miércoles, 15 de noviembre de 2023

EL COSTO DE VIDA


La inflación de octubre fue de 8,3% y acumuló 142,7% en 12 meses
Con valores pisados por las elecciones, el IPC del mes pasado mostró una desaceleración en niveles altos; fue luego de un bimestre en el que los precios habían sido arrastrados por la devaluación posPASO
Francisco Jueguen
La inflación sigue golpeando los ingresos de los argentinos
El último número de inflación antes de que la Argentina conozca quién será su nuevo presidente no fue una sorpresa. Con precios de la economía “pisados” -dólar fijo, tarifas de servicios públicos congeladas y “senderos” oficiales acordados para miles de productos en la previa electoral-, el índice de octubre mostró una desaceleración frente a meses previos, pero en valores aún elevados. El IPC del mes pasado fue de 8,3% y el mercado espera un cierre de año cerca del 190%.
Luego de dos meses con datos por encima del 12% de inflación mensual, la suba de precios comenzó a reflejar una ralentización desde los picos observados tras la devaluación posPASO. Sin embargo, el dato mensual se mantuvo como el más elevado de la región, incluso por encima de los que muestra la Venezuela de Nicolás Maduro.
La inflación acumulada en lo que va del año fue de 120% (el doble de lo que el Gobierno preveía en el presupuesto aprobado en el Congreso), mientras que en los últimos doce meses los precios aumentaron 142,7%. Se trata del mayor número desde agosto de 1991 (144,4%), en la entrada de la economía a la convertibilidad tras una hiperinflación. La medida núcleo -que no tiene en cuenta regulados ni estacionales- avanzó 8,8%.
La división de mayor aumento en el IPC que elabora el Indec fue Comunicación (12,6%), producto de las subas en los servicios de telefonía e internet. Le siguieron luego Prendas de vestir y calzado (11%) –por el cambio de temporada– y Equipamiento y mantenimiento del hogar (10,7%). Los alimentos avanzaron 7,7%.
La suba de los precios fue mayor en el Gran Buenos Aires que en el promedio. El nivel general en la zona con más pobres del país fue de 8,6%, mientras que los alimentos avanzaron en esa región un punto más que en el agregado (8,7%).
El mercado prevé que, luego del balotaje, comience un descongelamiento de precios que siga metiendo presión a la inflación. Por caso, el miércoles próximo el dólar oficial, hoy a $350, comenzará a deslizarse, según aseguró el mismo Gobierno.
La semana pasada, el dato oficial de inflación en la Ciudad de Buenos Aires había mostrado un alza de 9,4%, una leva baja frente a los meses previos. En 12 meses, sumaba 146,4%, mientras que acumulaba 120,2% en lo que va de 2023.
La llamada inflación de los trabajadores mostró un 9,8% para el mes. El top ten de pronosticadores del Relevamiento de Expectativas del Mercado (REM) del Banco Central (BCRA) esperaba un avance de la inflación del 9,4% para octubre y de 183,8% en 2023. La entidad publicó esta tarde sus nuevas perspectivas, que llevan ese número a 188,6%.
“Al momento de evaluar tu voto y te preguntes si preferís la inflación sobre la estabilidad, si preferís esta decadencia en producción y empleo, o preferís el crecimiento económico, si querés seguir sosteniendo a esta casta política, chorra, corrupta, parasitaria e inútil que lo único que hace es destruir, tenemos nuestra generación de riqueza y hundirnos cada vez más”, dijo el candidato opositor de La Libertad Avanza (LLA), Javier Milei, anoche en el debate. La inflación es el principal problema de los argentinos, según la mayoría de las encuestas de opinión que se publican en el país.
El ministro de Economía y candidato por Unión por la Patria, Sergio Massa, dio pocas definiciones sobre los precios en el debate. Pero en una entrevista previa con el diario El País culpó a la sequía y al Fondo Monetario Internacional (FMI). “Es el factor [sobre la sequía]. No tomar los vencimientos con el FMI y la sequía como un factor determinante de 2023 es como querer salir a la calle un día que llueve y omitir la lluvia. La Argentina perdió el 50% de sus exportaciones agrícolas. Y el FMI en ese momento jugó a la política y estiró cuatro meses el acuerdo con Argentina”, dijo Massa.
