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viernes, 31 de agosto de 2018

LIDERAZGO

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Quizá pocas veces se haya hablado tanto de liderazgo como en estos tiempos, y haya habido tanta crisis en la materia. Acaso se deba a que el liderazgo no se aprende a través de fórmulas, recetas ni técnicas, sino que se gesta en el interior de las personas, como parte de su identidad. El liderazgo se crea a partir de los propios recursos intelectuales y emocionales.
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Con frecuencia, y a raíz de diferentes cuestiones, se cita la frase de Mahatma Gandhi que dice: "Tú debes ser el cambio que deseas ver en el mundo". Llevado al tema en cuestión, esto significa que la conducta y la acción resultan herramientas esenciales en un líder. Son ellas las que más inspiran a otros y las que mejor iluminan los caminos a seguir. El mismo Gandhi decía: "Cuida tus pensamientos porque serán palabras, cuida tus palabras porque serán acciones, cuida tus acciones porque serán costumbres, cuida tus costumbres porque serán carácter, y tu carácter será tu destino". Es importante recordarlo cuando abunda la confusión entre lo que es un líder y lo que es un jefe. El carácter, entendido como tal o como identidad, que cada uno exponga será la octava parte de un iceberg, la visible. Otras siete no se ven, y responden a la advertencia gandhiana. La diferencia entre jefes y líderes está emparentada con la que existe entre autoridad y autoritarismo. A quienes se destacan como líderes se les concede autoridad. Esta es producto directo del respeto que se ganan por sus conductas. En cambio, quienes solo se desempeñan como jefes, haciendo valer poder y mandatos, suelen imponerse por vías autoritarias. Así como autoridad y respeto marchan de la mano, también lo hacen el autoritarismo y el miedo. Pero unos y otros juegan en equipos distintos y a menudo obtienen resultados diferentes, aunque durante un tiempo breve los jefes autoritarios puedan pavonearse con triunfos fugaces.
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Si bien mucho se habla hoy de trabajo en equipo, las prácticas y los resultados terminan por demostrar que, a la hora de la verdad, terminan por prevalecer las jefaturas por sobre los liderazgos. Ocurre en la política, en el deporte, en los negocios, en las organizaciones. Esto no solo impide el desarrollo de iniciativas que aporten diversidad y nuevas perspectivas, sino que contribuye a un soterrado (y a veces no tanto) malestar entre quienes antes que visiones inspiradoras reciben órdenes muchas veces perentorias. "La ineptitud emocional de los jefes consume tiempo, genera roces, desalienta la motivación y el compromiso, fomenta la hostilidad y la apatía", dice el divulgador científico Daniel Goleman en La práctica de la inteligencia emocional. Según él, "las competencias emocionales resultan especialmente importantes en el campo del liderazgo". Quien no las haya desarrollado difícilmente podrá demostrar empatía, compasión, comprensión. No tendrá capacidad de escucha. No sabrá convencer, se limitará a imponer.
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En Mi filosofía del triunfo, el legendario basquetbolista Michael Jordan cuenta lo que aprendió sobre este tema. "Usted no será líder si solamente es el mejor jugador, el más inteligente de la clase o el más popular. Tampoco existe quien le otorgue ese título. Tiene que ganarse el respeto de quienes lo rodean predicando con el ejemplo. Debe ser consistente en su actividad, sin importar si hablamos de un entrenamiento de basquetbol, de una cita de negocios o de las relaciones con su familia".
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Un líder no se hace con galones, con fuerza, con prepotencia, con marketing, con invocaciones al lugar jerárquico ni con manipulaciones psicopáticas. En su esencia, hay un profundo respeto hacia el otro, una visión trascendente, coherencia, vocación por la verdad y voluntad de sentido. Joyas preciosas en un mundo en el que escasean. Y que necesita líderes.

S. S.

sábado, 30 de septiembre de 2017

EL NUEVO LIDERAZGO


Los cambios históricos no son realizados por prohombres iluminados, sino por aquellos líderes capaces de leer las circunstancias y oportunidades del momento. Las revoluciones no son otra cosa que el punto cúlmine de una serie de pequeñas transformaciones que terminan eclosionando.

