viernes, 31 de julio de 2020

MANUSCRITOS,


Una sinfonía de Mozart con 347 de glucosa
Cocinando en casa con tus amigos | Chef Oropeza
Cada vez que quiero cambiar mi vida porque la odio no hago nada pero imagino que tengo una tienda de repostería porque aunque mi novio se ría y diga que no es cierto, que es imposible, que cómo puede ser si nunca lo hago, a mí me gusta mucho cocinar tortas. Medir, oler, tocar, batir, pesar, rallar, amasar, unir, alisar, esparcir, aguardar. Derretir a baño María.
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Hay algo en esa química. En esa precisión tan catastrófica. En una cucharadita de esencia de vainilla, diez gramos de bicarbonato de sodio, una pizca de polvo para hornear y el agua, a veces mejor tibia. Cuando lo hacía, cuando cocinaba, yo agarraba la batidora y la prendía y le tiraba a las claras de huevo el caramelo a punto bolita blando para hacer merengue italiano y era esa mujer que camina sobre una cuerda en el cielo, de un edificio al otro, un error y la muerte.
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Hay algo de milagroso también. De mezclar tanto los ingredientes hasta que dejan de ser lo que eran para transformarse en otros. Distintos. Hacer una torta debe ser como tener un hijo. De algo que no tiene nada que ver sale una cosa que uno siempre piensa que es la cosa más linda de todas las cosas.
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Y hay gula. Yo no necesito de los alimentos salados. Si la salud me lo permitiera, desayunaría tostadas con Nutella y almorzaría una de esas porciones altas de torta de queso y crema fresca y merendaría una caja de bombones rellenos, pero no de frutas ni de coñac, y cenaría dos volcanes de chocolate, en su mejor versión, la justa, para que el tenedor apenas los quiebre y ellos exploten y emanen ese manjar caliente hecho, si existen, por los dioses en los que no creo para luego unirse a una buena bocha de helado, al borde del plato. Yo, si voy a un restaurante, lo primero que leo en la carta son los postres para ordenar el plato principal a partir del dulce que voy a pedir y llegar a ese momento con el nivel de saciedad que preciso. Nunca quiero llenarme con ñoquis de papa y salsa de hongos y quedar sin espacio para más.
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Durante mis 20 cociné muchas tortas. De brownie con dulce de leche, cheesecakes, la que simula un Snickers, esa golosina estadounidense de caramelo y maní, lemon pie, budines, madalenas, bizcochuelos de mandarina, marmolados y de vainilla con durazno y chantilly. En mis 30 dejé de hacerlo porque la comida, la misma que comí siempre, me empezó a hacer mal, a caer peor, y encima fui a la nutricionista, la vegana, la que me recomendó mi amiga que dice ser alérgica a los lácteos, la que visita chamanes, y me dijo que las harinas procesadas, el chocolate de los kioscos, la crema de leche de las vacas, la levadura en sobrecito y todo, todo, todo eso que llevan las tortas que amo son una porquería. Por eso ya no cocino. Pero miro videos de gente que sí. Todo el tiempo. Sin parar. Más ahora. Con la pulsión de vida abarrotada en el dedo índice. Peor ahora, que no puedo salir a pasear por el barrio y porque sí. Que me quedo en casa aunque no quiera y afuera haya sol. Que si salgo solo puedo hacerlo para abastecerme de comida y no morir y con tapabocas y algo de miedo, porque estamos en el pico de una pandemia y nadie sabe demasiado de nada.
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Entonces yo, que siempre me vanaglorié de no vivir con el celular en la mano para revisar las redes sociales, yo, que me burlo de mi cuñada, la más chica, la adolescente, porque pasa horas viendo en Youtube a gente que hace ruido al masticar, yo, en este encierro de casi cuatro meses, dieciséis semanas, 122 días, 2928 horas, no puedo dejar de mirar en Instagram a los que hacen tortas en bowls de colores, con preparados que a fuerza de cucharas de madera brillan, y las llevan al horno, en moldes recién lustrados, y las decoran como si en vez de reposteros fueran escultores, con una base que gira y una espátula que logra que la cobertura no parezca puesta allí sino que brotó entre la masa. Después, por último, miro cuando las cortan. Ay… El momento en que las cortan. El placer en el filo del cuchillo.
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Sin embargo la cuenta que más me gusta es una en la que las tortas las agarran con las manos y las rompen, así, en dos, en primerísimo primer plano. Desprolijas. Como las capas tectónicas, el chocolate blanco, la mousse, la pasta de avellanas y las galletitas. Las parten y yo escucho aunque el video no tenga sonido. Una sinfonía de Mozart con 347 de glucosa. La barbarie de la lujuria. En pedazos. Como yo, acá, en casa. Con la esperanza de que estas tortas me salven. O me convenzan de que la espera, al menos, vale la pena. De que lo roto también es rico.
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Es algo milagroso mezclar los ingredientes hasta que dejan de ser lo que eran para transformarse en otros

D. C.

PAZ RODRÍGUEZ NIELL OBSERVA


Un fenomenal instrumento de poder político
Paz Rodríguez Niell (@pazrn) | Twitter
Paz Rodríguez Niell

