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lunes, 30 de marzo de 2020

CUIDEMOS EL PLANETA...NO TENEMOS OTRO.,


¿Vacaciones para el planeta?
Lecciones de la naturaleza en tiempos de pandemia
Sin góndolas atiborradas de turistas, los canales de Venecia lucen aguas cristalinas y recuperaron sus peces. La bruma tóxica que solía encapotar el cielo de Hong Kong desapareció para dar lugar a un aire puro que no se respiraba desde antes de la revolución industrial. En tanto, en las ciudades del Mediterráneo la fauna marina se recupera y los delfines se acercan a la costa por primera vez en décadas.
En medio de una pandemia de consecuencias inconmensurables para la salud de la especie humana, estas postales de la naturaleza floreciente colocan al medio ambiente como un inesperado beneficiario de la crisis sanitaria global.
Mientras buscamos recluidos en casa explicaciones para semejante cisne negro, en estos días de cuarentena recobró vigencia una teoría que históricamente enfureció al mainstream científico: la hipótesis Gaia. Se trata de un provocadora interpretación que afirma que la Tierra es un sistema que tiende al equilibrio. Acuñado en 1969 por el químico y ambientalista James Lovelock, sostiene que el planeta se autorregula y que todos los seres vivos somos parte de un gigantesco organismo pluricelular.
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Sucede que, con una vehemencia de la que quizás carecen otras amenazas globales como el cambio climático, el Covid-19 nos recuerda que no somos el centro del mundo. Y que por más que todo parezca bajo control, las cosas se pueden salir de su rumbo a una velocidad exponencial.
Por eso, algunos naturalistas encuentran una luz de esperanza en medio del oscuro panorama que se avecina. Sin minimizar la pérdida de vidas humanas, y conscientes de que se trata de un parate forzado y no del resultado de una política ambiental, se preguntan: ¿Es hora de que el planeta se tome un respiro ante la contaminación humana? ¿Estamos frente a un cambio de paradigma en la forma en que nos vinculamos con el medio ambiente? Con el libreto de la película de ciencia ficción por la mitad, es difícil saberlo. Mientras tanto, algo es seguro: la naturaleza es sabia y nos está dejando alguna señales para reflexionar.
La primera lección surge del origen mismo de la enfermedad. Los científicos coinciden en que nada de esto hubiera sucedido si estuviera controlado el tráfico de fauna silvestre. Por más que les pese a los adeptos a las teorías conspiranóicas, al origen del virus no hay que buscarlo en un sofisticado laboratorio militar sino en un insalubre mercado asiático en Wuhan, donde se comercializan todo tipo de animales salvajes.
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Tal como relata el escritor y explorador David Quammen en su hoy profético libro Spillover -una fascinante investigación sobre los animales y las enfermedades infecciosas publicada en 2012- y como afirma la Wildlife Conservation Society en un informe esta semana, el coronavirus es solo un ejemplo más de las enfermedades zoonóticas que provienen de la explotación de animales silvestres.
¿Cuáles son las otras? El SARS, el Ébola, el SIDA, la gripe aviar y la lista sigue.
"Las especies que habitan los ambientes naturales se encuentran en un equilibrio, el cual incluye a virus, bacterias y otros patógenos con potencialidad de generar epidemias. Cuando arrasamos un ambiente natural, rompemos ese equilibrio y muchas especies desaparecen mientras que la abundancia de otras se dispara. Entre estas últimas, en general se encuentran los mencionados patógenos. Esto se magnifica porque después de arrasar los ambientes naturales el hombre aumenta su presencia y entra en contacto con estos microorganismos, disparando el ciclo", explica Sebastián Di Martino, director de conservación de la Fundación Rewilding Argentina, en diálogo
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 Y comparte un dato por demás elocuente: en zonas del Amazonas, por ejemplo, un aumento de la tasa de deforestación de solo el 4% disparó la incidencia de la malaria hasta en un 50%".
Otra efecto ambiental impensado que los urbanistas siguen de cerca es el hecho de que el lockdown en distintas ciudades del mundo está retrotrayendo los niveles de emisión de CO2, dándole un respiro considerable al cambio climático. Vale la pena googlear las imágenes satelitales: estamos ante una ventana temporal que muestra cómo serían las cosas si las economías más contaminantes del mundo levantaran el pie del acelerador. El escenario se completa con la desaparición del tráfico gracias a las recomendaciones de quedarse en casa y a la enorme adopción del home office. Aunque de modo dramático, la crisis del coronavirus también nos demuestra que existen formas más sustentables de vivir en las grandes ciudades.
Sin embargo, quizás la enseñanza más valiosa que nos deja estos días en los que la Tierra se detuvo, es poder reflexionar sobre la importancia de la responsabilidad individual. A diferencia de otras causas urgentes -la contaminación del planeta, la lucha contra la corrupción, el fin de la desigualdad- en donde una buena acción no siempre tiene resultados tangibles en el corto plazo, en el caso de esta epidemia, lo que hacemos -o lo que dejamos de hacer-, tiene consecuencias inmediatas.
"El coronavirus ayuda a entender el impacto de la responsabilidad individual en la sociedad. De la misma forma en que la gente se lava las manos o toma distancia social para combatir el virus, el hecho de adoptar hábitos sustentables tiene un efecto acumulativo y fundamental en el medio ambiente", opina Dafna Nudelman, especialista en sustentabilidad y activista por el consumo responsable. Y concluye: "Es la falacia del granito de arena: muchas veces nuestras acciones pueden parecer insignificantes, pero en momentos como este nos damos cuenta de que tienen un impacto real".
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El autor es periodista especializado en sustentabilidad y fundador de www.Aconcagua.lat

