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lunes, 12 de agosto de 2024

El 28 de Septiembre, Bomberos tira la casa por la ventana Mitre 4175, San Martín, los jueves de 17 a 20



SHOW INTERNACIONAL
El 28 de Septiembre, Bomberos tira la casa por la ventana y te ofrece un show de nivel internacional, con la actuación de Luis Ornelas
Las entradas están a la venta en el local, Mitre 4175, San Martín, los jueves de 17 a 20 hs.
El 28 de Septiembre, Bomberos tira la casa por la ventana 
VALOR: $4500
APURATEEEEE QUE VUELAN


http://indecquetrabajaiii.blogspot.com.ar/. INDECQUETRABAJA

domingo, 19 de febrero de 2017

LA MUERTE DEL GRAN GENERAL


La soledad de San Martín ante la muerte
A 200 años del cruce de los Andes, un relato de los últimos días del Libertador en Boulogne-sur-Mer y su obsesión por el destino del país
Abel Posse


El señor anciano, el señor argentino, vivía en el piso alto de la casa que le alquilaba el doctor Gerard, en Boulogne-sur-Mer.
Promediaba un agosto fuerte, de calores húmedos. Sólo refrescaba en la alta noche cuando la brisa del mar traía los olores salinos del puerto. La brisa entraba como una amiga y él la respiraba profundamente. Ya no dormía. Permanecía sentado contra las almohadas en la penumbra. Pensando. Recordando. Estaba a solas con su larga muerte. A veces se preguntaba desde cuándo empezó a morir. ¿Desde el fin de aquella tarde en Guayaquil? ¿Desde 1829, cuando decidió no desembarcar e irse para siempre de esa patria que empezaba a preferir la anarquía a la grandeza? Ningún ser sabe con certeza desde qué momento pertenece más bien a la muerte, aunque crea seguir por la vida.

Hacía mucho que no recibía visitantes. Esa ingratitud lo eximía de tener que fingir preocupación por las cosas reales. La fiesta, las angustias, las glorias... le parecía que no las había protagonizado él, sino otro. Eran como de la vida de otro.
Tenía 72 años y estaba casi ciego y ya doblegado por los dolores intestinales. Sabía que los achaques no venían de las cabalgatas terribles a 4000 metros de altura ni de las vigilias antes del ataque (cuando el jefe necesita eso que Napoleón llamaba "el coraje de las dos de la mañana"). La enfermedad venía del universo de chismes y calumnias, de la inesperada pequeñez de hombres de los que no se había dudado.
Se quedaba sentado todo el día esperando los embates del dolor. Cuando no los aguantaba llenaba el vaso con agua y volcaba el láudano ya sin contar las gotas. Juntaba fuerzas hasta el momento en que llegaría Mercedes, la hija, y entonces se pararía y fingiría tener energías como para ordenar los libros del estante o agregar agua para las flores.
Lo invaden imágenes perdidas: el resplandor verde y caliente de las selvas de Yapeyú con el portal de piedra de la iglesia jesuítica devorado por las lianas de la irreductible América. Ese aldeón de tejas, Buenos Aires; ve al niño que fue, escapándose en el solazo de la siesta de verano (las gallinas picoteando maíz en los bordes de la Catedral). Ve un teniente coronel, un piano en casa de los Escalada. Las risas de Remedios, Mercedes, Mariquita, quebrándose como cristales en el silencio del atardecer.

Ellas, las mujeres, son las que más retornan. Siguen pareciéndole un misterio. Son las dadoras de gracia y de vida. Extraños seres: su madre, la melancólica Remedios; Rosa Campusano, de las noches triunfales de Lima; María Gramajo, y hasta aquellas gitanas de sus primeras experiencias en sus tiempos de cadete en Murcia.
Hasta hace poco podía ir erguido, con su bastón y su chalina, por la calle de la iglesia hasta la plaza del municipio. Todavía podía comprarse algún cigarro bueno si había llegado desde Perú su devaluada pensión. El alcalde alguna vez les había hecho saber a los vecinos que se trataba de un gran general, que había vencido a regimientos de España que no había podido derrotar el mismo Napoleón. Todos le decían "le général".
Antes, cuando todavía podía hacerlo, él mismo iba a encargar carne de vaca que hacía cortar de una forma extraña. Una vez, el señor Brunet, dueño de la bucherie chevaline contó que el general había señalado con el bastón la cabeza de caballo dorada, insignia del negocio, y le había dicho: "No se deben comer los caballos, señor Brunet".


