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viernes, 12 de enero de 2018

EN "EL ESPACIO MENTE ABIERTA"; LAURA DI MARCO


Heridas de un país con estrés postraumático
Las dolorosas experiencias políticas que sufrió la Argentina deben ser elaboradas para poder avanzar hacia una nueva etapa
Laura Di Marco
Millones de argentinos viven en estado de alerta, envueltos en esa sensación de inminencia de que "algo" -malo, ciertamente- está a punto de suceder. Son prisioneros de fantasmas del pasado. Tienen memoria del caos. Vivieron la dictadura, las hiperinflaciones, las recesiones, los saqueos, la explosión de la bomba de tiempo de la convertibilidad, el "que se vayan todos". Leen el presente con ojos en la nuca. Un presente que siempre tiene interpretaciones exageradas. Para ellos, un petardo es un incendio y una lluvia de piedras contra una valla es 2001. Son los que compraron dólares -y perdieron- el día que el equipo económico recalculó las metas inflacionarias y los que entraron en pánico con las escenas de violencia, mientras se debatía la reforma previsional. Son los que pasaron los 45 años. Son los sobrevivientes.
Esos sobrevivientes sostienen la creencia de que "en la Argentina todo termina mal", "que sólo el peronismo puede gobernar" y, por ende, que "ningún presidente no peronista logra terminar su mandato". Aunque se trata de creencias ancladas en la realidad -hechos que, efectivamente, sucedieron en el pasado-, también son un efecto político del trauma. Este universo es el que experimenta el gobierno de Cambiemos con un dramatismo extremo, en la misma sintonía que el "círculo rojo": factores de poder y ciudadanos ultrainformados.
En cambio, los hijos y los nietos de esos sobrevivientes exhiben otras secuelas: no esperan mucho de los políticos y se conforman con poco, aunque necesitan pruebas. Según Isonomía, está formado por un 50% de la sociedad. ¿Y qué clase de pruebas necesitan? Pequeñas, pero concretas. Obras que mejoren su metro cuadrado, como dirían los encuestadores, o le reduzcan algún miedo. El miedo a que se inunde el barrio en el que viven, por ejemplo, o a tener un accidente mortal, en una ruta destruida. La historia del caos argentino formateó una sociedad de vara baja y umbral de tolerancia alto. Esa porción de la Argentina -los "frustrados", como los llama Juan Germano- sólo conecta con la política de modo intermitente: una desconexión que también podría ser leída como fruto de la decepción. Y no hay mejor antídoto para evitar la desilusión que bajar las expectativas.
Germano abona esta tesis con el resultado de los sondeos: "La mayoría de los argentinos no quiere vivir en Puerto Madero. Si vive en Berazategui, quiere seguir viviendo allí, pero mejor. Por eso el metrobús o la cloaca significan calidad de vida: 20 minutos más de sueño o disminuir las enfermedades por falta de agua potable. Y eso ya es un generador de apoyo". Muchas intendencias siguen la misma lógica: no deslumbran con un gran delivery de políticas públicas, pero lo poco que hagan, si impacta en la vida cotidiana, alcanza.
En un país más estable que la Argentina, un anuncio sobre el recálculo de la meta inflacionaria hubiera provocado una crisis de apoyo. Pero en la Argentina con estrés postraumático y pánico a los picos inflacionarios, no. ¿Por qué? Porque mientras la inercia sea hacia la baja, es suficiente, aunque la tendencia sea más lenta. Es por eso que la mayoría compró la nueva narrativa oficial: "La recuperación ahora será más lenta, pero el país está mejorando".
Escribir la historia, escribir el trauma es un texto de Dominick LaCapra que ofrece pistas sobre las sucesivas tragedias argentinas. LaCapra es historiador, pero añade conceptos del psicoanálisis -como melancolía, acting out y elaboración- para profundizar la comprensión de procesos económicos y políticos. En sus trabajos distingue entre quienes han sido víctimas directas del trauma -pongamos aquí a los argentinos mayores de 45 años- y quienes vivieron esos hechos de un modo más indirecto, como los hijos o los nietos: en este casillero se ubica el 40 % del padrón electoral actual. Son quienes nacieron después de la dictadura.
LaCapra calificaría como un acting out (una repetición o puesta en acto del pasado) la minicorrida cambiaria del 28 de diciembre, que colocó el dólar en 19 pesos, para luego desinflarse rápidamente, al día siguiente. Desplegada, la idea es esta: el acting out, que siempre es impulsivo, es un producto del trauma. Aunque haya resultado una inversión ilógica, es emocionalmente lógico que quienes sufrieron grandes pérdidas con las sucesivas crisis económicas hayan salido a buscar un refugio conocido.
En sus focus groups, el psicólogo Federico González, de González y Valladares, retrata los estados de ánimo de una Argentina lastimada. Esos tránsitos son tres: el infierno -pongamos 2001-, el limbo -podría ser ahora- y esos pequeños momentos de felicidad, como la primavera democrática o la falsa burbuja de la convertibilidad. González cree que hoy estamos en una suerte de limbo, que navega por la incertidumbre. "Muchos no toleran la incertidumbre e inconscientemente quieren que pase algo, aunque sea malo", arriesga.
¿Podría pensarse la melancolía como otro subproducto del trauma? En los años sesenta y principios de los setenta, la Argentina tenía apenas un 5% de pobreza y la movilidad social de la clase media exhibía indicadores palpables. Sin embargo, las crónicas periodísticas de la época no reflejaban esa prosperidad. En verdad, no había nada parecido a una percepción colectiva de prosperidad. El tono, más bien, seguía siendo de queja e insatisfacción.
Pérdida y ausencia suenan parecido, pero sus efectos políticos son muy distintos. Tal es la tesis del trabajo de LaCapra, a pesar de que ambos conceptos suelen usarse indiscriminadamente en la investigación histórica. Él usa esa distinción para desenmascarar mitos. Lo explica así: pérdida indudablemente implica una ausencia, pero lo inverso no necesariamente es cierto. ¿La idea de la Argentina potencia tuvo, alguna vez, bases reales o es parte de un mito nacional? En la narrativa emocional de los argentinos habita la creencia de que estábamos destinados para grandes cosas -"condenados al éxito", como diría Duhalde-, pero esa grandeza nos fue injustamente arrebatada, en algún punto del trayecto. La melancolía por esa supuesta pérdida -que tal vez siempre fue sólo ausencia- es la lente a través de la cual miran los argentinos que entran en la categoría de sobrevivientes.
El italiano Loris Zanatta suele decir que la Argentina exagera su propia importancia porque, en el fondo, tiene un complejo de inferioridad. "Sólo quien se siente inferior tiende a sobreactuar. Perón soñaba con una Argentina de 100 millones de habitantes, nutrida por la inmigración. La Argentina potencia. Nada de eso sucedió: fue un fracaso, que hoy se lee como un éxito. Y ese es parte del problema, que los fracasos se lean como éxitos".
El psiquiatra francés Boris Cyrulnik es un explorador del término resiliencia, que hoy se puso de moda. Se aplica a personas, pero puede extrapolarse a sociedades. La resiliencia es la reanudación de un nuevo desarrollo, después de un trauma. ¿Y de qué depende que ese proceso resiliente se active o se aborte? Según él, del sentido que le otorgamos a esa experiencia. Las heridas se transforman (porque no desaparecen) cuando las resignificamos: por eso, cuando no comprendemos, quedamos prisioneros del pasado.

jueves, 4 de enero de 2018

EN "EL ESPACIO MENTE ABIERTA"; PROCRASTINACIÓN


Cómo empezar el año sin la presión de lo que ha quedado pendiente
La postergación reiterada de las metas propuestas puede ser indicio de que en verdad no eran deseadas
Miguel Espeche




