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domingo, 22 de diciembre de 2024

DE NO CREER Y AL MARGEN


En modo navideño: aplaudo a todos, no critico a nadie
— por Carlos M. Reymundo Roberts
Ya saben: en estas fechas estoy imbuido de un genuino fervor navideño, lo cual acentúa mi indulgencia para juzgar hechos y personas. Desde esa perspectiva, que Andrés Vázquez, jefe de la DGI, no haya avisado que tiene tres propiedades en Miami lo atribuyo a un desliz y no al deseo de ocultarlo; aquel que nunca se olvidó de declarar bienes por 2 millones de dólares que tire la primera piedra. ¿Kueider entró en Paraguay con 200.000 dólares en una mochila? Yo fui mochilero y solía hacer eso: salir de raje sin saber bien qué llevaba. ¿El fiscal Ramiro González festejó sus 60 años con una fastuosa celebrity party que le costó al menos 100 luquitas verdes? Lógico. Solo se cumplen 60 años una vez en la vida.
A Pucho Ritondo, jefe del bloque de Pro en Diputados, lo denunciaron por tener una ristra de propiedades, acá y en Miami, y cerca de 70 empresas. A ver: estamos ante un muchacho hiperactivo cuya entrega a la tarea legislativa no le impide construir un imperio. Los rumores de que trabaja más para el Gobierno que para Pro son infundados: trabaja para el país. Otra vez: nuestros corapor
A Cristina le voy a regalar una foto de Kichi, por supuesto, cruzada por una X roja
zones no deberían permanecer ajenos al espíritu de amor y paz propio de estos días. La Corte Suprema dio el ejemplo al establecer que puede funcionar con tres jueces: lejos de desafiar al Gobierno, acaba de adherir a la doctrina de la motosierra. El voto en disidencia de Lorenzetti no se aparta de ese criterio, sino que lo profundiza; planteó constituir el tribunal con un solo juez: él. Admito que me he pasado todo el año protestando por la designación de Ariel Lijo, con argumentos éticos, morales y profesionales. La proximidad de la Nochebuena me invita a una mirada más contemplativa: ya es tiempo de que llegue a la Corte; sí, en un expediente de 70 cuerpos: 50 sobre su enriquecimiento y 20 sobre su manto de piedad con los más crápulas de los crápulas. Uh, perdón, me distraje y perdí el tono. Ariel, feliz Navidad.
Vuelvo sobre Vázquez. Normalmente lo hubiese definido en términos severos. Hoy no. Por qué insistir en el bajo perfil con que manejó su declaración de bienes si fue extensivo a su imagen: durante años no hubo una sola foto de él, hasta que el lunes Hugo Alconada Mon le dio la cana (o la cara). Típico caso de celo la privacidad. O de timidez. Asimilarlo con espías o con mafiosos es propio de gente dañina. Las redes hablan de una mirada fría, desalmada. Así deben verse los que persiguen a evasores y a fugadores de divisas. Duro con ellos, mastín. Es cierto que nunca contestó las preguntas que le hizo llegar Hugo sobre su fortuna. Además de tímido, modesto.
Lilita dice que es un tipo “pesado, pesado”, y lo acusa de haber sido un soldadito de Néstor y Cristina para hacer operaciones de inteligencia contra opositores, empresarios y periodistas. Eso suena muy feo. ¡Con los periodistas no, Andrés!
Si por un minuto se me diera por tener malos pensamientos –Diosito no lo quiera– sobre Kueider, Vázquez, Lorenzetti, Lijo, Ritondo, la forma de exorcizarlos (me refiero a los pensamientos) es considerar que todos ellos integran el club de los buenos de Milei. Los defiende, los protege, los consulta. Ya les entregó su credencial de fuerzas del cielo. “Ritondo es víctima de una operación”, dijo anteayer. Era mi sospecha, pobre Puchito. El nihil obstat de Javi exime de cualquier otra justificación, con lo cual no hace falta reparar en que estos cinco angelitos son cosecha de Santi Caputo. Sí, Caputín, un distinto cazando talentos.
Mientras escribo me parece oír los reclamos de la tribuna: ¿y tus famosos regalos de Navidad? Ya van, ya van. Pasa que este año son pocos: no hay plata.
Con Cristina siempre es complicado porque no le falta nada; finalmente resolví que al pie del arbolito le voy a dejar una foto, cruzada por una X roja, de Kichi, muñeco maldito que muerde la mano de la que le dio la mamadera. En el arbolito de Kichi, la foto de la mamadera. A Macri, barajas francesas para jugar al bridge; ya tiene, obvio, pero temo que va a necesitar más de un mazo: dispondrá de mucho tiempo. En el caso de Lili Lemoine, diputada y estilista del Presi, dudé entre un libro de historia argentina (la noto floja en cosas que pasaron hace más de 10 años) y un peine muy cool; me decidí por los dos: una forma de perderles miedo a los libros es que use el peine como señalador. A Pato Bullrich, grilletes, cosa de que no se le escapen los presos cuando los obliga a limpiar las cárceles; otro debería destinarlo a Vicky Villarruel: a esa mujer no se la puede dejar suelta.
¿A Javi? Wow, tan difícil como Cristina. No porque tenga todo, sino porque no quiere nada. Místico, asceta, vive desprendido de las cosas materiales de este mundo. Creo que me voy a inclinar por un látigo inteligente, última creación de la inteligencia artificial. Por ejemplo, se lo programa para que discipline a la casta, y allá va, feroz, implacable. ¿Y si la emprende contra alguno de los cinco angelitos? Reseteo. Que se autodestruya.

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Ignorantes, pero llenos de certezas
por Héctor M. Guyot
El mundo se divide entre los que aún conservan la capacidad de escuchar al otro y los que la han perdido. Es decir, entre quienes admiten que, más allá de sus convicciones, existen otras perspectivas que podrían enriquecer la comprensión de las cosas, y quienes descartan de plano cualquier otra mirada que no sea la propia. Estos últimos, los dueños de la verdad, parecen ir consolidando una inquietante mayoría. Con un agravante: cuando aquello que contradice sus opiniones es tomado como un agravio que pone en jaque la propia identidad y propaga el mal sobre la Tierra, el que no escucha deviene paranoico o fanático. A veces, ambas cosas a la vez. Esto quizá ocurre porque el proceso en el que dejamos de escuchar al que piensa distinto muchas veces está ligado a otro más sutil: dejamos de escucharnos a nosotros mismos para escuchar solo la voz de un gurú o un líder idealizado, cuyo relato aplaca los miedos íntimos que no estamos dispuestos a afrontar o canaliza el resentimiento nacido en humillaciones previas. El que escucha al otro, el que admite otro punto de vista, se abre en cambio a la complejidad del mundo y acepta moverse en el territorio de la duda. En esa actitud de apertura, manifiesta que está dispuesto a aprender a través de un arte que parece en vías de extinción: el diálogo.
Empecé a escribir esta columna, semana a semana, hace más de diez años. Supe desde el principio que lo único que podía ofrecer era mi propia mirada sobre el asunto del que me ocupara. Se trata de un texto de opinión, en el que la subjetividad entra necesariamente en juego. Bajo la premisa de ser honesto conmigo y con los lectores, escribía y escribo con una única certeza: todo lo que diga será siempre parcial y limitado en un doble sentido: responde a mi perspectiva de las cosas, por un lado, y estará lejos de agotar el tema en cuestión, por el otro. Siento que el ejercicio vale la pena cuando mis ideas o percepciones abren un debate y despiertan una conversación en el foro de lectores; cuando los que se ven identificados con ellas entran en un ida y vuelta de mutuo respeto con aquellos que las cuestionan. Esto, que enriquece lo que uno escribió, ocurre cada vez menos. Aunque sigue siendo vehículo de reflexiones agudas, ahora el foro, más que un espacio de conversación, es la arena de disputas violentas. Claro, esto refleja lo que ocurre fuera de la Web, ¿o viceversa? Como sea, vale el debate caliente y áspero, y más si se trata de política. Lo que no vale es cancelar al otro mediante la descalificación, el insulto o la presunción injustificada de su deshonestidad o mala fe.
Vivimos tiempos en lo que nadie escucha a nadie. Esa es la sensación. Como si se hubieran acabado las preguntas: todos tienen las respuestas en la punta de la lengua y las gritan a todo pulmón, como para que se impongan en medio del ruido y la confusión general. Cada cual esgrime el arma de su certeza. Pero lo cierto es que vivimos en medio de una transformación tecnológica que lo está cambiando todo, desde la consistencia misma de la realidad hasta el concepto de lo humano, y es muy poco lo que podemos entender de esta transformación radical que asimilamos a los tumbos y que impacta en todos los órdenes, de la política a la vida privada e íntima, tanto en forma local como global.
Mientras nos cambia, la revolución tecnológica nos escamotea los medios para lidiar con ella a fin de potenciar los aspectos benéficos y encauzar los negativos. En medio del auge de una comunicación como nunca existió, el mundo es una Babel donde los idiomas se han multiplicado y nadie se entiende, una consecuencia de lo que podríamos llamar “la fragmentación algorítmica”. Las redes nos han encapsulado en burbujas que nos aíslan del conjunto, hoy disgregado en muchas “tribus ideológicas” que, en su endogamia, solo se alimentan de sus propios dogmas y rechazan la duda, así como toda alteridad. Esto se verifica aquí, allá y en todas partes: en los foros online, en el Congreso y hasta en los grandes organismos internacionales, hoy incapaces de dar respuesta a problemas comunes acuciantes, como por ejemplo las guerras. A decir verdad, el ocaso del diálogo pone en cuestión la misma noción de espacio común.
No entender. Este es el título que llevará la autobiografía póstuma de Beatriz Sarlo. “Es una autobiografía centrada en el hecho de no entender, que es mi experiencia constitutiva –dijo la ensayista en 2022–. Uno podría decir que solo me he interesado por aquello que no entiendo, con lo cual también se podría decir que no he terminado de entender nada”. Toda una declaración, en alguien que tuvo opiniones fuertes durante toda su vida. En su última lección antes de partir, el martes, la gran intelectual argentina no pontifica con un pensamiento o un concepto, sino que ofrece el testimonio de una actitud: la de buscar, siempre. Contra todo fanatismo, hace falta humildad para aceptar que la verdad última de las cosas está siempre adelante nuestro. Y que, además, cambia de acuerdo a la perspectiva. Solo queda dialogar entre nosotros, siempre que haya buena fe, para tratar de definir sus esquivos contornos y preservar la convivencia.•
Las redes nos han encapsulado en burbujas que nos aíslan del conjunto, hoy disgregado en muchas “tribus ideológicas” que solo se alimentan de sus dogmas y rechazan la duda