Sería porque en algunas noches sus entresueños se llenan de caballos. A veces son las mulas firmes y astutas en el terrible frío de los roquedales andinos, otras los caballos cargando por el llano, con los ojos enrojecidos, las crines al viento, echando espuma. Le parece oler el noble sudor cuando su asistente retiraba la silla y los acariciaba.
A veces tiene la suerte de ser visitado por lo que es para el la más noble de las músicas: el retumbar de los cascos cuando su regimiento azul iba tomando carrera y ya se ordenaba desenvainar sables y bajar lanzas. Si fuera poeta, si no fuera tan reservado, trataría de escribir para retener eso que siente. Trataría de decir que es algo grande, una exaltación suprema de la vida, como la culminación del amor.
Son amigos inolvidables. Los caballos del combate, los de las infinitas marchas por los despeñaderos, los del triunfo (cuando entró en Lima y encontró la sonrisa de Rosa) o los callados compañeros de la derrota que lo trajeron, con las cabezas bajas , como apunados, hasta su chacra en Mendoza.
¿Cómo puede haber gente que coma caballos?
Sabe que llamarán al doctor Jackson. Si fuera por él, mantendría escondida su muerte. Es cosa de mero pudor: dicen que el cóndor y el tigre se esconden para morir.
Por si viene Mercedes, se esfuerza en sentarse ante el escritorio. Cree adivinar en el muro el retrato de Bolívar, del que nunca se separó en sus viajes. Hace no mucho escribió a un amigo: "Es el genio más asombroso que tuvo América".
Desde 1830 está muerto. Sin embargo, lo siente vivo. Lo ve llegar con su fasto, su huracán de vida, sus impecables oficiales, rodeado de las mujeres más espléndidas. "César tuvo que haber sido así." Lo escucha citando poetas ingleses o filósofos clásicos. Lo ve junto a Manuela Sanz, la maravillosa amazona, con su casaca de húsar con alamares dorados y su cabellera negra cubriendo las charreteras del rango de oficial que ella misma se había otorgado.
Seguramente fue Alberdi, cuando vino a visitarlo, quien le contó que Bolívar dijo que "había arado en el mar". ¿Sí? ¿Hemos arado en el mar? ¿Nunca serán naciones civilizadas?
¿Será la Argentina para siempre una frustración, el eterno retorno del caos de la incapacidad?
Escucha voces desde abajo. Parece que monsieur Gerard dice que es el 17 (él ya no les encuentra significado a los números del calendario). Sabe que han llamado al doctor Jackson y hace un esfuerzo para llenar la caja de rapé, que le agrada al médico. Entonces siente el zarpazo que sabe final. El tigre que lo acecha desde las fiebres de Huaura esta vez lo venció. Se derrumba en el lecho.


Trató de calmar a Mercedes murmurando algo como "la tempestad que lleva al puerto". Se adormece. A veces surgen ráfagas de su filosofía íntima o atisbos del consuelo religioso. Pero nada agregan a su largo silencio ante la muerte. Nada puede rozar su misterio. Tiene la majestad de ese Aconcagua que le parece ver nítidamente recortado sobre el azul helado del espacio.
"¿Hemos arado en el mar? No, general Bolívar. Tal vez sea poco lo que hemos hecho, algunas cabalgatas heroicas... tal vez pudimos hacer más. Pero ellos harán el resto y mucho más, estoy seguro. Le digo que América será. La Argentina será." En su susurro final había seguramente ya más fe que convicción: la cruel América, con su politiquería, había destrozado a sus héroes.
Escritor. Miembro de la Academia Argentina de Letras

