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viernes, 31 de julio de 2020

PABLO SIRVEN OPINA,


Alberto, el lábil, y una anomalía institucional
Pablo Sirvén fue contra periodista que investigó aportes truchos ...
Pablo Sirvén
Cada vez que el Presidente quiere ir al centro, Cristina lo atrae a su extremo
En las antípodas de Leandro N. Alem, Alberto Fernández está dispuesto a doblar todas las veces que sea necesario con tal de no precipitar un cisma en el seno del Frente de Todos. Recordar siempre: el actual presidente accedió a su curiosa victoria en virtud de una seria anomalía institucional, ya que fue nominado a dedo por su jefa política, que se reservó para sí un papel formalmente secundario como vice (pero nada insignificante en lo informal, como se puede apreciar cada vez más). Esa anomalía quedó expuesta, como nunca en estos días, a singulares presiones.
Alem, fundador de la Unión Cívica Radical, se suicidó en 1896 y su carta póstuma incluyó esa frase –“Que se rompa, pero que no se doble”– que ha sido bandera de sus correligionarios más intransigentes hasta el día de hoy, aunque la historia demuestra que también la UCR ha preferido doblar todas las veces que fuese necesario con tal de no desaparecer.
El problema es que Fernández quiere doblar a la izquierda y a la derecha al mismo tiempo. Avala el impuesto a la riqueza solo cuando Horacio Verbitsky o los de C5N lo aprietan, deja correr a Fernanda Vallejos con su iniciativa de avanzar sobre las acciones de las empresas que reciben ayuda del Estado por la pandemia y luego la califica de “idea loca”. Recibe a los empresarios y a continuación anuncia la expropiación de Vicentin, pero luego comunica que se equivocó porque pensó que “todos iban a salir a festejar” (¿el mundial de Vicentin?) y vuelve para atrás. Con Venezuela, otro tanto: siendo candidato, Fernández dijo que ese país tenía “un gobierno autoritario muy difícil de defender”, lo que determinó una destemplada réplica de Diosdado Cabello (“No vaya a creer que lo están eligiendo porque es él”), luego adoptó una postura de no confrontación y de apoyo incómodo a la distancia (parecido al que tenía Uruguay cuando gobernaba el Frente Amplio), expresa “preocupación” en la ONU por los derechos humanos en Venezuela, para terminar este jueves reconociéndole a Nicolás Maduro total legitimidad con tal de que el relator uruguayo Víctor Hugo Morales deje de tirarle de las orejas y de reprenderlo como a un niño. Es la vocación del Presidente por complacer a todos, todas y todes, tal como le gusta decir.
Si no se puede doblar al mismo tiempo a la izquierda y a la derecha, tampoco es posible hacer marchar un mismo bife de chorizo cocido, a punto y jugoso. Pero dada la naturaleza volátil que Fernández demuestra, no sería raro que lo intentara al ir a comer a una parrilla. No confundir: no se trata de una persona dubitativa, que no se decide entre una postura y otra. Es más complejo: pretende sostener ambas en paralelo, para complacer la preferencia del interlocutor que tiene enfrente. Tal vez sea una deformación de sus tiempos de armador de candidatos y fórmulas en el afán de limar diferencias entre posturas incompatibles. Así parió al kirchnerismo, junto con Néstor Kirchner, en 2003.
El problema es que ahora le toca decidir y el bamboleo, la fluctuación constante, solo produce gran productividad en el sector informativo, en tanto que en una mayoría de rubros productivos genera parálisis o, al menos, incertidumbre y perplejidad. Por una razón muy sencilla: ¿el modelo económico que persigue el Presidente es el que intentó plasmar en la foto del 9 de julio junto con los empresarios, los gobernadores y el titular de la CGT (una suerte de recreación del “pacto social” del peronismo setentista) o se busca desplazar a esos grandes jugadores de la economía para reemplazarlos por una nueva “burguesía nacional” conformada por el empresariado cautivo y prohijada bajo el ala kirchnerista desde que Lázaro Báez pasó de ser un simple empleado bancario a un potentado de la obra pública? Esto último es lo que, evidentemente, más interesó a Cristina Kirchner del artículo de Página 12 que retuiteó con tanto entusiasmo.
Como en las tragedias griegas, Cristina Kirchner oficia de corifeo, y luego hay un coro que la replica con diversas intensidades (Hebe de Bonafini, Nora Cortiñas, Anabel Fernández Sagasti y los voceros comunicacionales en los medios afines y en las ásperas redes sociales).
Durante los cuatro años del gobierno de Mauricio Macri, Bonafini no dejó de despotricar cada sábado desde la TV Pública, pero su palabra no tenía incidencia política. ¿Por qué recobró tamaña importancia en la semana que pasó hasta el punto de que el Presidente se tomó el trabajo de llamarla y de producir una respuesta por escrito? Porque la titular de Madres de Plaza de Mayo, aunque haya salido a hablar por su exclusiva voluntad, era empujada por el eco de la movida altisonante de la supervicepresidenta. Ídem con otras declaraciones en cascada en la misma dirección, “fuego amigo” que Agustín Rossi y Andrés Larroque se sintieron en la necesidad de morigerar en defensa del lábil Alberto Fernández.
Otra ocurrente novedad de estos días: empiezan a forjar de a poco el perfil de un Máximo Kirchner más dialoguista y amplio, en contraste con el jacobino de su madre. Ya lo decía el químico Antoine-laurent Lavoisier en el siglo XVIII: “Nada se pierde; todo se transforma”.

