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jueves, 3 de octubre de 2019

LA OPINIÓN DE FEDERICO ANDAHAZI, PARTE 2º,

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Psicódromo: “La familia política”, por Federico Andahazi
El martes presentamos un tema que despierta más de una discusión a lo largo de toda la vida: la familia política, o sea, la parentela de la pareja.
El martes decíamos que cuando uno forma pareja, elige a esa persona por muchos motivos; sea una pareja reciente o de larga data, en todos los casos, lo que seguro no se elige es a la familia del otro.
La pareja no viene sola. Viene con un paquete y al desenvolverlo, nos encontramos con un precioso regalo: madre, padre, hermanos, primos, amigos. Y cuando lo examinamos, descubrimos que, además, todo eso viene con instrucciones muy difíciles de entender.
Es un manual que funciona con reglas y códigos diferentes de los nuestros. No solemos ser conscientes de esta pequeña trama de características familiares, están ahí como una base de nuestros comportamientos.
Cuando una persona nueva ingresa al grupo familiar como pareja de uno de los integrantes, las fichas se mueven y una cantidad de humores se empiezan a sentir en el subsuelo.
Veamos un ejemplo conocido: la nena de la casa, veinteañera, preciosa, a la que todos consideran una joya, trae por primera vez a cenar a su nuevo novio.
Ocurre una serie de cosas que rozan la típica comedia costumbrista. El padre marca terreno y da clases de cómo hacer un asado como si expusiera la teoría de la relatividad. El hermano mayor le contesta mal al padre como para que quede claro que hay varios machos alpha y el ingresante tiene el último número.
La hermanita adolescente hace una escena de caprichito con la comida para que nadie olvide que ella es la menor y el foco de atención no se negocia.
Y la madre se hace la piola para que el tipo sepa que las redes de esa familia las teje ella, y es tan macanuda y moderna que su hija le cuenta todo, pero “todo”.
¿Está claro? El pibe termina de cenar con la sensación de que son todos muy agradables, pero, se pregunta si valdrá la pena volver. Al menos, piensa, deberá aprender muchas cosas para poder llevarse bien con esa gente.
Lo cierto es que en estos asuntos la clave es el respeto. La suegra debe respetar a la nuera: la forma de organizar su casa, de educar a sus hijos, de repartir su tiempo, de tratar a su marido. Pero claro, el marido de la nuera es su hijo, y los hijos de la nuera son sus nietos.
¿Cómo soportar la tentación de explicarle a esa inexperta como se lleva adelante una familia feliz? Hay una respuesta: entender que no hay una sola manera de llevar una familia ni de ser feliz. Entonces el hijo y esa mujer están construyendo la suya propia y se hace el camino al andar.
Hay que ser delicado para sugerir los cómo y los cuándo y, por el lado de las nueras y yernos, es bueno también escuchar la voz de la experiencia sabiendo marcar los límites con amabilidad.
Pero es innegable que el rol fundamental en estas relaciones de potencial conflictividad lo tiene una persona. ¿y quién es esta persona?
Es el eslabón que unió a una señora sesentona con una mujer treintañera, que hasta hace un año no se conocían y ahora comparten situaciones familiares, privadas y los afectos más importantes.
Lo que quiero decir es que es muy importante que el hombre o la mujer le dé el lugar que corresponde a su pareja y sea capaz de advertir cuando su madre o su padre no están respetando a la persona que eligieron, o su forma de hacer las cosas.
También es importantísimo que una persona acepte y dé un lugar trascendental a la familia de su pareja porque además de ser el núcleo familiar de quien ama, el día de mañana pueden convertirse en abuelos y tíos de sus hijos, y esos vínculos son muy importantes y juegan un papel relevante en la vida de los chicos.
Resumiendo: respeto, límites claros, evitar actitudes invasivas, permitir las distintas formas del cariño, entender que cada grupo familiar tiene sus formas y sus costumbres y hay que hacer algún esfuerzo para convivir en armonía, evitar los celos, evitar estar a la defensiva o marcando terreno.

miércoles, 2 de octubre de 2019

LA OPINIÓN DE FEDERICO ANDAHAZI, PARTE 1º

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“La familia política”, por Federico Andahazi
Hoy quiero hablar de uno de los grandes temas que atañen al todo el mundo y a veces complican la vida propia y, sobre todo, la vida familiar: vamos a hablar de la familia política.
Decidimos armar una pareja cuando hay atracción, amor, empatía y tantas otras cosas. Pero… pero la persona que elegimos tiene, en general, una familia, un grupo de pertenencia; y esas otras personas, en el mejor de los casos, pueden agradarnos.
Pero muchas otras veces…, no precisamente. Y lo más grave es que son vínculos que, por su naturaleza, pueden volverse muy conflictivos.
Seguramente el top ten de los problemas familiares está encabezado por la relación nuera/suegra. Conozco muchísimos casos en los que esa relación se da en términos armoniosos y cada una respeta su rol y el amor de distinta naturaleza que sienten por el mismo hombre: hijo para una, pareja para la otra.
Y sí, a veces hace falta aclararlo. Pero qué pasa cuando la señora intenta imponer su influencia al ámbito del hogar familiar del hijo. O cuando la nuera busca apartar al marido de su familia y compite innecesariamente con los afectos de él. Bueno, ahí ocurre el tan temido choque planetario.
El panorama es más grave cuando se trata de madres sobreprotectoras que ponen mucho empeño en controlar la vida de los hijos, cuando los hijos, por cierto, ya se controlan por sí mismos. O deberían.
Muchas veces se presentan como “colaboradoras” pero detrás de ese afán por solucionar la vida del hijo hay una intención de no perder el control y no resignarse del todo a que el niño es un adulto peina canas no sólo en la cabeza y que debe hacerse plenamente cargo de su vida.
Cuando los hombres están muy instalados en este lugar de “hijo mamero”, esperan que su mujer se haga muy amiga de la suegra, que aprenda todas las ñañas que su mamá le consiente, que sea igualmente dedicada a resolverle las cuestiones de orden diario, y que entre ellas se quieran y se pasen las recetas de la comida que a él le gusta… Suena todo bastante antiguo (y tenebroso) pero es un modelo que sigue existiendo.
Pongamos que del otro lado tenemos a una mujer independiente y de pronto advierte esta dependencia emocional de su pareja para con la madre; entonces, claro, se fastidia y empieza a sentir que la suegra es un problema.
Que la señora es invasiva, que su novio o marido no sabe o no quiere ponerle límites. Si hay hijos… peor… porque la suegra intentará imponer criterios de crianza que la nuera detestará… y la cosa se va poniendo espesa.
Cabe remarcar en este punto que hay muchas parejas jóvenes con hijos chicos que necesitan a la abuela para que les dé una mano con el cuidado de los chiquitos mientras ambos trabajan.
Ahí se da una situación compleja, porque la abuela está ofreciendo amorosamente una colaboración, adora a sus nietos, los cuida, su hijo y su nuera seguramente lo valoran, pero…. a la vez esto genera una cantidad de roces y humores sobre los mensajes que se les da a los chicos, si comen o no comen esto o aquello, si los retó o no los retó, si les deja hacer cualquier cosa o en cambio es miedosa y no los deja ni respirar, en fin todo da para cierta silenciosa conflictividad.
Otro punto importante son los tiempos. Es saludable respetar la disponibilidad de la pareja para con la propia familia. Siempre es bueno llegar a acuerdos.
¿Qué quiero decir con esto? Que más allá de los encuentros familiares los integrantes de una familia pueden ver a sus hermanos, hijos o padres sin la necesidad de involucrar a todo el grupo familiar.
Por ejemplo, dos hermanos pueden verse más allá de que sus respectivas esposas no se aguanten. Se trata de mantener los vínculos evitando caer en las distancias provocados por otros.
Vamos a otro ejemplo clásico en el que se exige a la pareja que sea alguien distinto de quien es: pongamos que una mujer tiene padre y dos hermanos muy futboleros. No tiene por qué pretender que su novio entre en esa cofradía futbolera y se hagan todos amigos y vayan todos los domingos a la cancha juntos.
Hay algo de negociación en todo esto porque es imprescindible que la familia política respete a la persona que elegimos pero también nuestra pareja debe respetar los vínculos que nos formaron como personas.
Hay mucho y muy interesante para hablar sobre este tema, así que hoy dejamos acá y seguimos el viernes. Vayan preparando los testimonios con sus experiencias con suegras, cuñadas, nueras, yernos, suegros, cuñados y todo el ecosistema familiar que nos encanta y nos agobia al mismo tiempo.

