Cien años de Beatriz Guido, la gran fabuladora de las letras
Fue una de las primeras escritoras best seller del siglo pasado y guionista de las películas de su pareja, Leopoldo Torre Nilsson, pero hoy su obra es injustamente olvidada
Daniel Gigena
Célebre por sus novelas y cuentos de aristócratas y burgueses acosados por la decadencia, la represión sexual y el ascenso del peronismo; por los guiones de las películas más destacadas de su pareja, Leopoldo Torre Nilsson, y por ser una de las primeras escritoras best seller del siglo pasado, Beatriz Guido trascendió gracias a su capacidad de fabulación dentro y fuera de la literatura. La hija mayor del ingeniero y arquitecto Ángel Guido –uno de los responsables del Monumento a la Bandera– y de la actriz uruguaya Berta Eirin (que la autora retrató en Una madre) había nacido el 13 de diciembre de 1922 en Rosario y debutó en las letras con un libro de cuentos que su padre mandó a imprimir y que ella nunca quiso reeditar. Su entrada oficial en la historia literaria argentina fue bienaventurada: ganó la primera edición del Premio Emecé, en 1954, con La casa del ángel; según contó la misma autora, antes se había ocupado de congraciarse con los jurados.
Durante muchos años, sus novelas fueron éxitos. Guido se convirtió en una figura pública, consultada por los medios para expresar opiniones sobre temas diversos, y en una de las escritoras más leídas de su época. No obstante, a cien años de su nacimiento, es una escritora olvidada (editorial Losada solo tiene disponibles dos títulos: Fin de fiesta y el volumen de cuentos La mano en la trampa). Los intentos de rescatar la obra de Guido no dieron aún buen resultado (como sí pasó con las obras de Sara Gallardo y Aurora Venturini). Eudeba anticipó que en 2023 se publicará en la colección Serie de los Dos Siglos la novela Fin de fiesta, de 1958. Y este mes Sudamericana reunió en un tomo tres libros que la escritora y periodista Cristina Mucci había publicado a inicios de los años 2000, con perfiles de Guido, Marta Lynch y Silvina Bullrich. En Las olvidadas, la imagen de Guido resplandece por su simpatía y extravagancia. “Una de las personas más auténticamente encantadoras que conocí”, consignó Adolfo Bioy Casares en su diario, y agregó que para Guido la mentira era un género literario. “Solo corrijo lo que la realidad tiene de falso”, dijo la autora.
“Al igual que Marta Lynch y Silvina Bullrich, Beatriz Guido es hoy una de ‘las olvidadas’ –dice Mucci–. Sus obras, que tuvieron niveles de venta extraordinarios, hoy son inhallables. No se recuerda que marcaron una época y escribieron las novelas que, a favor o en contra, lograron reflejar a toda una generación. Seguramente las razones de este olvido son más ideológicas que literarias”. Mucci destaca que las primeras novelas, La casa del ángel y La caída (1956), “son de tono intimista, con un estilo muy particular; ya a partir de esas novelas ocupó un lugar importante y con Fin de fiesta (1958) ingresó nítidamente en la temática histórico-política que continuaría a lo largo de su obra”. Y agrega que El incendio y las vísperas (1964) es la obra que terminó de consagrarla.
Por su antiperonismo y la representación de ambientes de las clases media y alta, recayó sobre ella el mote de “reaccionaria” con el que la crítica cultural zanjaba los asuntos estéticos décadas atrás. En Quién le teme a mis temas (1977), hizo un repaso de su producción, la recepción de su obra y el lugar que ocupó.
La escritora Elsa Osorio publicó en 1991 una biografía de Guido en la colección Mujeres por Mujeres, que el historiador Félix Luna dirigía para la editorial Planeta. Actualmente, trabaja con el director Oscar Barney Finn en un documental ficcional sobre la vida de la autora rosarina. “Guido me parece una mujer de avanzada, que se ingenió para hacer lo que se le dio la gana, con el apoyo de dos grandes hombres: su padre y su marido –dice Osorio–. Ella incursiona en Fin de fiesta en un terreno reservado a los hombres: la historia y la política. Me fascina su capacidad para construir y empujar su propio personaje, para vivir su vida como una novela y para llevar adelante su carrera y la de Torre Nilsson. Hicieron una buena carrera de su matrimonio y un buen matrimonio de sus carreras. Lo cierto es que muchas de sus mentiras se hicieron realidad. Decía cualquier cosa, algunas delirantes, pero le creían”. Para Osorio, existe el riesgo de desestimar el legado de Guido por motivos ideológicos. “Es tan rica en un amplio sentido, por su literatura, cine, imaginación, osadía y libertad, que llevarla al debate actual, tan pobre como es la grieta, es injusto”.
La escritora Josefina Delgado conoció a Guido. “Muchos años después de haberla leído y de haber escrito sobre ella se convirtió en mi amiga –cuenta–. Era un ser absolutamente literario: por su fantasía y por su capacidad de vivir a través de ella. A su obra le corresponde un lugar que luego profundizaron otras mujeres y hombres de nuestra literatura. Ese mundo en el que lo político y los sentimientos privados se reúnen para dar una visión del mundo que califico como feroz, a través de una escritura particularmente eficaz”.
Después de la muerte de Torre Nilsson, en 1978, Guido terminó de escribir La invitación (1979), que fue llevada al cine por Manuel Antín, con Graciela Alfano. Colaboró en la adaptación de Memorias del subsuelo, de Dostoievski, que filmó Nicolás Sarquís (El hombre del subsuelo). En 1982, con Apasionados, obtuvo el Premio Nacional de Literatura.
Durante el gobierno de Raúl Alfonsín, cuya candidatura Guido apoyó, fue designada agregada cultural en España, donde se ocupó de los trámites de repatriación de los argentinos que regresaban del exilio, promovió la producción artística local en el exterior y fue una anfitriona cálida y divertida, recuerdan aquellos que la visitaron. Meses después de publicar el thriller político Rojo sobre rojo (1987), murió en Madrid el 29 de febrero de 1988, a los 65 años.
Reconocimientos
En el centenario de su nacimiento, Beatriz Guido fue declarada ciudadana ilustre post mortem de Rosario. Hoy, a las 9.30, se colocará una placa recordatoria en el Pasaje Juramento. También el director Oscar Barney Finn y Adriana Martínez Vivot, sobrina, albacea, escritora y una de las impulsoras de la conmemoración, fueron declarados visitantes distinguidos de Rosario. A las 11, en la Biblioteca Argentina Dr. Juan Álvarez, se realizará un debate sobre su obra. En Buenos Aires, será homenajeada en el Centro Cultural San Martín (Sarmiento 1551) este viernes, a las 19, con el debate “Beatriz Guido, un mundo propio en la cultura iberoamericana”, en el que participarán Diego Berardo, Martínez Vivot, Barney Finn y José Miguel Onaindia. Las actrices María y Paula Marull leerán el cuento “Usurpación”.
El abogado y gestor cultural Onaindia, coautor con Diego Sabanés de un ensayo sobre la obra de Guido que saldrá en 2023, también prepara una muestra en la que se exhibirán las tres primeras películas en las que Guido colaboró como guionista para Torre Nilsson. “Fue una de las figuras más relevantes de la cultura de su tiempo, porque no solo abarcó la literatura y el cine, sino que además participó de los grandes debates políticos y sociales”. ●
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