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domingo, 15 de diciembre de 2024

DE NO CREER Y AL MARGEN



Kueider, de aliado de Milei a feroz enemigo
— por Carlos M. Reymundo Roberts
El maldito de Kueider siempre arruinándome los planes. Ya van dos sábados seguidos que mete la cuchara y me obliga a prestarle atención, cuando yo quería dedicarme a cosas importantes. Hoy, al aniversario de Milei, el mejor presidente que haya conocido jamás la humanidad, y el mejor de acá al final de los tiempos. Imperdonable que conspire así contra Javi... un aliado de Javi.
Algo diré después sobre el primer año, pero es noticia más fresca y más alucinante que anteayer la casta del Senado haya echado a este senador ultracasta protegido por el gobierno que vino a exterminar a la casta. No es tan complejo como suena. El ánimo con que el kirchnerismo la emprendió contra Edgardo Kueider, Mister Ed, se explica fácil. Después de La Rosadita, de Josecito López y de los cuadernos, el Instituto Patria elaboró un protocolo destinado justamente a evitar situaciones enojosas en el tráfico de divisas. Obvio, Mister Ed no lo leyó; tampoco su presta secretaria, Iara. Unos irresponsables. Si algo la saca a Cristina es esa torpeza, que, por cierto, se ha cansado de reprocharle a Néstor.
La banca de Mister Ed pasa a una camporista; obvio, van a ser otras tarifas
“¡Qué manía la de dejar los dedos en todos lados!”, le gritó una vez en la cara. Como si ella hubiese sido muy cuidadosa. En este caso, tiene razón. A Ed lo pescaron en la frontera porque se estaba sonando la nariz con un billete de 100 dólares.
Entiendo también la incomodidad en las filas libertarias al ver a la Casa Rosada empeñada en defender (solo a último momento le soltó la mano) a un sujeto como Kueider. La entiendo, no la justifico. Un voto es un voto. Si en determinados proyectos, tipo la Ley Bases, está en juego el destino de la República, ¿te vas a poner a contarles las costillas a los patriotas que dan su apoyo? Desde el primer día, Ed hizo conocer su disposición a colaborar, y, además, por sumas muy razonables. Le cabe sí al Gobierno revisar su manual de procedimientos: esas 200 lucas se deberían haber entregado directamente en Asunción. Ahora, el lugar de Ed lo va a ocupar una camporista. Catástrofe. Nadie cree que tenga las mismas tarifas.
Otros aspectos de la trama suscitan lógicos interrogantes. Los libertarios plantean que la sesión no fue válida porque la presidió Vicky Villarruel, que en ese momento debería haber estado reemplazando a Milei (en viaje fiestero a Roma para entregarse a los brazos de Giorgia Meloni). Aflojen, leones: Vicky no vota. En realidad, fue inválida porque Kueider no pudo defenderse. Lo que hizo es indefendible, pero guardemos las formas: tenía derecho a decir algo, echarle la culpa a Iarita, jurar que encontró la guita en el baño de una estación de servicio… Y algo más extraño: Kueider todavía no está ni siquiera procesado y lo sacaron a patadas del Congreso, al que el año próximo podrá incorporarse Cristina, condenada ya en primera y segunda instancia. Limpísima la ficha de Cris, roñosa la de Mister Ed. El que nace para pito nunca llega a corneta.
A raíz de esta historia tan desgraciada nos enteramos de que son 28 los senadores con causas abiertas en la Justicia, en su mayoría por corruptelas. Es decir, casi el 40% de la Cámara. El número viene creciendo sistemáticamente, con lo cual me pregunto si no debería pensarse en un cupo de honestos. Por ejemplo, del 10%. Digo, cosa de evitar que la decencia resulte un obstáculo insalvable para aspirar a una banca. ¿Lijo rechazado en la Corte? Aplicamos el cupo y entra al Senado.
En estos 41 años de democracia, cinco legisladores fueron echados del Congreso por chorros o inmorales. El gorilismo ha reparado en que los cinco son peronistas. Yo felicito muy sinceramente al viejo partido: solo fueron descubiertos cinco.
Ahora sí, vamos al primer año de Milei. Un apretado balance me da que la economía está cada vez mejor, y Javi, cada vez más Javi. Esto último, con lo bueno y lo malo. Lo bueno. Me encanta lo transparente que es: no oculta su narcisismo, la obsesión estética, su gusto por los viajes, la lengua y la mente endemoniadas, mentirillas, contramarchas, revoleo adolescente de acusaciones, despreocupación por todo lo que no sean números. Qué importante tener un líder al que se le ven los pliegues íntimos: no esconde, no disimula, no aparenta. Después del profesor Alberto, como tocar el cielo con las manos. Lo malo. Muy poco. Narcisismo, obsesión estética, mentirillas, contradicciones, revoleo de acusaciones, que no discipline la cabeza y el verbo. Se lo dijo Claudio Escribano al hablar anteayer en ADEPA: “Así no, señor Presidente”.
Lo bueno: Francos, Sturzenegger, Luis Caputo. ¡Y la quiebra de Piquetes SRL! Lo malo: el monje negro Caputín, Scioli, Lijo. ¡Y sacrificar a millones de abuelos! También hay que elogiar el doloroso pero necesario pacto con Cristina en temas estratégicos, y condenar el pacto con la más casta de la casta.
La pura verdad es que Javi se está quedando con el país. Veremos qué país queda después de Javi.

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Los milagros del pastor Milei
 Fernando Laborda
La sociedad argentina asiste en estas horas a un hecho que podría calificarse de milagroso en función de su prolongada historia de populismo. Por primera vez un Presidente ha anunciado una profundización del ajuste de cara a un año electoral. No menos novedoso es que la ciudadanía mayoritariamente lo apoye.
Entre distintos analistas de opinión pública, hay coincidencia en que Javier Milei llegó a su primer año al frente del Gobierno en su punto más alto, tanto en términos de imagen personal como del nivel de aprobación de su gestión. Logró incluso sobreponerse a una caída, sufrida entre agosto y septiembre, que coincidió con el rechazo general al veto a la ley que procuraba mejorar los haberes jubilatorios y a la norma que elevaba el presupuesto universitario.
Los niveles de aprobación de la gestión de Milei –57% para Aresco y 56% para Poliarquía– se registran en forma paralela a la fuerte desaceleración de la inflación, que pasó del 25,5% mensual en diciembre de 2023 al 2,4% en noviembre último. Contrastan, no obstante, con la caída que experimentaron la actividad económica y el consumo a lo largo de 2024, si bien la tendencia descendente se ha morigerado en la segunda mitad del año.
La explicación de este fenómeno guarda relación con dos factores. El primero reside en que las dificultades económicas que aún padece la Argentina son atribuidas por la mayoría de la población al último gobierno kirchnerista. El segundo factor se relaciona con un nivel de expectativas en la gente que no se advirtió antes y en el que están ancladas las principales razones del apoyo a Milei.
Es probable que todavía sean más las personas que miran con optimismo el futuro que aquellas que observan con satisfacción el presente, aunque esa ecuación podría haber comenzado a revertirse recientemente.
Según el consultor Federico Aurelio, director de Aresco, dentro del 57% que hoy aprueba la gestión gubernamental de Milei, la mitad revela que tiene un mejor poder adquisitivo que antes y que el ajuste no la ha afectado mayormente. Es la porción de la ciudadanía que apoya en forma convencida al Gobierno. La otra mitad de ese 57% no parece estar tan convencida y admite que el ajuste la está afectando en su bolsillo; sin embargo, respalda al Gobierno, persuadida de que el esfuerzo vale la pena.
En los primeros meses de la gestión presidencial de Milei, de acuerdo con el citado analista, tres cuartas partes del apoyo social se explicaban por las expectativas favorables y por la esperanza. Hoy, en cambio, solo la mitad de ese respaldo se explicaría por las meras expectativas, en tanto que la mitad restante se
Para algunos, Milei se convirtió en un Uber de la política que rompió con oscuros aparatos. Para otros, estaría repitiendo la fórmula que han venido aplicando con éxito algunos grupos evangélicos
muestra convencida de que el Gobierno estaría logrando resultados concretos.
El mayor logro de la administración Milei se relaciona con una percepción social sobre la recuperación del orden, tanto en la economía como en la calle. Y en este último terreno, su éxito se asocia con la virtual eliminación de los intermediarios de planes sociales, también llamados gerenciadores de la pobreza, y con la reducción de los piquetes.
Para algunos, Milei se convirtió en una suerte de hacker del sistema. Algo así como un Uber de la política que rompió con oscuros aparatos para llegar directamente a la gente. Y, al menos por ahora, sigue explotando exitosamente esa condición de “outsider”, aun cuando en los últimos días haya habido no pocas muestras de que el oficialismo continúa manteniendo lazos con parte de la casta.
Es cierto que todavía vemos una sociedad que mayoritariamente está aguantando antes que disfrutando y probablemente falte bastante tiempo para que una porción más grande de la población perciba que está mejorando su metro cuadrado. Sin embargo, estudiosos de la opinión pública como Lucas Romero advierten que Milei estaría repitiendo la fórmula que han venido aplicando con éxito algunos grupos evangélicos en su tarea de reclutar feligreses.
La teología de la prosperidad es una corriente religiosa según la cual la fe, las donaciones y el discurso positivo son el camino para alcanzar bienestar material y físico. Se basa en la idea de que la Biblia es un contrato entre Dios y los seres humanos, y que si se tiene fe en Dios, él dará seguridad y prosperidad. Milei, según Romero, cumple en cierto modo el rol de esos pastores que prometen ordenarles la vida a sus fieles a cambio de un sacrificio frente al ajuste. Para que la gente siga creyendo en el mensaje del pastor y aportando su diezmo, tiene que percibir que la prosperidad está llegando.
En la vereda de enfrente, hasta no hace mucho Cristina Kirchner daba clases magistrales intentando explicar que el déficit fiscal no era un problema y nos brindaba ejemplos sobre lo bien que les iba a algunos países que tenían cuentas fiscales deficitarias. El gobernador bonaerense, Axel Kicillof, explora una vía parecida, sugiriendo que la provincia podría comprar Aerolíneas Argentinas a fin de evitar su privatización o su liquidación. La propuesta de Kicillof provocó entre sus críticos una lluvia de memes en redes sociales. Uno de los más llamativos señalaba que el mandatario provincial estaría evaluando también comprar la escudería Williams para que Franco Colapinto pueda ser un piloto de Fórmula 1 estatal, nacional y popular.

