martes, 18 de octubre de 2022

IDENTIDAD CULTURAL


Aves y árboles en una zamba madre del cancionero argentino
Francisco Luis Lanusse, Estrella HerreraIglesia de Yavi, en Jujuy
Con La Yaveña estamos en presencia de una zamba madre. Podría decirse de ella -como San Martín de sus granaderos que habrá quien la iguale, pero no quien la supere. También se la canta por cueca norteña o boliviana (dolores terminológicos por segregación de Provincias Unidas) y por chilena, como El Cocherito de Salta, aquel que arreglaba cuentas en la calle Caseros frente al pancero…
Pareciera que al tema le caben todas las connotaciones. Para empezar la ubicación geográfica, que remite al único marquesado rioplatense que existió: el del Valle de Tojo, más conocido como el marquesa do de ya vi. que abarcaba desde la cordial Tarija, pasando por la Puna y parte de la Quebrada de Humahuaca. Sus centros poblacionales de importancia tienen, todos, sabor a América antigua, tonalidad del Ande: Tojo, Cangrejos y Cangrejillos, Puesto del Márquez, Cochinoca, Casabindo, Yavi. Este último, según tradiciones, era solar veraniego de los marqueses. Allí está su casa y su museo.
Afirmo que todo el que tenga fervores históricos y telúricos hacia estas latitudes debe, tal un musulmán con la Meca, peregrinar a Yavi al menos una vez en la vida, siquiera como antesala de continuar viaje a Sucre y Potosí.
El tema se vincula a dos simbologías caras al ser humano. Y, por ende, a nuestros cancioneros. Me refiero al árbol y al ave. En este caso estamos ante un arbolito de miniatura, como también se lo titula al tema, como en la versión de la tarijeña Enriqueta Ulloa…
Un arbolito de miniatura/ que con dulzura cuidaba yo,/ estando verde, florido y tierno,/ vino el invierno y se lo llevó…
Ahí está el parentesco eterno con el cancionero tradicional, agravado con el hecho de que este ejemplar muere. Por lo general, lo que se asocia es la caducidad del follaje o el simple deterioro vegetal con la suerte de los hombres:
Yo fui un árbol estimado/ al que un tiempo le hizo mal,/solo me queda llorar/ al recordar lo pasado,/cuando de hojas cargado/ las aves venían frecuentes…
También en los cancioneros de Juan Alfonso Carrizo, hay este des conocer al caído en desgracia:
Las aves que hicieron nido/ en árbol de hojas cargado,/ lo miran desconocido/ cuando lo ven deshojado…
Porque no es necesario que el árbol sea esplendente, pródigo en sombra y frutos, como en la Cantata del Abuelo Algarrobo, de Antonio Esteban Agüero en tierras puntanas. Solo es menester el amor que ponga quien le canta. Así, en lo autoral y yendo a la otra orilla en unidad sensible, dirá osiris Rodríguez Castillos de aquel arbolito donde se arrimaba a cimarronear en silencio, en su milonga Como yo lo siento:
No da leña nipa un frío ,/ no da flor nipa remedio ,/ yes un pañuelo del uto/l asombra en que me guarezco,/ no tiene un pájaro amigo/pero pa mí es compañero…
Y después el ave voladora, envidia eterna de los hombres. Dice nuestra zamba:
Como las aves que van volando/ que van cantando dichas de ayer,/ como quisiera volar con ellas,/ irme con ellas, jamás volver…
También el cancionero está plagado de menciones al ave, con sus si vas allá golondrina viajera, sus vuela vuela pajarillo y tantos otros. Y en lo autoral, a botón de muestra, Jaime Dávalos en Las Golondrinas (Adónde te irás volando por esos cielos ) y el Pato Sirirí (Pato sirirí que de noche pasas)
Como si fuera poco, La Yaveña, trae un dato interesantísimo sobre la creación anónima y un malentendido que suele acompañarla: el carecer de autor. Por supuesto que no es así. No es lo mismo carecer de autoría a que su creador sea desconocido. Sucede que hay un creador, que deviene ignoto con el tiempo. Y sobre su creación, alguien retoca, quita o agrega algo. Y, además, lo que se canta por vidala en el noroeste, acaso en Cuyo y Chile lo sea por tonada. Así Pobre mi negra y Dónde andará, vidala y tonada respectivamente, de letras similares. Y en otra tonada -La Trilla- al dirigirse el enamorado a la niña que tiende su batita, esta (a idéntico metejón) es a veces Chei Ramona y otras Chei Jacoba. Bien: la estrofa que nuestro tema por lo general incluye:
Se fue el hechizo del alma mía/ y mi alegría también se fue,/en un instante todo he perdido/ dónde te has ido mi amado bien…
Son versos que pertenecen nada menos que a Esteban Echeverría, de su poema “La Ausencia”, en su libro Canciones. Sólo que los versos antedichos se quiebran en pentasílabos. Y tienen una ligera modificación, a la vez enorme para lo que decimos de Don Anónimo, como me gusta motejar a la creación de padres desconocidos. igual a un canto rodado en el lecho de un río, el discurrir de la canción va puliendo las letras, en este caso hacia la sencillez en el decir. Veamos: Fuese el hechizo del alma mía (Echeverría)/ Se fue el hechizo del alma mía (Don Anónimo)
Al tema elegido se lo llamó como el título indica, también La Ingrata por Tucumán y Catamarca. Don Ata la grabó instrumentalmente como La zamba del viento. En tierras altoperuanas se la denomina El arbolito de miniatura o, simplemente, Arbolito. Tiene, que se conozcan, al menos catorce grabaciones. Y como Don Anónimo abreva profusamente en lo español como no podría ser de otro modo, tomaré un uso que suele trabajar el romancero peninsular -también Antonio Machado con las bodas de Alvargonzález- referido a la circunstancia de contemplar algo y no poder olvidarlo jamás.
Y diré mi alabanza:
Yavi y La Yaveña… quien lo vio o la escuchó y no los recuerda...●

http://indecquetrabajaiii.blogspot.com.ar/. INDECQUETRABAJA

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