Llega fin de año y la celebración de siempre se hace presente, con los brindis, los deseos de prosperidad y las comilonas tradicionales. Sin embargo, varios trasfondos no demasiado tenidos en cuenta habitan la festividad. Uno de ellos es la certeza de que ese nuevo año, aún nonato, no viene libre y rozagante, sino que carga sobre sus espaldas varios "karmas" que influyen en él y lo envejecen antes de tiempo.
Una parte de ese karma es, otra vez, la lista de cuestiones pendientes (proyectos, obligaciones, decisiones) que tantas personas traen de arrastre, y que está allí, larga y pesada, acechando como deuda que pasará a engordar la agenda de 2018. Sabemos que la celebración de final del ciclo es usada tradicionalmente como un momento de balance. Allí se ponderan logros y tropiezos en diversas áreas, que van desde lo laboral y económico hasta lo afectivo y espiritual.
Aquello que "faltó hacer", según ese balance, suele influir en el ánimo, generando culpa y pesadumbre, sobre todo cuando se presta más atención al "debe" que a los logros que durante el mismo año se han tenido. Lamentablemente todavía vive y goza de buena salud aquella falsa idea que dice que al señalarse sólo los yerros o faltantes las cosas mejorarán. La realidad demuestra que eso no es verdad .
Hoy en día los consultorios de psicoterapia atienden a un gran número de personas que sufren la sensación de que "nada alcanza" para satisfacer imperativos a veces autoimpuestos. La queja es que siempre falta algo y no se da abasto, por lo que se terminan postergando cuestiones que quedan allí, en el limbo de lo adeudado.
¿Cuál es la causa por la que dejamos para el final la dieta para adelgazar, pintar el living, visitar al dentista, tomar un café con aquel viejo amigo, y tantas cosas que aparentemente son importantes y deseables, que emergen cuando la burbujeante copa se eleva y se mira al horizonte del nuevo año?
Vale explorar la "revolucionaria" posibilidad de que aquello que dejamos para "después" sea, de una u otra forma, algo que realmente no necesitamos tanto como creemos y que gran parte de los temas postergados sean cosas que, lisa y llanamente, no tenemos ganas de hacer, al menos por ahora.
Será interesante explorar la validez de ese "no tener ganas", en vez de pelearse con ello, sintiendo la misma culpa que se sentía antaño cuando lo pecaminoso perseguía a todos con su dedo admonitorio.
La palabra procrastinación es la que signa (negativamente, por cierto) esa tendencia a dejar para mañana (o para el año que viene) lo que "deberíamos" haber hecho lo antes posible. Empezar un curso, casarse, separarse, ser más eficaces en el trabajo, leer más, comer más verduras, enamorarse, empezar yoga, visitar a los tíos, comprarse un perro, viajar... tantas cosas quedan en el tintero sin plasmarse a la hora de evaluar el año que pasó, tantas que abruman.
Sin desconocer lo negativo de ciertas postergaciones de cuestiones importantes (un chequeo médico imprescindible, por ejemplo), digamos que es válido no disparar contra la postergación de las cosas sin antes preguntar: "¿quién vive?". Es importante salir en defensa de algunas postergaciones, sobre todo si entendemos que suelen ser un sinceramiento que sirve para entender el verdadero mapa de lo que somos.
Estamos tan acostumbrados a vivir "teniendo que" hacer las cosas (más que "queriendo" hacerlas) que hasta lo que se dice anhelar sabe a obligación. Mientras el "tengo que" genera agobio, cansancio y sensación de que nos quitan la energía, el "quiero" retroalimenta el tono vital, en clave de entusiasmo.
Para ahondar en este fenómeno ayuda la lectura del imperdible artículo que escribió Sebastián Campanario hace pocas semanas. Con el título Crisis de energía vital, la sociedad del cansancio, el texto alude, con singular lucidez y exhaustividad, al fenómeno masivo de agobio sufrido por un creciente número de personas, que se cifra en el hecho de estar siempre ocupados y presionados, nunca terminando de llegar a la meta, en una vida en la que hasta ser feliz es una exigencia y no serlo es un pecado del que sólo hay un culpable: el "infeliz" del caso.
La innovación permanente, la exigencia de ser "singular", el no quedarse atrás en la competencia, la obligación de maximizar ganancias hasta el infinito, la incomprensible mala prensa que tiene la "zona de confort" (una zona tan grata y útil, por cierto), entre otras cuestiones, son parte del escenario que describe muy bien el artículo y que tanto se ve en la realidad cotidiana.
Estas exigencias calladamente transparentan un sordo "talibanismo" que castiga lo que no sea seguir una agenda destinada a la "eficacia total". Se ve allí una nueva inquisición con buenos modales, que percibe como pecaminosa la siesta, el dejar fluir ciertas cosas con espontaneidad, el gozar lo que se tiene y lo que se es, percibiendo como flojera la ausencia de "hambre" para ganarlo todo y mirando con malos ojos el deseo de simplemente "estar", bendiciendo solamente el "avanzar", "vencer" o "acumular" en las cuestiones de la vida.
Así las cosas, no hay agenda que pueda cumplirse, dado que lo que "falta" para satisfacer tantos requisitos es algo parecido al infinito. En esa pretensión, la dimensión de lo faltante es inconmensurable y, si para sentir satisfacción hay que llegar al infinito, se entiende la angustia.
Cuando se abordan las cosas de esa manera, el hacer humano es como un número que se multiplica por el cero. El resultado de cualquier operación, en ese caso, da cero siempre, lo que explica la vivencia de vacío de tantos que sienten que terminan el año agotados, y que, para colmo, ese esfuerzo no se nota.
Ahora bien, ¿cómo se sale de esa trampa? El balance "findeañero" se acerca y la huella está tan marcada que cuesta dejar de percibir con agobio y exigencia los temas que hemos dejado pendientes para 2018. Sin embargo, hay esperanzas de permitir que el año nuevo sea realmente nuevo y no uno viejo, reciclado.
Una sugerencia en tal sentido es utilizar la situación para un sinceramiento: ¿realmente es deseable eso que quedó para el final de listado de cosas que se habían planificado? Porque una cosa es desear de corazón algo determinado (comprar un auto, meditar, mejorar el vínculo con los hijos, adelgazar) y otra es desear cumplir con un requisito o un imperativo para contentar a "otro" (persona o idealización), lo que nos transforma en chicos que no hicieron la tarea del colegio, pero juran que mañana la harán, besando los dedos en cruz.
El deseo entusiasma y hasta ofrece energías para sufrir algunos avatares en el camino (un maratonista sufre el cansancio, pero le vale porque desea llegar a su meta). En cambio, el sentimiento que surge de lo que quedó pendiente es presión, agobio, culpa... todo, menos entusiasmo genuino.
Será bueno que el nuevo año sea depositario de sueños y deseos, y no de viejas deudas y angustias. La procrastrinación puede no ser tan mala, por cierto, sobre todo cuando la entendemos y no sólo la enjuiciamos, condenándola al lugar de la neurosis, sin preguntarle qué nos quiere decir.
Psicólogo y psicoterapeuta

miércoles, 13 de diciembre de 2017

EN "EL ESPACIO MENTE ABIERTA"; JORGE FERNANDEZ DÍAZ


JORGE FERNÁNDEZ DÍAZ




Asistimos a un nuevo episodio en la larga serie de desavenencias conyugales entre el peronismo y el Código Penal. El manual de toda la vida indica, en esta clase de apuros, que garpa más ser el payador perseguido que el reo en regla. Y la experiencia enseña que en una sociedad con síndrome de Estocolmo, donde cada paisano se considera una víctima, siempre hay gente predispuesta a identificarse con el caído y a comerse el amague; a clamar lastimeramente contra la impunidad y a derramar a los cuatro vientos que en la Argentina es imposible avanzar sobre los culpables, y cuando por fin alumbra un fallo, a reaccionar con temor, desconfianza y gataflorismo intelectual. Hacemos campaña por la nieve y después nos quejamos del frío. Nos pasa a casi todos, y me pongo a la cabeza de esa lista: sólo quiero un juicio justo, y la cadena de preventivas, los precedentes que siembran y la cantidad de ex funcionarios presos sin sentencia firme me caen muy mal al hígado, independientemente de las antipatías que los ilustres convictos me provocan. Eso no me habilita para devaluar la investigación del juez, ni para involucrar al Gobierno en las imperfecciones del proceso.
Vamos por el principio, y que el árbol no tape el bosque. El titular de la DAIA definió la magnitud histórica de esta resolución: "Se ha demostrado que lo que decía Nisman era verdad". Los arrestos son, por supuesto, harina de otro costal, aunque hay en esto dos bibliotecas jurídicas en pugna. ¿Puede el instructor de un expediente reservarse para sí la prerrogativa de analizar el concepto general de un individuo y evaluar si este debe esperar su juzgamiento en una celda? Elemental: la respuesta surge afirmativa, cualquiera sea el teórico que opine. ¿Existen antecedentes como para pensar que este grupo de personajes obstruyó la Justicia precisamente en este trámite tan grave, y que sus miembros mantienen además logias en los juzgados, aliados en el Parlamento, contactos en los servicios de inteligencia y potencias extranjeras interesadas en ayudarlos? Aquí la respuesta flaquea, aunque prevalece la dudosa idea de que las bestias encubridoras de paladar negro ya han perdido las uñas. Puede ser, no estoy seguro, pero Dios quiera. Y en todo caso, ¿cuál sería la actitud que debería adoptar Mauricio Macri en el terreno? ¿Llamar por teléfono a Comodoro Py y torcer sus criterios, citarlo al presidente de la Corte Suprema y exigirle que cancele la "doctrina Irurzun", o directamente advertirles a los magistrados a través de la prensa los sesgos y jurisprudencias que deberían adoptar? Si diera cualquiera de esos pasos, le caeríamos encima con nuestros puñales de pureza por violar la independencia de poderes. Mientras no lo haga, se lo acusará de cómplice. Así es el juego. Por eso tal vez del laberinto se pueda salir únicamente por arriba, consensuando en extraordinarias una modificación al Código Procesal.
Otro problema político que se discute, aquí y ahora, es si corresponde que aquellas decisiones gubernamentales adoptadas por Cristina Kirchner sean judicializadas. Ella, por supuesto, afirma que no: el memorándum no se llegó a materializar y "fue un acto de política exterior aprobado por el Congreso argentino". También en este punto anidan controversias leguleyas (a pesar de algunos delitos obvios), pero en todo caso una vez más nos distraen de lo más relevante: la gran tragedia radica precisamente en que las tentativas y los tristes sucesos se consumaron cuando una presidenta tuvo en un puño a los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial. Esa abominable anomalía, que propició desvaríos autoritarios y un imperdonable seguidismo justicialista, es la que precisamente permitió el giro copernicano en las posiciones internacionales, un escandaloso intento de exculpación para imputados de terrorismo, la convalidación legislativa automática de todo este dislate, la protección judicial de los autores ideológicos de la movida, el acoso y tal vez el asesinato del fiscal que los denunciaba, la posterior operación de descrédito del muerto que se llevó a cabo de manera sistemática desde aquella ominosa Jefatura de Gabinete y el encubrimiento de los hechos que tuvo socios y amigos fundamentales en los rincones más poderosos de la burocracia, el poroso fuero federal y el inframundo del espionaje. Este virtual crimen de fondo y de Estado, quizás incluso más moral que jurídico, se perpetró con el concurso de todas las instituciones de una república hundida. Porque esas instituciones se habían transformado en meros instrumentos domésticos de una emperatriz. Quizás la figura de "traición a la patria" resulte en efecto insostenible desde un punto de vista penal, pero no lo es desde una idea más amplia, ética y filosófica. Porque ciertamente el kirchnerismo traicionó a la democracia. Y todo este repugnante festival nos refresca la patología que nos gobernó durante años, el espeluznante consenso social que tuvo y la complacencia progre que justificó toda aquella traición.
Ahora bien, ¿resulta posible juzgar con las leyes y las razones republicanas actos de un Estado populista encubridor y autolegitimado? Y este enigma nos lleva a otro argumento que sobrevuela el país: ¿alguien puede creer con seriedad que "el populismo ya pasó"? La verdad es que la ciudadanía y sus representantes operan sobre un populismo que sólo en su variante más extrema fue parcialmente derrotado en las urnas, pero que permanece como un pulpo de múltiples tentáculos y como un magma de cultura, estructura, costumbre, servidumbre, privilegios, mafias y secuelas múltiples. Para citar sólo un caso: la hipoteca económica heredada es el explosivo que todavía Cambiemos no puede o no sabe desactivar, y que sigue pendiendo con su espada de Damocles sobre nuestras cabezas asustadas, donde después de décadas de accidentes macroeconómicos y desilusiones, cualquier petardo de fin de año nos parece el principio de la guerra del Golfo. El pasado no pasó; está presente y palpitante, y el mundo se da cuenta. Por más entusiasmo que exista en algunas naciones desarrolladas -aquellas que a cambio de inversiones perennes nos reclaman seguridad jurídica y voluntad de normalización- nadie puede allí creer que los argentinos hayamos sepultado por fin nuestra vocación suicida. De lejos, los últimos acontecimientos pueden hacer pensar que no escarmentamos: submarinos que desaparecen y rumores de viejas corrupciones (imagen rediviva de nuestra impericia y decadencia), mapuches baleados por la espalda (para fortalecer a Prefectura y responder a la demanda de orden no hace falta cerrar filas apresuradamente con ningún uniformado que haya protagonizado una turbia reyerta) y una sucesión de "opositores" detenidos a velocidad del relámpago (por más que se trate de los sospechosos de siempre). El peronismo, a su vez, le va mostrando al mundo sus miserias y venalidades, y confirmando en los tribunales el prejuicio universal: no es la primera vez que cobija entre sus filas a notorios antisemitas ni a aliados de fundamentalistas islámicos; la comunidad judía mundial tiene memoria. Nisman fue ejecutado, según indican las pericias, en la estela de toda esta basura impune. Y Pepe Elisaschev fue basureado día y noche desde la administración pública por atreverse revelar la infamia que se estaba cocinando. Tanto si se relativizan alegremente los fallos, como si estos malogran la búsqueda de la verdad última y la sanción efectiva de los responsables, habremos perdido. Una vez más.