viernes, 5 de abril de 2019

LA OPINIÓN DE FEDERICO ANDAHAZI,

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“La polaquita que derrotó a la mafia”, por Federico Andahazi
Hace algunos años, cuando escribí la “Historia sexual de los argentinos”, en el tercer volumen, “Pecadores y pecadores”, que abarca el período que va desde el golpe del ’30 hasta Cristina Kirchner, me ocupé extensamente de la Zwi Migdal
¿Qué era la Zwi Migdal, esta tenebrosa organización mafiosa que realmente existió? Detrás de este nombre de significado incierto, algunos dicen que era el nombre de uno de sus directivos, se escondía una de las más grandes organizaciones dedicada a la trata de mujeres.
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La fachada era un lujoso palacete en la avenida Córdoba al 3200. Un cartel en la entrada rezaba “Sociedad de Socorros Mutuos Varsovia”. La institución mostraba una intensa actividad social: había un teatro y hasta un cementerio. En apariencia, un ejemplo de organización benéfica y cultural.
Hasta que se desencadenó el escándalo, nadie sospechaba qué se escondía realmente detrás de esa prestigiosa entidad. La noticia produjo sorpresa e indignación, principalmente entre la colectividad judía de Buenos Aires porque sus símbolos habían sido utilizados con fines perversos.
La Sociedad Israelita de Socorros Mutuos había nacido verdaderamente como una noble institución solidaria. Fundada en 1906, en sus comienzos prestaba un valioso servicio social a la colectividad judía, gran parte de la cual estaba compuesta por inmigrantes pobres.
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Aprovechando el prestigio ganado con justicia, la asociación fue cooptada por una organización mafiosa, una amplia red compuesta por traficantes, políticos, funcionarios, policías, fiscales y jueces corruptos. Algo así como lo que hizo el kirchnerismo con una parte pequeña de la colectividad.
El negocio funcionaba así: el primer eslabón de la cadena eran los rufianes quienes viajaban a los países de Europa del Este, principalmente Polonia y Rusia. Una vez allá, mediante artimañas que iban desde la promesa de casamiento al ofrecimiento de magníficas oportunidades de trabajo, conseguían engañar a muchas jóvenes campesinas convenciéndolas para que viajaran a la Argentina.
Pero no bien las muchachas pisaban la ciudad, eran inmediatamente secuestradas por la organización. Y así, sometidas a un régimen de reclusión, empujadas a la adicción a la cocaína, conseguían por fin doblegarlas hasta obligarlas a prostituirse. De acuerdo con los expedientes judiciales de la época, la Zwi Migdal llegó a reclutar cerca tres mil mujeres.
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Las «polaquitas», tal como se las conocía en los ambientes prostibularios, no tenían forma de escapar de la siniestra organización; las que conseguían hacerlo, eran recapturadas y, en muchos casos, asesinadas para que las demás supieran cuál sería su destino si intentaban fugarse.
Varios de los nombres de los burdeles en los que se las explotaba ponen de manifiesto la humillación y el desprecio con que eran tratadas: “Las Esclavas”, “Las Perras”, “Las Gatas Blancas” son testimonio del trato denigrante.
La Zwi Migdal era una organización gigantesca, sólida y amparada por encumbrados sectores del poder. Sin embargo, el monstruo habría de ser derribado por la ínfima y solitaria lucha de un pequeño personaje, una polaquita llamada Raquel Liberman.
Harta del trato inhumano, de las humillaciones y la explotación, la muchacha se rebeló y denunció con nombre y apellido a los rufianes que constituían la base de la organización. Fue aquel mazazo en los cimientos lo que permitió que cayera la estructura piramidal.
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Durante los últimos días de septiembre de 1939, más de cien proxenetas fueron detenidos en un enorme operativo. Los rufianes estaban convencidos de que habrían de ser liberados en pocas horas; sin embargo, tuvieron la mala suerte de que la causa recayera en el juzgado de Rodríguez Ocampo, uno de los pocos jueces probos que no respondía a la organización.
Fueron inmediatamente acusados de «corrupción, ejercicio del proxenetismo y asociación ilícita». A partir de la valiente denuncia de Raquel Liberman, se citó a declarar a otras mujeres, cuyos testimonios resultaron cruciales.
Más de cinco mil fojas engrosaron el expediente, hasta que el juez ordenó el allanamiento de la sede de la calle Córdoba 3280. Pero el trabajo de Rodríguez Ocampo no fue sencillo: la policía desacataba sus instrucciones y retrasaba los trámites.
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El Ministerio del Interior, por su parte, incumplía los oficios y el jefe de la policía permanecía cruzado de brazos ante los continuos pedidos de explicaciones del juez. Los abogados de la organización intentaban por todos los medios separar a Rodríguez Ocampo de la causa (Cualquier parecido con Bonadío es pura coincidencia).
A medida que el caso iba alcanzando mayor conocimiento público, los funcionarios tomaban cauta distancia de los cabecillas, aunque sin dejar de intervenir solapadamente en su favor. Pero cuando el juez dictó la prisión preventiva de los rufianes y pidió la captura de otros que estaban prófugos, el poder decidió soltarles la mano y, finalmente, la organización colapsó.
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Tal como lo hiciera David con Goliat, la lucha solitaria de Raquel Liberman fue la piedra que acabaría derribando a la gigantesca y temible Zwi Migdal.
Los jueces de hoy pueden decidir si quieren ser recordados por la historia como el heroico juez Rodríguez Ocampo o que sus nombres queden para siempre en el libro de los corruptos, los narcos y los proxenetas. No faltará algún escritor o periodista o un productor de TV del futuro que se ocupe de juzgar a los jueces de hoy

