martes, 7 de marzo de 2023

ROSARIO CALIENTE Y HOSPITALES


Pocos efectivos en las calles y jefes policiales bajo sospecha
Federico Águila
Federico Águila Franco Trovato FuocoLa presencia policial solo se ve en algunos barrios de Rosario
ROSARIO.– Cuatro presos fugados de una comisaría. Tres asesinatos. Allanamientos a dos altos jefes policiales por su presunta relación con un crimen y el mundo narco. Todo eso pasó con pocas horas de diferencia en la noche del viernes en varios puntos de Rosario. Una postal que demuestra que, pese al ruido mediático que desató la balacera al comercio de la familia Roccuzzo, la paz está todavía muy lejos de llegar a Rosario.
Mientras el delito crece en los barrios y en el centro de la ciudad, los rosarinos conviven desde hace años sin presencia policial en las calles. Pese a anuncios grandilocuentes de mayor personal y efectivos, es muy difícil divisar móviles policiales patrullando calles y avenidas. No se ven durante el día, menos a la noche. Acá casi no existen tampoco las custodias policiales en las esquinas y muchas veces los vecinos deben esperar muchos minutos, e incluso horas, la llegada de personal policial luego de haber sido víctimas de robos o arrebatos en la vía pública y en sus casas. Sin policías para la gente en las calles. Y con altos jefes investigados, y hasta encarcelados, por corrupción y narcotráfico. El combo no podría ser peor. Y quizás sirva para explicar el flagelo de inseguridad que no muestra signos de frenar o revertirse en el mediano plazo.
En medio de cruces, mezquindades e ineptitudes, esta semana hubo algo en lo que coincidieron el intendente, Pablo Javkin; el gobernador Omar Perotti, y el presidente Alberto Fernández: el narco se infiltró en cadenas de mando de la policía provincial. Además, faltan recursos para desplegar una cantidad contundente de efectivos en el territorio, con patrulleros, armamento y equipamiento que puedan enfrentar a un enemigo que los supera.
El ataque que sufrió el jueves por la madrugada el supermercado del suegro de leo Messi reavivó a nivel nacional una discusión que en esta ciudad se viene dando desde hace años. la policía es una de las principales responsables del avance narco, la inseguridad ciudadana y los ataques mafiosos a comercios. Es más, una de las principales hipótesis del atentado a la familia del crack argentino es que la orden provino desde jefes policiales ligados al narco que fueron corridos de sus cargos o encarcelados.
No es casual que desde que Perotti asumió como gobernador, la Unidad Regional II (con asiento en Rosario) cambió en enero pasado a su décimo jefe. Adrián Galigani se hizo cargo hace un mes y medio y volvió a prometer lo que muchos de sus antecesores: saturación de efectivos en la calle y más móviles para patrullar.
Poco después del cambio del jefe policial, el gobernador también echó a su tercer ministro de Seguridad. Rubén Rimoldi dejó su cargo después de uno de los eneros más sangrientos de los últimos años en la ciudad. la asunción de Claudio Brilloni, que trabajó en la Gendarmería y tiene conocimiento del territorio, busca darle otra impronta a un sector clave que tiene perdida desde hace años la batalla contra el delito y el narcotráfico. Según datos oficiales del gobierno provincial, la policía tiene desplegados cerca de 4000 efectivos. Pero al descartar al personal afectado a las comisarías, custodias y procedimientos judiciales, la presencia policial lejos de está de mostrarse en estado de saturación.
Desde el municipio, el intendente Javkin es tajante con el reclamo a la provincia: mayor presencia de efectivos y recursos en las calles. la administración municipal denuncia que los últimos ministros de Seguridad ni siquiera ejecutaron el presupuesto total destinado a la emergencia. Y cuestiona con dureza el accionar de la fuerza en las calles. “En Rosario no hay persecuciones ni enfrentamientos, algo que llama mucho la atención”, explicó el intendente
desde la gobernación, el reclamo es hacia el área nacional que maneja Aníbal Fernández. Exigen mayor presencia de fuerzas federales en la zona para trabajar en la “transición”, mientras, según sus palabras, avanza la depuración de la fuerza. “Hay gente que ha manchado el uniforme, hay exjefes de policía presos. Es una institución que estamos tratando de depurar y respaldando a todos los que tienen vocación de servicio”, se quejó ayer el gobernador al exigirle a la Casa Rosada el envío de más refuerzos.
A 300 kilómetros, el cuestionado Aníbal Fernández asegura que hay unos 3500 efectivos de la Policía Federal, la Gendarmería y la Prefectura en la ciudad. El patrullaje de las fuerzas federales es casi inexistente para cualquier vecino de la ciudad. El titular de la cartera nacional, que esta semana dijo que “los narcos ganaron la guerra”, asegura además que llevaron a cabo más de dos mil detenciones en los últimos meses, algo que desde el municipio también cuestionan. “El ministro de Seguridad sigue con informes que no son ciertos. Si tenés detenciones de gente con tres gramos, no es lo mismo. Acá hay que agarrar armas, agarrar bandas. En Rosario hay casi un homicidio por día en el 10% de la ciudad”, agregó el jefe comunal.
El pedido desde el gobierno municipal a Fernández también se extiende al Servicio Penitenciario federal, donde el viernes hubo múltiples allanamientos a varios capos narcos detenidos que continúan impartiendo órdenes desde los penales. la asunción de Agustín Rossi al frente de la jefatura de Gabinete nacional, aseguran cerca de Javkin, puede ser la llave para destrabar la grave falta de acción del Presidente y de su ministro de Seguridad.
Habían pasado menos de 48 horas del conmocionante ataque a balazos al comercio del suegro del capitán de la selección argentina y Rosario volvió a contar otros tres asesinatos.
Cerca de las 10 de la noche del viernes, un hombre de 38 años fue acribillado en la zona sur. Minutos después el dueño de un puesto de comidas fue acribillado de varios balazos cuando bajaba de su camioneta. En tanto, en el barrio Tablada, un joven de 28 fue asesinado de un disparo en la cabeza.
El viernes, cuando todavía seguía retumbando la noticia del ataque a balazos a la familia Messi, sucedió otro hecho de fuerte impacto. Tres presos se fugaron de la comisaría décima, en el barrio Alberdi. Hirieron a uno de los policías y se escaparon por las calles de esta tradicional zona de casas residenciales del norte de Rosario. los vecinos de la zona seguían con miedo y muchos de ellos los vieron escaparse por las calles y las vías del tren