lunes, 23 de enero de 2017

HISTORIAS DE NUESTRA PATRIA


Los sesenta granaderos

La genial estrategia militar de José de San Martín consistía en asentar al Ejército Libertador en Chile y desde allí navegar al Perú. Luego del triunfo de abril de 1818 en los campos de Maipo –o Maipú– logró consolidarse la primera etapa. Sin embargo, los graves acontecimientos políticos que sucedían en ambos lados de la cordillera ponían en riesgo la campaña a Lima. Más aun, el gobierno de las Provincias Unidas ordenaba el regreso de los hombres que habían partido de Mendoza en 1817.
Con gran esfuerzo debido a su salud seriamente quebrantada, San Martín repasó los Andes el 14 de febrero y se instaló en Mendoza el 23. Su intención era destrabar el conflicto generado con su ejército por quienes se disputaban el poder.
En octubre, San Martín partió rumbo a Buenos Aires con el objetivo de entrevistarse con el flamante Director Supremo, José Rondeau. Sin embargo, las noticias recibidas en el trayecto –referidas a levantamientos insurgentes en Tucumán y Córdoba– lo hicieron volver sobre sus pasos. Regresó a Mendoza donde sufrió un serio desmejoramiento de su salud. Envió una carta a Rondeau manifestándole que estaba muy enfermo para seguir al mando del Ejército. Le recomendó que encontrara un sustituto de inmediato y le anunció que pasaría a Chile, para tomar baños termales.
Estaba dispuesto a cruzar la cordillera, pero apenas podía mantenerse en pie. El general Rudecindo Alvarado le ordenó a fray Luis Beltrán que construyera una camilla, lo más cómoda posible, para trasladar al general a través de los Andes. El fraile la terminó en un par de días y se abocó a reunir víveres y abrigos. Alvarado dispuso que sesenta granaderos acompañaran al jefe, turnándose para cargar en sus hombros la camilla con el ilustre enfermo.
La travesía se inició el 28 de diciembre. A la cabeza marchó el fraile, junto al médico personal de San Martín, el doctor estadounidense Guillermo Colesberry. Además de los sesenta granaderos, dos sargentos estaban encargados de velar el sueño del comandante. Se turnaban por la noche para atender como enfermeros cualquier necesidad del convaleciente.
El viaje demandó 17 días, ocho más de los que había empleado San Martín cuando pasó a Mendoza en febrero de ese mismo año. Tres semanas en aguas termales lo repusieron. Se instaló en Santiago e inició los preparativos para llevar adelante la segunda etapa de su magnífico plan libertador.
El pintor Fidel Roig Matons reflejó en su obra aquella escena. La célebre cueca “Sesenta granaderos”, del poeta mendocino Hilario Cuadros, evoca a la escolta que acompañó a San Martín en ese cruce.

LA GRAN FIESTA EN HONOR AL PADRE DE LA PATRIA


Art attack en el Cruce de los Andes: una epopeya pictórica
A 200 años de la gesta de San Martín, artistas argentinos y chilenos hicieron murales conmemorativos
Natallio García quiso "regalar color a la vida".
MENDOZA -. Un art attack para homenajear al libertador de América en su epopeya por la Cordillera hace 200 años. Así sorprende el ingreso a la ciudad de Mendoza, en el Nudo Vial de Costanera, en el Acceso Este, donde un grupo de artistas plásticos urbanos, locales y chilenos, realizaron una serie de murales para conmemorar el Bicentenario del Cruce de los Andes, la gesta histórica del general José de San Martín en enero de 1817 por la independencia de las naciones hermanas.
Los trabajos, bajo esa temática histórica, ya están casi listos y los mendocinos y turistas no dejan de asombrarse por la calidad de la obra plasmada en la inmensa estructura del viaducto que da la bienvenida a la capital de la tierra del sol y del buen vino, que será inaugurada oficialmente el 24 de enero, junto con otras actividades oficiales, donde se espera la visita del presidente Mauricio Macri.
Así, unas 14 columnas y muros son testigos privilegiados de la creatividad de más de 30 grandes hacedores "grafiteros" de la cultura local y trasandina, quienes transformaron un espacio frío y descolorido en un "gran lienzo". En diálogo los artistas, quienes recibieron soporte teórico de investigaciones históricas, dieron su impresión de la obra realizada y se mostraron agradecidos por la oportunidad de dejar su impronta, con más de 1500 litros de látex y aerosoles, en un inmenso puente, a la vista de todo el mundo. Para ellos, lo hecho, subidos a grúas y andamios, a gran altura, en el principal ingreso a la capital provincial, "es una revolución cultural y positiva".
Entre los artistas se destacan Federico Calandria, Damián Martínez, Chungo, Pepe, Naju, Matt Graffiti, Andrés Viera, Labarba, Jermindo, Marianela Osorio, Walter Lucero, VTA, Asfálticos, Cees, Panamá club, Ceci Nievas, Carlos Muñoz y, del vecino país, Degra y Rodrigo Soto. En su mayoría, ya han desarrollado diversos murales en la provincia, pero en esta oportunidad, además del concepto sanmartiniano de la obra se logró darle un giro a la fisonomía de uno de los puntos neurálgicos más importantes de Mendoza.
Un caballo blanco, según Walter Lucero, en el nudo vial del acceso este a Mendoza.
Por su parte, el secretario de Cultura de la provincia, Diego Gareca, resaltó la labor de los jóvenes y la calificó como "una obra monumental", de gran valor para los mendocinos. "Finalmente el arte atacó; hacía tiempo que queríamos pintar ese lugar. Es un trabajo muy valioso y la primera obra de características de arte monumental de la provincia. Ahora vamos por más", expresó el funcionario y destacó todas las actividades vinculadas a la gesta sanmartiniana que se realizan por estos días.
El Cruce de Los Andes representa la hazaña emancipadora del Ejército de Los Andes de las Provincias Unidas del Río de la Plata entre el 18 de enero y el 8 de febrero de 1817, liderado por San Martín. Más de 4000 agentes de combate y 1200 milicianos auxiliares atravesaron la montaña desde la región de Cuyo para enfrentar a las tropas realistas leales a la corona española.
Desde el organismo, destacaron las características del muralismo como una de las formas de "democratizar la cultura, interviniendo espacios de uso público con obras, que en la mayoría de los casos, presentan críticas sociales, alto impacto visual, múltiples técnicas pictóricas y homenaje a hechos o personajes reconocidos por el pueblo. Los pintores muralistas encuentran en paredes «olvidadas» un lienzo perfecto para desarrollar su arte; los murales cuentan historias, recuerdan hechos importantes y dan visibilidad a personas o personajes fundamentales para la sociedad", indicaron desde la Secretaría de Cultura.
Los festejos del martes
Mendoza ya comenzó a conmemorar los 200 años del Cruce de los Andes. Con diversos actos oficiales, que incluyen la presencia del presidente de la Nación, Mauricio Macri, el 24 de este mes, la provincia cuyana realiza múltiples actividades artísticas y culturales sobre la expedición libertadora de Argentina, Chile y Perú, que se pueden consultar en www.cultura.mendoza.gov.ar. El acto central y protocolar será el próximo martes, liderado por el mandatario y por el gobernador mendocino, Alfredo Cornejo.

