas, dos falanges quebradas, una costilla fisurada, el tabique de la nariz roto y unos cuantos raspones. Mi nombre es Sean Flanaghan.

El soldado Rattaghan se contempló cuán largo era y, sólo entonces, pudo comprobar que estaba casi por completo entablillado.

-En cuanto a su compañero, soy menos optimista -dijo el viejo señalando a la derecha de Rattaghan.

El soldado giró la cabeza y, por sobre el promontorio de la almohada, pudo ver otra cama paralela donde yacía moribundo Severino Sosa. Tenía vendada la cabeza hasta las cejas, ambos brazos entablillados y la pierna derecha afirmada oblicua sobre la piecera de la cama. Estaba destrozado.

-Lo que ve no es nada, el problema son las hemorragias internas.

El viejo se puso de pie y caminó hasta el soldado Rattaghan. Se sentó en el borde de la cama y le abrió la boca, examinando el lugar vacante de los incisivos superiores.

-Éstas no son heridas de guerra -musitó como para sí mientras le mojaba las encías con whisky -. Tampoco éstas -dijo a la vez que le examinaba las quemaduras de los testículos -esto parece más bien un cenicero.

El soldado Rattaghan bajó la vista. El viejo se levantó y caminó hasta la cama improvisada donde yacía el teniente. Lo señaló con la botella y preguntó:

-¿Fue él?

El soldado negó sin mirar a su interlocutor. El viejo se rascó la cabeza y musitó en inglés un "no comprendo". Fue hasta la salamandra y volvió frotándose el mentón.

- Fue él -afirmó, mirando por primera vez a los ojos del soldado. Rattaghan volvió a negar con la cabeza. El viejo se bebió el vaso de whisky de un solo sorbo, caminó hasta la mesa de luz, tomó algo del interior del cajón, exhibió su puño cerrado frente a las rotas narices del soldado y abrió suavemente la mano. Entonces Rattaghan pudo ver sus dos dientes.

-Estaban en el bolsillo de la chaqueta de su amigo y creo que le pertenecen a usted.

Luego le mostró uno de los habanitos que había encontrado en las ropas del teniente, cuyo diámetro coincidía exactamente con las quemaduras que el soldado presentaba en la piel.

Sean Flanaghan fue hasta el fondo del cuarto hasta donde no llegaba la luz que brotaba del crisol abierto de la salamandra y regresó de la penumbra con un rifle de doble caño. Lo cargó con sendas balas, se acercó al teniente, apoyó los caños en la frente de Severino Sosa, amartilló y, en el mismo momento que estaba por disparar, escuchó el alarido del soldado Rattaghan.

-¡No! Por favor, le suplico que no lo haga.

El viejo miró al soldado con una mezcla de asombro y fastidio.

-¿Por qué no? -preguntó con la mayor naturalidad.

Entonces el soldado Rattaghan habló. Le contó lo que jamás había dicho a nadie. Le habló en un inglés clarísimo. Le explicó por qué no podía matarlo y cuál era su propósito en aquella guerra. Primero le contó que su abuelo había nacido en Belfast, que muy joven llegó a la Argentina, que su padre había sido casero de la estancia de los Anchorena, que la abuela había sido institutriz; le habló acerca de su madre y de la imagen de Santa Brígida, igual a la que ahora descansaba sobre su mesa de luz. Y le dijo, también, que había tenido un hermano. Entonces volvió a tomar aliento y habló. Le habló de su hermano mayor, le dijo que se llamaba Patricio, Patricio Rattaghan, que también leía a Joyce y Yeats, a Synge y a Burke, a Goldsmith, a Swift y a otro irlandés que era en realidad argentino, Rodolfo Walsh, que también su hermano escribía y entonces le recitó una poesía, podía recitar todo el libro, le contó que una noche de julio de 1976 un camión del ejército se estacionó en la puerta de su casa, que se bajaron diez hombres armados y se lo llevaron a la rastra, que lo molieron a patadas, que él, Segundo Manuel Rattaghan, escondido tras la puerta, tuvo pánico, que no entendía nada, que, literalmente se cagó de miedo, que, a través de sus ojos infantiles, había visto todo y que jamás se perdonó no haber hecho nada, que nunca más lo volvió a ver. Le dijo que lo torturaba el hecho de que, con el paso de los años, se iba borrando de su memoria la cara de su hermano, pero que había un rostro que jamás había olvidado, que desde aquel día se le aparecía todos los días como un mal pensamiento, como una mosca pertinaz, le dijo que nunca había olvidado el rostro de aquel que daba las órdenes cuando se llevaron a su hermano. Le contó que, desde entonces, no había hecho más que buscar esa cara. En los subtes, en lo colectivos, entre los transeúntes, en todas partes, hasta que un buen día vio aquel rostro en la televisión, en una nota que les hacían a los heroicos soldados del batallón 63.3 que habían sido los primeros en pisar las islas recuperadas, entonces aquel rostro no pudo sustraerse al hambre de gloria y dijo su nombre mirando a cámara: Teniente Severino Sosa. Fue cuando él, Segundo Manuel Rattaghan, decidió presentarse como voluntario al batallón 63.3. Entonces, señalando al hombre que yacía a su lado, le dijo al viejo:

