domingo, 11 de junio de 2023

FUROR POR EL CUBO RUBIK


Furor por el cubo Rubik. Empezó a jugar en pandemia y, a los 14, ya es medalla de oro
Nicolás Campanario conoció el cubo en 2020 y se transformó en un experto; invitó a su padre a las competencias y hoy son cómplices en esta actividad
Constanza Bengochea
Para Sebastián y Nicolás Campanario, el pasatiempo ayuda a controlar los nervios y refuerza la memoria
“Es una habilidad que se desarrolla en la adolescencia y después empieza a bajar”
Nicolás fue el primero de la familia en animarse a competir. A primera vista, el desafío parece sencillo: lograr que todas las caras del antaño “cubo mágico” queden del mismo color. Una simpleza engañosa que atrapa antes de que uno se dé cuenta. Tanto, que en algunos países ya es un deporte y, a nivel local, la Agrupación Speedcubing Argentina es la encargada de planificar las competencias. Hoy, a los 14 años, Nicolás Campanario es medalla de oro en la categoría “multiblind”, algo que no imaginó aquella tarde cuando regresó a su casa, luego de su primer día de clases del colegio secundario.
“Cuando mamá me regaló mi primer cubo, durante la cuarentena, no me interesó demasiado. Pero un día me propuse armarlo y me la pasé encerrado en mi cuarto hasta lograrlo. Desde entonces, no paré”, cuenta Nicolás mientras gira rápidamente el cubo con los dedos de su mano. Lo sostiene con la naturalidad de que quien sujeta una birome o un celular.
Su padre, Sebastián Campanario (49), lo mira con complicidad. Dice que ese rompecabezas mecánico tridimensional creado a mediados de los 70 representa mucho más que un entretenimiento: siente que fue la herramienta que logró conectarlo con su hijo “del medio” y hoy ambos disfrutan de la misma pasión.
“Nuestro vínculo cambió mucho. Por la dinámica de nuestra familia, siempre fue desafiante encontrar cosas para compartir y descubrimos que esto es algo que podemos hacer juntos”, dice Sebastián, economista y periodista, que también es padre de Mateo (17) y Olivia (6).
Padre e hijo entrenan y compiten como en cualquier deporte. Hace dos semanas, el joven batió el récord nacional en su especialidad, “multiblind”, en el torneo Jaqueca Di Tella: armó 25 cubos de 27, “a ciegas” y en 57 minutos. La dinámica, dice, es así: el jugador decide cuántos cubos pretende armar y los recibe sobre una mesa. Luego tiene una hora para estudiarlos y empezar. Es él quien elige cuánto tiempo emplea en estudiarlos y pide que le cubran los ojos para comenzar el armado: memoria y rapidez en las manos es todo lo que necesita.
“Aunque no es el caso de la Argentina, en algunos países el cubo es considerado un deporte. Hay deportes olímpicos en los que no transpirás, como el ajedrez o el arco flecha, son disciplinas que necesitan entrenamiento, ejercicio mental y precisión”, agrega Sebastián.
Un poco de historia
El cubo Rubik es un rompecabezas tridimensional que lleva el nombre de su creador, el arquitecto Ernő Rubik. Fue ideado en 1974 cuando, como profesor de la Universidad de Budapest, buscaba una manera sencilla de enseñar a sus estudiantes a modelar el movimiento tridimensional. Lo que su creador nunca sospechó es que su invento atravesaría el tiempo para convertirse en un pasatiempo (de los más practicados del mundo) y menos aun, en un deporte.
“En el último tiempo hubo una explosión del cubo Rubik. En parte fue por la pandemia, pero también porque empezaron a hacerlos mejores. Antes era un juguete muy tosco. Hoy las redes están llenas de chicos jugando”, dice Sebastián.
Nicolás es uno de los apasionados. “Cuando vimos que le interesaba, con mi mujer empezamos a fomentárselo. Nos gustaba que hiciera algo distinto, que lo alejase un poco de la computadora y del celular. Por eso, el 25 diciembre de 2021, lo llevé a ver el primer torneo en Lomas del Mirador, en La Matanza. Era Navidad, no había nadie en la calle, pero el lugar donde se hacía la competencia estaba lleno. Había cuberos de toda la Argentina. Ahí se enganchó. Nos anotamos en el torneo siguiente y desde entonces tratamos de llevarlo a todos”, cuenta Sebastián sobre los inicios de Nicolás en los torneos.