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El drama de los baleados en la guardia de emergencia
En el Hospital Clemente Álvarez notan que se ampliaron el rango de edad de los pacientes y la gravedad de los casos
Águila. Federico
ROSARIO.- Con catorce disparos en la cara, los brazos y las piernas. Así llegó el fin de semana pasado al Hospital de Emergencias Clemente Álvarez (HECA) un joven de 21 años que poco antes había sido acribillado en una fiesta que se celebraba frente a un maxikiosco en el barrio Belgrano, de Rosario. Por las múltiples heridas, los médicos de guardia del hospital de referencia municipal de esta ciudad que atienden casos de alta complejidad no pudieron hacer nada para salvarlo.
de este lado de la trinchera, los médicos que trabajan a diario con los heridos por enfrentamientos de bandas narcos ven un cambio de tendencia en los últimos meses. No solo crecieron los casos, sino que además se extendió el rango etario: si antes las víctimas eran adultos jóvenes, ahora los heridos con armas de fuego que llegan al HECA también son adultos mayores y adolescentes. Además, en las últimas semanas los profesionales notaron que también llegan más mujeres heridas.
Y eso no es todo. Mientras en años atrás los pacientes llegaban con una herida de arma de fuego en alguna extremidad, ahora caen con múltiples balazos, productos de ráfagas a repetición que tornan los ataques mucho más letales.
los datos muestran en el hospital el drama que se vive en las calles. El promedio de ingresos por heridas de arma de fuego es de 40 al mes, cuando poco más de una década atrás era la mitad. Además, la estadía de estos pacientes en terapia intensiva también se duplicó: pasó de 7 a 15 días, por la complejidad de los cuadros. En diciembre pasado, tres de cada diez pacientes internados en terapia intensiva, habían sido baleados.
Jorge Bitar se asoma por una de las ventanas del primer piso del hospital de emergencias. Escucha el ruido de una sirena, lo que le advierte que está ingresando por avenida Pellegrini un paciente para la guardia. Bitar es el director del HECA, que funciona en un nuevo y moderno edificio desde 2008, una de las grandes apuestas de la gestión del socialista Hermes Binner. En 2013, cuando se registró el record de homicidios dolosos por la guerra narco en la ciudad, Bitar era médico de guardia. Hoy, es el director, pero volvió a vivir desde adentro el peor registro de la violencia que cerró en 2022 y que sigue avanzando a pasos peligrosos también este año.
En su despacho, el hombre que maneja el hospital de mayor complejidad de la red de salud pública de Rosario nos recibe y dice que antes que las estadísticas, empezaron a notar un incremento en el trabajo y, sobre todo, de pacientes que empezaron a entrar con cuadros más complejos.
“Antes veíamos un herido con un orificio de entrada en la rodilla y otro con un orificio de entrada en el abdomen. Ahora, vemos pacientes ingresados con nueve, diez orificios de bala. Y el caso del último sábado, de un paciente que llegó con catorce orificios de bala”, expone.
Bitar analiza que hubo un cambio en los tipos de heridas, que de un impacto viró a ráfagas de balas. Algo que hizo que la atención de la emergencia cambie y se torne más compleja. “Eso nos genera también mayores días de estada en el hospital y más cirugías seriadas. Hay un trabajo que se acentúa”, cuenta.
En el Clemente Álvarez trabajan cerca de un millar de personas y en cada turno de guardia hay en simultáneo cerca de 200 profesionales, que incluyen médicos, enfermeros, camilleros, entre muchos otros profesionales de la salud.
Cuando se le pregunta cuál es la hora pico de atención, Bitar responde: “Generalmente decimos que es alrededor de las 20. Puede ser una coincidencia, pero ese es un horario en el que se complejiza la llegada de pacientes. Aunque también sobre la madrugada hay un incremento fuerte de ingresos de pacientes con heridas de armas de fuego. Pasa a toda hora, pero durante la madrugada esto es una ciudad despierta Por supuesto que es más frecuente de los fines de semana. desde el viernes hasta el domingo a la noche”

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