Negocios y política. El club de “empresarios amigos” que alientan el sueño presidencial de Massa
Banqueros, dueños de medios, financistas y grandes contratistas del Estado conforman la lista de contactos estrechos del candidato de Unión por la Patria
Hugo Alconada Mon
Sergio Massa y el empresario Daniel Vila, en 2014, en Mendoza
“Yo no trabajé con Eurnekian, no tengo empresarios amigos. Tengo empresarios a los que conozco”. Mirando a cámara, las cejas alzadas, las manos abriéndose en un gesto de campo llano ante sí, Sergio Massa negó anteanoche, en el debate con Javier Milei, a un grupo de hombres que lo acompaña desde hace años o, incluso, décadas. Hombres que lo quieren, financian sus campañas y se ilusionan con posibles negocios con el Estado si el tigrense llega a la Casa Rosada.
Son empresarios, banqueros, financistas, dueños de medios y contratistas del Estado que mantienen una relación estrechísima con el candidato de Unión por la Patria. Comparten alegrías, cenas, negocios, ilusiones, campañas, sospechas, traspiés y proyectos. Algunos veranean con él; otros, mucho más que eso. Juntos conforman un bloque de poder económico al que Cristina Fernández de Kirchner definió como “los titulares” en 2013.
Tres apellidos son claves en esa trama: Vila, Manzano y Brito. Daniel Vila es dueño del Grupo América, de Edenor y de Andes Energía, entre otros activos. Además de compartir con Massa vacaciones en Pinamar y la pasión por viajar a Miami, Daniel Vila es su confidente y aliado estratégico. Desde hace años coloca toda su maquinaria comunicacional –canales de televisión abierta y de cable, radios, diarios, portales de internet– a favor del líder del Frente Renovador con la misma soltura con que le hace bromas físicas que requieren la máxima confianza, como inmortalizó una fotografía de la Vendimia Solidaria de Mendoza, en 2014, que hoy resulta casi inhallable en internet. Lo palpó de armas desde atrás, de la cintura para abajo, sonrisas cómplices los dos, ante la mirada atónita de Malena Galmarini.
Hablar de Vila conlleva aludir a su socio José Luis Manzano, el segundo apellido clave en el universo Massa. El otrora ministro del Interior menemista devenido empresario también mantiene un ida y vuelta fluidísimo con el tigrense. Su agenda de teléfonos le abre puertas decisivas en Estados Unidos y Europa con la misma facilidad con que Chupete se involucró, entre otras muchas iniciativas, en las negociaciones entre el hoy ministro de Economía y entidades agropecuarias para urdir el dólar soja. Roberto Urquía, de la Aceitera General Deheza, puede dar fe de ello, según detalló el periodista Diego Genoud en su extraordinario libro El arribista del poder. La historia no publicitaria de Massa.
Sin embargo, el apellido más decisivo es Brito. Tanto que Massa llamaba “tío” a Jorge, el fallecido dueño del Macro, una entidad financiera que creció al calor del poder hasta erigirse en uno de los bancos privados más importantes de la Argentina. El ida y vuelta entre ambos era total, en una sociedad de beneficios mutuos. El banco cosechó beneficios desde que Massa lideró la Anses, y antes y después de eso el banquero financió sus campañas, le prestó su avión privado y todo lo que pudiera requerir.
Más relevante, lo aconsejaba y lo retaba, mates de por medio. Su trágica muerte en 2020, en un accidente de helicóptero, sacudió como pocas veces a Massa, que mantiene un vínculo fluido con la familia Brito, en particular, con Jorge (h.), aunque el hoy candidato todavía siente la pérdida de quien fuera su mentor, casi un padre.
De la mano de Brito, Massa interactuó con el establishment, un mundo desconocido e incómodo para la inmensa mayoría de los políticos. Así fue como en junio de 2020, por ejemplo, el banquero organizó una cena en su casa de San Isidro en la que Massa jugó de anfitrión del petrolero Marcos Bulgheroni; del dueño de Pampa Energía, Marcelo Mindlin; del entonces titular de la Unión Industrial Argentina (UIA), Miguel Acevedo, y del constructor Hugo Dragonetti. ¿Quiénes fueron los otros dos comensales? Máximo Kirchner y Eduardo “Wado” de Pedro, detalló la periodista Analía Argento en el portal Infobae.
