Antitips para encarar el 2021

Miguel Espeche
Ya pasó el final de año y van quedando atrás saludos y miles de frases luminosas y sapienciales que agobiaron los celulares y demás pantallas, más allá de que vinieran con la intención de manifestar afecto y ayudarnos a despedir el año de la mejor forma.
Los consejos acerca de cómo encarar el futuro, que se sumaron a la despedida del 2020, tuvieron también impacto disímil en muchos, al punto de que no fueron pocos aquellos que, abrumados por tanta sabiduría, racionaron la ingesta de consejos para no sucumbir bajo una avalancha de textos iluminados.
Digamos que, si usted fue prudente y sabio en este final de año, no habrá hecho balances, ni se habrá propuesto metas de esas que están condenadas al fracaso ya desde antes de ser pronunciadas. Quizás haya agradecido haber llegado a celebrar el final del año, o, tal vez, dedicó sus afanes findeañeros a maldecir al 2020, pidiéndole que no retorne más por aquí. Cada uno hizo lo que pudo a la hora de decirle adiós a un año inolvidable.

Como dicen los mapas para turistas que en alguna plaza pretenden orientar al recién llegado: "usted está aquí", siendo que la flecha señala el espacio que ocupa su cuerpo y mente en el mundo en el que le toca vivir. El inicio del año quizás sirva para discernir al respecto. Seguramente no importe tanto saber cómo llegó a ese lugar, sino aceptar las coordenadas y, a partir de ellas, vivir lo que haya que vivir.

También dicen que, en el tiempo por venir, hay que proponerse brillar, ser "la mejor versión de uno mismo", tomar conciencia de que "el Cielo es el límite" y que no hay que aceptar un "no" por respuesta en lo que concierne a los deseos que se tienen. Solo enumerar todas estas frases puede generar un gran cansancio de antemano. Demasiada exigencia para el pobre 2021 que todavía ni empezó.
En realidad, la idea que proponemos no apunta tanto a menoscabar esa exagerada proliferación de imperativos para ser tenaces, valientes, perseverantes y mejores personas para alcanzar las metas en un año que empieza, sino, bajando un cambio, apelar a una condición un poco más sosegada, para mirar el horizonte con serenidad e ir definiendo cómo nos vamos a ir relacionando con él.
Decíamos que a los sueños no conviene perseguirlos, sino mejor, primero soñarlos y, luego, llevarlos en el corazón para que ofrezcan un referente y una fuente de sentido. Es lindo entender que a los sueños ya los tenemos dentro nuestro (no hay que salir a atraparlos), y que la vida es, en todo caso, el arte de irlos desplegando, con paciencia y ductilidad, a lo largo del tiempo.

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