jueves, 7 de diciembre de 2017

EN "EL ESPACIO MENTE ABIERTA" JUSTICIA


Ciudadanos que no confían en la Justicia
Las críticas al sistema judicial generan problemas de legitimidad cuando se llega a poner en duda la obligación de cumplir con las leyes
Marita Carballo



Estamos viviendo una época de grandes cambios y transformaciones sociales, políticas, económicas y tecnológicas. El proceso de globalización se desacelera y aumentan el desencanto y la pérdida de confianza en la democracia en gran parte del mundo occidental, mientras crecen los partidos populistas de derecha y de izquierda. Nos encontramos frente a una crisis de representatividad que aleja a la clase política de la ciudadanía y crea una peligrosa distancia entre ambas.
Nos enfocaremos en la Justicia por su relevancia como órgano independiente y por tratarse de uno de los tres poderes que hacen a la república. Además, porque en una comparación internacional detectamos que en nuestro país, así como en varios países latinoamericanos, esta institución genera baja confianza, a diferencia de lo que sucede en la mayoría de los países europeos, norteamericanos y asiáticos. El último estudio de opinión pública de Voices! a nivel nacional, sobre la base de 1000 entrevistas personales sobre la Justicia en la Argentina -que contó con la participación de seis universidades-, muestra la profunda crisis de credibilidad que la afecta. El trabajo indagó sobre los niveles de confianza en la justicia argentina y en la opinión sobre sus distintos actores: fiscales, abogados, jueces, Corte Suprema , Consejo de la Magistratura , las experiencias con el Poder Judicial, opiniones sobre la mediación, niveles y medios de información sobre cuestiones judiciales, rol de Internet y actitudes y comportamiento de los ciudadanos.
De esa indagación surge que los argentinos consideran a la Justicia ineficiente a la hora de solucionar problemas y hay además una percepción generalizada de la existencia de graves faltas a la ética dentro de ella. Se percibe a la Justicia alejada de la población, hasta el punto de no cumplir con su misión básica (ser justa/equitativa), ya sea por aparecer demasiado ligada al poder político de turno como por no solucionar con rapidez y eficiencia los litigios. Este deterioro en su imagen provoca una generalizada sensación de desprotección: entre 8 y 9 de cada 10 argentinos desconfían de la Justicia(78%), se sienten poco o nada amparados por ella(77%), sostienen que no es igualitaria (89%) y que favorece más a los ricos y poderosos (84%). Esta falta de imparcialidad también está vinculada a los jueces: casi siete de cada diez personas creen que no son independientes del gobierno (sólo el 21% piensa que sí lo son ) y el escepticismo se extiende a las personas que trabajan dentro del Poder Judicial: abogados, fiscales miembros de la Corte Suprema y Consejo de la Magistratura. Se cuestiona fuertemente la no igualdad ante la ley, la falta de transparencia y la inefectividad de su aplicación.
La Justicia aparece muy ligada a la corrupción. Es el primer problema a los ojos de la población (el 58% así lo señala ), seguido de cerca por la excesiva lentitud en la resolución de las causas judiciales(54%). Ambos temas se destacan muy por encima de otras cuestiones que también se mencionan, como la cercanía entre la Corte y el poder político, la manera en que se eligen los jueces, la legislación desactualizada, la falta de capacitación o idoneidad, la falta de recursos y los sueldos. Este escepticismo de la ciudadanía respecto de quienes desde la función pública están llamados a defenderla y protegerla simboliza el actual divorcio entre los individuos y la institución. Las expectativas no son alentadoras ya que la mayoría piensa que no mejorará en los próximos años y que empeoró o permaneció igual en los últimos cinco.
Sin embargo, la mayoría de quienes han tenido litigios judiciales evaluaron positivamente la forma en que estos se resolvieron (62%). Lo cual nos habla de que la evaluación general sobre la Justicia está más asociada a la visión que se tiene del fuero federal -donde se tramitan las causas de mayor impacto político y con mayor presencia mediática- que otros fueros de la Justicia.
Las críticas al sistema judicial generan problemas de legitimidad: encontramos porcentajes significativos de personas que declaran que no siempre se debe obedecer a la ley. Por ejemplo, las opiniones están divididas acerca de si siempre se deben aceptar o no las decisiones de la policía y un tercio de los entrevistados sostiene que está en desacuerdo con que si un juez ordena en juicio a alguien que le pague a otra persona un daño, esta deba pagarle aun si cree que el juez está equivocado. Esto nos habla de una población con poco apego a la ley, poco respeto a la autoridad y el cumplimiento de las normas. Recuerda el libro de Carlos Nino sobre un país al margen de la ley. El problema viene de lejos y no lo hemos resuelto todavía.
Hace ya casi 20 años, en el primer semestre de 1998, dirigí una investigación en Gallup entre jueces nacionales, en la que señalaba como conclusión del estudio que los mismos jueces reconocían ampliamente el descrédito de la Justicia a los ojos de la gente. Se lo atribuían a múltiples motivos y aludían fundamentalmente a cinco causas: los propios jueces (algunos magistrados deshonestos que empañan con su proceder a la mayoría; otros que se exponen desmesuradamente en los medios); los medios de comunicación (excesiva difusión de hechos de corrupción o de casos resonantes); la dependencia de la Justicia respecto del poder político (jueces influidos por el gobierno), y la lentitud y la burocracia en la resolución de conflictos (por recargo de tareas, procedimientos inadecuados, fallas de infraestructura, falta de personal, escasa informatización) y la forma de selección de los jueces (poca transparencia y poca idoneidad de algunos elegidos).
Además mencionaron posibles caminos para paliar este deterioro: implementar mecanismos más objetivos de selección de jueces (carrera judicial, concursos, Consejo de la Magistratura confiable, Corte Suprema no politizada), mostrar transparencia y austeridad (separar a los jueces corruptos, mayor control), capacitación judicial, simplificación de procedimientos (juicios abreviados, tribunales de menor cuantía), entre otros. Este estudio y las sugerencias de los jueces aparecen hoy, pese al paso del tiempo, como de gran actualidad.
Estamos frente a un fuerte desafío. La baja confianza en la Justicia ya lleva décadas. Se requieren profundos cambios que impacten en una mayor eficacia y transparencia en la administración de justicia. Para ello se necesitan, sobre todo, una firme decisión política y la colaboración e involucramiento de la clase dirigente, los jueces y otros actores del mundo judicial, los intelectuales, empresarios y la sociedad civil.
También tenemos nuestra parte importante de responsabilidad los ciudadanos. Es clave que todos asumamos la responsabilidad de observar la ley y las normas en nuestra vida cotidiana. Entre todos podremos alcanzar una justicia mejor.

