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miércoles, 16 de agosto de 2023

MARTA MINUJÍN


La reina del arte pop. Cada vez más celebrada internacionalmente, a los 80 años Marta Minujín no se detiene: “Me podría presentar al Nobel”
La mujer emblema de “la generación del Di Tella” y amiga de Andy Warhol dice que hoy sólo se hace arte para vender, y recuerda que cuando hizo La Menesunda, en la tapa de una revista titularon: “¿Loca o tarada?”
Luciano Román
Marta Minujín acaba de volver de Brasil, donde su obra es celebrada con admiración, y tiene listas las valijas para exponer en Nueva York.
En el barrio porteño de San Cristóbal hay una puerta que conecta con otra dimensión. Cuando se abre, empieza un territorio sin fronteras, donde los colores arman una fiesta, las telas se entrelazan en relatos mágicos, las fotos evocan tiempos de experimentación y vanguardia y la escultura dialoga con los cuadros, los colchones pintados, las figuras inflables y hasta un viejo Citröen tapizado de botones. Detrás de aquella puerta funciona el estudio-taller de Marta Minujín. Es un espacio moderno y luminoso cobijado por una antigua casona familiar donde vivieron sus abuelos y donde Marta nació. Esa combinación de raíces y ruptura, de pasado y de futuro, representa, de algún modo, el arte inclasificable de Minujín.
La escenografía funciona también como un espejo. En esa diversidad de técnicas y colores se reflejan un espíritu rebelde y una personalidad ecléctica que nunca ha dejado de explorar y de correr los límites. Hoy, a sus 80 años, Marta transmite la energía y la vitalidad de siempre. Habla el lenguaje de la creatividad, pero también del entusiasmo. Se refugia en el arte para mitigar las ausencias y dolores. Mira siempre hacia adelante, con un sentido de trascendencia que ella prefiere nombrar de otra manera: “eternidad”.
La artista se atrevió a romper el molde, y lo hizo sin red, a puro riesgo. “Me gritaban loca por la calle”, contará en esta entrevista
La biografía clásica dirá que Marta Minujín es una de las artistas plásticas más destacadas de la Argentina contemporánea. Es una figura central del arte pop y conceptual, que introdujo en la década del sesenta el formato del happening y el arte efímero. Se atrevió a romper el molde, y lo hizo sin red, a puro riesgo. “Me gritaban loca por la calle”, contará en esta entrevista. Su sello ha quedado marcado en obras como La Menesunda, El Partenón de los libros prohibidos, El Obelisco de pan dulce y las esculturas de colchones. Hizo que el espectador se metiera en la obra e interactuara con ella. Y construyó, así, un “arte vivo” que se desarrolla en una experiencia que conjuga los sentidos.
Fue emblema de “la generación del Di Tella”, amiga de Andy Warhol e incansable trotamundos. El éxito, en términos convencionales, se demoró en un camino arduo y plagado de obstáculos. Hoy es una figura consagrada, tanto acá como en el mundo. Acaba de volver de Brasil, donde su obra es celebrada con admiración, y tiene listas las valijas para exponer en Nueva York. Podría descansar en una trayectoria que ya alcanzó la cima. Pero todos los días se sienta en su taller y vuelve a empezar. El último tramo de su obra es un registro de la pandemia, desde los meses de encierro hasta la irrupción de la vacuna. Ahora trabaja, con talento artesanal, en una obra que se llama Endemia, la guerra y mil cosas más, que alude al fin de la pandemia, a la invasión rusa a Ucrania y a las desventuras cotidianas de un país del que se ha ido, pero al que siempre ha vuelto. En las horas de trabajo y creación no escucha música, sino noticias. Su arte se nutre de la realidad. Y en el dorso de los bastidores, detrás de cada cuadro, hay una constelación de anotaciones: cifras, fechas, frases, sentimientos. Sus cuadros guardan, así, un mapa secreto de datos que se reflejan en la parte visible de la obra.
Su estudio se encuentra en el barrio porteño de San Cristóbal
¿Cómo se ve la Argentina desde esa cabeza única? ¿Cómo se le ponen palabras a esa historia que rompió moldes en el arte y la cultura? Esta conversación trata de responder esas preguntas. Marta pone una sola condición: “tuteame”.
–Tu nombre es sinónimo de vanguardia y de ruptura; también de un espíritu de rebeldía y de innovación. En la Argentina de hoy, ¿se mantiene o se ha desdibujado ese espíritu asociado al arte y a la cultura en general? ¿El arte se ha vuelto más conformista, más previsible?
–Se ha vuelto más comercial, y eso es terrible. El hecho de que existan las ferias de productos artísticos ha desnaturalizado mucho ese espíritu. Ahora nadie quiere ser como Van Gogh (que murió pobre) o como aquellos pintores románticos que jamás vendieron nada. Yo de chica me creía Van Gogh, y nunca vendí nada hasta los 41 años. Cuando empecé a hacer las esculturas, en Colombia vendí por primera vez. Después vendí en New York. Hoy todos quieren plata. Y los artistas jóvenes argentinos venden muy bien; venden carísimo y muchísimo.
–¿Y eso atenta contra la creatividad? ¿Se asumen menos riesgos en el arte?
–Yo creo que sí. Hay una carrera por representar lo novedoso, pero sin pensar en el arte por el arte mismo. Nadie quiere morirse de hambre, como yo me morí de hambre en París y en New York, cuando vivía para el arte, pero no tenía para comer.
–¿En qué te marcó aquella experiencia de la bohemia y el hambre en París?
–No lo volvería a hacer, porque fue cruel. Alquilaba a medias con un español; dormí en bolsa-cama tres años, sin baño y sin agua caliente. Al baño iba en la esquina, y me bañaba en los baños turcos. Tuve una beca por tres años, y ahí fue donde empecé a pintar colchones. Los arrastraba por la calle, los desinfectaba y los subía por las escaleras. Después volví a la Argentina y gané un premio con Revuélquese y viva. Con esa beca me fui a New York. Y después me salió otra, y otra… Gané 17 becas.
"Yo siempre hice arte para los demás. Ese fue el espíritu", dice Minujín
–Esa carrera forjada a través de las becas parece describir una cultura distinta a la que se ha terminado imponiendo en la Argentina, más asociada al subsidio que a la beca…
–Claro, ganarse una beca también es un trabajo bárbaro. Yo me ganaba una y ya me estaba presentando para la siguiente. Es todo muy burocrático: yo juntaba el currículum, las cartas de presentación… Lo hacía como un trabajo. La beca es por mérito, pero sobre todo es felicidad. Es como ganarte un premio. Ahora, por desgracia, ya no me puedo presentar a una beca, pero sería buenísimo. Me podría presentar al Nobel [se ríe], pero no hay un Nobel de artes plásticas.
–Hace cuarenta años, cuando en la Argentina se reestableció la democracia, hiciste una de tus obras emblemáticas: El Partenón de los libros prohibidos. Era un símbolo de un país que recuperaba la libertad. ¿Cómo recordás el clima de aquella Argentina que salía de la oscuridad?
–Bueno, eso lo hice absolutamente gratis, no gané un centavo. Pero fue parte del entusiasmo y la emoción de la gente por el final de la dictadura. Lo empecé a hacer con un permiso que me dio Pacho O’Donnell en una tarjetita. Todavía no había asumido [como secretario de Cultura del gobierno de Alfonsín], y me escribió una autorización para montarlo en Santa Fe y Nueve de Julio. Conseguimos la iluminación gratis; la gente que limpiaba, gratis; los libros los donaron las editoriales, que los habían tenido guardados en depósitos y sótanos. Yo propuse un Partenón, porque fueron los griegos los que inventaron la democracia. Y lo quise hacer con los libros, porque lo primero que prohíbe una dictadura son los libros, que son los vehículos de la inteligencia. La estructura de hierro se pagó con un aporte de 25 mil dólares que hizo el grupo Macri, que era del padre. Todo lo demás, lo conseguí gratis. Casualmente, fueron 30.000 libros, y después se dijo que habían sido 30.000 los desaparecidos.
–Si aquella obra representó la salida de la dictadura, ¿cuál sería “El Partenón” del momento actual, en los cuarenta años de la democracia?