-Él secuestró a mi hermano.

Cuando el soldado Rattaghan hubo terminado de hablar, el viejo lo miró a los ojos y se quedó en silencio. Asintió, se bebió el contenido del vaso de un solo sorbo, se puso de pie. Fue y vino y, finalmente, habló:

-Entiendo su punto de vista, pero si le interesa saber lo que pienso, opino que hay que matarlo ahora.

Antes de que Rattaghan pudiese responder, Sean Flanaghan se sentó en la cama junto al soldado y le contó qué hacía un irlandés en el fin del mundo. Desde el mar llegaban las explosiones remotas de los bombardeos y los vuelos de los Harriers. Por primera vez el viejo pudo comprobar que no estaba contemplando a un soldado, sino a un niño. Le acercó un vaso, sirvió whisky -primero en su vaso, después en el de su huésped- y con el fusil sobre el regazo, se lo bebió de un solo sorbo, interpuso un interminable eructo y empezó a hablar. Fue escueto. Era como si hablara con su vaso, o más bien con el contenido, porque cada vez que se vaciaba, guardaba silencio y retomaba su soliloquio solo cuando volvía a llenarlo. Contó que había nacido en Belfast, que a los veintiséis años se casó con una enfermera, la dueña del culo más espléndido de Irlanda y que al año siguiente nació su hijo, James; que eran católicos militantes, que integró distintos grupos políticos, que se había opuesto a la radicalización de la lucha, que había estado preso durante cinco años, que una noche volvió a su casa y se encontró con que ya no tenía casa, que una bomba del LVF había volado el edificio. Que la dueña del culo más espléndido de Belfast era una entidad calcinada a la que ni siquiera pudo reconocer, que su pequeño hijo, James... el viejo iba a seguir hablando pero no pudo. Aquel gigante de ojos transparentes, aquel dolmen enorme e inexpresivo, se incorporó y se refugió en el ángulo del cuarto adonde no llegaba la luz de la salamandra. El soldado Rattaghan pudo escuchar un llanto apagado por el pudor y el desconsuelo. Eso fue todo lo que dijo.

Luego comieron en silencio. Antes de irse a dormir, Sean Flanaghan repitió:

-Si quiere saber mi opinión, pienso que hay matarlo. Eso no es un semejante.

A la medianoche, el soldado Rattaghan se despertó sobresaltado. Hubiera jurado que percibió un ruido, un movimiento brusco proveniente de la cama donde yacía Severino Sosa. Se incorporó un poco y vio que el teniente permanecía en la misma, exacta e idéntica posición que antes. Sin embargo, en la semi penumbra, creyó ver un levísimo cambio en el rictus del teniente. Con enormes dificultades, el soldado Rattaghan se puso de pie. Le dolía hasta el pelo. Caminó hasta la cama vecina. Había algo diferente, aunque no podía precisar qué. De pronto lo sobrecogió la idea de que Severino Sosa hubiese muerto. Posó su índice sobre la carótida de su superior y entonces respiró tranquilo: su corazón latía sereno, acompasado. Rattaghan volvió a acostarse no sin cierta inexplicable desazón. Se le cruzó la absurda ocurrencia de que el teniente no sólo se había movido, sino que, en algún momento se había levantado. No, hubiese sido imposible, pensó. Se disuadió de la idea y se dispuso a dormir. Estaba por conciliar el sueño cuando escuchó que decían su nombre. Era la voz inconfundible del Teniente Severino Sosa. Se le congeló la sangre.