Nombrar 23 jueces de primera instancia y 15 de tribunales orales en Comodoro Py, y duplicar la justicia federal del interior: son 132 jueces nuevos. Alberto Fernández anunció una refundación, en todo el país, de los tribunales más sensibles, los que investigan las principales causas de corrupción, de lavado de dinero, de narcotráfico.
Tener la lapicera para designar nuevos jueces fue siempre una gran fuente de poder y una fabulosa herramienta de negociación de los presidentes con las provincias, con los gobernadores, con los senadores. Para los gobiernos locales es clave influir en la elección de los jueces federales que desembarcarán en su territorio.
En materia penal, puntualmente en Comodoro Py, la refundación, tantas veces demorada, sucederá justo cuando está en pleno proceso de implementación un cambio drástico de sistema, hacia el acusatorio, que pondrá en cabeza de los fiscales -y ya no de los jueces- la carga de las investigaciones. Seguramente será necesario tener más fiscalías (el proyecto de Alberto Fernandez también las duplica), pero ¿tiene sentido duplicar los juzgados? Esta organización espejo -misma cantidad de juzgados que de fiscalías- es propia del viejo modelo inquisitivo.
Para Fernández, la reforma que está enviando al Congreso oficia de declaración de principios. Ya la tenía decidida cuando convocó a su gobierno a Gustavo Béliz, padre espiritual del proyecto, que intentó implementarlo durante gobierno de Néstor Kirchner. Es una tardía reivindicación. Pero la realidad hoy es otra. El Comodoro Py que Fernández quiere refundar no existe más. Sobre todo, después de la muerte de Claudio Bonadio y la renuncia-que se hace efectiva hoy- de Rodolfo Canicoba Corral. De los 12 juzgados de instrucción de Comodoro Py, tres están vacantes y serán cuatro si Daniel Rafecas se convierte en procurador.
Tampoco existe más la vieja SIDE, la de Antonio Stiuso; los servicios de inteligencia ya no manejan las escuchas judiciales ni pueden, por decisión de este Gobierno, intervenir en las causas penales como lo hacían. Los vicios que conserve la Agencia Federal de Inteligencia (AFI), Fernández, que la tiene intervenida, debería poder cortarlos desde adentro. Y a todo esto se suma que esos todopoderosos jueces federales que el Presidente quiere desterrar jugarán con nuevas reglas: un nuevo código procesal, que bien implementado podría agilizar y transparentar las investigaciones sin necesidad de engordar estructuras.
En cuanto al costo de la reforma, dicen en el Gobierno, el impacto está acotado porque las estructuras de los juzgados que se propone crear ya existen -hoy con forma de secretarías- y solo habrá que nombrar al nuevo juez que dirija cada una. A eso hay que sumarle las nuevas fiscalías y defensorías. De acuerdo con el Anexo I del proyecto, se prevé, solo para el nuevo Comodoro Py, la habilitación de 43 cargos de magistrados y funcionarios del Poder Judicial, 56 del Ministerio Público Fiscal y 22 del Ministerio Público de la Defensa.
La creación de los nuevos juzgados se dispone por ley, pero designar a los jueces que los ocuparán es un proceso que lleva años. El trámite empieza en el Consejo de la Magistratura, donde la mayoría requerida para aprobar ternas -dos tercios- exige un consenso difícil de alcanzar.
¿Qué pasará mientras tanto? El Gobierno propondrá dos soluciones diferentes: una para los nuevos juzgados federales de las provincias y otra para los de Comodoro Py. Si, tal como lo anunció Fernández, retoma el proyecto del macrismo de “fortalecimiento de la justicia federal en el interior del país”, esos juzgados solo empezarán a funcionar cuando esté cumplido el trámite constitucional para nombrar a sus jueces titulares.
Pero para Comodoro Py propuso una solución distinta. Según el Presidente, es necesario que los nuevos juzgados “comiencen a funcionar cuanto antes”. Para eso, recurrirá a los “subrogantes”, jueces interinos. Fernández advirtió, adelantándose a las críticas, que en su nombramiento deberán intervenir, además del Poder Ejecutivo, la Casación, el Consejo de la Magistratura y el Senado. Seguirán siendo, sin embargo, jueces inestables, con fecha de vencimiento en sus cargos.
A la designación de los nuevos jueces y la elección de los subrogantes, se suma otra carta que guarda Fernández: retiró del Senado 134 pliegos de jueces enviados por Mauricio Macri y los tiene en su despacho; entre ellos, el del poderoso juzgado electoral de la provincia de Buenos Aires. Muchos cargos por cubrir para un Gobierno que tiene tanto por acordar con el Congreso, todo en medio de un escenario de pandemia y crisis.

