lunes, 18 de abril de 2022

LA KKK EN SU FINAL


“La jefa” juega sin delegados, pero contra sí misma
¿Hasta qué punto Fernández gobernaría ignorando las constantes objeciones de sus socios?; ¿cómo podría CFK horadarle la gestión sin pagar un costo propio después de haberlo ungido en el cargo?
Francisco Olivera
Hay entusiastas del kirchnerismo que dicen tener pensados ya por los menos dos afiches y los respectivos eslóganes: “#Hayfuturo” y “#Vuelve”. Quieren difundirlos en unos días. Parecen convencidos. La que pretenden que regrese y garantice el porvenir es una vez más “la jefa”, Cristina Kirchner, a la que perciben cada vez más envalentonada en marcar diferencias con la gestión de Alberto Fernández. “Una estadista que pone las cosas en su lugar”, la definió Sergio Palazzo, secretario general de La Bancaria, después de escucharla el miércoles en el CCK. Palazzo no habla de candidaturas, pero espera para este año lo mismo que la vicepresidenta, un deterioro evidente en los salarios, y les pide a los bancos una paritaria trimestral o semestral con aumentos superiores al 60%. Empatarle a la inflación parece de todos modos menos arduo que tomar distancia de un presidente ungido con el propio dedo, y en eso anda el Instituto Patria: no hay que confundir poder con banda y bastón.
La nueva era deberá ser con la líder del espacio en persona, sin delegados. “Ocupas”, apuntaría Fernanda Vallejos. El primero que dio indicios de estas intenciones volvió a ser Oscar Parrilli. Hace un mes, el senador publicó en Twitter una foto propia que lo mostraba con una media sonrisa y, a sus espaldas, una gigantografía de la cara de Cristina Kirchner de la campaña de 2019 y, sobreimpresa, una leyenda sugestiva, similar a la que iría a los talleres: “Hay futuro para vos”. Dos horas después, en la misma plataforma, Parrilli refutó cualquier llamado a la cohesión del Frente de Todos: “Como dice @Cfkargentina, las elecciones no se ganan con la unidad de los dirigentes, sino gobernando para mejorar la calidad de vida del pueblo”. Justo el drama que vislumbra el kirchnerismo: el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional no proyecta más que malas noticias para este año. El problema no es el futuro, sino el presente.
El miércoles pasado, horas antes de que la vicepresidenta empezara a hablar en la Asamblea Parlamentaria Euro-latinoamericana en el CCK, Roberto Navarro compendió en radio El Destape todos estos anhelos y perturbaciones, pero los ató a la suerte de las elecciones presidenciales brasileñas, previstas para el 2 de octubre: “Va a modificar mucho lo que antes pase en Brasil. Si gana Lula, va a tener una repercusión muy grande en la interna, porque va a fortalecer mucho una idea que está habiendo en el ámbito del kirchnerismo: abriría una posibilidad de hacer cosas conjuntas. Imagínense ustedes un proyecto como este, de ganancias inesperadas, no solo por un año, sino para los próximos años… La forma de relacionarse con Estados Unidos y con China… Tener una política multilateral y que te lo permitan, ¿no?, que no te estén presionando todo el tiempo. Lula va a modificar todo el mapa. Y, si gana Lula, va a haber un operativo muy fuerte para que vuelva Cristina. Cristina va a querer jugar, lo va a ver como una posibilidad histórica. Bueno, es una carta que antes no estaba sobre la mesa y ahora se está poniendo a alto nivel: sería una movida política fuerte”.
Los partidarios de esta idea la ven a estas alturas como el único modo de resolver las diferencias dentro del espacio. No está claro el modo de ponerla en práctica por el desgaste del Gobierno, y eso es lo que obliga, por ejemplo, a propuestas extravagantes que surgen cada tanto, como la de anticipar las elecciones, algo que la Constitución del 94 solo permite en caso de acefalía. En el Instituto Patria hay incluso quienes muestran encuestas que dicen que más del 55% de la población tomaría el adelanto con agrado. Lo único que el kirchnerismo está en condiciones de advertir con absoluta nitidez es que Guzmán tiene poco para aportar en ese proceso o, en el mejor de los casos, no más que desde un rol de ajustador transitorio para despejar el camino.
La vicepresidenta optó hasta ahora por concentrarse en la única variable que puede manejar: desligarse al menos de las decisiones impopulares. Acaba de hacerlo Federico Basualdo, el subsecretario más poderoso de la historia de las subsecretarías, en el crítico informe que le remitió esta semana al secretario de Energía, Darío Martínez, sobre los aumentos de tarifas. “El mecanismo de ajuste propuesto resulta contradictorio con los objetivos de crecimiento económico planteados en el acuerdo (FMI), y ejercerá una considerable presión sobre el resto de los precios de la economía”, dice el documento, según publicó el miércoles en Infobae Liliana Franco. Es decir, Basualdo ya no es solo el primer funcionario que permanece durante un año en el cargo contra la voluntad de un ministro, su jefe en el organigrama: ahora también le anticipa en público que sus próximas medidas perjudicarán a la población.
Todo es tan anómalo que, incluso después de que Guzmán consiguió convencer a Martínez de llamar a audiencias públicas para los próximos aumentos, la situación sigue haciendo dudar a las distribuidoras, que empiezan a preguntarse por la validez jurídica que puede tener una convocatoria que la Secretaría de Energía no debería hacer sin el Enargas y el ENRE, los entes reguladores. Tiene lógica: esa iniciativa no partió esta vez formalmente de esos organismos, conducidos respectivamente por Federico Bernal y Soledad Manin, dos funcionarios más leales al kirchnerismo que al Palacio de Hacienda.
El informe de Basualdo fue esta semana lo que más alteró al calmo Guzmán. Quienes estuvieron con él lo vieron estresado, molesto, pendiente del teléfono y hasta impaciente por lo que pudiera definirse el lunes, el hito a partir del cual, sueñan algunos funcionarios, Alberto Fernández empezaría a pedir renuncias. ¿Lo hará? Para el Presidente es un desafío mayúsculo. Primero, porque esa posibilidad no cuaja con su carácter. Viene repitiendo desde que asumió que nadie, ni la oposición ni el periodismo mal pensado, lo haría volver a pelearse con su compañera de fórmula. Pero además porque quienes hablan con él anticipan un escenario completamente incierto y peligroso en caso de ruptura. “La Cámpora mostró el 24 de marzo que es capaz de movilizar 50.000 personas”, advirtió alguien que va seguido a la Casa Rosada y que está cansado de los desdenes de esa agrupación al jefe del Estado.
La mayor incógnita son, sin embargo, las posibilidades de éxito de esos propósitos en uno y otro lado del Frente de Todos. Hasta qué punto Alberto Fernández gobernaría ignorando las constantes objeciones de sus socios o, del mismo modo, cómo podría Cristina Kirchner horadarle la gestión sin pagar un costo propio después de haberlo ungido en el cargo. Dependerá en todo caso del riesgo que ella esté dispuesta a correr: ya otras veces ha conspirado contra sí misma. El colmo de los afiches sería que, una vez en la vía pública, los incumpla la propia jefa.
El informe de Basualdo fue esta semana lo que más alteró al calmo Guzmán; quienes estuvieron con él lo vieron estresado, molesto, pendiente del teléfono

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