Profetas del odio, ya basta: ¡arrepentíos!
Carlos M. Reymundo Roberts
Todo el mundo está alarmado con lo que nos pasa, con el momento que vivimos. Ricardo Lorenzetti, juez de la Corte, dijo que “estamos en un barco que se asemeja al Titanic”, y solo le faltó gritar “¡a los botes!”. Joseph Stiglitz, premiado con el Nobel de Economía por engendrar discípulos como Martín Guzmán, advirtió que algunos países muy endeudados “ya están cayendo en el abismo”, obvia referencia a la Argentina; Guzmán, sentado a su lado, tenía puesto un paracaídas. Una encuesta en 83 naciones de Europa y América sobre “infiernos fiscales”, caracterizados no solo por la carga impositiva sino por gobiernos de baja calidad, instituciones débiles y corrupción generalizada, nos ubica en el tercer lugar, medalla de bronce; la de oro fue para Bielorrusia, patio trasero de Putin, y la de plata, para Venezuela, país exportador de petróleo y de venezolanos.
Otros ventilan, con la saña del que hunde más un puñal, las cifras de la economía brasileña. Resulta que aun con un tipejo como Bolsonaro ya van por el cuarto mes de deflación. ¡Bajan los precios! Bajaron las naftas, los alimentos, el transporte, el gas… Seguramente es producto de poner a parir a los empresarios, de encarcelar a los especuladores y de un eficaz programa de precios cuidados. Para ellos no existe la guerra entre Rusia y Ucrania. Brasil tiene en un año (7,2%) menos inflación que la Argentina en un mes (julio, 7,4%). OK, muy lindo, los felicito. Pero quiero ver cómo les va en el Mundial.
El Financial Times informa que “oleadas de argentinos” huyen del país, y que la única duda es a quién le tocará apagar la luz.
A todos estos profetas del odio quiero llamarlos al orden. A ver si se enteran de una buena vez: la Argentina ya no es la misma que hace 10 días. Por de pronto, Alberto Fernández encontró trabajo; después de semanas enteras en las que asistía a la inauguración de canteros florales, al aniversario del Servicio Meteorológico o al avistaje de pájaros en los jardines de Olivos, se echó encima la responsabilidad de rearmar el gabinete. Lo hizo con su impronta cartesiana: dudo, luego existo. No consultó a Cristina y tampoco a Massita, el mayor grito de independencia desde 1816. Lo asistieron Vitobello, Cafierito y Cerruti; es decir, encaró el challenge sin ayuda. Tremendo laburo, porque además se ha puesto de moda rechazar sus ofrecimientos. Manzur es un caso paradigmático: hace un año asumió la Jefatura de Gabinete lleno de bríos, y ahora en la Casa Rosada preguntan si alguien sabe algo de él. Finalmente, a golpes de excitación y vértigo el profesor designó en el Ministerio de Paritarias y Trabajo a una tal Kelly Kismer de Olmos, recontra K, recontra kismerista; en Mujeres, Géneros y Diversidad, a la jovencita Ayelén Mazzina, que se presenta como “Aye, cumbiera intelectual” (qué fresca, qué genuina), y en Desarrollo Social, a Tolosa Paz, de la que no se conoce nada más interesante que aquella declaración de que los peronistas ponen el amor en la cumbre de sus aspiraciones.
Algo más sobre Kelly, que me cae tan bien. Antes de asumir ya estaba pidiendo cámaras y micrófonos, y lo feliz que se la vio en su bautismo mediático. Se vanaglorió, igual que Alberto, de no haber conversado ni con Cristina ni con Massita ni con la CGT; no quiso referirse al kirchnerismo para no tener una mirada “sectaria”; equiparó a Juntos por el Cambio con “una soga para ahogarse”, y habló de Menem, de la caída del Muro de Berlín y de las ideologías que profetizaban el fin de la historia. ¿Qué tul la flamante ministra? Una picardía haberla tenido en el banco de suplentes; y más picardía cuando la manden de vuelta a su casa.
Con gabinete reforzado y nuevas ínfulas, el profesor encara el tramo final de su mandato. ¿No lo invitaron a ninguno de los cuatro actos por el 17 de octubre? Qué poca lealtad al Presidente. Para vengarse, ayer discurseó en el Coloquio de IDEA, en Mar del Plata, pecado tan capital como inaugurar la Exposición Rural de Palermo. Obviamente no hay que atender sus palabras, faltaba más, sino el gesto. El lenguaje gestual de Alberto es importantísimo, porque también confunde.
A los propaladores del odio hay que advertirles que el temblor financiero de estos días, con la trepada de los dólares libres y la caída de reservas, es solo eso: un fenómeno de estos días. El gradualismo devaluador de Massita acaba de engendrar –impresionantes su ingenio y su visión estratégica– el dólar Qatar, el Coldplay y el de lujo, en la saga del dólar soja y antecesores del dólar Ventajita, que ajustará su cotización según la dirección del viento.
Un meme anuncia la llegada del dólar “Bergoglio”: que Dios te lo pague.
Kristalina Georgieva, comandante en jefa del FMI, aprovechó que tenía a Massita ahí arrodillado, entre la súplica y la pleitesía, para decir que “el pueblo argentino espera que su gobierno se tome en serio la necesidad de reducir la inflación”.
Kristalina no odia; es una gran bromista.
http://indecquetrabajaiii.blogspot.com.ar/. INDECQUETRABAJA
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