EL ANÁLISIS DE MARTÍN TETAZ,


Decisiones sesgadas por los números que deja el Covid
El economista Martin Tetaz se convirtió en tendencia por un tuit ...
Martín Tetaz
¿ C uál es la probabilidad de contagiarse y morir de Covid en lo que queda del año? Si las personas fueran como el homo economicus que describen los libros de texto de microeconomía, esa debiera ser la pregunta clave, el insumo principal para tomar una decisión informada en el costo y beneficio esperado de salir a la calle, juntarse con amigos o viajar en el transporte público. Ni hablar si el que tiene que decidir el curso de acción es un funcionario en cuyas manos está la gestión de la pandemia.
Sin embargo, no es posible saber cuántas personas se van a contagiar en los próximos meses y ni siquiera ese es el dato relevante. En primer lugar, porque la tasa de mortalidad del virus es muy distinta según la edad (0,06% para los que tienen veintipocos, pero 16% para los que transitan la octava década de vida). En segundo lugar, porque la probabilidad de contagio es diferente según dónde vivamos, qué actividad hagamos y cuánto nos cuidemos nosotros y aquellos con los que compartimos espacios.
De todos modos, como explica el Nobel de Economía Daniel Kahneman, la gente rara vez procesa cognitivamente probabilidades, sino que usamos reglas heurísticas para estimarlas de manera subjetiva. Ese atajo distorsiona nuestra consideración del riesgo y el beneficio porque caemos presa del sesgo de disponibilidad que nos hace pensar que es mucho mas probable que ocurra un evento que nos resulta fácil representar mentalmente, a partir de su similitud con algún caso con el que estemos familiarizados o por su aparición en los medios.
Daniel Kahneman: biografía del psicólogo que ganó el Nobel de ...
Por ejemplo, de acuerdo con los datos de la consultora especializada en aviación To70, en 2019 hubo solo 257 fallecimientos debido a accidentes de aviación aunque se vendieron 4543 millones de pasajes. De modo que murió 1 cada 17,6 millones de pasajeros transportados, lo que arroja una probabilidad cinco veces mas baja que la de sacar el Loto. Sin embargo, mucha gente piensa que el riesgo es mas grande porque le resulta fácil imaginar un accidente gracias a las películas o a la cobertura que los medios hacen de catástrofes como la del vuelo de Malaysia Airlines que desapareció de los radares el 8 de marzo de 2014.
Por esta misma razón tendemos a negar las probabilidades, y aunque la chance de morir en un accidente aéreo es tres veces mas baja que en los noventa, no nos sentimos el triple de seguros. El profesor George Loewenstein, de Carnegie Mellon University, va incluso más lejos y sostiene que muchas de nuestras decisiones en contextos de riesgo son tomadas sin que medie ningún proceso cognitivo en absoluto, sino solo a partir de reacciones emocionales que guían nuestros actos eclipsando al homo economicus calculador.
George Loewenstein and the NEW New Economics of Information ...
Se supone que las máximas autoridades que deciden las políticas públicas deberían blindarse de estos sesgos y adoptar una perspectiva basada en la ciencia y apoyada en los datos. Sin embargo, como observa Cass Sustein, coautor de Nudge (el libro de economía del comportamiento mas influyente del mundo), la clase política también sobre reacciona a los “miedos terribles” negando las probabilidades a la hora de tomar sus decisiones, lo que los lleva a exagerar las medidas preventivas y los recursos que gastan para reducir esos riesgos sobre dimensionados.
Cass Sunstein - Wikipedia
Nudge — Instituto Mexicano de Economía del Comportamiento
Un ejemplo de manual
Por primera vez en la historia de la humanidad, el mundo entero hibernó por el temor a una pandemia que mató a menos del 0,01% de la población. El número puesto en perspectiva sugiere que la reacción fue exagerada y peligrosa si ese criterio se va a repetir cada vez que aparezca una amenaza similar. Esto no quiere decir que el coronavirus sea un tema menor, porque todos vimos cómo los brotes focalizados en algunas regiones se llevaban puestos los mejores sistemas de salud del mundo. No es habitual que, por ejemplo, en Nueva York se mueran 1000 personas por día en pleno mes de abril, que 15 días atrás estaban sanas. También ocurrió en Lombardía, en París o en Madrid, pero con medidas razonables de distancia social, tapabocas y testeos masivos, mientras otros países como Turquía o Islandia tuvieron entre una décima y una vigésima parte de los muertos, sin necesidad de encerrar a su población por largos períodos de tiempo.
El primero de los grandes sesgos en torno del Covid-19 es la obsesión con la cantidad de casos diarios, como si esa fuera una variable relevante y no se encontrase sesgada a sí misma en su medición. Jamás se habían testeado 290 millones de personas en el mundo por influenza, SARS, gripe aviar o cualquier otro virus. Probablemente si informáramos en tiempo real la cantidad de gente que se contagia de distintas enfermedades o muere cada día, la población entraría en pánico, porque en cada jornada se pierden 160.000 vidas.
La Argentina, por ejemplo, tiene el doble de casos confirmados que Bélgica, pero casi una quinta parte de decesos. ¿Las políticas públicas deberían guiarse por los casos confirmados, que además están sesgados por la cantidad de tests realizados, por los fallecidos, o por la ocupación de camas de terapia intensiva?
El homo economicus hubiera ponderado todos los riesgos, balanceando los costos y beneficios en materia de salud, pero también los económicos, físicos, psicológicos y sociales, incluyendo el crecimiento del delito y de la violencia doméstica. Rara vez la resultante de ese tipo de análisis es lo que lo economistas llamamos “una solución de esquina”. Esto quiere decir un extremo en el que se prioriza reducir al mínimo posible la cantidad de contagios, sin importar el riesgo de cada uno de esos casos y el costo que hay que pagar en todas las otras dimensiones, para poder alcanzar ese rincón.
Yuval Harari y el coronavirus: el gurú futurista alertó sobre los ...
Pero el homo no es economicus. El historiador israelí Yuval Harari sostiene que nuestra especie se diferencia del resto por su capacidad para cooperar a gran escala, a partir de planes colectivos coordinados en un relato que puede ser ideológico o religioso. Ese relato, combinado con el sesgo de acción, metió a muchos gobiernos en una trampa de la que ahora no pueden salir.
La mejor investigación que conozco para ilustrar ese sesgo fue publicada en el Journal of Economic Psychology por Michael Bar Eli. 
Michael Bar-Eli | Ben Gurion University of the Negev - Academia.edu
Este psicólogo social demostró que en los penales los arqueros se quedan parados en el medio del arco muchas menos veces de lo que el comportamiento óptimo basado en la teoría de los juegos sugiere, porque la tribuna perdona que equivoquen el palo en el esfuerzo por contener el remate desde los 12 pasos, pero condena la aparente falta de iniciativa de no tirarse para algún lado.
Impelidos por el sesgo de acción que impone el temor a “la tribuna”, desde el Presidente hasta el último intendente se apuraron a cerrar, buscando coordinar el plan del esfuerzo colectivo, construyendo en el imaginario social la imagen de una catástrofe sanitaria como contrafactual. Ciento veinte días después les cuesta salir, porque la cuarentena quedó presa del sesgo de statu quo, que favorece las opciones que mantienen el default y penalizan los cambios.