Amigos son los amigos
También de la mano de Brito, Massa conoció al financista David Martínez, el tiburón mexicano de las finanzas, dueño del fondo Fintech Advisory y socio del banquero y de Héctor “Beto” Magnetto, accionista del Grupo Clarín. Tal es el vínculo que los une que cuando “el Fantasma” Martínez se involucró en la renegociación la deuda externa argentina que impulsó el entonces ministro de Economía, Martín Guzmán, Martínez se comunicó directamente con el presidente Alberto Fernández a través del teléfono celular de Massa.
Vila y Manzano, en tanto, no son los únicos dueños de medios con los que Massa tejió una relación estrecha. Mucha confianza tiene con Raúl Olmos, el contador mendocino que controla el multimedios Crónica y el diario BAE, y que compartió con el líder del Frente Renovador varios viajes a Miami. Y similar ida y vuelta mantuvo Massa durante un tiempo con Sergio Szpolski, del Grupo Veintitrés, quien ganó contratos para la señalética de Tigre, aunque sus acciones cayeron luego en el universo Massa casi tanto como las del constructor Jorge O’Reilly, dueño de Eidico. Todavía hoy, 12 años después de que sus caminos se separaron, el candidato responsabiliza al empresario por su distanciamiento del papa Francisco. El Pontífice siempre sospechó que Massa había bregado, a través de O’Reilly, para jubilarlo cuando era arzobispo de Buenos Aires, en 2009. O’Reilly lo desmiente, tajante.
Szpolski es apenas uno de los varios empresarios que cosecharon beneficios en el pago chico de Massa. Mario Montoto fue otra figura clave en aquellos tiempos. Pascualito –tal su nombre de guerra durante sus años de Montoneros– obtuvo contratos para las cámaras de seguridad del municipio, una herramienta que resultó de vanguardia, y que luego copiaron numerosos intendentes del conurbano.
Mindlin y Sebastián Eskenazi –dueño del Banco de Santa Cruz y el hombre al que Néstor Kirchner promovió al frente de YPF en 2008– son otros dos baluartes del establishment con llegada directa a Massa. A punto tal que fueron dos de sus invitados especiales al acto de asunción de Alberto Fernández, el 10 de diciembre de 2019, en el Congreso, donde Massa jugó de local como uno de los tres puntales del por entonces victorioso Frente de Todos. Mindlin y Eskenazi integraron su lista corta de invitados junto a Vila, Alberto Pierri, Brito, Manzano y Marcelo Tinelli, al que Massa había intentado seducir para que se candidateara para algún cargo ese año.
“La cuestión de la corrupción”
Vila y Manzano fueron, además, parte de una puja por un activo preciadísimo, Edenor, junto a otro amigo de Massa, Mauricio Filiberti, dueño casi monopólico, con Transclor, del cloro en la Argentina.
Se lo compraron a Mindlin en 2021, cuando quedaron envueltos en todo tipo de versiones tras obtener un guiño del Gobierno con la condonación de la deuda que acumulaban con Cammesa. El exministro de Planificación Federal Julio de Vido les salió el cruce: “Sergio Massa, ya que te preocupa tanto la cuestión de la corrupción, sería bueno investigar desde el Congreso la operación de venta de Edenor”, lanzó, “tanto a los compradores como al vendedor, pero fundamentalmente a los que desde el Estado intermediaron la operación”. Pero en mayo de este año, cabe aclarar, el juez federal Marcelo Martínez de Giorgi los sobreseyó a todos.
Para Filiberti, esa no fue ni la primera ni la única turbulencia vinculada al tigrense. Además de servir de anfitrión para que Roger Federer departiera con Massa en su casa de Nordelta, “el rey del cloro” o “Míster Cloro” ganó en junio de este año la licitación para abastecer de policloruro de aluminio a una planta de AySA, la empresa estatal que conduce Malena Galmarini.
Único oferente, Filiberti logró el contrato por más de US$127 millones al menos hasta 2026 y prorrogable hasta 2029.