sábado, 8 de febrero de 2020

CUIDEMOS EL PLANETA...NO TENEMOS OTRO.,


Las especies gigantes de agua dulce están en vías de extinción
Habitan las profundidades de ríos y lagos de todo el mundo; un grupo de científicos estudia cómo preservarlas; en China, se declaró extinto el pez espátula
Los bagres gigantes pueden comerse un ratón entero
NUEVA YORK.– Algunas de las criaturas más asombrosas del planeta Tierra se esconden en las profundidades de ríos y lagos: bagres gigantes de casi 300 kilos, mantarrayas de la longitud de un Volkswagen escarabajo, truchas de casi dos metros de largo

La así llamada megafauna de agua dulce está compuesta por unas 200 especies, pero en comparación con sus contrapartes terrestres y marinas han sido muy poco estudiadas por los científicos y son casi desconocidas por el gran público. Además, están desapareciendo poco a poco sin que nadie se entere.

Tras un exhaustivo relevamiento de la cuenca del Yangtzé, los investigadores declararon extinto al pez espátula chino, una especie que podía alcanzar los siete metros de largo y que fue avistada por última vez en 2003. El pez espátula habitaba en numerosos ríos de China, pero la pesca indiscriminada y las represas diezmaron su población.

El caso de este pez podría ser una advertencia. Según una investigación publicada en agosto en la revista Global Change Biology, en los últimos años la megafauna de agua dulce se redujo en un 88% a nivel mundial. “Este estudio es un primer paso”, dice Zeb Hogan, ecologista de aguas dulces de la Universidad de Nevada en Reno y coautor del estudio. “Queremos ir más allá del estudio del estatus de conservación y buscar las maneras de mejorar la situación de estos animales”.

Para los relativamente pocos científicos que estudian los animales de agua dulce, la noticia de que las especies de mayor porte están desapareciendo no es novedad. En los 20 años que Hogan lleva estudiando los peces gigantes, ha visto menguar muchas especies, y también extinguirse al menos una, el pez espátula chino: “Las especies que eran raras cuando empecé a trabajar ahora corren peligro de extinción, e incluso algunas que antes eran muy comunes han pasado a ser especies raras”.

