Mantener una mentalidad de principiante ayuda a vivir y madurar mejor
Aprender cosas nuevas provee años de salud física y mental, dice la cienciaLA
María Cecilia Tosi
Claudio Finkelsztain, un arquitecto de Villa Devoto de mediana edad, lo tenía todo: una empresa exitosa, un matrimonio consolidado, dos hijos ya encaminados. pero en ese momento, sin razón aparente, sintió un “quiebre” en su vida. En su fiesta de cumpleaños número 50, unos amigos contrataron un saxofonista para darle una sorpresa. Él no tenía conocimientos musicales, pero antes de que el músico se retirara del festejo le preguntó si podía darle clases. Hoy Claudio tiene 64 años y sabe leer sin problemas cualquier partitura. “Toda la vida pensé que no tenía oído, pero descubrí que todos tenemos todo y que es una cuestión de voluntad”, afirma, mientras ensaya con “los muchachos”, un grupo de músicos aficionados de entre 48 y 65 años, para su próxima presentación. De forma inesperada, la música se convirtió en un oasis de alegría en medio del estrés de sus ocupaciones.
El aprendizaje de una nueva habilidad, deporte o saber trae beneficios comprobados a nivel físico y emocional, y la buena noticia es que este potencial no está reservado solo a los niños o los jóvenes: los últimos estudios en neurociencias afirman que conservamos la plasticidad del cerebro para aprender durante toda la vida.
La psicología llama “mentalidad de principiante” a la actitud de curiosidad, asombro y humildad para aprender desde cero sin prejuicios ni egos. En ese sentido, los chicos son profesionales del aprendizaje. Según los expertos, cuando los adultos nos decidimos a adquirir un nuevo conocimiento sin un fin específico sino solo por el puro placer de dominar algo distinto, podríamos estar haciendo mucho más que un mero pasatiempo: estaríamos regalándonos años de salud física y mental.
El factor motivación
“La percepción que tenemos de que hay una especie de enorme reducción de la capacidad de aprender cuando nos hacemos mayores es falsa. Lo que cambia entre un chico y un adulto es esencialmente la motivación: el deseo y la voluntad de aprender”, afirma Mariano Sigman, doctor en neurociencias, investigador y autor del libro El poder
de las palabras (Debate, 2022). “Un adulto funciona relativamente bien con las destrezas que ya tiene adquiridas y, en general, tiende a quedarse en ese estado de comodidad. Esto ocurre porque el cerebro tiene tendencia a la ‘pereza’, pues está preparado para reservar la energía, que es finita. pero –señala Sigman– cuando estamos motivados se produce dopamina, una molécula que hace que el cerebro se vuelva plástico, es decir, que pueda cambiar y podamos aprender”. El ejemplo que usa para graficar este fenómeno es el del barro; un material que es duro, pero que si se lo humedece se puede moldear. Siguiendo esta analogía, la dopamina sería el agua que humedece el cerebro y le quita rigidez.
Teresa Torralva, doctora en Medicina, neuropsicóloga y presidente de la Fundación Ineco (Instituto de Neurología Cognitiva) detalla: “Si bien los cambios en el cerebro adulto son más lentos y menos profundos que en el cerebro joven, la plasticidad cerebral se conserva durante toda la vida”. Y se entusiasma al momento de explicar los beneficios del aprendizaje: “Lo que sucede en un cerebro que aprende es que se dan mayores conexiones cerebrales, y esas conexiones se vuelven más potentes y consolidadas. Esto genera un círculo virtuoso que se transforma en un factor protector respecto de muchas enfermedades”. De esta manera, el aprendizaje sostenido y variado mejora el funcionamiento cerebral y lo protege de la aparición de síntomas de deterioro cognitivo.
También señala que factores como el ejercicio físico, el buen dormir (lo ideal son alrededor de ocho horas diarias) y la calidad en la alimentación son fundamentales para el bienestar general del cuerpo y de la mente, porque impactan de manera directa sobre nuestros pensamientos, nuestro ánimo y nuestra conducta. Cuando descansamos, nuestro cuerpo se “reinicia”: la memoria y la concentración mejoran al mismo tiempo que se recupera la energía. por su parte, la actividad física de forma regular ayuda a controlar el peso, a levantar el estado de ánimo (a través de la liberación de endorfinas, las llamadas “hormonas de la felicidad”) y a promover un mejor sueño. En cuanto a la alimentación, el dicho “somos lo que comemos” adquiere más relevancia que el de un simple refrán popular, porque los expertos señalan que los nutrientes que ingerimos repercuten directamente en la salud cerebral.