Massa también se precia de sus amistades añejas en el mundo del juego. Guillermo Gabella, clave en Boldt, y Daniel Mautone, el socio de Daniel “el Tano” Angelici, son apenas dos de sus interlocutores frecuentes en las profundidades de los bingos bonaerenses, en tanto que el otrora “zar del juego”, Cristóbal López, delegó en su socio del Grupo Indalo, Fabián de Sousa, la oferta de financiar la campaña presidencial de Massa en 2015, según reveló por entonces Rosario Ayerdi, hoy jefa de Política de Perfil y columnista en Radio La Red y C5N.
Distinto es el caso de Eduardo Eurnekian, al que Massa mencionó anoche al debatir con Javier Milei para exponer las contradicciones del libertario con la “casta”. El tigrense y el “Armenio” se tratan desde hace años, aunque sin forjar el mismo grado de intimidad y confianza que ostentan Vila, Manzano u otros. Sí el suficiente como para invocar su nombre ante terceros, según repite el publicista Ramiro Agulla entre sus allegados. Porque fue Massa quien le planteó que podía pedirle a Eurnekian que financiara la campaña de José Luis Espert y Milei en 2021.
Otro apellido ineludible a la hora de abordar el ida y vuelta de Massa con el empresariado local es, por supuesto, José Ignacio “el Vasco” de Mendiguren, el empresario que presidió la UIA y va y viene entre los negocios y la política, una ductilidad que comparte con Francisco de Narváez.
“El Colorado”, dueño de Changomás y que supo rivalizar con Massa en las urnas de 2009 –aquellas signadas por las candidaturas testimoniales–, se convirtió luego en uno de sus invitados vip junto a Mindlin, Vila y Manzano en el acto de asunción al frente del Palacio de Hacienda. También integró la comitiva que lo acompañó a los debates presidenciales y se erigió como su mayor aportante individual de fondos, en blanco, a su campaña, con $10 millones. Se movió como local en el búnker electoral del domingo 22.
La fruición por Miami que Massa comparte con Vila y Olmos, en tanto, también lo une a otro empresario, menos conocido que los anteriores, de la industria del plástico. Se llama Daniel Gregorio Guerra y con él también suele gozar del ocio en Pinamar. Sus esposas, Malena y Andrea Mirón, también son muy amigas, y juntos los cuatro deben lidiar desde hace meses con las versiones nunca confirmadas que pretenden vincular al hoy candidato a la presidencia con la estancia La Vanguardia. La compró Guerra en San Andrés de Giles.
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“Yo no trabajé con Eurnekian, no tengo empresarios amigos. Tengo empresarios a los que conozco”. Mirando a cámara, las cejas alzadas, las manos abriéndose en un gesto de campo llano ante sí, Sergio Massa negó anteanoche, en el debate con Javier Milei, a un grupo de hombres que lo acompaña desde hace años o, incluso, décadas. Hombres que lo quieren, financian sus campañas y se ilusionan con posibles negocios con el Estado si el tigrense llega a la Casa Rosada.
Son empresarios, banqueros, financistas, dueños de medios y contratistas del Estado que mantienen una relación estrechísima con el candidato de Unión por la Patria. Comparten alegrías, cenas, negocios, ilusiones, campañas, sospechas, traspiés y proyectos. Algunos veranean con él; otros, mucho más que eso. Juntos conforman un bloque de poder económico al que Cristina Fernández de Kirchner definió como “los titulares” en 2013.
Tres apellidos son claves en esa trama: Vila, Manzano y Brito. Daniel Vila es dueño del Grupo América, de Edenor y de Andes Energía, entre otros activos. Además de compartir con Massa vacaciones en Pinamar y la pasión por viajar a Miami, Daniel Vila es su confidente y aliado estratégico. Desde hace años coloca toda su maquinaria comunicacional –canales de televisión abierta y de cable, radios, diarios, portales de internet– a favor del líder del Frente Renovador con la misma soltura con que le hace bromas físicas que requieren la máxima confianza, como inmortalizó una fotografía de la Vendimia Solidaria de Mendoza, en 2014, que hoy resulta casi inhallable en internet. Lo palpó de armas desde atrás, de la cintura para abajo, sonrisas cómplices los dos, ante la mirada atónita de Malena Galmarini.