San Martín, un tuitero que cuenta el paso a paso de la expedición
De la original iniciativa del diario Los Andes participan otros personajes históricos
 En medio de la conmemoración de la gesta histórica de los Andes, San Martín no podía quedar afuera de las nuevas tecnologías, por lo que su presencia en las redes sociales para contar su hazaña ha sido lo más novedoso de las actividades. De esta manera, a través de un proyecto del diario local Los Andes (http://www.losandes.com.ar/elcruce), el Cruce se puede seguir por Twitter, además de una serie de crónicas en soporte papel de historiadores e investigadores sociales, con la coordinación de la reconocida especialista del Conicet, Beatriz Bragoni, también profesora titular de Historia de las Instituciones Argentinas en la Facultad de Derecho de la UNCuyo.
De esta manera, con el hashtag #LAEpopeya y con la colaboración de la historiadora y Social Media Manager, Luciana Sabina, conocida en la red del pajarito como @kalipolis, se puede observar en 140 caracteres cómo cobran vida no solamente el general San Martín (@GralSanMartinLA), sino Pueyrredón (PueyrredonLA), fray Luis Beltrán (@FLBeltranLA), Godoy Cruz (@GodoyCruzLA), Tomás Guido (@TomasGuidoLA), Remedios de Escalada (@EscaladaLA) y Tomasa (@TomasitaLA), la suegra del libertador, entre otros. Por ejemplo, ayer nomás, Don José -que en lo que va del mes ya tiene más de 5200 seguidores- anunciaba: "Acaba de partir la división liderada por el salteño Alvarado. Deben avizorar guardias enemigas". Y en tren gastronómico, hace horas nomás Fray Luis Beltrán anunciaba que "Para los soldados: charqui, un jarro de vino y galleta. Lo están repartiendo. Hasta mañana nadie recibirá más". Mientras tanto, Tomasa Quintana revelaba las preferencias de su hija Remedios: "Escalada me pidió cenar lo mismo que comen los soldados del Ejército de los Andes... una se casa para sufrir de lunes a lunes".
También, se realizó una expedición a caballo para recorrer el trayecto que lideró el general San Martín y que llegó a Chile a través del paso Los Patos en territorio sanjuanino.
Hacedores callejeros
"Ya que es un mural realizado íntegramente a pincel y rodillo con pintura látex, esto significa que es muralismo en su estado puro, que por consecuencia debe tener un mensaje social más allá del estilo. Decidimos orientarlo a los criollos que participaron en la hazaña, jugando un rol importantísimo debido a su conexión con la geografía y el clima. Luego volcamos el contenido hacia los granaderos y Chile como país vecino. Por último trabajar en una estructura de compleja composición como son las arcadas del puente fue un desafío hermoso".
Marianela Osorio
"Me parece un buen proyecto. Nunca está de más el arte, y sobre todo el arte callejero que llega a todos. Creo que es muy enriquecedor trabajar junto a otros colegas, porque se aprende mucho. Distintas generaciones de artistas trabajando juntos es muy positivo. Y la devolución de la gente funciona como incentivo para continuar con esta profesión que no siempre es valorada. Un buen proyecto que está siendo muy bien resuelto por los referentes del street art mendocino".
Federico Calandria
"Me tocó el tema la Independencia del Perú. Mi idea fue aprovechar la forma particular del puente, que tiene forma un poco de animal abstracto, para hacer el caballo de San Martín. De fondo le hice un paisaje de Perú, con montañas de un lado y mar, palmeras, árboles y una vicuña del otro. Para mí es un honor tener un mural en ese punto porque es la entrada a la ciudad. Me parece buenísimo que convoquen a artistas que pintan en la calle hace tiempo para crear proyectos grupales. Es bueno cómo a través del arte se pueden transformar lugares que están olvidados y abandonados, en sitios para apreciar y con un importante valor cultural".
Natalio García
"Para mí es un placer representar a través del grafiti la gran gesta libertadora. El hecho de pintar la entrada a Mendoza también representa nuestra idea de crear y realizar obras en espacios públicos, regalar un poco de color a la vida y así cambiar el paisaje cotidiano de las personas, causar reflexión y entregar cultura. Después de 20 años en esto puedo decir que también, como lo hizo el gran San Martín, por medio del arte público, ya sea grafiti, muralismo, street art, estamos generando revolución, una revolución cultural y positiva".

