miércoles, 15 de noviembre de 2023

OPINIÓN Y EL CAMPO


Massa, Milei y la superioridad política que sigue vacante
Luciana Vázquez
Después del debate del domingo, se instalaron cuatro consensos. Primero, sobre quién ganó el debate: el profesionalismo de político avezado y de ambición superenfocada le permitió a Sergio Massa derrotar a Javier Milei. Segundo, sobre lo raquítico que resultó el debate económico, que Massa logró sortear sin que Milei consiguiera dejar expuesta su parte de responsabilidad en esta crisis terminal. Tercero, sobre el mejor desempeño de Milei en el tramo educativo. Y cuarto, sobre el mejor conocimiento de Massa de los resortes del Estado, por ejemplo, la lógica del comercio exterior. Los dos últimos consensos parecieron desplegar una mirada más optimista sobre el desempeño de los dos candidatos, pero, en realidad, esa impresión es falsa.
Detrás de los indicadores educativos críticos que enumeró Milei y del desvío de Massa hacia la colectora de las virtudes inclusivas de la universidad pública argentina, se oculta una visión simplista y políticamente correcta de los dilemas educativos que afronta el país. Y en el caso de la matriz conceptual con foco en las posibilidades exportadoras de la Argentina, expertos en ese campo empezaron a dejar en claro que uno y otro quedaron a la intemperie de su ignorancia, no solo Milei, sino también Massa. Ambos encaran el perfil exportador desde el lugar equivocado.
Lo que el debate mostró no fue el triunfo rotundo de un estadista consolidado, dueño de un diagnóstico agudo acerca del Estado y su rol y de una visión clara sobre una Argentina futura, sobre un político que, aunque amateur, llega con una perspectiva innovadora y una propuesta de cambio superadora. Más que una puerta de salida, el debate intensificó la encrucijada que enfrentan los votantes: detrás de la disputa por la superioridad moral autopercibida por cada uno de los candidatos y su militancia, lo que hay es un vacío político.
En el tema educativo, Milei planteó un indicador cierto y dramático, que apenas el 16% de los alumnos que terminan el secundario lo hacen en el tiempo establecido y con los aprendizajes esperados. Pero esa cifra se ha vuelto un fetiche repetido sin consecuencias concretas en la transformación educativa: en lugar de abrir caminos de análisis, cierra el debate y lo congela. Desde hace meses, Milei distrajo con los vouchers como la solución instantánea a esos problemas, una pérdida de energía social.
El compromiso con la alfabetización que mencionó en el debate también funcionó más como una enunciación políticamente correcta, sin ninguna elaboración. Ayer, uno de sus asesores económicos, Darío Epstein, en X, se animó con algunas precisiones: “El chico que no apruebe las materias de primer grado no puede pasar a segundo grado y así sucesivamente”. Si esas son ideas que está discutiendo La Libertad Avanza, es una visión punitiva del aprendizaje, desconoce la ineficacia de la repitencia en bloque y pone la responsabilidad en el alumno antes que en las fallas del sistema educativo.
Massa se escapó por la tangente del valor de la universidad pública y la gratuidad como la vía regia de la movilidad social que caracteriza a la Argentina. Hay datos que problematizan esa realidad: mientras en el modelo educativo neoliberal de Chile ingresa a la universidad el 40% de los más pobres, en la Argentina solo lo hace el 24 por ciento.
En comercio exterior, el economista Juan Carlos Hallak, profesor titular de Economía Internacional de la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA, y uno de los investigadores claves en este campo, fue duro con los dos candidatos. Sobre Milei, dijo en X: “Con estupor me sorprendí de que insista con la posición infantil de no negociar –a nivel Estado– con Brasil ni con China”. “Es una postura ridícula. Sin negociar no se accede a muchos mercados, en China particularmente”, subrayó. Sobre la visión de Massa, Hallak cuestionó: “En un contexto con niveles de protección comercial inauditos, manejados con extrema discrecionalidad, imprevisibilidad y corrupción, solo ensalzar a la protección sin cuestionar su perjuicio a nuestro desarrollo competitivo y exportador es preocupante y desesperanzador”.