–Sigue siendo lo mismo, porque todavía hay libros prohibidos en Latinoamérica. En Venezuela, por ejemplo, hay libros prohibidos. En Ecuador también. Entonces, en un nuevo Partenón yo uniría a Latinoamérica. A lo mejor lo hago este año, y si no será el próximo.
"Yo de chica me creía Van Gogh, y nunca vendí nada hasta los 41 años. Cuando empecé a hacer las esculturas, en Colombia vendí por primera vez. Después vendí en New York. Hoy todos quieren plata", reconoce.
–¿Qué diferencias ves entre aquella Argentina que se reencontraba con sus libros prohibidos y la que vivimos hoy?
–Por empezar, no hay miedo. Hay miedo a que te roben en la calle, pero no a un gobierno que te venga a perseguir por lo que hacés. Seguimos viviendo en democracia. Si le va mal al país, es por la mala organización de ciertos grupos que no han sabido manejar las cosas. Hoy ves que la economía es un desastre, el dólar está carísimo, los turistas vienen y se llevan todo porque es regalado para ellos…
–¿Y con qué estado de ánimo ves a la Argentina?
–La veo con tristeza. La verdad es que no estamos bien. Era un país mucho más rico, que ha ido perdiendo lo que tenía…
–Muchos jóvenes hoy imaginan el futuro fuera del país…
–Y tienen razón. Si acá los paran en todo. No les alcanza la plata, y ven que la educación es mejor en otros países. Los que pueden, se quieren ir a estudiar y hacer un master afuera. Los médicos, por ejemplo, no ganan nada. Los músicos menos. Yo tengo dos nietos, y veo que a esa generación no le alcanza para tener casa propia. Yo me casé a los 18. ¿Hoy cuántos jóvenes, a los 26, viven todavía con los padres porque no pueden ni alquilar una casa?
–¿El arte también queda aplastado por la crisis económica, o hay una oportunidad en las crisis para la expresión artística?
–Se ve totalmente aplastado. Vas a comprar una pintura, y es carísimo. Y los bastidores… los materiales, en general, son muy costosos. Yo tengo suerte porque tengo financiamiento de empresas…
–¿En la Argentina hay una cultura de apoyo al arte desde el sector privado?
–Sí, la hay. La ley de mecenazgo [de la Ciudad], por ejemplo, es fantástica: ellos no pagan impuestos y ayudan a muchos artistas.
–Algunos referentes de la cultura, sin embargo, parecen buscar más el subsidio estatal…
–No sé. Yo no conozco ningún apoyo del Estado al artista. Solamente me gané el Premio a la Trayectoria, pero no te alcanza ni para vivir un mes.
"Primero está el arte, que es espiritual, y más abajo la política", reflexiona la artista de 80 años.
–Vos propusiste un arte en el que se desdibuja la frontera entre el espectador y la obra, pero vos misma te has convertido en una expresión de tu propio arte…
–Lo que yo hago es que la gente participe en la obra. Un pintor antes quería hacer un cuadro genial, que lo compraba un mecenas. Ahí el pintor casi desaparecía, salvo los impresionistas, que empezaron a destacarse con su personalidad. O Picasso o Dalí, que eran sujetos, pero a la vez objetos de arte. Con Dalí todo el mundo se quería sacar una foto, como si la estrella fuera su obra, pero también él. Y después apareció el rock and roll, con esas figuras totalmente libres que liberaban a la gente con sus conciertos. Yo vengo de ahí.
–Y tu forma de vestir, tu fisonomía singular, ¿forman parte de tu expresión artística?
–Yo creo que sí, porque no puedo ser de otra manera. Muchos me trataron de loca. Cuando hice La Menesunda, en tapa de Gente titularon “¿Loca o tarada?”. En serio… Me gritaban loca por la calle.
–¿Y eso te ofendía, te divertía o te resultaba indiferente?
–Me daba igual. Nada me iba a cambiar. Pero después me empezaron a amenazar ciertos grupos, como Tacuara, entonces me cambié totalmente, me puse sombrero y traje de caballero y me fui varios meses al Sur hasta que pasara todo eso…
–¿Has tratado de mantener cierta distancia de la política?
–Sí. Yo creo que primero está el arte, que es espiritual, y más abajo la política…
–Alguna vez dijiste que antes del arte está la ciencia…
–No, porque los científicos se equivocan dos por tres. El arte no se equivoca: es o no es. Einstein escribió la Teoría de la Relatividad sin ser científico. Pero lo bueno de la ciencia son los avances de la medicina, desde la anestesia hasta las vacunas. Hoy la gente vive mucho más que antes.
–Tu obra expresa una ambición y también una apuesta al futuro. Es una obra que ha apelado a la tecnología y a una constante evolución, más que a la permanencia y a lo estático. ¿Creés que eso refleja el clima general de esta época de la Argentina?
–Yo siempre hice arte para los demás. Ese fue el espíritu. Hoy, como te decía antes, se trabaja para las ferias de arte. Y no sé si hay un valor muy espiritual en eso.
"Yo no trabajo para la inmediatez sino para la eternidad", asegura la mujer emblema de “la generación del Di Tella”.
–En muchas de tus propuestas asumiste riesgos. Fueron cosas “atrevidas”, tal vez provocadoras. ¿Sentiste alguna vez que te habías “pasado de rosca”?
–Algo salió mal cuando hice el Obelisco de pan dulce, en el ‘79. En realidad, el Obelisco era como el pene de los militares, que estaba erguido a pesar de las guerras que armaron, y después se caía. Cuando una grúa gigante lo empezó a acostar, la gente se colgó brutalmente para agarrar los panes dulces, que en realidad eran falsos: había que cambiarlos por uno real en locales de Marcolla. Entonces, el Obelisco se desmoronó, vino la policía y empezó a tirar agua a la gente, como a plagas de langosta. Sacaron a todo el mundo volando. Después hubo que hacer el reparto de otra manera, pero terminó mal. Yo me tuve que subir una grúa y salir a las disparadas…
–¿Percibís que en otros países hay una mayor sensibilidad con el arte en el espacio público?
–Acá se valora mucho. El gran arte se valora siempre.
–Cada cuadro te lleva al menos un año de trabajo. Parece una excentricidad en un tiempo en el que todo queda atravesado por la inmediatez y por el vértigo…
–Pero yo no trabajo para la inmediatez sino para la eternidad. Yo sé que estos cuadros van a ir a parar a museos, no a colecciones privadas.
–¿Y qué mensaje te imaginás que van a transmitir estas obras en el futuro?
–Yo espero que muchos jóvenes puedan inspirarse en mi obra. Mis últimos cuadros, por ejemplo, van a ser un testimonio de la pandemia.
–Y el conjunto de tu obra, ¿de qué nos habla? ¿qué valores expresa?
–Mi obra es una invitación a vivir el arte. La gente que entra en el El batacazo (una performance que se montó por primera vez en 1966) y se tira por el tobogán, o camina por el Big Ben (Una instalación que hizo en Manchester en 2021), tiene una vivencia con el arte. Es un arte efímero, que toca la emoción y la razón.
–Esa articulación entre la emoción y la razón parece reflejada en tu propia experiencia familiar: estuviste sesenta años casada con un economista, y al menos desde el prejuicio, esa podría verse como una combinación difícil entre dos mundos antagónicos. En una época que exalta la polarización, también en esa historia se expresa algo simbólico…
–Eran dos mundos muy distintos, pero ese fue el gran equilibrio. Yo hice una performance hace cuatro años en El puente de la Mujer que se llamaba Find your equal (encuentra a tu igual). Ahora voy a hacer una que se va a llamar Find your opposite (encuentra a tu opuesto), porque los opuestos se complementan. Pero quedé devastada, porque me falta ese equilibrio [Juan Carlos Gómez Sabaini, su marido, murió en marzo de 2021]. Fue genial: yo no sabía nada de las cuentas, podía volar todo el tiempo. Y él podía volar conmigo.
–¿El arte ayuda frente al dolor y frente a las crisis? ¿Qué valor tiene en un momento de incertidumbre y desesperanza como el que atraviesa hoy a muchos argentinos?
–Yo digo que el arte puede producir momentos de paz. Hay que aprender a mirarlo y aprender a vivirlo. Vale la pena tomarse un momento de reflexión para conectarse con el arte. Este siempre fue un país con mucha cultura.
–¿Y creés que esa sensibilidad cultural ha declinado como consecuencia del deterioro de la Argentina?
–No, es un país cultural desde sus comienzos. Si no, estaríamos como Centroamérica, donde la pobreza también es conceptual.
–El arte puede ser, entonces, una defensa frente al desánimo colectivo…
–Sin duda. Hay que vivir en arte.