P. M.

jueves, 18 de agosto de 2016

UN BELLO Y SALOBRE RELATO DEL GRAN CAPITÁN


“El eterno recuerdo de San Martín”, por Federico Andahazi 


Federico Andahazi repasó los últimos días del Libertador y se aventuró a imaginar qué pensamientos invadieron su mente.“Todos los caminos de la memoria lo conducían a Corrientes, la Roma íntima de San Martín. Las lágrimas del viejo general estaban hechas con las mismas aguas de Saladas, el pueblo donde había nacido un coprovinciano del que se acordaba cada día de sus vida”, relató.
José de San Martín, acodado en el alféizar de la ventana, tenía la mirada fija en un punto situado fuera de este mundo. Se hubiera dicho que miraba las tejas de las casas vecinas a la finca de Grand Bourg y las copas de los árboles junto al Sena. Pero sus ojos acuosos, cubiertos por el velo de una catarata persistente, hacía tiempo que no veían otra cosa más que los parajes remotos de la memoria. Y de uno en particular.
Desde que intuyó que el ángel de muerte lo esperaba, paciente, sin prisa, como un cochero amable, no podía pensar en otra cosa. Solía pasar las mañanas limpiando su pequeña colección de pistolas. Podía armarlas y desarmarlas sin mirar, de memoria. Hacía tiempo que no tiraba. No quería delatar ante sí mismo y ante los demás el hecho irreversible de que ya casi no veía.

Por las tardes, después de una breve siesta, se dedicaba a caminar por la rivera con las manos cruzadas en la espalda. Pensaba. Si pudiera retroceder en el tiempo, se decía, volvería a un solo lugar, a un único momento.
Jamás se lo había confesado a nadie. Había conocido la traición más grande y dolorosa, la de su esposa. Y a pesar del dolor y la vergüenza, había podido desembarazarse de ese peso en una carta que le escribió a su amigo Tomás Guido. Él También había traicionado; recordaba sin orgullo sus encuentros con Rosa Campusano, la quiteña.
-¿Está bien, Papá? –le preguntaba Mercedes cuando lo veía sentado frente al fuego con los ojos húmedos.
-Si, mi amor, es el humo –le decía como si su hija fuese la niñita a la que había escrito las máximas y no la mujer casada y con dos hijas que era por entonces –a la vez que se pasaba un pañuelo por los párpados cansados.
El humo, las cataratas, la luz del sol, el polen; siempre era algo diferente. Pero los ojos de San Martín permanecían anegados como las tierras húmedas de su Yapeyú.
Quería que sus pensamientos se quitaran con la misma facilidad con que se sacaba y se ponía el sombrero de paja que usaba para hacer las tareas de la huerta. Intentaba distraerse con los tomates y los ajíes que plantaba en el jardín acompañado por su perro, el Mocho, que así le decía porque le faltaba una mano que le había cercenado una carreta. Pero no había forma: una y otra vez, lo sobrevolaba esa misma idea con la insistencia de un tábano.