domingo, 31 de marzo de 2019

LA OPINIÓN DE FEDERICO ANDAHAZI,

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“La verdadera pionera del voto femenino”, por Federico Andahazi
El  8 de marzo fue el día de la mujer. Recordamos la íntima y valiente gesta de Mariquita Sanchez que con apenas 14 años se opuso al poder establecido y hace más de 200 años levantó la voz de todas las mujeres.
2019 es un año electoral y ya hemos visto durante todo el veranos políticos reuniéndose y pergeñando alianzas, mientras los encuestadores no dan abasto y miden todos los escenarios posibles.
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De manera que pensando en mujeres notables y elecciones democráticas, decidí traer a esta mesa la primera e insólita manera como una mujer logró votar en un país hecho para hombres. Veamos quién era esta mujer tan inteligente como intrépida.
Julieta Lanteri había nacido en Italia en 1873, y como tantísimos italianos por aquellos años, sus padres decidieron viajar a la Argentina para buscar un futuro mejor del que proponía la castigada Europa.
Cuando tenía que ingresar al colegio secundario, Julieta se negó a asistir al normal de Señoritas, ella tenía decidido que lo suyo era el Nacional, porque sería el paso para su verdadero deseo: ingresar a la Universidad y lograr convertirse en Doctora en Medicina. Julieta sabía lo que quería.
Pero claro, las cosas eran más difíciles para una mujer, tuvo que escribir una carta pidiendo permiso para su matrícula al Dr Leopoldo Montes de Oca, decano de la Facultad.
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Si digo “Centro Feminista de Libre Pensamiento”, pensarán que es un grupo que se pudo haber formado en los años 70, 60 o como temprano en los 50, ¿verdad? Pero no, lo fundó Julieta Lanteri junto a otras mujeres sobresalientes en el año 1905.
En 1907 Julieta Lanteri recibía su título de Dra en Medicina, la tercera mujer argentina en lograrlo, las otras dos fueron también mujeres brillantes que trabajaron intensamente para que la Argentina estuviera en lo más alto de los derechos civiles para las mujeres, me refiero a las doctoras Cecilia Grierson y Elvira Rawson de Dellepiane.
Fijate como las personas que piensan con grandeza no se cierran en dogmas ni son sectarias: en 1910 Lanteri logró formar el Primer Congreso Femenino Internacional donde se aprobaron tres iniciativas de Lanteri que hablan de su visión social y de su grandeza:
– prohibir la explotación de los niños huérfanos
– que los niños huérfanos puedan ser los destinatarios de las herencias vacantes
– y, por supuesto, el reconocimiento de los derechos civiles y políticos de la mujer.
Después de una lucha incansable, Julieta logró la ciudadanía argentina en 1911, y aquí viene la historia que la hizo tan famosa. Ese mismo año se celebraban elecciones del Consejo Deliberante, y así como había decidido ser médica, Lanteri decidió que iba a votar.
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Como se renovaba el padrón cada 4 años, Julieta se presentó con su carta de ciudadanía, una copia de la ley 5098 y cumpliendo todos los requisitos que eran:
-ser mayor de edad
– ejercer una profesión liberal
– haber pagado impuestos un año como mínimo.
Nada decía que las mujeres no podían votar, y Julieta cumplía todos los requisitos. Claro, la ley daba por supuesto que sólo un hombre podía demostrar ejercer una profesión liberal y por ende haber pagado sus impuestos.
Estaba tan silenciada la mujer en la vida pública, que ni siquiera consideraron la necesidad de indicar que sólo los hombres podían votar. Julieta vió la rendija y entró. El empleado, atónito, tuvo que anotarla, una jugada maestra de Lanteri.
Y así, a voz cantada como era en esa época, el 26 de noviembre de 1911, la Dra Julieta Lanteri se convirtió en la primera mujer en ejercer el sufragio en la República Argentina.
Luego de la Ley Saénz Peña las cosas cambiaron, el Consejo Deliberante decidió que el padrón se confeccionaría a partir del registro del Servicio Militar, ese fue el golpe mortal al voto femenino que recién vio la luz 36 años más tarde del voto histórico de Lanteri.
Pero nada detenía a Julieta que formó el Partido Feminista Nacional en 1919 y se postuló para diputada. Fijate la contradicción, las mujeres podían participar y postularse en política pero luego no podían votar.
Lanteri hizo fuertes campañas en la calle y organizaba simulacros de sufragios para las mujeres que seguían esperando por sus derechos. En cada elección volvía a postularse, hasta que el golpe de 1930 interrumpió fatalmente la vida democrática argentina, iniciando un periodo de oscuridad y violencia.
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En 1932, en un accidente más bien confuso, un auto atropelló y mató a la Dra Julieta Lanteri. Nunca se aclaró ese episodio, Lanteri era molesta para el poder, perdió la vida a los 59 años.
Julieta Lanteri desconoció la palabra resignación. Nosotros no podemos desconocer su vida dedicada a la consagración de los derechos civiles, a la salud, al voto femenino, a la lucha contra la trata de mujeres y al combate contra la explotación infantil. Va este sentido homenaje a la Dra Julieta Lanteri.

martes, 26 de marzo de 2019

LA OPINIÓN DE FEDERICO ANDAHAZI,

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“Las cenicientas del presidente”, por Federico Andahazi
Usamos con mucha frecuencia la expresión “el sillón de Rivadavia” para referirnos a ese cargo que ocupa quien dirige los destinos de este país. La razón es obvia. Bernardino de la Trinidad González de Rivadavia fue el primer Presidente, jefe de estado de las Provincias Unidas del Río de la Plata entre 1826 y 1827.
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Pero hoy no me voy a detener a repasar los hechos que tantas veces no contaron. Hoy te voy a contar ese lado que lo historiadores siempre nos ocultaron y nunca nos contaron en la escuela.
El propio Rivadavia habría deseado que nunca sucediera esta historia que debió cargar en la espalda como una cruz, y que sin dudas ilustra la verdadera dimensión del lugar tan injusto que ha ocupado en la historia hombres y mujeres.
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Las relaciones filiales y el amor son los grandes pilares de las leyendas y las tragedias y la historia de nuestro país está signada también por el amor, el odio, la locura y la muerte.
Benito Bernardino González de Rivadavia, oriundo de Galicia, se casó con su prima Doña María Josefa de Rivadavia y Rivadeneira y tuvieron cinco hijos. Uno de ellos fue Bernardino que tenía apenas seis años cuando su mamá murió.
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El padre era un hombre influyente y de muy buena posición económica. Dos años después se casó con Ana Otárola.Y es acá cuando entra la temible e infaltable madrastra en la escena de nuestra tragedia rioplatense.
Tres eran las hermanas mujeres. La mayor, Tomasa Dominga, había nacido ciega. Gabriela y Manuela habían estaban noviando con otros dos hermanos: el Teniente José y el Teniente Gabriel Gazcón.
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Como gente de alta sociedad que eran los muchachos tenían la venia del virrey y todo se encaminaba para celebrar ambas bodas como de cuento: las hermanitas princesas con los hermanitos príncipes azules.
Todo era maravilloso, hasta que, de pronto, el padre de Rivadavia prohíbe las relaciones de sus hijas con los Gazcón y anula los planes de los matrimonios.
¿Por qué? La razón suena insólita. Resulta que Doña Ana, la madrastra de las chicas, se sentía mal. Literalmente, sufría de fuertes dolores de cabeza, y ella consideró que los tenientes pretendientes no se mostraron lo suficientemente preocupados por la salud de la, digamos, “suegrastra”.
Esta falta resultó imperdonable para Don Benito González de Rivadavia, que permaneció indiferente mientras sus hijas lloraban y sufrían presas de un sistema arbitrario, autoritario y, en este caso sí aplica el término patriarcal, que no les permitía casarse con quien deseaban.
Pero más aún, los gimoteos y la protestas de las hijas le molestaban tanto que decidió solucionar todo como se hacía en esa época con las mujeres que osaban levantar la voz: las internó en un convento.
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Los hermanos Gascón, con el corazón roto, no se iban a quedar de brazos cruzados; decidieron iniciar un juicio contra el padre de nuestro primer Presidente.
Eso de que la justicia cuando es lenta no es justicia es más viejo que la República y este caso lo confirma porque en el proceso, uno de los novios… murió. La pobre hermana de Rivadavia se volvió loca. Más desgracias parecían imposibles: internada y separada de su amor por la arbitrariedad de su padre y la muerte.
Fijate lo que decía Don Benito en el juicio: “…mis hijas me deben estar más sujetas aún que el criado respecto de su amo, por razón de la patria potestad que me compete, y me da facultad para enajenarlas o venderlas en caso de necesidad, por la especie de dominio que ejerzo sobre ellas, como cosa nacida y proveniente de mí mismo”.
Reite del patriarcado. Por suerte los tiempos cambian, poco a poco, pero cambian.
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Finalmente el proceso resultó favorable a los hermanos Gascón, que a esa altura era uno solo. En 1812 Don Benito tuvo que pagar el juicio para lo cual debió desprenderse de una importante propiedad. Lleno de odio desheredó a sus hijas diciendo que “ni el nombre de hijas merecen”.
Y así, las cenicientas del futuro presidente, murieron desheredadas, solas, tristes y olvidadas. No hubo príncipe azul, ni carroza. Ni siquiera una mísera calabaza para las cenicientas del futuro presidente.