-Soldado Rattaghan -repitió la voz.

Segundo Manuel Rattaghan se levantó como un resorte y corrió a despertar al viejo. Sean Flanaghan fue por la botella de whisky, se calzó los lentes y una manta por encima de los hombros, caminó hasta el camastro del teniente y lo examinó. Por detrás de su hombro, Rattaghan asomaba su pánico.

-Este hombre se está muriendo -fue el veredicto del viejo.

-Agua, por favor, agua -suplicó Severino Sosa.

Sean Flanaghan trajo un cucharón con agua y, en el mismo momento en que estaba por apoyarlo sobre los labios del teniente, el soldado Rattaghan, tomó la mano del viejo y la alejó de la boca reseca de Severino Sosa. Se acercó a su oído y le susurró: ahora, hijo de puta, me vas a decir qué hiciste con mi hermano. El teniente no hacía más que implorar por agua. Rattaghan exhibía ahora el cucharón frente a los ojos del teniente y le repetía, decime, hijo de puta, qué hiciste con mi hermano. La proximidad del cucharón parecía devolverlo a la realidad. Por fin dijo:

-No sé de qué me habla, soldado.

Había dicho esto último con un sino de sarcasmo que se traslució en una sonrisa imperceptible, involuntaria. El soldado Rattaghan tuvo la inmediata certeza de que el teniente no sólo sabía de qué le hablaba, sino que sabía de quién le hablaba. Siempre lo supo. Ese era el motivo del odio que le prodigaba desde el día en que lo vio, desde el momento en que escuchó el apellido Rattaghan. Siempre supo que era el hermano de su víctima. Entonces, Segundo Manuel Rattaghan tomó una resolución: lo iba a torturar hasta que hablara. Se acercó a la salamandra y puso a calentar en el crisol el fierro del atizador. El viejo se había sentado en la mecedora y bebía indiferente. El hierro pasó de negro a rojo y de rojo a blanco. Rattaghan lo retiró y lo acerco a la cara del teniente, me vas decir, hijo de puta, qué hicieron con mi hermano. Severino Sosa no hacía más que negar todos los cargos y pedir agua. Conforme se encolerizaba, el soldado Rattaghan, en la misma proporción, descubría que era incapaz de torturar. Ni sabía cómo se hacía ni podría hacerlo aunque supiera. Lloró de impotencia.

-Yo podría hacerlo por usted -dijo el viejo sin mirarlo- pero esta es su guerra.

Derrotado por su misma ineptitud, Rattaghan dejó el atizador en su lugar. Entonces Severino Sosa, con una voz inédita, afable y calma, empezó a hablar. Voy a decirle, soldado qué fue de su hermano, pero antes quiero agradecerle que me haya salvado la vida. El corazón de Rattaghan se sobresaltó primero y luego latió con ansiedad. El viejo se incorporó sobresaltado por una inquietud indecible. Le voy a decir qué pasó con su hermano, siguió diciendo el teniente, pero quiero que sepa que jamás voy a olvidar que si no hubiera sido por usted, soldado, ahora yo estaría muerto. El viejo buscaba algo desesperadamente. Soldado, voy a decirle de una vez qué fue de su hermano, pero antes quiero que sepa que estoy en deuda con usted; sucede, dijo, que odio tener deudas, entonces sacó el brazo por debajo de las cobijas y extrajo el rifle de doble caño del viejo, levantó el arma y apuntando al pecho de Segundo Manuel Rattaghan dijo: esto fue lo que pasó con su hermano, entonces disparó. En el mismo momento en que Sean Flanaghan corría hacia el soldado, Severino Sosa volvió a disparar al centro de los ojos del viejo. Cayó como lo hiciera un dolmen, sin quebrarse, sin emitir una sola queja.



sábado, 13 de mayo de 2017

LA LEGISLATURA PRESENTA EL LIBRO...