En la estrategia que Massa llevó al debate, su norte fue desnudar a Milei antes que conectar con el drama de los argentinos. El ministro candidato pudo pasar de largo del tema porque no le habló a la gente para hacer propias sus angustias ni para intentar alcanzar un pacto de confianza renovado. Al contrario, en el debate, Massa hizo lo que mejor hace: “Massa genera desconfianza, pero construye autoridad”, como dice la consultora Shila Vilker.
El candidato kirchnerista se preparó puntillosamente para eso y no para lo otro: lo acorraló con la voluntad férrea de fiscal de juicio oral de Netflix, buscó contrastar uno por uno los dichos de Milei para deschavar sus “mentiras” e, incluso, le envió mensajes cargados de advertencias inquietantes ante millones de personas. Antes que apuntar a construir un diálogo nuevo con la ciudadanía, Massa buscó destruir a su oponente. Pudo haber hecho las dos cosas al mismo tiempo. Se enfocó en una sola: limar a Milei.
Massa no funcionó como un político en busca de convertirse en la representación de los dolores de sus votantes. Lo de Massa el domingo fue la puesta en escena de un poder capaz de disponer de todos los recursos para acorralar, implacable, al adversario y obtener su objetivo.
A uno de los objetivos de política económica clave de Milei, el fin de la emisión vía la disolución del Banco Central, Massa lo transformó en revancha de una herida narcisista de un Milei joven y desequilibrado: para eso, Massa no dudó en sembrar sospechas sobre el equilibrio emocional de un joven Milei sin aportar ningún dato preciso, apenas alusiones. Sin piedad y, otra vez, sin datos, Massa sembró sospechas sobre la integridad de Milei y construyó suspicacia en torno a bienes de la familia Milei en el exterior. Sin sonrojarse, Massa confirmó en público el vínculo de vieja data de Milei con el Frente Renovador, uno de los puntos centrales que se vienen señalando para explicar la consolidación electoral de Milei: Massa le imputó a Milei haber estado cerca de Massa. Y en el clímax del manejo sesgado, apeló al vínculo de Milei con el empresario Eurnekian para acusarlo por esa cercanía, el mismo empresario con el que Massa tiene trato y en cuya casa, en diciembre del año pasado, en medio de un asado, Massa anunció que no sería candidato a presidente.
Milei fue lo contrario a Massa y algo muy distinto de lo que venía siendo a una escala difícil de comprender. ¿Fue solo falta de preparación o caben otras posibilidades? Una hipótesis que se teje en estas horas: la performance tan desconcertante de Milei como el fruto de una suerte de dominación psicológica de Massa sobre Milei que, a su vez, estaría apoyada en esos flancos débiles que Massa conoce y que explotó con eficacia.
Milei no ostentó su autoatribuida calidad de académico. No apareció su rugir de león anticasta con autoestima alta. No apareció tampoco la osadía que lo llevó tan lejos, hasta un balotaje. Ni su florearse, seguro, con sus famosas “falacias”: el domingo tenían la pólvora mojada. Ni la rebeldía que hacía sonar las cuerdas de la violencia y metía miedo a su interlocutor. El “gatito mimoso” de Myriam Bregman se queda corto para describir al Milei del debate. Rarísimo.
Y, sin embargo, nada está asegurado. No está claro que la solvencia táctica de Massa le vaya a sumar más votantes. En el debate, Massa dejó fuera de combate a Milei, pero subió al combate al votante que lo miraba desde su hogar, y que vive la economía en crisis. Massa, quizá, desenfundó un arma de doble filo.
No está claro, tampoco, el efecto sobre Milei, el gran perdedor de la noche. La soberbia y la iracundia de sus certezas, muchas disparatadas, habían clavado su techo de votantes en un 30 por ciento. Con Macri y Bullrich, buscó moderación y votos. Quizá Massa le acaba de hacer un favor cuando lo convirtió en algo parecido a una víctima. Los momentos más humanos de Milei se vieron en el debate: el político outsider desconcertado ante el maestro de la esgrima del poder, el león herbívoro que reconoce un fracaso de juventud, eso de haber quedado fuera del Banco Central, y el esperado pedido de disculpas al Papa. En lugar de redoblar la apuesta, por primera vez Milei ensayó algo más parecido a la humildad. Quizá desde la debilidad haya construido un puente con los votantes en estas horas críticas.