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miércoles, 23 de mayo de 2018

MARTA MINUJIN....ANÉCDOTAS

En 1963 realizó "La destrucción", su primer happening, en el que quemó todas las obras que había hecho en París Crédito: Gentileza Marta MinujínEn 1963 realizó "La destrucción", su primer happening, en el que quemó todas las obras que había hecho en París
El amor jamás fue conveniencia y sé perfectamente que en todo el mundo, de los millones de hombres que hubiese podido querer, hay uno solo al que realmente necesito, y es Bebe. Si tuviera que buscar la felicidad por el mundo entero, sé que la única posibilidad que tengo es la de estar junto a él. Pero desgraciadamente no es eso solo, sino esta maldita vocación tan fuerte que es imposible torcer, esconder, matar; pide, exige, demanda siempre, y me lleva para donde quiere. Por eso estoy en París".
Marta Minujín tenía apenas 18 años cuando escribió estas palabras, que muestran su costado más vulnerable. Bebe es el economista Juan Carlos Gómez Sabaini, su compañero durante seis décadas, el padre de Facundo y Gala. Es la persona con la que se casó en secreto a los 16 años, tras falsificar su documento, para poder viajar a la capital francesa. Y es, también, quien le enviaba desde Buenos Aires encomiendas con pinturas, alimento y abrigo para que ella pudiera iniciar la carrera que tanto soñaba.
Amor y fuego: el diario íntimo de Marta Minujín en París
Aquella adolescente estaba muy lejos aún de convertirse en la reina argentina del pop, la que llegaría a realizar una performance con Andy Warhol y a levantar su Partenón de libros en la prestigiosa Documenta de Kassel, el año pasado.
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"Por esa época me iba siempre de casa. Desaparecía. Mi hermano estaba enfermo de leucemia y mis padres estaban completamente dedicados a él. No sabían lo que yo hacía ni les importaba", recuerda sobre sus inicios en Tres inviernos en París. Diarios íntimos 1962-1964 (Reservoir), el primer volumen de una serie de memorias que acaba de presentar en la Feria del Libro, a cincuenta años del Mayo Francés. "Todos en mi familia decían que estaba loca -agrega-. Y yo me vestía de negro, veía todo mal, me angustiaba. Solía irme al puerto a dibujar los barcos rodeada por los ma
rineros. Otras veces traía vagabundos de la calle a casa para dibujarlos".Resultado de imagen para Marta Minujín en París
A fines de la década de 1950 conoció a Alberto Greco, comenzó a frecuentar el Bar Moderno y abandonó la carrera de Bellas Artes. "Fue gracias a Greco que me di cuenta de que ya había aprendido todo lo que necesitaba saber y que tenía que desaprenderlo -confiesa-. Tenía que romper con todo para sacar mi propio yo".
París se encargó de destruir el antiguo molde. "En ese viaje descubrí el color -recuerda-. Fue cuando volvía de la Bienal de Venecia, en 1962. De casualidad, pasé por una vidriera y quedé encandilada por una pollera rosa y turquesa. Ahí, viendo eso, algo se rompió en mí. ¡Era el pop! Empecé a inventar colchones y a pintarlos de colores vivos. Mi vida cambió por completo. Había descubierto la alegría, el humor, la diversión. Cambié mi forma de vestirme de un día para el otro".
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Al año siguiente realizó su primer happening, La destrucción, en el que quemó todas las obras realizadas hasta el momento. Tenía apenas veinte años, y la imaginación comenzaba a tomar de a poco las calles de la capital francesa. "Esa época, sin nada que comer ni abrigo para el frío, fue una de las más felices de mi vida -asegura Minujín-. Si hoy pudiera viajar en el tiempo iría a ese París de comienzos de los sesenta que me vio renacer".
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La "Brigitte Bardot argentina", como la llamaban, recibió algunos consejos: que se ubicara, que no le contara a nadie que pensaba volver a Buenos Aires y que se hiciera ver, hasta que algún crítico la conociera y le sirviera como puente para firmar un contrato en una galería. Muy rápido aprendió un truco que sería clave en la formación de su identidad artística: "Al mismo tiempo hay que exponer y hacer publicidad de una misma, mostrar la obra y la persona".
"Sé que algún día daré algo como pocos seres lo dan -escribió entonces-, siento una voz interior que me dice que tengo que seguir de cualquier forma, siempre buscando, tratando de crear algo que trascienda el tiempo"

