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sábado, 20 de enero de 2024

Edvard Munch, una vida atormentada que inmortalizó el grito más célebre de la historia del arte


Dónde ver obra de Munch
Se encuentra principalmente conservada y exhibida en el Museo Munch y en el Museo Nacional de Noruega.
Hasta el 31 de abril hay una muestra en el museo Barberini, en Potsdam, Alemania.
Entre el 16 de febrero y el 23 de junio, habrá una muestra Munch y Kirchner: Ansiedad y Expresión, en la Galería de Arte de la Universidad de Yale.



Edvard Munch, una vida atormentada que inmortalizó el grito más célebre de la historia del arte
Hasta el año pasado, "El grito" integraba el top ten de las obras más caras vendidas en una subasta, por su precio de venta de US$119,9 millones, en la casa de remates Sotheby´s
Los trastornos psiquiátricos y la pasión por crear están en el centro de la historia del pintor noruego, que vuelve a ponerse en foco cuando se cumplen 80 años de su muerte este mes
Lucía Vázquez Ger
Edvard Munch fue un artista de vanguardia, pintor y grabador noruego, referente del simbolismo y precursor del expresionismo. Murió a los 80 años mientras dormía, hace ocho décadas, un 23 de enero de 1944, en su país natal. El mundo lo recuerda este mes por el prolífico legado de casi dos mil cuadros y otros tantos dibujos, textos, poemas, prosas y páginas de diarios. Y probablemente también por haberle puesto a la humanidad nuevos lentes para mirar distinto y expresar estados de una dimensión interior.
Recorrer la obra de Munch implica adentrarse en las contradicciones de la condición humana. Pintor del miedo, la angustia, el dolor, el amor, el sexo, el placer, los celos, la muerte y, por supuesto, todo eso que es la vida, su obra tiene la genialidad propia de quien a pesar -o a causa- de haber transitado tormentos desde su infancia encontró en el arte un camino de sublimación, dando forma y color, en telas y cartones, a todas las luces y sombras que merodearon un mundo en el que pronto sonarían bombas entre las trincheras.
El arte y el tormento
Edvard nació en la ciudad de Ådalsbruk, en Noruega, el 12 de diciembre de 1863. Su primera infancia transcurrió en la antigua ciudad de Christiania, actualmente Oslo, junto a su madre Laura, quien padeció reiteradamente tuberculosis hasta fallecer en 1869 son solamente 33 años. Fue el segundo de cinco hermanos, junto a Sophie, la mayor, Andreas, Laura e Inger. Su padre Christian, era un médico militar, muy religioso y de difícil temperamento. La figura materna, entre la enfermedad, los embarazos, y ,finalmente, la muerte temprana, estuvo bastante ausente. También Edvard pasó en cama inviernos enteros y su hermana mayor murió al igual que su madre, de tuberculosis, en 1877.
Un aura oscura envuelve el "Autorretrato con cigarrillo", de Edvard Munch (1895), óleo perteneciente al Museo Nacional de Noruega

El artista llevó frecuentemente a su arte esas sensaciones áridas y desoladoras de la infancia, en una actitud tal vez comparable a la que años después describía Milan Kundera en su obra cumbre, La insoportable levedad del ser: “El hombre, llevado por su sentido de la belleza, convierte un acontecimiento casual (...) en un motivo que pasa ya a formar parte de la composición de su vida. Regresa a él, lo repite, lo varía, lo desarrolla como el compositor el tema de su sonata (...). Sin saberlo, el hombre compone su vida de acuerdo con las leyes de la belleza aún en los momentos de más profunda desesperación”.
La niña enferma (1886), por ejemplo, muestra a una pequeña pelirroja, con el pelo transpirado y los ojos abiertos, descansando en su cama, y a una mujer vestida de azul, con gesto de plegaria. Una escena que permite pensar en el lecho de su hermana difunta.
“Muerte en la habitación” (1893); la madre y la hermana mayor de Munch murieron durante la infancia del pintor