"CAPITANA MARIA REMEDIO DEL VALLE MADRE DE LA PATRIA
COMENTARIO
En Buenos Aires nace María Remedios, sin conocerse exactamente la fecha y allí crece sufriendo una triple discriminación: Por ser pueblo, por ser mujer y por pertenecer a la raza negra.
Su rebeldía puede más, hasta encontrar su propio camino en la lucha heroica por su patria.
Adhiere, junto a su esposo y sus hijos, a la Revolución de Mayo y poco después, se integra al Ejército del Norte, participando en las batallas de El Desaguadero, Salta, Vilcapugio y Ayohuma.
Por su comportamiento, el General Belgrano la designa “Capitana del Ejército”. Los soldados la llamaban “la madre de la patria”.
Acompaña luego a las huestes de Arenales y Güemes, asistiendo a la muerte de su marido y de sus hijos, sin abandonar su temple.
Tomada prisionera por las fuerzas absolutistas, es azotada durante 9 días, pero logra fugar para reincorporarse luego a las fuerzas patriotas.
La trayectoria de esta “coronela negra” constituye un ejemplo de lucha, pues habiendo sido herida en seis oportunidades, no amengua sus ímpetus en la lucha contra el enemigo absolutista.
Años después – en 1827 – se encuentra en Buenos aires, en la Plaza de la Recoba o en el atrio de San Francisco, pidiendo limosna.
Planteado su caso en la Legislatura, se resuelve ratificarle el cargo de Capitán de Infantería, pasando así a percibir un sueldo, que le permite abandonar la mendicidadn 1829, es ascendida a Sargenta Mayor de Caballería. Luego, Rosas, en un decreto del 16 de abril de 1835, la incorpora a la Plana Mayor Activa del Ejército, con jerarquía y sueldo, como modo de aliviar su situación económica.
En esa oportunidad, como reconocimiento, le da su apellido y pasa a llamarse Remedios Rosas.
Fallece el 8 de noviembre de 1847. Un periódico de la época informa: “Baja. El mayor de caballería Doña Remedios Rosas, falleció”.

Biografía
María Remedios del Valle fue una militar afro argentina. Fue una de las llamadas «niñas de Ayohúma», aquellas que asistieron al derrotado ejército de Manuel Belgrano en la batalla de Ayohúma. Afrodescendiente argentina, actuó como auxiliar en las Invasiones Inglesas y tras la Revolución de Mayo acompañó como auxiliar y combatiente al Ejército del Norte durante toda la guerra de Independencia de la Argentina lo que le valió el tratamiento de «capitana» y de «Madre de la Patria» y, al finalizar sus días, el rango de sargento mayor del Ejército.
Nacida en la ciudad de Buenos Aires, entre 1766 y 1767, entonces capital del Virreinato del Río de la Plata, era «parda» según el sistema colonial de castas.
Durante la Segunda invasión inglesa al Río de la Plata, María Remedios del Valle auxilió al Tercio de Andaluces, uno de los cuerpos milicianos que defendieron con éxito la ciudad. Según el parte del comandante de ese cuerpo, «Durante la campaña de Barracas, asistió y guardó las mochilas para aligerar su marcha a los Corrales de Miserere».
Regimiento de Artillería de la Unión
Al producirse la revolución del 25 de mayo de 1810 y organizarse la primera expedición auxiliadora al Alto Perú, conformando lo que luego se denominaría Ejército del Norte, el 6 de julio de 1810, María Remedios del Valle se incorporó a la marcha de la 6.ª Compañía de artillería volante del Regimiento de Artillería de la Patria al mando del capitán Bernardo Joaquín de Anzoátegui, acompañando a su marido y sus dos hijos (uno adoptivo), quienes no sobrevivirían a la campaña.4
María Remedios del Valle continuó sirviendo como auxiliar durante el exitoso avance sobre el Alto Perú, en la derrota de Huaqui y en la retirada que siguió.
En vísperas de la batalla de Tucumán se presentó ante el general Manuel Belgrano para solicitarle que le permitiera atender a los heridos en las primeras líneas de combate.
Belgrano, reacio por razones de disciplina a la presencia de mujeres entre sus tropas, le negó el permiso, pero al iniciarse la lucha Del Valle llegó al frente alentando y asistiendo a los soldados quienes comenzaron a llamarla la «Madre de la Patria». Tras la decisiva victoria, Belgrano la nombró capitana de su ejército.
El abogado y general Manuel Belgrano (1770-1820).
Tras vencer en la batalla de Salta, Belgrano fue derrotado en Vilcapugio y debió replegarse. El 14 de noviembre de 1813 las tropas patriotas se enfrentaron nuevamente a las realistas en la batalla de Ayohúma y fueron nuevamente derrotadas.
María de los Remedios del Valle combatió, fue herida de bala y tomada prisionera. Desde el campo de prisioneros ayudó a huir a varios oficiales patriotas.
Como medida ejemplificadora, fue sometida a nueve días de azotes públicos que le dejarían cicatrices de por vida. Pudo escapar y reintegrarse al ejército argentino donde continuó siguiendo a las fuerzas de Martín Miguel de Güemes y Juan Antonio Álvarez de Arenales, empuñando las armas y ayudando a los heridos en los hospitales de campaña.
Finalizada la guerra y ya anciana, del Valle regresó a la ciudad de Buenos Aires, donde se encontró reducida a la mendicidad. Relata el escritor, historiador y jurisconsulto salteño Carlos Ibarguren (1877-1956), quien la rescató del olvido, que vivía en un rancho en la zona de quintas, en las afueras de la ciudad, y frecuentaba los atrios de las iglesias de San Francisco, Santo Domingo y San Ignacio, así como la Plaza de la Victoria (actual Plaza de Mayo) ofreciendo pasteles y tortas fritas, o mendigando, lo que junto a las sobras que recibía de los conventos le permitía sobrevivir. Se hacía llamar «la Capitana» y solía mostrar las cicatrices de los brazos y relatar que las había recibido en la Guerra de la Independencia, consiguiendo solo que quienes la oían pensaran que estaba loca o senil.
No conforme con su suerte, el 23 de octubre de 1826 inició una gestión solicitando que se le abonasen 6000 pesos «para acabar su vida cansada» en compensación de sus servicios a la patria y por la pérdida de su esposo y sus hijos. (El sueldo máximo en el país era el del gobernador, de 7992 pesos al año).1 El expediente, firmado en su nombre por un tal Manuel Rico y al que agrega en apoyo una certificación de servicios del 17 de enero de 1827 firmada por el coronel Hipólito Videla, se inicia con la siguiente exposición: 