C. Ch

lunes, 21 de mayo de 2018

FROZEN SEX....MARTA MINUJÍN PRESENTA

Marta Minujín en el taller de Washington donde produjo esta serie de obras en los años 70
Vuelve la muestra "Frozen Sex", que había sido prohibida en los 70
Cuando el sexo devino incertidumbre y muerte, Marta Minujín , singular y prolífica, dejó sus performances para pintar aquello que provocaba pánico. Estaba viviendo en Washington, donde -recuerda- besarse, darse la mano, tocarse o compartir un baño provocaban rechazo. Antes de que se conocieran las palabras Sida y HIV, y cuando en los círculos underground se hablaba de "peste rosa", Marta vio morir a muchos amigos gays que vivían en Estados Unidos.
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La muestra Frozen Sex se exhibe hasta julio en la galería Henrique Faria, Libertad 1630 
"En ese contexto terrorífico pensé que había que dignificar los órganos sexuales que estaban siendo demonizados", dijo la artista en la galería Henrique Faria , durante una recorrida con la prensa por su muestra "Frozen Sex", que incluye pinturas, dibujos y serigrafías que realizó a ritmo vertiginoso en 1973, en Washington. Denominadas "Frozen Erotisme", esas obras se expusieron en 1974 en la galería Hard Art de esa ciudad. Con gran cantidad de público, la inauguración incluyó performers y una stripper vestida de color rosa.
Como "Serie Erótica", estas pinturas ya habían sido presentadas en noviembre de 1973 en la galería Arte Nuevo de Buenos Aires, pero la muestra apenas estuvo abierta 3 horas debido a que la policía la clausuró. Tras ese acto de censura, esta es la primera vez que las obras vuelven a exhibirse en nuestro país. Las pinturas de esta serie representan para Minujín el regreso a la pintura desde que a principios de los años sesenta dejó el estilo informalista para trabajar con piezas bidimensionales y ambientaciones.
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Para hacer estos "retratos anónimos" (no remiten al sexo de una persona en particular sino a una práctica social), Minujín trabajó con modelos vivos en su pequeño taller de Washington, donde había viajado desde Nueva York para encontrarse con su marido, que trabajaba en la Organización de los Estados Americanos (OEA).
Para sumergirse en el tema y conocer la oferta de sexo en los Estados Unidos, Minujín se adentró en la calle 42 de Nueva York y la 14 de Washington. Durante meses, recorrió la zona roja y se hizo muy amiga de varias prostitutas. Además, mientras trabajaba en esta serie estuvo muy influenciada por la lectura de El erotismo, de Georges Bataille.
Minujín, ayer, durante la primera recorrida por la muestra 
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En Estados Unidos, Minujín vio imágenes trágicas que la marcaron: aún no había medicamentos disponibles para el SIDA y los efectos de la enfermedad eran devastadores. "Se los trataba como leprosos: en el hospital, una vez ni siquiera me dejaron acercarme a darle la mano a un amigo que estaba internado", recuerda.
Había abandonado los pinceles en 1962, cuando realizó La destrucción, su primer happening en el que quemó todas las obras que había hecho hasta ese momento. En su caso, la vuelta a la pintura constituye un acto contestatario. "Quise dignificar los órganos sexuales, que son los de la reproducción y del placer; retratarlos como si fueran mágicos. Luego pensé en un erotismo subterráneo: sin darte cuenta la obra te va erotizando", señala la artista. Y agrega sobre el nombre de la serie: "Estas pinturas son como una comida congelada: la tenés en el living y se va descongelando en tu imaginación hasta volverse real".
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Se exponen pinturas, dibujos y serigrafías que Minujín realizó a ritmo vertiginoso en 1973
Con estas obras de tonos pasteles, Minujín puso en primerísimo plano escenas sexuales. Hay en sus composiciones frialdad: se trata de imágenes cuasi publicitarias, recurre a la síntesis formal. La artista se propuso pintar cuerpos humanos como si se tratara de "retratos o naturalezas muertas": no hay naturalismo en esos cuerpos cosificados. Tampoco incluye rostros, manos ni cruces de miradas. Cada pintura en como un close up de una escena sexual que remite a una práctica cultural despersonalizada, fragmentada, anónima, despojada de expresividad. Con paleta pop y en gran formato, las imágenes planas son contundentes, frontales, y al tiempo muy estetizantes. Minujín revitalizó el desnudo: en los años setenta puso en el centro de la escena el deseo desde la mirada femenina.

M. O.

viernes, 15 de diciembre de 2017

DESDE HOY; LA ESCULTURA DE LOS DESEOS....PEDÍ EL TUYO


Arte, arte, arte: Marta Minujín infla una escultura multicolor donde pedir un deseo
La artista más "disparatada" inaugura hoy en Alcorta y Salguero una nueva apuesta a la alegría, para terminar su año de éxitos
La Escultura de los deseos, de 15 metros de altura. 


De lejos parecen caramelos gigantes que flotan sobre el césped; de cerca, grandes globos multiformes superpuestos, que ofrecen la ilusión de traducir los deseos de los humanos en el lenguaje de canarios, ruiseñores, pechitos colorados, golondrinas o calandrias. La Escultura de los deseos, de 15 metros de altura, que Marta Minujín inaugura hoy, a las 12, en la Plaza Perú (Av. Figueroa Alcorta y Salguero), es su primera creación totalmente inflable. Y a ella, una exponente del arte contemporáneo argentino a nivel global, con más de medio siglo de trayectoria, esta obra la tiene fascinada.
"A diferencia de otras esculturas en las que tardo, tardo, tardo días y días, esta la pude imaginar en un minuto y, de pronto, la nueva tecnología la realiza. Se puede llevar a cualquier parte y siempre será una escultura viviente. Eso me maravilló", contó Minujín