“La clave es blindar el esquema de reservas y para eso voy a integrar la mitad del directorio del Banco Central con integrantes de la oposición, designados por el bloque mayoritario de la oposición del Parlamento”, prometió, y aseguró que habrá más dólares de reservas y menos vencimientos del Fondo. “Si no hubiésemos tenido sequía, probablemente el plan de estabilización, que incluyó 40% de caída del gasto real entre agosto y diciembre, hubiese podido seguir adelante”, cerró, y afirmó que si gana las elecciones comenzará el 20 de noviembre su plan de estabilización. “No voy a tomarme 20 días de vacaciones”, aseguró el ministro de Economía ganador de las elecciones del 22 de octubre pasado.
Luego de que el Indec divulgara el IPC de septiembre pasado, el BCRA aumentó las tasas de interés 1500 puntos básicos, de 118% a 133% nominal anual (TNA). Esto implicó que, si un ahorrista decidía renovar el plazo fijo mes a mes con el capital inicial más los intereses ganados, se hablaba de una tasa efectiva anual del 254,8% (TEA). Es improbable que, con una leve desaceleración, la entidad que dirige Pesce haga cambios en sus tasas de referencia tras el dato de hoy.
La mirada de los analistas
“Que una variación de 8,6% sea mejor a la esperada habla mucho de la situación actual. Sabíamos que octubre iba a mostrar una inflación más baja que agosto y septiembre, y probablemente que noviembre y diciembre. Es que tanto el tipo de cambio oficial como el paralelo se mantuvieron bajo control durante el mes y es posible que los niveles de ingresos no hayan caído en octubre, pero en noviembre y diciembre la película va a ser otra”, dijo Federico Moll, director de Ecolatina.
“El esfuerzo por no mover el tipo de cambio oficial y controlar la inflación previo a las elecciones costó muchos dólares y la situación es insostenible”, señaló el economista, y agregó: “Cuándo se van a empezar a ver cambios marcados en la política económica va a depender de la situación política, pero es difícil pensar que los niveles de inflación no vayan a crecer significativamente durante los próximos meses”.
“Descontábamos un registro más bajo de inflación para este mes”, dijo Melisa Sala, de LCG. “La suba de 8,3% de octubre implica una merma de más de 4 puntos contra el dato de septiembre. Es que el Gobierno sostuvo un congelamiento amplio de precios de bienes y servicios buscando frenar la escalada que se dio en los meses anteriores, que absorbieron de lleno el traslado de la devaluación posPASO. No somos optimistas en cuanto a que el descenso se sostenga en el tiempo; más bien entendemos que se trata de un nuevo piso, siempre más alto que el anterior (6% en junio y julio)”, agregó.
“En la primera semana de noviembre, el Relevamiento de Precios de LCG marcó una suba de 2,1% semanal. Es un valor elevado considerando que sucede a una semana que había reflejado subas del 3,4% promedio. Con esto, la inflación de alimentos vuelve acelerarse, ubicándose en 9% promedio en las últimas cuatro semanas“, dijo la economista. “Pero más preocupante es el hecho de que, en la última semana, el 46% de los productos relevados registró un aumento, lo que indicaría que, prácticamente el total de la canasta ya ajusta sus precios dos veces en el mes. Esto pone de relieve una inercia cada vez más elevada que se vuelve cada vez más difícil de frenar”, completó.
Sala dijo que para noviembre se espera una aceleración de la inflación minorista. “Después de las elecciones del 19 deberían empezar a descongelarse alguno de los precios reprimidos hasta ahora, entre ellos el dólar oficial, cuotas de medicina prepaga, combustibles y los incluidos dentro del programa Precios Justos. Aun de avanzar en un descongelamiento ordenado, sin disparada de los dólares paralelos por la incertidumbre propia que genera cualquier cambio de gobierno, esperamos un registro de inflación por encima de los dos dígitos en noviembre”, cerró.