Hablar de Vila conlleva aludir a su socio José Luis Manzano, el segundo apellido clave en el universo Massa. El otrora ministro del Interior menemista devenido empresario también mantiene un ida y vuelta fluidísimo con el tigrense. Su agenda de teléfonos le abre puertas decisivas en Estados Unidos y Europa con la misma facilidad con que Chupete se involucró, entre otras muchas iniciativas, en las negociaciones entre el hoy ministro de Economía y entidades agropecuarias para urdir el dólar soja. Roberto Urquía, de la Aceitera General Deheza, puede dar fe de ello, según detalló el periodista Diego Genoud en su extraordinario libro El arribista del poder. La historia no publicitaria de Massa.
Sin embargo, el apellido más decisivo es Brito. Tanto que Massa llamaba “tío” a Jorge, el fallecido dueño del Macro, una entidad financiera que creció al calor del poder hasta erigirse en uno de los bancos privados más importantes de la Argentina. El ida y vuelta entre ambos era total, en una sociedad de beneficios mutuos. El banco cosechó beneficios desde que Massa lideró la Anses, y antes y después de eso el banquero financió sus campañas, le prestó su avión privado y todo lo que pudiera requerir.
Más relevante, lo aconsejaba y lo retaba, mates de por medio. Su trágica muerte en 2020, en un accidente de helicóptero, sacudió como pocas veces a Massa, que mantiene un vínculo fluido con la familia Brito, en particular, con Jorge (h.), aunque el hoy candidato todavía siente la pérdida de quien fuera su mentor, casi un padre.
De la mano de Brito, Massa interactuó con el establishment, un mundo desconocido e incómodo para la inmensa mayoría de los políticos. Así fue como en junio de 2020, por ejemplo, el banquero organizó una cena en su casa de San Isidro en la que Massa jugó de anfitrión del petrolero Marcos Bulgheroni; del dueño de Pampa Energía, Marcelo Mindlin; del entonces titular de la Unión Industrial Argentina (UIA), Miguel Acevedo, y del constructor Hugo Dragonetti. ¿Quiénes fueron los otros dos comensales? Máximo Kirchner y Eduardo “Wado” de Pedro, detalló la periodista Analía Argento en el portal Infobae.
Amigos son los amigos
También de la mano de Brito, Massa conoció al financista David Martínez, el tiburón mexicano de las finanzas, dueño del fondo Fintech Advisory y socio del banquero y de Héctor “Beto” Magnetto, accionista del Grupo Clarín. Tal es el vínculo que los une que cuando “el Fantasma” Martínez se involucró en la renegociación la deuda externa argentina que impulsó el entonces ministro de Economía, Martín Guzmán, Martínez se comunicó directamente con el presidente Alberto Fernández a través del teléfono celular de Massa.
Vila y Manzano, en tanto, no son los únicos dueños de medios con los que Massa tejió una relación estrecha. Mucha confianza tiene con Raúl Olmos, el contador mendocino que controla el multimedios Crónica y el diario BAE, y que compartió con el líder del Frente Renovador varios viajes a Miami. Y similar ida y vuelta mantuvo Massa durante un tiempo con Sergio Szpolski, del Grupo Veintitrés, quien ganó contratos para la señalética de Tigre, aunque sus acciones cayeron luego en el universo Massa casi tanto como las del constructor Jorge O’Reilly, dueño de Eidico. Todavía hoy, 12 años después de que sus caminos se separaron, el candidato responsabiliza al empresario por su distanciamiento del papa Francisco. El Pontífice siempre sospechó que Massa había bregado, a través de O’Reilly, para jubilarlo cuando era arzobispo de Buenos Aires, en 2009. O’Reilly lo desmiente, tajante.
Szpolski es apenas uno de los varios empresarios que cosecharon beneficios en el pago chico de Massa. Mario Montoto fue otra figura clave en aquellos tiempos. Pascualito –tal su nombre de guerra durante sus años de Montoneros– obtuvo contratos para las cámaras de seguridad del municipio, una herramienta que resultó de vanguardia, y que luego copiaron numerosos intendentes del conurbano.
Mindlin y Sebastián Eskenazi –dueño del Banco de Santa Cruz y el hombre al que Néstor Kirchner promovió al frente de YPF en 2008– son otros dos baluartes del establishment con llegada directa a Massa. A punto tal que fueron dos de sus invitados especiales al acto de asunción de Alberto Fernández, el 10 de diciembre de 2019, en el Congreso, donde Massa jugó de local como uno de los tres puntales del por entonces victorioso Frente de Todos. Mindlin y Eskenazi integraron su lista corta de invitados junto a Vila, Alberto Pierri, Brito, Manzano y Marcelo Tinelli, al que Massa había intentado seducir para que se candidateara para algún cargo ese año.