ayer a la tarde mientras se "inflaba" la pieza, a la que le niega el estatus de escultura que su título proclama. "En realidad es una antiescultura, porque está llena de aire, es de plástico y de materiales absolutamente contemporáneos. Las esculturas siempre son sólidas, están fijas y no, como esta, alimentadas por motores. Esto es todo tecnológico".
La obra podrá verse hoy partir de las 12 en la Plaza Perú (Av. Figueroa Alcorta y Salguero).
En una jornada de tensión política y social, la artista comentó que haya o no paro hoy la "antiescultura" abrirá al público igual, porque "el arte no para". Y subió la apuesta: "Estoy segura de que si pusiéramos esta obra en la plaza del Congreso sería fascinante y todo sería más pacífico, porque el arte es pacifista". No es una novedad que el optimismo y la alegría son estandartes de Minujín. Aun cuando parezca fuera de lugar: "Soy como Dalí, que también era alegre. Todo era un disparate. Yo creo en el disparate y en el papelón. Es muy importante descolocar a la gente".
La nueva creación puede verse como una continuidad del Árbol de los deseos, que Minujín donó al gobierno porteño y que se instaló en la peatonal Florida hace unos años para esta época del año y fue vandalizada. Esta vez, la administración de la ciudad le cede el espacio público y Tarjeta Naranja financia su aventura.
Está sostenida sólo con tensores, permite ser transitada en su interior y cuenta con un dispositivo por el cual los visitantes pueden expresar un deseo ante un micrófono al momento de ingresar y escucharlo, al salir, "traducido" en el canto de un pájaro. Recurso que alude al Túnel de los pájaros, obra que integraba el Laberinto Minujinda en el Centro Cultural Recoleta en 1985.
Diego Zagaría, diseñador industrial de Boreas Design, llevó los volúmenes imaginados por Minujín a la lona de nylon recubierta de PVC e imprimir el dibujo multicolor con el que fue creado, compartió el proceso de trabajo: "Fui al atelier de Marta, vi la escultura en una escala mucho menor, la modelé en tres dimensiones y la imprimimos. Todo un desafío".

Inspirada en una canción de quien fue uno de sus amigos, Jorge de la Vega, Minujín describe la obra "como diamantes en almíbar". Y en el año que plantó con gran repercusión su Partenón de libros prohibidos en Documenta de Kassel, agrega: "Quise jugar con lo que hacían los griegos, que buscaban la simetría. Yo busco la simetría asimétrica".
Cómo funciona
Dinámica
La Escultura de los deseos puede "visitarse" por dentro. En la entrada se pronuncia frente a un micrófono el anhelo y, al salir, se escuchará "traducido" por el canto de un pájaro.
Fotos
Un dispositivo permitirá al público tomarse una foto con la escultura, que estará a disposición sin costo para descargar en www.naranja.com.
Lugar y horarios
Estará en Av. Figueroa Alcorta 3400 hasta el próximo sábado 23; abierta de 11 a 20.


S. P.

sábado, 28 de octubre de 2017

MARTA MINUJÍN....ÚNICA



La artista siempre lleva puestos cinco anillos que tienen ojos de vidrio incrustados; no se separa de ellos porque, dice, la protegen de las malas energías

Marta Minujín tiene siete ojos. Con dos de ellos, los que oculta bajo sus gafas oscuras, ve sin ser vista. Los otros cinco, los que lleva incrustados en sus anillos, la protegen de la envidia y los celos ajenos. Sin ellos, dice, se sentiría desarmada. Toda una confesión. Una mujer fuerte y segura, que cree en su arte con una intensidad arrolladora, puede al mismo tiempo sentirse vulnerable.


Ella dice que es muy supersticiosa y que ya de joven, cuando era una artista veinteañera que cosechaba éxitos en Nueva York, tenía muchos odiadores que irradiaban sobre su persona energías negativas. Por eso, desde hace décadas neutraliza la mala onda con esos ojos de vidrio que miran fijo montados sobre una base de plata. Lleva dos en la mano derecha y tres en la izquierda, y cuando junta los puños para poner los cinco ojos en hilera con el fin de enseñártelos, te corre un frío por la espalda y aclarás sin que te lo pidan que no tenés intenciones de hacerle daño a nadie.
Los consiguió en Nueva York, en un negocio under de Greenwich Village llamado C'est Magnifique, frecuentado por músicos de rock, motoqueros de los Hell's Angels y toda clase de descastados. Lo atendía un hombre extraño que fabricaba con sus propias manos, allí mismo, los objetos inclasificables que vendía. Marta aclara que ésta es su segunda tanda de ojos. "Antes tenía seis, pero me los olvidé en el baño del Gran Rex, durante un concierto de rock, cuando me los saqué para lavarme las manos", dice. Imposible conocer el destino de esos ojos perdidos y el de la persona que los encontró.



A estos cinco ojos los lleva anillados a sus manos, día y noche, desde hace 30 años. Sólo se los saca para dormir. Los pierde en una baldosa y los vuelve a encontrar. No podría vivir sin ellos, dice, son su antídoto contra el mal de ojo. Pero piensa un segundo y agrega que lo que en verdad la protege de todo mal es el arte. Abre Instagram en su celular y en la pantalla desfilan las selfies que la gente sube desde Kassel, Alemania, sede de la muestra Documenta, con su monumental Partenón de libros prohibidos de fondo. "Todas las mañanas miro las fotos que van entrando. Me dan una energía muy grande. Esta es la mejor obra de mi vida y es muy difícil que la pueda superar. Volví a montarla en Kassel porque hoy el mundo está que arde."
-¿Hay mucha censura?

-Winnie de Pooh está prohibido en China. Y en Europa, por el terrorismo, todo el mundo vive con miedo. Esa es una forma de censura.
Con Minujín las cosas son rápidas. Uno quiere indagar sobre un punto y ella ya está en el siguiente. Se escapa. Uno la sigue y escucha: "Vivo pensando en el arte y en verdad eso es lo que me salva. Por eso no caigo en depresiones y estoy viva. Tengo un ojo que distingue lo que es arte".
Hay entonces un ojo del artista, arriesgo yo, y no es ninguno de esos cinco que lleva en las manos. Acaso, tampoco ninguno de los dos que esconde tras los anteojos oscuros. ¿Hacia dónde mira ese ojo del artista?, le pregunto. ¿Hacia adentro o hacia afuera?
-Hacia afuera -responde Minujín, sin dudar-. Es la realidad y la vida la que te sorprende. Es la gente la que te estimula. Del contacto con la realidad surgen las ideas.
La respuesta me recuerda lo que decía Renoir: jamás la imaginación del artista podrá igualar las infinitas formas que adopta la realidad. Se lo comento a Marta y ella se interesa. Pero enseguida está en otro lado, en otro asunto, lista para despedirse y salir a la calle con sus siete ojos, fuerte y vulnerable, dejando al periodista frente a su café frío en el bar Bogotá de la plaza Vicente López, solo y con una única certeza: es difícil asomarse al misterio de este mujer que desde hace décadas sorprende al mundo del arte.
H. M. G. 

martes, 27 de junio de 2017

DETALLES DEL PARTENÓN DE MARTA MINUJÍN EN KASSEL


El Partenón que Marta Minujín presentó al mundo , en la ciudad de Kassel (Alemania), durante la muestra de arte contemporáneo Documenta 14, encierra una biblioteca vergonzosa para la historia de la humanidad. Tal como lo fue la primera edición de ese "monumento", instalado en el centro porteño allá por 1983, poco después de la caída de la dictadura militar en la Argentina. Cada uno de los casi cien mil libros que harán de ladrillos en esos virtuales muros milenarios integró, o integra, elencos de títulos prohibidos en algún lugar del mundo y en algún momento de la historia.
Minujín y el prototipo que reeditará su obra de 1983.