Luego de un largo período de apoyo a liderazgos de tipo carismático caracterizados por el desapego a la institucionalidad, que no es otra cosa que el contrato social plasmado en leyes e instituciones, los ciudadanos argentinos elegimos hace apenas algunos meses comenzar a transitar un nuevo camino en cuanto al tipo de relación con la autoridad política y la manera en que el país debe avanzar en la senda del desarrollo con equidad social.
Se dejó atrás la aceptación del líder mesiánico intérprete de una verdad revelada, verdad que no esconde otra cosa más que la perpetuación de tal poder antes que el empoderamiento de la ciudadanía. Se cambió la vieja concepción del poder entendida como un decisionismo que detenta y concentra autoridad en un solo puño o dentro del grupo de fieles, sellos distintivos de la anterior administración, por una visión más horizontal que deriva del consenso social fruto del diálogo propuesto por el gobierno actual. La búsqueda de equilibrio, acertar y errar -como en toda tarea humana-, pero inmediatamente tener la grandeza de asumir errores y humildad para corregir y retomar el camino común, es entendida ahora como un valor antes que como una debilidad, algo novedoso por lo infrecuente en nuestra historia cívica.


Es real que en las últimas décadas ha mermado de modo creciente la confianza en la política como fuente de liderazgo. Esta misma situación se presenta en otros ámbitos como el empresario, gremial, intelectual, religioso, etcétera, aunque se espera en democracia que sea la esfera política la que conduzca el proceso social. Esto lleva también a que el líder sea el primer candidato a ser chivo expiatorio. Se delegan todos los males de la sociedad en los políticos, ya que en ellos se siguen cifrando las expectativas y en consecuencia también las frustraciones. La dirigencia con sus valores y disvalores no es otra cosa que el emergente de la media de valores de la sociedad a la que representa. Ello no significa como más de una vez se ha dicho que "el problema es de todos" para que los verdaderos responsables no se hagan cargo del mismo.



Sin embargo el liderazgo que apoyó y demanda la mayor parte de la ciudadanía tiene características más horizontales y es promotor de ideas superadoras nacidas del punto de encuentro de miradas diferentes. Un liderazgo dialoguista, plural, que tenga la habilidad para conducir la vida comunitaria hacia el desarrollo de sus capacidades.
El desafío en países como la Argentina pasa por liderar la consolidación y por el cumplimiento cabal del rol de las instituciones antes que por buscar liderazgos mesiánicos. Esta institucionalidad será fundamental para resolver problemas arraigados y cada vez más graves de nuestro país como la inseguridad, la pobreza o la exclusión para poder exhibir con orgullo nuestra categoría de ciudadanos antes que de meros habitantes, de Nación antes que de pueblo.


Existe hoy un horizonte claro y consensuado de país que puede dar pie a un acuerdo multisectorial y político que sea respetado por diversas administraciones de gobierno. Una visión de una Argentina en su amplia geografía, con recursos naturales potenciados en la agroindustria, con mejora de la calidad educativa y sesgos claros hacia la integración social. Un país inserto en el mundo, que muestre orgullosamente liderazgos positivos y respetuosos por las normas, antes que liderazgos duros y reaccionarios.


Este nuevo tipo de liderazgo tiene la capacidad de transformar la visión en realidad. Es la fortaleza de las propias convicciones, la capacidad de soportar los embates y la energía para promover nuevas ideas. El liderazgo no puede ser otorgado, sino que es ganado por la confianza de los representados. El desafío pasa por modificar una matriz cultural con rasgos autoritarios, al sentar las bases de una sociedad abierta que desarrolla vínculos horizontales basados en el mérito, con capacidad de escucha y grandeza para rectificar rumbos.
El presente siglo nos confronta con un necesario cuestionamiento, y nos motiva a preguntarnos acerca de nuestros objetivos como sociedad, planteándonos caminos superadores al tradicional derrotero argentino.