En su publicación, Hogan y sus colegas definen como megafauna de agua dulce a cualquier animal vertebrado de más de 30 kilos que pasa una parte significativa de su vida en aguas dulces o salobres. Los autores identificaron 207 especies e hicieron un relevamiento de la literatura científica en busca de al menos dos mediciones de población de cada una de esas especies.
Encontraron datos que cumplieran con esos criterios para apenas

126 especies. Su lista incluye mayormente peces, pero también mamíferos como castores, hipopótamos, delfines de río, animales de sangre fría como cocodrilos, salamandras gigantes y tortugas caimanes.
Si tuviéramos más datos, “el cuadro probablemente sería todavía peor”, señala Sonja Jähnig, ecóloga del instituto Leibniz de Ecología de Agua Dulce y Pesca Continental de Berlín y una de las autoras principales del estudio. Según el análisis de los investigadores, entre 1970 y 2012, la población de la megafauna de agua dulce sufrió una mengua del 88% a nivel global. Los más afectados fueron los peces, con una disminución del 94%. Los peces de China meridional y del sur y el sudeste asiáticos experimentaron las mayores pérdidas, cercanas al 99%.

“La megafauna de agua dulce es equivalente a los tigres o a los osos pandas”, plantea Ian Harrison, experto en aguas dulces de Conservación internacional, una organización ambientalista que no participó del estudio. Y añade: “Hay un mensaje muy potente en la amenaza crítica que enfrentan estas especies, y que se extiende al resto de las del ecosistema de aguas dulces”.
Según el Fondo mundial para la Naturaleza, la población de animales de agua dulce está disminuyendo al doble del ritmo que el observado en las especies terrestres o marinas. Ese ritmo acelerado se debe a una multitud de factores, como la pesca indiscriminada, la contaminación, la degradación del hábitat, la extracción y el desvío de cursos de agua. Las represas, sin embargo, son el factor más letal para los peces gigantes, muchos de los cuales migran.
Según una investigación publicada en mayo, dos tercios de los ríos más grandes del mundo ya no fluyen libremente, y en las cuencas de ríos ricos en megafauna, incluidos el Amazonas, el Congo y el mekong, hay cientos de represas planeadas o en construcción. “Nos enfrentamos al desafío de equilibrar la conservación de las especies con la necesidad de agua de los humanos”, advierte Harrison.

Los autores de este estudio recalcan que hay muchas estrategias para garantizar la supervivencia de los gigantes de agua dulce, y que ya hay evidencias de cambios positivos. “No queremos transmitir un mensaje apocalíptico”, indica Fengzhi He, ecólogo del instituto Leibniz de Ecología de Agua Dulce y Pesca Continental de Berlín, y uno de los autores principales del estudio.
Las medidas conservacionistas funcionan. En el estado de wisconsin, por ejemplo, los vecinos del lago winnebago controlan la población de esturiones desde 1930. Actualmente, ese lago tiene una de las mayores poblaciones en todo Estados Unidos de esa especie amenazada.

El arapaima, un pez sudamericano de tres metros que respira aire, ha desaparecido de gran parte del Amazonas por la pesca indiscriminada, pero en las aldeas de pescadores de Brasil en las que se hace una explotación sustentable esa población se ha multiplicado hasta diez veces.

En Estados Unidos, la ley de especies en peligro de extinción ha ayudado a estabilizar la menguante población del esturión verde y del leucisco de Colorado. Los planificadores de políticas también han usado la ley de ríos salvajes y paisajísticos nacionales para declarar “prístinos” algunos cuerpos de agua. Así se protegió al esturión verde de dos metros del río Rogue, en Oregon, y al pez espátula norteamericano en el río missouri, en montana.

También cobran fuerza los proyectos de recuperación de ríos y remoción de represas: en Estados Unidos ya desmantelaron más de 1500 diques, pero la protección de los cuerpos de aguas dulces es poco extendida: está protegida un 13% de la tierra, pero solo un 0,25% de los ríos.
Si bien ninguna de esas estrategias aisladas salvará a la megafuana de agua dulce, Hogan y sus colegas creen que pueden volcar la balanza para muchas especies y contribuir a la preservación de la biodiversidad. “Esos extraordinarios peces enriquecen y hacen más valiosa nuestra vida y nuestra experiencia en la Tierra”, afirma Hogan. “¿Queremos vivir en un planeta en el que hemos asesinado a esos animales asombrosos o en el que hemos encontrado la forma de coexistir con ellos?”.