UNTREF | Mosconi 2736 | Saenz Peña | 1674

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domingo, 1 de diciembre de 2024

DE NO CREER Y AL MARGEN


Javi-Cris: un pacto para cambiar la historia
Carlos M
. Reymundo Roberts
La fiebre Milei es contagiosa, al menos en el Río de la Plata. Enfrentados en las elecciones de Uruguay un zurdo y un liberal, un casta y un alma pura, ¿quién ganó? El comunista. Recalculando, uruguayos. Nosotros les damos lecciones, les adelantamos los signos de los tiempos, y ustedes votan a un tipo de nombre Yamandú. “Yamandú” lo dice todo, es una declaración de principios: seguro que es indigenista, feminista, ecologista, estatista, chavista, kirchnerista. El mensaje más fervoroso que recibió fue el de Cristina, que acaba de sumar a José Ignacio como posible destino en caso de un exilio. En el río se va a cruzar con las oleadas de uruguayos que huirán a nado o en gomones de la dictadura marxista de este pibe. Nuestros hermanos orientales están perdidos: han contribuido a la expansión de la mancha roja. Boric, Petro, Arce Catacora (Catacora: a revisar urgente sus ancestros), Xiomara Castro (Xiomara, ni hace falta buscar), Maduro, Ortega, Lula, Yamandú... Javi, nos rodearon la manzana. ¡A los botes! ¡A Punta del Este con Cris!
Como que a las fuerzas del cielo les está costando hacer pie en América
Bienaventurado el Presi, que ha logrado dividir todo, menos el peronismo
Latina. Donald querido, ya ves lo solos que estamos: tiranos un hueso. O la revolución de la libertad empieza en estas playas o va a haber bases chinas hasta en el Maracaná.
Podría hacerse una lectura indulgente de las elecciones uruguayas: todo el affaire Bielsa en la selección los tiene distraídos. Suele pasar. Nuestro gobierno, de impecable rigor a la hora de expresarse en foros internacionales, acaba de condenar en la ONU la violencia contra mujeres y niños, 11 días después de haber votado allí mismo exactamente lo contrario. Yo en ese momento aplaudí la bravura con que nuestra cancillería le dio la espalda a la satánica agenda woke, diferenciándose de casi todo el mundo. Y ahora aplaudo la humildad con que, en un reconocimiento de aquel error, dimos marcha para atriqui. Un postrer homenaje a Mondino, que era mejor woke que Werthein. No fui el único que pedaleó en el aire. El facho star de estas horas, Agustín Laje, creyó morir de emoción con el primer voto, y con el segundo se quería matar. La realidad es dinámica, Agus, y la política en manos de Javi, arte.
¿Improvisación? ¿Despistes? ¿Incoherencia? Nada que ver. El Presi sigue la impronta de Machado (o de Serrat, no me acuerdo): se hace camino al andar; sin volver la vista atrás, para no extraviarse en el bulevar de los sueños rotos (¿Perales? ¿Abel Pintos?). Todos hemos madurado desde el 10 de diciembre. Ahora sabemos que haber llamado dolarización a la más radical recuperación del peso pelea el Nobel de Marketing con el salariazo de Menem y la institucionalización de Cristina. Ahora sabemos, con Clausewitz, que Lijo en la Corte es la continuación de la guerra a la casta por otros medios, y que se puede correr en la escudería de Dios y petardear “ficha limpia” como parte de un acuerdo con el kirchnerismo en temas sensibles. ¿Acuerdo Milei-Cristina? Sí, y nada de rasgarse las vestiduras: un renunciamiento histórico de ambas partes ha permitido, por fin, que demos por terminada la grieta que desangró a nuestra sociedad. El Operativo Pantalla (cortarle las jubilaciones de privilegio a Cris, beneficios que, como corresponde, ya le serán devueltos por un juez) cumplió su objetivo de distraernos mientras negociaban la letra chica del tratado de paz y amistad; tratado que reconoce su inspiración en el que Milei firmó en campaña con Massita, con el mismo objetivo: sacar al macrismo de la cancha. Javi, digámoslo, es un monstruo. “Monstruo” en su acepción futbolera: lo bien que le pega con las dos.
Parecían días de extrema tensión, por las peleas del Presi con Vicky Villarruel, con el Papa (“el jefe de la oposición” lo llaman en la Casa Rosada), con la UIA, hasta que los primeros rumores de pacto en las altas cumbres tuvieron un efecto beatífico. “Bienaventurados los que trabajan por la paz” (Mateo 5). Bienaventurado Javi, que ha logrado dinamitar Juntos por el Cambio, dividir a Pro y a la UCR, partir la CGT; no sé si con el peronismo fracasó o le gusta verlo así, un rebaño que se mantiene unido y dócil a la voz de su pastora. Finalmente, con alguien hay que sentarse a negociar cuando se gobierna en minoría. Él es un buen cumplidor de lo que firma, siempre en un contexto de vínculos líquidos. Talibán en lo doctrinario, hiperpragmático en el día a día; le prohíbe a su mano derecha enterarse de las cosas feítas en las que se mete la izquierda. Es lo que pasó en la ONU: mandó a prender fuego a esas movidas progres y enseguida mandó a bendecirlas. Un hombre de mando.
La foto de anteayer del gabinete es un cuadro de época. Él, el único sentado. Pegadas, las tres mujeres del equipo. Sobre la mesa, la motosierra. Con la camisa afuera, Santi Caputo, el que armó ese circo. Escenografía, actores, relato. Para celebrar el pacto, un homenaje a la cultura kirchnerista

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La tendencia fatal del poder a la impunidad
HÉCTOR M. GUYOT
El fracaso del proyecto de “ficha limpia” en el Congreso confirma que al presidente Javier Milei le importa más la construcción de poder que terminar con los privilegios de “la casta”. Si los corruptos nos apoyan, la lucha contra la corrupción puede esperar. Y lo mismo la condena judicial definitiva de quienes llevaron adelante un latrocinio sin precedente. La vieja casta, presionada por el peso de la prueba de sus delitos, colabora con el fortalecimiento de la nueva. Y se convierte en interlocutor del Gobierno para dar forma a la Justicia y a la Corte Suprema que la juzgará en última instancia. Linda forma de lavar los pecados. También, de perpetuar la corrupción endémica que mantiene al país en la pobreza material y moral.
El kirchnerismo hace su juego. Lo esperable, ni más ni menos. La ausencia de ocho diputados libertarios en la sesión del jueves es, en cambio, reveladora: muestra que el Presidente, como un integrante más de la casta que tanto desprecia, también puede decir una cosa y hacer la contraria. Cuando se trata de acumular poder, los declamados principios quedan a un lado. En la falta de quorum que frustró la iniciativa de Pro contribuyeron, en más o en menos, todos los espacios políticos, salvo la Coalición Cívica. Sin embargo, la defección del Gobierno es la más grave porque no se limita a dejar abierta la posibilidad de que los corruptos nos vuelvan a gobernar y a robar, sino que ha puesto en evidencia, por si hacía falta, que el Poder Judicial está en jaque.
Milei, que vive de la polarización, la quiere a Cristina en las próximas elecciones. De allí la traición a “ficha limpia”, cuya sanción le hubiera vedado a la expresidenta la posibilidad de ser candidata el año que viene. Cristina, por su parte, se quiere impune y libre. Como se ve, las coincidencias entre La Libertad Avanza y el kirchnerismo van más allá de sus métodos o la personalidad de sus líderes. Hoy el Gobierno y el kirchnerismo bailan un dudoso minué que combina negociaciones más o menos secretas con bravatas para la tribuna.
El Presidente es dogmático en la economía y pragmático en lo político. Los principios del liberalismo económico ortodoxo son para él sagrados, pero no muestra ninguna estima por los presupuestos del liberalismo político: libertad es solo libertad de empresa. En cuestiones económicas, se recuesta en el sufrido apoyo de la llamada oposición dialoguista, sobre todo los legisladores de Pro. En cuestiones políticas, transa con el peronismo y teje lazos de complicidad con el kirchnerismo. En ese entente se fraguan la reelección de Martín
Menem como presidente de la Cámara de Diputados, la derogación de las PASO y el camino de Ariel Lijo, impugnado por un concierto multitudinario de voces autorizadas, hacia la Corte.
La Justicia, como el resto de las instituciones del país, tiene miembros honestos y capaces, pero no faltan los que venden sus sentencias al poder político o económico. La calidad de la Justicia, que determina el grado de transparencia de la política y la salud de la economía, depende de que haya más jueces del primer grupo y menos del segundo.
En este sentido, no está todo perdido: tenemos una Corte respetada por la idoneidad e imparcialidad de la mayoría de sus integrantes; también, tribunales capaces de condenar a una expresidenta y otros funcionarios por corrupción, basados en las evidencias reunidas por fiscales que asumieron con valentía el papel que les tocó. Estos avances, que pusieron en acto principios esenciales del Estado de Derecho, como la igualdad ante la ley, están amenazados. Todo indica que nos encaminamos a un retroceso: si depende de un pacto entre el gobierno libertario y el kirchnerismo, hoy la Justicia está en las peores manos.
Cuando era poder, el kirchnerismo se lanzó a colonizarla con jueces militantes que respondían a un proyecto hegemónico. Para salvar a la jefa de condenas que se veían inexorables inició una guerra de guerrillas, con el intento fracasado de la reforma judicial y el frustrado juicio político a los miembros de la Corte. Ahí, bien arriba, donde Cristina se juega su destino, apuntan hoy los cañones. Y todo lo que quiere Milei de la Justicia, parece, es que no entorpezca el curso de su cruzada purificadora y la construcción en marcha de una hegemonía política y cultural libertaria.
En un libro que se acaba de publicar en España y que llegará a las librerías argentinas, el fiscal Diego Luciani señala que, ante la falta de un fuerte rechazo social, la corrupción en la Argentina se fue instalando como una costumbre. Y advierte: “El peligro radica en que existe una tendencia a la ilegalidad y a la falta de respeto a la ley que permite justificar no solo las corruptelas menores, sino también la gran corrupción”.
¿Los éxitos económicos de los que se jacta el Gobierno lo relevarán del compromiso, asumido en campaña, de acabar con la corrupción? ¿Se le permitirá todo si la economía despega? ¿Asistiremos, otra vez, a la historia de siempre? La respuesta, como desliza Luciani, depende de la presión que sea capaz de ejercer la sociedad contra la tendencia fatal del poder a la impunidad.
Milei es dogmático en lo económico y pragmático en lo político. Venera la ortodoxia económica, pero no muestra estima por los principios del liberalismo político

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domingo, 10 de noviembre de 2024