Presidenta de Voices! Vicepresidenta/presidenta electa Asociación Mundial de Opinión Pública (Wapor)

jueves, 23 de noviembre de 2017

EN "EL ESPACIO MENTE ABIERTA"; JUAN CARLOS DE PABLO



Quien utilice los servicios de ómnibus en la ciudad de Córdoba abona $ 13,58 por viaje, mientras que quien utilice los que se prestan en la ciudad autónoma de Buenos Aires (CABA) paga a lo sumo $ 6,50. Nadie puede creer que el ingreso promedio de los habitantes de La Docta más que duplica el ingreso promedio de los habitantes de la Capital Federal. ¿Por qué "ellos" lo pueden pagar y parecería que "nosotros" no podemos?
Al respecto consulté al francés Jean Jacques Emile Cheysson (1836-1910), quien estudió en la Escuela Politécnica y en la Escuela de Puentes y Canales, integrando el prestigioso cuerpo de ingenieros economistas formados en Francia, que entre otras cosas nutre al funcionariado permanente de dicho país. Según Robert Francis Hebert, "su obra muestra un nivel de originalidad y sofisticación, en materia de economía espacial, sin parangón entre los economistas en Francia".
-¿Con qué criterio hay que fijarlas tarifas de los servicios de transporte?
-Transportar seres humanos implica utilizar recursos, como los servicios laborales del conductor, el costo de la fabricación y el mantenimiento de los rodados. Por consiguiente, la pregunta tiene que transformarse en la siguiente: ¿quién paga los costos en los que una comunidad tiene que incurrir para que los seres humanos se puedan transportar de un lugar a otro?
-¿Su respuesta?
-Candidatos: los pasajeros, los contribuyentes impositivos a través del subsidio explícito de la operatoria o los tenedores de pesos, a través del proceso inflacionario que se genera si el déficit del servicio se financia con emisión monetaria.
-Usted no tiene corazón, el transporte es una necesidad...
-Tengo corazón, pero también tengo cabeza. Se puede decidir regalar el transporte en ómnibus, subte o tren, pero no se les puede pedir a los choferes, mecánicos y pintores que trabajen gratis, porque el servicio que prestan satisface una necesidad imperiosa. Cuando el demandante no paga y el oferente cobra, alguien pone la diferencia.
-¿Y entonces?
-Como criterio general, el usuario del servicio de transporte es quien tiene que afrontar los gastos.
-¿No se podrían hacer excepciones?
-Dije como criterio general, de manera que puede haber excepciones. Lo que hay que saber es que cuando algún pasajero no paga, el resto, los contribuyentes o los tenedores de pesos, lo hace. "Solidaridad no votada", que le dicen.
-Con las excepciones se puede usar,pero también abusar.
-Efectivamente, porque quienes las solicitan argumentan de manera contundente, pero quienes las otorgan no siempre tienen presente la necesidad de buscar financiamiento alternativo. Por ejemplo: tengo entendido que en la ciudad de Buenos Aires la tercera parte de los pasajeros abona la denominada "tarifa social". Es decir que no solamente pagan menos de la mitad de lo que abonan sus compatriotas, quienes viven en la ciudad de Córdoba (o en muchas otras ciudades de interior del país), sino que encima negociaron y lograron una rebaja.
-¿Qué sugiere?
-Que las excepciones se adjudiquen de manera restrictiva. ¿Tienen todas que ser incondicionales o podrían limitarse a horarios donde la demanda es menor?
-¿Cómo se explica la diferencia entre lo que pagan los porteños y lo que abonan en otras ciudades por un mismo servicio?
-Por razones mucho más políticas que económicas. En efecto, de repente alguna ciudad del interior del país, poco poblada, tiene costos de transporte superiores a los que existen en una jurisdicción muy densa. Particularmente si la autoridad que otorgó la concesión le exige al concesionario que preste el servicio con determinada frecuencia y hasta destinos bien alejados del centro de las ciudades.
-Buen punto...
-Pero no me diga que este argumento se puede aplicar al caso de la ciudad de Córdoba, que en densidad y características seguramente se parece mucho a la ciudad de Buenos Aires. En todo caso, la diferencia no puede explicar la distancia que existe entre $ 13,58 y $ 6,50.
¿Qué quiere decir, que las razonesson más políticas que económicas?
-Que estamos delante de uno de esos casos donde, como dice el refrán, "nadie le quiere poner el cascabel al gato", pero seguramente que la cuestión formó parte de las negociaciones que actualmente está llevando a cabo el Poder Ejecutivo Nacional con los gobernadores.
-Explíquese.
-La penosa pero inevitable labor de recomposición de las tarifas de las empresas privatizadas o concesionadas durante la década de 1990, consecuencia de la fuerte distorsión que se produjo luego del abandono de la convertibilidad, justificable en un primer momento pero en modo alguno durante más de una década, avanzó mucho más en los casos de energía y gas que en el de transporte. Ahora bien, desde el punto de vista del gobierno nacional, mientras en el caso de la energía abarca a todo el país, en el del transporte el ámbito de aplicación está localizado en la Capital Federal y el Gran Buenos Aires. Sería lógico que, como parte de la negociación, cualquier gobernador -menos la de la provincia de Buenos Aires- buscara agregar esto al "paquete" que se está negociando.
-Don Juan, muchas gracias.

lunes, 20 de noviembre de 2017

EN "EL ESPACIO MENTE ABIERTA"; ANALÍA ARGENTO


Cómo se repartirán los cargos y el poder en el nuevo Parlamento
Por Analia Argento




A partir del 10 de diciembre Cambiemos tendrá una mayor representación en el Congreso nacional, aunque no suficiente para sancionar leyes sin ayuda de una porción de la oposición. Quedará, entre propios y aliados, a 20 diputados de tener mayoría propia. A partir del 10 de diciembre también arranca la segunda etapa parlamentaria de la gestión de Mauricio Macri y ambas Cámaras pueden convertirse en trampolín para quienes tengan aspiraciones electorales hacia el 2019. Entre uno y otro escenario, el legislativo y el electoral, tanto el oficialismo como la oposición iniciarán en los próximos días tironeos propios del calendario parlamentario para definir autoridades de Diputados, Senadores, comisiones y bloques. Por ahora sólo reconocen conversaciones aisladas dentro del peronismo, mientras que Cambiemos se concentra en las leyes que el Presidente enviará al Congreso, que son la primera prioridad.
El bloque que la tiene más difícil es el Frente para la Victoria. Tras los anuncios del Gobierno, el Frente Renovador, el Bloque Justicialista y algunos diputados y senadores del PJ, acudieron juntos a reuniones con los ministros de Economía de las provincias peronistas en el Consejo Federal de Inversiones y en el ministerio de Hacienda. Incluso, en una de ellas estuvo Axel Kicillof, aunque el saliente Héctor Recalde no acudió a la cita en el CCK, invitado oficialmente. Recalde deja vacante su cargo, termina su mandato y hay quienes impulsan a algún histórico peronista para ocupar su lugar. José Luis Gioja tiene aspiraciones en ese sentido ya que apunta a la reunificación, a superar la etapa kirchnerista y nunca renegó de figuras como Diego Bossio, ex titular de la Anses, a quien los diputados de La Cámpora no pueden ni ver.
Incluso Cristina Kirchner ha mandado a conversar a los suyos con los que se fueron del PJ para avanzar en la unidad del peronismo, que en el Congreso podría frenar, en conjunto, iniciativas de Cambiemos. Pero si durante dos años hubo visiones diferentes y, salvo el núcleo duro K, el resto estuvo abierto a una "oposición constructiva", parece utópico que los diputados de Unidad Ciudadana comulguen con renovadores, justicialistas y el Movimiento Evita. Frente al desafuero de Julio De Vido hicieron falta dos días de discusión para unificar un criterio que no se cumplió a rajatabla dentro del FpV. Los rebeldes fueron apenas un puñado y detrás de ellos terciaron gobernadores como el sanjuanino Sergio Uñac, el tucumano Juan Manzur y el peronismo de Chubut.
Las conversaciones están encadenadas y no serán fáciles de saldar porque lo que se juega también es el futuro del peronismo y el rol del kirchnerismo más duro. Entre las espadas K que dejan el Congreso se alistan Recalde, Juliana Di Tullio, Teresa García, Diana Conti y Edgardo Depetri, entre otros. Entran en su lugar otros diputados electos de 'paladar negro' como Fernanda Vallejos, Vanesa Siley, Leopoldo Moreau, Hugo Yasky, Mónica Macha (esposa de Martín Sabbatalella). También llegan Daniel Scioli, que desde su derrota mantiene el perfil más bajo que puede, y Fernando Espinoza, ex intendente de La Matanza, que busca su reelección como titular del PJ bonaerense, donde ya tiene varios competidores. El massismo (que ya no tendrá a Sergio Massa en una banca pero sí a Graciela Camaño y Felipe Solá) congenia con el Bloque Justicialista de Bossio y con los peronistas que responden a sus gobernadores como los entrerrianos, rionegrinos y cordobeses por ejemplo. Un dato aparte: Margarita Stolbizer termina su mandaro y el GEN no tendrá ya ningún diputado.
Tras el impactante resultado electoral, Cambiemos pasa por un excelente momento al punto que parecen haberse acallado internas en el Palacio. Dicen que el oficialismo en el Congreso mantendría a Emilio Monzó al frente de la Cámara como premio a la experiencia y ante la necesidad de habilidad política para terciar con la oposición y manejar la Cámara. Lo mismo avala a Nicolás Massot y Mario Negri, aunque, en el caso de los radicales, también se juega un rompecabezas más amplio que incluye en el reparto la presidencia del Comité Nacional y el poder en uno de los principales distritos como es el cordobés.
Para las comisiones no se anticipan grandes cambios, con alguna excepción. Al Gobierno le pueden interesar, además de las que ya dominan, las que están vinculadas con la leyes clave para las reformas laboral y previsional. La de Previsión hoy está en manos de Mirta Tundis, que acaba de renovar su banca, y la de Trabajo está en manos del justicialista Alberto Roberti, con mandato hasta el 2019. Entra al Congreso Graciela Ocaña y sobrevuela la pregunta de si podría ir a Previsión para tener un lugar más visible, al igual que Guillermo Montenegro, a quien podrían elegir para la Bicameral de Seguridad. La presidencia de Energía está vacante: Julio De Vido está suspendido pero el Gobierno no tiene proyectos para el área que pudiera poner en riesgo un titular opositor, admiten.
En el Senado, los gobernadores se alinearon detrás de Miguel Ángel Pichetto y lo quieren como garante del diálogo con la Casa Rosada. "Depende de qué haga ella", dicen algunos de los que conversan con el senador en referencia a si Cristina Kirchner permanecerá en un bloque propio, Unidad Ciudadana, con media docena de senadores acompañándola. Si el bloque de ella pudiera tener más integrantes y debilitara al justicialista, los senadores no K admiten que se sentarían a conversar para no perder fuerza.
El interbloque de Cambiemos quedará con paridad de fuerzas (12 para el PRO, 13 par la UCR) aunque dicen que está acordado que la presidencia quede nuevamente en manos de un radical, en el lugar que hoy ocupa Pedro Braillard Poccard tras la renuncia de Angel Rozas, con quejas por el trato recibido desde el PRO. Algunos ven allí al formoseño Luis Naidenoff (con aspiraciones para 2019 contra el poder de Gildo Insfrán) y Silvia Elías de Pérez, de Tucumán. Para ese cargo o la presidencia del bloque de la UCR, suenan también el santacruceño Eduardo Costa (que reiterará aspiraciones contra el kirchnerismo por la goberanción) y el riojano Julio Martínez.
Con la designación del nuevo embajador en los Estados Unidos, quedó clausurada la posibilidad de que Esteban Bullrich no asumiera para ocupar ese lugar. También que fuera un premio para Federico Pinedo, a quien algunos creen podría reemplazar Humberto Schiavoni, senador electo de Cambiemos en Misiones, hombre de máxima confianza de Macri y futuro posible candidato a gobernador. Algunos experimentados creen que el Presidente no prescindirá de los buenos oficios y la cintura política de quien hoy es presidente provisional del Senado y que lo ratificará. Se define en estos días.