R. N.

domingo, 2 de febrero de 2020

CUIDEMOS EL PLANETA...NO TENEMOS OTRO.,


Volar sin combustibles, el sueño cumplido de Saraceno
El saludo del artista con la mujer que piloteó el globo
En una protesta contra la contaminación, el artista estableció nuevas marcas de altura y distancia en las Salinas Grandes; participó una banda surcoreana de K-pop
PURMAMARCA. - Ayer, a las 10 de la mañana, en la pampa blanca y espejada de las Salinas Grandes, Tomás Saraceno, artista argentino radicado en Berlín, hizo realidad el sueño de volar con los pies sobre la tierra. Lento pero seguro, el enorme globo negro despegó tripulado por la piloto Leticia Márquez, experta en globos aerostáticos, con base operativa en Los Cardales.
Decidida y sonriente, dejó que el aire y el sol la llevaran a las alturas. Es curioso, Leticia confesaría después, a la hora de las empanadas y el locro, que sufre de vértigo. No se asoma a un balcón por nada del mundo, y sin embargo, contaba, fue feliz volando en Aerocene Pacha.
Se cumplía el sueño de Saraceno y el capítulo argentino del proyecto Connect BTS, sellado con la banda surcoreana de K-pop, el curador DaehYung Lee y cuatro artistas, en Berlín, Nueva York, Buenos Aires y Seúl. Créase o no, Argentina es uno de los países con más fans de BTS. La banda que llenó dos estadios de Wembley cuenta con un regimiento de fans locales enrolados en Army. Un nutrido grupo, procedente de Salta y Jujuy, estuvo ayer en las Salinas para celebrar a sus ídolos, a quienes "adoran", literalmente. Imitan peinados, ropa y "coreos". El fenómeno tiene una app propia y 23 millones de seguidores en Twitter.

Acostumbrados a acumular éxitos en ventas y rankings, los siete integrantes de BTS, que comenzaron a los quince años y rondan ahora los veintipico, enfrentan en estos días un doble desafío: volver a su país, Corea del Sur, para cumplir con el servicio militar y establecer nuevos puentes de contacto con sus fans. El arte contemporáneo fue el camino elegido. Sus coreografías llenas de glam, hiperestudiadas y diseñadas, inspiraron una performance inaugurada ayer en el domo de Seúl, increíble edificio y uno de los últimos proyectos de Zaha Hadid.
Cosas de la vida, o, mejor aún, cosas del arte, Tomás Saraceno tomó la licencia que le da su lugar en el mundo; la prerrogativa del artista, para ejecutar una pirueta audaz, a mitad de camino entre el deslumbramiento visual, la precisión técnica y el compromiso político.

Al equipo de más de cincuenta colaboradores, muchos de ellos llegados de su estudio de Berlín, se sumaron líderes de los pueblos originarios integrados al proyecto Aerocene Pacha. Consideran, lo dijeron ayer durante una emotiva ceremonia de ofrendas a la Pachamama, que el proyecto Connect BTS será un altavoz para potenciar la defensa de la tierra, en contra de la explotación indiscriminada del litio, que pone en serie riesgo las reservas acuíferas. Una batalla a la que consideran despareja y que toma como propio el territorio de sus antepasados, que, anhelan, sea también el de sus herederos.

