El individualismo como tragedia, en una película notable
A. L.
Martin Eden
(italia-francia-alemania/2019).
dirección: Pietro Marcello. Guion: Maurizio Braucci y Pietro Marcello, basado en la novela homónima de Jack London.
Fotografía: Alessandro Abate y Francesco Di Giacomo. Edición: Fabrizio Federico y Aline Hervé. Elenco: Luca Marinelli, Jessica Cressy y Vincenzo Nemolato. distribuidora: Zeta Films.
duración: 129 minutos.
Adaptación de la novela homónima de Jack London que, según Pietro Marcello, “preanunció las perversiones y tragedias del siglo XX”, Martin Eden trabaja apoyada sobre los pilares ideológicos de la libertad y la solidaridad que el director italiano recupera del ideario anarquista del teórico Errico Malatesta, cuya imagen, no por casualidad, aparece en el inicio de esta película osada, ambiciosa y dispuesta a asumir desafíos narrativos.
Cineasta atrevido que ya ha llamado la atención con largometrajes alejados de la norma como La boca del lobo (2009) y Bella y perdida (2015), Marcello se propuso esta vez “atravesar todo el siglo XX” a partir de la singular historia de un proletario que va cambiando su perfil a medida que incorpora un bagaje cultural que en su época –principios del siglo XX– estaba restringido a las personas de clases sociales más acomodadas. Martin Edenes también un héroe negativo, un autodidacta tesonero que cree ferozmente en el camino individual y termina mareado por el encanto superficial del éxito.
El film acompaña ese derrotero con una gama de recursos que no suelen aparecer en un mismo contexto: música pop e imágenes decimonónicas, ficción cruzada con fragmentos de documental, colores naturales, imágenes con filtros drásticos. Operaciones destinadas a tender puentes posibles entre el cine popular y el más orientado a la experimentación.
Marcello también cambia el lugar de los hechos: de Oakland –la ciudad del estado de California donde está ambientada esta novela naturalista y presuntamente autobiográfica– a una Nápoles empobrecida donde el protagonista vive una epifanía de corto alcance. Tener éxito en el marco de la cultura de masas, nos propone el agitado relato, puede implicar algunas traiciones y una pérdida de personalidad y de rumbo que Luca Marinelli –premiado en el Festival de Venecia por este trabajo– encarna con una convicción admirable.
Lo que comienza como una historia de esfuerzo encomiable y posible redención acaba como la tragedia de un personaje extraviado, atrapado por el narcisismo e incapaz de reaccionar frente a ese problema. Marcello traza el recorrido de esa dramática deriva con mucha perspicacia: logra que primero empaticemos con el hombre que se sobrepone a circunstancias adversas y finalmente lo deja al desnudo, exponiendo su categórica derrota, la que conlleva olvidarse del progreso cultural como herramienta de emancipacion para entregarse a la pura vanidad solipsista.
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La reinvención de los supervillanos de DC Comics
P. V. P
El Escuadrón suicida
(the suicide squad, Estados Unidos, 2021). Guion y dirección: James Gunn. Elenco: Margot Robbie, Idris Elba, Viola Davis, Joel Kinnaman, John Cena, Daniela Melchior, David Dastmalchian, Sylvester Stallone, Alice Braga, Juan Diego Botto. distribuidora: Warner Bros. duración: 132 minutos. calificación: apta para mayores de 16 años con reservas
Desembarco de James Gunn (Guardianes de la galaxia) al
de la nueva El escuadrón suicida no sólo reinventa la enérgica violencia de esos inadaptados al ritmo del pop y el ralenti más cool, sino que ensaya un humor astuto, irreverente desde una mirada más adulta y con la pizca justa de sátira política que exige el mundo contemporáneo. Gunn recupera el oportunismo de aquel Woody Allen de Bananas (1971), que burlaba la geopolítica de Nixon en sintonía con su caída en desgracia, y consigue hacer el mejor entretenimiento con la parodia del heroísmo americano, teñida de gore y sin el exceso de CGI de su predecesora, pero sobre todo aceptando el tono menor de la saga en la galería seria de la factoría DC.
En 2016 la inaugural Escuadrón
suicida, de David Ayer, nacía del luto por el dúo Superman-batman y asumía el cinismo admonitorio de la agente Waller (Viola Davis) como clave, mientras naufragaba en la pobre mitología de sus héroes, expuesta como esa charla de preparación de la que tanto se quejaba Deadshot (Will Smith), y convertida en un show de brujas digitales, yuppies devenidos dioses y una serie de villanos de salón. Gunn barre con todo ello, prescinde de la presentación de sus nuevos antihéroes y se zambulle de lleno en la acción con una lógica desenfrenada, que explota al máximo los baños de sangre, la ironía en los juegos temporales y el camino disparatado hacia la máxima conflagración del final.
El escuadrón suicida es, además, una historia de padres e hijos. Siguiendo la fórmula del cine de los 40 que consiguió profundidad estética y complejidad psicológica a fuerza de integrar los hallazgos del psicoanálisis a la dramaturgia de los géneros, Gunn consigue arraigar la epopeya de sus personajes en la tragedia de la infancia. La relación de Bloodsport (Idris Elba) con su hija, la gestación del poder de Ratcatcher II (Daniela Melchior) en el recuerdo de su padre y el Edipo vengativo de Polka-dot Man (David Dastmalchian) son algo más que el pie para un momento emotivo o un gag cronometrado, representan la esencia de ese mundo cuyas raíces siempre remiten al origen.
Gunn retuerce sin miramientos todas las previsiones de su universo, se libera de las exigencias de la secuela –de hecho dinamita literalmente esa herencia– y pisa el acelerador sin perder el alma de sus personajes; algunos por demás autoconscientes –como la Harley Quinn de Margot Robbie, convertida en ícono al son de “Just A Gigolo”–, otros trasparentes en sus emociones, todos nacidos del artificio del cómic pero habitados por sus propias historias.
http://indecquetrabajaiii.blogspot.com.ar/. INDECQUETRABAJA

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