En Muerte en la habitación (1893), reaparece esta temática con la imagen de una familia de luto. Todos visten de azul y un hombre está rezando. Los personajes, con rostros dolientes, exclaman tristeza, pero no se abrazan.
La repetición es una característica de la trayectoria de Munch. “A partir de los primeros años del siglo XX, Munch empieza a autocitarse, a repetir en distintas versiones sus propias obras en distintas fechas. Por eso hay tantas versiones de El grito o de Madonna”, confirmala historiadora del arte Susana Smulevici.
Los tormentos continuaron. Sus relaciones de pareja fueron conflictivas. En 1885, Munch entabla una relación por cuatro años con Millie Thaulow, una mujer casada cuatro años mayor que él; y cuando ella lo deja, aparece fuertemente su inestabilidad: “Se vuelve violento, provoca escándalos callejeros y se pelea a puñetazos, algo que seguirá pasando con mucha frecuencia en su vida. Bebe hasta volverse incoherente y en ese estado vuelve a su casa donde permanece aislado, sin hablar con nadie”, relata Sylvia Iparraguirre en su libro Encuentro con Munch (Alfaguara), donde narra su experiencia con la obra del artista. En 1898 conoce a Mathilde (Tulla) Larsen. “Pero a Munch le invade la misma ambivalencia que caracteriza todas sus relaciones con las mujeres”, se lee en la página web del Museo Munch.
En "Madonna. Mujer haciendo el amor" (1894), una joven desinhibida disfruta de un encuentro sexual

El alcohol en exceso, su inestabilidad emocional y psíquica que se deteriora con el tiempo, lo llevan a internarse en 1908, en una clínica privada de Copenhague, donde permanece por varios meses. Posteriormente, se instala en su país, en donde compra una terreno en Ekely, a las afueras de Oslo, y sigue pintando.
Un artículo de Harold W. Wylie Jr., publicado en la revista académica American Imago (1980), analiza la relación entre la estructura de personalidad psiquiátrica de Munch y su creación artística, y que sostiene que su diagnóstico habría sido un trastorno narcisista de personalidad, con episodios de psicosis alcohólica aguda. Se trataría de una personalidad “altiva y reservada, con una inclinación a idealizar las relaciones y una necesidad constante de ver reflejado su yo; una personalidad solitaria, poco apta para el logro de la constancia y el amor, y con una incapacidad para llorar”. Otro artículo médico publicado en la Revista Médica de Chile (2013), sugiere que el noruego habría padecido un trastorno bipolar de personalidad.
La modernidad y las vanguardias
Fue Karen, la tía de Edvard, quien identificó su veta artística y lo incentivó a seguir ese camino. “Hace dos viajes a París. En el primero se fascina con el realismo de Courbet. Y en el segundo, descubre a Manet y al color. Munch, en su propia apreciación, muta esa idea de color; y sus colores, en lugar de tener las armonías exquisitas y refinadas de Manet, con blancos, cremas y rosados, son mucho más intensos, saturados y por momentos un poquito ácidos. Después los expresionistas de El Puente llevan todo eso al extremo”, sigue en diálogo la historiadora y docente Susana Smulevici.
"La danza de la vida", de Edvard Munch (1899), otra pieza del gran pintor en el acervo del museo noruego