G. P. 

domingo, 3 de septiembre de 2017

GAME OF THRONES; LIDERAZGOS FEMENINOS


Liderazgo femenino: las enseñanzas de las mujeres de Game of Thrones
Los personajes de la popular saga ofrecen distintos modelos de conducción que se pueden trasladar al mundo corporativo
Eugenio Andrés Marchiori



"¡La próxima vez que alces tu mano contra mí será la última vez que tengas manos!", le espeta Daenerys Targaryen -la Reina de Dragones- a su hermano luego de que le pegara. En los primeros capítulos de la serie Game of Thrones (GoT, para los iniciados) las mujeres sufrían todo tipo de abusos: misoginia, golpes y violaciones.
Aunque sigue siendo una serie de hombres (como el mundo de las empresas), muchas de ellas fueron ganando influencia hasta convertirse en líderes poderosas.
Sus avances pueden de servir de metáfora de un mundo corporativo en el que aún predomina el machismo.
Aunque todas son hijas de reyes y conocieron el manejo del poder desde pequeñas, las cuatro mujeres elegidas tienen estilos muy diferentes.
Yara Greyjoy


A pesar de no haber conseguido -aún- ser nombrada reina de las Islas de Acero, Yara es una líder con todas la letras... y con armadura. A la hora de luchar va al frente de su gente y pelea a la par de cualquier hombre. Es un ejemplo y una inspiración para sus tropas. Mujer de acción, fue en persona a rescatar a su emasculado hermano menor en el corazón mismo del territorio enemigo.
Gracias a su popularidad como comandante de mar y a sus motivadoras arengas, logró inspirar a la flota nacional para que la acompañara en una peligrosa aventura de conquista.
Su velocidad mental la llevó a retirarse a tiempo antes de sufrir un ataque que hubiera sido devastador.
Su frase: "Cualquier cosa con pene es fácil de engañar".


Sansa Stark
Pocos personajes tuvieron una vida más difícil que la de Sansa Stark. Cuando era una joven frágil y transparente tuvo que presenciar la tortura y la decapitación de su padre en manos de quien entonces era su prometido. Su asombrosa belleza la convirtió en un botín codiciado por todos. Intentaron violarla.
Fue prisionera del poder y la forzaron a casarse dos veces por arreglos políticos, la segunda vez con un psicópata que la sometió a ultrajes inimaginables. Lejos de claudicar, cada desafío terminó fortaleciendo su carácter.
Apoyada en su inteligencia y en su visión -su aspecto es un plus, pero su autoridad no se apoya en este factor- se fue convirtiendo en una líder amada y respetada. Su capacidad de liderazgo quedó probada cuando, con un tono suave pero firme, consiguió movilizar y comandar a un ejército para rescatar a su medio hermano.
Su frase: "Mi piel se ha convertido en porcelana, en marfil, en acero".


Cersei Lannister
Tal vez sea el personaje más antipático de la serie, pero no hay dudas sobre la efectividad del liderazgo de Cersei.
Gracias a su vida palaciega, la miembro de la familia Lannister conoce bien el manejo de poder, de las intrigas y de la naturaleza humana.
Fría y desalmada, no tiene escrúpulos ni límites éticos cuando se trata de conseguir sus objetivos, en especial cuando están motivados por la venganza. Lejana, siempre dispone de alguien que hace trabajo sucio por ella.
Nunca se mueve sin su guardaespaldas, un enorme caballero zombi que responde a sus órdenes al instante. Como la Reina de Corazones del escritor Lewis Carroll, su estilo de liderazgo se basa en hacer cortar la cabeza de los que se le interponen.
Su frase: "La única manera de mantener la lealtad de tu gente es asegurarse de que te teman más que al enemigo".


Daenerys Targaryen
Si se debiera buscar una palabra para sintetizar su estilo de liderazgo esta sería, sin lugar a dudas, carisma. Los griegos pensaban que el carisma -un poder de atracción inexplicable del que gozan algunos mortales- era un regalo de los dioses y Daenerys fue elegida por ellos.
Pero sus comienzos fueron duros. Luego de haber sido sometida por su hermano y de haber sido entregada como pago por un ejército, logró prevalecer hasta convertirse en reina.
Emergió del fuego -de manera literal- intacta como la madre de tres dragones con los que mantiene un auténtico vínculo maternal.
Desde el momento en que se supo elegida tomó distancia de quienes la rodeaban aunque sin perder contacto con la realidad. A pesar de sus poderes sobrenaturales, su liderazgo es un balance entre visión y pragmatismo.
Es una gran estratega, tiene varios asesores -casi todos enamorados de ella- y sabe escucharlos, es sensible a las necesidades de su gente y dedica tiempo a escucharlas y entenderlas.
Su frase: "Me parece que una reina que no confía en nadie es tan tonta como una que confía en todos".
Estas cuatro mujeres son solo un pequeño ejemplo de las protagonistas de GoT. Ya sea porque son las caras visibles del poder o porque algún hombre la necesita de apoyo, sería ingenuo pensar que no son ellas las auténticas líderes en la serie.
A pesar de su carácter fantástico, Games of Thrones es mucho más semejante a la realidad de lo que parece a primera vista.
El autor es profesor de la Escuela de Negocios de la UTDT

