Sin ella en la boleta es más difícil
“No voy a ser candidato”, dijo Massa a los empresarios que lo acompañaban en casa de Eduardo Eurnekian; le insistieron, y lo expusieron a un escenario en el que casi nadie cree: que baje la inflación y él repunte en las encuestas
Francisco Olivera
No bien terminó la catarsis que siguió a su condena, lo primero que hizo Cristina Kirchner fue ir a un asado con militantes. No se recluyó en su casa. Alguna vez, ya imputado en la causa Ciccone, Amado Boudou admitió ante dirigentes de confianza que desde el momento en que una persona tenía abierto un proceso penal, es decir, se exponía a la posibilidad de ir a la cárcel, toda su vida, desde que se levantaba hasta que se iba a dormir, giraba en derredor de esa amenaza. Pero la vicepresidenta eligió encontrarse con dirigentes políticos y eso interpela al peronismo.
En realidad, más específicamente al kirchnerismo. Porque en el asado, que se hizo en un predio recreativo de Punta Lara, Ensenada, la esperaba lo más exclusivo de esa facción del Frente de Todos. “Noooo, a nosotros no nos invitan ahí”, contestó un intendente peronista cuando este diario quiso saber de qué se había hablado. Habría que definirlo en los términos de Raimundo Ongaro, secretario general de la CGT de los Argentinos, la rama sindical que se oponía en el gobierno de Onganía a la CGT más dialoguista de Augusto Vandor: en Ensenada estaba la parte del oficialismo que “comparte un destino”, no solo “un camino”. Para compañeros de ruta está el PJ; pero los senderos, sobre todo en política, a veces se bifurcan.
Mario Secco, intendente y anfitrión, había reservado a esos efectos el lugar. Lo acompañaban Máximo Kirchner, De Pedro, Kicillof, Andrés Larroque, Teresa García, Omar Plaini, Mayra Mendoza, Moreau, Heller, Abel Fulán, Florencia Saintout y Walter Correa, entre otros. Que también estuviera Diana Conti, la militante que propuso alguna vez una “Cristina eterna”, expone de la mejor manera a un espacio que no se resigna: aunque suponen que la de la vicepresidenta es una decisión tomada, harán el intento de revertirla.
Como hacen con los invitados importantes a estos encuentros que realizan cada 15 días o un mes, la esperaron para empezar a comer. Estaban tristes. Varios lo admitieron en sus discursos, todos ellos cuidadosos de no entrometerse o contradecirla, pero confluyentes en una sensación común: la siguen soñando candidata. Dicen que ella estaba tranquila. Como si lo peor ya hubiera pasado. “Ya hablé mucho”, agradeció la expresidenta, y los exhortó con la metáfora del general Perón que trascendió: sacar el bastón de mariscal para militar de a uno.
Para el peronismo será un proceso arduo. Porque, hasta ahora, era ese único liderazgo lo que los unía. En Punta Lara sobrevolaron dudas. ¿Por qué no había habido una reacción más virulenta contra la condena? Lo lógico habría sido que, después de conocido el fallo, intendentes, gobernadores y funcionarios se hubieran congregado, por ejemplo, en el Consejo Federal de Inversiones para discutir una estrategia. Pero no ocurrió. ¿Qué hará ahora, por ejemplo, el Movimiento Evita, que acaba de iniciar con Cristina Kirchner una reconciliación? ¿Y la CGT? ¿Y Moyano?
El Instituto Patria pone, en cambio, a prueba algo más grave: su propia razón de ser. Deberá demostrar que tiene sentido un kirchnerismo sin ningún Kirchner relevante en las boletas. Ella como jefa, pero sin traccionar votos. ¿Acompañarán en ese caso los intendentes? La atmósfera de los tiempos no ayuda. En el Frente de Todos ganó la idea de que se perderá contra la inflación y que la sociedad está al borde del hartazgo. La primera convencida de esta debilidad es la vicepresidenta, que les ordenó a todos antes del fallo, a través de Máximo y Parrilli, no convocar para defenderla en la calle. Los mensajeros dieron en realidad un compendio de razones: una marcha no tendría adhesión en medio del Mundial, no estaba claro dónde congregarse porque la audiencia era por Zoom y tampoco querían “regalarles una tribuna a Luciani y a Giménez Uriburu”. No están dadas, pese al disgusto general, las condiciones para una épica como en los años del “nunca menos”.
