jueves, 27 de octubre de 2022

IMBÉCILES !!!!!


Ataques vandálicos: ¿puede el arte salvar así al mundo?
La irrupción de dos ambientalistas ayer, en el museo de cera, es la última de una saga que atenta contra obras maestras como garantía de la difusión masiva de su mensaje
María Paula ZacharíasEnchastran con tortas, sopa de tomate, puré y pegamento importantes obras de arte en Europa
Ayer por la tarde, en Londres, dos activistas de la organización Just Stop Oil estamparon sendas tortas de chocolate y crema en la cara de la figura de cera del rey Carlos III en el Museo Madame Tussauds. En pocos minutos, la noticia corrió por medios digitales y se hizo tendencia. Hoy está acá en papel de diario. Misión cumplida, dirán.
Anteayer, una pareja de militantes de Last Generation, otro grupo de protesta por el avance del cambio climático, había vandalizado un cuadro de Claude Monet en el Museo Barberini, en Potsdam, Alemania, arrojándole puré de papas. Hace diez días, ocurrió el a esta altura famosísimo ataque con sopa de tomate a Los girasoles de Van Gogh. “¿Vale más el arte que la vida? ¿Más que comida? ¿Más que justicia? La crisis del costo de vida y la crisis climática están impulsadas por el petróleo y el gas”, señalaron entonces los responsables del hecho frente al cuadro en la National Gallery de Londres.
El Monet y el Van Gogh sobrevivieron al vandalismo porque se encontraban protegidos por capas de vidrio. Habrá que ver cómo le cayó la torta a la monarquía inglesa en el Día Internacional Contra el Cambio Climático cuando exigían “que el gobierno detenga todas las nuevas licencias y concesiones de petróleo y gas”, dijeron los manifestantes.
¿El arte sirve para cambiar el mundo? Lo ha hecho siempre, no de esta manera. Para el arte que deliberadamente lo intenta, incluso, se ha inventado una palabra: artivismo, mezcla de arte y activismo, que tiene ejemplos claros en creadores destacados de todos los tiempos, con propósitos como el feminismo, las guerras y... la ecología también. Del Guernica de Picasso a las megainstalaciones de Ai Weiwei, el llamado al cambio está en el centro: el arte es el medio (eficaz, sublime, sensible) para un mensaje.
Pero esto es otra cosa: se trata de atentar contra obras maestras como estrategia de visibilidad para hablar de algo más. El éxito de los ataques al arte como arma de difusión masiva radica, justamente, en eso: la cobertura que le dan los medios porque la noticia importa. La causa es noble y urgente, pero Los girasoles de Van Gogh es un tesoro único que pertenece a la humanidad como una de sus mejores expresiones. Lo conserva y cuida, en este caso, la National Gallery de Londres; como patrimonio colectivo es invaluable. Su precio de mercado es de 84,2 millones de dólares y el del Monet, 110 millones, pero su valor es intangible: no se puede volver a hacer. Por eso, los activistas encuentran ahí un escándalo fácil. “Hacemos de este #Monet el escenario, y del público, la audiencia”, anunció el grupo en alusión al golpe anterior. No hace falta poner el cuerpo ni arriesgarse demasiado. Basta con sacarse una remera para mostrar una consigna y enchastrar un cuadro con comida. La fama está a un paso (o un tortazo) de distancia. En cambio, el alemán Joseph Beuys para salvar el planeta en 1982 plantó 7000 robles. Beuys, claro, era un artista además de activista.
Hay más antecedentes. En junio, dos manifestantes se pegaron al marco de Pescadores en flor, un cuadro de Van Gogh de 1889, expuesto en Courtauld Gallery, de Londres. “Lo lamentamos (...), no nos gusta hacer esto, estamos pegados a este magnífico cuadro porque nos aterroriza nuestro futuro”, dijo entonces Louis McKechnie, de 21 años, en un video de la organización. Antes, había sido detenido veinte veces por otras acciones, como cortar la autopista que rodea Londres o interrumpir un partido de fútbol atado al poste de un arco. Ese mes, también se pegaron en la National Gallery junto al cuadro de John Constable La carreta de heno. Lo repitieron en julio, cuando otros dos jóvenes pusieron adhesivo en sus manos contra el marco de una copia de La última cena de Leonardo da Vinci, en la real Academia de Londres. Otros se pegaron, también, a las paredes de la pinacoteca de Múnich, al lado de La masacre de los inocentes, de rubens.
La responsable de esta seguidilla de ataques es la organización Climate Emergency Fund, una red estadounidense creada en 2019 para financiar formas efectistas de protesta para alertar de la crisis climática. “Vienen más protestas, este es un movimiento de rápido crecimiento y las próximas dos semanas serán, espero, el período de acción climática más intenso hasta la fecha, así que abróchense el cinturón”, había anticipado a The Guardian Margaret Klein Salamon, directora ejecutiva de esa entidad en una nota publicada después de los tomatazos. Para el ataque con latas Heinz (un guiño a Andy Warhol), la agrupación Just Stop Oil recibió más de un millón de dólares: una sopa bastante cara, parece. Sin embargo, la consideran la acción con mayor cobertura mediática de los últimos ocho años. Otros tres millones se repartieron entre una docena de agrupaciones.
Pese a la advertencia, no se tomaron grandes medidas y los ataques de ayer fueron la crónica de un golpe anunciado. Lo mismo ocurrió en mayo, cuando un visitante del Louvre de París le dio un tortazo La Gioconda. Su mensaje era cuidemos el planeta. Hasta aquí, los cristales de seguridad hicieron que no se lamentaran daños en las pinturas (aunque sí en el marco original de Los girasoles), pero parece que en los museos no reforzaron aún medidas más sencillas para evitar que ingresen a las salas tortas, latas de sopa o puré.
Cuando se empieza a buscar qué hay detrás de todo esto, el mundo parece igual de minúsculo que complejo. En una nota de El País se explica que Aileen Getty, nieta del petrolero John Paul Getty (que alguna vez donó 50 millones de euros a la National Gallery), es una de las fundadoras del fondo financista de la agrupación que se pide en su nombre solo detené el petróleo. Sabine Getty, mujer de Joseph Getty, su sobrino, es copresidenta del programa de jóvenes patronos de la National Gallery y su obra favorita, ha dicho, es Los girasoles. Su suegro, Mark Getty, fundador de la agencia de fotografía Getty, es uno de los grandes patronos de la pinacoteca. Nadie querría sentarse a esa mesa esta Navidad.

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