viernes, 17 de noviembre de 2017

EN "EL ESPACIO MENTE ABIERTA"....CENSO...ESCRIBE JUAN CARLOS DE PABLO



Comenzaron los preparativos para el censo de personas y hogares, que se realizará en 2020. Labor muy útil, pero muy costosa. ¿Qué habría que preguntar, en cada domicilio, para reducir los costos sin comprometer seriamente la calidad de la información que se obtenga? La distinción entre muestra y universo resulta muy apropiada al respecto.
Sobre el particular consulté al norteamericano Charles Frederick Mosteller (1916-2006), quien a partir de 1946 enseñó en la Universidad de Harvard, donde fue director fundador de su departamento de estadísticas. Considerado uno de los estadísticos más importantes del siglo XX, en colaboración con David Lee Wallace propuso una solución a uno de los grandes misterios de la ciencia política: ¿quién escribió 12 de los 85 Papeles Federalistas? Luego de tres años de investigación y aplicando técnicas bayesianas, concluyeron que los había redactado James Madison. El trabajo resultó pionero en lo que luego se denominó "estilometría".
-¿Para qué sirven los censos?
-Para reemplazar conjeturas y presunciones por información. ¿Quiere que le dé un ejemplo?
-Por favor.
-En 1798, Thomas Robert Malthus publicó, de manera anónima, la primera edición de su Ensayo sobre la población, donde alertó sobre lo que estaba ocurriendo con las tasas de natalidad y mortalidad en Inglaterra. Casi lo tildaron de loco, pero...
-¿Pero qué?
-En 1801, en Gran Bretaña se realizó el primer censo de población, y resultó que los ingleses eran más de los que se creía. Me imagino que cuando le pidieron disculpas a Malthus, este -clérigo y, por consiguiente, familiarizado con los nacimientos y las defunciones- debe de haber afirmado: "Te dije".
-¿Para qué otra cosa sirven los censos, además de para zanjar disputas?
-Los diputados representan a la población, así como los senadores a las provincias. Por consiguiente, la cantidad de los primeros que corresponde a cada jurisdicción depende de cuántos habitantes tenga cada una de ellas. Luego de cada censo de población corresponde modificar el tamaño de la Cámara de Diputados.
-Me convenció, quiere decir que la fortuna que hay que gastar no es dinero tirado a la basura.
-En efecto, lo cual no quiere decir que haya que derrochar, porque eso de que los recursos son escasos, y tienen usos alternativos, no sólo rige en la fabricación de caramelos, violines y cámaras fotográficas.
-¿Y entonces?
-En estadística se diferencia entre muestra y universo. El segundo es la totalidad de la variable en estudio, por ejemplo los habitantes de un país, las tintorerías que operan en una ciudad, etc.; mientras que una muestra es una porción del universo. La técnica estadística se ocupa de establecer criterios para extraer muestras representativas de un universo.
-Toda muestra está sujeta a error.
-Efectivamente, pero a veces consultar el universo resulta prohibitivo, y en otras ocasiones es técnicamente imposible. Ejemplo de lo segundo: la única manera de estar seguro de que todas las balas incluidas en una caja están en buenas condiciones consiste en dispararlas, pero entonces no servirían para utilizarlas en una guerra. Ejemplo de lo primero: podríamos preguntarles todo a todos, pero necesitaríamos demasiados recursos. Cuando se eligen cargos electivos hay que consultar al universo, ¿se imagina elegir al presidente de la Nación vía una muestra?
-¿Con qué criterios hay que diseñar una muestra?
-La muestra tiene que ser al azar, no tiene que ser sesgada y tiene que reproducir la estratificación que existe en el universo. Quien quiera averiguar la altura promedio de los estudiantes de una universidad no tiene que medir a su equipo de básquet; quien quiera averiguar lo que piensa una comunidad integrada por 10 católicos y 90 budistas no puede preguntar ignorando esta composición religiosa. Dado todo esto, el tamaño de la muestra depende del grado de error que se considere aceptable, puesto que un aumento del tamaño de la muestra reduce el error muestral.
-Usted me dijo que tiene una propuesta para ahorrar recursos en el próximo censo de población y vivienda.
-Efectivamente. Propongo que se le haga una sola pregunta al universo y todas las demás a una muestra.
-¿Cómo sería esto?
-En un censo de población y viviendas, la única variable que requiere ser preguntada al universo es la cantidad de habitantes. Porque este dato, por definición, no puede surgir de una muestra. De manera que los censistas tienen que ir a cada casa y, para evitar duplicaciones, preguntar cuántas personas pernoctaron allí en la noche anterior.
-¿Y el resto?
-Averiguarlo por muestras. En el caso de las personas, cuántos son hombres y cuántos mujeres, cuántos nacieron en la jurisdicción donde viven y cuántos migraron, cuántos terminaron la escuela primaria, cuántos la secundaria, etc.; todo esto puede surgir de muestras confiables, no hay que gastar recursos preguntándole a todo el mundo.
-¿Y en el caso de las viviendas?
-Exactamente lo mismo. Cuántas tienen piso de material y cuántas no, cuántas tienen televisión por cable y cuántas no, etc., nuevamente basta con trabajar con muestras confiables.
-Don Carlos, muchas gracias.

miércoles, 15 de noviembre de 2017

EN "EL ESPACIO MENTE ABIERTA"; JUAN LLACH


Una reforma impositiva para el desarrollo inclusivo y sostenible
Las distorsiones tributarias y el excesivo gasto público son un lujo muy caro que genera retraso, pobreza estructural y una estridente desigualdad
Juan J. Llach

 



Ningún país comparable con la Argentina tiene un sistema impositivo tan contrario como el nuestro a la inversión, al desarrollo y al progreso social. Por eso es muy auspiciosa la decisión del Gobierno de avanzar con una reforma tributaria. Con el objetivo de aportar al debate que ahora se inicia sintetizo aquí un trabajo realizado junto a Marcela Harriague y Ariel Melamud para la Fundación Producir Conservando.
Son cuatro los problemas principales de nuestro sistema. Excesiva presión impositiva, alta evasión, carga tributaria contraria a la inversión y a la competitividad, y baja recaudación y mala calidad de los impuestos progresivos. Según el FMI, la presión tributaria de la nación, las provincias y los municipios, en 2017, será de 35% del producto bruto interno (PBI) y agregando el impuesto inflacionario llegará a 36,8%, lo que nos ubica en el puesto 37 entre 114 países. El gasto público es altísimo (41,7% del PBI) y sólo inferior a 21 de 114 países. La presión tributaria y el gasto público de la Argentina superan así el promedio de los países desarrollados. Un lujo muy caro, porque su precio es el retraso, la pobreza estructural y una estridente desigualdad.
El segundo problema es la alta evasión, pese a mejoras recientes y al correcto rumbo estratégico de la AFIP. En el impuesto a las ganancias en la Argentina se evade la mitad de las cargas y en los impuestos al trabajo y el IVA, alrededor de un tercio. Nuestra evasión media es cercana al 40%, más del doble que en Chile (19,6%) y los países desarrollados (16,4%), y unas cuatro veces la de países nórdicos. Si el cumplimiento tributario fuera aquí como en Chile, se podrían eliminar todos los malos impuestos, anular el déficit fiscal y dejar así de endeudarnos.
Los impuestos distorsivos, que aumentaron muchísimo en este siglo, nos pesan como en ningún otro país. Al gravar las transacciones bancarias, las exportaciones, los ingresos brutos en cascada o las tenencias de dinero -por la inflación- se castigan la eficiencia, la inversión y la competitividad. En 2016, la recaudación llegó a 11,1% del PBI (8,1% sin impuesto inflacionario), contra 6,6% y 5,8% de Brasil, menos del 1% en Chile y Uruguay y 0,6% en los países desarrollados. Por esto no hay que sorprenderse de que en esta década se haya agravado nuestro síndrome antidesarrollo. Cayendo sostenidamente desde 2007, la inversión llegó en 2016 a apenas 14,8% del PBI, por debajo de 124 entre 143 países. Entre 2011 y 2016, el PBI por habitante cayó 6% y la inflación fue la tercera entres las más altas del mundo. Peor, casi imposible. Factores relevantes de este pésimo desempeño han sido las desmesuras fiscales mencionadas.
El cuarto problema es la baja incidencia y la mala calidad de los impuestos progresivos -a los ingresos y a la propiedad-, que recaudan sólo un 6,1% del PBI, contra un promedio de 13,1% en los países desarrollados y del 8% en Brasil, Chile y Uruguay.
Esto implica que la Argentina recauda por estos impuestos 200.000 millones de pesos menos que sus vecinos. El grueso de nuestra presión tributaria surge de impuestos al trabajo y de otros impuestos contrarios a la equidad, como los distorsivos ya mencionados y el IVA. Pero también hay muchas inequidades en los propios impuestos progresivos. El mínimo no imponible del impuesto a las ganancias personales, en proporción al ingreso medio, es aquí el doble que en América latina y cuatro veces el de los países desarrollados.
Esto ocurre porque grupos sindicales y políticos han instalado la idea de que los únicos que deben pagarlo son los muy ricos, algo que no ocurre en el mundo. Son enormes las inequidades existentes al considerar en conjunto el impuesto a las ganancias y los aportes personales. Un asalariado con ingresos mensuales de 10.000 pesos paga el 14% de esa suma y un autónomo paga sólo 11,1%. Peor aún, con ingresos mensuales de 80.000 pesos, el asalariado paga 15,5%, apenas más que el de 10.000; un autónomo, sólo 8,6%, y un monotributista, sólo 6,8%. Una gran injusticia social, ejecutada desde hace tiempo por el Estado, a la que se agrega que los jueces y funcionarios judiciales están exentos de pagar ganancias, aunque sí lo harán los incorporados a partir de este año.
Mejorar nuestro pésimo sistema impositivo no implica copiar lo que hace otro país, pero sí abandonar los caminos desmesurados e idiosincrásicos que nos han llevado al retraso. Sí hay que acercarse, en cambio, a la normalidad tributaria mundial, con menor y mejor presión impositiva y menos evasión, importante esto último para aliviar a los contribuyentes cumplidores.
Este camino es el que empieza a intentarse ahora desde el Poder Ejecutivo. En sintonía, nuestra propuesta incluye atacar a fondo los impuestos distorsivos reduciendo el impuesto inflacionario, tomando como pago a cuenta de Ganancias el gravamen a los créditos y débitos bancarios, saneando el IVA de la acumulación permanente de saldos técnicos y otras distorsiones -no sólo las originadas en la inversión- y, en fin, reemplazando Ingresos Brutos de las provincias y gravámenes similares de los municipios por un impuesto a las ventas finales de consumo y mayor recaudación del inmobiliario -en este último punto, ya avanzan Córdoba y ambas Buenos Aires-.
Tal como propone el Ejecutivo, el impuesto a las ganancias de las empresas -cuyas alícuotas están bajando en muchos países- debe reducirse para quienes reinvierten y, hacia el futuro, debe ajustarse por inflación -en línea con la idea del Gobierno del revalúo- y ser progresivo, con menores alícuotas para las pymes. Aunque no se prevé en el proyecto conocido hasta ahora, en el impuesto a los ingresos de las personas (IIP) -como debe llamarse- hay gran resistencia política a la imprescindible rebaja del mínimo no imponible, gravando con alícuotas que partan del 1% y crezcan con el ingreso. Sí se incluye, en buena hora, la imposición a las rentas financieras reales, tal como se hace en casi todo el mundo. Para superar otras inequidades, debería tenderse luego a unificar el IIP con el monotributo y los aportes personales en un impuesto único a los ingresos, reduciendo los últimos para combatir la informalidad.
Es buena la propuesta de un mínimo no imponible en los aportes patronales. Si se eliminan las retenciones a las exportaciones debería hacérselo -se perdió la oportunidad en 2016- tomándolas como pago a cuenta de Ganancias, con impacto muy positivo en el blanqueo de la economía.
También mejoraría la equidad devolver el IVA de los alimentos a los sectores más necesitados, transformando parte de la AUH en un programa nutricional. En fin, nuestra propuesta incluye también una reforma de la coparticipación federal centrada en mayores potestades tributarias a provincias y municipios, clave para un federalismo maduro.
La reforma propuesta se prevé de ejecución gradual, pero aun así podría darse una pérdida neta de recursos, en conflicto con la reducción del déficit fiscal. Esto se atenúa en gran medida si se logra crecer al 3,5% o 4% durante algunos años y la política fiscal es austera, porque cae el peso de todas las variables fiscales en la economía.
El anuncio de la reforma puede anticipar la inversión y, si esto no alcanzara, podrían preverse anticipos de las reformas para quienes inviertan, acelerando así el crecimiento.
Miembro de la Academia Nacional de Educación y ex ministro de Educación