DE NO CREER Y AL MARGEN


Trump-Milei: el cielo por delante
— por Carlos M. Reymundo Roberts

Pobrecita Kamala, la barrieron. K mala –una redundancia– no me parecía gran candidata, pero, claro, al lado del otro personaje… No la tenía fácil: la fórmula Trump-Milei se mostró desde el principio muy competitiva, no solo entre los coiffeurs. Un triángulo de acero, en realidad, porque debemos incluir el aporte sustancial de Elon Musk, amigo de ambos, dueño de Tesla, de SpaceX y, ahora, un poquito dueño del mundo. Se habla de las millonarias donaciones de Musk a la campaña; se equivocan, fue una inversión: el miércoles, por el triunfo, su fortuna se había incrementado en 20.000 millones de dólares. Hoy es de 285.000 millones: el hombre más rico del planeta. La de Trump, 5600 millones. ¿Milei? No tiene gran cosa, pero se puso las pilas: el año pasado, en plena campaña, aumentó su patrimonio 500% (de 21 millones de pesos a 125,6 millones). Elon, Donald, barbas en remojo. Ruge el León.
Quiero decir: a ese club celestial de hipermagnates e hiperpoderosos acaba de subirse la Argentina gracias al olfato infalible de Javi. Aunque Cris, con una riqueza más cercana a la de Musk, ha elogiado la genética peroncha de Trump, la selfie se la hubiese pedido a Kamala. Alberto le hubiese pedido el teléfono. A Massita lo imagino en una foto en medio de los dos, hecha por IA. Javi apostó donde tenía que apostar. Seguramente le molesta que Trump sea nacionalista y proteccionista, pero básicamente lo ve como el principal accionista del Fondo Monetario. En TikTok le grabó una felicitación de lo más prolija y formal, que de pronto al final cambia de registro. Pega el grito: “¡Viva la libertad, carajo!”. ¡Qué lindo sos, Pelu! Un artista cómo domina el lenguaje de las redes. El mensaje está en español y lleva un texto con la traducción al inglés, salvo ese grito. Me enternece que con un intérprete tan desinhibido se hayan inhibido con “carajo”.
La semana próxima Javi le podrá repetir personalmente, en Florida, su generoso ofrecimiento: que “cuente con la Argentina para que Estados Unidos vuelva a ser grande”. Qué alivio para Donald. Seguramente le va a preguntar: “¿Me decís en serio que puedo contar con ustedes?”. Y Javi no va a saber si el gringo le está tomando el pelo. ¡Con el pelo no, Donald! De qué te las das, si no le ganaste a nadie. Acaso Trump se interese realmente en esa ayuda, que podría abarcar diversas áreas e incluir a algunos de nuestros mejores hombres: Hugo Moyano en transportes, Kichi en estatizaciones, Pablo Biró en mercado aerocomercial, Lijo para administración de justicia, Cherñajovsky y Nicky Caputo para frenar importaciones chinas, Scioli para lo que necesiten.
Son muchos los temas en que a los dos próceres de la nueva derecha no les costará ponerse de acuerdo: populismo, redes, marketing, purgas, portación de armas, corrupción (coinciden en ser indulgentes), democracia (coinciden en que no es un dogma de fe), desfachatez, locuras, relatividad de la palabra. Según The Washington Post, en su primer mandato Trump tiró 30.573 mentiras o falsedades. Olvidate, Javi: imposible seguirle el ritmo. En otros campos, compiten. Por ejemplo, Melania vs. Yuyito, o cuál de los dos le debe más a la televisión, o quién odia más a los medios. Sobre esto me gustaría decir algo. Trump se propone terminar con el periodismo y los periodistas (eso, al menos, dice nuestra experta Gail Scriven en sus notas), cuando, la verdad, debería estar de punta con los encuestadores, todos los cuales nos estuvieron limando con las elecciones “más reñidas de la historia”. Duro con ellos, Donald. Ensobrados. Ratas. Basuras. A nuestro Presi le pasa algo parecido: ataca en forma obsesiva a los medios que van del centro a la derecha, y solo muy cada tanto se ocupa de los de izquierda. Milei, me la dejaste picando: ¡zurdo!
Casi que me arrepiento de lo que acabo de decir, porque nunca es conveniente enfrentarse con tipos tocados por la varita mágica de la fortuna; digo, de la suerte. Al Pelu la vida le sonríe: en el campo llovió en el momento justo y en el lugar indicado; la Fed bajó las tasas, lo cual podría impulsar la llegada de inversiones; la reducción de los sobrecargos (tasas) del FMI a los países endeudados nos hizo ahorrar 3200 millones de dólares, y ahora ganó Trump. Comparemos con el desdichado kickboxer Fernández, que tuvo pandemia, sequía, guerra y Cristina, entre otras mujeres que le complicaron la vida. A Javi, la victoria arrolladora de Trump le abre perspectivas insospechadas. Cuando llegue a visitarlo a su casa de Palm Beach podrá descubrir un gran interés por América Latina: “¿Hay otra América más allá de esta América, Javier? ¿Es verdad que se comen a las mascotas? Habrás leído que me propongo llegar a un acuerdo con el gobierno de Maduro. ¿Me das una mano?”. También lo sondeará sobre China: “Voy a una guerra comercial total. ¿Cuento con vos para enfrentar a esos comunistas degenerados?”.
Javi, en una respuesta tranqui y extensa, a todo decile que sí. En español.
Trump detesta a los periodistas, cuando debería estar de punta con los encuestadores

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Aprendices de brujo jugando con fuego
por Héctor M. Guyot

Podemos analizar la vuelta de Donald Trump a la presidencia de los Estados Unidos como una anomalía dentro de la historia democrática estadounidense o, abriendo el foco, como un fenómeno vinculado a profundos cambios culturales que van más allá de la política, aunque impactan con fuerza en ella. Dejo el primer enfoque a politólogos y analistas más avezados, y me arriesgo al segundo a partir de dos ideas básicas: el reemplazo de la razón por la emoción de cuño religioso y el eclipse de la ley, ensombrecida por la palabra santa de un líder que encarna la Verdad.
La vida digital fragmentó una realidad cuyos contornos, globalización mediante, ya eran difusos. En un scrolling sin fin por las pantallas, pasamos de estímulo a estímulo, de dato a dato, con una dificultad cada vez mayor de enhebrar los hechos según una relación de causa-efecto. Vamos perdiendo la capacidad de generar sentido y eso nos deja a la intemperie, en estado de vulnerabilidad, porque la creación de sentido es una necesidad de nuestra naturaleza. En un mundo sin historias, los demagogos aprovechan el vacío y vienen a imponer la suya. La tienen fácil.
La democracia republicana es producto de la razón ilustrada. De distintos modos, el siglo XX fue esmerilando el prestigio de la razón, que pecó de soberbia e incurrió en graves desvaríos. Al mismo tiempo, las grandes asignaturas pendientes de la democracia (pobreza, desigualdad), así como la caída de la confianza en el progreso, trabajaron también en favor de ese descrédito. Quedó abonado entonces el terreno para el regreso a la política del discurso “religioso”, que ocupó el vacío dejado por la crisis de sentido y la retirada de la razón. Los humillados por la impericia y la corrupción de las elites dirigentes serían por fin redimidos y hasta vengados. Se capitalizaron el resentimiento y la ira. Contra esas elites y contra el sistema.
Trump encarará su gobierno menos como la tarea de administrar un Estado que como una cruzada de carácter purificador, algo semejante a lo que sucede aquí con la presidencia de Javier Milei. Como en toda guerra santa, se trata del bien en su lucha contra las fuerzas del mal. Es el líder iluminado quien discrimina entre los fieles (gente de bien) y los herejes (comunistas, zurdos), a los que hay que doblegar para alcanzar la Tierra Prometida o construir el Reino.
Tras veinte años de kirchnerismo, sabemos en qué termina este tipo de aventuras milenaristas: el reemplazo de los consensos por el caos de la lucha permanente; el fin del diálogo político y la imposición del discurso único; la división de la sociedad en dos bloques enfrentados; el ataque a las instituciones republicanas, en especial la Justicia y la prensa, en pos de una hegemonía que consagre el reinado del autócrata. Así, la vida en sociedad queda supeditada menos al imperio de la ley que a la voluntad del líder, figura venerada y temida por igual, guardián del dogma y dueño de la palabra santa.
Marcados por la megalomanía y le fe ciega en su autoproclamada infalibilidad, estas personas de impulsos espasmódicos son gobernantes inestables, extremistas, dominados por sus caprichos. Propios y ajenos temen sus reacciones impredecibles. “En su entorno le tienen pánico”, dijo de Milei un legislador oficialista, según contó Martín Rodríguez Yebra. Lo mismo ocurría con Cristina Kirchner presidenta, a quien había que escuchar con la boca bien cerrada, como aleccionó Carlos Zannini. Y no por nada Bob Woodward, uno de los periodistas que destapó el caso Watergate, tituló Miedo su libro sobre la primera estadía de Trump al frente de la Casa Blanca. La necesidad de control, que acaso esconda una velada inseguridad, hace ver traiciones donde no las hay. Con despidos intempestivos, estos líderes desbaratan conspiraciones que solo existen en su cabeza. Todos a su alrededor penden de un hilo, lo que refuerza la sumisión y la obsecuencia de los funcionarios. En un círculo vicioso, esa humillante prueba de fidelidad incondicional le confirma al gobernante populista su supuesta superioridad. Necesita ese alimento.
Tienen su razón quienes dicen que solo con una cuota importante de locura se puede derrotar al sistema corporativo, tan corrompido como arraigado, que llevó a la Argentina a la ruina. Pero también es verdad que a veces las sociedades liberan fuerzas que no se sabe hasta dónde pueden llegar. Hoy los argentinos somos aprendices de brujo jugando con fuego. El anticuerpo que ataca el virus de pronto puede volverse en contra de uno y empezar a atacar lo que era indispensable preservar para mantener al paciente con vida. Ante cada señal de que esto sucede, es necesario reaccionar. Y aquí esas señales, al margen de los avances y los logros económicos, se repiten con insistencia. Y muchos se hacen los tontos. Esperemos en todo caso que la fuerza desatada para acabar con el imperio del curro y el privilegio no sea de tal magnitud que, además de ese statu quo insostenible, se lleve puesto el sistema republicano también y nos devuelva a la pesadilla de la que tanto nos costó salir.
Quizá se necesite una dosis de locura para derrotar a un sistema corrupto tan arraigado. Pero a veces las sociedades liberan fuerzas que no se sabe hasta dónde pueden llegar

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domingo, 3 de noviembre de 2024