Desde Buenos Aires se despacharon hacia Kassel seis mil volúmenes de unos trescientos títulos que comparten ese triste infortunio, donados por particulares y editoriales. Los más repetidos fueron El Principito (Saint-Exupéry) y El Príncipe (Maquiavelo). En el envío figuran clásicos de la literatura universal (Crimen y castigo, de Dostoievski; La guerra y la paz, de Tolstoi; La búsqueda de los absoluto, de Honoré de Balzac; La metamorfosis, de Franz Kafka) y obras de filósofos (Crítica de la razón pura, de Kant; Elogio de la locura, de Erasmo; Los siete libros de la sabiduría, de Séneca, y Más allá del bien y del mal, de Nietzsche); títulos publicados hace siglos y también muy recientes, como la saga best sellerCincuenta sombras de Gray de E.L. James. Viajaron novelas de autores argentinos (Osvaldo Soriano, Manuel Puig y Rodolfo Walsh), entre muchos otros latinoamericanos, como Mario Vargas Llosa, Pablo Neruda, Mario Benedetti y Jorge Amado.


¿Qué biblioteca guarda, entonces, la obra monumental de Minujín? Colaboradores de la artista compartieron  la nómina con unos 130 títulos enviados desde el país a Alemania. Consultado para responder a la pregunta del millón, el director de la Biblioteca Nacional revisó la lista, y en un primer vistazo confirmó su sospecha: "La censura es una historia paralela de la literatura. Para cada obra reconocida hay una obra censurada, y muchas veces son las mismas".
La misma invitación provocó en Javier Martínez, director general del Libro, Bibliotecas y Promoción de la Lectura del gobierno porteño, una reflexión: "Lo absurdo que tiene cualquier prohibición que restrinja la libre circulación del pensamiento, las ideas y los textos literarios. Muchos de estos escritores han dejado una huella en la historia de la literatura y el pensamiento universal".
¿Se perciben elementos o temas en común? "Sólo que son la expresión de una cierta idea -opinó Manguel-, y toda idea lleva implícita su negación. Decir «la Tierra es redonda» supone a alguien (Trump quizá) que dirá «no, la Tierra es chata». La censura lleva como consigna aquella frase de cierta farsa española: «De qué se trata, que me opongo»." Martínez, en cambio, vislumbra y enumera varios ejes que atraviesan esta hipotética biblioteca, como "la infidelidad, la resistencia al paso del tiempo, la fantasía, la crítica a la burocracia, el desafío al orden establecido y el concepto de libertad".
Reunidos y expuestos ante el mundo, los ejemplares del Partenón de libros de Minujín constituyen una biblioteca que contiene varias secciones: literatura universal clásica, literatura hispanoamericana, ensayos y teoría política, psicología, y en la que "se podrían hacer varias clasificaciones y agrupaciones temáticas", según observó Martínez.

 Una biblioteca cuya característica esencial es "ser la sombra de otra, la de libros no mencionados y, así, doblemente condenados. La censura al menos los nombra, que ya es un reconocimiento. Pero existe una biblioteca más profundamente oculta, la de los libros olvidados". Este razonamiento inspira a Manguel a proponer: "Quizá la próxima obra de Minujín podría ser una biblioteca de anaqueles vacíos".
Aprender de Atenas
Los volúmenes que se despacharon desde aquí fueron los depositados por los vecinos durante dos meses en contenedores ubicados en trece puntos estratégicos de la ciudad (como el C. C. Recoleta, el Mamba en San Telmo, el Teatro Colón en el centro y la Usina del Arte en La Boca). También se incluyeron textos donados por editoriales como De La Flor y Penguin Random House. Y otros tantos debieron descartarse porque no figuraban en las listas publicadas por los organizadores de documenta 14, suerte de fiscalizador de la convocatoria.


La nueva réplica del templo griego que Minujín levantó en la plaza Friedrichsplatz de Kassel -donde en mayo de 1933 los nazis quemaron dos mil libros- tendrá las mismas medidas del Partenón de la Acrópolis: 70 metros de largo por 30 de ancho y 20 de altura. Además de la Argentina, Alemania, Estados Unidos, Reino Unido, Francia y España, y bibliotecas, fundaciones, librerías de segunda mano y donantes individuales hicieron llegar su aporte. En Kassel se implementó un sistema de recolección similar al porteño y sumaron la recepción por vía postal. A juzgar por la artista, este Partenón "será un escándalo, una obra monumental de colaboración masiva que plantea aprender de Atenas, del hombre superándose a sí mismo, y de vivir en el arte".
Una instalación monumental
Cima del arte
El nuevo Partenón de libros prohibidos de Marta Minujín se levanta en el marco de Documenta 14, la importante muestra de arte contemporáneo quinquenal que abre el sábado en Kassel, Alemania.
100.000
Volúmenes de seis países
Minujín propuso esa cantidad en alusión a los cien días que dura la exposición. Vienen de Alemania, EE. UU., Francia, España, Reino Unido y la Argentina.