“El 8,3% fue menos de lo que esperábamos”, reconoció Lorenzo Sigaut Gravina, economista de Equilibra. “Así como en septiembre esperábamos un poco menos, ahora en octubre dio menos de lo que se esperaba. Hay algunos factores estacionales que ayudaron, subió solo 7,6%, y obviamente los precios regulados, cosas que ya sabíamos que el Gobierno está pisando, efectivamente subieron poco”, agregó. “La primera semana de noviembre, sobre todo en alimentos, nos dio de nuevo una suba fuerte, y ya se sabe que si tenés alimentos subiendo fuerte, se empieza a complicar. Obviamente, también va a depender de lo que sucede en el balotage. Hay más chances de que la inflación de noviembre esté aún en un dígito, y que diciembre sea un mes complejo y que entonces volvamos a los dos dígitos”, cerró el economista.

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A las puertas de un verano lleno de sorpresas
Sin dólares, con una lluvia de pesos y en medio de la incertidumbre de un nuevo gobierno
Francisco Jueguen
Nadie duda entre los actores económicos que la temperatura seguirá subiendo, y el verano deparará sorpresas
La Argentina no podrá colgar el cartelito de “cerrado” el domingo 19 de noviembre, después del balotaje. El show debe continuar. El shock por la discontinuidad política -la definición sobre el cambio de gobierno que llegará el 10 de diciembre- chocará de frente con la herencia de los problemas económicos que enfrentan empresas y ciudadanos diariamente, y que se profundizaron drásticamente en los últimos meses. En ese sentido, nadie duda entre los actores económicos de que la temperatura seguirá subiendo y el verano deparará sorpresas.
Este año terminará con la inflación más alta en más de tres décadas y con marcas mensuales que lideran los saltos en la región, incluso por encima de la Venezuela de Nicolás Maduro, donde el bolívar -la moneda de ese país- es prácticamente decorativo.
La pandemia y la guerra en Ucrania le sirvieron a Alberto Fernández para esconder su fracaso con la inflación. El mundo vio subir los precios después de 40 años. Pero ya comenzaron hace tiempo su descenso. La sequía y el Fondo Monetario Internacional (FMI) ayudaron como excusa a Sergio Massa. El acuerdo con el organismo fue renegociado por él y, por caso, Uruguay, que también sufrió una fuerte falta de agua, muestra una inflación interanual que no supera el 5%.
Hay quienes estiman que, en 2024, la inflación será menor a la prevista para este año, de alrededor de 190%. Según el nuevo gobierno tome o no un camino correcto, los precios podrán desacelerar a un 155% hacia fines del año que viene o subir hasta un 300% o más. Ninguna buena decisión augura una temporada sin alta inflación. Pero, antes de 2024, están las Fiestas y las vacaciones de verano. Son días de distracción. Vale recordar: sobran los pesos que nadie quiere, faltan los dólares que todos demandan y hay un exceso de distorsiones. Con la necesidad urgente de un cambio en los precios relativos, los meses hasta la liquidación de la nueva cosecha (en abril) serán complejos.
La transición y el descongelamiento
Desde el miércoles, luego de perder toda la competitividad que le dio el salto posPASO, el dólar oficial fijo a $350 comenzará a moverse al 3% mensual, según adelantó hace semanas el viceministro Gabriel Rubinstein. Ya el tipo de cambio 30/70 para las exportaciones posterior al 22 de octubre -que resultan en un dólar más alto­- había comenzado a meter presión sobre los precios de aquello que se comercia en el mercado interno. Lo mismo sucedió con el impuesto PAIS de fines de julio a todos los productos y servicios que se compran en el exterior (importaciones). A esto último se agrega que muchas empresas suman ya el costo financiero de sus deudas para financiar su comercio exterior con dólares propios o directamente el costo del acceso a otra cotización (CCL) para poder seguir operando en medio del apagón importador.
Pero, desde el miércoles, se moverá la base de todo, el dólar oficial. Así, comenzará un proceso de descongelamiento de precios de alimentos y bebidas en acuerdos oficiales (hay allí unos 50.000 productos de consumo masivo, indumentaria, calzado, línea blanca, electrodomésticos, celulares, motos, insumos difundidos, entre otros). Pese a que el acuerdo con el Fondo preveía subas de tarifas de luz y gas en la ciudad y la provincia de Buenos Aires, el Gobierno evitó avanzar en ese camino, por lo menos, hasta las elecciones.
Sin señales de precios, es probable que se extiendan faltantes o se sumen cortes de servicios. La crisis de la nafta fue un espejo que adelanta si no hay soluciones.