viernes, 7 de diciembre de 2018

LA OPINIÓN DE FEDERICO ANDAHAZI,


¿Quién está detrás de los atentados?
Columna de Federico Andahazi 






Varias veces conté que yo he sido un niño adoctrinado desde el vientre. Provengo de una familia marxista. Me llamo Carlos Federico en homenaje a Marx y Engels.
Fui a un jardín de infantes vinculado con el Partido Comunista en el que aprendí “La Internacional” antes que el Himno. Luego, víctima del canon cultural del bienpensante, he visto en el anarquismo un interesante recurso estético que podía servir para contar historias, hacer películas y componer canciones.
El comunismo y el anarquismo son dos ideologías enfrentadas. El primero pretende reemplazar al individuo por el Estado hasta el advenimiento del mítico Hombre Nuevo.
El segundo, al contrario, eleva al individuo y pretende exterminar al Estado. Es curioso, se parece bastante al ultra-liberalismo: ambos abominan del Estado.
Sin embargo, los comunistas veíamos en los anarquistas un potencial romántico. Contribuyó a esa mirada entre simpática y estúpida, la alusión frívola de Borges, que en algún momento, para rechazar la horrible política argentina, se declaró anarquista como quien dice “Yo, argentino”.
Y por supuesto, ayudaron con esa aceptación del anarquismo en los sectores intelectuales los libros de Osvado Bayer, más acá Martín Caparrós y otros a quienes manifestar su presunto anarquismo no sólo les salía gratis: vendieron una buena cantidad de apologías anarquistas mientras el anarquismo, según se creía, era una lengua muerta. Pero ayer el anarquismo nos estalló, literalmente, en la cara con dos bombas como si hubiésemos regresado a 1909.
La primera estalló en el cementerio de la Recoleta. Una pareja anarquista entró con una silla de ruedas, pelucas y anteojos e intentaron volar el mausoleo de Ramón Falcón.
Fue tan precario el desempeño de esta pareja anarquista, que no pudieron evitar siquiera el tópico consumista de la época: quisieron sacarse una selfie, explosivo en mano, y el artefacto casero explotó.
La mujer, Anahí Salcedo, madre de dos chicos, por los que cobra Asignación del Estado al cual repudia, resultó gravemente herida. Perdió tres dedos, y sufrió un importante daño en el maxilar y una perforación en la mejilla.
Lejos de los principios de Bakunin, esta señora adulta que odia a la policía en particular y al Estado en general, no tuvo el anarquista decoro de renunciar al auxilio de la policía que la salvó de que detonara el resto de los explosivos que llevaba, ni al plan social, ni a curarse en un hospital público ni a recibir AUH por sus hijos. Es decir, gozaba de todos los recursos que el Estado le proveía y que ella quería destruir.
El segundo hecho me encontró como cronista: estuve cerca del lugar y pude relatarlo en tiempo real. En este país, donde hace pocos años asesinaron al fiscal de la nación Alberto Nisman, otro anarquista llamado Marco Viola, arrojó una bomba en la casa del Juez que investiga una de las tramas de corrupción más escandalosas del planeta: el juez Claudio Bonadio.
Este segundo militante fue detenido por la custodia del juez. La policía detonó el artefacto de fabricación casera que tenía un alcance de destrucción cercano a los 30 metros a la redonda. Es decir, podía haber matado al juez, a su familia y varios vecinos.
Llama la atención cómo convergen los hechos históricos. Hoy el país se prepara para la cumbre del G20. En épocas del asesinato de Ramón Falcón, la Argentina se preparaba para recibir importantes figuras de la política internacional para festejar su primer centenario. En estos contextos los grupos anti-sistema buscaban y buscan mostrar su poder de fuego.
El anarquismo, una ideología perimida, violenta, que ya era vieja a comienzos del siglo XIX, profundamente individualista, por algún motivo extraño fascina todavía a ciertos intelectuales.
Marco Viola, el autor del atentado contra Bonadio solía frecuentar y así lo atestiguan sus fotos, al escritor Osvaldo Bayer, quien se ocupó en gran parte de su obra a otorgarle al anarquismo un romanticismo del que carece, a darle una pátina de heroísmo a la cobardía, el anonimato y el ataque traicionero del que tira una bomba y huye.
La miseria humana en su extremo más degradante: matar por la espalda y al voleo. Escritores como Bayer, que vive en la comodidad de Berlín, paraíso del capitalismo, y Martín Caparrós, fascinados por estos personajes, le han prestado al anarquismo una máscara épica que jamás ha tenido.
Y en las paradojas de la realidad nacional pudimos ver como este mismo año Florencia Kirchner, hija de la ex presidente Cristina Fernández, y la hija de Mauricio Macri, Agustina, filmaron sendas películas que cuentan la vida de activistas anarquistas.
Florencia se ocupó de Santiago Maldonado, mostrándolo como una suerte de santo, mientras Agustina hizo lo propio con Soledad Rosas, la anarquista argentina presa que se suicidó en Italia.
Hoy podemos ver una especie de sociedad entre el kirchnerismo, el trotskismo y el anarquismo. Estos grupos que, hasta hace poco se repelían, hoy están decididos a tomar la calle para evitar que sus dirigentes vayan presos o, más aún, a voltear al gobierno constitucional.
¿Quién está detrás de estos atentados? Sólo hay que mirar a quién le interesa silenciar a Bonadio e impedir el funcionamiento de la justicia.