DE NO CREER Y AL MARGEN


Milei, o cuando la autenticidad avanza
— por Carlos M. Reymundo Roberts

El valor determinante de esta época, dice el publicista Carlos Pérez, es la autenticidad. Para que Carlos, crack total, se quede tranquilo: coincido con él. Al ritmo de las redes, el imperativo de la hora es franqueza brutal, no vender lo que uno no es, ser políticamente muy incorrecto. ¿Pinta un insulto? Let it be. Dejalo ser: no frustres su vocación de agravio. Carlos da un paso más (si no lo daba él, lo daba yo): nadie lo entendió mejor que Javi Milei. Enfrentado en la segunda vuelta con Tajaí Massita, excelsa personificación de la farsa, le caminó la cabeza. Javi, hoy quiero rendir homenaje a tu transparencia. Al hablar el miércoles en Córdoba dijiste que Alfonsín no era “el padre de la democracia argentina”, como muchos lo llaman, sino “un golpista”. Permitime que lo diga: sos un auténtico… Un auténtico revisionista.
Claro, porque no se le puede atribuir la paternidad de la democracia a un cómplice de la dictadura, a un tipo que se pasó la vida golpeando la puerta de los cuarteles. ¿Dónde hizo la secundaria? En el Liceo Militar General San Martín, del que egresó con grado de subteniente. Como compañerito tuvo a Galtieri, acaso su ideólogo. “Con la democracia se come, se cura, se educa”. Y con los milicos se rosquea, ¿no? Cómo nos mentiste. Amabas las botas, odiabas las urnas, de lo cual nos avivamos ahora gracias al Presi, que corrigió el relato. Podría haberte elogiado, en una concesión a la casta, y no, fue con la verdad. Motosierra a la historia oficial. Subteniente Raúl Ricardo, acabás de ser cancelado.
Así como Alfonsín nos vendió gato por liebre, lo mismo podríamos decir de Menem, que hizo campaña con poncho, patillas y salariazo; de De la Rúa, un radical que cayó abrazado a Cavallo; de Néstor, exhibido como un austero gobernador del interior profundo; de Macri, “la ingeniería al poder”, y de Alberto, primero “profesor de Derecho e hijo de un juez”, después kickboxer y latin lover. La única que no mintió fue Cristina: prometió una restauración institucional y la dejó prolijamente asentada en ocho cuadernos Gloria.
El Pelu volvió a honrar su fama con el raje de Diana Mondino. Hace unos días, en un documento oficial con su firma exaltó “la enorme labor” de la canciller. Ahora la echó. ¿Cuándo fue auténtico? Las dos veces. El gran trabajo de la adorable Diana, siempre dispuesta a ser sacrificada por los hermanos Milei, era una pantalla: se trataba de una espía encubierta de Cuba. En cualquier momento se muda a La Habana y Cris corre a visitarla. Otro episodio en principio equívoco involucra a nuestro querido Jorge Fernández Díaz. Resulta que Jorgito citó el consejo de Murray Rothbard, autor venerado por el Presi, a los líderes de derecha: tienen que ser “populistas”. El Presi no estaba en un buen día y dijo que Jorgito mentía y era un imbécil. Demian Reidel, jefe de su gabinete de asesores económicos, acaba de postear exactamente el mismo consejo de Rothbard, y Javi le hizo retuit. Es decir, a Reidel lo reposteó y a Jorgito lo reputeó. ¿La explicación? Un detalle menor: nunca leyó los manifiestos políticos de Rothbard.
De todos modos, creo que no debemos coartar su anarcolibertad de criticar a medios y periodistas. A Jorge Fontevecchia lo acusó de ensobrado, Jorge lo denunció en la Justicia, el juez federal Delivery Ramos tardó 5 minutos en rechazar la presentación, y anteayer el camarista Eduardo Farah anuló el sobreseimiento: dijo que un funcionario público no puede andar revoleando gratuitamente imputaciones; casi que le reclamó al Presi que sea más serio. A ver, amigo Farah: no es siendo serio que alguien salta de un panel de televisión a la Casa Rosada; pídale seriedad a un catedrático, a un científico, al eminente vaticanista Grabois. Obvio que Javi no es un dechado de rigor. Obvio que bartolea. ¿Sabe por qué? Se lo digo despacio: porque es au-tén-ti-co. Se lo digo rápido: cuando se zarpa es un peligro.
No deja de ser gracioso que el mandato de mostrar autenticidad salvaje le haya llegado de Santi Caputo, alto impostor. Sospecho que Santi le confió a Claudio Jacquelin la primicia de que el Gobierno va hacia una reforma constitucional para opacar con un buen título el tema de la semana: el paro del miércoles; que fue tema hasta que a Dianita le cambiaron la cerradura del despacho; que dejó de ser tema cuando pusieron de patitas en la calle a una funcionaria de Capital Humano por comprar una cafetera de 2 palos, que pasó a ser un temita cuando se supo que ya entraron 18.000 millones de dólares al blanqueo. Este es el verdadero temazo: la recuperación económica; lo más serio de todo, señor Farah. Después de Colapinto, por supuesto.
Con la contribución de la jueza Chuchi Servini (hablando de seriedad jajaja), Cristina será la nueva jefa del PJ. Era hora de lavarle la cara al viejo partido, que viene de ser presidido por el Beto Fernández. Repasando: el Beto, Cris, Servini. El peronismo siempre termina en los tribunales.
Cristina será la jefa del peronismo; era hora de lavarle la cara al viejo PJ

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No me digan que la IA compone música
Héctor M. Guyot
Días pasados, uno de los periodistas de investigación más destacados del país me contaba la forma en que la inteligencia artificial lo está ayudando en su trabajo. Aplicada sobre un vasto universo de datos que había reunido transpirando la camiseta, la IA le permitía, sobre la base de distintos requerimientos, combinaciones de lo más variadas, muchas de las cuales abrían perspectivas reveladoras en términos periodísticos. La confirmación de hipótesis que antes le habrían llevado días de intenso trabajo llegaban ahora en cuestión de segundos. Imaginé la inteligencia artificial como una suerte de prótesis potentísima de nuestra capacidad analítica. La mente es limitada. Puede procesar una determinada cantidad de datos. La IA rompe esos límites y nos permite trazar con esos datos configuraciones antes inimaginables.
Me pareció maravilloso. Pero enseguida un segundo pensamiento me infundió un soplo de pavor. La IA trabaja de acuerdo con una lógica con base en la estadística a partir de la información contenida en la nube. Para ella, todo es dato y es dato lo que devuelve. Así actúan incluso los chatbots, aunque sus respuestas adopten una forma coloquial. La IA puede entonces ofrecer un gran servicio en actividades que requieren del costado analítico de la mente humana. En este aspecto, incluso podrían extender el poder de esa mente hasta límites insospechados. ¿Qué tiene de malo eso? Nada, salvo que nos haga olvidar el otro costado de nuestra mente, que implica una forma de ver y pensar el mundo diferente, acaso opuesta. Creo que hay allí un riesgo: los algoritmos y su lógica se han convertido en un factor omnipresente pero invisible en nuestra vida diaria, y avanzan a paso redoblado sobre ese otro hemisferio de nuestra mente hoy un poco relegado, aquel inclinado a la imaginación, a la narración, a la contemplación, aquel que nos lleva a mirar por encima o por detrás de los datos para encontrar sentido.
La discusión sobre la IA se ha puesto álgida, quizá porque nos devuelve a las preguntas esenciales. ¿Qué somos? En Helgoland, un libro interesantísimo sobre física cuántica, Carlo Rovelli sostiene que el yo, la conciencia, no es una entidad separada de nuestro cuerpo físico. “¿Quién es el ‘yo’ que experimenta la sensación de sentir sino el conjunto integrado de nuestros procesos mentales?”, escribe. Es decir, no hay una mente o una conciencia separados de la función cerebral. Al diablo con la metafísica. Desde esta perspectiva, la distancia entre nuestra mente y la mente digital se acorta. Podríamos pensar en una continuidad entre nuestro sistema cerebral y la red neuronal de los algoritmos. En lo personal, sin embargo, creo que hay algo que está más allá de la función cerebral. No sé lo que es, pero hace que la vida sea un misterio. Siempre creí en el poder de la metáfora, es decir, el recurso de nombrar esto para denotar aquello liberándonos de los límites de la literalidad. Los datos son literales, unívocos, pero no agotan la realidad, que resulta insondable. De allí la metáfora.
Lo otro, lo que no es dato, el misterio que somos, es inaccesible para la mente analítica. Acaso también lo sea para la otra, pero al menos es en ella donde reside la conciencia de un posible más allá, y es ella la que sale en su búsqueda a través de la introspección, la contemplación o el arte. Es ella también la que enhebra los hechos en una secuencia para darles la consistencia de una historia, porque es en la creación narrativa donde construimos sentido. Todo esto es intransferible a la mente colmena del orden digital. De tan íntimo, es inefable. Es patrimonio humano. Pero, en una era de pantallas que fragmenta la realidad y endiosa la eficiencia, este patrimonio es vulnerable al afán colonizador de la lógica analítica, cuya hegemonía rompería un necesario equilibrio.
Además, la interpretación del mundo y de lo que somos es resultado de nuestro diálogo personal con la experiencia. Y la vida digital, al evaporar la consistencia de lo real, nos roba la experiencia de a poco. La lógica analítica discrimina, separa. La actitud contemplativa, en cambio, es un acceso a aquella dimensión profunda del ser en la que nos podemos encontrar. Acaso la conflictividad y la polarización crecientes tengan alguna relación con el traslado de la vida a las pantallas. Recuerdo ahora una historia narrada en un libro de un swami indio sobre uno de los primeros encuentros interreligiosos, hace más de cien años. Los religiosos de distintos credos que hacían vida contemplativa, como los monjes, se entendieron muy bien. Los unía la experiencia mística. A los sacerdotes, miembros de una estructura jerárquica, les costó mucho más. Los separaba el dogma.
Todo tiene dos caras. La tecnología, también. Bienvenida la ayuda que pueda aportar la IA en distintas actividades humanas. Por ejemplo, la investigación periodística. Pero no me digan que puede componer música o escribir un cuento. Y menos todavía permitan que el tsunami de datos ahogue al costado menos “eficiente” del cerebro, aquel que habilita la introspección y la contemplación. Sería renunciar al sentido.
La IA es una suerte de prótesis muy potente de nuestra capacidad analítica. La mente puede procesar una determinada cantidad de datos. La IA rompe esos límites

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domingo, 13 de octubre de 2024