Luego se sumó él mismo a practicar. “Un día Nico me preguntó por qué no me anotaba. Él nos había enseñado, a mi mujer y a mí, a hacer el ‘3x3’ (el tradicional), y me anoté. Hay muy poca gente mayor de 40 años que haga esto, la mayoría son muy jóvenes porque es una habilidad que se desarrolla en la adolescencia y después empieza a bajar. Hoy además del ‘3x3’, hago el ‘2x2’ y el ‘Pyraminx’”, explica Sebastián.
–¿Se necesita alguna habilidad especial para armarlo?
Sebastián: –Necesitás agilidad en las manos y memoria muscular. Se trata de ver un patrón y rápido saber qué movimiento tenés que hacer. También necesitás atención, foco y tolerancia a la frustración.
Son unos días en los que no te sale hasta que lo lográs. Cuando lo hacés, la sensación es muy satisfactoria. Nicolás: –Para todo hay técnicas, todo se puede aprender. De casi todo hay tutoriales en Youtube.
–¿Cuánto tiempo por día le dedican a practicar?
Nicolás: –Siempre tengo un cubo sobre la mesa y cuando quiero hacer algo lo giro un poco para sacarme las ganas. Pero, seriamente, practico una o dos horas por día. Existen aplicaciones que te ayudan a llevar los tiempos, ahí guardás tus marcas. Por ejemplo, yo arranqué armando el ‘3X3’ en dos minutos y pico y luego bajé hasta siete segundos. Sebastián: –Yo nunca tuve un hobby y ahora estoy fascinado... Si tengo 15 minutos de espera en un café, saco el cubo de la mochila.
–¿Cuál es el más difícil?
Sebastián: –El megamix. Es un cubo de doce caras, de 11 piezas cada uno. Hay un argentino, Leandro Martín López, que tiene el récord mundial, logró armarlo en 24 segundos.
–A un principiante, ¿qué le recomendarían?
Nicolás: –Que compre por internet un cubo de ‘3x3’ por menos de 1500 pesos y mire los tutoriales para aprender a armarlo. Nadie lo hace solo.
Nicolás explica que para armar correctamente el cubo hay que respetar ciertas reglas porque si no “podés estar desde el Big Bang hasta ahora intentando las combinaciones”. Según dice, existe una aplicación en el celular que te brinda la mezcla inicial, que no puede ser aleatoria. Y en los torneos, la Asociación Mundial del Cubo (conocida como WCA por sus siglas en inglés), que es la responsable de organizar los campeonatos a nivel mundial, envía el algoritmo con la mezcla de inicio para que sea parejo para todos.
En el país, la Agrupación Speedcubing Argentina planifica las competencias bajo la órbita de WCA. Así, a lo largo del año, se realizan distintos torneos de cubo Rubik. Uno de ellos fue el Di Tella Open Rubik, que se hizo en marzo en el campus de la Universidad Torcuato Di Tella, con la iniciativa de Sebastián y el apoyo de Juan José Cruces, el rector de la casa de altos estudios. Participaron más de 100 jugadores de distintos países de América Latina. “La Argentina es uno de los 10 países con mejores cuberos del mundo”, cuenta Sebastián.
En esa ocasión, Nicolás obtuvo la medalla de oro en la categoría “multiblind”. Con sus ojos vendados, logró armar correctamente 22 cubos de los 27 que memorizó. “Tenés una hora para mirar los cubos y armarlos. Generalmente me tomo 40 minutos para mirarlos y 20 para armarlos”, recuerda entusiasmado.
En la categoría adultos la competencia no es tan reñida, pero a Sebastián no le importa: lo que lo motiva es el tiempo que comparte con su hijo.
En agosto, en Corea del Sur, se llevará a cabo el mundial de Speedcubins que se realiza cada dos años y que cuenta con un récord de inscripciones: hay 1400 speedcubers de todo el mundo que se animarán al desafío. “Nosotros llegamos a anotarnos y tenemos ganas de ir, pero es casi imposible porque es carísimo”, cuenta Sebastián. Aunque sabe que la perseverancia, como en esta disciplina, puede traer resultados sorprendentes

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