Mientras que los impresionistas franceses pintaban y exploraban la forma de trabajar el color y las distintas maneras de representar la realidad exterior, el noruego miraba hacia adentro, lo espiritual, lo inmaterial. “Es tan natural como inevitable: lo único que posee el pintor es la materia humana, doliente hasta el hueso y perecedera, que él parece mezclar, destilar con una alquimia propia hasta el punto exacto en que se vuelve universal (...)”, reflexiona Iparraguirre en su libro.
Pero en sus líneas logró catalizar también el clima de su tiempo: “Pudo tomar muy sensiblemente y con lucidez las sensaciones de la gente en esa época. Representó perfecto esa aceleración que se da con las nuevas tecnologías, con los trenes a vapor, los buques transatlánticos, y toda la angustia existencial que todo eso generó”, explica a este diario Luciana García Belbey, historiadora del arte, curadora y directora de la Licenciatura en Curaduría y Gestión de Arte en el Instituto Universitario ESEADE.
A finales de 1889, falleció su padre. “Sale de esta crisis con nuevas ideas artísticas. Quiere que su arte sea personal y profundo, despojado de los estados existenciales del alma humana”, dice una línea de tiempo del museo que lleva su nombre. En esa época Munch produce sus obras más conocidas.
En "Celos" (1913), Munch pintó un triángulo amoroso
Al podio
En 1893 Munch pinta por primera vez El grito, motivo que repite luego cuatro veces y que se convertirá posteriormente en un ícono de la cultura popular. Cien años después de la primera versión, Andy Warhol produce una serie de 15 grabados con imágenes tomadas directamente de esa obra. En los noventa, Hollywood se inspira en la expresión de Munch para la publicidad de Mi pobre angelito. Hoy, todos podemos enviar por WhatsApp un emoji que emula el grito del noruego, para comunicar sensaciones de susto o de sorpresa. Hasta 2023, la obra emblemática se ubicó en el podio de las diez más caras vendidas en subastas, habiendo batido en 2012 el precio récord histórico hasta ese entonces para una subasta, con US$119,9 millones, en la casa de remates Sotheby´s.
Pero volviendo a Munch, pintó mucho más que su propio grito de angustia y el de una época que se modernizaba cada vez más rápido al ritmo del movimiento fisonómico de las ciudades que se transformaban en metrópolis modernas. En Pubertad (1894) también algo se pierde; la infancia en este caso deja espacio a la adultez, pero con una fuerte sombra que amenaza. En Madonna. Mujer haciendo el amor (1894), una joven desinhibida disfruta de un encuentro sexual. En Celos (1913), los sentimientos negativos de una relación se hacen presentes con la imagen de un triángulo amoroso.
El yo de Munch es una constante que se repite no solo en los temas de su vida que regresan y en los motivos de las obras que se citan entre ellas, sino también en sus autorretratos. En Autorretrato con cigarrillo (1895), por ejemplo, un hombre rodeado de un aura oscura que muta entre el negro y el azul, fuma un cigarrillo y mira hacia algún lugar más allá de sí mismo y del cuadro. Sube desde abajo una luminosidad que enciende el lienzo como llamando al espectador a calar un poco más en la pintura, a entrar, a conectar, a volver a mirar.
Un documento de la colección del Museo Munch: la carta de admisión para la Exposición Universal de Bellas Artes de Amberes, Bélgica, en 1885...Munch Museo

“Veo en las telas la mirada del que ve la finitud en todas las cosas, la mirada del que miró para adentro, un hombre a quien el hecho de intuir que alguien frente a sus cuadros se conmovería en un futuro tan remoto como hoy, no consolaba. Sólo hizo lo que no pudo dejar de hacer: pintar. Dar el salto, inventar su propia forma, anticipar una respuesta”, dice más adelante la autora de Encuentro con Munch.
Dónde ver obra de Munch
Se encuentra principalmente conservada y exhibida en el Museo Munch y en el Museo Nacional de Noruega.
Hasta el 31 de abril hay una muestra en el museo Barberini, en Potsdam, Alemania.
Entre el 16 de febrero y el 23 de junio, habrá una muestra Munch y Kirchner: Ansiedad y Expresión, en la Galería de Arte de la Universidad de Yale.

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viernes, 17 de noviembre de 2017