LA ESTÉTICA DE REMEDIOS VARO


Remedios Varo recuerda: tradición y surrealismo en su obra pictórica
En este fragmento de un ensayo incluido en el catálogo de Constelaciones, la muestra actual de Remedios Varo en el Malba, una experta en cultura medieval da claves sobre el origen de muchas de las imágenes creadas por la artista española exiliada en México
Remedios Varo: la alquimista de la pintura, la exploradora ...
VICTORIA CIRLOT Fragmento del ensayo incluido en el catálogo de la exposición Remedios Varo. Constelaciones, que aloja actualmente el Malba. El texto completo puede leerse en malba.org.ar/wp-content/uploads/2020/03/ Victoria-cirlot-varo-recuerda.pdfLa elegida. Simpatía (la rabia del gato), comprada por Costantini
Con la precisión y la concisión que solo el gran poeta alcanza, Octavio Paz penetró en el misterio de la pintura de Remedios Varo para iluminarla con un texto que no se extiende más allá de una página. De los tesoros que contiene cada frase de este texto, hay uno que en mi lectura ha brillado especialmente: “Las apariencias son las sombras de los arquetipos: Remedios no inventa, recuerda. Pero ¿qué recuerda? 
Cinco Llaves Del Mundo Secreto De Remedios Varo Ed Atalanta ...
Esas apariciones no se parecen a nadie”. La memoria se opone aquí a la invención. Existe una íntima convicción, de origen platónico, según la cual ya lo hemos visto todo con anterioridad. 
Todos los libros del autor Varo Remedios
La contundente afirmación de Paz –“Remedios no inventa, recuerda”– parece poder relacionarse con “crear es combinar”, como decía Claude Lévi-strauss, tan afín al surrealismo. “Pero ¿qué recuerda?”. A pensar en lo que recordaba Remedios Varo está dedicado este ensayo.
Remedios Varo.: Los años en México: Amazon.es: Nonaka, Masayo: Libros
La memoria anula el tiempo lineal para generar superposiciones, líneas que se retuercen y complican porque son ajenas al orden impuesto. Libremente se mezclan unas con otras, diseñando extrañas figuras que se parecen a raíces, rizomas, torbellinos… Remedios Varo recuerda. Las imágenes se agolpan en su mente, no puede anularlas, sobrevienen, la invaden. 
Viajes inesperados: el arte y la vida de remedios varo Biblioteca ...
Son las imágenes de una Barcelona incendiada, de la violencia, de una guerra civil de la que huye, imágenes de un París que va a ser próximamente ocupado, imágenes de la prisión (de la que nunca se hablará), imágenes de un pueblecito costero cercano a Perpiñán, un remanso de paz en el horror (y justamente con Victor Brauner), Marsella, allí donde están todos –Breton y los demás, y, entre ellos, Benjamin Péret, su compañero–, Casablanca, el horror del viaje en barco, y México finalmente, el último destino. No hace falta ser un gran psicoanalista para comprender de dónde procede la angustia de muchas de las imágenes pictóricas de Remedios Varo. 
Libro Remedios Varo. El Hilo Invisible, Jose Antonio Gil /Magnolia ...
Tampoco es necesaria mucha imaginación para entender su desesperación final, esa que ha inducido a dudar entre una muerte natural y el suicidio, porque la memoria puede resultar insoportable cuando las imágenes invaden la mente y consiguen vencer todo presente y toda supuesta realidad. 
La mágica vida y obra de Remedios Varo - Megustaleer Argentina
Probablemente ese lado de la memoria llevó directamente a Remedios Varo a su final. Pero hay otra memoria, extraordinariamente fértil y productiva, que es la que hará posible su creación, la que debió presidir la etapa de su madurez creativa, en México, desde 1955, año de su primera exposición –pues aunque fuera colectiva, la crítica solo la vio a ella–, hasta 1963, fecha de su muerte. Ocho años prodigiosos, en los que afloró una creación extraordinaria, pues dio expresión a una memoria, permitiendo que saliera todo lo que había aprendido, principalmente con los surrealistas desde 1935, pero también de la tradición gracias a Georges I. Gurdjief y sus discípulos. Así, en su obra pictórica llevó a cabo una extraordinaria síntesis entre tradición e innovación, absolutamente propia y personal. Porque, no olvidemos algo importante: quien recuerda es Remedios Varo.Arte visionario: Libros (5). Remedios Varo.