lunes, 19 de noviembre de 2018

LA OPINIÓN DE FEDERICO ANDAHAZI,



¿Quién está detrás de los atentados?
Columna de Federico Andahazi

Varias veces conté que yo he sido un niño adoctrinado desde el vientre. Provengo de una familia marxista. Me llamo Carlos Federico en homenaje a Marx y Engels.
Fui a un jardín de infantes vinculado con el Partido Comunista en el que aprendí “La Internacional” antes que el Himno. Luego, víctima del canon cultural del bienpensante, he visto en el anarquismo un interesante recurso estético que podía servir para contar historias, hacer películas y componer canciones.
El comunismo y el anarquismo son dos ideologías enfrentadas. El primero pretende reemplazar al individuo por el Estado hasta el advenimiento del mítico Hombre Nuevo.
El segundo, al contrario, eleva al individuo y pretende exterminar al Estado. Es curioso, se parece bastante al ultra-liberalismo: ambos abominan del Estado.
Sin embargo, los comunistas veíamos en los anarquistas un potencial romántico. Contribuyó a esa mirada entre simpática y estúpida, la alusión frívola de Borges, que en algún momento, para rechazar la horrible política argentina, se declaró anarquista como quien dice “Yo, argentino”.
Y por supuesto, ayudaron con esa aceptación del anarquismo en los sectores intelectuales los libros de Osvado Bayer, más acá Martín Caparrós y otros a quienes manifestar su presunto anarquismo no sólo les salía gratis: vendieron una buena cantidad de apologías anarquistas mientras el anarquismo, según se creía, era una lengua muerta. Pero ayer el anarquismo nos estalló, literalmente, en la cara con dos bombas como si hubiésemos regresado a 1909.
La primera estalló en el cementerio de la Recoleta. Una pareja anarquista entró con una silla de ruedas, pelucas y anteojos e intentaron volar el mausoleo de Ramón Falcón.
Fue tan precario el desempeño de esta pareja anarquista, que no pudieron evitar siquiera el tópico consumista de la época: quisieron sacarse una selfie, explosivo en mano, y el artefacto casero explotó.
La mujer, Anahí Salcedo, madre de dos chicos, por los que cobra Asignación del Estado al cual repudia, resultó gravemente herida. Perdió tres dedos, y sufrió un importante daño en el maxilar y una perforación en la mejilla.
Lejos de los principios de Bakunin, esta señora adulta que odia a la policía en particular y al Estado en general, no tuvo el anarquista decoro de renunciar al auxilio de la policía que la salvó de que detonara el resto de los explosivos que llevaba, ni al plan social, ni a curarse en un hospital público ni a recibir AUH por sus hijos. Es decir, gozaba de todos los recursos que el Estado le proveía y que ella quería destruir.
El segundo hecho me encontró como cronista: estuve cerca del lugar y pude relatarlo en tiempo real. En este país, donde hace pocos años asesinaron al fiscal de la nación Alberto Nisman, otro anarquista llamado Marco Viola, arrojó una bomba en la casa del Juez que investiga una de las tramas de corrupción más escandalosas del planeta: el juez Claudio Bonadio.
Este segundo militante fue detenido por la custodia del juez. La policía detonó el artefacto de fabricación casera que tenía un alcance de destrucción cercano a los 30 metros a la redonda. Es decir, podía haber matado al juez, a su familia y varios vecinos.
Llama la atención cómo convergen los hechos históricos. Hoy el país se prepara para la cumbre del G20. En épocas del asesinato de Ramón Falcón, la Argentina se preparaba para recibir importantes figuras de la política internacional para festejar su primer centenario. En estos contextos los grupos anti-sistema buscaban y buscan mostrar su poder de fuego.
El anarquismo, una ideología perimida, violenta, que ya era vieja a comienzos del siglo XIX, profundamente individualista, por algún motivo extraño fascina todavía a ciertos intelectuales.
Marco Viola, el autor del atentado contra Bonadio solía frecuentar y así lo atestiguan sus fotos, al escritor Osvaldo Bayer, quien se ocupó en gran parte de su obra a otorgarle al anarquismo un romanticismo del que carece, a darle una pátina de heroísmo a la cobardía, el anonimato y el ataque traicionero del que tira una bomba y huye.
La miseria humana en su extremo más degradante: matar por la espalda y al voleo. Escritores como Bayer, que vive en la comodidad de Berlín, paraíso del capitalismo, y Martín Caparrós, fascinados por estos personajes, le han prestado al anarquismo una máscara épica que jamás ha tenido.
Y en las paradojas de la realidad nacional pudimos ver como este mismo año Florencia Kirchner, hija de la ex presidente Cristina Fernández, y la hija de Mauricio Macri, Agustina, filmaron sendas películas que cuentan la vida de activistas anarquistas.
Florencia se ocupó de Santiago Maldonado, mostrándolo como una suerte de santo, mientras Agustina hizo lo propio con Soledad Rosas, la anarquista argentina presa que se suicidó en Italia.
Hoy podemos ver una especie de sociedad entre el kirchnerismo, el trotskismo y el anarquismo. Estos grupos que, hasta hace poco se repelían, hoy están decididos a tomar la calle para evitar que sus dirigentes vayan presos o, más aún, a voltear al gobierno constitucional.
¿Quién está detrás de estos atentados? Sólo hay que mirar a quién le interesa silenciar a Bonadio e impedir el funcionamiento de la justicia.

viernes, 2 de noviembre de 2018

LA OPINIÓN DE FEDERICO ANDAHAZI,


“San Martín, Remedios y el poliamor”, por
Federico Andahazi
El poliamor está en boca de todos como si se hubiese inventado el mes pasado. Contamos el poliamor de Lavalle, el de los Mansilla y hoy te voy a contar el de un matrimonio: el matrimonio de San Martín con Remedios de Escalada.
Pocos saben que San Martín era un excelente cantor, guitarrero y bailarín. Era de piel morena, alto, delgado de modales galantes y voz seductora. No le costó mucho ganarse la atención de las mujeres que frecuentaban las tertulias. Cuando llegó de España, donde se formó como militar, no tardó en trabar relación con lo más granado de la sociedad porteña.
Así, comenzó a visitar la casa de Antonio de Escalada, en cuyos elegantes salones solían reunirse los más influyentes personajes de la política local.
Durante la fiesta del 25 de mayo de 1812, en el caserón de los Escalada, San Martín descubrió el tesoro mejor guardado del dueño de casa: su hija de catorce años, María de los Remedios. En aquella ocasión no llegaron a cambiar palabra; sin embargo, el general no habría de olvidar el instante en que sus miradas se cruzaron.
“Esa mujer me ha mirado para toda la vida”, dijo hechizado. Luego de aquel primer encuentro, San Martín volvió a ver a Remedios en las tertulias de Mariquita Sánchez. Durante esas reuniones iniciaron una relación signada por el deslumbramiento mutuo.
San Martín había quedado encandilado por la juvenil belleza de Remedios y ella por la personalidad del militar. Este romance, en un principio sigiloso, rápidamente se hizo público y, luego de un brevísimo noviazgo, San Martín pidió la mano de Remedios a su padre, Antonio de Escalada.
Este fue el primer tropiezo en la relación que se anticipaba conflictiva: el padre de Remedios estaba encantado con el pretendiente; en cambio su esposa Tomasa de la Quintana, lo despreciaba, lo llamaba “el plebeyo”. Después de una dura discusión conyugal, finalmente, le fue concedida a San Martín la mano de Remedios.
Los novios se casaron el 12 de septiembre de 1812 en la Catedral de Buenos Aires. El general tenía treinta y cuatro años y su esposa, quince. Sin embargo, el matrimonio apenas convivió bajo el mismo techo en la casa de la Alameda, en Mendoza, durante poco más de dos años.
Mucho se dijo de la abnegación de Remedios; los manuales escolares exaltan la sacrificada existencia de la esposa de San Martín con una exacerbación rayana con la santidad. Una vida consagrada a la eterna espera del marido que se sacrificaba por su patria.
Pero la pareja se separó en enero de 1817 cuando Mercedes tenía apenas cinco meses. San Martín, en una decisión irrevocable, envió a su esposa e hija de regreso a Buenos Aires. ¿Qué hubo detrás de la separación del matrimonio?
La razón que con más frecuencia se ha esgrimido era la frágil salud de Remedios. Era cierto que la esposa de San Martín padecía de tuberculosis, la cual se había agravado a consecuencia de la maternidad.
Pero no fue la salud de Remedios ni los permanentes viajes de San Martín lo que provocó la ruptura. Existe un documento que fue ocultado de la mirada pública, acaso por un equivocado y mal entendido orgullo nacional en el que confluyen los prejuicios más retrógrados acerca de la masculinidad, el patriotismo y la identidad nacional.
Hay una carta escrita de puño y letra por el propio San Martín que echa por tierra aquella imagen sagrada de Remedios de Escalada. Por mucho disgusto que pueda causar a nuestros recuerdos escolares, vale la pena leer un misterioso pasaje de esta carta que San Martín le escribió a Tomás Guido:
“Mi espíritu padeció lo que usted no puede calcular: algún día lo pondré al alcance de ciertas cosas, y estoy seguro dirá usted nací para ser un verdadero cornudo”.
Desolador.
Existe otro dato que abona las sospechas que ponía de manifiesto San Martín en esta esquela; por aquellos días, el general había mantenido un fuerte entredicho con dos hombres de su propia tropa, los oficiales Murillo y Ramiro quienes, en ausencia del general, solían visitar a su esposa. El propio José María Paz en sus Memorias, escribió:
“El general San Martín que estaba en Mendoza había dispuesto por razones domésticas que no es del caso explicar, que su señora marchase a Buenos Aires a pesar del mal estado del camino”.
Las razones que omite explicar el general Paz tenían su origen en esta intensa amistad que había hecho Remedios con los soldados Murillo y Ramiro.
San Martín, por un lado, ordenó que llevaran a su esposa e hija a casa de sus padre y, por otro, que ambos jóvenes oficiales fueran condenados al destierro.
No sabemos cuántos espíritus “patrióticos” estarían dispuestos a admitir con la misma comprensión las infidelidades de San Martín con Rosa Campusano y otras mujeres; lo cierto es que Remedios le pagó a San Martín con la misma moneda.
Esta tragedia personal no pone ninguna mancha sobre el honor de San Martín. Al contrario aumenta su estatura ética y exalta el valor de su heroísmo, su gesta y el desinterés con el que se sacrificó por el país a pesar de las heridas profundas en el corazón.