EL ARTE Y EL DOLOR


EL GRITO
El grito

El grito. Óleo y pastel sobre cartón 91 x 73,5 cm. Edvard Munch 1893.
En la Galería Nacional de Oslo se exhibe El grito, una pintura que al observador le deja una sensación de inquietud y cierto grado de angustia. Arriba de un puente y en un primer plano se encuentra una figura de aspecto andrógino, cabeza redonda y tan calva que semeja una bola de billar, la nariz es solo un par de orificios en el rostro. Se cubre las orejas con las manos y con gesto aterrado lanza un grito desgarrador.
Sin duda el mayor logro de la obra es haber retratado un sonido, porque cualquiera que la observe deduce inmediatamente que el extraño personaje, de aspecto extraterrestre, está gritando. Hay quienes interpretan que el hombrecillo oye un grito o un alarido y se tapa los oídos con ambas manos para no escucharlo. Me quedo con la primer idea.
El cielo se presenta de gruesos trozos anaranjados con vetas de azul y amarillo y el puente y el resto del paisaje iluminados por una luz semioscura, aumentan la sensación siniestra del conjunto. La obra está catalogada como precursora del movimiento expresionista que surgiría con fuerza en Alemania pocas décadas más tarde. Para los académicos Munch con El grito sentó las bases del expresionismo.
¿Está señalando la figura la angustia existencial del hombre moderno en el momento de transición entre dos siglos, o es la expresión del alma atormentada del artista? En el fondo, se pueden apreciar dos figuras con sombrero ajenas a lo que ocurre con la figura principal que sí parece percibir las catástrofes que trae el siglo XX.
Munch se inspiró para pintar esta obra una tarde en que paseaba junto con dos amigos por un mirador de la colina Ekeberg, desde donde se podía apreciar el paisaje de Oslo. En 1891, en su diario Munch relata que ese día experimentó terribles sensaciones que las describió de esta manera: “iba por la calle con dos amigos cuando el sol se puso. De repente, el cielo se tornó rojo sangre y percibí un estremecimiento de tristeza. Un dolor desgarrador en el pecho…Lenguas de fuego como sangre cubrían el fiordo negro y azulado. Mis amigos siguieron andando y yo me quedé allí temblando de miedo y oí que un grito interminable atravesaba la naturaleza.”
Melancolía
El grito fue pintado durante la última década del siglo XIX, etapa en que Munch estaba pasando por un período depresivo porque pintó en forma sucesiva varios temas que tienen el mismo hilo conductor: la desesperanza, la tristeza y el tema de la muerte. En Melancolía la figura central es un hombre todo de negro, uno de los colores favoritos del artista, que sentado apoya la cabeza sobre su mano con gesto de tristeza. Da la impresión que no espera nada de la vida.
Hay tres cuadros de velatorios: Junto al lecho de muerte, Muerte en la habitación y Madre muerta con niña, donde se ve a los familiares con gesto de resignación y tristeza alrededor del pariente fallecido. Incluso el cuadro Atardecer en el paseo Karl Johann, está lejos de ser una escena animada como caracteriza a los pintores impresionistas cuando recrean los boulevardsparisinos. La escena es realmente deprimente porque la gente está caminando con una expresión de tristeza y resignación, como si se avecinara una catástrofe inevitable.

Atardecer en el paseo Karl Johann 1892. Colección Rasmus Meyer, Bergen
Finalmente está La desesperación, con el mismo fondo ambiental que El grito, pero en este caso la figura es un hombre con galera apoyado sobre la baranda del puente sin que se vea su rostro.
Es que Munch no tuvo la resiliencia suficiente para superar varios traumas de la infancia relacionados con la enfermedad y la muerte de sus seres queridos. Solía decir de sí mismo que así como Leonardo da Vinci había estudiado la anatomía humana y diseccionado cuerpos, el intentaba diseccionar almas. El problema es que lo hacía desde su propia perspectiva, su visión pesimista de la vida y de la sociedad. Él mismo lo sugirió al afirmar: “La enfermedad, la locura y la muerte fueron los ángeles que rodearon mi cuna y me siguieron durante toda mi vida.”
El grito y su mensaje obsesionaron a Munch, quizás porque percibió que constituía la mayor expresión de su alma y esto lo motivó a realizar 4 versiones, la más famosa terminada en 1893, se encuentra en la Galería Nacional de Oslo, Noruega; otras dos versiones figuran en el Museo Munch de la misma ciudad.
En 1994 fue robada la versión más famosa, dos hombres se introdujeron por una ventana del museo de Oslo y en menos de un minuto cortaron el cable que unía el cuadro a la pared y se lo llevaron. Tuvieron la cortesía de dejar una nota de humor irónico que rezaba: “gracias por la falta de seguridad”. La obra fue recuperada pocas semanas después, pero en 2004 ingresaron ladrones en el Museo Munch y se apoderaron de una de las versiones que recién después de 2 años se pudo recuperar.
El grito se ha convertido en un símbolo cultural y es una de las imágenes más difundidas en todo el mundo. Sobre la figura del personaje se han hecho copias, imitaciones y parodias de todo tipo.

Edvard Munch (1863-1944)
En Cristianía, hoy conocida como Oslo, la capital de Noruega, nació quien sería el padre del expresionismo, un movimiento que al ser demasiado adelantado para su época no fue apreciado por sus contemporáneos. La infancia de Munch no fue feliz, una hermana sufría de trastornos mentales, su madre murió de tuberculosis cuando él tenía 5 años y durante su adolescencia la misma enfermedad, que en Noruega hacía estragos, se llevó a su hermana con quien tenía una entrañable relación.