APRENDIENDO A FORZAR LA INSPIRACIÓN
Fue en Barcelona, en 1935, cuando Remedios Varo aprendió a forzar la inspiración con los métodos y las técnicas surrealistas. Max Ernst había publicado un artículo en 1933, “Comment on force l’inspiration”, en la revista Le surréalisme au service de la révolution, donde aludía al collage y al frotage como dos técnicas por él descubiertas que habían servido para abrirle el ojo visionario. 
Cartas, sueños y otros textos de Remedios Varo: Muy bien Tapa ...
Porque de lo que se trataba era justamente de eso: hacía tiempo que la pintura se había liberado del sometimiento al postulado aristotélico de la imitatio naturae y aspiraba no a representar el mundo dado, sino a la creación de otros mundos descorriendo la cortina, ese motivo iconográfico tan decisivo en la pintura medieval para aludir al desvelamiento de lo invisible, y que Remedios Varo también trató en dibujos y óleos.Adictos a Remedios Varo, una de las exposiciones más íntimas de la ...
Un dibujo a tinta de 1959 lleva por título Cortina o visión. En la parte superior de la cortina aparecen diversos rostros-máscaras como los que encontramos en muchos otros de sus personajes. Cuatro años anterior a este dibujo es un óleo en el que la cortina a medio descorrer deja ver a un personaje realizando ritos extraños, como en la miniatura del Evangeliario de Lindisfarne de principios del siglo IX que deja ver a un personaje semioculto, probablemente Moisés, con un libro cerrado, y sobre todo a Mateo, en un tamaño mucho mayor, en la tarea de escritura. Los dos personajes y sus libros, uno cerrado y el otro abierto, aluden al Antiguo y al Nuevo Testamento respectivamente, y a cómo el Nuevo Testamento es el desvelamiento de lo que estaba todavía velado. La cortina, tanto en la pintura de Remedios como en la de la miniatura altomedieval, es el signo que expresa el tránsito de lo oculto a lo expuesto, y de cómo repentinamente se logra la visibilidad de lo invisible. Si en la cultura medieval el objeto pictórico se centró en el más allá, y por tanto en lo invisible, en el surrealismo se atendió al modelo interior, como insistió André Breton, pero en ambos casos se exige de la facultad visionaria la renuncia a la representación del mundo perceptible a los ojos físicos. Si las diversas prácticas ascéticas sirvieron en la Edad Media para despertar la facultad visionaria, en el siglo XX se recurrió al collage, al frotage, al fumage, utilizado por Wolfgang Paalen, o a la decalcomanía, iniciada por Óscar Domínguez y en la que André Breton vio el viejo muro paranoico de Leonardo da Vinci, cuya lección fue incesantemente recordada por los surrealistas. Estas técnicas fueron ejercitadas por Remedios Varo en la Barcelona de la preguerra, en compañía de Esteban Francés, Marcel Jean y el propio Óscar Domínguez, y en el París anterior a la ocupación.
V. C. 

SERIES Y LIBROS



Historia de un amor en la vieja normalidad

Para los demás, ella es "irritante, odiosa, contenciosa, pedante, arrogante y frígida"; y él, la clase de varón que diría "tengo esta cosa llamada vida social. Amigos de verdad". El improbable, pero inevitable, romance entre la chica rara y el chico popular del colegio es el corazón de
Gente normal, la miniserie que se estrenó esta semana en StarzPlay y que es celebrada como la más sensible del año. En la presunción de normalidad de Marianne y Connell, los dos jóvenes irlandeses definitivamente entrañables, y en su relación de varios años atravesada por conversaciones, silencios y elipsis, se escriben los fragmentos de un discurso amoroso de esta época: qué pasa con las decisiones que tomamos cuando alguien nos gusta y eso cambia el rumbo de nuestras vidas.