jueves, 23 de julio de 2020

PABLO SIRVEN OPINA,


Venezuela ya llegó y vive en el conurbano
Pablo Sirvén fue contra periodista que investigó aportes truchos ...
Pablo Sirvén 
Al purgar su pena recientemente, un narco quiso redimirse de su pasado tenebroso y aceptó trabajar en una remisería del Gran Buenos Aires. La fortuna no estuvo de su lado: la cuarentena lo privó de los viajes que tiempos más normales le hubiesen deparado. Pero el instinto de sobrevivir es más fuerte y el hombre ahora genera ingresos uniendo su expertise anterior con su nuevo oficio: hace delivery para transas. Los que caminan los cuatro kilómetros de la Feria del Olimpo, que van de Ingeniero Budge a Esteban Echeverría, aseguran que allí es posible conseguir desde un ataúd hasta un bebé. En medio de lodazales y carencias lacerantes, un capitalismo clandestino y primitivo se abre paso con sus propios capangas, esclavos y víctimas.
Bienvenidos al tenebroso conurbano, la fábrica de pobres más grande de la Argentina, donde volvió a crecer la inseguridad y se agregó el fantasma del Covid en plena trepada hacia el temido pico, con hospitales que se saturan y contagios en duplicación. El hacinamiento y rebuscárselas para no sucumbir implican salir a buscar el mango y no hay cuarentena que valga. Total, la culpa de todo la tienen los runners de Palermo (por ahora en receso). Saludos a Florencio Varela, Laferrere y Merlo.
Cada tanto, la olla a presión bonaerense explota y ese desmadre social, de insalubridad y tierras tomadas, pega un alarido, cuyo temblor estremece los cimientos de la Casa Rosada. Los que conocen el paño, porque transitan el territorio, aseguran que cuando esas sublevaciones suceden, nunca son del todo espontáneas. Alguna interna peronista suele estar detrás del primer fósforo. Luego, la fogata se hace incendio dantesco entre tanta injusticia contenida, y combustiona pronto como hierba seca.
En la semana que pasó, uno de los más controvertidos barones del conurbano, Mario Ishii, intendente de José C. Paz, que en el pasado ya vivió dos saqueos, hizo sonar su chicharra inquietante desde el diario Perfil, y dio un plazo: “Para fines de agosto, vamos a estar en una situación como la de 2001”. Cuenta que en su distrito ya cerraron 1500 comercios, que “la gente sale porque está enojada”, que la situación “se está desmadrando y hay zonas en las que se toman terrenos y viviendas”. Se trata de un fenómeno que se asocia con la pobreza extrema, pero que en realidad es un negocio de poderosos, sean políticos o bandas, que lucran en medio de la miseria y la desolación. “Con la cantidad de presos que se han liberado se nota que están en la calle” y que “reinciden en delinquir”, desliza Ishii, quien clama por la presencia de fuerzas federales. “Corremos el peligro de que se produzca un desborde”, advierte, y repite despierto sus pesadillas suburbanas a Marcelo Longobardi, por Radio Mitre. Pero ¿a quién le habla? Misterio.