“La cuestión de la corrupción”
Vila y Manzano fueron, además, parte de una puja por un activo preciadísimo, Edenor, junto a otro amigo de Massa, Mauricio Filiberti, dueño casi monopólico, con Transclor, del cloro en la Argentina.
Se lo compraron a Mindlin en 2021, cuando quedaron envueltos en todo tipo de versiones tras obtener un guiño del Gobierno con la condonación de la deuda que acumulaban con Cammesa. El exministro de Planificación Federal Julio de Vido les salió el cruce: “Sergio Massa, ya que te preocupa tanto la cuestión de la corrupción, sería bueno investigar desde el Congreso la operación de venta de Edenor”, lanzó, “tanto a los compradores como al vendedor, pero fundamentalmente a los que desde el Estado intermediaron la operación”. Pero en mayo de este año, cabe aclarar, el juez federal Marcelo Martínez de Giorgi los sobreseyó a todos.
Para Filiberti, esa no fue ni la primera ni la única turbulencia vinculada al tigrense. Además de servir de anfitrión para que Roger Federer departiera con Massa en su casa de Nordelta, “el rey del cloro” o “Míster Cloro” ganó en junio de este año la licitación para abastecer de policloruro de aluminio a una planta de AySA, la empresa estatal que conduce Malena Galmarini.
Único oferente, Filiberti logró el contrato por más de US$127 millones al menos hasta 2026 y prorrogable hasta 2029.
Massa también se precia de sus amistades añejas en el mundo del juego. Guillermo Gabella, clave en Boldt, y Daniel Mautone, el socio de Daniel “el Tano” Angelici, son apenas dos de sus interlocutores frecuentes en las profundidades de los bingos bonaerenses, en tanto que el otrora “zar del juego”, Cristóbal López, delegó en su socio del Grupo Indalo, Fabián de Sousa, la oferta de financiar la campaña presidencial de Massa en 2015, según reveló por entonces Rosario Ayerdi, hoy jefa de Política de Perfil y columnista en Radio La Red y C5N.
Distinto es el caso de Eduardo Eurnekian, al que Massa mencionó anoche al debatir con Javier Milei para exponer las contradicciones del libertario con la “casta”. El tigrense y el “Armenio” se tratan desde hace años, aunque sin forjar el mismo grado de intimidad y confianza que ostentan Vila, Manzano u otros. Sí el suficiente como para invocar su nombre ante terceros, según repite el publicista Ramiro Agulla entre sus allegados. Porque fue Massa quien le planteó que podía pedirle a Eurnekian que financiara la campaña de José Luis Espert y Milei en 2021.
Otro apellido ineludible a la hora de abordar el ida y vuelta de Massa con el empresariado local es, por supuesto, José Ignacio “el Vasco” de Mendiguren, el empresario que presidió la UIA y va y viene entre los negocios y la política, una ductilidad que comparte con Francisco de Narváez.
“El Colorado”, dueño de Changomás y que supo rivalizar con Massa en las urnas de 2009 –aquellas signadas por las candidaturas testimoniales–, se convirtió luego en uno de sus invitados vip junto a Mindlin, Vila y Manzano en el acto de asunción al frente del Palacio de Hacienda. También integró la comitiva que lo acompañó a los debates presidenciales y se erigió como su mayor aportante individual de fondos, en blanco, a su campaña, con $10 millones. Se movió como local en el búnker electoral del domingo 22.
La fruición por Miami que Massa comparte con Vila y Olmos, en tanto, también lo une a otro empresario, menos conocido que los anteriores, de la industria del plástico. Se llama Daniel Gregorio Guerra y con él también suele gozar del ocio en Pinamar. Sus esposas, Malena y Andrea Mirón, también son muy amigas, y juntos los cuatro deben lidiar desde hace meses con las versiones nunca confirmadas que pretenden vincular al hoy candidato a la presidencia con la estancia La Vanguardia. La compró Guerra en San Andrés de Giles.