Si un antropólogo social del siglo XXII quisiera investigar cómo eran los vínculos afectivos antes del periodo conocido como la Gran Reclusión debería ver los doce breves capítulos de Gente normal: la miniserie es una taxonomía, o ciencia de la descripción y clasificación, de la vida útil de una relación romántica, desde el escarceo inicial hasta la abulia final azuzada por el deseo. Empieza en la adolescencia y termina en la adultez. Y como en el libro seminal de Roland Barthes, aquí también se apuesta a una "escritura de escenas" (en una, Marianne y Connell están en la cama y en la siguiente llevan meses sin verse) donde la atracción sexual organiza encuentros y desencuentros: como todo el mundo sabe, y las canciones románticas hicieron abuso de eso, la palabra amor rima con calor. Y con dolor. 
Fragmentos de un discurso amoroso: Barthes, Roland, Eduardo Molina ...
En sus Fragmentos de un discurso amoroso, Barthes se compadece del sujeto enamorado que vive pendiente de descifrar los signos que podrían delatar el desenamoramiento del otro: acá, Marianne y Connell se enredan en lo hecho y no dicho, y al revés, todo el tiempo. La miniserie está basada en el bestseller de la escritora irlandesa Sally Rooney que se convirtió en el último fenómeno literario con solo dos novelas publicadas, Conversaciones entre amigos y Gente normal, donde se propone como una entomóloga de los vínculos de su generación.Un libro al día: 2x1: "Conversaciones entre amigos" y "Gente ...
Gente normal - Megustaleer
Gente normal | El Cultural
"No es lo mismo con otra persona", se repiten Marianne y Connell en sus infinitos reencuentros: separados por malos entendidos o tensiones de clase, porque ella es rica y él es pobre, se conocen íntimamente y después se desconocen. Es que todos somos un misterio de alguna forma y no siempre tenemos para dar lo que nuestro amante necesita: ella quería demostrar que una vida distinta es posible y él solo quería ser normal

Listamanía
Cinco personajes de Gente normal, la miniserie que todos aman
Marianne: el terror en Netflix llega a destiempo
Marianne. La crisálida del colegio muta en mariposa cuando empieza la facultad: inteligente, bella y vulnerable, está dañada desde la infancia.
Marianne y Connell íntimos. Hablamos con los protagonistas de ...
Connell. Alto, rubio, atlético, inteligentísimo, pero muy tímido: tiene un alto sentido de la justicia y está cercado por la sombra de la depresión.
Denise. La madre de Marianne, una abogada exitosa, fría y distante que no protege a su hija de las tensiones y angustias de la adolescencia.
Alan. El hermano mayor de Marianne, un tarambana díscolo que está celoso de la inteligencia de su hermana y que la hostiga con crueldad.
Lorraine. La madre de Connell, empleada doméstica en casa de Marianne: la voz moral de su hijo, una guía contenedora pero nada concesiva.

N. A.

jueves, 30 de julio de 2020

DIEGO CABOT....UN PATRIOTA,


Una ofensiva que esconde intenciones que nadie reveló
Diego Cabot (@diegocabot) | Twitter
Diego Cabot
Alguien apretó un botón y desde ese momento pegarle a Edesur paga doble en el kirchnerismo.
Desde hace unas horas, la ofensiva contra la distribuidora eléctrica que opera en el sur de la ciudad y del Gran Buenos Aires se ha convertido en un deporte partidario. Tiro al agua, imposible errar.
Nadie sabe a ciencia cierta si lo que se quiere es expropiarla o si se trata de la justificación mediática para ir por la rescisión del contrato, algo así como preparar la alfombra roja para la llegada de la comitiva interventora. O quizás haya algo más, como amedrentar a un sector que siempre se inquieta ante el congelamiento tarifario.
Tampoco se puede descartar que la soberanía de los medidores, los transformadores y las llaves térmicas sea otra de las batallas ideológicas que inicie el Gobierno. Pero claro, los escépticos, pragmáticos, más terrenales en su mirada, lo resumen en una palabra: guita, o dinero, como para salir del lunfardo.
Nada cambió en los últimos días respecto de lo que pasa con un servicio público que desde hace casi dos décadas está minado por la excepcionalidad. La Argentina paga lo que puede con sus pesos maltrechosporlosbienesylosservicios.ni los textiles que se venden acá tienen las prestaciones de los que cotizan en las grandes avenidas del primer mundo ni los productos industrializados son iguales. La pregunta que sobreviene es qué hace suponer que el servicio de electricidad, en el que se invierte en dólares y se recauda en pesos, va a tener la calidad de otros lugares del planeta.
¿Quién podría pensar que el sistema concesionario argentino, diseñado en los 90, explotado con la devaluación, emparchado en los 2000 e incumplido por todos desde hace décadas puede entregar un servicio que deje contentos a los usuarios? Solo es necesario navegar por internet, andar por las rutas argentinas, tomarse un ómnibus en Retiro o tratar de llegar a Ezeiza a tiempo en transporte público para entender el fenómeno.
La infraestructura está colapsada y no es posible planificar a largo plazo con pesos que no se actualizan. Hay un funcionario local que sí encontró la fórmula para construir rápido, eficiente y lograr que las obras estén en tiempo y forma. Se trata de Gabriel Katopodis, el ministro de Obras Públicas. Él pudo construir los hospitales modulares para luchar contra el Covid en 40 días. ¿Un genio? Quizá. ¿Cómo hizo? Licitó mediante un organismo internacional de las Naciones Unidas (Unoms) y pagó en dólares. Billetes, para ser más exacto. Quizá la obra pública y la infraestructura empiecen a transitar ese camino. De hecho, es el que eligió para las unidades sanitarias modulares en las cárceles. En dólares se consigue construir en tiempo y forma. Un innovador.
Pero de regreso a aquellas preguntas iniciales, no se deja entrever cuál es el objetivo. La estatización de las acciones de Edesur podría ser un rebrote nacionalizador y dejaría abierta la posibilidad de un reclamo internacional como sucedió con Marsans por Aerolíneas Argentinas; Suez, por Aguas Argentinas, o YPF, por citar tres de varios laudos que condenaron al país a pagar millones de dólares.
Podría ser un mensaje aleccionador para dejar claro a otros actores del sector lo que ya se puede empezar a trazar: no habrá aumento de tarifas este año y tampoco tendrán suerte el año que viene. El calendario electoral se encargará de que nadie reclame en plena campaña legislativa.
Pero hay quienes van al hueso, o al bolsillo. Los intendentes, principales voceros del malestar con la empresa, acumulan deudas millonarias con la compañía. Diez de 12 municipios donde presta servicio recaudan algún impuesto con la boleta de electricidad, pero acumulan deuda con Edesur.
Desde hace años se colocó un medidor por barrio de emergencia. Hasta ahí llega la responsabilidad de la empresa. Desde esa toma hacia atrás, cada uno que se enganche a la electricidad no paga el servicio. Las municipalidades se deben hacer cargo de la factura que generen los miles y miles de usuarios que toman la luz de esa boca de expendio.
La deuda que se acumula desde 2011 ya llega a $3000 millones y cada vez el consumo es mayor. Una nacionalización del servicio traería un alivio a las arcas de los jefes bonaerenses. Desde ese momento, todos los habitantes de la Argentina harán su aporte solidario para que los intendentes regalen la electricidad a los suyos. Se hizo la luz, podrán exclamar.