Doña María Remedios del Valle, capitana del Ejército, a V. S. debidamente expone:
Que desde el primer grito de la Revolución tiene el honor de haber sostenido la justa causa de la Independencia, de una de aquellas maneras que suelen servir de admiración a la Historia de los Pueblos.
Si Señor Inspector, aunque aparezca envanecida presuntuosamente la que representa, ella no exagera a la Patria sus servicios, sino a que se refiere con su acostumbrado natural carácter lo que ha padecido por contribuir al logro de la independencia de su patrio suelo que felizmente disfruta.
Si los primeros opresores del suelo americano aún miran con un terror respetuoso los nombres de Caupolicán y Galvarino, los disputadores de nuestros derechos por someternos al estrecho círculo de esclavitud en que nos sumergieron sus padres, quizá recordarán el nombre de la Capitana patriota María de los Remedios para admirar su firmeza de alma, su amor patrio y su obstinación en la salvación y libertad americana; aquellos al hacerlo aún se irritarán de mi constancia y me aplicarían nuevos suplicios, pero no inventarían el del olvido para hacerme expirar de hambre como lo ha hecho conmigo el Pueblo por quien tanto he padecido. Y ¿con quién lo hace?; con quien por alimentar a los jefes, oficiales y tropa que se hallaban prisioneros por los realistas, por conservarlos, aliviarlos y aún proporcionarles la fuga a muchos, fue sentenciada por los caudillos enemigos Pezuela, Ramírez y Tacón, a ser azotada públicamente por nueve días; con quien, por conducir correspondencia e influir a tomar las armas contra los opresores americanos, y batídose con ellos, ha estado siete veces en capilla; con quien por su arrojo, denuedo y resolución con las armas en la mano, y sin ellas, ha recibido seis heridas de bala, todas graves; con quien ha perdido en campaña, disputando la salvación de su Patria, su hijo propio, otro adoptivo y su esposo!!!; con quien mientras fue útil logró verse enrolada en el Estado Mayor del Ejército Auxiliar del Perú como capitana, con sueldo, según se daba a los demás asistentes y demás consideraciones debida a su empleo. Ya no es útil y ha quedado abandonada sin subsistencia, sin salud, sin amparo y mendigando. La que representa ha hecho toda la campaña del Alto Perú; ella tiene un derecho a la gratitud argentina, y es ahora que lo reclama por su infelicidad.
María Remedios del Valle
El 24 de marzo de 1827 el ministro de Guerra de la Nación, general Francisco Fernández de la Cruz, rechazó el pedido recomendando dirigirse a la legislatura provincial ya que no estaba «en las facultades del Gobierno el conceder gracia alguna que importe erogación al Erario».
En agosto de 1827, mientras Del Valle ―de 60 años―1 mendigaba en la plaza de la Recova, el general Juan José Viamonte ―entonces diputado en la Junta de Representantes de la Provincia de Buenos Aires en representación de los pagos de Ensenada, Quilmes y Magdalena― la reconoció. Tras preguntarle el nombre, exclamó: «¡Usted es la Capitana, la que nos acompañó al Alto Perú, es una heroína!». Del Valle le contó entonces cuántas veces había golpeado a la puerta de su casa en busca de ayuda, pero que su personal siempre la había espantado como pordiosera.
El general Juan José Viamonte.
Viamonte tomó debida nota y el 11 de octubre de ese mismo año presentó ante la Junta un proyecto para otorgarle una pensión que reconociera los servicios prestados a la patria. El 11 de octubre la Comisión de Peticiones de la Junta de Representantes dijo haber «examinado la solicitud de doña María Remedios del Valle por los importantes servicios rendidos a la Patria, pues no tiene absolutamente de que subsistir» y recomendó adoptar la decisión de que «Por ahora y desde esta fecha la suplicante gozará del sueldo de capitán de Infantería, y devuélvase el expediente para que ocurriendo al Poder Ejecutivo, tenga esta resolución su debido cumplimiento». Pero la presidencia de la Junta decidió que tenían temas más importantes que atender, por lo que el expediente quedó en comisión. Se luchaba aún en la guerra del Brasil y Buenos Aires permanecía bloqueada por segundo año consecutivo por las fuerzas navales del Imperio del Brasil. 