La Argentina está ante un dilema más que ante un problema: mientras que los problemas tienen solución, los dilemas solo tienen costos. Ni votar a Massa, ni votar a Milei, ni votar en blanco o no votar están libres de costos. Se trata apenas de elegir con qué costo se está dispuesto a convivir.

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El campo esperaba más propuestas que chicanas entre los candidatos
Para las entidades del sector, ninguno definió medidas sobre la producción agropecuaria
Fernando BertelloCarlos Castagnani, titular de Confederaciones Rurales
A la dirigencia del campo, el debate entre Sergio Massa y Javier Milei le dejó un sabor a poco. En el sector, el principal generador de divisas del país, alertaron por la ausencia de propuestas concretas para la actividad. Así lo señalaron en Confederaciones Rurales Argentinas (CRA), Coninagro y la Confederación de Asociaciones Rurales de Buenos Aires y La Pampa (Carbap).
“En el debate se escucharon muchos eslóganes, pero pocas propuestas para el campo, que necesita un plan integral para crecer. Aquel que vaya por el lado de la baja de impuestos, la planificación y muestre acciones para las economías regionales, desde CRA acompañaremos en esa dirección para que genere certidumbre al productor”, dijo Carlos Castagnani, presidente de CRA.
Para el dirigente, en la noche del domingo se vio “un debate con muchas chicanas y pocas propuestas concretas”.
“La temática agropecuaria pasó casi desapercibida, cuando las divisas que tanto necesita nuestro país van a provenir de nuestro sector”, señaló. Luego, Castagnani amplió: “Igual siempre es importante que haya debates, porque fortalece las democracias y eso es muy importante para la pluralidad de voces e ideas y conocer lo que piensan los candidatos”.
Elbio Laucirica, presidente de Coninagro, valoró la realización del debate para que la sociedad pueda decidir. Pero alertó que, más allá de cuestiones generales, faltó hablar de propuestas concretas y, sobre todo, de soluciones. “El debate nos permitió ver a los dos candidatos dando sus opiniones, de manera tal que los ciudadanos podamos tener una idea más clara de las propuestas y capacidades de los candidatos a votar. Esto tiene mucho valor a 40 años de recuperada la democracia, cuando justamente un acto electoral nos permite expresarnos en las urnas. Es muy importante escuchar propuestas de quienes nos conducirán desde el 10 de diciembre, los candidatos se expresaron”, resumió Laucirica. Agregó: “Se mencionó la necesidad de tener un gran acuerdo político, y de reducir la pobreza y combatir la inflación, en lo que estamos de acuerdo, lo compartimos y lo hemos dicho”.
En este contexto, se refirió a los puntos en deuda. “Faltó, en general, que hubiera más detalles, ir más a los cómo. Nos preocupa la inflación y también la necesidad de políticas de Estado que generen previsibilidad y confianza. Si bien se habló de competitividad cambiaria o de oportunidad en el aumento de las exportaciones, pero sin enumerar soluciones”, dijo.
Para Laucirica, sobre los “temas cooperativos o del campo se habló poco, solo en general un incremento de exportaciones y de trabajo, pero sin demasiadas precisiones”.
El presidente de Coninagro remarcó que se observaron “muchas preguntas entre ellos y poco de cómo se gobernará el país”. En este marco, señaló: “Necesitamos certezas, unidad y fortalecimiento de políticas económicas para el crecimiento de todos los argentinos, y en esto no hubo demasiadas precisiones”.
Carlos Achetoni, presidente de la Federación Agraria Argentina (FAA), dijo a este medio que aguardaba “más propuestas”, pero eso no ocurrió. “Este tiempo electoral ha insumido gran parte del año y dejado en segundo o tercer plano muchos problemas que tiene la Argentina”, afirmó.
A Horacio Salaverri, presidente de Carbap, le quedó un sabor a poco del debate. “Hubo generalidades, nada con profundidad que tenga que ver con el sector agropecuario”, indicó. “Esperábamos una alocución mayor sobre la política agropecuaria y la posibilidad de generar divisas en el país, un elemento indispensable para la salida de la Argentina”. En un momento del debate, Massa hizo referencia a la baja para las economías regionales que instrumentó en septiembre pasado. Para Salaverri, “hacia adelante no hubo una mirada concreta”

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