Hace rato que Cristina Kirchner tomó nota de este cambio de épo¿había ca. Hasta las palabras de aquellos años felices parecen estar siendo sometidas a revisión. En el asado, por ejemplo, Parrilli y los intérpretes de la “jefa” explicaban que a partir de ahora convenía hablar de “la mafia de Héctor Magnetto”. No de Clarín porque, decían, “es un medio”. ¿Se aprendió una lección de aquella pelea? Tal vez. Moreau intentó modificar el eslogan por “democracia o mafia” o “mafia judicial”, pero ya estaba todo definido. “Alta mafia”, había tuiteado el día anterior Larroque, con una foto del empresario. Después se sumó Juliana Di Tullio en conferencia de prensa. “Este es un mensaje al poder económico en el nombre de Héctor Magnetto: el peronismo nunca jamás va a ser mascota del poder”, dijo.
Las viejas banderas de la ley de medios, pero reducidas ahora a una injuria. “Vamos por poco”: apenas por el descargo de una epopeya que no fue. “A Néstor le sacaron la fusión Cablevisión y Multicanal; no estuve de acuerdo, pero el presidente era él. A mí no me pudieron sacar Telecom: se la sacaron a Macri”, recordó ella el martes en el streaming. Nunca antes había expresado de ese modo el origen de aquella tensión de 2008 que coincidió con la discusión por la 125. ahí un reproche a la relación del líder santacruceño con las corporaciones? La toma de distancia es interesante, sobre todo si se llega a extender a otros ámbitos. Al meollo de la causa Vialidad, por ejemplo: ¿insinúa también alguna queja hacia él por el esquema de obra pública que la llevó a la condena?
Difícil que el asunto pase de ahí. Quienes la conocen dicen que ella nunca quiso defenderse del modo en que lo habría hecho cualquier imputado en un caso así: que el demiurgo de ese festival recaudatorio era él. Cuando Kirchner murió, unos cuantos confidentes recibieron la recomendación de no hablar de más delante de Cristina. Lo pasado, pisado. Aunque es cierto que la entonces presidenta convocó a contratistas buscando enterarse y que, como acaba de interpretar el tribunal con la sentencia, tampoco se desentendió de la cuestión: asumió por sí misma la administración. Y eso que ya detestaba a Lázaro Báez tanto como ahora. Alguna vez, ante una consulta al respecto, explicó que nunca culparía de nada a su marido y padre de sus hijos.
Kirchner era más pragmático. “Más peronista”, aclaró un dirigente sindical que conoció muy bien a ambos. Doce años después, con el duelo hecho, ella repite argumentos similares a los que en 2008 daba en un almuerzo con su marido y Alberto Fernández. Aquel rasgo que la diferenciaba entonces, el modo de relacionarse con el establishment, y el peligro de una derrota electoral podrían volver ahora a alejarla de esa parte del Frente de Todos que, en el fondo, desprecia. “No voy a ser candidata y tampoco mascota de Magnetto”, dijo el martes.
Por eso no será fácil definir la fórmula electoral. El Frente de Todos tiene un problema similar al de la oposición: necesita que una primaria determine lo que naturalmente ordenaba Cristina Kirchner. Es seguramente lo que intuye Massa. “No voy a ser candidato”, les dijo el lunes el ministro a los empresarios que lo acompañaban en un asado en la casa de Eduardo Eurnekian, en Martínez. Le insistieron. Lo expusieron a un escenario hipotético en el que casi nadie cree, la posibilidad de que baje realmente y como promete la inflación al 3% en abril y que él repunte en las encuestas, y la respuesta siguió siendo no. “A él no lo apoyaría nunca”, insistía anteayer uno de los comensales de Ensenada, que coincide también en que De Pedro no convencería al peronismo clásico.
El carisma de Cristina Kirchner disimulaba esos desencuentros. Es entendible que nadie la imagine fuera de carrera y siga siendo indiscutida. Hasta el predio del asado lleva su nombre. “Podrías haberle encargado algo de Rapanui”, le dijo en broma a Secco el jefe de la AFIP, Carlos Castagneto, al ver las masitas de maicena que llegaban como postre. No estaban mal: la invitada aceptó unas cuantas. Habían pensado en ella incluso al elegir la bebida, agua Glaciar. Y algún mal pensado cree todavía que varios se cuidaron con el vino porque la vicepresidenta, abstemia, detesta los excesos. La recuerdan, por ejemplo, terminante una noche durante un viaje a Brasil, cuando alguien de la mesa descuidó ese detalle. “Basta, a dormir”, saldó entonces, con la misma severidad con que ahora ruega que despierten de una vez.ß
Parrilli y los intérpretes de la “jefa” explicaban que a partir de ahora convenía hablar de “la mafia de Héctor Magnetto”; no de Clarín porque, decían, “es un medio”
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