jueves, 9 de noviembre de 2017

EN EL "ESPACIO MENTE ABIERTA" BEATRIZ NOFAL Y EL G 20

BEATRIZ NOFAL


El G-20 es el principal foro multilateral de líderes para la gobernanza y la cooperación económica y, crecientemente, el diálogo político internacional.
Las economías de los países integrantes del G-20 representan 80% del PBI mundial, 64% de la población, 73% de las exportaciones y 61% de la inversión extranjera directa del mundo. Éste es el único Foro Mundial de Líderes donde los países desarrollados y emergentes están sentados a la mesa de igual a igual.
La presidencia de la Argentina del G-20, en 2018, es a la vez una enorme oportunidad así como un gran desafío y responsabilidad que convoca al Gobierno y a los diferentes actores de la sociedad civil, empresas, trabajadores, mujeres, investigadores, científicos, jóvenes y organizaciones no gubernamentales, los llamados "engagement groups".
El G-20 tiene así estructurado el diálogo con estos grupos de relacionamiento de la sociedad civil. Dada la complejidad de los desafíos actuales en el mundo, la visión compartida subyacente es que la resolución de los desafíos nos involucra a todos: es decir, se requiere una "poligobernanza".
El G-20 es una gran oportunidad para la Argentina en 2018. La Argentina, por primera vez en su historia, podrá poner las prioridades en la mesa de diálogo y decisión de los líderes de las principales economías del mundo. Centralmente, eso nos da la oportunidad para avanzar la agenda internacional y la globalización hacia una dirección más justa y favorable para la resolución de los problemas de la gente y del desarrollo.
En este sentido, y tal como ha manifestado el gobierno de Cambiemos, que lidera el presidente Mauricio Macri, la Argentina se propone en 2018 representar en el G-20 la voz de América latina y de los países en desarrollo en general. Una iniciativa clave en este sentido será acordar con los organismos financieros multilaterales herramientas que potencien el financiamiento de la infraestructura para el desarrollo y la participación del sector privado.
En lo interno, el proceso del G-20 en 2018, en los diversos grupos de trabajo gubernamentales y de los grupos de relacionamiento de la sociedad civil que culminarán con la Cumbre de los Líderes en la Argentina, tiene el potencial de catalizar un proceso transformacional al poner la agenda del mundo y la agenda del futuro, en particular, el futuro del trabajo y la educación, la paridad de género, el crecimiento inclusivo y el desarrollo sustentable, en el centro de la toma de decisión pública y privada.
También por la vinculación con los principales actores públicos y privados del mundo, lo cual es clave para la generación de inversiones, empleo y la ampliación del acceso a mercado para nuestras exportaciones.
El G-20 no es un organismo internacional (por lo que no cuenta con un presupuesto y personal contratado, y por lo cual la responsabilidad del gasto rota, asumiéndola el país que ejerce la presidencia), ni una organización normativa o regulatoria (por lo que sus decisiones no son mandatorias, aunque reflejan compromisos consensuados que impulsan luego decisiones de políticas públicas a nivel internacional y doméstico), y tampoco es sólo un evento limitado a la Cumbre de los Líderes.
El foco en 2018
El trabajo del G-20 en 2018, en los dos canales en que se organiza el mismo, el tradicional Canal de Hacienda y Finanzas, y el Canal de Sherpas, requerirá no menos de unas 40 reuniones previas de viceministros, ministros y sherpas, para llegar a través del dialogo con una base de principales acuerdos o consensos a la Cumbre de los Líderes.
Este año y tal como lo refleja el Comunicado de la Cumbre de G-20 Hamburgo y el comunicado previo de la Cumbre del G-7 en Taormina, los disensos se concentraron al final en dos temas muy relevantes: el libre comercio multilateral y el cambio climático (aunque este último disenso amenazó con afectar asimismo el consenso respecto de la implementación de la agenda del desarrollo sustentable 2030). En ambos temas el cambio de la posición de la administración Trump en EE.UU. fue el factor catalizador principal.
Dado los desafíos que emanan del actual contexto económico y político internacional, el foco del G-20 en 2018 debería ser: 1) acordar acciones concretas para un crecimiento inclusivo centrado en la gente; 2) promover una globalización justa que pueda beneficiarnos a todos; 3) poner en marcha iniciativas prácticas que permitan abordar desafíos globales y sistémicos (o megatendencias), digitalización, futuro del trabajo, educación e innovación, cambio climático y transición energética, así como las asignaturas pendientes de un desarrollo humano y económico con mayor equidad.
La autora fue Sherpa de G-20 de la Argentina