Sus años de actividad habían sido sólo doce. En esos doce años había hecho lo que el común de los hombres no haría en doce siglos. Pero el cuerpo le había dejado la lista de gastos: tenía un dolor en los huesos innombrable y los pulmones a la miseria. Había caído y se había liberado de su dependencia del opio (que la sutileza de un eufemismo llamaba láudano). Por cierto, la liberación del láudano le había costado casi tanto como la del continente. Pero nada de eso lo torturaba ahora.
Todos los caminos de la memoria lo conducían a Corrientes, la Roma íntima de San Martín. Las lágrimas del viejo general estaban hechas con las mismas aguas de Saladas, el pueblo donde había nacido un coprovinciano del que se acordaba cada día de sus vida.
Como el estratega que supo ser, dibujaba un campo de batalla en la arena negruzca de la orilla del sena. Miraba el Sena como si fuera el Paraná y se figuraba in mente el mapa del combate.

Si los realistas hubiesen desembarcado donde él lo había previsto, frente al convento, las cosas hubiesen sido más sencillas. Pero no, tuvieron que hacerlo siete leguas río arriba. Eso cambió los planes. Cada día se le aparecía la cara morena de ese muchacho, la sangre que le brotaba a borbotones. Si hubieran desembarcado frente al convento… quién sabe… se decía.
Sus compatriotas lo habían olvidado. Había tenido que machar al exilio, leía las cartas que le traían sus amigos con noticias funestas: el país que él había liberado estaba en un guerra fratricida.
Pero una idea doliente se imponía sobre todas las demás. Cada día, una y otra vez, se imaginaba cómo debió haber sido esa batalla. Con una ramita, dibujaba el convento como una casita infantil con una cruz.
Representaba los barcos españoles como lo hacen los niños. Pero en lugar de ponerlos donde él imaginaba, los ubicaba, en escala, siete leguas más arriba. Con flechas semicirculares indicaba el operativo de tenazas sobre los realistas. Los quince minutos de la batalla eran el resumen de su vida.
Entonces, los ojos se volvían hacia los vericuetos de la memoria: su caballo, herido de bala, caía tumultuosamente y él quedaba atrapado bajo el peso de la grupa del animal. Veía el filo de una bayoneta enemiga y, como un santo de cara morena, aparecía el gesto desesperado de aquel muchachito zambo, mezcla de indio y africano.
La batalla había terminado: San Martín asistió al soldado Cabral, que no era sargento, sino un granadero raso. Lo veía con los ojos de un padre.
Él también tenía la piel morena. En el delirio del final. El soldadito de ojos aindiados y pelo mota, tomó la mano del coronel San Martín y confundiéndolo con su padre, un esclavo angoleño, le dijo algo en guaraní.
San Martín que hablaba mejor el guaraní que el francés, le apretó la mano y asintió. Cuando el soldadito expiró, el coronel escribió:
“No puedo prescindir de recomendar particularmente a la familia del granadero Juan Bautista Cabral natural de Corrientes, que atravesado el cuerpo por dos heridas no se le oyeron otros ayes que los de viva la patria, muero contento por haber batido a los enemigos”.
Pero en realidad, el muchachito zambo, en su minuto final, se acordó de lo que se acuerda un chico antes de dormirse:
-Cuide a la mama –le había dicho a San Martín confundiéndolo con su padre. O acaso, sabiendo antes que nadie quién era ese hombre de piel oscura, ojos acuosos y manos fuertes. Como las de un padre.

miércoles, 17 de agosto de 2016

LA EMOCIÓN DEL AMIGO, LIC.CARRASQUET

1850: Muere en Boulogne-Sur-Mer, Francia, el general José de San Martín. Militar argentino, obtuvo su primera victoria en la causa de la independencia de América en el combate de San Lorenzo, al frente de los Granaderos a Caballo. Fue gobernador intendente de Cuyo y organizó el Ejército de los Andes. Tras cruzar la cordillera, obtuvo las victorias de Chacabuco, en 1817, y de Maipú, en 1818, que aseguraron la independencia de Chile. En julio de 1821 entró en Lima, Perú, y el 28 de ese mes declaró la independencia de ese país. Las desavenencias con el gobierno de Buenos Aires lo decidieron a marchar hacia Europa. Había nacido en Yapeyú, actual provincia de Corrientes, el 25 de febrero de 1778.

lunes, 15 de agosto de 2016

SAN MARTÍN; GOBERNADOR DE CUYO.....POR EL DR. RICARDO "EL MORDAZ"

INVESTIGADOR; DR. RICARDO "EL MORDAZ"