El programa de vuelo arrancó a las 5 am en Purmamarca. Madrugadores o insomnes, más de un centenar de personas entre familia, amigos, coleccionistas, galeristas, prensa internacional y técnicos, emprendieron el camino hacia las salinas. Una hora y media de viaje por un camino de montaña, hasta los 4000 metros, para, después, en la última pendiente enfrentar el océano blanco de las salinas, casi una alucinación en la media luz del día que nacía.
El inmenso salar silencioso está cargado de mensajes; palabras que el artista recogió como un interlocutor sensible. "El litio no vale más que el agua", reza la leyenda inscripta en el gran globo de tela negra ultraliviana. Saraceno toma la licencia que el arte le permite para adentrarse en un universo sin fronteras, sin límites.
Tomás Saraceno fue uno de los cuatro artistas del mundo elegidos para el proyecto
"La Pachamama nos dio una mano -dice el artista cuando el vuelo exitoso llega a su fin-. Ha sido un día extraordinario de sol y con las condiciones perfectas para hacer volar Aerocene. Hemos batido marcas de altura y de distancia, además de contar con la excelencia de la piloto Leticia Márquez para el vuelo tripulado".
Volar sin combustibles fósiles, sin gas, ni baterías, ni litio, ¿es un cambio de paradigma?
"No será ya, pero hemos plantado bandera, no podemos cambiar el clima pero podemos cambiar los hábitos. Los Mongolfier hicieron volar globos pero quemando combustible. Ya basta".
La experiencia ha terminado. Queda el registro. El canal Encuentro y equipos de filmación locales e internacionales grabaron el emocionante y poético vuelo.
Esta prevista una rueda de prensa el viernes en el  C.C.K., seguida de la proyección en el auditorio de un tramo de esta experiencia que empezó ayer de madrugada, pero seguirá en la conciencia de muchos, impulsada por el altavoz de Aerocene Pacha, conquistador de récords en todos los campos.
El proyecto ideado por un argentino nacido en Tucumán, criado en San Luis, vivió días de gloria en el blanco paisaje de la Puna jujeña. Lo acompañó el buen clima en el momento deseado y el entusiasmo de los colegas coreanos; allí estuvieron el curador DaeHyung Lee y el joven Abe Tchung, un indispensable.
Itinerario
Tomás Saraceno nació en Tucumán, en 1973. Luego de graduarse de arquitecto en la UBA (1999), integró el grupo de estudios formado de Staatliche Höchschule, Fráncfort, con Daniel Birnbaum (Estocolmo 1963). Nombrado director de la 53 Bienal de Venecia, Birnbaum eligió la obra de Saraceno para el espacio central del Padiglione.
Sus esculturas flotantes conectan la práctica artística con su preocupación por el medio ambiente cristalizada en el proyecto Aerocene. En 2009, participo del programa de Estudios Espaciales de la NASA, en Silicon Valley, siendo distinguido con el Premio Calder.
Expuso en el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires la muestra "Como atrapar el universo en una telaraña", curada por Victoria Noorthoorn. En 2012 mostró sus intrépidos "Clouds "en la terraza del Met de Nueva York. En 2019 estuvo de nuevo en la Bienal de Venecia
A. de. A.

jueves, 9 de enero de 2020

CUIDEMOS EL PLANETA...NO TENEMOS OTRO.,


El último mensaje que quizás estemos a tiempo de atender

Pocos fuera de Suecia habían oído hablar de Greta Thunberg hasta diciembre del año pasado. Aunque en su país llevaba algunos meses llamando la atención de los medios por la singular "huelga escolar" que emprendió en agosto de 2018 -cuando decidió faltar a clases para exigir frente al Parlamento el cumplimiento de los Acuerdos de París sobre cambio climático-, no fue hasta que pronunció un discurso en una conferencia de Naciones Unidas en Katowice, Polonia, en que el mundo comenzó a reparar en ella. Tenía entonces 15 años y ante los representantes de los países que discutían un acuerdo marco para la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero, bramó sin medias tintas: "Nuestra civilización está siendo sacrificada (...) Tenemos que hablar claro, no importa qué tan incómodo sea".