Los curas villeros de La Matanza, casi al mismo tiempo, denunciaron que allí los testeos eran insuficientes y que no se aislaba a los contagiados. Firmó el documento el obispo de San Justo, Héctor García, muy cercano al papa Francisco, que mandó un mensaje de aliento a dos sacerdotes con Covid. En las últimas horas, para amortiguar el impacto de ese duro comunicado, el Consejo Operativo de Emergencia de ese populoso distrito dio a conocer una suerte de optimista contradocumento que avala al intendente Fernando Espinoza, con la firma de las “fuerzas vivas”, incluido el mencionado obispo. Sergio Berni piensa que puede llegar a ser peor que 2001, y no por hambre. En ese punto, diversas fuentes coinciden en que las necesidades alimentarias están cubiertas. Pero el río sigue sonando.
Malvinas Argentinas está igual que José C. Paz, se angustia Ishii, pero “Moreno está peor”. La tercera sección electoral, subraya Miguel Ángel Pichetto en Hablemos de otra cosa, fue la que definió la elección que dio el triunfo al Frente de Todos, que lubrica la maquinaria electoral con el aceite marca “Cuanto peor, mejor”. Joaquín de la Torre, exintendente de San Miguel, advirtió en el programa de Carlos Pagni, en LN+, que con esta crisis sanitaria a mucha gente se le quebró el orgullo de conseguirse por sí misma su propio sustento. A Toty Flores le impresiona cómo se alargó este año la fila del locro del 9 de Julio que ofreció en La Juanita y cómo se avergonzaban de llegar hasta allí los que nunca antes habían pedido. De la Torre consignó en Odisea Argentina que San Miguel pasó de asistir a 2009 familias a 19.500 en solo tres meses. El exministro de Gobierno de María Eugenia Vidal, con números pavorosos en las manos, señaló cómo cayeron a pique las consultas pediátricas y las cirugías en comparación con el año anterior, lo que a la larga también tendrá sus consecuencias sanitarias.
De la Torre indicó que el robo a domicilios aumentó 14% en San Miguel respecto del año pasado y que han aparecido “bandas de extranjeros”. Coincide en esa preocupación con Ishii, quién también detecta a no nacionales en los intentos de tomas de los últimos tiempos. Berni cree que el fenómeno no es nuevo, pero que se nota más por cierto declive del delito local.
El anuncio de la interventora del Servicio Penitenciario Federal, sin embargo, pone los pelos de punta. “El día que salgamos de la cuarentena –anticipó la doctora María Laura Garrigós de Rébori, de Justicia Legítima– es posible que tengamos un pico de delitos contra la propiedad, por la situación económica”.
No se entiende a los que desde hace años asustan con que vamos camino a Venezuela. Venezuela ya está aquí, a las puertas de la ciudad de Buenos Aires.