SAN MARTÍN GOBERNADOR DE CUYO

Se acerca el 17 de agosto, el aniversario de la muerte de San Martín. Me parece bueno honrarlo con un aspecto de su vida poco conocido y que fue su desempeño como gobernador de Cuyo.
Un período olvidado de la historia
Fue muy escasa la información escolar que recibimos sobre esta etapa de San Martín, ya que siempre se lo destacó esencialmente como militar y como estratega. Sin embargo, demostró una capacidad como político y como administrador del gobierno, que pocos llegaron a alcanzar en la historia argentina.
Esta falta de datos sobre San Martín como gobernador no es casual. Durante ese período sufrió la tenaz oposición de Bernardino Rivadavia y luego de Carlos María de Alvear, a quienes les importaba más combatir a Gervasio Artigas y los levantamientos contra la hegemonía de Buenos Aires por parte de los caudillos, que la independencia de las Provincias del Sur. Además, basados en la experiencia de Napoleón que después de sus triunfos se consagró Emperador, temieron que San Martín hiciera lo mismo. No valoraron ni comprendieron la grandeza del Libertador. Los historiadores unitarios que dominaron el relato de nuestra historia, minimizaron ese período para no opacar la imagen de Rivadavia y de Alvear.
Gobernador de Cuyo y organizador del Ejército de los Andes
En 1814 San Martín llegó a Mendoza para asumir la gobernación de Cuyo, recientemente creada por el Segundo Triunvirato que la separó de la intendencia de Córdoba. Por entonces, Cuyo abarcaba a las actuales provincias de San Juan, San Luis y Mendoza, con sede en esta última.
En un período de poco más de dos años cambió sustancialmente la situación socioeconómica de Cuyo, mientras que al mismo tiempo se ocupó de organizar prácticamente de la nada el ejército de los Andes. Una verdadera hazaña si se tiene en cuenta que hubo períodos en que la dirigencia de Buenos Aires hizo todo lo posible para desacreditarlo y sacarlo del cargo.
Un obstáculo adicional fue la reconquista del territorio chileno por fuerzas españolas provenientes del Perú, que con la derrota de Rancagua, consolidaron el dominio hispánico en Chile transformándose en una potencial amenaza para Cuyo.
La derrota de Rancagua convenció a San Martín de que era necesario eliminar el foco español en Perú, pero primero tenía que derrotarlos en Chile. A partir de entonces comenzó a pergeñar la idea de formar un ejército que debía cruzar los Andes y derrotar al enemigo en el territorio vecino. Existe la hipótesis de que San Martín conocía esta estrategia elaborada por el general escocés Thomas Maitland.
Lo primero que hizo fue brindarle ayuda a los cientos de refugiados que habían participado en la batalla de Rancagua y venían huyendo a través de la cordillera abandonando todas sus pertenencias. Entre ellos se encontraban dos altos oficiales José Miguel Carrera y Bernardo O’Higgins, que debido a pasadas rencillas, se detestaban mutuamente sumergidos en una lucha por el poder. El primero comenzó a complotar contra San Martín, pero éste tomó la drástica decisión de rodear su campamento intimarle la rendición y enviarlo a Buenos Aires. A partir de entonces Carrera se uniría a Alvear para obstaculizar a San Martín. En forma opuesta O’Higgins se transformaría en uno de sus principales colaboradores.
Durante su gobierno, San Martín realizó las siguientes obras:
-Expropió las propiedades de los españoles prófugos y declaró de patrimonio público los bienes de los españoles muertos sin testar.
-Creó una fábrica de salitre y una de pólvora y un taller de confección de ropa para los soldados.
-Creó canales, desagües, caminos y postas y mejoró los ya existentes.
-Construyó el paseo de la Alameda y embelleció la ciudad.
-Impulsó planes de fomento agrícola.
-Fundó de la mano de Fray Luis Beltrán la metalurgia a nivel nacional, llegando a tener 700 operarios.
-Organizó y reglamentó el servicio de correos y de policía.
-Dictó la ley de protección al peón rural, adelantándose en 130 años a la ley homónima establecida por el primer gobierno peronista.
-Fomentó la salud y la educación para todos y fundó el primer colegio de educación secundaria de Mendoza, el de la Santísima Trinidad.
-Reglamentó el sistema carcelario.
-Prohibió los castigos corporales a los niños en las escuelas.
-Fe el primero en establecer la protección de un producto local: el vino cuyano.
-Estableció la vacunación obligatoria contra la viruela.
La política de San Martí le ganó el afecto de los auténticos patriotas y la resistencia de no pocos poderosos criollos y españoles a los que no les gustaba este excesivo intervencionismo estatal.
Las consecuencias de la derrota de Napoleón
En septiembre de 1815, luego de la derrota de Napoleón en Waterloo, las monarquías de Austria, Prusia y Rusia firmaron el pacto conocido como la “Santa Alianza”, cuyo punto central era asegurar la vuelta del absolutismo y combatir todo intento revolucionario, dentro y fuera de Europa.
Fernando VII, mal llamado “el Deseado”, el más despreciable de los hombres, según el escritor español Benito Pérez Galdós, regresó a España después de la principesca prisión en la que se hallaba, mientras su pueblo se desangraba en la guerra contra los franceses. Apenas reinstalado en el trono eliminó a quienes habían luchado por su regreso, derogó la Constitución liberal proclamada por las Cortes y puso todo su empeño en formar una flota y un ejército para aplastar las revoluciones americanas.
Alvear y su breve gobierno
En Buenos Aires, las noticias provocaron gran alarma y el Directorio a cargo de Posadas y del pusilánime Carlos María de Alvear tomaron la infame decisión de enviar a Manuel Belgrano, Bernardino Rivadavia y Manuel de Sarratea a la misión imposible de negociar en Europa la coronación de un príncipe para el Río de la Plata, en lo posible de la familia Borbón. Para darle un broche de oro a esta ignominia se incluía una audiencia en la corte de Madrid, para felicitar a Fernando VII por la recuperación del trono.
Alvear, reemplazó a su tío Posadas en el Directorio y estableció un gobierno dictatorial que no tendría mucho que envidiar al de Rosas, años más tarde. Sentía una profunda envidia por San Martín, juntos habían zarpado de Londres en el mismo barco, la fragata George Canning, pertenecían a la misma logia masónica y hay quienes sostienen que procedían del mismo padre. Ninguno de estos elementos los unió, Alvear era un oportunista inescrupuloso y no podía tolerar el crecimiento meteórico de San Martín, por lo que impulsó una reorganización militar en 3 ejércitos, uno de los cuales incluía a Cuyo y estaría bajo su mando.
San Martín, que no estaba dispuesto a convertirse en un subordinado de Alvear, solicitó 4 meses de licencia, y éste se la otorgó por tiempo indeterminado, enviando a Gregorio Perdriel en su reemplazo. La llegada del sustituto provocó un levantamiento popular en Mendoza y un Cabildo Abierto convocado de urgencia, exigió la destitución de Perdriel y la restauración de San Martín.