6000 


Enviados desde la Argentina
Durante dos meses los vecinos porteños depositaron sus donaciones en una decena de contenedores distribuidos por distintas zonas de la ciudad.
La lista de libros enviados desde Buenos Aires
Algunos de los títulos enviados desde Buenos Aires a Kassel para el Partenón de libros prohibidos, de Marta Minujín
El principito, Antoine de Saint Exupéry
Mocho y el espantapájaros, Alvaro Yunque
Death of a salesman, Arthur Miller
El código Da Vinci, Dan Brown
Crimen y castigo, Fiódor Dostoievsky
Fifty shades of Gray, E L James
50 sombras más oscuras, E L James
Crítica de la razón pura, Emmanuel Kant
Perros de la noche, Enrique Medina
Las tumbas, Enrique Medina
Elogio de la locura, Erasmo
La razón de mi vida, Eva Perón
Bodas de sangre, Federico García Lorca
Yo pronuncio tu nombre, Federico García Lorca
La casa de Bernarda alba, Federico García Lorca
Doña Rosita la soltera, Federico García Lorca
Obras completas 6, Federico García Lorca
Obras completas 2, Federico García Lorca
Sus mejores poemas, Federico García Lorca
Los reos, Federico Moreyra
Antología poética, Federico Moreyra
El castillo, Franz Kafka
El proceso, Franz Kafka
Un médico rural, Franz Kafka
Obras completas cuatro, Franz Kafka
La metamorfosis, Franz Kafka
Más allá del bien y del mal, Friedrich Nietzsche
El anticristo, Friedrich Nietzsche
Memoria de mis putas tristes, Gabriel García Márquez
Tala, Gabriela Mistral
1984, George Orwell
Fausto, Goethe
Madame Bovary, Gustavo Flaubert
La sed, Henri Bernstein
Trópico de Capricornio, Henry Miller
Moby Dick, Hermann Melville
La búsqueda de lo absoluto, Honoré de Balzac
Eugenia Grandet, Honoré de Balzac
La búsqueda de lo absoluto, Honoré de Balzac
El Che Guevara, Hugo Gambini
La casa de los espíritus, Isabel Allende
El capitán de ultramar, Jorge Amado
Tocaia Grande. Su cara oscura, Jorge Amado
Doña flor y sus dos maridos, Jorge amado
Gabriela, clavo y canela, Jorge Amado
El manifiesto comunista, Karl Marx
Fatalidad, Knut Hamsun
Alicia en el país de las maravillas, Lewis Carroll
La llamada de la selva, London Jack
The Buenos Aires affair, Manuel Puig
Obras cuatro, Mao Tse Tung
Obras seis, Mao Tse Tung
El príncipe, Maquiavelo
En busca del tiempo perdido, Marcel Proust
Dailan Kifki, María Elena Walsh
Gracias por el fuego, Mario Benedetti
La ciudad y los perros, Mario Vargas llosa
Lituma en los Andes, Mario Vargas Llos
Los jefes, Mario Vargas Llosa
Las aventuras de Huckleberry Finn, Mark Twain
Las aventuras de Tom Sawyer, Mark Twain
La filosofía en el tocador, Marqués de Sade
Frankenstein, Mary Shelley
Dillinguer, Mauticio Brezieres
Entremeses, Miguel Cervantes
La ilustre fregona, Miguel de Cervantes
La insoportable levedad del ser, Milan Kundera
Tartufo, Moliere
Letres Persanes, Montesqieu
La estrella roja sobre Cuba, Natahaniel Weil
El príncipe, Nicolás Maquiavelo
Snow, Ohran Pamuk
El fantasma de Canterville, Oscar Wilde
El retrato de Dorian Gray, Oscar Wilde
Triste, solitario y final, Osvaldo Soriano
No habrá más penas ni olvido, Osvaldo Soriano
Tercera residencia, Pablo Neruda

eronika decide morir, Paulo Coelho
El alquimista, Paulo Coelho
Palabras esenciales, Paulo Coelho
Cazador de espías, Peter Wrigth
Muchachos de la calle, Pierre Paolo Pasolini
The Buenos Aires Affair, Puig Manuel
Mussolini al desnudo, R. Mussolini
Fahrenheit 451, Ray Bradbury
La playa de Falesa, Robert Louis Stevenson
La isla de las voces, Robert Louis Stevenson
Cuentos de los mares del sur, Robert Louis Stevenson
El hombre y la bestia, Robert Luis Stevenson
Los oficios terrestres, Rodolfo Walsh
El contrato social, Rousseau
El libro de la selva, Rudiard Kipling
The great Gatsby, Scott Fitzgerald
Los siete libros de la sabiduria, Séneca
Obras completas tomo 1, Sigmund Freud
Obras completas tomo 2, Sigmund Freud
Obras completas tomo 3, Sigmund Freud
Obras completas tomo 4, Sigmund Freud
Obras completas tomo 5, Sigmund Freud
Obras completas tomo 6, Sigmund Freud
Obras completas tomo 7, Sigmund Freud
Main Street, Sinclair Lewis
Los enigmas, Sor Juana Inés de la Cruz
La tragedia de una vida, Stefan Zeig
Jung gnóstico, Stephan Hoeller
La isla del tesoro, Stevenson
Los hombres que no amaban a las mujeres, Stieg Larsson
La muerte en Venecia, Thomas Mann
La sonata a Kreusser, León Tolstói
Guerra y paz, León Tolstói
La muerte de Ivan Ilich, León Tolstói
La novela de Perón, Tomás Eloy Martínez
Leviatán, Tomás Hobbes
La revolucion permanente, León Trotsky
A sangre fría, Truman Capote
Mrs Dalloway, Virginia Woolf
Lolita, Vladimir Nabokov
Cándido, Voltaire
Hojas de hierba, Walt Whitman
Shanghai, BabyWei hui
Horizonte azul, Wilbur Smith

lunes, 19 de junio de 2017

EL PARTENÓN DE MINUJÍN EN ALEMANIA



IVÁN PETRELLA
En un mundo complejo como el que nos toca vivir, un símbolo de la democracia argentina aterriza en el corazón de Europa: un nuevo Partenón de Marta Minujín, pero esta vez en Kassel, Alemania, en el marco de la prestigiosa feria Documenta, que se inaugura pasado mañana. Es importante que una obra que nació como expresión del retorno de la democracia a la Argentina hoy sirva para reflexionar sobre la situación de la democracia en el mundo occidental.


El Partenón original de Marta Minujín fue realizado en 1983 en la avenida 9 de Julio. Pertenecía a una serie titulada "La caída de los mitos universales", con el concepto de apropiarse culturalmente de monumentos, replicarlos y repensarlos a la luz del público y el contexto presente. En esa Argentina que dejaba atrás la dictadura, Minujín se hacia dueña de un símbolo típicamente griego y asociado con Atenas, la cuna de la democracia, para darle un nuevo significado: reconstruirlo con 30.000 libros prohibidos, con todo el peso histórico y simbólico que el número conlleva. Ahora, en 2017, Minujín propone en Europa un nuevo ejercicio de apropiación, una reinvención que responde a un mundo que no para de cambiar y de presentar desafíos. El lugar, en esta ocasión, es la Friedrichplatz de Kassel, donde el 19 de mayo de 1933 ocurrió una enorme quema de libros.


Separados por más de treinta años, hay una diferencia sustancial entre el contexto en el cual se dan las dos intervenciones de Minujín. En la Argentina de principios de los 80, el Partenón de libros aparecía como un ejercicio de construcción que miraba al futuro, a una democracia que daba sus primeros pasos y tenía todo por delante. En el contexto europeo, en cambio, el Partenón ahora sirve para interrogar a una democracia occidental que se enfrenta a un gran número de preguntas en cuanto a su futuro. ¿Qué significan las descomposiciones de procesos de integración como el Brexit o las victorias de los outsiders como Trump? ¿Cómo pensar y seguir construyendo la esfera pública ante un presente de terrorismo? ¿Cómo se relacionan los valores occidentales con la crisis de los refugiados, los migrantes y el cambio climático?
Como en 1983, la materia misma de la obra está en el centro de la escena: una estructura que se llena con libros prohibidos no ahora de la dictadura argentina sino de todo el mundo. Los libros son donados y cada donante pone su correo electrónico adentro, así cuando la obra se desarma y los libros se reparten pueden aparecer conexiones y relaciones entre donante y receptor. En esta dimensión, que apela a un mundo hiperconectado, el Partenón aparece como una intervención pública colectiva. Como sucede en democracia, todo de alguna manera lo hacemos todos y vuelve a todos, un recordatorio de nuestra enorme responsabilidad en la construcción del futuro.