Falta de combustible en Salta: la crisis de la nafta fue un espejo que adelanta si no hay soluciones.
Plan de estabilización “exitoso”
Gane quien gane, el mercado espera que el rumbo de la economía cambie. Caso contrario, se prevé una híperestanflación. Massa deberá modificar su programa económico actual y Javier Milei, no cabe dudas, aplicará otro.
Las grandes diferencias entre ambos serán tres: la velocidad, la viabilidad política y la confianza. Entre los bancos, por caso, esperan que Massa sea más gradual y que consiga apoyo en el Congreso y entre las corporaciones (empresarios y sindicatos) para encarar cambios. Sin embargo, luego de un año del “Plan Llegar” le será difícil reconstruir confianza bajo la premisa de que sus soluciones no serán las ya aplicadas por el kirchnerismo (“la culpa de todo es de las empresas”, en medio de un mar de distorsiones de precios relativos, brechas, emisión y rojo fiscal), muchas de las cuales terminaron en el estancamiento económico, del empleo, con más pobreza y con una caída de ingresos que profundizó la generada en tiempos de Mauricio Macri. Se espera un salto discreto del tipo de cambio y una baja de la inflación más lenta. La situación fiscal se consolidará con licuación de gastos y con nuevos impuestos.
Algunos aventuraban una nueva ley de Solidaridad Social y Reactivación Productiva. El cepo cambiario seguirá, por lo que las inversiones tardarán en llegar a la Argentina.
En cambio, se espera de Milei un avance a otro ritmo. Un salto del tipo de cambio más alto (y quizás una fijación luego por un tiempo prolongado). Una salida del cepo rápida. El fogonazo inicial de los precios será elevado, pero la inflación bajaría más rápido. Claro que todas sus reformas tendrán enfrente a “la casta”.
La viabilidad política de sus planes es una incógnita que, aun con su alineamiento con Macri, no logró despejar. La dolarización (la ruptura de contratos) no sería inmediata. Si el plan de estabilización no resultara exitoso, una maraña de cepos podría frenar una hiperinflación y provocar una recesión.
Último Debate Presidencial 2023 entre Sergio Massa y Javier Milei
La inercia, la bola y el diagnóstico
La Argentina volvió a la inflación durante el kirchnerismo. Fueron las distorsiones generadas durante el gobierno de Néstor Kirchner, que se profundizaron en el de Cristina Kirchner. Un festival de gasto, subsidios y ampliación del Estado que se hizo imposible de financiar. La solución que encontró el entonces secretario de Comercio, Guillermo Moreno, fue falsear el dato de inflación. Macri intentó con deuda y fracasó; Alberto y Cristina, con emisión monetaria, y el problema empeoró. Las jubilaciones, por caso, volverán a caer este año en términos reales. Iban a mejorar gracias a las Leliq (la promesa de Alberto Fernández). Pero esa deuda del Banco Central (BCRA), “inflación reprimida”, como la llamó Silvina Batakis, se disparó a $23 billones. Aún nadie esbozó una solución para este problema ni para la normalización del stock y flujo de deuda comercial de las empresas por importaciones, que creció en US$25.000 millones.
La herencia de Massa, más allá de una normalización de la cosecha desde abril, augura muchos pesos y dólares limitados, o sea, más inercia inflacionaria, brechas y cepos. Pocos prestarán, pocos invertirán y, pese a que 2024 no será un año con altos vencimientos, sí comenzará a sentirse la presión en 2025 sobre la deuda. Este escenario viene precedido por una situación social dramática, con poco margen: ingresos de los ocupados que caen hace más de cinco años y más de un 40% de pobreza.
Si el diagnóstico del oficialismo sigue empecinado en que las empresas son peores en la Argentina que en el resto del mundo -porque tienen más capacidad de cubrirse que los más pobres ante las pésimas políticas económicas-, es probable que la Argentina no sólo viva un 2024 de alta inflación sino un nuevo período presidencial sin moneda ni inversiones, con ingresos más deteriorados y sin empleo de calidad. En definitiva, una fábrica de nuevos pobres.

http://indecquetrabajaiii.blogspot.com.ar/. INDECQUETRABAJA

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