La niña enferma. Galería Nacional de Oslo
Esta muerte impactó de tal forma en su vida que uno de sus primeros cuadros se llamó La niña enferma, una adolescente sentada en la cama y apoyada en una gran almohada, vuelve el rostro hacia un lado donde, casi a sus pies, hay una mujer sentada o arrodillada. La mujer tiene la cabeza inclinada y no se puede reconocer su cara. En una época del arte donde el detallismo era primordial, el cuadro de Munch parecía inacabado.
Munch presentó su obra en 1886 durante la Exposición de Otoño en Cristianía y causó revuelo e indignación, por la impertinencia de exponer un cuadro cuyos elementos principales eran solo esbozos. La mano izquierda de la enferma tiene los dedos sin terminar y la mujer a su lado se esfuma en una negrura total que impedía asegurar si estaba sentada o arrodillada.
El escándalo y el rechazo de la obra fue de tal magnitud que en varias oportunidades tuvo que ingresar la policía para impedir que se dañara la obra. Sorprendido Munch no comprendía que una pintura pudiera causar tanto alboroto. En realidad el ataque al cuadro era en gran parte una excusa de aquella sociedad conservadora contra la “bohemia de Cristianía”, un movimiento de anarquistas radicales, entre los que se encontraba el artista, que se oponían a la hipocresía de una falsa moral y criticaban despiadadamente, todas las costumbres de la época.
Munch no modificó su técnica en absoluto, pertenecía a esos artistas profundamente convencidos de que su estilo era renovador y genial y que algún día el mundo lo reconocería y aceptaría. Había visitado París y quedó impactado con los impresionistas, pero estos amaban los colores mientras que Munch, aparentemente un depresivo con cierto componente bipolar, no era adicto a los efectos de la luz en sus pinturas y prefería los tonos oscuros, especialmente el negro.
Fue el pintor que más autorretratos hizo. El hecho de haberse pintado más de 50 veces sugiere un afán obsesivo y psicótico por la necesidad de tener certeza de su propia existencia. Es muy sugestivo que en ninguno de estos cuadros su rostro esboce una sonrisa o una sensación placentera. La realidad es que a semejanza de Van Gogh, Munch era un enfermo con trastornos mentales que debió internarse en varias oportunidades en instituciones psiquiátricas entre 1905 y 1909 por alcoholismo, asociado a episodios alucinatorios, depresión e ideación suicida.

Autorretrato
Sin embargo, durante las dos primeras décadas del siglo XX, Munch empezó a ser reconocido y tuvo cierto bienestar económico, recibió encargos para decorados teatrales, el friso para un teatro de Ibsen en Berlín, así como pedidos particulares. Muchas de sus pinturas estaban expuestas en galerías de Berlín y Hamburgo y cuando se impuso el régimen nazi, fueron consideradas decadentes y retiradas junto con las obras de los impresionistas y los expresionistas alemanes.
Durante la Segunda Guerra Mundial estuvo temporariamente en Nueva York donde fue ampliamente reconocido y agasajado, pero ya se encontraba anciano y enfermo y finalmente a los 80 años falleció el 23 de enero de 1944 en su casa de campo rodeado de gran número de sus cuadros.
Setenta y tres años después El grito se vendió a un particular en la subasta de Sotheby a 119 millones de dólares, el precio más caro en la historia de la pintura.
R E M

Referencias
Mercedes Pérez Bergliaffa. Vida y obra de Edvard Munch, el pintor que cambiaba cuadros por zapatos. Clarín, Revista Ñ. 09/06/2013.
Origen y curiosidades sobre El grito de Munch. Errores históricos. 09/09/2015. http://www.erroreshistoricos.com/curiosidades-historicas/arte/912-origen-y-curiosidades-sobre-qel-gritoq-de-munch.html
Ulrich Bischof. Munch. Editorial Taschen, Alemania.
Marcelo Miranda C, Eva Miranda C, Matías Molina. Edvard Munch: enfermedad y genialidad en el gran artista noruego. Rev. Méd. Chile 2013;141, junio.