El 9 de junio de 1828, Viamonte fue elegido vicepresidente primero de la renovada legislatura y decidió insistir con su propuesta. El proyecto recién se trataría en la sesión del 18 de julio de 1828. Según el Diario de sesiones n.º 115 de la Junta de Representantes de la Provincia de Buenos Aires, al abrirse el tratamiento, Marcelo Gamboa (diputado por la ciudad) solicitó documentos que acreditaran el merecimiento de la pensión, a lo que Viamonte respondió:
Yo no hubiera tomado la palabra porque me cuesta mucho trabajo hablar, si no hubiese visto que se echan de menos documentos y datos. Yo conocí a esta mujer en el Alto Perú y la reconozco ahora aquí, cuando vive pidiendo limosna. Esta mujer es realmente una benemérita. Ella ha seguido al Ejército de la Patria desde el año 1810. Es conocida desde el primer general hasta el último oficial en todo el Ejército. Es bien digna de ser atendida: presenta su cuerpo lleno de heridas de balas y lleno, además, de cicatrices de azotes recibidos de los españoles. No se la debe dejar pedir limosna [...] Después de haber dicho esto, creo que no habrá necesidad de más documentos.
General Juan José Viamonte
Yo no conozco a esta infeliz mujer que está en un estado de mendiguez y esto es una vergüenza para nosotros. Ella es una heroína, y si no fuera por su condición, se habría hecho célebre en todo el mundo. Sirvió a la Nación pero también a la provincia de Buenos Aires, empuñando el fusil, y atendiendo y asistiendo a los soldados enfermos.
Francisco Silveyra, diputado por Quilmes, Ensenada y Magdalena
Pero el diputado por la ciudad Manuel Hermenegildo Aguirre objetó entonces que aunque Del Valle hubiera rendido efectivamente esos servicios a la Nación, la Junta representaba a la provincia de Buenos Aires, no a la Nación, por lo que no correspondía acceder a lo solicitado. El diputado por la ciudad Diego Alcorta insistió entonces en que hacía falta presentar documentación respaldatoria con lo que el debate se tornó áspero. Ambos argumentos inhabilitaban pensiones que recibían otros soldados de su categoría.
El representante por Pilar y Exaltación de la Cruz Justo García Valdez refutó la objeción sobre las atribuciones, afirmando que el gobierno de la Provincia solo conseguiría parecer cruel e insensible si dejaba a la Nación la tarea de premiar tales servicios a la libertad.
Finalmente, en defensa del proyecto tomó entonces la palabra Tomás de Anchorena quien afirmó:
Efectivamente, esta es una mujer singular. Yo me hallaba de secretario del general Belgrano cuando esta mujer estaba en el ejército, y no había acción en la que ella pudiera tomar parte que no la tomase, y en unos términos que podía ponerse en competencia con el soldado más valiente; era la admiración del general, de los oficiales y de todos cuantos acompañaban al ejército. Ella en medio de ese valor tenía una virtud a toda prueba y presentaré un hecho que la manifiesta: el general Belgrano, creo que ha sido el general más riguroso, no permitió que siguiese ninguna mujer al ejército; y esta María Remedios del Valle era la única que tenía facultad para seguirlo. [...] Ella era el paño de lágrimas, sin el menor interés de jefes y oficiales. Yo los he oído a todos a voz pública, hacer elogios de esta mujer por esa oficiosidad y caridad con que cuidaba a los hombres en la desgracia y miseria en que quedaban después de una acción de guerra: sin piernas unos, y otros sin