lunes, 29 de octubre de 2018

LA OPINIÓN DE FEDERICO ANDAHAZI,


“Ni olvido ni perdón al kirchnerismo”, por Federico Andahazi
La nueva columna de Federico Andahazi
Las dos corporaciones más oscuras del país, la corporación judicial y la corporación política, se acaban de pronunciar a través del ministro de justicia.
Las misteriosas palabras de Germán Garavano acerca de la inconveniencia de que los ex presidente vayan presos, no hacían alusión al destino de Cristina Kirchner, como todos interpretaron, sino al del propio Mauricio Macri: “Era una referencia institucional que marcaba que a todos los países les hace muy mal esta situación”.
Ciento cuarenta y siete millones de brasileños acaban de desmentir la doctrina Garavano: con Lula preso, el PT perdió por más de 20 puntos y Dilma no llegó al senado. No hubo 17 de octubre ni el electorado vio a Lula como una víctima de proscripción. En la Argentina no habría segunda vuelta.
Las palabras de Garavano son una clara amenaza que los oscuros poderes detrás del poder le hicieron llegar a Macri.
En el último tramo de su mandato y en medio de una dura situación económica que no asegura, al menos hoy, su reelección, algunos instan a Macri a que se mire en el espejo de Cristina Kirchner, que, de no ser por los fueros, hoy estaría en un correccional de mujeres.
Algunos quisieron convencer al presidente de que debía sentirse aliviado con el fallo que absolvió a Carlos Menem. Macri sabe lo que significa el acoso judicial.
Y algunos le recuerdan que ese acoso es más cruel con los ex presidentes. Angelici puso sobre el escritorio de Macri las decenas de causas judiciales en curso que lo esperan el día que deje el poder.
Reales o fraguadas, con ellas deberá lidiar y nada le asegura que un Oyarbide del futuro lo pueda meter preso. Salvo un pacto de expresidentes. Menem libre, Cristina con protección y Macri con un horizonte judicial despejado.
Monsieur Joseph-Ignace Guillotin debió haberse arrepentido de su ingenio al ser condenado a morir en el artefacto que él mismo había inventado: la guillotina.
Tal vez Macri esté empezando a considerar que la máquina que se está devorando a la ex presidente pueda deglutirlo también a él cuando ya no tenga el poder.
Y es en este punto donde el votante pide una épica. Un líder debe ser capaz de sacrificarse por los ciudadanos y no entregarlos a ellos en sacrificio.
Así lo expresó Elisa Carrió:“¿Para qué luchamos por la verdad, y arriesgamos la vida? Nos da asco moral y nos aleja de estos personeros del Gobierno y la Justicia”.
La corporación le marcó a Macri los límites del cambio. Nosiglia, el mentor de todos los pactos que condenaron a este país al yugo de las corporaciones, volvió al ruedo: señala a Brasil y le hace sentir a Macri el frío de la hoja de la guillotina.
Lula fue el principal impulsor de la Ley de ficha limpia, la guillotina que lo que acaba de decapitar. Angelici y Nosiglia quieren cerrar para siempre los cuadernos de Centeno que ya se cobraron algún integrante de la familia.
La corporación política encarnada en el oscuro señor Nosiglia, acaba de inventar otro aparato: Martín Lousteau, líder de “Evolución”, la fuerza, cuya función es impedir que se avance sobre la vieja política.
Vimos en el estudio de TN cómo el joven Lousteau perdía el humor jovial de los adolescentes y envejecía cuarenta años cuando recordé que el peronismo no kirchnerista era un seleccionado de los ex funcionarios más leales a la ex presidente.
Pelotón que encabeza el propio Lousteau. Fue, nada menos, el ministro de Cristina que encabezó la guerra contra el campo. Fue Lousteau, esta versión en negativo de Mandela que hoy se presenta como el relleno sanitario de la grieta, quién inventó la grieta con su letal 125. Lousteau es el joven Frankenstein de Nosiglia y Angelici.
La elección del escenario de Garavano no fue casual. No fue en un living, sino en los baños mugrientos del kirchnerismo, en cuyas paredes los usuarios escriben las procacidades más inmundas con los dedos roñosos. Habló en un programa casi clandestino, conducido por una persona cuyo nombre la superstición me impide mencionar.
¿Por qué? ¿Cuál es la explicación? Enviar señales a los sectores más salvajes del kirchnerismo de que ellos también son parte del sistema y van a tener las mismas prerrogativas y privilegios que todos los políticos que no saquen los pies del plato corporativo.
El kirchnerismo, hay que recordarlo, fue la quintaesencia del corporativismo político, empresario y periodístico. El vicegobernador de la provincia de Buenos Aires fue más lejos todavía, llegó hasta las letrinas más fétidas del kirchnerismo.
Daniel Salvador defendió al ministro de justicia en FM La Patriada, la radio preferida de Aníbal Fernández, donde se refugian los ex integrantes de 678.
La incursión de estos funcionarios en las cloacas de Cristina pretende hacernos creer que se puede seguir haciendo política en medio de la mierda.
La razón de la caída del alfonsinismo fue la renuncia a la ética mediante la sanción de las leyes de punto final y obediencia debida; la última bandera, luego del fracaso económico.
Muchos pueden encontrar una amarga coincidencia, sobre todo aquellos que sostienen el pilar de Cambiemos: “Ni olvido ni perdón con el kirchnerismo”.