EL ANÁLISIS DE JOAQUÍN MORALES SOLÁ,


Cristina, sola con Bonafini y De Vido
Joaquín Morales Solá
Es una coalición poliédrica y contradictoria. Las diferencias entre Alberto Fernández y Cristina Kirchner salieron a la luz en los últimos días, como nunca antes, por decisión de la expresidenta más que del actual jefe del Ejecutivo. Si se achica el haz de luz sobre lo que realmente importa, sobresalen los desacuerdos por la forma de hacer política, por la manera de encarar las relaciones con los sectores económicos y por la política exterior. No es poco. Es mucho. La primera pregunta que debemos hacernos es si esas diferencias se plantean cara a cara entre ellos. Versiones seguras de ambos lados señalan que Cristina prefiere sobrevolar los hechos cuando habla por teléfono con el Presidente.
Después, hace saber más claramente su posición mediante un tuit, su herramienta política favorita, o apoyando implícitamente a los voceros del ala más radicalizada del cristinismo.
Ninguno disimula las diferencias en sus respectivas intimidades. El conflicto surge cuando el Presidente se ve obligado a cambiar, aclarar o morigerar sus posiciones para mantener la imagen de cohesión interna. La unidad entre ellos es indispensable para enfrentar los próximos tiempos de crisis sanitaria y económica. Esa es la conclusión del Presidente. Una síntesis podría resumirse así: con Cristina es difícil, sin Cristina es imposible. Ella acumula una cuota de poder institucional inédita en un vicepresidente desde 1983 (y desde antes también) y un liderazgo indiscutido sobre el sector más numeroso del peronismo gobernante. La contradicción es que todo eso no le es suficiente para conservar el poder o para enfrentar una elección, como la que se avecina el año próximo. Lo vuelve a necesitar a Alberto.
A Cristina no le gustó la escenografía del acto del 9 de Julio, sobre todo por la presencia de varios empresarios. Lo hizo saber cuando mandó a la política a leer un artículo del periodista Alfredo Zaiat, publicado en Página 12. Pícara, antes había hablado con Alberto. “¿Leíste a Zaiat?”, le deslizó. El Presidente le contestó que sí y que había encontrado “sesgado” el punto de vista de Zaiat, de quien es amigo. Después de notificarlo elípticamente, Cristina dio rienda suelta a su fascinación por el pensamiento de Zaiat. El periodista y economista planteaba como inconducente una alianza con la dirigencia empresaria argentina, tal como es y como había estado al lado del Presidente el 9 de Julio.
Primer chisporroteo por algo que es especialmente sensible: la forma de hacer política. “El Presidente sigue creyendo que hacer política es conversar y tratar de convencer”, aseguran a su lado. Lo que no dicen, pero lo sugieren, es la diferencia con Cristina. Ella hace política con el látigo o el garrote. No entiende otra forma. Fue siempre así. Alberto prometió que no cambiará sus maneras. “Para él, la construcción de poder se hace conversando con la política y con los poderes fácticos. Lo fueron a buscar porque es así y ganamos porque él es así. ¿Por qué debería cambiar? ¿Qué sentido tendría si todos nos reducimos?”, resumen a su lado.
Si bien se mira la foto del 9 de Julio, el dirigente que más rechazo debió provocar en Cristina es el presidente de la Sociedad Rural, Daniel Pelegrina. ¿Y Miguel Acevedo, presidente de la Unión Industrial? Acevedo viene de Aceitera General Deheza, cuyo líder, Roberto Urquía, es un viejo amigo de Cristina. ¿Y Adelmo Gabbi, presidente de la Bolsa de Comercio? Cristina visitó a Gabbi en sus tiempos de presidenta mucho más que Alberto. El primer problema para Cristina es Pelegrina, porque este le recuerda la guerra con el campo que ella perdió. El segundo problema de la vicepresidenta es que Alberto coincide con el pensamiento de Pelegrina. El titular de la Sociedad Rural suele decir que la Argentina debe producir alimentos para sus animales antes que exportar esos alimentos para animales del exterior. Y que luego debe procesar las carnes en industrias locales para exportarlas al mundo. Alberto viene postulando lo mismo.