brazos, sin tener auxilios ni recursos para remediar sus dolencias. De esta clase era esta mujer. Si no me engaño el general Belgrano le dio el título de capitán del ejército. No tengo presente si fue en el Tucumán o en Salta, que después de esa sangrienta acción en que entre muertos y heridos quedaron 700 hombres sobre el campo, oí al mismo Belgrano ponderar la oficiosidad y el esmero de esta mujer en asistir a todos los heridos que ella podía socorrer. [...] Una mujer tan singular como ésta entre nosotros debe ser el objeto de la admiración de cada ciudadano, y adonde quiera que vaya debía ser recibida en brazos y auxiliada con preferencia a una general; porque véase cuánto se realza el mérito de esta mujer en su misma clase respecto a otra superior, porque precisamente esta misma calidad es la que más la recomienda.
Tomás de Anchorena
Luego de un arduo debate se decidió otorgarle «el sueldo correspondiente al grado de capitán de infantería, que se le abonará desde el 15 de marzo de 1827 en que inició su solicitud ante el Gobierno». A pedido del diputado por la ciudad Ceferino Lagos se votó crear una comisión que «componga una biografía de esta mujer y se mande a imprimir y publicar en los periódicos, que se haga un monumento y que la comisión presente el diseño de él y el presupuesto».
Los diputados votaron el otorgamiento de una pensión de 30 pesos, desde el mismo día que María Remedios del Valle la había pedido (sin pagarle retroactivos por todos los meses en que no había cobrado nada). Para tener una idea de la escasa generosidad para con una heroína revolucionaria, vale precisar que una lavandera ganaba 20 pesos al mes, mientras que el gobernador cobraba 666 pesos. La libra de aceite rondaba 1,45 pesos, la libra de carne 2 pesos y la libra de yerba 0,70 pesos. A María Remedios le otorgaron 1 peso al día.
El 28 de julio de 1828 el expediente fue pasado a la Contaduría General y el 21 de noviembre de 1829, Del Valle fue ascendida a sargenta mayor de caballería. El 29 de enero de 1830 fue incluida en la Plana Mayor del Cuerpo de Inválidos con el sueldo íntegro de su clase. Entre enero y abril de 1832 y entre el 16 de abril de 1833 y el 16 de abril de 1835, figuró en listas con sueldo doble.
El 16 de abril de 1835 fue destinada por decreto de Juan Manuel de Rosas (que el 7 de marzo de 1835 había asumido su segundo mandato como gobernador de Buenos Aires) a la plana mayor activa con su jerarquía de sargento mayor. Le aumentó su pensión de 30 pesos en más del 600 %. En la lista de pensiones de noviembre de 1836 María Remedios del Valle figura con el nombre de Remedios Rosas (quizá por gratitud hacia el gobernador que la sacó de la miseria). En la lista del 28 de octubre de 1847 aparece su último recibo, de una pensión de 216 pesos.
En la lista del 8 de noviembre de 1847, una nota indica que «el mayor de caballería Dña. Remedios Rosas falleció»
Homenajes
Por iniciativa de Octavio Sergio Pico ―presidente del Consejo Nacional de Educación durante el gobierno de Agustín Pedro Justo―, una calle de la ciudad de Buenos Aires lleva su nombre. También una escuela de Buenos Aires lleva el nombre «Capitana María Remedios del Valle» en su honor.
El 26 de mayo de 2010, en la sesión de la Cámara de Diputados de homenaje al Bicentenario de Argentina, las diputadas Cecilia Merchán y Victoria Donda presentaron un proyecto de ley para construir un monumento en honor a Del Valle.