martes, 23 de octubre de 2018

LA OPINIÓN DE FEDERICO ANDAHAZI,

 
Federico Andahazi 
Los cuadernos de Centeno dejaron a la vista el método de apropiación sistemático de los dineros públicos a través de un rústico sistema retornos entre políticos y empresarios. Esta estructura ya había sido probada con éxito en Santa Cruz.
Con la llegada del matrimonio Kirchner al gobierno nacional, se extendió el mecanismo a todo el territorio, aunque el know how y la renta negra quedó en las mismas cuatro manos. Los Kirchner no se caracterizaban por la generosidad sino, más bien, por el desprecio hacia sus secuaces.
Tal vez fue ese mismo desprecio el que llevó a José López a convertirse en arrepentido. Su nueva condición judicial pone algo de luz sobre el misterioso Monasterio de Gral. Rodríguez y depara enormes sorpresas sobre la relación secreta de la Iglesia con el kirchnerismo.
Ironías de la fe, el testimonio de López es una nueva cuenta que se suma a un rosario de arrepentidos y testigos. En estas últimas horas habló otro chofer, cuya identidad quedó bajo reserva, quien declaró haber llevado bolsos con dinero a ese mismo convento.
Este nuevo testimonio demuestra que los bolsos de López no fueron los únicos ni fueron un aislado rapto de misticismo. ¿Quién pagaba el sueldo del chofer que llevaba bolsos al convento?
La Universidad de la Matanza, a través del armado de desvío sin controles diseñado por De Vido. El mismo camino del dinero que iba a parar a las manos de Andrea del Boca y Pablo Echarri.
Pero hay una dato todavía más asombroso. Ni Centeno ni el chofer con identidad reservada fueron los primeros en hablar: en agosto de 2016 dos choferes de López, Perrone y Ledesma, declararon ante el fiscal Federico Delgado.
¿Qué dijeron hace dos años? Que era habitual el viaje al convento de Gral. Rodríguez. Perrone, reveló que llevó a López en varias ocasiones y que en una oportunidad lo trasladó al ex ministro de Planificación, Julio De Vido.
El testimonio de Centeno, en realidad confirma el de aquellos choferes y consolida fuertemente la serie de testimonios.
A partir de las declaraciones de estos cuatro choferes, se deduce la cantidad de bolsos con dinero que fueron a parar al monasterio y explican a las claras para qué servían la enormes bóvedas ocultas debajo del piso de la nave central.
Pero, ¿qué es ese convento? Se le quiso restar entidad, se dijo que no tenía relevancia, que se cerró por falta de fieles y que era una fundación privada, ajena a la Iglesia. Falso. El monasterio pertenecía al corazón de la Iglesia.
El fundador del Monasterio fue Rubén Héctor Di Monte, Arzobispo que condujo la diócesis de Mercedes-Lujan, la más importante del país, hasta 2007. De hecho, vivió en el convento desde 2007 hasta su muerte en 2016.
Di Monte era amigo personal de De Vido y de López. Solía visitarlo Scioli, la esposa de De Vido y Alicia Kirchner. Es decir, ese convento era un de centro espiritual K.
Y acá nos encontramos con un dato increíble: el fundador del Monasterio, Di Monte estaba directamente vinculado a la obra pública.
Más aún, a la primera obra licitada del gobierno kirchnerista: la restauración de basílica de Luján que costó más de 100 millones de pesos y 10 años de obras.
¿Quienes eran los anteriores amigos de Di Monte cuando era secretario ejecutivo del Celam y presidente de Cáritas? El represor Pajarito Suarez Mason y el emblemático general de la dictadura Cristino Nicolaides.
Pero sus vínculos se extendían a Menem y fue íntimo amigo del banquero Raúl Moneta. Di Monte sabía relacionarse con el poder de turno.
Ahora bien, ¿quién denunció los nexos del fundador del centro espiritual kirchenrista con la dictadura? ¿Un “grupo de tareas de la derecha”, como llamó Cristina a Diego Cabot y los periodistas que sacaron a la luz los cuadernos de Centeno? No, Fue la propia prensa kirchnerista durante su pelea con Bergoglio.
Página 12 y Horacio Verbitsky son los autores de las denuncias que más complican a Bergoglio por sus vínculos con la dictadura y el secuestro de dos religiosos. Notas que luego de váyase a saber qué pacto, Verbitsky decidió bajar del archivo.
Pero sigamos con la trama de los prelados: la mano derecha de Di Monte fue Monseñor Oscar Sarlinga. Sarlinga fue nombrado obispo de Zárate-Campana, pero renunció en 2015 acusado de lavado de dinero, desvío de subsidios para comedores infantiles del Ministerio de Desarrollo Social y tratos abusivos entre otras delicias.
Y aquí lo más sorprendente, ¿para qué usaba el obispo ese dinero mal habido? Se supo que ocultó una retención de fondos de la diócesis para pagar un arreglo extrajudicial por una causa de abuso sexual de un sacerdote que Sarlinga se ocupó piadosamente de cubrir.
Silvana Bentancourt, ex directora de Cáritas diocesana, declaró que fue apartada de su cargo por “permanecer fiel” a sus principios “sin ser cómplice de situaciones indecentes, inmorales y fuera de los sacramentos” de la fe católica, que habría vivido “cotidianamente” en su ámbito de trabajo bajo la órbita de Sarlinga.
Umberto Eco nos deleitó con aquél convento que ocultaba libros maravillosos. El nuestro, mucho más secular, ocultaba aquello que despertaba los bajo instintos del matrimonio presidencial: bóvedas, bolsos, corrupción y abusos. Se sabe, los kirchner nunca fueron grandes lectores.

domingo, 21 de octubre de 2018

LA OPINIÓN DE FEDERICO ANDAHAZI,


“El ‘poliamor’ en los tiempos de unitarios y federales”, por Federico Andahazi
La nueva columna del escritor 
Hoy, que se habla tanto del “poliamor” como una nueva manera de decorar los viejos y conocidos cuernos, te voy a contar cómo era eso del “poliamor” en épocas de unitarios y federales.
Ayer hablamos del fracaso político y militar que resultó para el General Lavalle la Campaña Libertadora contra el rosismo. Habíamos contado que a la derrota en Quebracho Herrado y al retiro de Francia de la coalición de fuerzas unidas para derrocar a Rosas, se le sumó el enamoramiento apasionado en el que cayó Lavalle y que, por increíble que parezca, no le permitió salir de Anjuli, preso de los encantos de la sobrina del Coronel Bildoza.
El General Lamadrid, harto de los caprichos sentimentales de Lavalle, lo abandonó llevándose con él al Segundo Ejército. Pero ahora te voy a contar su proverbial enemistad con Tomás Brizuela, gobernador de La Rioja, y creeme que este capítulo lo podría titular “Durmiendo con la mujer del enemigo”.
Se ha intentado explicar este encono a partir de divergencias políticas, estratégicas y militares. Lo cierto, es que la hostilidad entre el gobernador y el general fue uno de los principales motivos del fracaso militar de la Liga del Norte contra las huestes de Rosas.
Ahora bien, ¿cuál era la verdadera razón de la antipatía irreconciliable entre Lavalle y Brizuela? Tomás Brizuela fue un personaje oscuro y misterioso, del que muy poco se conoce. Fue lugarteniente de Facundo Quiroga y gobernador de la provincia de La Rioja entre 1836 y 1841. Dice una crónica:
“Tomás Brizuela vivió amañado con una muchacha riojana de nombre Solana Sotomayor, también conocida como la Solanita.”.
De acuerdo con tres crónicas diferentes, mientras Lavalle se aproximaba con sus tropas a Catamarca vio una pequeña división que, al ver a los soldados, intentó darse a la fuga pero, finalmente, fue interceptada.
Luego de ser interrogados por Lavalle, y al comprobar que no se trataba de tropas enemigas, el general ordenó dejarlos en libertad. Sin embargo, antes de que pudieran irse, uno de los hombres de Lavalle descubrió que, oculta entre los soldados, había una mujer.
El general se aproximó y al quitarle el sombrero que le cubría parte de la cara, se encontró con los ojos más hermosos que jamás hubiese visto. Tal fue el impacto, que Lavalle, con el único propósito de retenerla, ordenó hacer prisionera a la pequeña división y trasladar a la mujer a su campamento en Hualfín.
La hermosa cautiva del general le hizo saber, en tono amenazante, que era la mujer del gobernador de La Rioja. Lejos de amedrentarse, el jefe porteño le dijo que no era razón suficiente para liberarla. En realidad, quien había quedado cautivo de aquellos ojos negros y de la figura sensual de la Solanita, era Lavalle. La mujer pasó de las palabras fuertes a los insultos y de las amenazas a los gestos de violencia física. Lavalle la miraba fascinado y, cuanto más se enojaba, más hermosa la veía. Indignada ante la sonrisa del insolente porteño, la Solanita se abalanzó sobre él, dispuesta a defenderse con las uñas de semejante ofensa.
Pero una vez entre los brazos del general, inmovilizada y a su merced, primero no pudo y luego no quiso resistirse al beso apasionado de Lavalle.
Fue aquél el comienzo de un nuevo romance del jefe unitario. Tan hermosa era la mujer que el general volvió a olvidar el motivo que lo había llevado hasta el norte y resolvió retirarse una temporada al Paraíso en compañía de su flamante Eva.
Como lo hiciera en Anjuli, otra vez el general entra en una suerte de «retiro carnal» y pide a sus hombres que no lo molesten. Los pocos oficiales que habían tenido la infinita paciencia de esperar que su jefe se dignara a concluir su voluntaria reclusión en Córdoba, ahora asistían atónitos a este nuevo romance.
Los impulsos sexuales de Lavalle eran irrefrenables y, ciertamente, atentaban contra el éxito de la campaña. Por su parte, la «cautiva» no daba muestras de querer volver a La Rioja. Pero quien sí había acusado recibo de la traición era Tomás Brizuela.
Al enterarse de que la Solanita no estaba dispuesta a regresar con él, pasó de la indignación al desconsuelo. Escribió Felipe Peralta, un lancero de Facundo: “No bien el general Brizuela supo de la mala pasada que cuentan le jugó la Solana Sotomayor, fue como si se apeara del caballo para siempre y guardara la lanza. Con ser hombre de coraje y audacia, ya no le importó la guerra ni el mando para nada. Bebía. Parecía una cosa de trapo. Y diz que a su mismo hombre de confianza, Germán Villafañe, le pidió que lo matara antes de caer preso y con vida en las tropas de Aldao.”
Estas líneas explican el trágico fin no sólo de la gesta, sino del propio gobernador de La Rioja. Tal como pidió, Brizuela fue asesinado en un acto de piedad por su mano derecha, Germán Villafañe. Pero para Lavalle, colmado de éxitos amorosos y fracasos militares, la campaña todavía no había terminado. Todavía quedaban el último capítulo. Pero esa historia, te la cuento la semana próxima.