San Martín es vivado por el pueblo de Mendoza
Los días de Alvear estaban contados y recibió el golpe de gracia cuando las fuerzas de Ignacio Álvarez Thomas, destinadas a combatir contra Artigas, se sublevaron.
Ante tal difícil situación Alvear tuvo que renunciar y la Asamblea de 1813 fue disuelta.
Alvear fue sucedido por Antonio González Balcarce y éste a su vez por Juan Martín de Pueyrredon. Recién a partir de este momento, San Martín empezaría a recibir apoyo económico y material para formar el Ejército de los Andes, instalándose en Plumerillo. El armado de esta fuerza fue una tarea hercúlea donde el pueblo de Cuyo contribuyó con hombres y con medios en mucho mayor medida que la Provincia de Buenos Aires.
Comenzaba la gloriosa gesta militar de San Martín.
San Martín, gobernador de Cuyo. El Historiador. http://www.elhistoriador.com.ar/articulos/independencia/san_martin_gobernador_de_cuyo.php
Felipe Pigna. La voz del gran jefe. Vida y pensamiento de José de San Martín, Buenos Aires, Planeta, 2014, págs. 193-213.
Carlos Paez de la Torre. El plan que San Martín ejecutó en 1817 fue una enorme hazaña militar. La Gaceta 12/08/2016.
Rodolfo Terragno. Maitland y San Martín. Editorial Sudamericana, Buenos Aires.

jueves, 30 de junio de 2016

EL MILAGRO DE LA ESTATUA DE SAN MARTÍN

La resiliencia de la estatua del Libertador


Durante la Segunda Guerra Mundial, estando la ciudad bajo ocupación nazi, Boulogne-sur-Mer soportó 487 bombardeos aéreos aliados y una gran cantidad de ataques navales cuyo objetivo era destruir una base de submarinos alemana. Ante tales ataques, desparecieron barrios enteros de la ciudad, en especial del área costera.


Inauguración del monumento en 1909

La estatua permanece incólume luego de los bombardeos aliados

La base en cuestión estaba emplazada a unos doscientos metros de la estatua erigida en honor a José de San Martín (libertador argentino), y casi todo el lugar fue destruido, excepto la estatua. Numerosas bombas estallaron a uno y otro lado del monumento y solo algunas ligeras esquirlas tocaron su base. Fotos posteriores a la Liberación muestran las ruinas y, entre ellas, casi intacta la escultura a San Martín. Según testimonios de la época, para el pueblo boloñés, se trató de un milagro, y así lo llamaron: el milagro de la estatua de San Martín. 
CESAR BUCCA
MOVIMINTO SANMARTINIANO NACIONAL