miércoles, 24 de febrero de 2016

LIDERAZGO POR PABLO PLA...NOS PUEDE SER MUY ÚTIL



En la vida de los líderes hay momentos que definen, para bien o para mal, su liderazgo futuro.
Para lograr una sinergia con su equipo, el verdadero líder conoce a las personas con las cuales se rodea. Las situaciones más exigentes y las crisis lo exponen a decidir si hacer o no un gran esfuerzo y compartir ese sacrificio con sus colaboradores.

La respuesta a estas circunstancias determina cómo es percibido, su conexión emocional con la gente y por lo tanto, cómo "conecta" con el equipo al cual lidera.
A menudo, los resultados son irreversibles. Aquellos líderes que sólo informan, que imparten instrucciones sin tener intercambio ni conocimiento de su gente, pierden influencia.


Los líderes auténticos conectan. Si usted quiere un equipo "con la camiseta puesta", conozca con quiénes trabaja, pregunte, pregunte y haga más preguntas: cuáles son sus sueños, sus intereses, qué habilidades tienen, su estilo de comunicación, sus costumbres, cómo es su familia. Olvide las barreras físicas entre usted y los demás y, especialmente, use siempre el lenguaje del otro para asegurarse de llegar mejor y ser entendido al ciento por ciento.
Los mejores líderes de todos los tiempos han tenido la capacidad de adaptar su lenguaje para estar en sintonía con la cultura de cada grupo. El buen líder, proactiva e intencionalmente, inicia el proceso de comunicación sin esperar pasivamente que sus colaboradores conecten con él. Por el contrario, los que se basan en su posición ejecutiva, basan su liderazgo en el lugar que ocupan en el organigrama y tienen la creencia de que la responsabilidad de conectar es de los seguidores. Basan su seguridad y su sentido de liderazgo en que los seguidores son los responsables de establecer contacto con ellos.




El error número uno es focalizarse en sí mismos, en lugar de hacerlo en los demás.
El papa Francisco, en un encuentro con obispos en Asia, expresó: "Para que haya diálogo tiene que darse la empatía. Se trata de escuchar no sólo las palabras que pronuncia el otro, sino también la comunicación no verbal de sus experiencias, de sus esperanzas, de sus aspiraciones, de sus dificultades y de lo que realmente le importa. Esta empatía debe ser fruto de nuestro discernimiento espiritual y de nuestra experiencia personal, que nos hacen ver a los otros como hermanos y escuchar, en sus palabras y sus obras, y más allá de ellas, lo que sus corazones quieren decir".



Comenzar a focalizarse en los demás es la clave para darle un sentido a la gestión. Antes de pedirle a la gente que se comprometa a ir en una determinada dirección, necesitamos hablarle al corazón. Esto se basa en el principio de que es necesario conectarse emocionalmente antes de poder hacerlo físicamente. ¡La gente no va a seguirlo hasta no llevarse bien con usted!
Muchos líderes fallan al no acercarse a donde la gente está, al no escucharlos, al transmitir poco interés por sus problemas. Sólo se dedican a comunicar cuál es "su visión", "su estrategia". No entienden que la gente no va a seguirlos solamente para servirles en la búsqueda de su visión y ambiciones, sencillamente porque tienen las suyas 

propias.


Lo que debe estar en nuestras agendas no es solamente adónde estamos llevando la organización; la prioridad es entender adónde está la gente hoy, cómo podemos escucharla y aprender de lo que comparte con nosotros, cómo podemos conectarnos con ellos.
Como afirma John Maxwell: "Para liderarnos a nosotros mismos, usemos la cabeza; para liderar a otros, usemos nuestro corazón". Recién en el momento en que podemos establecer una conexión auténtica comenzamos a mover a la gente en la dirección correcta.
Gte. Gral. de Ingredion y anteriormente de Alicorp Cono Sur y Coca-Cola