sábado, 20 de octubre de 2018

LA OPINIÓN DE FEDERICO ANDAHAZI,

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“Historias prohibidas de la historia”, por Federico Andahazi
La nueva columna del escritor
Cuando pensamos en quienes forjaron nuestra historia solemos imaginarlos como súper hombres que tenían todo planificado y que actuaban según un plan preconcebido de principio a fin. Pero la verdad es que muchos de ellos han tenido vidas apasionadas, historias de amor dignas de novelas y más de uno perdió la razón detrás de asuntos del corazón o, lisa llanamente, de la carne. Y si no me creés, escuchá esta historia Lavalle.
En 1839 Juan Galo Lavalle partió desde la Banda Oriental para emprender la Campaña Libertadora. Parecía una empresa signada por el fracaso. Cada jalón de la gesta era un nuevo eslabón a la larga cadena de derrotas políticas y militares.
Dos hechos cruciales determinaron la debacle de la expedición: por un lado la aplastante derrota en la batalla de Quebracho Herrado a manos del ejército federal de Manuel Oribe sobre las tropas de Lavalle y, por otro, la salida de Francia de la coalición de fuerzas orquestada para derrocar a Rosas.
Sin los recursos financieros y militares de Francia, la gesta se tornaba cada vez más difícil. Los fracasos en el terreno político y en el campo de batalla sumieron al general Lavalle en una profunda depresión; melancólico, el jefe unitario se sumergía en largos silencios contemplando las llamas de la fogata de campaña.
El militar y cronista Tomás de Iriarte nos dejó una elocuente descripción del estado espiritual de Lavalle: «una apática y criminal indiferencia aparecía en todas sus acciones y objetos de goces privados absorbían toda su atención».
Esta última frase contiene una acusación gravísima y, además, menciona ciertos misteriosos «goces privados». ¿Qué se ocultaba detrás del patético estado de Lavalle? Iriarte escribe: “El general Lavalle estaba enamorado, enamorado torpemente, como un cadete y no se ocupaba más que de su Dulcinea de la que le costaba separarse.”
A pesar del enorme peso histórico que tuvo la Campaña Libertadora, la gesta de Lavalle se vio frustrada, en gran medida, porque su corazón y su juicio estaban en otra parte.
Iriarte apela a la figura de Dulcinea para poner en evidencia, un hecho indiscutible: que Lavalle había perdido la razón igual que Don Quijote.
Hasta tal punto resulta cierta la analogía que sólo así se explica el final novelesco de esta expedición.
La figura errática de un Lavalle irreconocible, flaco y barbado cabalgando a la deriva por los caminos del noroeste sin un plan, casi sin armas y con sus enormes ojos negros alucinados, es el retrato viviente de Don Quijote de la Mancha. Pero, ¿quién era la misteriosa Dulcinea de Lavalle que consumía su razón?
Todo se inició durante una recepción que ofrecieron a Lavalle y sus altos oficiales en Anjuli. Allí el coronel Bildoza le presentó una «sobrina», quien le brindó su más cálida hospitalidad luego de la cena que dieran en su honor.
La dama, cuyo nombre quedó en el anonimato, sabía cómo tratar al huésped. La breve parada en Anjuli se extendió unos días más de los previstos.
Lavalle, en la alcoba en la compañía de «Dulcinea», no mostraba ninguna intención de retomar la marcha.
Completamente enamorado, el general no se dejaba importunar por nada ni por nadie. Así, fueron pasando los días y su edecán le informó las malas nuevas: las tropas federales de Pacheco habían aniquilado a la división al mando de Vilela.
Las noticias demoledoras bajaron la moral del general, pero no sus otros impulsos. Algunos días después, el edecán volvió a golpear la puerta del cuarto en el que Lavalle purgaba sus penas bajo las cobijas. Nuevamente, malas noticias: la mayor parte de las tropas de Acha que marchaban hacia Santiago acababan de desertar.
Los hechos obligaban a Lavalle a tomar una decisión urgente. Yendo y viniendo de aquí para allá en ropa interior, debía pensar en algo. La mano extendida de su amante desde la cama era una invitación a reflexionar con calma. Entonces, mientras acomodaba su cuerpo al de la mujer, se dijo que ya se le ocurriría algo. No había que precipitarse. Y así se sucedían los días y las peores catástrofes y el general no abandonaba su cálido refugio.
El general Lamadrid, harto de la inexplicable apatía de Lavalle, decidió separarse y retomar la marcha con el Segundo Ejército. Pero ni siquiera esto alteró la actitud del jefe enamorado.
Según el relato de Iriarte, Lavalle «se manifestó muy indiferente, contentándose con decir que Lamadrid era un loco». Las tropas, varadas en Anjuli en la más completa inacción, asistían con preocupación al encierro de su jefe máximo. Iriarte, desesperado ante el avance de las fuerzas de Oribe, apuntó: “¡El tahalí (que es el cinto que sostiene la espada) del soldado ha sido reemplazado por la cintura de Venus! […] Entre tanto conciliaba el no separarse de su nuevo adorado tormento, pues se había entregado en cuerpo y bienes a los encantos del amor.”
Tan insostenible se tornó la situación, que gran parte de los oficiales abandonaron a Lavalle y marcharon junto al general Lamadrid. Era el comienzo del fin de la Campaña Libertadora. Sin embargo, no iban a terminar allí las aventuras amorosas de Juan Lavalle.