Vaya que incomodó. "En el año 2078 celebraré mi 75° cumpleaños. Si tengo hijos quizás pasen ese día conmigo y me pregunten por qué ustedes no hicieron nada mientras había tiempo de actuar -fustigó-. Dicen que aman a sus hijos sobre todas las cosas, pero les roban su futuro enfrente de sus propios ojos".
Cuando en septiembre de este año pronunció un nuevo discurso en la Cumbre de Acción Climática de las Naciones Unidas la fuerza de sus palabras no solo acrecentaron su fama en todo el mundo, sino que la alzaron como la activista emblema de una generación decidida a actuar para que el planeta tome conciencia del peligro en que se encuentra y actúe antes de que sea demasiado tarde. Sus cruces con Donald Trump -de miradas y de tweets- la convirtieron, además, en un ícono global de indignación con los poderosos. Greta, ahora de 16 años, recorre desde entonces el mundo llevando un mensaje cada vez más desesperado y urgente.
Cuando esta edición se estaba cerrando, la adolescente sueca asistía con desilusión a otro fracaso diplomático para alcanzar un acuerdo que impida que la temperatura global se eleve este siglo más de un grado y medio centígrado. Para tener un 67% de posibilidades de que ello ocurra, se necesitaría reducir las emisiones de gases de efecto invernadero a un máximo de 420 gigatones de CO2 por año, lo que al ritmo actual de emisiones solo sería factible en ocho años si se actuara ya. Pero la Cumbre Mundial del Clima, en Madrid, volvió a terminar en un fracaso por la falta de acuerdo entre los países más desarrollados y aquellos en vías de serlo sobre el peso de cada uno en las emisiones contaminantes.
"No tenemos ya tiempo de no hacer caso a la ciencia. La gente está muriendo por la crisis climática -enfatizó-. Por favor, díganme cómo se cuentan estas cosas sin mostrar un ápice de pánico."
Su creciente indignación es un grito que retumba cada vez más fuerte en todo el planeta a medida que el tiempo para actuar se agota. El mensaje de Greta quizá sea el último que estemos a tiempo de atender.

J. N.

miércoles, 8 de enero de 2020

CUIDEMOS EL PLANETA...NO TENEMOS OTRO.,


El verano para dejar de darle la espalda al mar
Expertos advierten que en 2050 habrá más plástico que peces en los océanos 

Manuel Torino 
Los argentinos nos relacionamos con el mar hasta las rodillas. La postal estival se repite cada año: con la excepción de algún que otro rápido chapuzón, pasamos la mayor parte de las vacaciones varados en la orilla, contemplando la inmensidad del océano desde la seguridad de la costa. Concentrados en que nada ni nadie empañe nuestro merecido descanso, no somos conscientes de que frente a nuestras narices se encuentra el ecosistema más importante que tenemos.
La superficie marina de la Argentina representa el 36% del territorio: más de un tercio de nuestro país es agua. Además, los océanos regulan el clima del planeta, generan el 50% del oxígeno que respiramos, absorben el 95% de la radicación solar y almacenan dióxido de carbono. Todas funciones esenciales para sostener la vida en la Tierra -incluidas nuestras vacaciones- tal como la conocemos
"En general la relación entre los argentinos y el mar, sus especies, sus valores y sus amenazas no es estrecha. Desconocemos el profundo impacto que tiene en nuestra vida diaria", dice Ángeles de la Peña, del movimiento Sin Azul No Hay Verde, el programa marino de CLT, la fundación conservacionista que crearon el fallecido Douglas Tompkins y su pareja, Kris McDivitt.

Porque además de ser de los más ricos y diversos del mundo por su extensión, el Mar Argentino es uno de los más amenazados. ¿Cuáles son estos peligros? Por nombrar solo algunos: la pesca indiscriminada a escala industrial, la creciente contaminación de basura plástica y la acidificación, como se conoce la alteración del PH en el agua producto de la actividad humana.
Para revelar la catástrofe ambiental que yace bajo la superficie, semanas atrás el biólogo e investigador adjunto del Conicet Martín Brogger se aventuró en el barco Esperanza de Greenpeace hasta una remota zona del Atlántico Sur conocida como el Agujero Azul, y tomó imágenes del fondo marino. En lugar de registrar variedades de especies, campos de esponjas y arrecifes de coral, las cámaras mostraron suelos desérticos, estrellas de mar muertas y toneladas de basura. "Era como un Amazonas destruido pero en el fondo del Mar Argentino", describieron los miembros de la expedición, quienes apuntaron a la pesca de arrastre, una de las prácticas más nocivas, que actúa como una topadora sobre el fondo del mar.

