sábado, 8 de febrero de 2020

CUIDEMOS EL PLANETA...NO TENEMOS OTRO.,


Las especies gigantes de agua dulce están en vías de extinción
Habitan las profundidades de ríos y lagos de todo el mundo; un grupo de científicos estudia cómo preservarlas; en China, se declaró extinto el pez espátula
Los bagres gigantes pueden comerse un ratón entero
NUEVA YORK.– Algunas de las criaturas más asombrosas del planeta Tierra se esconden en las profundidades de ríos y lagos: bagres gigantes de casi 300 kilos, mantarrayas de la longitud de un Volkswagen escarabajo, truchas de casi dos metros de largo

La así llamada megafauna de agua dulce está compuesta por unas 200 especies, pero en comparación con sus contrapartes terrestres y marinas han sido muy poco estudiadas por los científicos y son casi desconocidas por el gran público. Además, están desapareciendo poco a poco sin que nadie se entere.

Tras un exhaustivo relevamiento de la cuenca del Yangtzé, los investigadores declararon extinto al pez espátula chino, una especie que podía alcanzar los siete metros de largo y que fue avistada por última vez en 2003. El pez espátula habitaba en numerosos ríos de China, pero la pesca indiscriminada y las represas diezmaron su población.

El caso de este pez podría ser una advertencia. Según una investigación publicada en agosto en la revista Global Change Biology, en los últimos años la megafauna de agua dulce se redujo en un 88% a nivel mundial. “Este estudio es un primer paso”, dice Zeb Hogan, ecologista de aguas dulces de la Universidad de Nevada en Reno y coautor del estudio. “Queremos ir más allá del estudio del estatus de conservación y buscar las maneras de mejorar la situación de estos animales”.

Para los relativamente pocos científicos que estudian los animales de agua dulce, la noticia de que las especies de mayor porte están desapareciendo no es novedad. En los 20 años que Hogan lleva estudiando los peces gigantes, ha visto menguar muchas especies, y también extinguirse al menos una, el pez espátula chino: “Las especies que eran raras cuando empecé a trabajar ahora corren peligro de extinción, e incluso algunas que antes eran muy comunes han pasado a ser especies raras”.

En su publicación, Hogan y sus colegas definen como megafauna de agua dulce a cualquier animal vertebrado de más de 30 kilos que pasa una parte significativa de su vida en aguas dulces o salobres. Los autores identificaron 207 especies e hicieron un relevamiento de la literatura científica en busca de al menos dos mediciones de población de cada una de esas especies.
Encontraron datos que cumplieran con esos criterios para apenas

126 especies. Su lista incluye mayormente peces, pero también mamíferos como castores, hipopótamos, delfines de río, animales de sangre fría como cocodrilos, salamandras gigantes y tortugas caimanes.
Si tuviéramos más datos, “el cuadro probablemente sería todavía peor”, señala Sonja Jähnig, ecóloga del instituto Leibniz de Ecología de Agua Dulce y Pesca Continental de Berlín y una de las autoras principales del estudio. Según el análisis de los investigadores, entre 1970 y 2012, la población de la megafauna de agua dulce sufrió una mengua del 88% a nivel global. Los más afectados fueron los peces, con una disminución del 94%. Los peces de China meridional y del sur y el sudeste asiáticos experimentaron las mayores pérdidas, cercanas al 99%.

“La megafauna de agua dulce es equivalente a los tigres o a los osos pandas”, plantea Ian Harrison, experto en aguas dulces de Conservación internacional, una organización ambientalista que no participó del estudio. Y añade: “Hay un mensaje muy potente en la amenaza crítica que enfrentan estas especies, y que se extiende al resto de las del ecosistema de aguas dulces”.
Según el Fondo mundial para la Naturaleza, la población de animales de agua dulce está disminuyendo al doble del ritmo que el observado en las especies terrestres o marinas. Ese ritmo acelerado se debe a una multitud de factores, como la pesca indiscriminada, la contaminación, la degradación del hábitat, la extracción y el desvío de cursos de agua. Las represas, sin embargo, son el factor más letal para los peces gigantes, muchos de los cuales migran.
Según una investigación publicada en mayo, dos tercios de los ríos más grandes del mundo ya no fluyen libremente, y en las cuencas de ríos ricos en megafauna, incluidos el Amazonas, el Congo y el mekong, hay cientos de represas planeadas o en construcción. “Nos enfrentamos al desafío de equilibrar la conservación de las especies con la necesidad de agua de los humanos”, advierte Harrison.

Los autores de este estudio recalcan que hay muchas estrategias para garantizar la supervivencia de los gigantes de agua dulce, y que ya hay evidencias de cambios positivos. “No queremos transmitir un mensaje apocalíptico”, indica Fengzhi He, ecólogo del instituto Leibniz de Ecología de Agua Dulce y Pesca Continental de Berlín, y uno de los autores principales del estudio.
Las medidas conservacionistas funcionan. En el estado de wisconsin, por ejemplo, los vecinos del lago winnebago controlan la población de esturiones desde 1930. Actualmente, ese lago tiene una de las mayores poblaciones en todo Estados Unidos de esa especie amenazada.

El arapaima, un pez sudamericano de tres metros que respira aire, ha desaparecido de gran parte del Amazonas por la pesca indiscriminada, pero en las aldeas de pescadores de Brasil en las que se hace una explotación sustentable esa población se ha multiplicado hasta diez veces.

En Estados Unidos, la ley de especies en peligro de extinción ha ayudado a estabilizar la menguante población del esturión verde y del leucisco de Colorado. Los planificadores de políticas también han usado la ley de ríos salvajes y paisajísticos nacionales para declarar “prístinos” algunos cuerpos de agua. Así se protegió al esturión verde de dos metros del río Rogue, en Oregon, y al pez espátula norteamericano en el río missouri, en montana.

También cobran fuerza los proyectos de recuperación de ríos y remoción de represas: en Estados Unidos ya desmantelaron más de 1500 diques, pero la protección de los cuerpos de aguas dulces es poco extendida: está protegida un 13% de la tierra, pero solo un 0,25% de los ríos.
Si bien ninguna de esas estrategias aisladas salvará a la megafuana de agua dulce, Hogan y sus colegas creen que pueden volcar la balanza para muchas especies y contribuir a la preservación de la biodiversidad. “Esos extraordinarios peces enriquecen y hacen más valiosa nuestra vida y nuestra experiencia en la Tierra”, afirma Hogan. “¿Queremos vivir en un planeta en el que hemos asesinado a esos animales asombrosos o en el que hemos encontrado la forma de coexistir con ellos?”.

R. N.

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