¿Por qué hoy encontrar pareja parece una misión imposible?
A los espacios reales se suman las apps de citas, pero esta oferta ilimitada complejiza la forma de relacionarnos porque siempre creemos que nos estamos perdiendo algo mejor
Rita Abundancia
Madrid.–encontrar pareja era, hasta hace no mucho, una actividad que discurría en paralelo a la existencia, sin demasiados aspavientos, a no ser que uno fuera muy raro o especial. Pero pareciera que la vida hubiese externalizado este servicio y, como ocurre en estos casos, la calidad del mismo empeorara, las listas de espera aumentaran y la gente se viera obligada a recurrir a las aplicaciones de citas o a las modernas agencias matrimoniales, con sus servicios de matchmaking, coach de pareja o diagnóstico emocional.
No solo las personas ya maduras ven cómo sus expectativas de encontrar a su media naranja se dibujan como espejismos en el horizonte. Muchos jóvenes añoran la época de sus padres: un universo analógico donde la gente hablaba cara a cara y en el que las discotecas servían para más cosas que bailar, beber o tomar pastillas.
Montaña Vázquez es la fundadora y directora de Tu pareja perfecta, una agencia de matchmaking, con base en Madrid, además de la autora de Match. Cómo encontrar pareja en la postmodernidad. Según cuenta, los que acuden a la agencia son “gente que ya lo ha intentado por otros medios y no lo ha conseguido, desertores de las apps de citas, por agotamiento o malas experiencias, y personas que valoran su privacidad y no quieren estar expuestas en las redes sociales”. “O que no tienen tiempo”, matiza, “porque buscar pareja en serio puede requerir tanto esfuerzo como buscar trabajo. Aunque aquí yo sustituiría la palabra buscar por atraer, que me parece más adecuada, ya que buscar desde la necesidad o la urgencia nunca trae nada bueno”.
Uno de los escollos importantes en la difícil empresa de atraer al amor es el del miedo a mostrarse vulnerable o necesitado. “Nadie quiere mostrar su vulnerabilidad por miedo a sufrir o a que lo rechacen y, claro, sin eso no se pueden crear relaciones auténticas”, señala Vázquez. Coincide el sexólogo Santiago Frago. “En la era del amor líquido de Bauman”, subraya el también codirector de Amaltea, Instituto de Sexología y Psicoterapia, “muy pocos quieren apuntarse al compromiso. Las relaciones son frágiles porque, entre otras cosas, pocos están dispuestos a desnudarse emocionalmente y a la dedicación y constancia que esta tarea requiere”.
Para relacionarse en modo erótico hay una premisa imprescindible. Según cuenta Francisca Molero, ginecóloga, sexóloga y directora del Instituto Iberoamericano de Sexología, el ingrediente es mostrar interés, porque es el que dará pie al otro para que se acerque. “Saberse objeto de atracción es muy erotizante. Si quieres algo o te gusta algo, muéstralo y pide lo que quieres con respeto. Es el primer paso de la seducción, mostrarse interesado, pero esto implica el riesgo a no ser correspondido, a sentirse herido o rechazado, por eso lo evitamos”, explica. El síndrome de “puedo apuntar a algo mejor” es hijo de internet y de la inmediatez de la era digital; pero es estéril e incapaz de germinar, ni siquiera en las tierras más fértiles. El territorio se ha ampliado hasta el infinito. ¿Quién nos dice que nuestra media naranja no vive en Australia, criando avestruces en una granja? Cuando la oferta es tan desmesuradamente grande (Tinder, Meetic, Badoo, Grindr, Okcupid) se produce el efecto contrario. No podemos elegir porque creemos que nos estamos perdiendo algo mejor. Los espacios destinados a los encuentros o la seducción no siempre pueden competir con el mundo digital, donde parece que todo es posible.
Ana, con 49 años, busca pareja sobre todo en las apps de citas porque, confiesa, “no me gustan las discotecas y la posibilidad de relacionarte con otro en un restaurante o un bar, cuando vas con amigos, es reducida”. Negarse a utilizar las nuevas tecnologías en este campo es, para Ana, como rehusar el ordenador y seguir con la máquina de escribir. “No todo el mundo que está en Tinder está loco o frustrado. Hay mucha gente normal que vale la pena y yo he hecho incluso amigos, con los que nunca he tenido una relación íntima. Pero eso sí, es un trabajo que requiere tiempo y no perder la esperanza. Para mí, que me muevo mucho y he vivido en distintos países, lo más fácil siempre ha sido, en este orden: encontrar trabajo, luego casa y, después, pareja. Pero ahí sigo, esperando a que alguien esté en la posición y dispuesto para invertir en mí”.
“Nos hemos vuelto cada vez más individualistas y los espacios comunes se han ido reduciendo”, apunta Molero. “Mucha gente ya solo dispone de tiempo para la familia directa y los amigos muy íntimos. Tengo la impresión de que antes los espacios se compartían más. Se hacían fiestas y se invitaban a amigos, que traían acompañantes y siempre acababas conociendo a alguien. Creo que en este sentido nos hemos cerrado bastante, impidiendo así que se produzcan nuevas conexiones”. Montaña Vázquez, sin embargo, no cree que el ciberespacio sea incompatible con la realidad en tres dimensiones: “La gran mayoría combina el mundo digital con el real. Y sobre todo, tras la pandemia, hay un ansia de volver a lo presencial”, concluye
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