Parte del rol central del arte y de la cultura consiste en interpretar el clima de época y en poner en evidencia problemáticas centrales, pero muchas veces invisibles, de nuestras sociedades. En ese ejercicio de captar la tensión y expresarla para que todos la vean irrumpe esa capacidad fenomenal del artista. En esta ocasión, es motivo de orgullo que la irrupción en el foco global sea realizada por una artista argentina y que en el escenario aparezca el Partenón de libros, un reflejo a la altura de todo lo que los argentinos tenemos para decir y reflexionar, mirando al pasado y al futuro, sobre la democracia.
Secretario de Integración Federal y Cooperación Internacional del Ministerio de Cultura de la Nación

jueves, 24 de noviembre de 2016

MARTA MINUJÍN SUPERPREMIADA


El Velázquez premia a Marta Minujín, maestra argentina del arte efímero
La larga trayectoria de la artista, aún muy activa, incluye un simbólico pago de la deuda externa con mazorcas de maíz que hizo con Andy Warhol
La artista Marta Minujín, hoy en su estudio de Buenos Aires.

Marta Minujín, la más conocida y popular artista argentina contemporánea, está en plena forma. A sus 73 años, sigue hiperactiva con varios proyectos a la vez, pero recibe eufórica la noticia de que el ministerio de Cultura español le ha concedido el premio Velázquez de las Artes Plásticas de 2016. “Estoy feliz, han premiado la rebeldía, y eso no es fácil”, cuenta. Minujín lleva toda una vida concentrada en el arte efímero, en los happenings y grandes montajes pensados para romper esquemas. Desde uno que hizo en 1985 con Andy Warhol, al que le pagaba simbólicamente la deuda externa argentina con mazorcas de maíz, al último que está preparando en Alemania con 100.000 libros prohibidos por algún régimen con los que construirá un Partenón casi a tamaño natural. 

Es imposible moverse en el mundo artístico de Buenos Aires, una ciudad adicta a la cultura en todas sus formas, sin cruzarse con Marta Minujín. La prolífica artista siempre está en todas partes. Y destaca con su sonrisa eterna y sus inconfundibles trajes de varios colores o sus gafas exóticas. Tiene una legión de fans y casi cada cosa que hace arrastra multitudes. Pero no siempre fue así. Minujín recuerda ahora que en su larga trayectoria hubo momentos muy difíciles: “Todo el mundo decía que estaba loca. 

Cuando hice el Obelisco de pan dulce o el Gardel de fuego, me dijeron de todo. Siempre rompía, pero es que eso es el arte para mí. Empecé a los 10 años y siempre hice cosas diferentes, por eso es tan importante este premio. No lo puedo creer, es fantástico, nunca pensé que llegaría. Es difícil premiar lo insólito, lo que no sigue los cánones. Además, son 100.000 euros, eso ayuda mucho a seguir haciendo arte, yo pasé las mil antes de llegar acá”, señala.
El obelisco de pan dulce que ahora recuerda es una obra colosal de Minujín que instaló por primera vez en 1978. El obelisco es el gran símbolo de Buenos Aires, el lugar donde se celebra todo, incluidas las victorias de la selección argentina. Está en el corazón de la ciudad, en la Avenida 9 de julio. La artista hizo una réplica de 36 metros de altura (el original mide 68) con 10.000 paquetes de pan dulce, similar al panettone italiano. Al terminar la exposición, los dulces se distribuían entre el público, algo habitual en toda su obra.


El Carlos Gardel de fuego del que habla también fue muy polémico. En 1981, en la bienal de Medellín, la artista plantó una estructura de hierro de 17 metros de alto recubierta de algodón que representaba al cantante de tango. Después le prendió fuego.
La artista vivió muchos años a caballo entre Buenos Aires y Nueva York, donde llegó en 1966 tras ganar una beca Guggenheim. Allí fue un personaje reconocido y amiga de Warhol. A su regreso formó parte la movida del Instituto Di Tella, cuna de grandes artistas argentinos de vanguardia. Ahora está instalada en su ciudad, donde sigue con su estudio de siempre en el barrio de San Cristóbal, muy cerca del centro histórico de la capital. “Warhol era genial, divino. Fue fantástico lo que hicimos con él”, recuerda. “Yo le llevé a The Factory mil choclos que había pintado de naranja. Nos pusimos sobre unas sillas y yo le entregaba los choclos como pago de la deuda externa argentina. Dimos vueltas sobre unas sillas y nos hicieron 12 fotos, aunque solo se conservan seis, las otras se perdieron. Yo creo que la deuda externa debería estar pagada hasta el día de hoy porque le dimos de comer al mundo, fuimos su granero”, cuenta la artista. 


La idea sigue tan vigente que ahora va a reinventarla pero para Grecia. “El 8 de abril en Atenas voy a hacer un pago de la deuda externa griega con aceitunas. Lo voy a hacer con alguien muy conocido que todavía no puedo contar. También en el 96 hice un pago a una doble de Thatcher por las Malvinas porque ella no quiso”. Ahora trabaja a tope para el Partenón con libros prohibidos en Kassel, versión de uno que hizo en Buenos Aires en 1983, tras la recuperación de la democracia, con textos vetados por la dictadura. En la Friedrichsplatz de Kassel, donde se instalará la obra, el 19 de mayo de 1933, en una acción llamada “Aktion wider den undeutschen Geist” (Campaña en contra del espíritu no-germano), los Nazis quemaron unos 2.000 libros. Al desmontar la obra, los libros son regalados al público. 


El arte argentino, que tiene en Minujin a uno de sus mayores exponentes y en el Malba a su gran referente (, es el gran protagonista de la edición de este año de Arco. El presidente argentino, Mauricio Macri, tiene previsto viajar a España para esta exposición.
Minujín cuenta con un público fiel en Argentina. En el cierre de la I Bienal de Performance de Buenos Aires, celebrada a mitad de 2015, reunió a centenares de personas en el Puente de la Mujer para que encontraran a su alma gemela con una aplicación telefónica creada para la ocasión. Los asistentes, vestidos de blanco y con un espejo, buscaron a su igual mientras la artista hacía llover pétalos sobre ellos desde un helicóptero.


La artista plástica se distingue también por sus frecuentes intervenciones en la vía pública con obras de grandes dimensiones. En 2011 inauguró una Torre de Babel en una plaza de Buenos Aires con 30.000 libros procedentes de todo el mundo y dos años después usó el mismo material para construir una Ágora de la Paz en el barrio porteño de Palermo. Como siempre, los libros se regalaron al público. “Yo vivo en arte, nunca estudié nada, esta es mi vida. Y voy a seguir rompiendo hasta el final. Mi muerte también va a ser una obra de arte, ya lo tengo pensado”, avanza. De momento sigue hiperactiva como siempre y ahora celebrando premios inesperados. 

E de D.