DE NO CREER Y AL MARGEN


Triste: ningún premio Nobel para Milei
CARLOS M. REYMUNDO ROBERTS
Odio ser mensajero de malas noticias, pero no me queda otra. En la Casa Rosada cunde el desánimo, por no decir la bronca, por no decir que en cualquier momento Milei clava una cadena nacional para llenarse la boca de insultos –algunos, inéditos– y anunciar que el país está en guerra. ¿Con quién? ¿Con el Reino Unido gobernado por la lacra laborista? ¿El Brasil de Lula? ¿La Santa Cruz de los Kirchner, donde recibieron con huevazos a Martín Menem? No. Con los suecos del Nobel, por no haberlo tenido en cuenta. “¡Zurdos!” “¡Ignorantes!”. Y una última adjetivación, ocurrente: “¡Zapatos!”.
Anteayer se conoció el de Literatura y no repararon –protesta– en su actividad tuitera, profusa, carismática y comprometida. “Pensar que hace años se lo dieron a Bob Dylan por componer temas que después cantaba Alberto Fernández…”. Pasó el de la Paz, ayer, y tampoco. Los noruegos se lo dieron a una ONG japonesa. Cualquiera. Él creía tener sobrados méritos: terminó con los piquetes, tijereteó las jubilaciones sin que volara una piedra, calmó las fieras en Rosario, en las Naciones
Unidas les ofreció un ramo de laurel a las dictaduras más sangrientas y, wow, pacificó la quinta de Olivos.
Queda el que más busca, el de Economía, que se anunciará pasado mañana. Fue postulado por al menos cuatro cartas, ceremoniosas y documentadas: de Trump, Elon Musk, Sturzenegger y Karina. Básicamente sostienen que los cambios que implementó terminaron con 80 años de decadencia del país: el fortalecimiento del peso frente al dólar, prolongar la vida del cepo, garantizar la continuidad del Banco Central y ponerse a disposición de los chinos. “No atiendan lo que prometió en la campaña: vean lo que está haciendo ahora”, escribió Karina, que pronto viajará a Pekín con sus tres sombreros: jefa de La Libertad Avanza, canciller y hermana. Lamentablemente, al Gobierno ya le adelantaron que Javi no debe ilusionarse tampoco con el de Economía. Se lo van a dar a un economista.
Yo entiendo las aspiraciones del Presi, y si no presenté mi propia carta fue porque nadie me la pidió. Pero convengamos en que darle el Nobel ahora suena un tanto prematuro. Especialmente, en esas tres disciplinas. En Eco, por ejemplo, yo esperaría: cuando la pobreza caiga del 53% al 51, 52, Santi Caputo monta un buen circo –tipo “el milagro argentino”– y se vuelven a mandar. Javi le tenía fe al combito primoroso de inflación en baja, acumulación de reservas, frente fiscal despejado, suba de los títulos de la deuda… Tremendos pergaminos si no compitieran con esa rareza sociológica de que en medio año cinco millones de pobres salieron de abajo de las piedras. En Liter no me presentaría como tuitero –qué saben de redes los suecos–, sino que iría al frente con el libro que presentó en mayo en el Luna Park; ¿lo acusaron de plagiar párrafos enteros? Que los borre. Lo mismo para el de la Peace: que elimine entrevistas, tuits, retuits y discursos. Acaso pudo haber intentado con el de Química, por conseguir la fusión de moléculas en principio antagónicas: Scioli en un gobierno anticasta, Lijo en la Corte Suprema. O con el de Medicina, hasta que mandó cerrar un hospital psiquiátrico. Un meme dice que si siguen con el ajuste en salud mental van a llegar a la mismísima… Uh, me olvidé el remate.
La gran noticia de la semana es que el veto a la ley que daba más fondos a las universidades públicas fue confirmado por el Congreso. ¡Marche otro asado! Total, no hay Nobel de Educación. Fue clave el apoyo de Macri, al que Javi le pidió que antes de que Pro fijara su posición se reuniera con Santi Caputo. Por Dios, qué intrigas me suscita ese encuentro. Se detestan, se necesitan, se bardean, se juntan. Pero, bueno, parece que Santi lo convenció. En ese rubro es un capo: para hablar con Pablo Moyano se hace camionero; con Grabois, revolucionario; con Vicky Villarruel, facho; con Macri, Juliana.
En las familias de diputados peronistas y radicales devenidos en héroes por bancar a Milei pueden darse diálogos como este: Papá, ¿vos votaste a favor de que a abu le recorten la jubilación? Bueno, sí, dejame explicarte que… Papá, ¿es cierto que votaste para que las universidades tengan que ahorrar apagando las luces? Es cierto, voté eso, pero… Papá, no te vuelvo a votar.
Al enterarme de que el oficialismo consiguió blindar el veto gracias también a ausencias por razones de salud (resfríos, conjuntivitis, calambres), como las de la cordobesa Alejandra Torres y el chubutense Jorge Ávila, me pregunto si es mucho pedirle a la tecnología que en esos casos puedan votar digitalmente desde su casa. Las dos cámaras sesionaban así en pandemia. Es cierto que se vieron en pantallas cosas muy feas. OK, retiro la propuesta.
Javi, da vuelta la página de los Nobel. El año que viene, duro en el gym y vas por el de Física.
Marche un asado por el veto a la ley de universidades; total, no hay Nobel de Educación

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Avanza la sombra de la violencia política
Héctor M. Guyot


La polarización que hoy contamina la política es síntoma de la magnitud de la crisis que sufre el país. El voto a Javier Milei nació de una sociedad exhausta y empobrecida, degradada en lo cultural y lo político por la hegemonía de un kirchnerismo –máscara modelo siglo XXI del peronismo– que construyó un poder personalista sobre la base de la ideología, la violencia verbal y la adoración al líder.
La voracidad del saqueo, unida a la ineptitud en la gestión y la falta de escrúpulos, elevó los índices de pobreza y de inflación. En medio del desgobierno, con el país casi en estado terminal, el voto ungió al candidato que representaba las antípodas ideológicas de lo que había.
El hecho de que la inflación de septiembre haya descendido al 3,5%, la más baja desde 2021, confirma que el populismo fiscal y la corrupción corporativa han sido causas determinantes de la debacle. En esto el electorado no se equivocó: se decidió por el candidato que prometía acabar con el déficit fiscal y el curro como si de una cruzada religiosa se tratara. Pero Milei representa las antípodas del kirchnerismo en esto y no se me ocurre en qué más. Para muchos, es suficiente. Confían en que la baja de la inflación pondrá en marcha la economía y, quién sabe, superada la recesión empezarán a aliviarse los insoportables índices de pobreza. Pero hay un problema: los entusiastas eligen olvidar que Milei supone al mismo tiempo una continuidad respecto del kirchnerismo. Como Cristina Kirchner, también construye un poder personalista sobre la base de la ideología, la violencia verbal y la adoración al líder. Más de lo mismo. La violencia política, que traía una fuerte inercia, recibió con los libertarios un nuevo empujón. Y hoy permea de modo alarmante en toda la sociedad.
La disputa sobre los recursos de la universidad pública elevó ese índice fatídico. En el Congreso, un asunto que merece un debate inteligente se convirtió en una puja política a matar o morir y eso se trasladó a la calle. La televisión mostró las imágenes de un influencer libertario que, identificado como tal, fue agredido por manifestantes que participaban de la marcha contra el veto a la ley de financiamiento universitario. Tuvo que correr para salvar el pellejo. Pero la soberbia maniquea que exhibió después ante las cámaras de LN+ lo mostró como algo más que una víctima. Era también un canal de la violencia. “Hay que dejar en claro quiénes son los buenos y quiénes los malos”, dijo, y en la categoría de “los otros” englobó a “los orcos”, “los socialistas”, “esas mierdas”. Hasta el chico de Rappi que con su bicicleta protegió al influencer del ataque de la horda –un muchacho mucho más consciente y maduro que su protegido, ejemplar en muchos aspectos– aludió con desprecio a “los zurdos” cuando fue entrevistado al otro día.
Venimos del odio y perseveramos en él. Esto es peligroso. La agresión verbal es violencia, y más cuando apunta a negar la existencia del otro o el derecho a sus propias ideas. Pero de nada servirá encender las alarmas si no advertimos con claridad que esta violencia está siendo fogoneada desde la misma Presidencia de la Nación. La forma en que se expresan estos chicos muestra la influencia que Milei ejerce sobre ellos. Desde arriba, desde el cargo de máxima responsabilidad, baja el ejemplo más nocivo para la convivencia política y social. Lo cuestionamos hasta el hartazgo en el caso de Cristina. ¿Por qué naturalizarlo ahora?
Las excusas para tolerar lo intolerable han sido varias. Hay quienes dicen que los insultos de Milei son una prueba de su autenticidad. “Él es así”, justifica su entorno. Me inclino a creerles, pero mi inquietud aumenta: la cosa, entonces, no tiene remedio. Otros minimizan el asunto, como si fuera solo una cuestión de forma. Quienes señalamos la tendencia del presidente libertario al agravio brutal “no la vemos”: nos distrae un aspecto “estético”, secundario, y nos perdemos lo principal. Pero fondo y forma son inescindibles, y más en política. Están también los que no dicen nada, contentos o resignados ante el hecho de que el léxico de la política se enriquezca con expresiones como “les cerramos el orto”, “ratas miserables”, “zurderío inmundo”, “ensobrados”, “degenerados fiscales” o “casta putrefacta”.
Pido disculpas por reincidir de distintas formas en este tema. Pero empiezo a ver cómo se expande entre los jóvenes el mismo desprecio ciego con el que el Presidente insulta a quienes considera sus enemigos (el periodismo independiente incluido) y a aquellos que no se cuadran ante su voluntad.
Para peor, quienes iniciaron este ciclo de violencia política para imponer un pensamiento único y consagrar a una Cristina eterna siguen echando leña al fuego. En una semana, diputados oficialistas fueron agredidos a pedradas en la Universidad de La Plata, a Martín Menem le llovieron huevazos en Río Gallegos y jóvenes libertarios denunciaron el ataque de una patota antes de un acto de Karina Milei en La Plata. También el kirchnerismo depende de que sus militantes crean que del otro lado se esconde el mismísimo demonio.
Sin darnos cuenta, nos deslizamos por la banquina hacia las aguas estancadas de una sociedad cada vez más dividida e intolerante, más violenta, empujados por el fanatismo de quienes deberían ofrecer el ejemplo contrario. Una sociedad atenazada por los extremos (el mileísmo y el kirchnerismo se necesitan mutuamente), donde el espacio convivencial de centro se diluye, incluso porque quienes están llamados a defenderlo ceden y se encolumnan detrás de uno u otro polo, en un escenario donde quedan excluidos el matiz, la duda y la disposición al diálogo.
La Argentina hoy necesita fundamentalmente dos cosas: reordenamiento económico, y allí Milei acumula hasta ahora logros innegables, pero después de 20 años de kirchnerismo también necesita paz y concordia, además de sana convivencia política. Y allí el Presidente nos retrotrae al pasado.
Somos una sociedad atenazada por los extremos