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El massismo defendió el ingreso a los Brics y dijo que sería un atajo para reclamarle a Irán por la AMIA
Martínez Pandiani condicionó el acuerdo del Mercosur con la Unión Europea y anticipó cambios en la futura selección de los embajadores en caso de ganar
Jaime Rosemberg
Martínez Pandiani, el hombre de Massa para la Cancillería
El día después del debate entre Javier Milei y Sergio Massa, el referente en política exterior del candidato de Unión por la Patria, Gustavo Martínez Pandiani, defendió ayer el ingreso de la Argentina a los Brics, el conglomerado de cinco potencias emergentes donde se destacan China y Rusia. También puso paños fríos a un eventual y rápido acuerdo con la Unión Europea, uno de los objetivos que el gobierno de Alberto Fernández y su Cancillería se habían propuesto durante su mandato, a punto de finalizar.
“En los Brics están la segunda, la quinta y la décima potencia mundial, China, la India y Brasil, los tres principales mercados de la Argentina”, dijo el referente de política exterior de Massa en un encuentro organizado por el Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales (CARI). Martínez Pandiani, actual embajador en Suiza, destacó que el ingreso de Argentina e Irán al club de cinco países (que también integra Sudáfrica) a partir del 1º de enero de 2024 puede generar “un foro adicional para promover el reclamo” a Teherán por los pedidos de Interpol para que ex y actuales funcionarios de ese país declaren ante la Justicia por su responsabilidad en el atentado a la AMIA, en julio de 1994.
“La única razón por la que la oposición se opone a ingresar a los Brics es porque lo propuso el Gobierno”, agregó Pandiani, en referencia a las críticas que el ingreso de Argentina a partir de enero próximo despertó en dirigentes de Juntos por el Cambio. “Cuando no te sentás a la mesa para ser comensal, terminás siendo la comida”, metaforizó el diplomático, en defensa de la decisión de acelerar la incorporación a los Brics, un día después de que Milei reiterara que no comerciará de modo directo con China y Brasil, a quienes en distintas declaraciones consideró “comunistas”. Hizo la salvedad sobre Rusia, con quien “tenemos la relación” cortada por su invasión a Ucrania, que el referente de Massa volvió a condenar.
Al mismo tiempo, Martínez Pandiani se mostró contrario a acelerar la confluencia entre el Mercosur y la Unión Europea, impulsada sobre todo por el presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, por razones estrictamente comerciales. “No creemos que cualquier acuerdo sirva”, dijo el referente massista, y agregó: “No queremos ser proveedores sino socios de Europa”. En relación con el Mercosur, y en otra crítica a Milei, afirmó que “no vamos a meter la motosierra” en el mercado común, pero sí “vamos a trabajar en las asimetrías” que hoy ponen esta confluencia en crisis entre sus socios.
Cuando se le consultó por el eventual nuevo vínculo con las “dictaduras” de la región, como Venezuela, Nicaragua y Cuba, Martínez Pandiani se negó “a caracterizar de modo peyorativo a países con los que tenemos relaciones diplomáticas”, aunque puntualizó que “si Massa es elegido presidente, vamos a defender valores innegociables de la política exterior, como los derechos humanos y la democracia en todo el mundo”.
Luego de reconocer que en foros como la Unasur “se privilegió una mirada ideológica común”, Martínez Pandiani reiteró, como lo hizo en el debate anterior con Diana Mondino (La Libertad Avanza) y Federico Pinedo (Juntos por el Cambio), que la promoción de inversiones internacionales será uno de los grandes objetivos en caso de ganar las elecciones. “El Estado tiene la capacidad de regular, pero queremos que las empresas se sientan cómodas”, afirmó, y destacó que el “turismo receptivo” será una vía adicional para generar más divisas.
Para cumplir estos objetivos, Martínez Pandiani propuso modificar el criterio para designar a nuevos diplomáticos, basado en la antigüedad y el mérito, pero también en la capacidad de atraer inversiones, una “mirada comercial” en sus destinos asignados.
En casi dos horas de entrevista con medios nacionales y extranjeros, Pandiani se hizo un tiempo para reiterar sus críticas a Milei por sus declaraciones contra el papa Francisco (de las que el libertario se desdijo nuevamente durante el debate) y las Islas Malvinas, donde “por primera vez en 40 años de democracia la postura de un candidato a la presidencia coincide con la posición del Reino Unido”. Y ante reiteradas consultas, reafirmó que Massa continuará con su postura de condena al ataque terrorista de Hamas contra Israel.