Los vínculos
Otro aspecto importante del proceso de aprendizaje es la posibilidad que ofrece de vincularse con otras personas. Se sabe que las interacciones sociales positivas son necesarias para conservar la salud emocional, pero lo que tal vez no sea tan conocido es que influyen en el buen desempeño cognitivo. “Una persona que está sola, que no tiene nada que compartir ni aprender, entra en proceso de gran degradación de todo el aparato cognitivo. El estancamiento, la falta de aprendizaje y la falta de motivación forman un círculo vicioso que llevan a la inacción”, explica Sigman.
El cerebro inactivo también provoca lo que los expertos denominan “poda”: por una cuestión de “economía”, aquellas neuronas y conexiones que no se utilizan se pierden, al tiempo que se fortalecen las que están en uso. Sin embargo, gracias a la plasticidad del cerebro, al comenzar una nueva tarea, las redes neuronales tienen la capacidad de volver a conectarse. “Uno puede aprender toda la vida. Si en algún momento alguien abandona una actividad, si quiere luego la puede retomar”, comenta Torralva.
En su libro Beginners (“principiantes”), publicado en 2021, el escritor y periodista norteamericano Tom Vanderbilt describe su experiencia durante el aprendizaje de cinco nuevas habilidades: ajedrez, canto, surf, dibujo y malabares. El autor se lanzó a esta aventura luego de un momento de revelación: mientras llevaba a su hija de 4 años a sus clases de ajedrez, observó que los padres esperaban a los jóvenes aprendices jugando con sus teléfonos celulares a angry Birds. Esto interpeló a Vanderbilt –que estaba por cumplir 50 años
Un cerebro que aprende genera conexiones más potentes y consolidadas
propio estancamiento y lo inspiró a abordar desafíos que lo llevaron, según describe, a experiencias de felicidad y autosuperación. A lo largo de un año obtuvo resultados bastante aceptables en cada una de las competencias a las que se dedicó, pero lo que realmente destaca es la alegría de redescubrir “un tipo de placer inmenso y casi olvidado”: el entusiasmo y la curiosidad en el proceso de aprendizaje.
José Eduardo Abadi, médico psiquiatra, lo dice de una manera poética: afirma que aprender es “renacer”. Y subraya que, en ese proceso, más allá de lo biológico, el factor “anímico” es determinante. “El concepto de principiante remite a proyecto, a porvenir, a futuro. Se trata de recrear el impulso de vida, es estar despierto, es rescatar la noción de curiosidad e indagación”, describe.
¿Y qué pasa con aquel que no siente este deseo ni ese entusiasmo? “Hay que tener la tenacidad de dar el primer paso, de salir de la inercia, de salir del prejuicio del no puedo”, responde Abadi. “Incluso hay gente que le va muy bien, que es exitosa en su trabajo, pero como ya ha decidido que conoce todo vive en piloto automático. Y está triste porque no tiene desafíos, no tiene perspectiva de algo nuevo. Quien en estos casos vuelve a la condición de principiante se recupera anímicamente y se vuelve a sentir vigoroso”, comenta.
Asimismo, Abadi destaca los beneficios de disfrutar el proceso mismo del aprendizaje, al margen de los resultados. “El principiante está apostando a la eternidad del instante: el presente tiene fuerza, cada momento creativo tiene valor más allá de la obra completa. Esa acción es una parte y al mismo tiempo un todo en sí misma”, explica. Y hace un llamado a no quedar atrapados en ciertas afirmaciones falsas, como por ejemplo que a determinada edad hay que tener una conducta pasiva o que no es posible la fluidez o flexibilidad en el pensamiento.
Beatriz M. tiene 64 años, es viuda, madre de hijos treintañeros y abuela. En marzo pasado empezó, por primera vez en su vida, a aprender a bailar. Toma clases de baile en una academia de Recoleta, con un grupo de mujeres que tienen entre 60 y 80 años. Todas ellas van a presentar un show en el teatro Apolo, en plena calle Corrientes, en noviembre próximo. El espíritu del espectáculo está basado en la canción “Hear me Roar” (“Escúchame rugir”). Esa propuesta desenfadada y de empoderamiento le “llena el corazón”. Y comenta: “Terminamos todas las clases cansadísimas pero muy contentas”.
