MARÍA ONETTO. UN TALENTO SINGULAR
Actriz querida por todos, dejó su huella en el teatro, la televisión y el cine; su último trabajo, por estrenarse, fue en la serie sobre Ringo Bonavena
Alejandro Cruz
La noticia cruda dice lo siguiente: María Onetto fue encontrada muerta ayer en su domicilio. La actriz, de 56 años, según pudo saber la nacion, venía atravesando un cuadro depresivo luego de la muerte de su madre y fue hallada sin vida por su cuñado, Bernardo Ramírez.
Uno de sus trabajos imposibles de olvidar fue la obra Nunca estuviste tan adorable, de Javier Daulte, que luego tuvo su versión en cine.
El reconocimiento de parte del mapa del circuito alternativo ya le había llegado cuando protagonizó La escala humana, una obra maravillosa estrenada en el actual Espacio Callejón, escrita y dirigida por Daulte, Rafael Spregelburd y Alejandro Tantanian.
Ese espectáculo demoledor “me abrió el paso a la televisión”, reconocería tiempo después Onetto. Un tránsito que fue, como se lo merecía, a lo grande: Montecristo, el éxito televisivo que protagonizaron Pablo Echarri y Paola Krum. Y tras cartón, el cine. Nuevamente, como se lo merecía, a lo grande: La mujer sin cabeza, la gran película de Lucrecia Martel.
En su constante compromiso con la actividad teatral, en su modo de desplazarse por escenarios y estudios de grabación, la gran María Onetto pasó de ser la madre serial asesina de La escala humana a una de las atormentadas hermanas de La casa de Bernarda Alba, que dirigió Vivi Tellas en el San Martín.
Y de la mujer sin respuestas interiores de la película de Martel a la que guardaba los misterios más ocultos de Montecristo o la que intentaba elaborar los secretos de Cecilia Roth en Tratame bien. “Las elecciones pasan por probar otras zonas de la actuación”, decía ella, la que nunca pasaba inadvertida.
A los 17 años, siguiendo la influencia de su hermana mayor, empezó a estudiar Psicología en la UBA. Gracias a un novio empezó a estudiar actuación y se anotó en la escuela de Hugo Midón. En 1991, llegó por primera vez al Sportivo Teatral, la escuela/teatro de Ricardo Bartís, figura clave de la escena en aquellos tiempos. Y allí descubrió que ella, hija del rigor, era ideal para ese profesor que le exigía todo.
“Descubrí que ser actor en lo de Bartís era peor que ser médico cirujano. Era a todo o nada. Era desafiante su manera de dar clases porque pocas veces algo estaba bien, o muy bien. Y empecé a darme cuenta de que ese mundo era muy potente. En la vida tenía que trabajar para no ser tan intensa, tan hipersensible, o estar tan pendiente de las personas. Pero esta hipersensibilidad mía ahí tenía un lugar (...). Aunque yo, la verdad, no quería ser actriz. Desde que empecé a tomar clases con Midón hasta que se empezó a desarrollar ese deseo habrán pasado como trece años”, contó en aquella oportunidad.
Del Sportivo se fue en 1996 con la decisión de no ser actriz. Por suerte para todos, cambió de opinión. A los seis meses de aquella partida la llamó Rafael Spregelburd para hacer Arrastrando la cruz. Hasta ayer, que se conoció la noticia de su muerte, no paró. Uno de sus grandes trabajos fue junto a Alfredo Alcón, en Muerte de un viajante.
Como es previsible para un mujer tan reflexiva, ella tenía su visión sobre sí misma :“Creo que soy rebelde,pero mi rebeldía no es roncar oler a, sino más íntima. Me apoyo en una frase de Kant: ‘libremente cautivo’, quiero estar cautiva y ahí ser libre. Siempre pienso la suerte que tuve de ser parte de esa generación: Spregelburd, Tantanián, Daulte, Wehbi, Bartís, lo que era el Sportivo… un hervidero, salió mucha gente de ahí, ideológicamente bien formada para el teatro”, afirmó mientras hacía La persona deprimida, título que hoy adquiere múltiples interpretaciones, que dirigió Daniel Veronese. Fue en la misma temporada que hizo Potestad, la obra de Tato Pavlovsky en puesta de Norman Briski. Su último trabajo en teatro fue
Bodas de sangre, según la puesta de Vivi Tellas, que se estrenó en el San Martín. Del numeroso elenco, era la única que volvía a un texto de García Lorca dirigido por Tellas en la misma sala luego de aquel montaje emblemático sobre Bernarda Alba. “Mi personaje tiene algo de ser la fuerza trágica de la obra, es la que la anuncia o la intuye desde el principio. Dentro de su cosa conservadora y machista, el papel de la madre tiene su lado vulnerable. En cierto sentido podría ser una Madre de Plaza de Mayo porque vive atravesada por los muertos de sus seres queridos y tiene temor que muera su hijo. La obra reflexiona sobre los mandatos, los mandatos del deseo, sobre las fricciones entre la necesidad, el deseo y la obligación”, analizaba en aquel encuentro en que estuvo acompañada por Nicolás Goldschmidt y Miranda de la Serna. Por extrañas paradojas, él venía de hacer de Maradona en la serie Sueño bendito. Pronto se la podrá ver en Ringo, la serie basada en la vida de Bonavena.•
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