viernes, 3 de marzo de 2023

VAMOS AL TEATRO


¿Es o no es la obra de William Shakespeare?
Juan Carlos Fontana
(SUIZA, ALEMANIA, FRANCIA, GRECIA). TEXTO Y DIRECCIÓN: Boris Nikitin. performer: Julian Meding. música: Uzrukki Schmidt. teatro: Coliseo.
Nikitin construye con instantes de su propia historia de vida un texto catártico, provocador, en el que desnuda ya no su propio dolor, sino las miserias de la humanidad que él observa y se propone compartirlas con el espectador, le guste o no al público. Su relato se convierte en una poética que surge del sufrimiento del que ahora es más consciente que nunca, al menos es lo que se presume al escuchar esos relatos, que esconden rabia, angustia, odio e impotencia ante aquello que uno sólo no puede solucionar, hace falta la unión colectiva de unos y otros para lograrlo. Por eso el dramaturgo-director hace su convocatoria explícita al público.
Este Hamlet mezcla el teatro de cámara con el teatro documental, al que le suma algunas canciones interpretadas por Julian Meding en tonos punk (desafina los acordes, su voz se vuelve algo imperativa). La estética es minimalista. Meding está solo en el escenario del Coliseo. Lo acompaña una silla, un micrófono, una pantalla y una cámara que lo filma en directo y proyecta imágenes suyas. Más tarde se sumarán imágenes documentales de un asilo de ancianos. En algunos tramos el oratorio se complementa con un grupo de música barroca, que lamentamos no tenga un mayor protagonismo en la propuesta.
El espectáculo tiene la intención de cuestionar, de “molestar” al público, como si de un acto de rebeldía se tratara. Pero sólo logra convertirse en una propuesta monótona, desgastada por el tiempo (la partida de espectadores de la sala fue numerosa), carente de emocionalidad. Sólo la sonrisa tierna de un señor mayor en silla de ruedas y las caras asombradas o llenas de sorpresa de los ancianos a los que filman en un geriátrico –cuyas imágenes se proyectan–, consiguen despertar emociones compartidas en el espectador. Pero esto ocurre recién en la mitad del espectáculo. Hasta esos instantes y después, Julian Meding ilustra muy bien físicamente su rol de personaje andrógino y queer que se le asignó, pero no le aporta ninguna emocionalidad. Es más bien frío, distante

No hay comentarios.:

Publicar un comentario

Nota: sólo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.