viernes, 6 de septiembre de 2019

PABLO SIRVEN OPINA


La Argentina, ante un nuevo vía crucis

Pablo Sirvén
Hay quienes no consideran imprescindible que un gobierno no peronista pueda terminar su mandato en paz y que desean con todas sus fuerzas que esa maldición de la democracia, que ya lleva 91 años de vigencia, persista aun poniendo en riesgo su propio futuro político. Intuyen que algo profundo para bien cambiaría en el sistema democrático argentino y están resueltos a evitarlo. Un final dramático y descarrilado es condición indispensable para que el que venga a continuación sea una suerte de salvador hegemónico con la suma del poder público. La receta no es nueva.
El peor instinto del peronismo en circunstancias institucionales complicadas vuelve a emerger con todas sus fuerzas, como sucedió entre ellos mismos cuando hicieron saltar por el aire en julio de 1973 al presidente Héctor J. Cámpora en medio de una interna violenta y suicida; fogonearon saqueos y pusieron contra la pared al presidente Raúl Alfonsín, en 1989, para que apurase la entrega del poder a Carlos Menem y, a fines de 2001, prefirieron la sucesión de fugaces mandatarios interinos de su factoría (Puerta, Rodríguez Saá, Camaño, Duhalde) que sostener la trémula gobernabilidad del presidente Fernando de la Rúa.
Una vez más, cual peligroso depredador, acecha a su debilitada presa dispuesto a no otorgarle el más mínimo resquicio. Ni siquiera en una circunstancia como la actual, tan propicia para reconfirmar su triunfo en las elecciones del 27 de octubre. Podrían llenarse de gloria, incluso, al demostrar grandeza y que llegan renovados y distintos. Pero no: como en la fábula de la rana y el escorpión, la naturaleza instintiva del peronismo no admite tolerancia ni buenos modales. Golpea allí donde más duela sin medir si el árbol también pueda caérseles encima. Tanto en 1989 como en 2001 la precipitación de los acontecimientos devino en hiperinflaciones o devaluaciones que arrojaron a la pobreza a grandes porciones de la población. No es casual que buena parte del mismo staff que no quiso cumplir con el valor simbólico del traspaso del mando, en 2015, ahora agite los peores fantasmas para impedir que ese mismo mandato llegue a su normal y muy próxima finalización.
Es indiscutible que el Gobierno cometió cantidad de profundas inconsistencias económicas, agravadas por la gran sequía del año pasado, la guerra comercial entre EE.UU. y China y los sucesivos tsunamis cambiarios, particularmente desde abril de 2018. En las PASO funcionó un fuerte voto castigo contra Macri por su nula dedicación a los bolsillos de la clase media para abajo durante su gestión. Pero, atención, que desde entonces hasta el día de las elecciones presidenciales, previstas para el 27 de octubre, los votantes no solo tienen bajo minuciosa observación al Gobierno, y cómo saldrá de esta crisis o no, sino que también examina cuidadosamente qué es lo que ofrece Fernández como alternativa, si se comporta como un verdadero estadista en tan difíciles circunstancias o lo hace de manera desaprensiva. Lo que está dejando ver de él en este tiempo brinda indicios de si será un presidente sobrio y racional o proclive al desborde; si tendrá todo el poder en sus manos o deberá dedicarle energía a su complicado frente interno con el kirchnerismo duro.
Tampoco al Gobierno le parece importante adelantar cuál es su plan para un eventual segundo mandato, ni cómo piensa transformar una cultura de especulación financiera con tasas y divisas por las nubes en una que aliente la producción, el consumo y multiplique las fuentes laborales. La intermitencia entre medidas heterodoxas y devaneos liberales a lo Adam Smith, que ya ni los países más desarrollados practican a rajatabla, nos metió en un callejón sin salida. Han sido importantes las obras públicas encaradas y los esfuerzos para recortar el gasto público, pero la idea de pensar que los votos solo se juntan por WhatsApp y con edulcoradas historias de Instagram fluctúa entre la soberbia y la ingenuidad.
¿Qué molestó más para encender la última mecha? ¿Las declaraciones del fin de semana anterior del ministro Hernán Lacunza sobre que "no sirve tener reservas estables y el dólar como un barrilete" o la multitudinaria marcha de autoconvocados a favor del oficialismo que llenó el Obelisco, Diagonal Norte y la Plaza de Mayo el 24-A? ¿Le fastidió al Frente de Todos que el Gobierno se afirmara y resolvió que lo mejor era intentar humillarlo no ya intentando una nueva derrota electoral, sino propiciando una salida anticipada?
Sean algunas de estas razones o ninguna lo cierto es que los muy abruptos cambios de humor de Alberto Fernández van quedando más expuestos en la vidriera pública. Ya fueron muy comentados en su momento sus exabruptos del pasado en redes sociales y algunas intemperancias más recientes con periodistas. El papel que le sienta mejor al candidato elegido por Cristina Kirchner es cuando se expresa con tranquilidad y control de sí mismo. En sus intensas recorridas, incluso por medios de comunicación que no le son afines, exhibió esa buena estrategia para pescar nuevas voluntades entre quienes no lo votaron. Pero rompió ese tono en su áspero documento al FMI y en su declaración a The Wall Street Journal de que la Argentina entró en "default virtual".
Horas de rumores tremebundos, medidas apuradas e incertidumbres. La Argentina transita, una vez más, un nuevo vía crucis.