jueves, 19 de octubre de 2017

EN "EL ESPACIO MENTE ABIERTA"; PRESERVAR EL MEDIO AMBIENTE

JUAN CARLOS DE PABLO

Se necesitan acuerdos para preservar el ambiente
¿Por qué es tan difícil lograr que los países adopten medidas para preservar el medio ambiente? ¿Por qué economistas vehementes, pero equilibrados, como Alieto Aldo Guadagni, se están quedando afónicos alertando contra esta suerte de suicidio colectivo a nivel planetario? ¿Qué catástrofe tiene que suceder para que los seres humanos, no digo que sólo nos ocupemos del medio ambiente, sino que comencemos a tomar más en serio la cuestión?
Al respecto entrevisté al inglés Henry Sidgwick (1838-1900) quien, junto con Alfred Marshall, fundó la Escuela de Economía de la Universidad de Cambridge. En sus Principios de economía política, publicado en 1883, clarificó la diferencia que existe entre el desplazamiento a lo largo de la curva de la demanda y los saltos de la referida curva; diferencia que a pesar de que hoy se enseña en los cursos introductorios de economía, no siempre es tenida en cuenta por los analistas y por quienes diseñan políticas económicas. Lo entrevisté porque, junto con Arthur Cecil Pigou, creó el concepto de economías y deseconomías externas.
-¿Cuál es la idea?
-Una persona aprovecha una economía externa cuando obtiene un bien que le produce placer sin participar de los costos de producción, y sufre una deseconomía externa cuando no puede evitar juntarse con un objeto que le disgusta. El melómano que vive en el departamento contiguo al que ocupa Plácido Domingo, quien canta mientras se ducha, se beneficia con una economía externa; al vecino de un joven que toca la batería hasta la madrugada, le ocurre exactamente lo contrario.
-El ejemplo clásico de economía externa es el del productor de miel cuyas abejas se alimentan de las plantas en los campos vecinos. Por eso siempre me pareció una mera curiosidad.
-Con ese criterio también habría que calificar como curiosidad el principio de la división del trabajo, planteado por Adam Smith en La riqueza de las naciones, porque lo ejemplificó con la fabricación de alfileres.
-Tiene razón, pero cite ejemplos más relevantes.
-Le puedo dar muchísimos ejemplos que derivan del siguiente hecho: en las ciudades vivimos cada día más próximos unos de otros. Piense en las consecuencias: ruidos molestos, feos olores que emanan de determinadas fábricas, protestas que cortan calles y rutas, etcétera.
-Todos ejemplos negativos. ¿Quiere decir que vivir en las ciudades es simplemente un error?
-No, la proximidad y la aglomeración tienen sus beneficios, aunque no todos constituyan economías externas. Piense en los espectáculos y en los establecimientos educativos de diferentes niveles, que se desarrollan en las grandes ciudades, en las ciudades más pequeñas y en el ámbito rural.
-Entiendo. ¿Cuál es la solución?
-En el análisis económico se plantearon tres clases de soluciones. Primera, las prohibiciones y obligatoriedades; segunda, los impuestos y los subsidios, y tercera, la propuesta por Ronald Harry Coase. La evolución es clara: se pasó de un extremo al otro.
-Explíquese.
-Prohibir, como obligar, son exageraciones porque están asociados con precio infinito, y por consiguiente deben ser aplicados de manera muy restrictiva. Ejemplos, prohibido matar y obligatorio vacunar a los niños. En su país existe gran propensión a prohibir, con el consiguiente escaso cumplimiento de la ley. Menos exigente, Pigou sugirió gravar las actividades que generan deseconomías externas y subsidiar las que generan economías externas. Una fábrica que contamina no tiene que cerrar, pero sí pagar un impuesto relacionado con el daño que causa, con cuya recaudación se subsidian medios de transporte no contaminantes.
-¿Cuál fue la propuesta de Coase?
-Que hay que reducir los costos de transacción y de negociación, para que vía negociaciones directas y voluntarias, las partes involucradas internalicen las economías externas. Ejemplo: el baterista le compra al vecino una entrada al cine, para que aquel pueda tocar la batería sin afectar al segundo.
-Los acuerdos voluntarios son mejores que las prohibiciones y obligatoriedades. ¿Por qué no se aplican al medio ambiente?
-Por la naturaleza del caso. La fábrica, el ganado y la generadora de electricidad están ubicados en determinados países y afectan el medio ambiente del mundo entero, y por cómo está distribuida la producción mundial, la contribución de cada país al calentamiento global no es uniforme. En estas condiciones la aplicación del teorema de Coase no resulta factible, tornándose imprescindible un acuerdo mundial sobre las restricciones que tienen que existir dentro de cada uno de los países del mundo.
-¿Y?
-Cuando la externalidad negativa se plantea a escala planetaria, a cada país le conviene que el resto restrinja las emisiones que contaminan, mientras él sigue como si nada; pero como todos están en la misma posición, no hay más remedio que insistir con acuerdos mundiales, a pesar de la actual posición de los Estados Unidos. Un problema importante y creciente, por más que sea negado por uno de los países que más contamina, no sólo no lo hace desaparecer, sino que lo agiganta.
-Don Henry, muchas gracias.

miércoles, 18 de octubre de 2017

EN "EL ESPACIO MENTE ABIERTA"; ESTEBAN DOMECQ Y EL DOLAR POST PASO


7 claves para entender al dólar post PASO
Por Esteban Domecq


En contextos de recesión o en contextos de crecimiento; con gobiernos de derecha y también con gobiernos de izquierda; con cepo, tipo de cambio de fijo o flotación libre; si está bajo porque atrasa y perdemos competitividad; si sube porque se traslada a precios y cae el salario real; si está quieto porque impacienta; si se mueve porque pone nervioso.
Así de ciclotímicos somos los argentinos con respecto al valor del dólar. La divisa norteamericana es más sagrada en nuestro país de lo que lo es para los propios habitantes del país del norte. La razón de esta locura económica es una sola y está muy bien fundamentada: es consecuencia de la continua y recurrente destrucción de nuestra moneda producto de la indisciplina fiscal y monetaria de los sucesivos gobiernos de los últimos 100 años. No existe tal atributo de reserva de valor en la historia de la moneda argentina.
Con este marco, queremos compartir algunas características ligadas al mercado de cambios en el contexto del nuevo modelo económico del gobierno de Cambiemos. El objetivo es entender cuál es la nueva lógica de su funcionamiento y que sirva para intentar predecir su futuro valor en un contexto de alta incertidumbre electoral en esta segunda mitad del año 2017.
1) Flotación libre y volatilidad
Lo primero que hay saber es que, desde la salida del cepo en diciembre de 2015, el nuevo esquema de la política cambiaria es de flotación. Esto quiere decir que el mercado define el precio del valor del dólar según el libre juego de la oferta y la demanda del mismo. El esquema de la gestión anterior, comandado por Alejandro Vanoli en el BCRA y Axel Kicillof en el Ministerio de Economía, a diferencia del actual, era de “flotación administrada” (la realidad indica que terminó siendo de devaluación administrada).
La diferencia entre ambos modelos radica en la variabilidad observada en el valor de la moneda con dos diferencias bien notorias. Por un lado, la volatilidad del dólar aumenta mucho lo que se puede apreciar por el rango de variación diaria porcentual. La segunda diferencia es que con un tipo de cambio flotante la variación puede ser para arriba o para abajo y esta es muy difícil de predecir por el mercado, a diferencia del sistema administrado, donde casi todas las variaciones son para arriba.
Estas dos características implican que hoy el mercado no tiene un seguro de cambio, por lo que es más difícil especular en contra del mismo. Este factor es muy relevante para el correcto funcionamiento de un mercado.


2) Factores políticos y económicos exógenos
El segundo factor característico del nuevo funcionamiento es que el mercado del dólar es sumamente sensible a acontecimientos externos (exógenos) al mercado propiamente dicho. Diversos sucesos políticos, sociales o económicos, sean locales o internacionales, alteran al mercado tanto para arriba como para abajo.
Se pueden observar cuatro sucesos muy concretos que afectaron significativamente al valor del dólar en el último año y medio: el “Brexit”, la victoria de Donald Trump en EEUU, el efecto Temer de Brasil y, finalmente, la incertidumbre política de las elecciones legislativas que generó la candidatura de Cristina Fernández de Kirchner.


Esto nos indica que el mercado es muy vulnerable a sucesos exógenos impredecibles que pueden alterar significativamente el precio del dólar. Más allá de su flotación relativamente libre, hay que estar precavidos respecto a estos posibles acontecimientos.
3) Tendencia inflacionaria
Vale aclarar que, además de estos factores que provocan determinados movimientos abruptos en el precio, el dólar como cualquier otro bien de la economía está afectado por el proceso inflacionario. Esto le genera una tendencia, una inercia nominal ascendente de fondo, que produce que el tipo de cambio varié y fluctúe, pero lo haga a través de un sendero ascendente.
Esta tendencia es fácilmente observable en el gráfico anterior, y de alguna manera (obviando otros factores tienen incidencia) permite identificar momentos donde el precio del dólar se mueve por arriba o por debajo de la tendencia inflacionaria.
4) Inflación, tasas de interés y dólar
El cuarto factor de relevancia es que la política monetaria llevada a cabo por el BCRA es una política de metas de inflación que busca restablecer el equilibrio de la oferta y demanda de dinero y anclar las expectativas de inflación a través de la tasa de interés. El principal objetivo de dicha política es combatir la inflación a través de una tasa de referencia (desde este año es la tasa de pases, antes era la tasa de Lebacs).
El mecanismo, para decirlo de manera sencilla, implica “arrear” la inflación hacia abajo con la tasa de interés. Lo relevante de esta política, es que hoy la tasa de interés es positiva en términos reales, y le saca atractivo al dólar ya que es posible obtener renta real estando posicionado en pesos. Con esta política, y sacando el factor de volatilidad que tiene el mercado de cambios, si el dólar se mueve al ritmo de la inflación, es factible que el rendimiento de la tasa de interés supere a la variación del tipo de cambio poniendo un límite a la devaluación esperada.
Esta dinámica, conocida como “carry trade” (vender dólares, invertir en algún instrumento de renta fija en pesos, y reconvertir esos pesos en dólares posteriormente), se puede distinguir perfectamente en el gráfico siguiente. Nótese como en los últimos tres meses la devaluación fue superior al rendimiento de la tasa producto de la importante corrección que tuvo la divisa con los efectos Temer y electoral.



Si el programa antiinflacionario resulta exitoso, esta carrera de inflación, devaluación y tasas debería ir convergiendo a tasas más bajas. La forma de este descenso será progresiva y está establecido en las metas del programa. En este momento estamos en la zona más crítica del programa, que es quebrar el piso de nominalidad por debajo de 20% anual, cosa que no sucede desde hace 10 años.
5) Tipo de Cambio Real
Observando la dinámica del tipo de cambio real multilateral (TCRM) de los últimos dos años podemos estimar en qué valores se podría mover el tipo de cambio.
El nivel de apreciación llegó a valores muy poco saludables para la economía en el fin del gobierno kirchnerista . Luego, con la devaluación de ese mismo mes, y la posterior segunda fase de devaluación de marzo 2016, el tipo de cambio real subió más de 30% recuperando una importante dosis de competitividad para muchos sectores. A partir de entonces, la economía nuevamente entró en una fase de apreciación real, producto de que la inflación superó en los últimos 16 meses (con excepción del último bimestre) a la tasa de variación del tipo de cambio.
Este proceso de apreciación, condicionado por la liquidación estacional de divisas del sector agroexportador, fue artificialmente influenciado por la importante liquidación de dólares de la deuda en moneda extranjera contraída por el gobierno. Este fenómeno impone una restricción a la necesidad del gobierno de financiar el abultado déficit fiscal a través de la deuda externa.