El día después del debate entre Javier Milei y Sergio Massa, el referente en política exterior del candidato de Unión por la Patria, Gustavo Martínez Pandiani, defendió ayer el ingreso de la Argentina a los Brics, el conglomerado de cinco potencias emergentes donde se destacan China y Rusia. También puso paños fríos a un eventual y rápido acuerdo con la Unión Europea, uno de los objetivos que el gobierno de Alberto Fernández y su Cancillería se habían propuesto durante su mandato, a punto de finalizar.
“En los Brics están la segunda, la quinta y la décima potencia mundial, China, la India y Brasil, los tres principales mercados de la Argentina”, dijo el referente de política exterior de Massa en un encuentro organizado por el Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales (CARI). Martínez Pandiani, actual embajador en Suiza, destacó que el ingreso de Argentina e Irán al club de cinco países (que también integra Sudáfrica) a partir del 1º de enero de 2024 puede generar “un foro adicional para promover el reclamo” a Teherán por los pedidos de Interpol para que ex y actuales funcionarios de ese país declaren ante la Justicia por su responsabilidad en el atentado a la AMIA, en julio de 1994.
“La única razón por la que la oposición se opone a ingresar a los Brics es porque lo propuso el Gobierno”, agregó Pandiani, en referencia a las críticas que el ingreso de Argentina a partir de enero próximo despertó en dirigentes de Juntos por el Cambio. “Cuando no te sentás a la mesa para ser comensal, terminás siendo la comida”, metaforizó el diplomático, en defensa de la decisión de acelerar la incorporación a los Brics, un día después de que Milei reiterara que no comerciará de modo directo con China y Brasil, a quienes en distintas declaraciones consideró “comunistas”. Hizo la salvedad sobre Rusia, con quien “tenemos la relación” cortada por su invasión a Ucrania, que el referente de Massa volvió a condenar.
Al mismo tiempo, Martínez Pandiani se mostró contrario a acelerar la confluencia entre el Mercosur y la Unión Europea, impulsada sobre todo por el presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, por razones estrictamente comerciales. “No creemos que cualquier acuerdo sirva”, dijo el referente massista, y agregó: “No queremos ser proveedores sino socios de Europa”. En relación con el Mercosur, y en otra crítica a Milei, afirmó que “no vamos a meter la motosierra” en el mercado común, pero sí “vamos a trabajar en las asimetrías” que hoy ponen esta confluencia en crisis entre sus socios.
Cuando se le consultó por el eventual nuevo vínculo con las “dictaduras” de la región, como Venezuela, Nicaragua y Cuba, Martínez Pandiani se negó “a caracterizar de modo peyorativo a países con los que tenemos relaciones diplomáticas”, aunque puntualizó que “si Massa es elegido presidente, vamos a defender valores innegociables de la política exterior, como los derechos humanos y la democracia en todo el mundo”.
Luego de reconocer que en foros como la Unasur “se privilegió una mirada ideológica común”, Martínez Pandiani reiteró, como lo hizo en el debate anterior con Diana Mondino (La Libertad Avanza) y Federico Pinedo (Juntos por el Cambio), que la promoción de inversiones internacionales será uno de los grandes objetivos en caso de ganar las elecciones. “El Estado tiene la capacidad de regular, pero queremos que las empresas se sientan cómodas”, afirmó, y destacó que el “turismo receptivo” será una vía adicional para generar más divisas.
Para cumplir estos objetivos, Martínez Pandiani propuso modificar el criterio para designar a nuevos diplomáticos, basado en la antigüedad y el mérito, pero también en la capacidad de atraer inversiones, una “mirada comercial” en sus destinos asignados.
En casi dos horas de entrevista con medios nacionales y extranjeros, Pandiani se hizo un tiempo para reiterar sus críticas a Milei por sus declaraciones contra el papa Francisco (de las que el libertario se desdijo nuevamente durante el debate) y las Islas Malvinas, donde “por primera vez en 40 años de democracia la postura de un candidato a la presidencia coincide con la posición del Reino Unido”. Y ante reiteradas consultas, reafirmó que Massa continuará con su postura de condena al ataque terrorista de Hamas contra Israel.
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