La idea bélica, de Diego Sasturain
Extrañamiento de una guerra imaginaria
Felipe Fernández
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“Nadie creía realmente en que hubiese una guerra –reflexiona Valder, protagonista de La idea bélica, novela de Diego Sasturain (Buenos Aires, 1972). No una guerra real, con muchos muertos y todo lo que trae aparejado esa visión clásica.” Valder es contratado por el Ejército Argentino Sociedad del Estado (EASE), una empresa que controla a las Fuerzas Armadas. Poco después lo nombran comandante y le ordenan tomar, con once soldados a su cargo, El Reflejo, un pueblito “en el interior de la provincia”, donde entabla una relación amorosa con una muchacha.
El argumento se vuelve un tanto monótono. Hay un enemigo siempre remoto (“disidentes”, “rebeldes” o “terroristas”) y surgen elementos atractivos (la fosilita, una piedra que podría poseer el secreto de la vida; el tilke, un roedor parecido a una vizcacha gigante; un “bombardeo de micropartículas digitales fractaloides”; la figura del fundador del pueblo, que promovía el amor libre, el trabajo voluntario y la propiedad comunal), aunque no terminan de integrarse plenamente en una trama.
Sasturain evita dar mayores precisiones sobre la Argentina en la que se desarrolla la obra: no parece un país de ciencia ficción futurista ni uno inmerso en una distopía. Insufla cierto costumbrismo de “pago chico” en el escenario, y –en consonancia con el título del libro– sus vagas referencias a la guerra (nunca se explica por qué se combate) buscan convertirla en un concepto abstracto (“la guerra se hace más real cuanto menos se combate y más se piensa”) que produce un suave extrañamiento y una potente sensación de absurdo.
La idea bélica
Por Diego Sasturain
Mardulce
186 páginas, $ 2200
http://indecquetrabajaiii.blogspot.com.ar/. INDECQUETRABAJA
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