La hora del mar
La legendaria oceanógrafa y exploradora estadounidense Sylvia Earle, conocida como "la dama de las profundidades", suele decir que no hay mejor momento que ahora para empezar a proteger los océanos. Porque nunca antes en la historia hubo tanta gente consciente de la crisis ambiental que enfrenta el "planeta azul". Y porque, sencillamente, no nos queda demasiado tiempo: de seguir a este ritmo, los expertos proyectan que en 2050 habrá más plástico que peces en los océanos.
Así las cosas, este verano que comienza se presenta como la oportunidad ideal para dejar de darle la espalda al mar, de una buena vez. ¿Por dónde empezar? Para proteger, primero hay que conocer. Por eso es clave informarse y seguir al creciente movimiento de científicos, ambientalistas y voluntarios que trabajan para darle visibilidad a las riquezas del océano. Algunos fomentan una novedosa figura: la de los Parques Nacionales Marinos. Se trata de extensas áreas protegidas que hacen de santuarios para estudiar y conservar especies amenazadas. El año pasado, la Argentina creó dos: Yaganes y Namuncurá-Banco Burdwood II. Son 90.000 km2 de hábitat puramente oceánico.
Otros defensores del mar, en cambio, promueven pequeñas acciones cotidianas qu
e, sumadas, pueden tener un gran impacto.
 Por ejemplo, Unplastify, una organización que busca cambiar la relación que tenemos con el plástico. "Nuestra relación con el plástico está fuera de control. El problema no es el material, sino su mal uso y abuso", dice en diálogo con  Tati Besada, una de sus fundadoras, sobre los 8 millones de toneladas de residuos plásticos que terminan en el océano cada año y que tardan cientos de años en degradarse. Nadie se lo contó: el año pasado cruzó el Atlántico en un velero para registrar las altas concentraciones de plástico en el mar. Su aventura y las soluciones que proponen para "desplastificarnos" acaban de ser publicadas en una genial bitácora de viaje.
Los afortunados que lean estas líneas mirando el mar y quieran comenzar ahora mismo a protegerlo, pueden hacerlo sumándose a una iniciativa tan sencilla como inspiradora: Take Three for the Sea. 
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Este movimiento global propone que cada persona levante tres residuos plásticos cada vez que se va de la playa. Sus creadores aseguran que así evitan que 10 millones de plásticos terminen contaminando el mar cada año. Prueba de que, aunque parezcan una gota en el océano, estos pequeños actos ya hacen la diferencia.

El autor es periodista especializado en sustentabilidad y fundador de www.aconcagua.lat

sábado, 21 de diciembre de 2019

CUIDEMOS EL PLANETA...NO TENEMOS OTRO.,





Una acción artística para alertar acerca del cambio climático

El Museo del Prado se unió al Foro Mundial de la Naturaleza (WWF por sus siglas en inglés) para hacer una campaña que fue lanzada en el ámbito de la última Cumbre Climática de Naciones Unidas en Madrid.

Leé más de la acción acá!



OBRAS DE ARQUITECTURA SUSTENTABLE

Casa Container | Importainer
Se trata de un módulo de 15m2 construido con containers marinos en desuso. A partir de la idea de sustentabilidad se busca concientizar, difundir y promocionar el cuidado del medio ambiente.
Más info de la obra acá!




CONCURSOS DE DISEÑO E INNOVACION

Desafío de Diseño Michelin 2020: Reusabilidad
Nueva convocatoria del concurso de diseño conceptual de vehículos que va camino de convertirse en un clásico, con 19 ediciones initerrumpidas. En esta ocasión el énfasis del tema recae sobre la reusabilidad.
Más info y cronograma clickeando acá!



EVENTOS SUSTENTABLES

Taller de bioconstrucción en Casa clave de sol - Santa Fe

El Taller será en Hughes, Santa Fe. El mismo será teórico y práctico. Durante el dia se desarrollaran las prácticas y al atardecer las charlas teóricas.

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