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domingo, 6 de octubre de 2024

DE NO CREER Y AL MARGEN


Javi, Javi, mirá en lo que te has convertido
Carlos M. Reymundo Roberts
Por favor, cuántas conclusiones dejó la multitudinaria manifestación en defensa de las universidades públicas. La primera: no fue tan multitudinaria; 270.000 personas, contra 430.000 de la anterior, en abril; claro, la anterior fue en la Plaza de Mayo, y la gente va con la ilusión de que salga Milei al balcón y haga su numerito de loco malo. Al Congreso muchos no quieren ir porque siempre está el riesgo de cruzarte con un diputado o un senador; mirá si se te topás con Máximo: ¿cómo se vuelve de esa experiencia? Además, la Casa Rosada echó a rodar una versión cruel y despiadada: el último orador iba a ser Alberto Fernández.
De todos modos, deberíamos reflexionar sobre esa deserción de 160.000 almas. ¿Ya no les importa el presupuesto de las universidades, la olla de sus docentes, el futuro de nuestros hijos? Claro que les importa. El problema fue que la marcha se politizó: demasiado despliegue de dirigentes, partidos, sindicatos, movimientos sociales… Pablo Moyano, Wado de Pedro, Pérsico, Lousteau, ¡Massita! Nada menos que Massita, autor de dos atentados contra las universidades públicas: tijeretearles los fondos cuando fue ministro y, ahora, aparecer en la plaza. También estuvieron Guillermo Moreno, candidate ándose para una cátedra de Estadísticas; el intendente de La Matanza, Fernando Espinoza, que va por la de Géneros y Diversidad, y Larreta, con ganas de volver a las aulas para ver qué cosa entendió mal.
A los que llegaban a la plaza por Rodríguez Peña los esperaba el saludo, personal y gratuito, de Cristina, parada en la puerta del Instituto Patria. A la vuelta, sobre Rivadavia, en uno de los puestos vendían remeras con su cara, a 10.000 pesos; si ibas al Patria a pedirle que la firme ya había que negociar el precio. Ningún puesto ofrecía el poster con su título de abogada. En fin, más olor a casta que a libros. Desde el escenario de 13 metros (13, a quién se le ocurre mufar así tan magna ceremonia) no se leyó una bendición del Papa, sino de Grabois.
Al adelgazamiento de la protesta pudo haber contribuido la filtración de datos sobre la verdad verdadera de los números en las universidades. Genios los de Chequeado, que nos avivaron. Desde enero, el presupuesto cayó 30% en términos reales, y el de todas las partidas destinadas a la educación superior, 31,5%. Conclusión: a no quejarse, que en 2025 va a ser peor. Este año, el Gobierno no les hizo una sola transferencia de capital (para obras e infraestructura). Conclusión: cuando deja de funcionar un baño, siempre hay un árbol. El salario de los docentes en la Argentina (profesores titulares con dedicación exclusiva) es más bajo que en ocho países de la región: 1124 dólares; en Brasil, 4231; Uruguay, 3443; Ecuador, 2786; Chile, 2318; Bolivia, 2170; Perú, 2155; Paraguay, 1870, y Colombia, 1703. Conclusión: no estamos tan lejos de los colombianos.
Al tuitero Juan Doe (Juan Pablo Carreiro, que había jurado que antes de trabajar para el Estado se cortaba la yugular) le premiaron su militancia libertaria con el cargo de director de Comunicaciones Digitales del Gobierno, con un sueldo mensual de 3.424.640 pesos. Profesores, se los digo en lenguaje académico: dejen de joder con los aumentos y póngase a tuitear.
Ya es hora, además, de que auditen a las universidades, porque vaya a saber en qué se patinan las millonadas que reciben. El Gobierno prometió en abril contarles las costillas y todavía no empezó. Urgente: hay que auditar a los auditores.
Al enterarse, gracias al concienzudo relevamiento de la nacion, de la cifra de 270.000 asistentes, Milei y Santi Caputo lloraron de felicidad, festejo que rima con el agasajo en Olivos a los “87 héroes” que apoyaron el recorte a las jubilaciones. Celebrar con un asado el hambre de los abuelitos y con emocionadas lágrimas el desfinanciamiento de las universidades habla de la determinación de un gobierno que solo nos pide, con Sabina, pasar 19 veranos y 500 inviernos. Pero se avecina un drama: los 87 héroes no estarían dispuestos a un nuevo sacrificio y el veto del Presi sería rechazado. En ese caso, que Carreiro (o Juan Doe, o los dos) justifique su sueldo: acribillamiento mediático de los infieles. A pegarles sin asco a esos villanos hasta que devuelvan el asado.
Hablé del relevamiento de la nay en realidad no sé si Milei lee este cion pasquín. Yo sí lo leo, hace más de 30 años que trabajo acá y, despistado total, no me había dado cuenta de lo bajo que hemos caído. ¡Javi me abrió los ojos! Él también los abrió: durante la pandemia lo llamé para hacer una nota sobre economía y me contestó: “Claro que sí: es la nacion, mi diario”. Hicimos la nota, se publicó y me agradeció. Ahora llamó lacra al presidente de la S.A. La Nación y “esbirros” y “pozo séptico del pasquín” a cuatro de sus periodistas, sin nombrarlos. Por mí, ningún problema (no soy uno de los cuatro).
Pero temo que Macri, que ya no se lo fuma, le aplique aquella sentencia que le hizo ganar el debate con Scioli en la campaña de 2015. “Javier, en qué te has transformado”.
Hay un riesgo real de que los “87 héroes” se conviertan en 87 villanos

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Daños colaterales del bombazo purificador
HÉCTOR M. GUYOT

Nadie ha ido tan lejos como Javier Milei a la hora de convertir un acto político en un espectáculo. En la fiesta libertaria del sábado pasado cada detalle fue calculado para hacer del encuentro un rito catártico. Pese a la puesta en escena, la energía que emanaba del Parque Lezama era genuina. Desde las imágenes de lenguas de fuego en la pantalla gigante hasta la letra del atronador himno mileísta (“Soy el rey y te destrozaré”), pasando por las arengas del Presidente, todo apuntó a invocar y celebrar las fuerzas de la destrucción.
Eso es lo que representa Milei y por eso ganó las elecciones. No hay duda de que el país, para volver a nacer, debe destruir aquello que lo ha destruido. Sobre todo, las prácticas corruptas de expoliación que, de tan asentadas en el tiempo, han solidificado estructuras casi inexpugnables. El poder de demolición necesario para acabar con ellas ha de ser equivalente, dice el sentido común, y ahí es donde entra Milei. A diez meses de gestión, sin embargo, se abre paso el interrogante acerca de los daños colaterales que está causando o podría causar el bombazo purificador.
En tanto fuerzas destructoras, creo que los líderes populistas del siglo XXI están apalancados por dos factores esenciales, uno atemporal (relativo a la condición humana) y otro histórico (el tsunami tecnológico).
El primero, que remite a las peores pesadillas vividas por la humanidad el siglo pasado, dice que todo sentimiento de humillación despierta resentimiento y ánimo de venganza. La desigualdad y la concentración de la riqueza han escalado a niveles inéditos en las últimas décadas, impulsadas por el juego combinado de la globalización financiera y la revolución tecnológica. Donald Trump, por ejemplo, llegó a la presidencia de los Estados Unidos porque ofreció resarcir las humillaciones percibidas por vastos sectores que se sentían excluidos.
El viento de la época le dio alas al factor atemporal: el sufrimiento transmutado en odio se ha vuelto un activo político clave gracias a las redes sociales. Activada en la historia por fascismos de uno y otro signo, la dinámica humillación/venganza hoy confiere un poder inédito al líder inconsciente o inescrupuloso que la manipula, tanto través de tuits encendidos como mediante los gurkas de un ejército de trolls.
En este sentido, los líderes populistas son un síntoma de este tiempo. Se sabe: toda tecnología modifica nuestro estar en el mundo, lo que somos. Ya en 2011, Nicholas Carr publicaba Superficiales. ¿Qué está haciendo internet con nuestras mentes? El libro había sido precedido por un artículo de 2008, en cuyo título Carr se preguntaba: “¿Google nos está volviendo estúpidos?”. De algo no hay duda: internet produce, cada vez que damos un clic, un impacto en nuestro funcionamiento neuronal. Un “efecto gota”, tan gradual como el crecimiento de una rosa. No lo percibimos, pero el efecto está y crece. Y nos cambia. No sé si nos hace más estúpidos, pero el dominio de los algoritmos, que solo trabajan para intensificar el flujo insomne de la web, nos ha vuelto más agresivos.
Acaso los líderes populistas sean la manifestación política del nuevo hombre formateado por las redes, donde la atención se consigue con altas dosis de rabia o indignación, es preciso gritar para ser escuchado y el agravio anónimo o impune es práctica corriente. Hoy la conversación social pasa por las redes y se desarrolla bajo las condiciones y los límites que impone su dinámica. Los políticos tienden a convertirse en influencers solo preocupados por generar seguidores y proyectar su marca personal. Cuando la lógica divisiva de la virtualidad coloniza la esfera offline, como sucede, la degradación de la vida pública parece indefectible.
Puede que la energía destructiva del discurso del líder populista no se traslade del mismo modo a su gestión de gobierno, pero ocurre que la destrucción de la palabra no queda solo en eso. La actual falta de aptitud para el diálogo exhibe una creciente falta de registro del otro. Internet prometía la comunicación total, y es cierto que vivimos todos conectados, pero el efecto es el inverso: estamos cada vez más ensimismados, con la atención concentrada en una pantalla que, paradójicamente, no hace otra cosa que disgregarla, enajenándonos de nosotros mismos y de los demás. La endogamia que promueven los algoritmos genera además un progresivo debilitamiento de la capacidad de empatía y, por extensión, de los lazos comunitarios en los que se basa la vida en común. Desde esta perspectiva, la irrupción de los líderes populistas, así como la crispación de las democracias occidentales, resulta la consecuencia de un cambio cultural de alcance mayor.
“Eres lo que cliqueas”, escribió el ensayista Sven Birkerts. La frase puede sonar ominosa. Pero también nos recuerda que hay un poder inalienable que reside en nosotros. Cada uno decide, a fin de cuentas, a qué o a quién dar el clic. La conciencia de esto puede ayudar a perseverar en la esperanza y a no ceder a la idea de que, por más duros que se hayan puesto los tiempos, todo está perdido. También, a actuar en consecuencia.
Hoy el debate político pasa por las redes y se desarrolla bajo las condiciones que impone su dinámica. La degradación de la vida pública parece indefectible