“Siempre me encantó bailar, pero nunca tuve el tiempo para formarme y aprender. El baile es un gran ejercicio aeróbico donde, además, se usa intensamente el cerebro porque hay que coordinar. Nos divertimos muchísimo”, cuenta. Allí se hizo un grupo de amigas. Sobre esto, destaca: “Es muy importante hacer actividades con pares. Por mas que tengas tus hijos, tus nietos, los pares son los que están en la misma etapa de la vida y comparten tus mismas vivencias”.
Según Beatriz, es fundamental hacer cosas gratificantes y mantenerse activa. “Si después de los 60 no haces nada te venís abajo. Hay que hacer cosas que nos resulten lindas. Cuanto más me muevo, siento que más energía tengo. Mientras la salud me acompañe, voy a moverme al máximo”, dice.
Respecto a su situación personal reflexiona: “La viudez es una etapa en la que te quedas solo, todo cambia y hay que adaptarse. Miles de cosas que pensaba que no iba a poder hacer las terminé aprendiendo”. Y determina: “Hay que saber cambiar la cabeza”.
El próximo proyecto de Beatriz es aprender italiano, un idioma que siempre le atrajo pero que nunca se había atrevido a estudiar. “Ahora es el momento”, asegura.
Sin embargo, puede ser que, efectivamente, nos encontremos con escollos o dificultades a la hora de embarcarnos en la adquisición de un nuevo conocimiento. Según los expertos, los tropiezos son comunes y no deberían frustrarnos ni alejarnos del propósito inicial. “Las cosas que son más difíciles de aprender de adultos son aquellas que involucran desaprender algún gesto motor o algún hábito que tenemos incorporados. Esto significa que no solo tenemos que aprender lo nuevo, sino que también hay que desaprender lo que alguna vez habíamos adquirido”, explica Sigman. También señala las restricciones que están relacionadas con ciertas predisposiciones biológicas (esto aplica para todas las edades), que son personales en cada individuo. “Se puede ver muy claramente en el canto –detalla–. Hay predisposiciones biológicas que tienen que ver con las estructuras de las cuerdas vocales que hacen que una persona tenga disposición a cantar en ciertos tonos y no en otros, es decir, en un determinado rango. El punto es que, aún dadas esas restricciones, el rango que tenemos para cambiar es siempre mucho más grande que el que presuponemos”.
La clave es el desafío
Una vez que estamos motivados para aventurarnos en un nuevo aprendizaje, es probable que nos preguntemos cuál es mejor reto, si uno físico o uno intelectual. Torralva responde: “Es indistinto el tipo de aprendizaje. Lo importante es que la actividad resulte desafiante y que el cerebro este comprometido y concentrado. Esto se puede dar tanto si aprendemos a pintar como a hacer surf”, ejemplifica.
Al sentir ese “quiebre” en la mediana edad, Claudio Finkelsztain decidió desafiarse en diversas actividades. Las clases de saxo las combinó con el running. Comenzó a ir correr solo por los lagos de Palermo. Luego, se unió a un grupo de entrenamiento. Catorce años después, lleva corridas ocho maratones de 42 kilómetros en ciudades como Nueva York, Berlín o Londres. “El deporte te alinea”, dice. Y recomienda: “Hay que probar cosas nuevas todo el tiempo”.
Desde la ciencia, los expertos refuerzan la idea de que hay pocas cosas que sean tan satisfactorias o que motiven tanto a una persona como poder llegar a lugares que durante mucho tiempo consideró inalcanzables. “El caso de alguien que piensa que no puede subir una montaña y la sube o que no puede aprender algo y lo logra. La sensación de gratitud y bienestar de llegar a una meta, no importa en cuánto tiempo, es el polo opuesto de los déficits de salud mental como las enfermedades del estado de ánimo”, destaca Sigman.
Hoy Claudio sigue al frente de su empresa de arquitectura en este país “complicado”, pero asegura que las otras actividades lo ayudan a estar más atento y concentrado en sus negocios.
“El running y la música me ayudan mucho en mi trabajo. Por ejemplo, correr una maratón y llegar a la meta me da fortaleza y seguridad”. En su casa construyó un estudio de grabación, con acústica adecuada y toda la tecnología. Ahí mismo, donde pasa horas con el saxo, fue colgando en la pared las medallas que cosecha en las maratones.
http://indecquetrabajaiii.blogspot.com.ar/. INDECQUETRABAJA

No hay comentarios.:
Publicar un comentario
Nota: sólo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.