Hace poco, en un seminario sobre economía, Pelegrina manifestó públicamente las diferencias en la cima política. Primero advirtió sobre los avances del populismo en el contexto de la pandemia mundial. Y luego se metió de frente en el conflicto local. Advirtió sobre los avances del kirchnerismo y sobre la necesidad de Alberto de retroceder. “Son señales erróneas y confusas para la inversión”, concluyó. El kirchnerismo se enojó con Techint y Clarín por el acto del 9 de Julio. “Hablan por hablar. Ni Techint ni Clarín estuvieron en ese acto”, subraya el albertismo. No estuvieron, en efecto.
Colaboradores de Alberto sintetizan de esta manera la posición de él: “Estuvo el 9 de Julio con los que pueden invertir. Quiere una sociedad distinta, pero no puede cambiar a los empresarios. Alberto no imagina el fin del capitalismo en el mundo después de la pandemia”. Otra vez no dicen lo que están diciendo entre líneas: el cristinismo (y Cristina) se imagina un mundo pospandemia radicalmente distinto, con el capitalismo hecho jirones. No aclaran de dónde saldrá el dinero para la reconstrucción. ¿Serán fisiócratas, seguidores de la escuela económica que confía solo en el equilibrio de la naturaleza?
El tercer conflicto es la política exterior. Hay algo significativo en esa discordia. El Presidente sabe que en la solución de la deuda argentina, ya sea con los bonistas o con el Fondo Monetario, la influencia de Estados Unidos es decisiva. El amigo de Alberto en América Latina, el mexicano López Obrador, le acaba de enseñar que un progresista puede (o debe) llevarse bien con Donald Trump, siempre que el interés nacional se lo exija. Por eso, el gobierno argentino manifestó en las Naciones Unidas su preocupación por los derechos humanos y por la situación política, económica y social en Venezuela. El canciller Felipe Solá debió aclarar ante corresponsables extranjeros que el Gobierno manifestó su “preocupación” por los derechos humanos bajo la dictadura de Maduro y que “no denunció” esa situación. Dictadura es una palabra prohibida en el Gobierno. Sergio Massa es el único miembro de la coalición gobernante que dice dictadura cuando habla de Venezuela. El significado preciso de las palabras es importante en la diplomacia, es cierto, pero es más importante para el inestable equilibrio de la alianza peronista en el poder. La “preocupación” se respalda en el demoledor informe de Michelle Bachelet, comisionada de la ONU para los derechos humanos, sobre la situación en Venezuela. ¿Quién puede contradecir a Bachelet, la grande dame de la izquierda latinoamericana? Pero deben seguirla con paso suave, cansino. El patrullaje ideológico está cerca y es rápido.
Una diferencia sustancial pasó inadvertida entre tanto ruido. Alberto fue extremadamente crítico de lo que hizo el juez Federico Villena en el caso del supuesto espionaje en tiempos de Macri. “Él cree que ningún juez serio debe meter presas un viernes a 22 personas, por más detestables que sean, para liberarlas el lunes”, señalan a su lado. Cristina se paseó del brazo de Villena.
El retroceso de Alberto Fernández sobre el acuerdo con Irán por el atentado contra la AMIA no modifica el fondo de la cuestión. Ese acuerdo trató de encubrir a los culpables del atentado. Es lo que Alberto decía antes y lo que cambió ahora. Otro cambio más. El Presidente tiene capacidad retórica para cambiar su pasado, pero no para modificar los hechos. Otra cosa es si fue una decisión política justiciable –o no–, cuestión que solo puede resolver la Corte Suprema.
Un vaho de victoria rodea al Presidente después de medir la relación de fuerzas. Cuando escribe en el diario imaginario de su presidencia debe recordar que los intendentes del conurbano estuvieron de su lado. Los carteles con “Fuerza Alberto” los financiaron ellos y empapelaron sus distritos con ese aliento. Varios gobernadores peronistas aseguraron que llamaron al Presidente para manifestarle su adhesión. ¿Y quiénes adhirieron a Cristina? “No nos hacemos esa pregunta”, responde el cristinismo. Ella, en verdad, quedó sola con Hebe de Bonafini y Julio De Vido. Alberto dejó constancia de eso también en su diario inconcebible. Los otros no hacen la pregunta para evitar la respuesta.
El conflicto surge cuando Alberto Fernández se ve obligado a cambiar o morigerar sus posiciones para mantener la imagen de cohesión interna