Es sumamente relevante monitorear lo que acontece con el TCRM, ya que permite entender los periodos de apreciación y depreciación real, o sea, más allá del factor nominal producido por el incremento en el nivel general de precios.
Es de esperar que la nueva política económica sea consistente con un tipo de cambio bajo, que ronde en los valores de 1,15 a 1,25 el TCRM (con base 1 en dic-2001). El gobierno sabe que esa apreciación tiene límites y que no puede dejar que el mercado libremente los traspase porque puede comprometer seriamente el nivel de actividad.
6) Intervención del BCRA
Un factor que se ha sumado en las últimas ruedas y ha sido una novedad es la intervención directa en el mercado por parte del BCRA y de algunos bancos oficiales. Estas intervenciones, que van camino a superar los U$S 1.000 millones en el último mes, contrastan un poco con el libre funcionamiento del mercado que pregonaban.
Los argumentos que justificaron la intervención fueron bastante claros: en determinados momentos el mercado necesita ser intervenido (lo denominaron dinámica disruptiva) cuando se vuelve muy comprador o vendedor, como sucedió en las últimas ruedas. De alguna manera el Central está diciendo: que el mercado fluctúe libremente, pero entre determinadas bandas y bajo ciertas formas.
Esta nueva característica releva un cambio en la función de reacción por parte del BCRA con respecto al mercado del dólar que no está bien explicitada. Por un lado, la señal es positiva, porque da cuenta de que hay un ente superior en el mercado que puede traer calma en momentos de mucha incertidumbre cambiaria. Por otro lado, la señal es negativa, porque el BCRA no podrá controlar el dólar y la tasa de interés simultáneamente lo que puede provocar nuevas distorsiones en el mercado y traer consecuencias poco deseadas en el sistema financiero.
7) Dólar futuro Rofex
El último indicador de relevancia es el que brinda Rofex, respecto a los contratos de dólar que se negocian a futuro. Para fin de este año la divisa se está negociando arriba de $ 19,30. Lo paradójico es que, cuando empezó el año estaba en el mismo valor, pero en el medio del periodo llegó a cotizar por debajo de $ 17,50 como se observa en él gráfico.


Ya quedan menos de 5 meses para fin de año y, por lo tanto, cada vez hay menos margen para desvíos respecto a la diferencia entre el valor futuro y el valor del spot en el momento “t” (dic-2017). Pero las opiniones están dividas entre los especialistas ya que se distanciaron de lo que opera el mercado propiamente dicho. Es así como, desde nuestra visión, existe la posibilidad de un dólar en la zona de $18,50 ante determinado escenario electoral favorable al oficialismo.
Esta diferencia entre el valor del mercado futuro (Rofex) y la opinión de consultores es explicada por el nerviosismo y la incertidumbre política que generan las elecciones legislativas. Esta situación genera buenas posibilidades de arbitrar diversos escenarios respecto al tipo de cambio ante distintos resultados electorales. En esta situación, y para este mercado, una buena lectura política de los acontecimientos podría servir más que el mejor análisis económico.

lunes, 16 de octubre de 2017

EN "EL ESPACIO MENTE ABIERTA"; FERNANDO IGLESIAS

FERNANDO IGLESIAS

Avanza en el país una rebelión antipopulista
El gran derrotado de las PASO no fue el peronismo, sino el populismo enquistado en la política argentina
Un fantasma recorre la Argentina. Es el fantasma de la rebelión antipopulista. Cuando el viento barra la hojarasca de última hora y quienes saquearon el país renuncien al ridículo de denunciar un fraude electoral inexistente, el saldo de las PASO 2017 quedará escrito en la historia: la rebelión antipopulista sigue avanzando hacia la liquidación del medievo en que los argentinos hemos vivido cincuenta años, cuando la última Argentina moderna y razonable fue derrocada junto a Illia por el Partido Militar, con el apoyo de los sindicatos y Perón.
El saldo para el kirchnerismo es catastrófico: pérdida rotunda -acaso, definitiva- de su carácter nacional; menos votos que Aníbal; desplome en el feudo santacruceño, y papelón insuperable a las cuatro de la mañana. Al resto del peronismo no le fue mejor: derrotas epocales del feudalismo ilustrado de los Verna y los Rodríguez Saá, fracaso de todos sus referentes presidenciables y retroceso general en los bastiones donde la dependencia del empleo estatal y los punteros sustentan aún a los creadores de la fábrica de pobres; desde el Norte feudalizado hasta el sometido conurbano, donde el Partido Justicialista empeoró su peor performance, de dos años atrás. Que el Pejota bonaerense responsable de la destitución de dos presidentes constitucionales haya quedado reducido a menos del 6% del electorado denota un punto de inflexión. O el peronismo se transforma de verdad en un partido republicano con dirigentes nuevos e ideas renovadas o deja de ser alternativa de poder. Cualquiera de estas opciones es una excelente noticia para la República.
Pero focalizarse en el peronismo es reductivo: el gran derrotado del domingo, el que si se repiten los resultados dentro de dos meses será desterrado del rol hegemónico que ha desempeñado en la política nacional desde hace medio siglo, no es el peronismo, sino el populismo en general. Así lo demuestra la pésima performance de quienes -Massa, Lousteau, Stolbizer, los herederos de los Sapag, Schiaretti y el socialismo santafecino- proponen un populismo de buenos modales; una renovación del modelo estatista-proteccionista-industrialista-mercadointernista con menos autoritarismo y corrupción. Otro factor de desmembramiento del populismo es tanto o más potente que el anterior: a pesar de que el segundo semestre se demoró más de un año, Cristina fracasó en el conurbano bonaerense, obteniendo menos votos que Aníbal en 2015 en el distrito que durante 2016 sufrió las peores consecuencias de la salida del default, del cepo cambiario y del Modelo de Acumulación de Matriz Diversificada con Inclusión Social, que dejó a millones de bonaerenses haciendo sus necesidades en pozos y cargando baldes para poder lavarse y cocinar. A su vez, Cambiemos mejoró en la primera y la tercera sección, con aumentos de más del 2% en La Matanza, Lanús, Lomas, Merlo, Morón, Ituzaingó, Moreno, San Fernando y José C. Paz; más del 4% en Tigre, Hurlingham y Florencio Varela, y más del 8% en Malvinas y San Miguel. Es ésta la gran derrota, la decisiva, del populismo y su subestimación de los pobres: quienes en 2015 dejaron a un tercio de los argentinos en la pobreza y en 2017 usaron su miseria como único argumento de campaña acaban de descubrir que los pobres, como todos, no votan solamente con el bolsillo. Que les importa que la gobernadora se haya metido con las mafias policiales, que la ministra de Seguridad haya allanado La Salada, que sus hijos tengan agua potable y cloacas, y que los gobierne un gobierno y no la mafia.
Es la última fase, la más difícil dada la condición frágil y dependiente de su sujeto político, de la rebelión antipopulista que recorre el territorio nacional. Las victorias en Córdoba, Mendoza, Neuquén, Entre Ríos, Corrientes, San Luis, La Pampa, Capital Federal y el empate virtual en Santa Fe señalan que la mancha central del mapa electoral de la Argentina se agranda con cada acto eleccionario. Contenía sólo a Mendoza y la Capital en las PASO 2015. Forman parte de ella hoy unos diez distritos provinciales que, sumados a Santa Cruz y Jujuy, reúnen la mitad de las provincias. Se trata de la Argentina que, con sus errores y defectos, se ha incorporado exitosamente a un siglo XXI determinado por la sociedad global del conocimiento y de la información. Es la Argentina viable del centro del país; la del campo, las industrias avanzadas, la producción de servicios, las clases medias urbanas y rurales, los medios de comunicación. Es la Argentina productiva que persiguieron los Kirchner con ese exacto instinto que les permitió entender que la perpetuación del poder populista exigía ponerlos de rodillas. Es la Argentina que concentra más de la mitad de la población y dos tercios del PBI nacional, la que después de medio siglo de fracasos parece haber encontrado en Cambiemos una dirección política a la altura de las circunstancias. Es también la Argentina que con su sacrificio impositivo sostiene al resto del país. Pero es una Argentina que no ha vuelto a entrar en la historia con deseos de venganza ni voluntad de persecución, sino con la aspiración generosa de rescatar a sus compatriotas de la opresión y la miseria, extendiendo su desarrollo a todo el territorio nacional y ayudando a alcanzar sus niveles de vida a todos los argentinos. Allí están el Plan Belgrano, el Plan del Agua, la Revolución de los Aviones y el programa de obras públicas más ambicioso de la historia nacional para probarlo. Y allí está también la línea deslumbrante del Metrobus penetrando en la noche de La Matanza, que es su emblema mejor.
Fue un amistoso, no un partido completo ni un primer tiempo. Se recomienza mañana, cero a cero. Pero, suceda lo que suceda en octubre, no se puede entender lo sucedido en estas PASO sin comprender la rebelión antipopulista que se extiende por la Argentina. Paso a Paso. Elección tras elección. Cambiemos no es su inventor, sino su herramienta; como lo fueron otros en otras elecciones victoriosas y se creyeron los protagonistas, y así les fue. La rebelión tuvo su episodio fundacional en 2008 con la lucha del campo por su subsistencia como sector productivo independiente del Estado. Tuvo su 17 de octubre en 2012 con las marchas contra el plan Cristina Eterna y el proyecto de reformar la Constitución que produjeron las mayores movilizaciones de la historia de este país. Tuvo su apogeo en la Marcha de los Paraguas que a inicios de 2015 desbordó las calles pidiendo justicia para Nisman. Se expresó en los resultados electorales que pusieron en el gobierno a Cambiemos. Y se prolongó en dos episodios que acabaron con el programa destituyente del Club del Helicóptero: la contundente movilización del 1° de abril de 2017, que convirtió el marzo de fuego pergeñado por el populismo en un cajón de Herminio, y las recientes PASO, cuyo resultado repetido en octubre significará el fin de la maldición que reina sobre la Argentina desde 1928, año en que el último presidente civil no peronista logró completar su mandato constitucional. De ese octubre victorioso, soñado, puede emanar un veredicto republicano inapelable: la derrota definitiva de la hegemonía populista; la seguridad de que a este país, y para siempre, todos los partidos lo pueden gobernar.