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domingo, 29 de septiembre de 2024

DE NO CREER Y AL MARGEN


¿Es un pájaro? ¿Es un avión? ¡No, es Milei!
CARLOS M.REYMUNDO ROBERTS
De “¿Es un pájaro? ¿Es un avión? ¡No, es Superman!”, a “¿Es un genio? ¿Es un loco? ¡No, es Milei!”. Así estamos los argentinos: todavía intentando desentrañar a nuestro Presi. Y podríamos seguir con las preguntas: ¿es un estadista, un profeta, un marciano, un kamikaze, un hombre de las tinieblas? Como que su fulgurante aparición –de la inexistencia a la presidencia– nos tiene desconcertados. Él viaja y viaja (en kilómetros, ya dio seis vueltas al mundo), y en todos lados pasa lo mismo: se sorprenden, les divierte, a algunos los maravilla y otros no saben si habla en serio. Welcome! Intentaré acá develar la gran incógnita: si es un pájaro o un avión.
Esta semana habló en la Asamblea General de las Naciones Unidas, en Nueva York, y no lo escucharon 40 empleados del organismo haciéndose pasar por público, como suele ocurrir cuando le toca el turno al presidente de un país marginal, sino 60. El tipo atrae, de eso no hay duda. Al promediar el discurso quedaban cinco. Obvio: le dedicó severísimas parrafadas a la ONU, a la que calificó de socialista, perversa, inservible y casta (lo de casta lo agregué yo, pero la ONU se lo merece). Fustigó también el Pacto del Futuro, un programa de desarrollo que acababa de ser aprobado por amplio consenso. Javi, siempre disruptivo, se alineó así con Rusia, Nicaragua, Irán, Siria y Corea del Norte, unas monaditas, y se desalineó del Occidente democrático; ni Cristina se hubiese animado a tanto. A cambio propuso una Agenda de la Libertad; es decir, quiere exportar –ahora que se cae el precio de la soja– su plan anarcocapitalista. Dramático: se rajaron los últimos cinco empleados de la ONU.
El Presi sí cosechó grandes aplausos en la Bolsa de Nueva York. No dijo nada importante o novedoso y tampoco dio precisiones sobre el rumbo económico, que era lo que esperaban los operadores. Pero al terminar, para el célebre toque de campana que marca el comienzo de la rueda puso cara de loco, de muy loco, y fue allí cuando surgió la ovación. Si no hay pan, que no falte el circo. Se reunió con Elon Musk, su magnate de cabecera, único empresario al que le dispensó unos minutos. Creo que este año ya se juntaron cuatro o cinco veces; o Elon se está por comprar media Argentina, o Javi tiene asegurado un puestito en Tesla.
Nuestro corresponsal, Rafael Mathus Ruiz, contó que en la Bolsa parloteó 40 minutos, pero se negó a responder preguntas; al Consejo de las Américas, cita obligada para los presidentes de la región, se negó a ir, y también se negó a dar entrevistas. ¡Ese es mi pollo! Un distinto. ¿Balance del paso por Manhattan? Extraordinario: Santiago Oría, el cineasta que lo acompaña a sol y sombra, grabó material para 1500 posteos.
Alberto se gestionaba sus propios videos y, convengamos, le salían entretenidos.
Al volver del viaje, lo primero que hizo fue correrse a Córdoba, otra vez víctima de feroces incendios. Bien: mostró compasión y reflejos. Lástima eso de echarles la culpa a perversos militantes kirchneristas, versión rápidamente desmentida por el gobierno cordobés. Y lástima que se calzó una campera de combate, cuando solo recorrió la zona en helicóptero. Nadie le avisó que las llamas no eran tan altas.
¿Estamos ante un genio? Desde que asumió y mandó a Patricia Bullrich a encarar el drama de la violencia narco en Rosario, las muertes cayeron un 65%; en agosto hubo dos, contra 24 de agosto del año pasado. ¿O ante un desalmado? La recesión causa estragos, no solo en las encuestas: según el Indec, en el primer semestre la pobreza alcanzó al 53% de la población, la cifra más alta en 20 años. Por Dios, no es una cifra: es una tragedia; pasamos de “no hay plata” a “no hay comida”. Estadista: a partir de la Ley Bases, la revolución energética está en marcha, Vaca Muerta es un estallido de producción y por primera vez en 19 años dejamos de importar gas de Bolivia, un ahorro anual de 900 millones de dólares. Mago: logró lo que parecía imposible, flexibilizar el mercado laboral y sacarles poder a los sindicatos, cuya mayor reacción fue ir a lamentarse con el Papa, es decir, a llorar a la iglesia. Dicho sea de paso, Francisco fue más duro con Milei que con todos los presidentes anteriores juntos; tiene razón: cómo va a enterarse por los diarios de que están llegando las Fuerzas del Cielo. Iluminado: el RIGI promete tantas inversiones que hasta Kichi, un marxistón que ve un empresario y sale corriendo, se lo intenta copiar en la provincia de Buenos Aires; un RIGI con las narices tapadas y golpeándose el pecho, porque el destino se empeña es hacerles la vida imposible a los hijos de Cristina. Profeta: anunció la dolarización, el cierre del Banco Central y el levantamiento del cepo, medidas ya en vigencia y que el periodismo ensobrado y empautado se niega a publicar.
¿Pájaro? ¿Avión? A pura complicidad con Su Giménez en el mítico balcón: es Gardel.
En la Bolsa de Nueva York puso cara de loco, de muy loco, y ahí sí se ganó una ovación

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La hora de los que se las saben todas
Héctor M. Guyot
Los que solo tienen certezas no escuchan. No necesitan a los demás. En algún momento de sus vidas, vaya a saber uno cuándo y por qué, se han aferrado a una convicción totalizadora a través de la cual leen el mundo y lo explican todo. Como no la sueltan, carecen de la disposición para abrirse a la palabra del otro. Fundamentalistas, saltan cuando alguna opinión ajena contradice su dogma y ahí mismo ponen en su sitio al hereje. Están siempre en guardia, y sus ataques son en realidad reacciones defensivas. Si una idea ajena a su credo lograra filtrarse por alguna fisura de su blindado entendimiento, la duda, ese enemigo mortal, podría causar la súbita caída de todo el edificio, dejando al fanático expuesto a la intemperie de la libertad. ¡Vade retro!
Los que solo tienen certezas dividen. Son ellos contra el mundo, que vive equivocado. No conciben que se puedan mirar las cosas desde más de una perspectiva. La única válida es la suya, que adquiere la estatura de una verdad objetiva e irrefutable. Aquellos que no adhieren a ella solo pueden ser esclavos voluntarios de la ignorancia o estar inspirados por los móviles más abyectos. Unos y otros son despreciados por el dueño de la verdad. Y por supuesto, como potenciales agentes de la duda, son enemigos declarados. Ante ellos, no hay otra alternativa que la lucha.
Los que solo tienen certezas son violentos. Lo suyo es la política de la cancelación, borrar de la escena a los que no comulgan con lo que su biblia dice, dado que impiden que la buena nueva se extienda. La ira está justificada contra aquellos que obturan el advenimiento del Paraíso en la Tierra. Se acalla la voz ajena porque la propia aspira a ocupar todo el espacio. Al que piensa distinto se le niega el derecho de expresarse. Y si lo hace, a la carga con él. Una pulsión que está en el germen del totalitarismo.
Los que solo tienen certezas viven en su propia película. Anclados en su verdad inmutable, han cerrado los ojos a la complejidad siempre cambiante de la realidad. Todo aparece desfigurado por la lente reductora de sus creencias. No hay espacio para los matices. Un matiz es una falla de apreciación a través de la cual el diablo busca meter la cola, y ceder a esa debilidad se pagaría caro. Así, la realidad se esfuma, como desdibujada detrás de un vidrio empañado por el dogma, y el fanático, en lucha constante contra los infieles, empieza a ver conspiraciones por todos lados.
Los que solo tienen certezas son soberbios. Incapaces de abandonarse al diálogo, solo abren la boca para dar lecciones. Como la tienen clara, siempre están por encima de quienes todavía se resisten a ver la luz. Aunque la pérdida del sentido lógico que supone reemplazar la razón por el dogma los lleve a contradicciones flagrantes, su inteligencia esclarecida les permite trazar diagnósticos definitivos. Sin embargo, la fe los lleva al terreno de la admonición y la profecía, géneros literarios a los que se entregan con el ego elevado en el púlpito de una autoasumida superioridad.
Los que solo tienen certezas ejercen atracción. Y prosperan en un tiempo confuso como el nuestro, en el que los presupuestos que nos sostenían, como el progreso o la movilidad ascendente, se han desvanecido en el aire. Mejor todavía les va a aquellos profetas que acoplan su voz a la ira de multitudes que, impotentes, descargan a través de ellos su frustración por las promesas no cumplidas de democracias asediadas por la corrupción y la desigualdad.
Lo anterior podría ser una suerte de perfil al paso del populista modelo siglo XXI. Pensaba en líderes de uno u otro signo político que, llamados por el voto a enderezar democracias degradadas, no han hecho otra cosa que profundizar el deterioro previo. Al calor de las redes sociales, cuya dinámica extremó las polarizaciones, estos líderes han acelerado la descomposición de la política justo cuando más se la necesita. Sin ella en su mejor versión, será difícil conferir un sentido colectivo a la incertidumbre y el caos que impera en el mundo.
Al escribir se me impuso, confieso, el discurso de nuestro presidente en las Naciones Unidas. Allí Javier Milei disparó contra el multilateralismo y apuntó a darle escala planetaria a la grieta libertaria. Su guerra santa contra “el socialismo” llevó al país a votar junto a una minoría en la que destacan Corea del Norte, Venezuela, Nicaragua y Rusia. Una cosa es descreer de la efectividad de las políticas de la ONU y otra, muy distinta, abjurar de sus objetivos y verla como un “leviatán de múltiples tentáculos” que atenta contra la libertad.
También pensaba en Cristina Kirchner. Le caben, creo, muchas de las características de mi incompleta descripción. Que cada lector le asigne a Milei las que, a su entender, le corresponden. En tren de asignar, lo que les adjudicaría a la expresidenta y al kirchnerismo, así como a los gobiernos peronistas previos, es la responsabilidad mayor por una pobreza de escándalo que afecta a más de la mitad de los argentinos. Pero a no desesperar: por más mal que estemos, y más allá de nuestra tendencia a reincidir, nunca es tarde para aprender a desconfiar de los que se las saben todas.
Los que solo tienen certezas dividen. La única mirada válida es la suya, que adquiere la estatura de una verdad objetiva e irrefutable. Los que la contradicen son despreciados

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